Donde el erótismo y lo divertido están unidos. Unas risas y unos polvos siempre son bienvenidos

Las 3 cerditas o quien teme al lobo feroz..

Amor Filial Lésbico, Gracioso, Cuento erótico. Había una vez tres cerditas que vivían con su padres Ana, de 22 años, Carla, de 21 años y Sandra, de 19 años. Las tres cerditas habían crecido alegres en una casa del bosque. Y como ya eran mayores, sus papás decidieron que era hora de que se quedarán solas en casa. Las tres cerditas se despidieron de sus papás, Sus papás les advirtieron que tuvieran cuidado con el Lobo feroz. Ellas no le hicieron caso e invitaron al lobo a su casa por el cumpleaños de la cerdita mayor (Ana)

 

Ellas hicieron una cena, reunieron a los animales del bosque mos para beber hasta que los cuerpos aguanten.

Se juntaron 16 animalitos del bosque, exactamente la mitad hembras y la otra machos.

Todo era normal, bebiendo unos vinitos y picando algo antes de cenar, por lo que cuando la cena estaba servida casi no había hambre, pero las ganas de beber no se quitaban y al poco de comenzar a cenar la mayoría de los animalitos ya estaban demasiado bebidos.

Siguieron bebiendo hasta las 2 de la madrugada, todos habían bebidos menos el lobo feroz que se había contenido buscando a su presa. Lo animalitos ya quería irse a seguir la fiesta en alguna otra madriguera, otros ya estaban borrachos perdidos ninguno ayudó a recoger. Se fueron todos y solamente se quedaron las tres cerditas, dueñas de la casa y el lobo feroz que se quedó a recoger con ellas. Que amable el lobo feroz, no?.

 

Los cuatro se pusieron a recoger la casa, las cerditas estaban muy borrachas y el lobo les ofrecía más bebida mientras limpiaban y ellas incautas seguían bebiendo, a la vez que con sus cuerpos  ponían más hambriento al lobo feroz. El se ponía muy caliente al ver los cuerpos y la forma de vestir de las cerditas..

 

Carla era de piel muy morena y de pelo moreno, tenía un cuerpo perfecto, con unas curvas de vicio y unos pechos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, y llevaba puesta una minifalda blanca muy cortita y una camiseta también blanca que dejaba ver el ombligo enganchada de un lado a otro con cordones y que dejaba la espalda al descubierto. Por su parte, Sandra no se quedaba atrás, era de cuerpo más curvo que Carla, algo más rellenito y tenía unos pechos preciosos que le gustaba lucir siempre que podía  también llevaba una falda muy cortita pero de color negro y en la parte superior una camisa normalita muy ajustada por lo que sus pezones se marcaban en cuanto se ponían un poco duros.  Y por último quedaba Ana, y en ella se caracterizaba su precioso culito, sus pechos eran redondos y perfectos. Se caracterizaba por ser la más cerda de las tres y la más mayor, además olía decir que le encanta follar a todas horas. Llevaba puesto un traje de color blanco, muy escotado en la parte superior y muy cortito en  la parte inferior algo que le gustaba al lobo feroz ya que cada vez que se levantaba de la silla o se agachaba a coger algo se dejaba ver su precioso culito, y eso yo ya le había hecho fijarse en su minúsculo tanguita.

 

En fin, estas tres cerditas eran unas verdaderas provocadoras y apetecibles para el sexo.

 

La polla del lobo se empezaba a ponerse dura. No sabia que hacer. Además veía a las tres cerditas recoger moviendo sus culitos y su pechos, y empezó a tocarle el culito una a la otra, ellas no ofrecían resistencia, necesitaba más?, si.

Sandra lo llamó para que con su fuerza le ayudará con una cosa, el fue…En la habitación de Sandra cogiendo un vaso se manchó la camiseta blanca  tomó una camisa negra y se cambió delante del lobo. El se quedó atónito al verla cambiarse de camisa, esos pechos con lo que había soñado miles de veces, por lo que su polla creció sin control hasta quedar un marcado bulto en mi pantalón. la cerdita de Sandra se enteró y empezó a provocarme con movimientos eróticos mientras se quitaba de nuevo la camisa lo que más calienta aún al lobo. La cerdita se desabrocho el sujetador y dejó sus enormes pechos a la vista de los ojos del lobo, que le entró tal calentón que no pudo aguantarse y se abalanzó sobre ella.

