LAS SIRVIENTAS DE MI MADRE II - Tuve un orgasmo todavia mas fuerte que el anterior, senti como una descarga electrica que recorria todo mi serLAS SIRVIENTAS DE MI MADRE II Tuve un orgasmo todavía más fuerte que el anterior, sentí como una descarga eléctrica que recorría todo mi ser Hola nuevamente, gracias por sus votos y poner mi primer relato con la etiqueta de muy recomendado. Continuaré con el relato de Hilaria.
Cuando desperté, miré a Hilaria a mi lado, la besé en los labios para despertarla, abrió lentamente sus ojos y me miró un poco asustada, cuando se dio cuenta de lo que pasaba, correspondió a mi beso y volvimos a hacer el amor.
Después de esto me salí de la casa para que mis padres no sospecharan nada, me fui con mis amigos y ya regresé muy tarde. Pasaron los días y nuevamente no podíamos estar solos, solo podía fugazmente besarla y acariciarla, masturbarle su chochito y después ir a jalármela al baño, comenzamos a desesperarnos, queríamos coger los dos. Por lo tanto comenzamos a ser más atrevidos, buscábamos cualquier momento para estar juntos.
Una vez que estaba ella tomando agua en la cocina, la abracé por detrás, toda mi familia estaba en la casa, rápidamente comencé a besar su cuello y a masajearle los senos, bajé mis manos a su cintura y la oprimí contra mi verga que estaba dura como piedra, restregó ella sus nalgas contra ella, no podía más, le subí su falda, ella intentó bajarla diciéndome que nos iban a atrapar, no me importó, le subí la falda con fuerza, ella ya no opuso resistencia, tomé sus muslos con mis manos los acaricié desde atrás, jalé su tanga hacia abajo, y le metí mis dedos en su conchita, ella solo jadeaba y yo tenía una excitación tremenda provocada por ella y el morbo de que nos atraparan, me tomó por la cintura con sus manos y me jaló hacia ella apretando mi verga contra sus nalgas.
Me olvidé de todo, no me importó nada más, me bajé el cierre del pantalón y saqué mi verga, tenía la cabeza brillosa y babeante, se la puse entre las nalgas e hice que arqueara el cuerpo, me puso sus nalgas a modo y se la metí poco a poco, dándole fuertes empellones, hasta que la sentí toda dentro de ella, se veía exquisita, con el culo paradito, la espalda arqueada y las piernas en puntitas, tenia esas apetitosas nalgas frente a mi, la comencé a bombear, ella apoyó sus manos en la mesita del garrafón del agua y arqueó más el cuerpo, la tuve más a modo, no tardaría en venirme, solo unos bombazos más, cuando de repente, escuchamos que entran a la casa mis hermanos corriendo. Hilaria se puso nerviosa y se zafa de mi garrote, se sale por la puerta trasera de la cocina, peleando con su tanga para subírsela y acomodándose su falda, yo como puedo me acomodo el garrote dentro de mi pantalón y me salgo todo sudoroso y corriendo al baño, con tremenda carpa por delante, cuando llego me la saco y me la comienzo a jalar para terminar con la tremenda frustración que me causó el no poder terminar con Hilaria. Esta chaqueta no fue muy agradable, me salí del baño y aún sentía las ganas de cogerme a Hilaria, como si hace unos momentos no hubiera descargado la leche que tenía dentro.
A partir de ese momento Hilaria se negaba a que la tocara, ya ni eso me dejaba, se había espantado, y a decir verdad yo también, pero con el paso de los días, la calentura fue subiendo nuevamente, comenzábamos a mirarnos, a decirnos sin palabras que nos necesitábamos, pronto comenzamos nuevamente a besarnos y a acariciarnos, le seguía metiendo el dedo, pero no nos daba tiempo de que al menos ella terminara, los dos nos quedábamos con tremenda calentura. Hasta que un día, mis hermanos fueron al Block Buster a traer unas películas, todos, mis hermanos y mis padres nos reunimos en el salón de tv para ver la película, invitaron a Hilaria para que la viera, pero ella no quiso verla.
Comenzó la película, la cual me aburrió desde el principio, solo pensaba en ¿qué estaría haciendo Hilaria sola?, si yo pudiera estar con ella sin que se dieran cuenta, entonces ya no aguanté más y me salí con el pretexto de ir al baño, cuando salí me preguntaron si no iba a ver la película, les dije que ya me había aburrido y que iba a subir a mi recámara. Entonces cuando me dirigía a el
la, se me ocurrió entrar en la cocina y por la puerta trasera me escurrí hasta el cuarto de lavado para buscar a Hilaria. Y Cuando entro la encuentro con su falda blanca que tanto me gustaba, sentada en una sillita de madera de esas que usan en los kinders para los niños chiquitos.
