Relatos de sexo entre hombre y hombre. Sexo homosexual

UN BUEN COMIENZO (II)

Continuación del relato erótico “Un buen comienzo” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 15 de Marzo de 2002

Se recomienda leer primero la primer parte.- Dedicado a Nancy, que le encontró el gusto a un buen relato.

Había pasado media hora desde el llamado de Alejandro, el primo de Germán al celular. Durante ese lapso, Ger y yo nos fuimos a bañar. La ducha no era muy espaciosa así que prácticamente estábamos pegados.

Ger no paraba de besarme, y con el jabón en la mano, de fregarme la espalda. Yo estaba excitadísimo. Con una mano lo masturbaba despacito, tomándole suavemente los huevos y jugando con ellos. Él bajó su boca a mi cuello y debajo del agua que caía sobre los dos me mordisqueaba y me apretaba aún más contra él. Germán jugaba con mis tetas, me las apretaba, las lamía y las mordía delicadamente. Yo me acerqué a su oído y se lo chupé con devoción, esto lo puso a mil. Le dije que no sabía que eras bisexual, y él me dijo que tampoco lo sabía que lo había descubierto esa mañana conmigo, y me volvió a besar.

Así estábamos los dos franeleando, manoseándonos, cuando sonó el timbre. Alejandro había llegado.

Salí de la ducha, me puse una bata y fui a la puerta. Ger se quedó en el agua. Hice pasar al chico y le dije que me esperara que enseguida me terminaba de vestir, y que su primo estaba bañándose. Y le señalé el baño.

Ale se dirigió al baño y golpeó la puerta. Germán le dijo que pasara. Ale entró y comenzaron a hablar, pero como no había cerrado la puerta del todo, yo desde la habitación contigua los escuchaba.

Ger : ¿Y primo…dormiste mucho?

Ale: no tanto, y tú?

Ger: recién me despierto, lo que pasa es que nos dormimos re tarde, ya era de día.

Ale: ¿qué se quedaron haciendo?

Ger: preparando café y…

Ale: ¿y?

Ger: bueno, estábamos los dos medio mamados y… garchamos. Cogimos como bestias. Estuvo genial. ¡Qué cola divina tiene el Gatito… y qué bien que la chupa!

Ale:¡Eres un forro! Hace años que te vengo diciendo que te la quiero chupar y no me das bola. ¿Por qué con el Gato si?

Ger: Qué se yo! Se dio y estuvo bárbaro.

Con sus 17 años, Ale, tenía 1.75 mt, ojos verdes, morochito de pelo y tez bien blanca. El cuerpo lo tenía marcadito por el gimnasio y tenía unas piernas maravillosas por practicar fútbol. Y lo más fabuloso, era gay.

Ale: ¿Y ahora que hacemos, vamos a tu casa?

Ger: ganas de irme no tengo. Si quieres nos quedamos y si te portas bien y el gato quiere me la puedes chupar un rato.

Ale: ¡Nos quedamos!

A mi se me paró inmediatamente de imaginar la escena que tendríamos que representar.

Salí de la habitación y fui a preparar algo de comer. En seguida Ale estaba a mi lado ayudándome. Ger se vestía en la habitación. Sin demasiadas vueltas le dije a ale que había estado escuchando y que yo no tenía problemas que se la chupara a Ger, pero sólo por hoy, le aclaré. Estuvo de acuerdo y me lo agradeció como 10 veces.

La comida estuvo preparada y almorzamos y conversamos un buen rato.

Germán estaba sentado a mi lado, había sacado su pija de la bermuda que tenía, y había llevado mi mano a ella. Le estaba dando una paja tan sutil que Ale no se percató.

En un momento dado, sin avisarme, Ger se puso de pie luciendo su pija bien parada ante los ojos asombrados de su primo.

Ger: ¿Me la quieres chupar, Ale?

Ale abrió la boca como para decir algo, pero no pudo. Ger se paró delante de él y le metió la pija en la boca, lo tomó de la cabeza y empezó a cogerlo por la boca como había hecho conmigo esa misma mañana.

Yo me arrodillé detrás de Germán y le bajé las bermudas dejando al aire un culito blanco. Metí mi nariz entre sus cachas y un sensual aroma me invadió, calentándome de tal forma que mi lengua ansiosa lo penetró casi como un pene.

Germán tomó mi cabeza con una mano y la de Ale con la otra. Se inclinaba levemente facilitándome la tarea y metiéndole, de paso, hasta los huevos en la boca a su primito. Yo chupaba ese culito recor

riendo las paredes interiores con mi lengua. Para poco a poco, suplantarla por un dedo que Germán aceptó gustoso.

Ale me miraba excitadísimo, le propuse cambiar de lugares y aceptó.

Nos fuimos a la sala donde estaba el colchón que tanto placer me había dado aquella mañana y Ger se acostó en el medio del primo y yo. Se puso de costado, dándome la verga a mi y el culo a su primo. Era una especie de 69 triple fantástica.

Germán se movía tan sensualmente que parecía coordinar las embestidas que le daba a mi boca con los lengüetazos que le daba Alejandro.

Ale se incorpora y le pide por favor a su primo que se la meta, que quería sentirlo bien adentro, pero Ger se negó y le dijo que coger sólo lo haría con el Gatito. A Ale no le cayó muy bien este comentario, se le notaba la bronca del deseo insatisfecho en la cara. Sacó su pija afuera y comenzó a pajearse. Yo lo miraba mientras me desvestía para que Ger me coja una vez más. No sé por qué, pero sentí el deseo irrefrenable de ayudar a Ale con esa paja, y sin pedir permiso, le agarré la verga y se la empecé a pajear. A decir verdad no estaba nada mal. Él se sorprendió, pero se dejó hacer, así que mientras me montaba en la pija de Ger, mi mano le hacía una buena sacudida a la del primo.

