ORGIA EN LA SALA DE MASAJES - Le meti mi polla hasta el fondo. Comence a follarla y cada tanto sacaba mi polla para que Silvina, que tenia la cara sobre el culo de Maria, me la chupara y la llenara de saliva para facilitar la penetracionORGÍA EN LA SALA DE MASAJES Le metí mi polla hasta el fondo. Comencé a follarla y cada tanto sacaba mi polla para que Silvina, que tenía la cara sobre el culo de María, me la chupara y la llenara de saliva para facilitar la penetración Estaba muy cansado, tanto trabajo en los últimos meses habían hecho de mi un manojo de nervios y nudos por todo el cuerpo. Hacía un tiempo me habían hablado muy bien de esas casas de masajes por 1.000 que había visto muchas veces en la ciudad. Después de mucho pensarlo decidí ir a tomar un masaje para alivianar tanta tensión.
Había pasado por esa casa de masajes varias veces ya que queda a unos pasos de mi oficina en el centro de Madrid y decidí ir a averiguar cuanto me costaría que me aflojaran un poco la espalda. Al llegar me recibió una chica argentina con lo cual me sentí más tranquilo ya que yo también vengo de allí.
Ella era rubia, como de unos veintitantos años y con una cara muy bonita. De muy buenas maneras me explicó los tipos de masajes y sus precios y finalmente me decidí por un masaje de 30 minutos en el cuello y en la espalda que eran mis zonas más doloridas. Cuando le iba a hacer una pregunta sobre el masaje me dijo...
- Ahora lo hablas con el profesional que te va a atender.
Más allá de no esperar nada raro me puse un poco tenso pensando en la frase "el profesional que te va a atender"... Un hombre frotándome la espalda y el cuello era una idea que no me agradaba demasiado.
- En fin, me dije para mis adentros, ya estoy entregado.
Como siempre en esas situaciones me puse a hojear una revista. Mientras estaba allí iban apareciendo varias chicas con el uniforme del lugar, unos pantalones blancos un tanto ajustados y una camiseta también blanca. Una se llevó a una señora que estaba a mi lado con lo cual pensé que las chicas le harían masajes a las mujeres y los hombres a los hombres. Unos minutos después apareció ante mi una chica no muy linda pero sí con un muy bonito cuerpo que muy simpática me dice...
- Adelante...
Dejé la revista en su sitio y me dispuse a seguirla. Entramos a un largo pasillo en penumbras que tenía puertas a ambos lados, el olor del lugar era muy suave, como a cremás y aceites que seguramente se utilizaban para los másajes. De repente ella abre una de las puertas y me dice...
- Aquí.
Era una habitación pequeña, casi a oscuras, con una camilla y una suave música ambiente. Ella me dice...
- Cuando estés listo presiona el botón verde.
Dicho esto sale de la habitación y cierra la puerta dejándome solo. Como no tenía ninguna experiencia en esto de los masajes me quedé pensando en cuanta ropa me debía quitar. Finalmente decidí quitarme toda la ropa menos el calzoncillo. Cuando estuve listo me recosté en la camilla boca abajo y presioné el botón de color verde. Segundos después vuelve a aparecer ante mí la chica que me había guiado hasta allí con una gran sonrisa, cierra la puerta y me dice...
- Dime donde te duele.
Le conté de mis dolores de cintura, espalda y cuello mientras la perdía de vista detrás de mí. Como había una tela que recubría la camilla le pregunté...
- ¿Acá tengo que poner la pera? - ¿La que?, me dice ella. - Perdón, le digo, la barbilla. - Ah, eres argentino, me dice, mientras rompe con sus manos la tela para que pueda introducir mi cara allí.
- Sí, le digo.
Ella vuelve a desaparecer detrás de mí y escucho como un tapón que se abre y el sonido de sus manos frotándose. Lentamente pero con firmeza sus manos se posan en mi espalda y comienza a frotarme y a ablandar mis contracturas. Obviamente yo trataba de relajarme pero me era cada vez más difícil.
Sus manos se sentían increíble en mi espalda y cuando tomó mi calzoncillo y comenzó a bajarlo mi polla comenzó a endurecerse rápidamente quedando aprisionado entre mi tripa y la camilla. Mientras tanto ella comenzó a frotarme el culo con el aceite, mi cabeza daba vueltas y mi polla estaba a punto de explotar. Siguió el masaje por mi espalda y mi cuello pero cada tanto volvía a mi culo lo que
me ponía extremadamente caliente. Luego de un rato escucho su voz...
- Voltéate, me dice.
Yo solo atiné a hacerlo, su voz era como una orden para mí, sus manos habían conseguido convertirme en su esclavo. Obviamente mi erección no había decaído y al darme vuelta mi polla quedó apuntando al techo. Yo no sabía donde mirar por lo que cerré los ojos esperando lo peor. En ese momento escucho su voz...
- Parece que aquí también estás tenso...
Tratando de componer mi voz le digo...
- Es que tus manos me pusieron... - Tú tranquilo, me dice, vamos a ver que puedo hacer por tu amigo.
Yo comencé a abrir los ojos y la ví con su cara a centímetros de mi polla, sus ojos estaban muy abiertos. Su mano lentamente tomó mi polla y comenzó a bajar y a subir la piel dejando la cabeza al aire, estaba muy morada y ella abriendo la boca sacó su lengua y la lamió dejándola brillante. Yo no podía creer lo que me estaba ocurriendo, estaba muy caliente y tenía miedo de hacer ruido ya que estaba seguro que cualquiera podría escucharlo.
