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UNA NOCHE MARAVILLOSA - Samuel se la introdujo todo en su ser, una vez que se acomodo por fin se sintio amado y poseido, Luigi lo bombeo hasta que se vino dentro logrando que Samuel se corriera por segunda vez

UNA NOCHE MARAVILLOSA Samuel se la introdujo todo en su ser, una vez que se acomodó por fin se sintió amado y poseído, Luigi lo bombeó hasta que se vino dentro logrando que Samuel se corriera por segunda vez

Como poder olvidar el momento en que lo vio por primera vez, era muy guapo y jamás pensó que lo miraría siquiera, pero lo hizo y en ese instante se sintió el más afortunado de los seres del planeta. Solo bastó una sonrisa mutua para saberse semejantes, dos hombres que se habían encontrado sin la necesidad de buscarse, el destino los había ubicado en el lugar y tiempo preciso. Para ese instante la fiesta en la Embajada italiana no había pasado de una reunión social más a la que la tenia que asistir por tratarse del hijo del mejor amigo del embajador.

Samuel era un tipo que había estudiado una carrera diplomática como su padre, a pesar de sus treinta años recién cumplidos nunca había demostrado interés alguno por formalizar una relación, pero casi siempre se le había visto bien acompañado de bellas muchachas de sociedad, y esa noche no era la excepción. Siempre había considerado su mundo muy artificial, sobretodo cuando por fin se acepto tal cual era, y sin embargo los convencionalismos de la sociedad habían hecho de él un hombre sin vida, que se dedicaba todas las horas del día en cumplir sus deberes profesionales y de vez e cuando salir con amigos, de los "normales".

Aquella noche, muy a regañadientes se había vestido con el mejor traje de su ropero, el azul marino le quedaba perfecto, siempre fue muy detallista en su vestir, y de hecho esa noche estaba mejor que nunca, tenia el cabello lacio y castaño, siempre se quejó de tener que peinarse con geles para mantener la compostura y orden, pero esa noche decidió asistir con su cabello totalmente libre y desordenado, se le veía muy bien. Su padre lo había instruido para reemplazarlo en cualquier momento y esa noche era justo el instante. Salió de la casa sabiendo que esa noche era especial, por primera vez cumpliría roles de diplomático en función, pero así mismo había pensado regresar apenas acabada la cena.

Cuando llegó a la Embajada, una mansión inmensa ubicada en la mejor zona de la ciudad, se encontró con gente que lo había visto crecer y otros con los que había pasado gran parte de su juventud, se sentía acompañado por ellos y también, porque no decirlo, admirado por el cargo que ahora postulaba.

La reunión se desarrollaba tal cual el protocolo, las mujeres vestían sus mejores trajes de gala, parecía un gran desfile de modas y eso le divertía mucho. Priscila era la hija del Embajador y era su mejor amiga y por lo tanto no se desprendía de ella, realmente podrían haber sido la pareja perfecta. Sin embargo, en medio de la reunión, cuando ya todos los invitados estaban en el salón principal, la imagen de un hombre deslumbro a todos, era un tipo alto, delgado, de piel color olivo, ojos azules y cabellos dorados y ondulados que los traía largos hasta el hombro, pero por sobretodo era su sonrisa perfecta la que enmudeció a todos.

¡Hermanito! Fue el grito ahogado que salió de Priscila al tiempo que salía al encuentro de ese hombre tan increíble, el mismo Embajador se levantó de su asiento al tiempo que cruzaba de lado al lado el salón para dar la bienvenida a su hijo, hermano mellizo de Priscila. Todos aplaudían el reencuentro tan esperado, incluso Samuel, que sin quererlo había sido participe de ese momento.

A pesar de sus años, Samuel nunca había deseado ser amado por alguien como en ese instante, para él la visión de ese chico era como la conversión a la realidad de sus sueños. Se retiró del lugar queriendo huir de sus propios instintos que en ese instante lo podrían traicionar ante todos los allí presentes, y fue en ese momento en que Luigi lo miró fijamente, como ordenándole que no se fuera. Y así lo entendió él, se quedó inmóvil al pie de la gran columna, esperando tan solo una orden para rendirse ante el encanto de ese ser.