Germán me cogía sin piedad mientras masajeaba mis tetas y pellizcaba mis pezones. Cada vez jadeaba más rápido y como supuse, estaba alcanzando el orgasmo. Yo aceleré mis movimientos y él acabó dentro de mí. Pude sentir el semen caliente recorrer mi interior.

Ale estaba por acabar, y dejándome absolutamente sorprendido, me preguntó si lo quería garchar. Yo estaba a mil, y pensé ¿Por qué no?, hay que proba de todo. Le dije que sí.

Me salí de encima de Ger, y Ale se colocó en cuatro patas sobre el colchón. Le empecé a chupar el culo para lubricarlo bien, mientras Ger le metía la pija una vez más en la boca. Después de un buen rato de chuparle el orto, lo ensarté sin piedad. Mi pija no es gran cosa, tendrá unos 15 cm pero es muy gruesa. Entró con un poco de dificultad en ese culito blanco y chiquito, y por lo que me enteré después…virgen. empujé una vez más y lo ensarté hasta los huevos. Ale dio una especie de grito, que quedó ahogado por la pija de Ger que ya parada le taladraba la garganta.

Lo cogí como 10 minutos hasta que me vine en su interior, inundándolo. Casi al mismo tiempo él acabó también por la tremenda paja que se había estado haciendo mientras yo lo garchaba. Y como coordinando, Ger, le llenó la cara de leche en una acabada gloriosa.

Los tres nos tumbamos en el colchón y Germán se acercó a mí y me beso dulcemente. Algo había empezado entre nosotros que duraría casi dos años. Sin dudas, el 2000 empezaba con todo y había traído un buen comienzo para mi y mi culito.

EL GATO.-

Mail: gatocat2001 (arroba) hotmail.com

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Rompeolas

Gay, todos contra uno. Un muchacho pasea por el rompeolas, quizá pensando en su novia, pero tres jóvenes soldados que le piden fuego terminarán por inflamarle en un fantástico polvo en grupo.

Me gusta salir a caminar por la costa, yo vivo en la ciudad de Arica ubicada en el extremo norte de Chile. Un día cuando regresaba de mi caminata de verano, observé a tres jóvenes que conversaban en los rompeolas.

Es emocionante caminar sobre los rompeolas, así que bajé y comencé a caminar hasta casi llegar cerca del agua. Las olas eran suaves y la marea estaba baja por lo que podía quedarme allí, no tendría problemas por las olas. Tan preocupado de las olas estaba, que no me di cuenta de los tres muchachos, hasta que escuché una voz que decía:

¿Flaco, tienes fósforos?

Y recordé que por esa casualidad en mis pantalones de baño tenía una caja. Les entregué los fósforos y ellos me invitaron a conversar, yo tenía un poco de miedo pues no acostumbro a conversar con extraños. Me acerqué y me di cuenta que eran soldados, dos de ellos estaban con uniforme.

Todo fue transcurriendo, lentamente me preguntaron que lo que hacía, a lo que respondí que trabajaba con un arquitecto y que tenía 25 años. La tarde fue transcurriendo a medida que conversábamos, los tres eran maravillosamente hermosos, muy altos. Yo nunca había estado en una situación parecida, porque yo tenía mi novia y siempre había tenido sexo con mujeres.

De repente uno de ellos caminó unos pasos y frente a mis ojos comenzó a orinar, no podía imaginar esto. No sé pero, no pude aguantar y lo observé detenidamente era muy grande y carnudo, aunque estaba flácido.

Él se dio cuenta que lo miraba y me preguntó que opinaba yo "¿sobre qué?" exclamé. En ese mismo instante me quedé sin palabras y le dije que debía irme. Ellos me preguntaron ¿por qué?. Por lo que accedí a quedarme, no se la razón pero me quedé allí…

"Benja" se llamaba uno de ellos, fue quien me dijo; ¿por qué te vas a ir? Si la cosa se va a poner buena, yo no sabía por qué…

Uno de ellos me pidió que bajara entre los rompeolas, cuando llegué "Carlos" el que había orinado recién se estaba masturbando, nunca había visto esto antes. Su flácida verga, era grande y dura ahora que estaba erecta, parecía un mástil…

"Carlos" me tomó de la mano para que pudiera bajar, y me dijo "qué pena que no haya ninguna Lolita cerca, porque seguro que se lo come todo" Yo solo reí…

Luego de algunos minutos, "Carlos", mientras "Sergio", otro de los muchachos, fumaba unos cuantos metros mas allá, me tomó mi mano y la puso sobre su verga….

No podía pensar que estuviera pasando esto…. No sé como, Carlos se movió y mi boca quedó frente a su verga, con su mano suavemente la introdujo y comencé a engullirla….

Comencé a sentir un calor por todo mi cuerpo, y de repente me di cuenta que no podía parar de chupar, él solo me decía sigue, sigue mas aprisa…

De repente apareció "Benja" y exclamó ¡¡¡qué bien lo están pasando aquí!!!. Y sin darme cuenta comenzó a bajar mi traje de baño y no sé cómo pero, su lengua se introducía en mi ano… Lo dejé porque era la sensación de placer más excitante que jamás había sentido, luego de algunos minutos ya no era su lengua, era su pene con un preservativo tratando de entrar. Hasta que entró…

Yo lo empujé y le señalé que no siguiera porque me dolía demasiado, pero, entre "Carlos y Benja" me agarraron y "Benja" me penetró… Una vez dentro, él se movía como si el mundo se fuera a acabar…

Luego yo dejé que siguiera, y de repente Carlos puso su verga en mi boca, yo ya no sabía cual era más grande, luego "Benja" acabó y un chorro de leche estalló dentro de mí. Cuando lo sacó el preservativo estaba lleno de leche. Y pude observar que "Sergio" nos miraba, y dijo: ¿ahora supongo que me toca a mí? Y bajó mientras "Benja" se colocaba su uniforme, y me daba un beso. "Sergio" estaba bebie

ndo tequila, nos empezamos a besar, como amantes, como aquellos que tiempo no se han visto. Yo no aguanté y delante de los otros dos comencé a bajarle los pantalones y chupar su larga y rígida verga. Entre los dos montamos un "show" para el resto.

