El estudiante de Salamanca
El estudiante de Salamanca Version 200.3
Era una noche teñida de un negro inusitado. Tan oscuro y opaco que
él no veía nada.
Deambulaba por las calles intentando encontrar el camino hacia su
casa cuando las farolas se apagaron de golpe, sumiendo por
completo a la ciudad en la penumbra.
Si es que por no haber luz no había ni luna en el cielo.
Era todo oscuro de verdad. Negro.
Nuestro protagonista se paró en seco, acojonado por el súbito y
tétricamente acontecimiento preparado por los guionistas de la
historia para intentar producir intriga y desasosiego en el
lector. ¡Asústate un poco aunque sea, por favor!
No sabía qué hacer.
Tanteando, llegó hasta una pared y se pegó a ella. Se le pasó el
miedo y sacó su pistola de la chaqueta.
Pensó: 'Me cago en todo, ahora que me quiero ir a mi casa y va y
me pierdo en medio de la noche. Cagondios...'
Se sentó en lo que él creía que era un portal y repasó todo lo que
había acontecido durante aquella noche:
Su cabeza siguió en silencio. No conseguía recordar qué había pasad
en las últimas horas. Empezó por el principio:
''Esa tarde había salido de casa después de que se le terminase el gramo y
había
decidido ir a sacarle el dinero al moroso de su cuñado.Necesitaría
la pipa.
Pero no respondía a la puerta. Se pasó llamando media hora y cuando
ya estuvo hasta los cojones intentoó echar la puerta abajo.
Desgraciadamente la puerta se le resistió y decidió esperarlo
escondido. El portal de enfrente le serviría de escondrijo. Apoyado
contra la pared las horas se le estaban haciendo muy lentas y
cuando empezaba a anochecer decidió amenizarse el rato con un
porrete sin darse cuenta de que unos ojos le miraban.
'Oh, ahí está, ahí está,
con su chaqueta de pana al viento,
y su caminar, seguro y lento,
sí, ése que me ha hecho enamorar'.
Estas palabras decía Elvira,
eterna enamorada de Félix,
el cual, una noche de porros y caballo,
encima de un coche la poseyó.
Fue esa rápida penetración,
esos besos pasionales,
ese impetuoso chupetón,
que le arrancó el alma de sopetón.
Mujer fatal había sido,
a muchos hombres se la había comido,
y a otros muchos les pajeó,
pero es que Félix follaba tan bien,
que de su rabo ella se enamoró.
Estaba ella en su piso,
ése al que Félix entrar quiso,
pero no había abierto,
pues el rechazo temía,
sabiendo que él a ella no la quería
y conocedora de que a por drogas venía.
Aquel chauen no era chauen, pero de no haber sido capaz de notarlo en algún
momento, seguro que no era bajo los efectos de eso. La única farola de la
calle se había teñido de rojo, los extremos de la calle se alzaban hacia el
cielo, donde se encontraba un agujero. Al fín llegó un hombre volando al
cual apenas supo reconocer. Sus lúgubres rasgos apenas dejaban intuir las
facciones tan conococidas para él. Aquel era su cuñado y, saliendo de su
escondite, se le encaró sacando la pistola. Inmediatamente, el otro hombre
empezó a correr, y él también. Una calle tras otra iban pasando a sus ojos,
fijos en el moroso, cuando de repente su cuñado se giró descubriendo otra
pistola. Sin tiempo para decidir, disparó.
Miró a su alrededor. Estaba de nuevo en frente de la casa de su cuñado.
Parpadeó varias veces y se cagó otras tantas en el chauen que le habían
pasado, pues por el olor ya creía que estaba fermentado y sí, realmente lo
estaba.
Otro al que tendría que apiolar después de extorsionar a su cuñado.
Siguió esperando...
'Míralo, míralo,
¡baja y dile algo!
¡confiésale tu amor!
bájate las bragas,
y fóllatelo sin condón'.
Elvira estaba bañada
en un mar de dudas.
¿No abrir y dar la callada,
o bajar y pegar la follada?
Indecisión procedente
de una alicaída mujer ardiente,
¿cómo cambia a uno tanto
ese sentimiento de nombre amor?
¿cómo he cambiado por una mirada suya,
toda una noche de hardcore?
Con estos pensamientos habría seguido
si Felix la puerta no hubiese abatido.
