Relatos de sexo entre hombre y hombre. Sexo homosexual

Una tarde en el cine

Hola me llamo David, un día de esos en los que anda uno bien cachondo estuve chateando con un tipo, nos citamos en el centro de la Ciudad de México para tener sexo, pero por alguna razón no llegó a la cita, así que decidí caminar un rato por ahí y pasé por un cine porno y con lo cachondo que estaba no lo dudé y me metí. El cine estaba muy oscuro por lo que tuve que detenerme a un costado de las butacas a esperar a que mi vista se acostumbrará a la oscuridad, en eso sentí que un hombre se paró detrás de mi muy cerca como no me moví se acercó más y rozó mis nalgas con su mano eso me prendió más de lo que ya estaba y como no opuse renitencia tomó confianza y me las apretaba y me hundía un dedo en mi ano por encima de mi pantalón, de repente se juntó más gente, él se movió y yo me fui a sentar trataba de buscarlo, pero lo perdí de vista.

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Recordando a mi amigo de fiesta

Solo recuerdo cosas, placer inmaculado, sexo pasion

Reflujo de cerveza que hace que mi garganta ronque, que emita sonidos o estertores que disipan los gases que salen, tubos digestivos que se quejan de la ingesta. Me encuentro tomando desde hace varias horas, no te reconozco, eres otro, perteneces ahora a un inframundo que cohabita con la oscuridad y que amanece en lugares negros y donde afuera es sino un día soleado. Parranda distinta, que me permite observarte, de pie junto a tus amigos y yo ya no existo. Sentado en una mesa, con una cubeta colmada de cadáveres de vidrio y una que otra botella llena de líquido amarillo oro. Te observo, he implorado, pedido, exigido y nada me resulta, yo ya no quiero estar aquí. Te observo a través de colores rojos, azules y verdes, mezclados y separados. Música sin sentido, te observo, soy el amigo circunstancial, un año de ir y venir a estos lugares. Irrumpen mis pensamientos y mis ganas de dejarte y no poder hacer nada. Tú fuiste mi elección, yo tu comodidad. Cuerpos jóvenes, debilitados por los enemigos. Calor que hace que vuelen camisas, lugar recóndito en un pueblo conocido. Se vale de todo, lo he visto, mezcla de gustos y disgustos, observo y callo. Los bancos incómodos, han sido muchas horas y yo sigo aquí. Mirada a la deriva, pensamientos distantes. Siento el primer contacto y no eres tú. Sin más argumento que las ganas, alguien deposita sus labios y deposita su lengua en mis dientes, abre más mi boca y muerde levemente mi labio inferior. Beso no pedido, no negado, de un muchacho veinteañero, que no se quien sea, solo me dejo besar y prolongar mi angustia por hacerlo. Beso plantado en mi boca, sabor que no reconozco. Manos que toman mi cabeza y aflojan mis pelos y mis ideas, forcejeo el adelanto y preguntó:

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El mécanico

Me llamo Jose, tengo 22 años y vivo en el sur de España, en un pequeño pueblo a 30 kms de la capital de la provincia, donde estaba la Universidad a la que había entrado un año antes a estudiar Magisterio. Durante el año anterior me había desplazado diariamente en el autobús pero, para este nuevo curso ya había logrado comprarme un coche con el que los viajes a la capital se me hacían más cómodos y llevaderos. Estaba en la tercera semana de septiembre, hacia mucho calor todavía, era martes y ese día salí de casa con destino a la Universidad. Faltaban poco más de 5 kms para llegar cuando el motor del coche comenzó a echar humo, así que asustado decidí parar. Quiso la suerte que en la salida que cogí hubiese una taller de vehículos, así que aparque y me encaminé al interior, donde un hombre maduro de unos 50 y tantos, grueso, de piel bronceada, más bien bajito, con el pelo negro, que marcaba ya una calva en su coronilla, que se llamaba Bartolo y era el dueño del taller se apresuro a dejar el coche que tenia entre manos e intentar resolver mi problema. Pero tras echar un vistazo me dijo no sé que de los manguitos y que la reparación no podía ser inmediata, o sea, que tenia que esperar un par de días. Sin embargo, se ofreció a llevarme a la Universidad o de vuelta a mi casa si esperaba al mediodía que acabara su faena. No llevaba dinero ni siquiera para un bus, así que durante las 2 horas que restaban me dedique a mirar como trabajaban Bartolo y los dos chavales jóvenes que le ayudaban.

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Mi primer encuentro perfecto

Hola a todos, me llamo Eloísa y tengo 26 años, soy travesti en la intimidad y aunque llevo una vida de los más normal con pareja hetero y un buen trabajo, tengo un vicio infinito por transformarme en una putona. Todo empezó cuando me compré mis primeros zapatos de tacón, eran rojos, de charol con unos tacones de unos 12 cms. y a juego con un corset, liguero, medias y tanga rojos. Buff cada vez que veo las fotos que me hice estando de rodillas metiéndome un vibrador.

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Inútilmente

Me estabas follando en un lavabo, mis manos buscaron acariciar tus huevos, los estrujé entre mis dedos al mismo tiempo que mis dientes hacían lo mismo con mi lengua; con un soberano empujón me la clavaste entera, noté tus huevos golpeando mi culo con cada embestida. Aquello dolía. Mucho; aquello dolía celestialmente.

 

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