De repente observé que "Benja" le pasó un preservativo a "Sergio", mientras "Benja" me lleva su verga a mi boca…. Sergio comenzó a meterlo y sacarlo dentro de mi, su acto duro casi 20 minutos antes de acabar…

¡¡¡aaaaah, aaaaah, aaaaaah, ah…que vie-ne, que vieneee, aaah!!!- entonces, de repente, la verga de "Benja" empezó a expulsar un líquido que tragué lascivamente y deseoso de más y justo cuando "Sergio" terminó "Carlos" se unió conmigo en el mayor estallido de placer, semen, sexo, amor y de todo. "Sergio" me había llenado por dentro y yo no quería que aquel chorro terminara. Cuando terminó lo besé y lo curioso de todo es que, aún no me explico cómo sin haber tenido sexo con muchachos antes, haya resultado todo un experto. Lo malo de todo esto, era que yo quería seguir en contacto con ellos pero ellos tenían que viajar a Santiago la próxima semana.

Ha sido el mejor verano del milenio… Hasta ahora.

El viaje es parte de otra historia…

Michael.

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Amada Sonia

Bisex, travestismo, trío, coprofilia, lluvia dorada, relato del dia. Nuestros protagonistas, bisexuales y travestís, comparten su cama con una nueva amiga que se excita irresistiblemente viendo vídeos de las andanzas de ellos y termina por ser seducida.

Aquel viernes no se presentaba demasiado bien. Juanjo y yo habíamos discutido el fin de semana anterior por culpa, curiosamente, de una mujer. Nuestra relación había empezado el año anterior, durante las vacaciones. Fue concretamente en su piscina en donde me inició como bisexual. La semana que pasé en su casa fue increíble, sobretodo cuando se convertía en Sheila, la ninfómana travestí que me llegó a convertir en Alicia. El año que pasamos después fue de órdago, amigos, amigas, orgías… Poco a poco, nos acostumbramos más el uno al otro, hasta el punto de compartir piso en Barcelona. Los primeros meses fueron geniales. Él estudia y yo trabajo, pero compaginamos nuestras vidas para seguir gozando de nuestras fiestas. El problema es que, aunque los dos somos bisexuales, a Juanjo no le tiran demasiado las chicas. Llegó a confesarme que lo hacía más por mi que por él. Los dos follábamos cuanto podíamos y con quien podíamos, a veces juntos, a veces por nuestra cuenta. Pero el caso es que siempre terminábamos juntos en nuestro piso.

De pronto, mi amante y compañero de piso, comenzó a desarrollar una peligrosa obsesión. Cada vez le molestaba más el sexo con más personas, incluso en medio de una jodienda con Pilar, su cuarentona madre, se puso a chillar como un loco porque le hacía, según él, poco caso. Cada vez le costaba más travestirse aunque sólo fuese para mi, y me reprochaba constantemente que hubiese dejado de lado mi vida como Alicia. La cuestión es que, para apagar un poco sus celos, pensé en comprarle un conjunto nuevo de lencería que, sabía que le chiflaba. Al salir del trabajo me dirigí a la tienda sin perder tiempo. -¡Hola Marco!-, saludó la simpática dependienta. Respondí a su saludo y me acompañó a la sección que buscaba. Entonces la vi.

Curioseando entre los bodys había una chica, de mi altura (170 cm.), no especialmente llamativa pero muy guapa. Sus prominentes tetas se marcaban bajo la fina lycra del top que llevaba, y unos hechizantes ojos verdes me miraban bajo su corto pelo claro. La dependienta me la presentó como Sonia. Es suramericana y estaba de turismo en España aunque, según ella, había decidido instalarse por un tiempo aquí para cursar un postgrado. Todo fue muy deprisa, charlamos un poco mientras escogíamos ropas hasta que preguntó si mi novia o esposa era capaz de ponerse aquello, señalando al atrevidísimo conjunto que sostenía. -Bueno, de hecho es para mi novio-, respondí. Sonia se quedó de piedra por unos segundos. Yo la miraba divertido y me ofrecí a contárselo en un bar, si le apetecía. -Claro, me encantaría. Además quiero conocer a gente de aquí, y me has dejado intrigada-. Terminamos nuestra selección y nos fuimos hacia los probadores, ya que Juanjo y yo usamos la misma talla. Entramos en cabinas separadas pero, al cabo de poco, llamaron a la portezuela. -Oye, Marco, ya se que es un poco atrevido, pero…¿Me dejas echar un vistazo?-. Ni siquiera respondí, abrí la puerta y la invité a pasar. Me echó una mirada de arriba abajo y dio su aprobación total. El body azul turquesa sostenía unas medias de encaje negras brillantes y, la verdad es que me sentaba estupendo. No me costó mucho excitarme pensando en como le quedaría a Juanjo, mi polla empezó a crecer bajo el slip, pugnando por salir. -Perdona Sonia, pero es que…-. No me dio tiempo a terminar, me estampó dos sonoros besos en la mejilla y salió a su cabina. Ya vestido, me esperé delante de su puerta, hasta que me invitó a entrar. Me metí y el espectáculo fue alucinante. Sonia poseía una belleza rotunda que exhibía sin más cobertura que la lencería que llevaba. El conjunto le realzaba sus grandes tetas, descubriendo ligeramente los pezones. Su hermosa cintura estaba apenas cubierta por el vuelo del body y un culo grande y respingón asomaba por entre el hilillo del tanga. -¡Uhau, estás imponente Sonia!-. -Gracias-, dijo coquetamente. Me fijé en que, ni un solo pelo asomaba por el pequeño triángulo de tela que cubría el

coño, y también en que sus pezones estaban ahora más marcados que cuando entré. Salí de allí a esperarla y noté que seguía excitadísimo, pero ahora no era sólo por Juanjo/Sheila, sino por la hermosísima mujer de al lado.