 

La empezó a lamer sus tetas y a mordisquear sus pezones mientras que con las garras le bajó su faldita. Llevaba puesto un tanga de hilo de color verde, en el cual pudo observar que tenía su rajita mojada, ya que dicho tanga estaba húmedo. Se tiró para encima de la cama y le empezó a quitar la ropa hasta quedarse en pelotas y a continuación metió su polla en su boca y la cerdita la empezó a chupar de tal manera que no dudó en correrse por primera vez en su boca. La cerdita se tragó todo el semen del lobo feroz y el que se había quedado alrededor de su polla hasta dejársela bien limpita, luego empezó a hacerme una fantástica cubana, ya que el deseo del lobo, de la cual disfrutó mucho.

Estaba con su polla entre sus tetas cuando de repente se abrió la puerta. Era Carla y los vio en plena acción. Ella, que estaba demasiado afectada por el alcohol, se quedó algo sorprendida ante lo que estaba viendo pero pronto se le cambió la cara poniendo una sonrisa de pícara, ella también que también quería participar y sus pezones se empezaron a endurecer. “ Llama a tu hermana Ana “ le dijo el Lobo feroz y ella llamó a Ana para que fuera a disfrutar de la fiesta, cuando Ana subió y vio a sus hermanas Sandra y Carla desnudas, Carla no había perdido el tiempo y se había quitado la ropa, Ana aceptó sin pensárselo.

 

Las dos, Carla y Ana se quedaron de pie, luego Ana le empezó a acariciar los pezones a Carla y esta empezó a tocarle la almeja de Ana formando un escena lésbica que hizo que se corriera el lobo otra vez.

Nada más correrse se tiró encima de él, Ana, y le lamió la polla como antes hizo Sandra, y todo su semen mientras el lobo le agarraba ese precioso culito. Entonces se subió encima de él Carla y empezó a cabalgar como una puta en celo, botaba sin parar y le entraba hasta el fondo. A esto que la cerdita de Sandra se sienta en la cara del lobo y se pone delante de su boca su coño, el lobo empezó a lamer gustosamente aquel manjar mientras que Ana le lamía las pelotas. El lobo le comía el conejo hasta que Sandra se corrió y sus jugos mojaban el hocico del lobo. Ana estaba de rodillas en el borde de la cama y se estaba masturbando mientras lamía sus bolas, entonces el lobo se quitó de encima las otras dos cerditas y se dirijo a Ana, a la que puso a cuatro patas en el suelo y le empezó a penetrar por el culete. Al principio le dolía pero poco a poco fue cogiéndole gusto y no paraba de pedirle mas y mas, mientras Sandra y Carla se estaban masturbando una a la otra. Las tres estaban gimiendo de tal forma que sus gritos hicieron que se corriera el lobo, saliendo un chorro inmenso de semen que fue a parar a espalda de Ana las cerditas de sus hermanas lamieron toda la leche y luego la compartieron con ella.

 

Se quedaron las tres cerditas tumbadas en la cama durante unos minutos, abrazando al lobo, y cantando “ A QUIEN SE HA FOLLADO EL LOBO FEROZ A QUIEN A QUIEN. A QUIEN A QUIEN…

 

COLORÍN COLORADO…. ESTE CUENTO SE HA ACABADO,

COLORÍN COLORUCHO… ME GUSTA FOLLAR MUCHO

COLORIN COLORETE… TE QUIERO RELLENAR EL OJETE

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Tres polvazos en la ciudad de Valladolid con Teresa

Hetero. Polvazo. Teresa era de una belleza exuberante y profusa y no me cabía dudas de que estaba enamorado de ella, pero mas aún de aquel hermoso y enorme culo.

