Sexo con personas trasexuales

El Placer de Cinthya

Gay, travestismo, primera vez, relato del dia. Trastornado por los problemas y el calor de la noche un hombre se lanza a la calle y recorre con su coche las calles de la ciudad. Va a un barrio especial, donde los travestis recorren las aceras. Sube a uno en su auto y recibe una felación fantástica. Al llegar a su casa será desvirgada su boca y ano por ese mismo travesti, en medio de una sensación de éxtasis.

Casi como todos los días, aquel viernes se escapaba de mi presente y de mi memoria, aquella noche calurosa de febrero, contrario a lo que todo indicaba quedaría grabada en mi memoria y en mi cuerpo.

Agotado y abandonado, en la soledad con que el ultimo amor me había pagado; me mantenía en el olvido de mis amigos y de mis seres queridos como inhibido de todo sentimiento, todo eso, hasta esa noche.

El calor arreciaba, y la noche no había logrado disminuir su fatal intensidad, era grosero, hasta humillante, no soportaba el cuerpo transpirado; tuve que recurrir a una ducha que aplacara por unos instantes las embestidas de aquel infierno nocturno. Luego de aquel oasis, sentí una tranquilidad y vitalidad renovadas. Al cabo de un instante pensé que encerrado en mi casa solo tardaría unos minutos en volver al estado anterior y sin pausa decidí salir a "dar unas vueltas con mi auto", a probar si en la calle el aire era más fresco.

Camino al garaje ya podía sentir la hermosura de esa medianoche, hasta arriesgaría una brisa tenue que no sólo le daba esperanza a mi cuerpo agotado sino, que dejaba volar mi mente hacia una noche "distinta". Una vez dentro del auto y en marcha hacia ningún lugar, pensé que era una noche extraordinaria, di unas cuantas vueltas sin rumbo, vagué por los lugares clásicos de la noche de Buenos Aires, buscando nada, solo despejar mi mente y liberar mi fantasía; sin destino llegué a viajar más de una hora por distintos espacios donde vi, amor, soledad, esplendor y decadencia. Estaba muy tranquilo ya, cuando como una inevitable tentación, me animé variar mi dirección hacia la famosa "zona roja" de la calle Godoy Cruz en el barrio de Palermo, que era un foco de la oferta de sexo, y principalmente de travestis, aquellos fenómenos que todos mirábamos con asombro y con fantasía.

Cuando giré desde la avenida Córdoba, me pareció una calle bastante desolada y obscura nada de lo que veía era como lo había imaginado, esta impresión cambio cuando al cabo de unas cuadras comencé a ver a las primeras travestis realizando su ritual nocturno ofreciendo sus cuerpos a la infinita imaginación de los hombres. Todo cambió radicalmente, los coches se agolpaban, las chicas se inclinaban sobre sus ventanillas mostrando de todo lo que eran capaces, algunas subían y así partían raudamente hacia el confín de la noche, otras seguían caminando como si la oferta no hubiese tenido su ansiado efecto. Así, rodé horas por esas dos calles ida y vuelta, solo como un observador totalmente hipnotizado por ese espectáculo nuevo, bizarro, casi estremecedor; miré y miré a todas y cada una de ellas, las estudié, vi sus glamorosos movimientos y sus cuerpos sensualmente delimitados por aquellas sugerentes vestimentas. Sólo me detuve a observar detenidamente a una de ellas que me llamó poderosamente la atención, era altísima, tenía unas piernas muy bien contorneadas y su culo remarcado por una mini era perfecto, llevaba arriba solo un top que cubría unas tetas grandes, su pelo negro largo hasta casi la cintura eran el marco excelente para una cara casi angelical donde sus labios llamaban tanto la atención como sus ojos claros, dudé por unos cuantos minutos si era un travesti; al verme observándola tan detenidamente comenzó a acercarse y cuando estuvo cerca de mi ventanilla sentí un poco de pudor y seguí mi camino viendo, cómo se alejaba, por el espejo retrovisor. Consternado por aquella belleza dual, mi mente no cesaba en la búsqueda de la respuesta a aquel interrogante, ¿era una mujer o un travesti?.