Salímos de allí y fuimos a tomar algo. Allá nos contamos todo lo que quisimos saber el uno del otro y se nos hizo más que tarde. Yo ya tenía que ir a casa con Juanjo, así que quedamos en vernos el Sábado a mediodía para tomar el vermuth. Al legar a casa, encontré a mi amigo estudiando, me acerqué lentamente y le di un beso en la mejilla, mientras le ofrecía la caja con su regalo. Lo abrió y musitó un "gracias" más bien apagado. No era exactamente aquello lo que yo esperaba, y menos después del agradable rato que acababa de pasar con mi nueva amiga. Se lo comenté y encontró la excusa perfecta. -Así que es eso, ya no te gusto tanto, ¿Verdad?. Pues dáselo a ella y te la follas-, dijo tirando la caja al suelo. La dejé allí y, más triste que enfadado, me fui al comedor. Me puse la tele mientras pensaba en aquello, me hice algo para cenar dejándole un poco a Juanjo y, poco antes de las doce me fui a dormir. Mi amante no había salido del cuarto de estudio en todo el rato.

Sin embargo, sobre la una de la madrugada, encendió la luz del cuarto y me despertó. Llevaba el conjunto y se había maquillado con sus pinturas de guerra preferidas. Estaba radiante, tanto que, olvidando mi pasajero enfado, lo besé tiernamente. Aquella noche hicimos el amor como al principio, incluso cuando me daba él por el culo lo hacía con mucho más cuidado que días antes. Notaba claramente el cariño que sentía por mí a través de su espada hurgando en mi anito, sus manos acariciando mi espalda y, finalmente, su leche esparcida por mis nalgas, caliente y sedosa. Luego me obsequió con una mamada genial, de las que hacen época, que reafirmó mis sentimientos por él.-Lo siento Marco, he sido un tonto todo este tiempo-, dijo una vez acostado a mi lado. Aquello volvía a marchar, al menos era un principio de reconciliación.

A la mañana siguiente, me dirigí al bar en el que había quedado con Sonia. Por supuesto se lo comenté a mi amante y, más resignado que otra cosa, dio su aprobación. La hermosa Sonia ya estaba en la mesa, con su bebida. Dos besos y volvimos a retomar la conversación dónde la dejásemos el día anterior. En un momento dado, me lo hice venir bien para preguntarle si le gustaría conocer a Juanjo. Accedió encantada, sobretodo después de contarle, a instancias suyas, nuestras aficiones más secretas. Llamé a Juanjo y, al estar avisado de antemano, llegó enseguida. La presentación no pudo ir mejor, por lo menos a primera vista se cayeron bastante bien. Charlaron animadamente, como si se conociesen de tiempo pero, inevitablemente, terminaron hablando de sexo. Sonia le hacía preguntas cada vez más cachondas, llegando a sonrojarme alguna vez. Decidimos ir a comer a un restaurante cercano al paseo marítimo y, después de un suculento almuerzo, Juanjo soltó: -¡Apuesto a que te gustaría vernos en acción!-. Me quedé más que sorprendido, más aún cuando Sonia aceptó. Pensé en protestar, pero la idea me empezaba a gustar, por desgracia, Juanjo se refería a alguno de los varios videos nuestros que guardamos.

Sin darme tiempo siquiera de terminar mi café, nos fuimos disparados hacia casa. Serví unos combinados mientras Juanjo y Sonia escogían la cinta. Tomaron una bastante convencional, mi amigo caracterizado como Sheila y yo jodiendo como locos. Sonia se quedó muda durante un rato, con la vista fijada en el televisor. Sólo al cabo de un rato se atrevió a comentar alguna de las imágenes que visionaba. Alucinaba especialmente con los planos cercanos de sexo anal y con las corridas en la cara. Aquello empezaba a degenerar, porque mi compañero de piso iba cambiando las cintas por otras cada vez más duras. La cosa empezó a desmadrarse cuando Juanjo tomó la cinta más guarra que teníamos. La de un día que nos dio por montar numeritos bizarre con la madre de Juanjo y una gordísima amiga suya llamada Amparo. Lo pasamos muy bien, pero sin duda a Sonia le parecería una asquerosidad, contenía incluso escenas de coprofilia. -¿Quieres ver algo realmente duro? Aunque tal vez no te guste demasiado

lo que vas a ver.-, preguntó Juanjo con una sonrisa pícara. Sonia recibió la idea encantada. Yo ya pensaba irme de allí cuando, entre los dos, me sentaron en el sofá.

En la primera de las tomas, ya estaban Amparo y Pilar dándonos por el culo con dos pollas de plástico cinchadas a sus cinturas. Juanjo y yo, en cuatro y cara a cara, juntábamos nuestras lenguas como putas en celo pidiendo más polla. -¡Uahu, debeis tener los culos destrozados!-, soltó Sonia. -No creas, además es riquísimo.¿nunca te lo han hecho?-, le preguntó mi amigo. -No, pero me encantaría probarlo-, contestó la chica dándole un golpecito a mi paquete mientras se reía. Volvimos a mirar a la pantalla y ya las maduras habían cesado con su sodomización. Ahora venía aquello de mearse sobre nuestras espaldas. Peor aún lo pasé cuando apareció un primer plano de mi culo, tumbado boca abajo en el suelo del baño y con las piernas abiertas. Me puse rojo de vergüenza, a sabiendas de lo que iba a venir, escuchando las risas de mi amiguito al lado.