Tantos años conociendo a Teresa la panuchera. Ella se tardaba una eternidad en preparar la hamburguesa mientras yo como extasiado, borracho por su elixir, le observaba la enorme panocha a través de sus blue jeans tan apretados. Siempre parecía que ella estaba consciente de esto y hasta lo hacía a propósito. Nunca me dijo, -siéntese en aquella mesa, ya le llevamos la hamburguesa.

Durante años me llamó poderosamente la atención porque todos los días estaba tan elegantemente vestida. Siempre me dio la impresión de que acababa de salir de un salón de belleza. Sus vestidos eran exageradamente elegantes como si todos los días asistiera a una fiesta de gala, con enormes pero bellos y extravagantes aretes, bien maquillada, su cabello recogido extrañamente pero muy refinada, repito, lista para quemase sus pobres manos en un negro fogón para cocinarle a los clientes. Era en realidad un simulacro: teresa todo el tiempo estaba traicionando a su marido, haciendo citas por teléfono celular con sus amantes para futuros encuentros sexuales.

Teresa era de una belleza exuberante y profusa y no me cabía dudas de que estaba enamorado de ella, pero mas aún de aquel hermoso y enorme culo; ella era mestiza, de raza india descendiente de los antiguos mayas.

Todo comenzó cuando decidí comprar algo, aunque solo me invitaba la curiosidad (yo no como hamburguesas) para ver quién era aquella bella y misteriosa mujer de enormes piernas y culo. Sin titubear y sin conocernos siquiera, le pedí el número de sostén y pantaletas. Ella inmediatamente fue a buscar un lápiz y papel. Regresó con estos datos al instante. Se notaba que ni siquiera sabía escribir. “Quiero un conjunto con pantaletas y sostén que venden en el centro.

La empleada del centro comercial no atendía bien y terminé comprándole unas pantaletas de 60,oo pesos a la Teresa, de las mas caras porque unas buenas pantaletas no pasan de 20,oo pesitos. Un día me dijo que las tenía puestas. Me dio como un mareo cuando me lo dijo, no podía controlarme.

Nunca supe si tenía cabello largo o corto. Cuando teresa se daba la vuelta para ir a buscar algo, yo disfrutaba morboseandole el enorme culo (bueno, bucear, dicen en mi país).  Ya esto era suficiente para mi, para ese día, luego esperar hasta el día siguiente e ir a comprar algún perro caliente. Me conformaba, yo simplemente tenía hambre de ella, pero el miedo a que su esposo, demasiado callado, se abalanzara sobre mi (reza el dicho: de los callados líbrame Dios, de los escandalosos me libro yo, ja, ja!!) me mantenía con precauciones extremadamente cuidadosas, para después no tener que lamentar nada.

La sonrisa de esta dama india era demasiado bella y coqueta pero nunca pude hablar nada con ella en privado. El miedo no anda en burro, es un dicho popular en esta región. Pasaron aproximadamente seis años hasta que casualmente alguien me dijo que ella era santera. Allí estaba la respuesta a todas mis preguntas, el por qué vestía de negro tan elegante diariamente. Le dije a cierto amigo tomándonos unas cervezas que por qué no la enamoraba, ya que era una mujer tan fácil, y cobraba una cuota tan exigua y me contestó que le tenía miedo, pero no me dijo por qué

Todos comentábamos que seguramente a su marido le habría dado a tomar una pócima, brebaje o cocimiento extraño para que quedara embrujado y así el quedaba bobo, como ciego, sin darse cuenta de nada. Este marido la había conocido en un bar de prostitutas y ella se retiró de este oficio.

En toda la ciudad de Valladolid había mucho alboroto por estas celebraciones o festividades carnestolendas que tenían lugar cada año. Al mismo tiempo que en esta ciudad, en otras ciudades y pueblos de la península de Yucatán  también se celebraba, aunque a su propio modo y según sus costumbres.  Pero en Valladolid, esto es muy especial, diferente, porque todas las chicas salen a las calles para bailar. Las muchachas con edades entre 20 y 30 años llegan a muchos sitios para  bailar y participar en los concursos de baile. Son dos noches seguidas.