Todo lo que siguió a aquel instante fue lo convencional de toda reunión formal, sin embargo para Samuel esas casi dos horas que duró la cena fue un mundo,


peor aun cuando sin quererlo y evitarlo pudo dejar de mirar a Luigi de reojo cada vez que podía, y en varias ocasiones se había topado con la mirada de él también, lo que lo mantuvo gran parte de la noche ruborizado. Cuando al fin el Embajador se levantó de la mesa, sintió un gran alivio de poder ponerse de pie y salir a respirar un poco de aire fresco y así lo hizo. Una vez dentro del jardín, que por cierto estaba completamente iluminado por lucecillas doradas, sacó un cigarrillo, agarró su encendedor y al momento que hacia el esfuerzo por prenderlo sintió la voz de alguien que lo saludaba muy cortésmente.

No podía creer que fuese Luigi quien se dirigía a él con tanta familiaridad, y sin embargo no pudo evitar contestarle como lo hizo, estiró el brazo y le dio la mano, a la que Luigi apretó con todo su ser. Lo que siguió a ese instante fueron las horas más cortas que él vivió en años, pues para cuando se dio cuenta de la hora, ya el color del cielo anunciaba el amanecer, las luces del jardín se habían apagado y su cajetilla de cigarrillos estaba ya vacía. Nunca le había pasado eso, había hablado con un desconocido tantas horas como las que pasaba en su computador trabajando y lo peor de todo es que no quería dejar de hacerlo, el irse a casa en ese instante se convirtió en su martirio.

Y los días que siguieron a ese primer encuentro fueron los más dulces que Samuel pudo haber vivido, Luigi además de haberse convertido en su mejor amigo, poco a poco se fue adueñando de su corazón que para ese entonces estaba lleno de amor para brindar. Todo andaba perfecto, incluso la conducta tan huraña de Samuel había desaparecido por completo, el amor lo estaba transformando en un ser con vida propia, su caminar era tan brillante que cualquiera que pasaba por su lado se daba cuenta inmediata de su presencia, jamás se sintió más admirado por las mujeres de su rededor y mucho más por hombres que sin querer no podían resistir darle una mirada, algunos con envidia, otros con deseo. Pero Samuel solo amaba a Luigi y lo mejor de todo es que era correspondido.

Por fin la noche que estuvieron esperando por tanto tiempo llegó, Samuel estaba aun en el trabajo cuando sintió que el carro de Luigi paró en el estacionamiento, guardó todo tan rápido como pudo y se dirigió hacia él. Al entrar a su auto guindo, lo miró con amor, no pudo darle un beso en la boca por temor a ser descubierto por el mundo, pero si le dio un apretón de manos donde le traspasó toda la energía almacenada todo ese día.

Tomaron la autopista que se dirigía al sur, a una pequeña casa de playa que la familia de Samuel aun conservaba más por nostalgia que por necesidad. De los nervios, los casi cuarenta minutos que duró el viaje, Samuel habló todo el camino, Luigi era muy callado y esa noche no fue la excepción.

Al fin, cuando llegaron a la casa y se vieron fuera de las miradas de la gente, Samuel no pudo evitar tomar a Luigi de la cara y acercarlo a él para profesarle el beso que había deseado darle toda la noche, que sensación tan placentera sintió en aquel momento, nunca pensó que la canción de Alejandra Guzmán tomara sentido aquella vez "su barba raspaba como lija" y eso lo excito mucho más. Luigi también lo estaba, y la ansiedad llegó hasta su punto más alto cuando al fin logró abrir la puerta que lo condujo a la habitación y se encontró con un espejo enorme frente a los dos. Fue entonces que Samuel se acercó por detrás de Luigi, lo abrazó así y le besó el cuello, Luigi miraba todo a través del espejo, le gustaba, sonreía.

Poco a poco Samuel fue despojándolo de sus ropas, primero desabotonó la camisa, Luigi se dejaba hacer lo que él quería, estaba extasiado, lo besó nuevamente en los labios, luego bajó hacia sus tetillas, las lamió con dulzura, Luigi cerraba los ojos en señal de aprobación, poco a poco fue bajando por su pecho blanco y casi lampiño, se toco con la correa la que desabrochó con delicadeza, luego le bajó los pantalones y se encontró con una trusa azul marina, su color favorito, el bulto que se veía era increíble y el olor emanado aun más.