Aparecieron las manos de Amparo sosteniendo un embudo de cocina bastante grande. Entre ella y Pilar, me abrieron los cachetes de mi trasero y, lubricándolo previamente, me lo encasquetaron en el ojete. Pilar acercó su coño al embudo y comenzó a mearse. Su pipí se vertía directamente en mi recto. El caso es que recuerdo la sensación como muy placentera, con el caliente líquido invadiendo mis intestinos. En el video se escuchaban perfectamente mis gemidos a cada chorro mientras los otros tres se dedicaban a decirme toda clase de guarradas. Luego pasó Amparo y repitió la operación, pero el embudo empezó a rebosar pronto mojándome del todo. Estaba lleno de meados y me estaba gustando. Luego, entre gritos de ánimo de las dos gordas y de Juanjo, que oficiaba de cámara, comencé a apretar. Al principio unas burbujas sacudieron el pipí del embudo, pero de pronto, un potente chorro de meados se levantó como un surtidor. Con el sonido de los aplausos de fondo, saltó el embudo, y ahora los chorritos cada vez más cortos de meos salían directamente de mi agujero. Vi que Sonia miraba absorta la pantalla incrédula. Aún más cuando mis nalgas parecieron abrirse para mostrar mi ojete a las claras. Mi amante aproximó el objetivo de la cámara y se vio mi ano abriéndose. Por un momento se vio la abertura de mi culo, mostrando el interior. En seguida apareció un oscuro churro de mierda asomando por entre mis nalgas. Por supuesto, terminó rompiéndose, cayendo al suelo con un sonoro "plop". Yo gemía como una gata cuando un segundo churro apareció. Con este, estuve un ratito entrándolo y sacándolo, follándome con él al tiempo que los presentes me felicitaban. Finalmente, sacándolo demasiado, cayó quedando pegado a una de mis nalgas para resbalar hasta el suelo. Inmediatamente, con un movimiento un tanto brusco, la cámara cambió de manos y fue mi amigo el encargado de limpiarme la caca de mi trasero con sus orines. El problema fue que no podía mear con el empalme que llevaba así que, poniéndome de rodillas, metió su picha en mi negro agujero. Me follaba del modo más salvaje, con su polla haciendo rebosar los restos de mi cagada. Realmente era lo más guarro que jamás hicimos, pero estábamos los dos salidísimos. Yo me pajeaba sintiendo el querido nabo de Juanjo esparciendo la mierda por todas partes, hasta que se corrió sin avisar. Paró su vertiginosa enculada y, de pronto, dio tres o cuatro apretones profundísimos que me hicieron ver las estrellas mientras soltaba su esperma. Quedamos un momento quietos los dos y, para mi sorpresa, noté un líquido caliente que volvía a llenarme. Juanjo se meaba dentro de mi culo con la ahora semierecta polla haciendo de tapón. El placer fue tan grande que no recuerdo otra enculada parecida. De golpe y porrazo, mi amante se retiró algo más de un palmo, entonces acarició mi verga desde atrás y sucedió lo inesperado. Sólo con sentir el roce de la amada mano, mi leche se precipitó al suelo, lentamente. Pero al hacer el apretón para soltar el siguiente cuajarón, mi ano se abrió con una violencia inesperada. Un tremendo chorro de mierda, semen y meados se estrelló contra el pubis de mi querido Juanjo dejándolo hecho una pena. La escena terminaba con las risas de las dos gordas mientras paraban la cámara.

Sonia no supo qu

e decir cuando le paramos el video. -¡Joder chicos, eso si fue realmente duro y salvaje-. Yo estaba todavía colorado, pero a Juanjo parecía hacerle mucha gracia. Para bajar un poco el tono de aquello, les propuse hacerles la cena, a lo que se avinieron enseguida. Me fui a la cocina mientras Juanjo y Sonia se quedaban en el salón, aunque vi como tomaban otra de nuestras películas mientras me retiraba. Decidí, al ver que tenía tiempo de sobras, hacerles algún plato un poco trabajado, aprovechando mi afición culinaria. Escogí un hermoso pescado de la nevera, reservado para el domingo y decidí que esa ocasión merecía más la pena. Afuera sólo escuchaba risas y chismorreos de los dos salidos, que cesaron durante un cuarto de hora o poco más. Resistí la tentación de salir, en parte porqué imaginé qué tramaban y me pareció una idea estupenda. En efecto, cuando volví a escuchar sus voces salí al comedor y el espectáculo era excepcional. No sólo Juanjo ya era Sheila, vestida como la mayor de las putas, sino que Sonia llevaba el conjunto del otro día en la tienda bajo un batín de seda. Las dos lucían imponentes, irresistibles. Sheila se acercó a mi contorneándose de forma exagerada sobre sus rojos zapatos de talón y juntó su boca a la mía. La lengua de mi amadísima travestí se metió como una víbora buscando la mía, por un momento me pareció que marcaba su territorio. -¡Méteme el dedo, mi amor!-, susurró en mi oreja pero de forma que Sonia la oyese claramente.

Levanté la cortísima falda, que apenas cubría el tanguita y, apartando el hilo trasero busqué su hoyito. La muy puta se ayudó con sus manos para separarse las hermosas y depiladas nalgas, facilitando mi trabajo. Mi dedo índice se encontró con su deseado anito, ya lubricado y se perdió dentro de él. Sheila ronroneaba y maullaba como la gata en celo que era en esos momentos mientras la follaba con el dedo. En un rápido movimiento, abrió mis pantalones y, tras quitarse mi dedo del culo, se arrodilló bajándomelos junto con el slip. Ahora vi a Sonia, en pie tras de mi amante, sobándose las tetas por encima del pequeño sujetador y guiñándome el ojo. Enseguida se puso a nuestro lado para no perderse detalle de cómo mi "novia" Sheila se tragaba mi mástil. Chupaba la tranca lentamente, tragándose la caperuza y volviéndola a sacar, lamiendo la barra de arriba abajo y, de vez en cuando, se tragaba las bolas. No sé como, consiguió sacarme los pantalones del todo, para que pudiese moverme mejor. Sonia animaba discretamente junto a nosotros con una mano perdida bajo el cerrado batín. Sheila acariciaba mi culo cuando, súbitamente, me enterró un dedo en él. Sabía que me volvía loco, y repitió con un segundo sin dejar su trabajo oral. Casi sin darme cuenta, cambió sus dedos por una clavija que me clavó sin compasión, en esos momentos gozaba como un loco. De pronto, en lo mejor de la mamada, Sheila se levantó y volvió a besarme. Sentí como sus manos rompían el hilo de su tanga, que cayó al suelo. Su maravilloso cipote asomaba por debajo de la tenue falda. -¡Cómeme el clítoris, mi amor!-, me dijo fuera de si.