En cierta ocasión tuve que quedarme, registrarme en un hotel en la ciudad de Valladolid. Se me había olvidado que estaban aquí en la temporada de fiestas y no sabía lo que me esperaba: una gran sorpresa, maravillosa. Tenía que tomar el primer vuelo de la mañana y por lo tanto me fui a dormir muy temprano, pero tenía dificultad para quedarme dormido. De repente, como a las 7:00 p.m. oí los sonidos muy fuertes de unos tambores y mucho ruido; salté de la cama preguntándome qué era lo que ocurría. Salí y vi que se estaban preparando para los bailes en la calle del frente. Formaban u organizaban los grupos de baile, orquestas, etc., y los cantantes ya se alistaban, los que tocaban tambores ya comenzaban a calentar para llamar la atención y así convocar a la gente para que asistiera a estos carnavales.

Comenzó la música y también los bailes. Era tremendo espectáculo. Pensé, voy a mirar un rato porque este tipo de cosas se ven raramente.   Muchachas muy jóvenes y bonitas, con caras de alegría, muy animada, sonriente y feliz, bailaban con porras al ritmo de la música. Solo tuve que pararme en la puerta del hotel y observar. Les hice señas a algunas de las bellas muchachas y hasta les lancé besos. Dos o tres de ellas se quedaron sorprendidas, les encantó y causó risas mis payasadas por lo que me respondieron con mucha alegría y entusiasmo. Como las chicas llegaban en forma muy lenta al comienzo se tomó mas de una hora para que llegaran las  demás…y formar nuevas comparsas.

De repente, Teresa, quien contestó a mi saludo  llegó corriendo y me preguntó algo que yo no le entendí.  Le pregunté qué deseaba decirme, había demasiado ruido. En realidad me estaba preguntando si yo estaba alojado en ese hotel. Le dije que si. Preguntó que si podía entrar a mi habitación a tomar agua, y utilizar el baño; contesté claro que si, está bien, no hay problema, y caminé hacia mi habitación que quedaba en el primer piso. Esta sería la oportunidad: le ofrecí 3.000,oo pesos por sus servicios y ella aceptó. Normalmente se iba con clientes por tan sola una exigua cantidad de 300,oo pesos. Todo el mundo sabía que estaba muy necesitada. Su marido era albañil pero tomaba demasiado.

Como yo caminaba demasiado rápido, desesperado sin poder controlarme por la emoción,  Teresa prácticamente tenía que correr detrás de mi para poder alcanzarme. Cuando llegué a mi habitación abrí el refrigerador y tome la jarra llena de agua. Ya no estaba parada en la puerta, simplemente la encontré acostada en mi cama,  y le entendí algo:  que estaba cansada.

Me senté cerca de ella. Esta vez, mirándola desde muy cerca, note que era una señora joven muy bonita, de grandes senos, aquella yo siempre observaba embelecido cuando iba a su pequeño negocios a comer algún perro caliente; sus sostenes no podían contener las enormes tetas, me di cuenta. Su estómago no era planito, y tenía mucha barriga, pero bello maquillaje. Usaba una blusa la cual estaba confeccionada especialmente para estos bailes con gran cantidad de materiales brillantes. Estos la  punzaban, pellizcaban o apretaban demasiado, por lo que se desabotonó la blusa y los senos dentro de su brassiere salieron disparados hacia adelante, junto con los enormes pezones. Le pregunté si la podía ayudar a quitarse el sostén y con una sonrisa dijo que si, ok, girándose y luego poniéndose de espaldas. Le levante la blusa desde abajo y encontré que su brassiere estaba enganchado en la blusa, por lo tanto procedí a resolver el problema.

