Principal
Relatos de Marqueze
Relato aleatorio
Actualización del dia
Actualización del dia anterior
Ranking de relatos
Envíanos tu relato
Zona RSS

Autor del relato Busca relatos Envía tu relato Imprime el relato
Tamaño del texto del relato:
[Pequeño]

[Mediano]

[Grande]

[Muy Grande]
Fotos e imágenes:
[Visibles]

[Ocultas]


EL RELATO HA EMPEZADO - A cada uno de mis movimientos ella me respondia de un modo salvaje, pero a la vez lleno de pasion

EL RELATO HA EMPEZADO A cada uno de mis movimientos ella me respondía de un modo salvaje, pero a la vez lleno de pasión

Quién soy, no tiene importancia. Cómo soy, no considero que sea algo relevante. Yo sólo me presento ante ti como un hombre más, que existe sólo porque tú me estás leyendo. Sí, heme aquí ante ti, mi interesante lectora o lector, relatándote una de mis experiencias que he tenido.

Hace algunos años me cambié de vivienda, ya que no me gustaba el antiguo lugar en donde radicaba. Decidí cambiarme a un fraccionamiento a las afueras de la ciudad, quería alejarme un poco del caos y el estrés que provocaba el simple hecho de vivir en ella. El primer día fue como cualquiera. Llegué, me instalé, desempaqué mis cosas y me puse a ver la televisión.

Al siguiente día algunos de mis vecinos fueron a darme la bienvenida. Tras haber recibido algunos pastelillos de bienvenida y estármelos comiendo, me puse a pensar en tres personas que me llamaron de inmediato mi atención: Una vecina morena que me había dado la bienvenida de un modo muy afectuoso, una señora de aproximadamente 30 años que iba con su esposo, y una jovencita que estaba sentada afuera de la puerta de su casa.

Desde ese momento me interesé únicamente en ellas tres, y así fue como todo comenzó. Días después me puse a investigar en qué casas vivían cada una de ellas. Descubrí que mi vecina morena vivía a cuatro casas de distancia, mi vecina de 30 años estaba a seis, y mi joven vecina vivía en frente de la mía. En esos días tenía grandes fantasías con cada una de ellas, porque he de confesarlo, soy un hombre caliente, que gusta de ver, acariciar, oler, probar a las mujeres bellas.

Cierto día decidí ir con mi vecina morena a pedirle un poco de azúcar, con el pretexto de que yo no tenía y que necesitaba un poco. Llevaba mi taza para cumplir mi objetivo. Sí, yo sé que es una absurda excusa para platicar con alguien, pero si la situación se daba qué más podía importar. Tras llegar a su casa y haber tocado su timbre, ella abrió la puerta y me invitó a pasar. Debo confesar que desde que la vi quedé perplejo ante ella. En otras palabras, me excité de sólo verla.

Vestía una falda rosa, con una playera negra, unas botas del mismo color. Su cuerpo era de lo más exquisito, senos pequeños, pero muy apetecibles, un voluptuoso y firme trasero. Su sonrisa era coqueta, pero a la vez provocadora. Ella me llevó hasta su sala y me invitó a tomar asiento en su sillón. Me preguntó mi nombre, dónde vivía antes, si era casado, por qué me había mudado a ese lugar, entre otras cosas.

Me sirvió un vaso de vino, muy rico por cierto, y nos pusimos a beber un largo tiempo. Había perdido ya la noción del tiempo cuando ella me confesó que era divorciada. Y antes de que pudiera preguntarle el motivo ella me lo explicó. Me dijo que su anterior esposo no la complacía en la sexualidad, que todo se había vuelto monótono y aburrido. Me confesó que le había sido infiel en varias ocasiones, hasta tuvo el descaro de decirme con quiénes le había puesto el cuerno.