Le quité la inútil minifalda y la senté sobre la mesa. Primero le besé la pequeña parte del púbis que el body no cubría y bajé lentamente hasta topar con la pollita de Sheila. De hecho no era ninguna "pollita", sino una polla con todas las de la ley. Besé el glande y mi amado travestí suspiró al sentir la húmeda lengua. Tragué hasta donde pude y volví a subir, mientras volvía a follarla con el dedo en su negro pozo. Estuvimos así un buen rato, bajo la atenta mirada de la guapa Sonia, hasta que Juanjo/Sheila no aguantó más. Le gustaba correrse en mi boca, pero esta vez, en deferencia a Sonia, me la saqué y la terminé con una paja. Un pequeño géiser de leche saltó del nabo de Sheila, para estrellarse sobre mis manos y su hermoso body recién comprado. La guapísima mujer que nos acompañaba se había quedado inmóvil mirando la escenita cuando, de pronto, le pregunté si querría ayudarme. -¡Encantada!, pero… ¿Cómo?-, respondió la bella Sonia.

Sheila, atenta a lo que pasaba, subió sus pies a la mesa y acercó su culo has

ta el borde. Ahora su prieto y hermoso ano hacía algo más que insinuarse. El precioso hoyito se mostraba entre los dos cachetes del culito de mi amante travestí. Aunque me hubiese sido fácil, como otras veces, tanteé alrededor con mi polla, sin tocarla, como si no atinase a meterla en el amado agujero. Con mis dos manos ocupadas, agarrado a las bellas piernas de Sheila enfundadas en las suaves medias, Sonia lo comprendió de pronto. Con cierto recato primero, agarró mi nabo y lo orientó hacia la gruta de Sheila. Apreté aposta hacia un lado y el glande patinó lejos de su objetivo. Esta vez Sonia la tomó más fuerte, sentí su caliente y suave mano abrazando mi pene, que palpitaba tanto por Sheila como por ella. Apoyó la punta en el esfínter de mi amigo y, por sorpresa, con la otra mano empujó mis nalgas. El rabo entró sin aviso previo en el deseado culo de Juanjo/Sheila, que se estremeció al sentir la rápida invasión. Segundos más tarde, su ano se adaptó como un guante a mi polla, que comenzaba a moverse dentro de mi "novia". La embolaba lentamente, alargando sus suspiros de gozo. Sonia, a mi lado, miraba embelesada como la verga se abría paso por el estrecho y lubricado orificio, dilatándolo de forma increíble.

Entonces Sheila, aprovechando la proximidad de la bella dama, le agarró la mano mientras exageraba sus gemidos de forma evidente. Ronroneaba como una leona, retorciéndose cada vez que sentía mi picha entrar a fondo. Nunca le había visto echar tanto teatro a una enculada, pero el caso es que, también a mí, me ponía a mil. La calentura de Sonia ya no podía disimularse, ahora se acariciaba descaradamente su clítoris con la mano libre al tiempo que con la otra apretaba la del enculado travestí. Conociéndome perfectamente, Sheila se dio cuenta al rato que estaba por terminar. Instantes antes, comenzó a simular el más fogoso de los orgasmos, como si el placer que sentía por el culo se multiplicase por diez. La exhibición de grititos y suspiros dejaba en ridículo a la más caliente de nuestras pelis porno. Por supuesto me vacié asimismo entre grandes jadeos agarrando con una mano una de las piernas de Sheila y con la otra el terso culo de Sonia. La chica silbó por lo bajo cuando retiré muy despacio mi nabo de su angosta prisión, chorreando semen y brillante por la vaselina. De inmediato, me arrodillé ante el imperial culo de Juanjo y empecé a lamer su túnel del amor. Le encantaba terminar así y quería demostrarle cuanto le amaba. La lengua golpeaba alrededor del ahora dilatado ojete y, de vez en cuando, se metía unos centímetros. Ahora los gemidos de mi amante eran más reales, pausados y profundos. Pronto, y para sorpresa de Sonia, mi esperma rezumó del trasero de Sheila. Le caía por el canal entre las nalgas, pero pude recoger el suficiente para ofrecérselo de mi boca en un furioso beso. Para cuando nos recuperamos, al cabo de unos minutos, Sonia salía de la cocina con cara de satisfecha, mostrando una enorme mancha húmeda en sus tenues braguitas. -No creo que cenemos pescado hoy-, dijo tranquilamente. Por supuesto, nuestra cena se había quemado, así que no quedaba más que pedirnos unas pizzas.