Teresa se acostó de espaldas, en la orilla de la cama, luego se volteó y yo me quede mirando con atención aquellos senos enormes, que saltaron de repente, muy sorprendido. Ella ya había tenido cuatro hijos. Yo tenía la polla bien parada y la habitación estaba muy fresca debido al aire acondicionado. Recorrí aquellos senos con las manos y le chupé los pezones con un movimiento circular. Teresa  cerraba un poco los ojos para disfrutar mis caricias. Tenía los pezones bien parados y duros. Sin duda estos me estaban invitando a que siguiera con las caricias. Luego se acostó diagonalmente sobre la cama. Así yo estaría mas cómodo.

Me coloqué de frente a ella y solo tuve que inclinarme hacia adelante un poquito para sostener sus tetas con mis manos y seguir mamándole y chupándole los pezones. Se puso a gemir haciendo mucho ruido y extendió su mano en busca de mi polla. Agarró el lazo de la piyama, deshizo el nudo, me bajó los interiores para luego agarrarme palo bien parado en su mano. Yo quedé sorprendido. Solo le levanté su falda ornamental, para ver unas pantaletas rojas que se le metían por debajo de las nalgas También me puse a contemplar  sus bellos muslos.

La comencé a besar lentamente, le chupaba y acariciaba todo su cuerpo, desde arriba hasta abajo. Cuando se puso a gemir por el placer, me metí entre sus piernas y puse la cara allí mismo. Ella pegaba saltos cuando mis dedos se introducían dentro de la cuca por un lado de la roja pantaleta, explorando aquellos pétalos rozados y le separaba los enormes labios mayores de su flor. Yo notaba cuando le abría la cuca lo que se conoce como vagina rugae, como grandes pliegues o arrugas que son las que se estiran cuando es conveniente.

Muy suavemente le di golpecitos con la lengua en los labios menores, muy negros y largos, de arriba abajo, de abajo hacia  arriba de la raja.

-¡Ay, dios!!-  gritó. -¡ay, ay, que rico!!!  ¿En dónde aprendiste a mamar cuca?- dijo en un mal español.

Todo el cuerpo le comenzó a vibrar y ella echó los brazos hacia atrás quedando rendida, entregada. Cuando acabó fue como si la tierra temblara. Se sacudía hacia arriba y hacia abajo tan violentamente que no pude seguir mamándole la cuca. La dejé tranquila pero de todos modos continuaba retorciéndose como si estuviera poseída.

Me puse a observarla, las tetas se le meneaban de lado a lado y en su cara se notaba una expresión de dolor. En un segundo se me paró mas la verga. Extendí los brazos la agarré por la cintura y le di la vuelta para colocarla en posición perrito. Aquel maravilloso culo quedó alineado con mi palo. Le metí las manos alrededor para agarrarla por  las tetas y con un potente empuje se lo metí por la lubricada raja. Gritó:

-¡Ajá, que alcance!-   No hablaba bien el español. Viendo como mis bolas rebotaban contra aquel culo. Se sentía tan delicioso y caliente que se lo hubiera dejado adentro de la cuca toda la noche pero ya tenía la urgencia de acabar. Le agarré por el hueso de la cadera y empecé a bombearle la cuca. Cada vez que se lo metía ella hacía un sonoro ruido, jadeando, inhalando aire. Yo le contestaba con pequeños gemidos y gruñidos. Le salía de la cuca un ruido, como aire.  Ya yo estaba acelerando el paso y dándole mas duro y sentí algo que me quemaba cuando me comenzó a salir la lava del amor.

-¡Coño, nojoda!-  cuando le eché la descarga de semen. Le seguí dando hasta que le quedó la última gota de semen adentro.

Teresa ya se había vestido para regresar a sus labores en la comparsa. Le levanté la falda y noté unas pantaletas mojadas en la parte de la cuca. Sin pedir permiso, le jalé las pantaletas hacia debajo de nuevo y vi una cuca bien rasurada, de color negro. Teresa era morena.  Le levanté las rodillas y se las mantuve bien separadas preparándome para lo mejor: me la iba a follar de nuevo. La muchacha dijo en su idioma:

-¡Áak’ab sáamal,  Ba’ax a k’áat a beet ken ts’o’okokech,  Ba’ax ku bin a beetik,  Ba’ax ku yúuchul,  Ba’axten!!”