Cuando vi que el reloj marcaba las dos y media de la madrugada, decidí emprender el retorno a mi casa, transcurridos unos minutos de mi viaje de regreso, al detenerme en un semáforo; allí estaba ella, portando toda su belleza y su glamour en aquella esquina de Soler y Malabia, abstraído en mi pensamiento no advertí que me observaba y se encaminaba hasta mi auto, cuando me percat&eacut

e; de la situación quise arrancar pero el semáforo aún no lo permitía, sentí que la temperatura de mi cuerpo aumentaba drásticamente y en unos minutos mi mente se bloqueó y sólo atiné a bajar el vidrio de la ventanilla cuando ella estaba ya sobre la puerta del auto, sólo dijo con voz femenina y sensual " me alcanzas", no sé bien porque en ese momento no pensé en nada mas que no fuera dirigir mi mano hacia la manija de la puerta y abrir dejando entrar a aquella diosa pagana, aunque me hubiese resistido, hubiera cedido sin ningún esfuerzo, era manejado por la pasión que en ese momento ya se había apoderado de todo mi cuerpo. Una vez dentro del auto, sólo le pregunte cómo se llamaba y me contestó sin prisa, Cinthya, su voz me sumergía en un mar cálido, sin decir palabra seguí mi camino; a pocas cuadras extendió su mano sobre mi pierna y alcanzó mi rodilla, me sentí incomodo al primer contacto, pero al ver su mano, con esa piel blanca y esos dedos finos y largos, sus uñas larguísimas y bien pintadas sentí que era la mano de una venus la que ahora hurgaba, ya, por mi entrepierna; con un movimiento muy rápido tanteó mi sexo, que para ese momento ya estaba bastante grande y me vio con una sonrisa cómplice en su rostro, al realizar este movimiento giré con un poco de violencia el volante pues fue como un shock sentir su mano sobre mi pija. Ante esa acción, en la siguiente esquina, me dijo que doblara y tomara esa calle un par de cuadras, era una calle muy obscura y había muchos camiones estacionados en ella, sorpresivamente me dijo que aparcara el automóvil delante de un camión, yo obedecí sin preguntar, a esa altura era su esclavo, como una hechicera me había embrujado con el solo pase de sus manos por mi pierna. Cuando nos detuvimos, seguimos sin hablar pero con un gesto me instó a recostar mi asiento, yo lo hice de inmediato, ella rápidamente desabrochó mi pantalón y sacó mi verga que estaba parada, y así fue como en un abrir y cerrar de ojos estaba con mis pantalones por los tobillos y ella jugando con mi pija en sus manos, que eran de seda para mí; sin detenerse por un minuto en su labor puso una mano en mi frente y presionó levemente para indicarme que me recostara, y así lo hice, posé mi espalda sobre el asiento reclinado del automóvil y me dediqué a sentir. Ella enseguida, se llevó mi verga a su boca, y yo tuve que contenerme para no eyacular en ese mismo momento, esa boca era cálida y su saliva parecía miel que depositaba sobre el glande ya enrojecido de mi pene, con una mano tomaba mi poronga que había crecido desmesuradamente y estaba durísima y la introducía en su boca de fuego, una y otra vez, abajo y arriba, el placer de ese momento era indescriptible, me chupó durante unos veinte minutos muy lentamente, al principio entraba toda en su boca y eso me calentaba aún más, luego ya no podía porque estaba enorme, al cabo de ese tiempo, comenzó con un ritmo frenético como si fuera la última vez que viera una verga, la adoraba, le rendía culto a mi miembro cada vez que la embestía con sus labios y su lengua, sólo aguanté así unos minutos y luego descargué toda mi leche en su cara, eran cantidades que yo mismo no recordaba haber despedido nunca, llené su cara con mi semen y se chorreaba por su cuello hasta sus tetas, ella se encargó meticulosamente de limpiar mi pija.

Cuando me incorporé, lentamente ella se secaba los restos de mi éxtasis sexual de su cara, apenas le pregunté si quería venir a mi casa, donde estaríamos más tranquilos, ella solo contesto "sigue", sin entender qué me quiso decir con su respuesta, yo encaré para mi casa, pensando que de mediar objeción alguna, ya me lo haría saber. Luego de guardar el auto en mi garaje, y sin entender mucho de nada, ella aún estaba a mi lado. Entramos a mi casa, como desconocidos y aun sin decir palabra alguna.

Una vez dentro, apenas cerré la puerta, ella comenzó a excitarme de nuevo, esta vez tomó mi cabeza entre sus manos y me estampó un beso, mis manos comenzaron a recorrer ese maravilloso cuerpo sus tetas eran hermosas, las amasé un tiempo con mis manos que luego descendieron para acariciar su espléndido culo, ese era el mejor culo que había tocado en mi vida, era duro, redondo, parado, perfecto; sin resistirme bajé el cierre de su pequeña mini, y al instante cayó al piso sin que yo la tocara, cuan