Durante la larga cena, no hicimos más que charlar los tres de lo que habíamos hecho antes. La guapa invitada, hacía preguntas cada vez más picantes, ayudada por Sheila, que la animaba en todo. -Oye, Marco, ¿Te gustaría follar con Sonia?-, soltó de improviso Juanjo/Sheila como sin darle importancia. Me quedé de piedra. La verdad es que me venía muy en gana, pero aunque parezca mentira, me daba vergüenza insinuarme a ella. A cualquier otra ya le habría tirado los trastos después de lo que habíamos hecho juntos, pero Sonia parecía, y es, especial. No quería estropear lo que se presentaba como una buena amistad por culpa de la precipitación. Aún estaba pensando en eso, cuando escuché la voz de la hermosa muchacha a mi lado. -Sí, Marco, ¿Dirías que te gusto?-, dijo Sonia sonriendo pícaramente mientras mostraba uno de sus hermosos pezones. Aquello me olía más a cachondeo que a otra cosa, pero el caso es que, sin responder, me llevé el pezoncito a la boca. Para mi satisfacción, la mujer no sólo no se retiró, sino que atrajo mi cabeza más hacia ella. Ayudado por ella, dejamos las dos grandes tetas al descubierto a las que amasé mientras las chupaba. Aquello ya era desquic

iante, estábamos los tres calentísimos y recuperados de los orgasmos anteriores, y la situación ya no tenía vuelta atrás. Sheila, en pie detrás de Sonia, besó la nuca de la preciosa chica y acarició mi cara con sus suaves manos. Pasó su lengua desde la oreja al cuello de la zorrita, que gemía placenteramente mientras era atendida por nosotros dos. Lentamente la fuimos levantando y, en un periquete, ya estábamos en la habitación de matrimonio, sobre nuestra gran cama.

Las bragas de las dos zorritas, cayeron de inmediato al suelo, junto a mi ropa, echándose la mujer de espaldas a la cama. El coño de Sonia lucía precioso, depilado, rojo y brillante de sus jugos. Ni siquiera lo pensé y me arrojé sobre su pubis en busca de sus suculentos caldos. Sheila, por su parte, retomó la faena dónde yo la dejase momentos antes, mamaba los pechos de la joven con pasión y entrega. Mientras, mi lengua hurgaba por entre los cálidos pliegues de carne que rodeaban la caliente vagina. Di unos cuantos fugaces lametones al interior de los muslos de la jaca que le arrancaron unas risitas provenientes de las cosquillas para volver de pronto a mi objetivo. En medio de sus labios, se erguía un clítoris rojo y duro que parecía llamarme. Humedecí mis labios y lo llevé a mi boca, lamiendo y chupando el mágico apéndice de la chica. -¡Ohh, Sí, chupa cabrón…!-, chillaba Sonia. De pronto dejó de hablar, comenzando a emitir una serie de sonidos ininteligibles, a los que siguió el sonido de un chupeteo. Alzando la vista vi que Juanjo/Sheila había aprovechado muy bien la abierta boca de la mujer. Sonia tenía la polla de mi amigo metida casi del todo en su boca. Chupaba el nabo de Sheila tan golosamente que me calentó más de lo que estaba. Abandonando provisionalmente mi trabajo, dejando que los dedos de la zorrita se ocupasen de su coño, me arrodillé junto a ella, besé a Juanjo y acerqué la punta de mi polla a sus llenos labios. Sonia me miró con los ojos más lascivos que recuerdo y, sacando la verga de mi compañero de piso de su boca, comenzó a tragarse la mía sin dejar de mirarme. Me propinó unas cuantas mamaditas y volvió al nabo de Juanjo, repitiendo la operación varias veces. Al final, abrió su boca de forma exagerada y se metió los dos glandes dentro. La viciosa lengua saltaba de una caperuza a otra con una rapidez increíble, y el roce de las dos pollas se me antojaba divino. Sheila y yo estábamos en la gloria besándonos furiosamente cuando la muchacha exigió su parte. Sin rechistar intenté volver a mi trabajo vaginal, pero Sheila se me había avanzado.

El hermoso travestí se echó sobre Sonia, quedando ambos en un lujurioso 69 chupeteando sus húmedos sexos. Sutilmente les di la vuelta, quedando la mujer en cuatro encima de mi amigo. Lentamente, pero sin parar, fui ensartando el ofrecido coño de Sonia. Ésta comenzó a gemir, inhabilitada para el habla a causa del nabo que su boca chupaba. El cálido chocho abrazaba con fuerza mi polla, tanta que parecía más un apetitoso culo que una chorreante vagina. De vez en cuando notaba la viperina lengua de Sheila/Juanjo lamiendo la barra que perforada el femenino túnel. Estuvimos un ratito jodiendo de esa guisa cuando, en una de las largas emboladas, mi polla salió por completo de su prisión. Al acercarla de nuevo, agarrado a las nalgas de Sonia, patinó hacia arriba yéndose a clavar en su ano. Distraídamente pero aposta, empujé levemente. Ni siquiera el glande llegó a entrar, mas la dilatación que la acometida produjo en el prieto esfínter originó un desgarrador grito de la chica. Podría decir que me asusté más yo que ella, ya que de inmediato procedí a penetrar la conocida vagina, con gran regocijo por parte de su propietaria. En ese momento, escuché al joven travestí correrse bajo la dama. Sin poder evitarlo, y acompañando al orgasmo de mi amante masculino, regué el chocho de Sonia con mi leche. Tranquilamente, mientras se aflojaba mi nabo, nos dejamos caer sobre el colchón justo cuando Sheila se hubo apartado. Yacimos los tres jadeantes, abrazados, hasta que nos dormimos profundamente pese a la temprana hora.

P.d.: Si os ha gustado este relato, hacédmelo saber. También me gustaría que me propusieseis personajes, situaciones, o cualquier cosa que se os ocurra. Email: pollaloca (arroba) latinmail.com

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DEBILIDAD

Gay, cyber, infidelidad. Su amigo del chat se convierte en su gran amante.

