UNO DE ESOS DIAS - Me clava la verga hasta la garganta, y trago polla, y el me asesta puñaladas de carne en la garganta, y yo trago sin parar, y la saliva me rueda por la barbilla mientras arremete una y otra vezUNO DE ESOS DÍAS Me clava la verga hasta la garganta, y trago polla, y él me asesta puñaladas de carne en la garganta, y yo trago sin parar, y la saliva me rueda por la barbilla mientras arremete una y otra vez Me despierto tarde. Hoy es mi día libre. Mientras me preparo unas tostadas para desayunar a la hora de comer, noto que mi polla pide guerra. Hoy es uno de esos días en que me ataca la calentura. No puedo hacer nada por remediarlo. Sólo puedo salir de casa e ir de caza. A la caza del hombre.
Quince minutos después ya me he duchado y me he puesto mi traje de ejecutivo agresivo, que por algún motivo es el que más calienta a mis presas. Después salgo de casa y me dirijo a mi edificio de apartamentos preferido. Tiene quince plantas y dos ascensores. Y no tiene portero.
Introduzco una llave que me regaló un amante en la cerradura del portal y entro como si yo viviera en aquel bloque. Me dirijo al ascensor. De momento estoy solo. Pulso el botón de llamada. El ascensor llega, entro y presiono el número quince. Mientras el ascensor hace el camino me recoloco la verga. La tengo durísima. No sé qué me pasa hoy. No sé qué habré soñado esta noche para permanecer tanto tiempo en este estado de lujuria.
Llego al último piso y la puerta del ascensor se abre. No hay nadie en el rellano, no se oye nada en la escalera. Ninguna puerta se abre, ni en aquella ni en otras plantas. Sigo solo. La puerta vuelve a cerrarse y pulso el cero. El ascensor comienza su recorrido descendente. Antes de llegar a la séptima planta oigo unos pasos. El ascensor se detiene en la séptima. La puerta se abre. Entra un hombre mayor. No es guapo pero tiene cierto atractivo a los Sean Connery.
La puerta se cierra. El hombre me saluda con la cabeza, se coloca a mi lado, y se mete las manos en los bolsillos, con cara de circunstancias. Parece que no le gusta compartir ascensor. Yo me llevo la mano derecha a mi entrepierna y empiezo a magrearme la verga en toda su extensión, después bajo la otra mano, coloco cada una a un lado de mi miembro erecto y empujo la tela hacia los lados para remarcar su longitud y su grosor a través del pantalón. El hombre me está mirando y eso me pone a cien. El ascensor llega a la planta baja y el hombre saca la mano del bolsillo y la deja caer sobre mi bulto. Su mano tiembla un poco. Me lo aprieta. Después la puerta se abre desde fuera y el hombre, apurado, sale de prisa.
Hay una pareja esperando el ascensor en el rellano de la planta baja. No pasarán los veinte. Ella es muy bonita, él está cachas, pero no de gimnasio. Quizá trabaje en la construcción. El moreno de su piel confirmaría mis sospechas. Esperan a que yo salga y yo les hago un gesto de que voy a subir otra vez, como si me hubiera olvidado algo. Ellos entran. La chica se fija en mi paquete. Después me mira a los ojos y sonríe. El novio no parece darse cuenta de nada y pulsa el botón del cuarto. El ascensor sube y enseguida llegamos a la cuarta planta y ellos se bajan, pero antes de irse, ella le dedica otra mirada a mi patente erección, se pasa un dedo por la comisura de los labios y luego se lo chupa, como si me hubiera hecho una mamada y estuviera recogiendo el semen que se le ha escapado de la boca. Por lo general no me acuesto con mujeres pero a ésta le daría una regalito en forma de polla y dejaría que lo desenvolviera a placer hasta colmarle toda esa boca de puta de leche espesa.
El ascensor se cierra y empieza a subir. He estado demasiado ocupado imaginando cómo le descargo una buena corrida en la boca a esa chiquilla y me he olvidado de pulsar el botón. El ascensor sube porque alguien lo ha llamado. Espero pacientemente. Van pasando los pisos tras la puerta y mi polla crece y crece. Me excita la espera. Me excita no saber con quién me voy a encontrar en la siguiente planta. El ascensor se para en la doce. La puerta se abre. Es una ancianita, muy mona ella. Lleva un carrito de la compra con dos ruedas. La saludo cordialmente y salgo del ascensor. Ella entra tirando del carrito mientras le sujeto la puerta. Le cierro la puerta y cuando el ascensor empieza a bajar se despide de mí a través de la ventana translúcida.