Eso tal vez quería decir dale rápido, a lo mejor ya me están buscando.  Le coloque el huevo a la entrada de la cuca.  La hembra comenzó gemir en voz alta:

-¡Beey, jach uts tin wich!

Yo le daba unas metidas largas, restregándole el clítoris con una mano. Temblaba, se retorcía de placer y gemía, gritó cuando se lo zampé hasta el fondo. Me tomó mas de diez minutos acabar. Para ese momento ya Teresa había acabado dos veces. Se sacudía cada vez que tenía los impulsos orgásmicos. Por fin le derrame todo mi semen adentro y dijo: “¡mi marido!  Luego en maya:  -In wíichan!

Cuando se lo saqué la mujer se  levantó de la cama apresuradamente y se dirigió de nuevo hacia el baño de la habitación, para asearse, arreglarse el vestido y se adelantó a darme las gracias cuando le entregué el dinero,  con un beso en mi mejilla. Luego salió corriendo hacia la entrada del hotel. Yo me quedé mirando cómo se movía en las sombras y rápidamente se perdió dentro de la multitud. Ni siquiera tuve tiempo de preguntarle  cuando nos volveríamos a ver.

Dos horas después, Teresa regresó por mas dinero y volverme a pedir el baño prestado.  Muy amorosamente me abrazó en la puerta de la habitación mientras yo la besaba, maltratándole desesperadamente sus labios, oídos y senos con mi boca. Ella sentía la dureza de mi miembro y se montó sobre mi (vaquera) en el momento perfecto, sobre aquella cama tamaño matrimonial. El bello momento para que  ella sintiera por primera vez la perfecta polla! Tan gruesa y dura que llenó toda su vagina sin dejar ni el mas pequeño espacio. Se le estiraba la vagina, acomodándose al tamaño de todos los penes de sus clientes.  Creo que me  decía: -¡Por allí no!!  ¡Le u bejila’! porque en varias ocasiones se salió la cabeza del palo.

Respiraba buscando aire cuando inmediatamente comencé a aumentar las metidas, sacándolo casi totalmente para luego enterrárselo de nuevo hasta el fondo. Nubes de orgasmo invadieron a Teresa. El hambre que ella sentía por mi sexo explotó  y me  cabalgaba en forma violenta. Por fin, tuvo otras contracciones en todo el cuerpo y se sacudía por el placer durante lo que parecía una eternidad. Cayó sobre mi y yo la sostuve suavemente, le acariciaba el cabello y la besaba suavemente. Hasta que  por fin quedó recuperada, y había descansado por aquel maravilloso orgasmo, aunque todavía sentía un éxtasis, como si estuviera en el paraíso, gimiendo. Luego se quedó dormida sobre la cama. Cuando se despertó cerró los ojos, como preguntándose en dónde estaba.

Sus enormes tetas continuaban al descubierto, balanceándose hacia los lados, igual que cuando llegó por primera vez. Sus pezones ya estaban erectos de nuevo como esperando a que yo se los masajeara. Solo tuve que inclinarme hacia adelante, y me metí los pezones dentro de la boca para chupárselos otra vez. Le levanté la falda, que nunca se había quitado: hasta quitarle la pantaleta mojada la cual siempre había tenido puesta, para ganar tiempo, por supuesto.  Guió mi polla hacia la entrada de su hueco: Vas por el camino equivocado:

-¡Ma’ tu no’oj beelil ka bini’!

Agarró mi pene y se lo metió dentro de la cuca otra vez, de un solo jalón para empezar a moverse y a follarse ella misma. Era una experta en hacer acabar a los clientes, como toda prostituta,  y lo hacía muy bien ya que estaba al tanto de cómo manejar la cuca apropiadamente y hacer que las pollas le restregaran el clítoris mientras ella se meneaba. Yo le apretaba los pezones y tetas. Ella se retorcía, tenía la cara como desfigurada, deforme por los gestos que hacia gritando como loca hasta que finalmente llegó a otro espasmo. Batía, sacudía y golpeaba su cuca contra mi, de verdad, una muchacha muy caliente. En un español mal hablado me dijo: -¡Date prisa rápido! Acaba tú!!