Estaba ya hasta los cojones de esperar. Prefirió entrar en la casa y hacerse
un par de rayas a expensas de su cuñado, y eso hizo.
Estaba abriendo la puerta del armario 'medicinal' cuando Elvira entró en la
habitació
;n.
Oh, don Felix
fuente de mi vida,
que me da alimento
a cada lamida.
No me ignores,
sino me folles.
Prolongado su mono por la intromisión,
desquiciada su mente por el colocón,
deslumbrado por la blanca luz de tal coñón,
sacó su daga... y se la clavó.
Los dos cuerpos retozaban en el suelo.
Y, en la oscuridad, dento del vientre de Elvira,
se formó una luminosa herida.
Después de aquelló, tornóse todo en un mar de acontecimientos muy rápidos.
El cerrarse de una puerta, unos pasos acelerados, alguien llamando a
Elviral, una sombra entrando en la habitación de Elvira, mientras ésta se la
comía con devoción a Félix...
-' Hijo puta, te estás follando a mi hermana! Te voy a...'
No había acabado el cuñado de decir estas palabras cuando Félix (aún con su
polla en la boca de Elvira) sacó su pistola y vació el cargador sobre Diego,
el cual dejó todo perdido de sangre.
A mi hermano ha matado,
es un ser vil y descarnado,
¿qué hago yo con su polla en mi boca?
¿por qué no hago más que chupar como una loca?
Párate, párate, párate.
¿Y ahora él me sujeta la cabeza?
¿mata a una persona y se queda de una pieza?
Dios mío, perdóname, pero es que está muy bueno...
Descarga de tensión y perdida de ilusión, de un empujón la tiró contra el
pilón y, tras asaltar el armario, cargada su mochila, la dejó insatisfecha y
herida de amor.
Apresurado por el mono, tiró a su boca todo lo que con una mano pudo
abarcar.
Mientras sus pupilas se dilataban y contraían a ritmo alarmante, esbozó una
sonrisa.
Cayó al suelo rodando y con espasmos que le hacían sobrevolar el suelo a
unos 2 metros en cada salto, y de su boca emanaba una ingente cantidad de
saliva, cuyo blanco color se tiñó de sangre.
Se levantó y salió de la casa.''
Se le estaba helando el culo de tanto estar sentado. Al ponerse de pie, miró
hacia el lugar donde había estado sentado hacía unos minutos.
¡Era un ataúd!
Sus facciones estaban relajadas. Sus ojos distantes.
-''Pues bueno... Au a ver dónde coño hay tías pa follar.''
De repente vio una luz a lo lejos. Tenía forma de mujer...y flotando la
persiguió. A cada paso, él se acercaba y ella le esperaba, pero no la
alcanzaba. Se inició una persecución que a páramos irreales les llevó. Cada
suspiro que la imagen exhalaba le parecía una provocación y cada mirada
hacia atrás le condenaba y le impulsaba convenciéndose cada vez más de que
esa era su misión: follarse a esa mujer aunque fuese lo último que hiciese.
Cada vez se alejaban más de la ciudad, pero a Félix lo único que le
importaba en aquellos momentos era la impresionante y presionante erección
de caballo que le martirizaba la entrepierna.
Aquella luz que a su ver tenía forma de mujer le embebía de tal forma que no
se daba cuenta de que acababan de llegar al cementerio de la ciudad.
Ella era feliz.
Su amor la perseguía
y le llevaba por donde ella quería.
La realidad se evadía
dejando sitio a su lujuria
y buscando un camastro
le llevaba a donde yacía.
Los muertos danzaban y con sus macabras orgías contribuían incrementando el
polvo en el aire. Don Felix no aguantó más y se lanzó contra su nuevo
entretenimiento. Y tanta prisa tenía que ni se molestó en darle la vuelta.
Le levantó la parte de atrás de la falda y se la metió. Sus huevos se
extasiaron.100 Aleluyas sonaron en sus oídos y las piernas le flaquearon.
Pero algo había sido diferente en este polvete. Siempre había estado
acostumbrado a coños blanditos y mojados, pero éste...¡éste era muy duro y
tenía el agujero muy grande!
Miró hacia donde tenía metida su polla.
Era una pelvis. ¡¡¡¡SE ESTABA FOLLANDO A UN ESQUELETO!!!!