Mi nombre es Massimo, soy blanco, mido 1,70, buen cuerpo, con 19 cms de puro placer, vivo en Caracas, una ciudad en la que he tenido unas cuantas experiencias interesantes…

aquí les cuento la primera…

Todo comenzó cuando tenia 17 años (ahora tengo 21) cuando estaba en un chat muy conocido en mi ciudad, matando el aburrimiento… de repente se conecto alguien con el nick de Gay…, uy! pensé, me pareció demasiado directa la propuesta, así que le abrí un privado y comenzamos a hablar, no es que yo sea gay, de hecho me encantan las mujeres, pero también me encanta el sexo y como todos, había tenido una que otra experiencia de toqueteo homosexual, así que hablando con "Gay…" me di cuenta de que vivía muy cerca de mi, así que comenzamos a hablar de lo que yo quería y de lo que él quería… le comente que no estaba buscando nada fuerte, que solo quería una mamada y un pajazo, y el me dijo que perfecto que eso era lo que el estaba buscando también, así que me describí y le pedí que se describiera, era blanco como de 1,70 con 16cms buen cuerpo, no lo dude y cuadramos una cita para ese mismo día en la tarde.

A las 6 de la tarde salí de mi casa para encontrarme con mi "amigo", cuando llegue al sitio acordado ahí estaba el vestido como me había dicho, y yo llegue y aunque lo reconocí no le dije nada pues nunca había estado en esa situación y me daba medio vergüenza, después de mirarlo por 5 minutos, el se acerco a mí y me pregunto ¿tú eres Massimo? yo, lleno de miedo le respondí "sí". Así que él me dijo "Vamos?" y yo acepte.

Caminamos poco tiempo pues él vivía muy cerca del punto de encuentro, al llegar a su casa, solo vi un colchón, una Laptop, un televisor y más nada, el apartamento estaba completamente vacío. Nos pusimos a hablar de lo que hacíamos en la vida y yo estaba excitadísimo, así que me puse a jugar con su computadora portátil, donde encontré unos cuantos videos pornos, lo que termino de calentarme, él me comenzó a tocar por todos lados y yo me deje, luego nos desnudamos, y comenzamos a tocarnos con mas fuerza, yo comencé a pajearlo (lo había deseado desde el principio) y el hizo lo mismo, seguíamos pajeandonos y viendo los videos pornos que el tenia en su computadora, cuando en el video un chamo comenzó a mamarselo a otro chamo, a los pocos segundos, yo se la estaba mamando a él, era delicioso sentir su pene dentro de mi boca, cada cierto tiempo botaba pequeñas gotas, las cuales yo me saboreaba como si fueran de miel, lo pajeaba, me pajeaba y le mamaba él estaba gozando demasiado así que pare y él comenzó a mamarme a mí, era espectacular ver como se tragaba mis 19cms y como se bebía mis gotitas con tanto gusto, después de un rato no aguantamos mas y acabamos, él me acabo en mi culito (sin penetrarme) y yo acabe en su abdomen.

Después de esa tarde no volví a verlo, pero siempre me conectaba a esperar a que se conectara, un día, lo vi de nuevo conectado con el mismo nick, y le abrí un privado (ya con un poco mas de confianza) le pregunte, hey! te acuerdas de mí? Massimo!… Él me dijo que si se acordaba y que si quería podía bajar hasta su casa que estaba sola nuevamente, rápidamente me excite muchísimo, me vestí y estaba listo para salir, y caminando por la calle iba pensando en ese hermoso guevo, entrando y saliendo de mi boca. cuando llegue, él estaba ahí, esta vez sin mediar palabras, nos lanzamos a la cama y en un 69 nos mamamos enseguida, yo quería tragármelo todo y él a su vez me mamaba deliciosamente, como siempre, viendo videos porno. Esa vez el acabo en mi cara, algo nuevo para mí, pero no les voy a decir que me disgusto, trate de tragar lo que pude y lo demás me lo regué por todo el cuerpo, cuando yo acabe, le acabe sobre su pene, y seguí mamandoselo, así que tenia un pene todo lleno de mi leche entrando y saliendo de mi boca… ufffff.. demasiado!

después de esa tremenda mamada que nos dimos uno al otro, nos duchamos y me fui a mi casa. Jose, me dijo, es mi nombre.

Después de esa vez, m

e empate con una chama, con la que tuve muchísimo sexo por muchísimo tiempo, pero, de vez en cuando me provocaba ir a donde Jose para mamársela toda. Así que no me importo y seguí conectándome a cada momento para esperar a mi gran amigo, cuando lo encontré le pregunte que si podíamos divertirnos un rato y me dijo que si, así que me vestí y salí para su casa, poniéndole una excusa cualquiera a mi novia, cuando llegue a su casa, le dije que tenia muchas ganas de mamársela y el me pregunto que que estaba esperando, así que me arrodille y se la saque, el no estaba muy excitado pero sentí que se le paro de un solo golpe cuando me metí su guevo en mi boca, se la chupaba y se la chupaba y no quería parar, pero el me hizo parar porque era su turno, se metió mi guevo en la boca y comenzó a chupar, como siempre, divinamente. cuando acabamos, nos quedamos acostados en su cama con la computadora, viendo fotos y demás. Yo me puse caliente y se me paro otra vez, a él también, pero esta vez ya no quería que se la mamara, así que comenzó a meterme un dedo por el culito. se sentía un poco raro, ya que nunca había sentido esa sensación, pero después de un rato comenzó a gustarme, lo que yo no sabia, era que después de su dedo, venia su hermoso guevo, el que me comenzó a meter poco a poco, me dolía, en serio, me dolía muchísimo, pero después de un rato, el dolor se convirtió en placer y comencé a gozar como nunca, ufff , no sabia que por ahí atrás se podía gozar tanto!, así que acabe ahí mismo, sobre el colchón, y el acabo dentro de mí, y yo sentía su lecha caliente, dentro de mí… fue lo máximo.

Nos quedamos ahí inmóviles por un rato, yo me levante, me vestí y me fui, esa vez no olvide pedirle su teléfono, era mas fácil localizarlo por ahí.

Desde entonces, lo llamo de vez en cuando y nos mamamos un rato… aunque últimamente esta medio desaparecido… así que si lees este relato y estas en caracas… escríbeme… podemos cuadrar algo…

xxx_69 (arroba) cantv.net Massimo.

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