do mis ambiciosas manos abandonaron su culo y fueron para adelante, allí me esperaba la sorpresa más grande de una noche que ya contaba unas cuantas, era un bulto bastante grande, en un primer momento me separé bruscamente y la miré como buscando una explicación, ella con su vista clavada en mis ojos, tomo mi mano y la llevó dulcemente hacia el lugar que me había asombrado, yo no la detuve, con mucha suavidad la posó sobre su tanga y presionó sobre ella para que sintiera, experimente como mi mano ya abandonada por el apoyo de la suya, siguió examinando y acariciando ese bulto que crecía con cada nuevo roce, volvió a tomar mi mano y a apartarla y de una sola vez se llevó su tanga hacia los tobillos inclinando todo su cuerpo, cuando se paró de golpe y para mi sorpresa puede ver al fin la enorme respuesta a mi interrogante, entre sus piernas y con el pubis totalmente depilado exhibía un miembro gigantesco que aún seguía dormido; otra vez, pero ésta con más resistencia, tomo mi mano y la llevó hasta su verga, comencé a tantearlo tímidamente y a observar como aumentaba su volumen, en ese momento me arrodillé, lo tomé con las dos manos y comencé a pajearlo, era enorme, nunca en mi vida había visto algo semejante; ese pene, ahora totalmente erecto, debería tener unos veintiocho centímetros de largo y un diámetro de dieciocho centímetros, una sola mano no llegaba a rodearlo todo, por eso lo seguía masturbando con las dos. Ella me observaba desde arriba y parecía estar muy ensimismada en el placer que le brindaba, abandoné mi tarea momentáneamente para observar esa pija en su máxima expresión, todavía no lograba salir de mi asombro, cuando la volví a ver a la cara ella me sonreía como cómplice de mi sorpresa, me tomó con sus dos manos por la nuca y llevó mi boca directamente hacia su monstruoso aparato, cuando lo tuve frente a mis labios, estudié un segundo la forma en que lo iba a hacer entrar en mi boca, era la primera vez que estaba por chupar una pija y encima de ese tamaño, como pude, hice mi primer acometida y logré introducir toda su cabeza dentro de mí, ella comenzó a gemir y yo me envalentoné con esa respuesta, lo chupé como pude, me la quería tragar toda o lo que más pudiera, más de una vez me ahogué con su verga, pero ella estaba ajena a esta situación y gozaba como loca, había vuelto a tomar mi cabeza, pero esta vez con sus manos aferradas a mis cabellos me hacia ir y venir con un ritmo acelerado que yo ya no soportaba, su miembro entraba con fuerza en mi boca y yo no lo podía controlar, por suerte en unos minutos y sin previo aviso soltó su leche, dentro de mi boca, yo me retiré de inmediato y escupí una buena cantidad de semen, pero ella siguió manchando mi cara y mi pecho, nunca vi a alguien acabar tanto, yo creo que hubiese necesitado más de dos orgasmos para completar toda su ración, parecía no terminar nunca de escupir todo su placer.

Cuando creí que todo aquello, nos llevaba hacia un oasis de descanso y distensión, ella me paró y sin que yo pueda hacer o decir nada me puso de espaldas, yo miré hacia abajo por sobre mi hombro y vi como se masturbaba para poner tieso su elemento nuevamente, sin ningún problema, a la vez que me rodeó con la otra mano y con mucha pericia desabrochó mi pantalón, para luego bajármelo hasta los tobillos, rápidamente puso su mano sobre mi espalda y presionó bruscamente para dejarme en posición de ángulo recto; una vez así, comencé a sentir como su gran verga intentaba abrirse paso a través de mi ano, era doloroso e incómodo pero me excitaba de una manera nueva e inexplicable para mí, luego de un buen rato de intentos y mucha saliva sentí como ese terrible glande ingresaba en mi culito virgen, unos intentos más y ya tenía además de un dolor extremadamente placentero, una buena proporción de su pija en mi interior, mi placer no lo entendía, me dolía, mi ardía terriblemente y aun así nunca me había excitado de aquella forma, pasaron unos treinta minutos, y su pija seguía dentro de mí, al final entraba toda, yo acabe una vez más y él seguía con su fanático frenesí, cogiéndome como para que jamás me olvidara de aquella vez, al fin sentí cómo su gigantesco pene expulsaba dentro mío todo su liquido, sentí también cómo se desbordaba fuera de mi

ano, otra vez era como una ola de semen la que había descargado sobre mí; cuando saco todo su miembro yo sentí un dolor inexplicable, y a la vez me encontré derrumbado y extasiado por aquel huracán de sexo.

Ella o él, como quiera pensarlo ahora, se vistió, acomodó su pelo, sin decir nada; abrió la puerta y salió raudamente, yo sin entender todavía del todo lo que me había ocurrido no intenté siquiera abandonar la posición que había logrado, sentado con la espalda apoyada en una pared del palier de mi casa, así terminé aquella noche, el calor no había aminorado, seguía sintiéndome apesadumbrado, pero ahora no me importaba, solo ocupaba mis pensamientos el placer que me brindó Cinthya.

Vec.

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