Llamo al otro ascensor y espero. Está tardando una eternidad en venir. Entonces se abre una puerta a mi espalda. Alguien sale de su piso. La puerta se cierra. Echan las llaves. Viene hacia mí. Por la forma de
caminar yo diría que es hombre. Sale solo, no se oyen más pisadas que las suyas. Atraviesa el largo pasillo en dirección a los ascensores. El ascensor ya ha llegado, así que abro la puerta y lo espero. Antes de que llegue me giro para mirarlo. Digo un hola cordial pero se me atraganta en la boca. Está buenísimo. Tiene pinta de semental, de actor porno, fuerte y recio, pero sin esos músculos imposibles que tanto asco dan. Su pinta a lo Edu Boxer me vuelve loco y hace que me ponga a soltar líquido preseminal y a salivar como un loco. Lo miro a los ojos más tiempo del adecuado y me sostiene la mirada. Entonces entro en el ascensor. Él me sigue. La puerta se cierra y él pulsa el botón de planta baja.
- Estás buenísimo –le digo. No puedo consentir que un tío así se me escape. Tengo que ser directo para recibir un sí antes de que el ascensor llegue abajo. – Gracias –responde, con una sonrisa casi engreída. – No me importaría nada comerle la polla a un tío como tú –suelto. Lo admito. Tengo muy poca vergüenza. El tío me examina como si yo fuera un jamón y estuviera decidiendo si comprarme. Está tardando mucho en responder. Ya llevamos siete plantas. Sólo me quedan cinco para convencerlo.
- Joder. Estás como un puto queso –insisto. – Tú también estás muy bueno. – Podemos ir al rellano de la azotea –le ofrezco.
Pero el tío no contesta y el ascensor acaba llegando abajo sin que hayamos concretado nada. El tío sale y yo lo sigo, y me apoyo en los buzones para ver como se aleja. Y llega hasta la puerta de la calle, pero no la abre. Ha cambiado de opinión. Vuelve sobre sus pasos y nos metemos en el ascensor. Él pulsa el botón del décimo quinto y cuando el ascensor empieza a subir acercamos nuestros cuerpos y empezamos a acariciarnos por encima de la ropa. Me pregunto si se dejará besar. Hago un amago y él acerca su boca a la mía con premura y empezamos a darnos lengua. Le cojo el culo mientras nos besamos y lo hago apretar su paquete contra el mío. La verga se le pone tiesa al contacto con la mía.
Besa que da gusto. Parece que he acertado, al tío le van los besos. Lo voy a poner como una moto. Entre deliciosos morreos llegamos a la quince. Salimos del ascensor, bastante acelerados, y subimos el tramo de escaleras hasta el rellano de la azotea, cuya puerta, bien lo sé, siempre está cerrada. Él intenta abrirla. Yo lo abrazo por la espalda.
- ¿Aquí? –pregunta. – Aquí –respondo. Y le como la oreja derecha mientras él se va moviendo y restriega su cuello contra mi cara. No puede soportar el placer que le provoca mi lengua cuando juguetea con su lóbulo. - ¿Y si nos oyen? – Procuraremos no hacer ruido.
Entonces se da la vuelta, vuelve a besarme con un calentón de campeonato, y luego se saca impaciente la polla. Está nervioso y quiere acabar pronto. Yo podría decirle que bajemos a su casa. Le he oído echar la llave, no creo que nadie lo espere en ella. Pero sé que aplazar la situación puede dar al traste con ella, así que me arrodillo y pego mi cara a su pollaza. Él se estremece. Me acaricio la cara con su verga, meto la nariz entre sus huevos y aspiro su aroma, cojo la polla que palpita anhelante y me golpeo con ella en una mejilla, después pongo la otra. Su precum me moja la cara.
- Chúpala –ruega.
Obedezco. Poco a poco me la introduzco entre los labios y la riego de saliva. Me encanta mamar polla. Me encanta tragármela a fondo, aguantar un poco y luego sacarla despacio para contemplarla entera. Colocarme debajo y mirarla como si contemplara un edificio de carne. Desde esa posición la enorme polla de este tío se asemeja a la verga de un gigante, y veo como se retuercen en el escroto lentamente sus cojones. La visión de su enorme vergajo lleno de mi saliva, temblando, esperando impaciente que continúe mamando, hace que no tarde en sacarme la polla porque necesito masturbarme o moriré. Al él le pone que él me ponga, o le pone ponerme o como coño se diga, y su polla va creciendo más y más entre latidos, y vuelvo a metérmela en la boca y me la trago hasta la garganta y espero, y aguanto, y cuando ya no puedo más me la saco para respirar y vuelvo a contemplar el monumento y esto parece que lo pone más y más cachondo.