Cerré fuerte la boca y le dejé a ella que con la suya abierta comenzó a comerse mi polla de una manera increíble. No pude resistir más la tentación y con mi mano derecha comencé a acariciarle su culo por sobre el pantalón blanco de su uniforme, tenía las nalgas muy duras y pude notar que llevaba un tanga muy pequeño que se introducía entre sus nalgas. Ella comenzó a emitir pequeños gemidos mientras yo iba introduciendo mi mano por debajo de su pantalón.
Su piel era suave y firme y sin poder evitarlo comencé le introducir lentamente mi dedo índice en su coño que estaba depilado y ya bastante húmedo. Sus gemidos comenzaron a hacerse más fuertes y temí que se provocara un gran lío por la queja de algún vecino o vecina. Mi calentura era tal que me olvidé de mis preocupaciones y le introduje mi dedo corazón en ese culo hermoso. Su boca soltó mi polla y gritó...
- ¡Despacio! Yo no podía aguantar más y me levanté de la camilla, la tomé por la espalda y la senté allí.
Lentamente le quité los pantalones, ante mí apareció su tanga blanco, era sólo un triángulo de tela arrugado y medio metido en su coño que brillaba por sus jugos. La tomé de la cintura y la di vuelta quedando su hermoso culo ante mi mirada, era increíble verlo comiéndose la tira de tela que terminaba en un minúsculo triángulo al final de su raya.
Metí mi cara entre sus nalgas y le lamí toda la raya del culo, con mi dedo índice le quité la tira de la tanga y le introduje la punta de la lengua dentro del culo. Cuando este estuvo bien húmedo me levanté y le apoyé la cabeza de mi polla. Ella giró su cabeza y me miró, su cara era increíble, estaba como poseída, me dijo...
- Venga, ¡fóllame el culo!
No pude negarme a su pedido y se la introduje de un solo empujón. En ese momento perdió todo control y gritó...
- Ahhhhhhh, ¡así!
Comencé a meterla y sacarla violentamente, era increíble, su culo me apretaba la polla de una manera increíble. De repente se abre la puerta y veo asustado a la chica argentina, estaba parada mirándonos con la boca abierta. La parte de mi cabeza (superior) que todavía podía pensar me dijo...
- ¡Cagamos!
La argentina entró a la habitación y cerró la puerta mientras yo sacaba mi polla del culo de mi masajista. Mientras la masajista bajaba su mirada la argentina comenzó a quitarse la ropa mientras decía...
- María, no se puede dejar así a un cliente.
María, mi masajista, sonríe y dice...
- Por supuesto Silvina, ¿porque no lo hacemos relajar entre las dos?...
Mi boca comenzó a sonreír por sí sola, el sueño de mi vida se hacía realidad, tenía a dos chicas para mí solo. A todo esto Silvina ya estaba desnuda y estaba para comérsela, confirmé que era rubia en serio, tenía una fina línea de pelo en su coño de color claro, sus pechos eran como dos pomelos y sus pezones rosados estaban duros apuntando hacia mí. María me dice...
- Sigue con lo que estabas haciendo, Silvina te ayudará un poco. - Claro, dice Silvina, seguí cogiéndole el culo a María que yo se lo abro para
vos.
Dicho esto se acerca y toma con sus manos las nalgas de María y las abre de par en par. Me tomé la polla y se la metí hasta el fondo. Comencé a follarla despacio y cada tanto sacaba mi polla para que Silvina, que tenía la cara sobre el culo de María, me la chupara y la llenara de saliva para facilitar la penetración. Después de unos minutos le dije a Silvina...
- Ahora te toca a vos puta... - Dale papi, cogeme un ratito a mí.
María se incorporó mientras Silvina se acostaba en la camilla, yo me subí encima de ella y comencé a follarle el coño. Sus tetas se movían sin parar y no pude más que chuparlas y mordisquearlas mientras no paraba de follarla.
En ese momento sentí la lengua de María que comienza a lamerme el culo provocándome una calentura como nunca había tenido. Después de un rato bajó su cabeza y comenzó a pasar su lengua por mis huevos y por el culito de Silvina. En ese momento le dije a Silvina...
- Vení nena, ahora te toca a vos darme el culo. - Si papi, me dijo, metémela toda en el orto.
Nunca se niega un pedido de ese tipo así que mientras yo me incorporaba ella se puso en cuatro, María le pasó la lengua y luego le escupió el culo dejándolo lleno de saliva. Apoyé mi polla en ese culo hermoso y comencé lentamente a meterla, costaba bastante ya que tenía el culito muy cerrado. Rápidamente comenzamos a acelerar el ritmo y a hacer más profunda la penetración. No podía aguantar mucho más, entonces me levanté y les dije...
- Acuéstense con las caras juntas.
Las puse a ambas en la camilla boca arriba y con sus bocas casi unidas. Les dije...
- Ahora van a tomar la leche como dos buenas putas... - Siiiii, dijeron al unísono.
No tuve mucho más que hacer, sólo con tocarme la polla comencé a llenarles las caras de leche blanca y caliente que salía con fuerza de mis huevos. Cuando terminé y mi polla se aflojó un poco logré escuchar...
- Ahora sí está relajado, mientras se reían.
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Autor: Pareja30y27 |