De pronto, su actitud cambió para conmigo. Su mirada era provocadora, sus brazos se movían de un lado a otro. Entonces, ella me dijo: ¿Sabes?, mi marido ya no me complacía para nada, mira (en ese momento abrió sus piernas y me mostró su hermosa tanga negra), se puede decir que no conoció mi vagina más de seis veces. ¿A poco a ti no te gustaría conocerla más de seis veces?

Su pregunta y su confesión provocaron en mí mis bajos instintos, mis bajas pasiones, mi calentura, mi excitación. Traté de contenerme y le dije que sí, que me gustaría conocerla incluso en más de seis ocasiones, a lo que ella me contestó que no habría ningún problema. De pronto ella se puso de pie, se acercó a mí, y una vez que estaba justo delante de mí, se subió un poco su falda, agarró su tanga y se la quitó y dijo: Conócela, no hay problema.

Yo no me resistí y acerqué mi mano a su vagina, la acaricié, la apreté, jugué un poco con su clítoris. Su humedad me embriagaba, su


olor me consumía. La acaricié por un buen rato, hasta que de pronto ella se echó al piso, se recostó en la alfombra y me jaló hacia ella. Inmediatamente ella se quitó su playera, dejando ver su lindo brassier blanco, que sostenía a sus pequeños y hermosos pechos. Abrí su brassier, dejando sus pechos al aire, los cuales empecé a besar. Pasaba mi lengua por sus ya endurecidos pezones.

Ella por su parte me quitó mi playera, mis pantalones y mi bóxer rápidamente. Creo que me había tardado más en decirle buenas tardes que ella en desnudarme a mí. Mi pene estaba totalmente parado, estaba en una excitación total. Cuando intenté quitarle la falda rosa, ella me detuvo, me dijo que prefería dejársela puesta, pero que tenía su autorización para penetrarle su vagina.

No dudé ni un segundo y dirigí mi pene a su vagina, empecé el mete saca con ella. Yo gritaba, ella también. A cada uno de mis movimientos ella me respondía de un modo salvaje, pero a la vez lleno de pasión. Cada vez le apretaba más y más sus pechos. Con mis dedos agarraba con fuerza sus pezones. Ella sólo gritaba y me decía que le gustaba mucho, que no me detuviera. Estuvimos así por un rato hasta que sentí que me iba a correr, cosa que le mencioné.

Ella me dijo que me corriera encima de su falda, que echara todo mi semen ahí. Yo opté por complacerla. Saqué mi pene de su vagina e inmediatamente lo dirigí hacia su falda rosa, en la que descargué todo mi semen. Pasó poco tiempo para que yo me volviera a excitar, la volví a penetrar en su vagina, volvimos al mete saca una vez más. Y de nueva cuenta, cuando estaba a punto de correrme ella me pidió que lo hiciera sobre su falda rosa.

Repetimos el mete saca una tercera y última vez, con el mismo desenlace. Al final nos dimos un largo abrazo, nos besamos y nos empezamos a reír. Tomé mi ropa y me vestí, despidiéndome de mi vecina morena de un apasionado beso. Regresé a mi casa, prendí el televisor y empecé a ver las noticias. De pronto tocaron a mi puerta.

Cuando la abrí pude ver a mi vecina morena, vestida con otra playera y con otras botas, pero con la misma falda rosa sobre la que me había corrido tres veces. En sus manos llevaba mi taza. Me la entregó y dijo: Aquí te dejo un poco de azúcar, que seguramente era lo que me ibas a pedir desde un principio.

Se despidió de mí y se fue para su casa, justo antes de que le preguntara por qué se había cambiado toda su ropa con excepción de su falda rosa, y más porque se le notaba bastante las manchas de semen. Me reí por un momento, pensando en lo estupendo que había sido mi encuentro con mi vecina morena, que ahora la recordaba más por su falda color rosa.
Antes de entrar a mi casa pude ver a mi joven vecina que entraba a su casa. Noté que me observaba detenidamente. Me sonrió y se metió a su hogar.

Autor: Enigmático enigmatico_dud (arroba) hotmail.com

Un producto Marqueze Telecom S. A.