Tenía esa falda subida arriba de la mitad de sus muslos, se miraban sorprendentemente hermosas sus piernas enfundadas en esa falda blanca ajustada, miré sus gruesas pantorrillas y su rostro sorprendido con mi presencia. Sonrió, y caí de rodillas frente a ella, como poseído, hipnotizado por el poder de su belleza, me acerqué a gatas hasta ella, metí mis manos por dentro de sus piernas y debajo de sus muslos y las levanté, automáticamente su falda se subió, ella me lanzó una mirada adormecedora y de aprobación con una leve sonrisa en sus labios, bajé la vista y miré su tanga blanca que estaba húmeda con los pelos salientes por la comisura de su calzón, sin quitarla de la silla y de su posición acerqué mis labios hasta su vagina, aún cubierta por su tanga, aspiré profundamente el perfume que emanaba de su conchita, sorbí los jugos que empapaban su tanga y comencé a mordisquear su conchita por encima de ella, metía mi lengua ávida por la orilla de su tanga, lamía sus ingles y sus muslos que tenía en mis hombros, apretaba esos grandes muslos contra mi rostro.
Hilaria, estaba ida, su rostro tomó un color rojizo intenso, tenía los ojos cerrados, solo jadeaba y se contenía para no gritar de placer, le jalé la tanga para un lado y le comí su conchita, le mamé intensamente sus labios vaginales, le sorbí con mi boca todos los jugos que salían de ella, restregué toda mi cara en su conchita y cuando no pude más, acerqué más mi pelvis a aquella sillita, me saqué la verga, le di unos cuantos jalones que ya pedía, y le pasé la cabeza por su vagina, que estaba completamente mojada, corrían hilos de líquido transparente y viscoso que emanaban de esa conchita, cargué sus piernas en mis brazos y la penetré de un empellón, así me la cogí, así la disfruté, sentadita en esa sillita, con las piernas abiertas, se la metí y se la saqué varias veces, la bombeé con ferocidad, ella subió sus piernas a mis hombros, entonces la comprimí contra sus pechos, ella me abrazó y jaló mi cabeza junto a ella diciéndome al oído,.. ¡Te amo!... ¡te amo!... ¡te amo!, yo le contestaba, también te amo Hilaria, también te quiero... ¡también te deseo!
Ella ahogó un grito, solo sacó un sonido gutural, contrajo su cabeza hacia atrás y me encajó sus uñas en la espalda, cuando sentí sus uñas clavarse en mi cuerpo, le lancé tres tremendos chorros de leche en su conchita, yo también ahogué un grito, mordiendo su blusa, como si en ello me fuera la vida, cuando terminamos, nos abrazamos, nos volvimos a besar intensamente, queriendo no separarnos, mi verga no se bajaba, aún la tenía empalada, no me saciaba de Hilaria, la seguí besando y comencé a bombearla de nuevo, ella me dijo: ¿todavía más? Callé sus palabras con un beso, de verdad que la erección no me bajó ni un ápice, seguía caliente, seguí bombeándola otro rato, Hilaria me abrazaba y me decía que rico se siente tu palo dentro de mí, muévete más fuerte, seguí con el mete saca y me volví a correr dentro de ella, tuve un orgasmo todavía más fuerte que el anterior, sentí como una descarga eléctrica que recorría todo mi ser, no se de donde saqué más leche, pero le dejé la conchita chorreante, los dos veíamos salir de su vagina ese líquido blanco y viscoso, que caía a gotas desde su chocho.
Después de este encuentro, nos seguimos magreando y cogiendo a escondidas y cuando podíamos, hasta que un día Hilaria tuvo que ir a su pueblo, ella era de Chiapas, de un pueblo llamado Cintalapa, ya no regresó a Monterrey, sus padres ya no se lo permitieron, yo sufrí mucho por ella, la lloré en secreto, fue mi primer mujer, fue mi primer amor, fue mi maestra y mi alumna. Tiempo después supe que ella se casó y tuvo varios hijos. Y yo tuve que olvidarla, y todo gracias a la llegada de Lucy. Pero esta es otra historia.
Gracias por sus votos.
Autor: El Zorro Vengador |