Logró descalzarlo fácilmente y lo dejó solo con la trusa, momento en que lo miró como entregándose a él. Luigi hizo exactamente la misma operació

;n, le quito el polo que traía puesto, luego le desabrochó la correa y le bajó el pantalón, cuando al fin pudo tenerlo listo, lo vio con una trusa gris que a Luigi le encantó y se lo dijo, eso le emocionó mucho a Samuel. Ambos casi desnudos y erectos se miraron al espejo, vieron la pareja perfecta, los dos sonreían. Samuel, como mayor que era, tomó la iniciativa entonces, tomó a Luigi y lo besó en la boca al tiempo que sus manos se iban introduciendo por la trusa alcanzando a tocar sus nalgas, nunca había tocado nada más firme y a la vez suave, el clima era frío, era invierno y sin embargo aquella noche esa habitación estaba ardiendo.

Samuel siguió su camino y poco a poco fue despojando a Luigi de esa pieza que para ese instante ya estorbaba, de un tirón la trajo abajo, quedando al descubierto el gran bulto que se convirtió en el pene más hermoso que él había visto, un pene largo y no tan grueso, blanco y circuncidado, lo que le excito aun más, lo sintió muy caliente lo que lo motivo a agacharse y tomarlo con sus manos para luego llevárselo a la boca. Lo chupó cuanto quiso, lo recorrió entero, no hubo espacio alguno que la lengua de Samuel no topó, estaba en la gloria y Luigi lo decía a viva voz.

Poco a poco, Samuel fue arrastrando a Luigi hasta la cama, lo llegó a tumbar hasta que por fin lo tuvo debajo, en ese instante Luigi reaccionó y tomó a Samuel de la trusa, prácticamente se la arranchó, lo cogió de los hombros y le dio vuelta, lo besó como un loco, lo miraba directamente a los ojos y le decía "te amo", ambos cuerpos desnudos se topaban mutuamente, sus penes estaban apretados el uno contra el otro y se sentían palpitantes, Luigi bajó rápidamente y tomó el pene de Samuel y se lo introdujo en la boca y se lo mamó como nadie jamás lo había hecho en su vida.

Samuel se sentía en la gloria, miraba al techo pues no podía más con la excitación que le producía el sentir que estaba siendo mamado de la manera más ardiente, sentía como en cualquier momento podría venirse y le entró el temor de que eso pase, tomó a su amante por los cabellos, le alzó la cara y le pidió que se sentara sobre él, Luigi lo miró como agradeciendo la invitación, se levantó, luego se puso en cuchillas entre las piernas de Samuel y poco a poco fue bajando hasta que la cabeza del pene de Samuel topó con el agujero de Luigi, la diferencia de grosor entre ellos era considerable, Samuel tenia un pene quizá un poco más pequeño que Luigi, pero el diámetro era increíble, por lo que Luigi le pidió que no se moviera hasta que el mismo se acostumbre.

Fue delicioso para Samuel sentir como poco a poco Luigi se iba introduciendo en él, sentía que Luigi quemaba por dentro y sin quererlo empujó un poco, a lo que Luigi le dijo "no me hagas trampa", Samuel se quedó quieto hasta que por fin Luigi empezó a cabalgar, primero despacio, con dolor, pero poco a poco esa expresión fue tornándose en una sonrisa de placer, se raspaban ambos hasta hacerse daño, fue increíble como pudo resistir tantas embestidas, hasta que al fin cuando sintió que se venia intentó salirse, pero Luigi lo detuvo y le dijo, "no, esta noche te quiero todo mío" y eso bastó para que Samuel le inundara todas las entrañas, chorros de leche caliente que ni el mismo Samuel sabia que tenia, tanto que se les escapó por entre los dos.

A su vez Luigi no aguantando más la excitación logró salirse y sin dar tregua alguna a Samuel lo agarró desprevenido y ayudado por la lubricación previa se la introdujo todo en su ser, para Samuel fue una sorpresa haber podido aceptarlo casi sin dolor, y una vez que se acomodó por fin se sintió amado y poseído, Luigi lo bombeó hasta que se vino dentro logrando que Samuel nuevamente se corriera por segunda vez sobre su propio pecho.

Nuevamente la luz del amanecer los agarró juntos, pero esta vez ambos dormían desnudos y abrazados, los dos se sabían amados y por ello estaban sonrientes. Por fuera, a través de la ventana de la habitación, el mar rugía omnipotente y unas cuantas gaviotas chillonas anunciaban el comenzar de un nuevo día.....

Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Autor: TEHEPA

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