Una puerta se abre justo en el piso de abajo. Paro un momento de mamar, suponiendo que esa situación le cortará el rollo a este maromo, pero una vez entrado en faena se desata y acerca mi cabeza a su miembro palpitante con las manos.
Y vuelvo a tragar polla, y empiezo a hacerlo de prisa, y él apoya la espalda en la pared y saca las caderas hacia fuera, y cierra lo ojos y empieza a suspirar. Y la puerta que hemos oído abrirse se vuelve a cerrar, y alguien espera el ascensor a unos metros por debajo de nosotros, pero a este hombre, que vive en el edificio, ya no parece importarle que nos oigan y yo no tengo problemas de ningún tipo.
Así que me saco de entre los labios su duro miembro y le escupo saliva en la punta de la polla y se la miro y me la vuelvo a meter en la boca y él empieza a susurrar “oh, sí” y el ascensor llega y la persona que lo espera abre la puerta pero tarda más de lo debido en meterse dentro. Está escuchando, en silencio. Quizá no sabe lo que ha oído o quizá lo sabe perfectamente. Y mi amante me saca la polla de la boca, me mueve un poco la cabeza y empieza a darme latigazos con la polla en la mejilla, latigazos claramente audibles. Tiene la polla mojada por mi abundante saliva, y sus latigazos suenan a chapoteo contra mi mejilla afeitada, y es imposible no saber, por la cadencia y el propio sonido, lo que estamos haciendo ahí arriba.
Sólo podría confundirse con el sonido de una polla golpeando en la palma de la mano o en las cachas de un buen culo, pero ambos sonidos están indicándole al vecino o vecina que nos escucha con la puerta del ascensor aún abierta y sin decidirse a entrar en él, que hay una polla enhiesta golpeando algo a unos metros.
La situación parece encender todavía más al maromo que me he ligado en el ascensor y tras arrearme profusión de golpes por toda la cara con su pedazo de vergajo se agacha y vuelve a buscarme la boca, y me la llena con su lengua, mientras yo no dejo de cascármela y el vecino de escuchar. Y tras un delicioso intercambio de morreos vuelve a levantarse y me clava el vergajo hasta la garganta, y empiezo a recibir una follada increíble y trago, y trago polla, y él se embala y me coge la cabeza con fuerza y me asesta puñaladas de carne en la garganta, y yo trago sin parar, y la saliva me rueda por la barbilla mientras arremete una y otra vez, volviéndose loco, adentro, adentro, follándome la boca, adentro, sin parar, una y otra vez, y sus embestidas me vuelven loco de placer y sé que como esto siga así me voy a correr en breves instantes.
Y el tío no para, y no deja de darme tralla, y me da tanta que inconscientemente acelero mi paja y empiezo a retorcerme cuando siento cómo el placer me llega en oleadas. Y él descubre que me estoy corriendo y eso basta para que se venga. Y me sujeta la cabeza y me descarga en la cara, un reguero, otro, y su polla se pone monstruosa mientras descarga un manantial de esperma sobre mis labios, mi nariz, en la frente, en las mejillas… me resbala hacia las orejas, baja por mi barbilla, y lo reparte con su miembro mientras yo todavía me retuerzo con los estertores de mi propia y abundante corrida. Y cuando su polla está morcillona el tío se agacha y empieza a limpiarme con la lengua, y cuando me limpia toda su leche juntamos nuestras bocas y nos morreamos largo y tendido.
Me invita a su casa a tomar café. Bajamos los tres pisos que hay hasta el doce por las escaleras. El vecino o vecina que esperaba el ascensor ya no está. Me pregunto si esta noche se masturbará pensando en lo que ha oído, si otro día se animaría a participar.
Vuelvo a casa por la noche y me pongo una película porno, y me acaricio las tetillas y me paseo objetos por la entrada de mi ano mientras me hago un pajote brutal.
No hay duda de que hoy es uno de esos días.
Si han disfrutado de leer este relato tanto como yo de escribirlo, no se olviden de votar :oP
Autor: Relatista relatista (arroba) gmail.com |