Se cagó en todo pero repitió.
¡Oh, Dios mío!
Mi amado me ha poseído.
Afortunada he sido,
aunque esto después de mi muerte
haya ocurrido.
Ven, amado mío,
yace aquí conmigo,
hasta la eternidad.
Nuestros lazos son
inseparables ya.
Ven y fóllame,
don Félix...
Félix estaba follándose otra vez al esqueleto cuando de pronto vio pasar una
comitiva por el cementerio.
Se cansó de darle al asunto y hacia allá se dirigió p
ara ver quién era el
muerto, mientras se subía los pantalones, andando como un pingüino al
principio para recuperar luego su habitual gallardía.
Se plantó delante de la comitiva y preguntó a un tipo:
-''Eh, tú, ¿a quién coño estáis enterrando? ''
-'' Estamos enterrando a don Félix de Montemar, que falleció hace unas horas
después de asesinar a un tal don Diego. En esa misma escena del crimen había
una mujer también muerta, dicen los médicos que no se sabe por qué,
simplemente se le paró el corazón... Su muerte es un misterio.''
-''¿De qué ha muerto ese Montemar?''
-'' De sobredosis...''
-'' A ver, hijo del mal, ¿no ves que yo soy Montemar(rima y juega feliz)?''
-Perdoneme. No le conozco a usted, al igual que no conocía a Don Felix.
Ahora si me permite.-Y le empujó bruscamente.
Don Felix se sintió ofendido y sacó su pistola. Pero en el momento en que
iba a disparar, la blanca figura volvió a aparecer y él, con su enorme ego y
corta memoria, volvió a perseguirla impetuosamente. El espectro se dirigía
de nuevo hacía el cementerio. Pasaron el pórtico, se introdujeron en un
panteón y justo en el momento en el que Don Felix se avalanzaba sobre la
visión, ella se giró vestida repentinamente de novia y con una voz de
ultratumba le exigió pasar por la vicaría antes de volver a follar. Don
Felix, aturdido por la sorpresa y perturbada su mente por el deseo, aceptó
sin dilación.
El ataúd central se abrió con un trueno y de entre una nube de ceniza se
vislumbró un abad. Un padre nuestro inundó sus oídos, pero él, blasfemo por
naturaleza, pronunció su propia versión:
Puto capullo que me atas al suelo,
mil veces maldito sea tu nombre...
Sintiéndose ofendido el abad, pero forzado por la blanca figura, interrumpió
la oración y promulgó los votos. La figura aceptó y Don Felix jadeó un sí
quiero que no escondía su lujuria.
Nada más pronunciar el abad las palabras ''puede besar a la novia'', Don
Felix se lanzó sobre ella y mil veces se la folló.
Pero no vio que una nube de espectros se le venía encima, susurrando su
nombre y ordenándole ir con ellos, mientras les lanzaban tierra encima,
sepultándolos para siempre en su tumba.
Felix sólo hacía que follar y follar, hasta que Elvira (que era la blanca
figura, para el que vaya un poco retrasadito en la historia) le dijo entre
gemidos:
Felix, huye de aquí,
sálvate mientras puedas,
sal de aquí por peteneras,
no pienses sólo en follar.
Su ira tú no puedes aplacar,
su fuerza no se puede igualar,
vamos, huye, y sácamela ya.
Estás muerto, Felix,
y con los muertos te llevan,
intenta revivir, intenta como Cristo
del sepulcro salir.
Felix se paró en seco. Por primera vez en su vida, intentó ser racional.
Pero una vida entera de prepotencia, blasfemia y sobre todo de haber
conseguido siempre lo que se había propuesto, le había dado una visión
erronea de la vida y a lo único que llegó es que a él no le salía de los
huevos irse. Que para algo él era Don Felix y que ni siquiera Dios le
echaría de allí si él no quería. Volvió a penetrarla y a balancearse. Estaba
a punto de correrse... pero derrepente se produjo un terremoto. A sus pies,
el suelo comenzó a resquebrajarse y para su asombro, una mano negra
apareció del suelo, y, sin siquiera dejarle tiempo para arrepentirse, le
condenó eternamente, lo agarró y lo arrastró al infierno.
FIN
Autor: tarantino_hm tarantino_hm ( arroba ) hotmail.com
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