Luego en maya:  – Séeba’an, lep’ a wóoli’

Saltó de la cama, corrió hacia el baño a vestirse, se aseó y regresó,  me dio un beso de despedida,  -Tengo hambre, dame 500,oo pesos mas.    – Wi’ijen.

A mi no me dio lástima darle mas dinero, porque se lo merecía, para luego unirse a la multitud. Ya eran la 1:00 de la mañana y ya no podía seguir trasnochándome porque tenía que tomar el primer vuelo de la mañana. Me preguntaba cómo había tenido tanta suerte con Teresa. Apagué las luces y me fui a dormir, pensando regresar el año que viene a Valladolid y registrarme en el mismo hotel. Al parecer dijo nos vemos pronto, fue lo que le medio entendí cuando se despidió:

-Je’el k ilikba séeba’ane’.

FIN

 

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ADAN y EVA, POEMA – Recopilado por Roqueviejoverde

Recordando el viejo poema…

I

Frondosa vegetación de esplendorosos jazmines.

Bordados de Macachines y plantas en floración.

Puso en su Santa Mansión, Nuestro Señor, con afán.

Dióle acento Catalán y dándose lustre a las botas.

Puso a Eva en pelotas, junto con el Negro Adán.

II

Llamó aparte Dios hombre y le dijo, No seas goloso…

Esto que te di tan hermoso, es un robusto tripón.

Cuando veas en un rincón, a Eva jugar con sus tetas.

¡Nunca! ¡Jamás! se la metas, ni siquiera con condón.

III

Al igual que la veleta, se estudiaban la silueta.

Y mientras Adán se hacía la paja, Eva se hacía la puñeta.

Más una tarde invernal, al entrar en una cueva.

Adán se encontró con Eva, tendida en un pastizal.

IV

Ante su cuerpo virginal, sacó su arma de cojudo.

Pelo su chipote morrudo, y hallando a Eva quieta.

Se la enterró en la cajeta, como se entierra el peludo.

V

Eva pegó un grito, al sentirse perforada.

Más Adán muy fatigado, cayó sobre un costado.

Después de haber acabado y con la pija ensangrentada.

VI

Supo El Señor del pecado, cometido por Adán.

Y estalló como un volcán, del furor desesperado.

Ah perro degenerado, cogerse ese Virgo Santo.

Y yo que te dije tanto, de que no te la cogieras.

Vete, vete con las fieras, que me producen espanto.

VII

A todo esto Adán contestó con desparpajo.

Entonces ¿para que carajo tengo la pija Señor?.

Me voy a un mundo mejor, donde se pueda culear.

Vengan mujeres no más, vengan conchas y cajetas.

Que mi pija las respeta y a todas las ha de llenar.

VIII

Y según cuenta la hermana, Adán se fue del paraíso.

A curarse de la macana que hizo, sobándose la poronga.

Cogió todo lo que quiso, dejó hasta mi cajeta rota.

Junto con Eva en pelotas, bailó el tango y la milonga.

Sacando de sus pelotas hasta la última gota.

Autor: Desconocido

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No rompas la cadena sexual

Guasa. Sigue la cadena si lo que quieres es sexo hasta saciarte.

USTED TAMBIEN PODRA HARTARSE DE SEXO

A los cuatro dias de recibir esta carta, siempre y cuando continue la cadena. Ya que la carta debe dar la vuelta al mundo, debe hacer diez copias y enviarlas inmediatamente. Esto no es ninguna broma. No envie dinero. Envie copias a personas que necesiten comerse algo antes de 96 horas.

Despues de pasar esta carta, a un funcionario de abastos de Santander se le atasco el pene en una maquina ordenadora y experimento la serie de orgasmos mas larga de su vida. John Elliot intento llevarse a casa a una prostituta, pero como habia interrumpido la cadena, la policia se lo llevo a el. Cuando registraron su domicilio encontraron revistas de ninos pequenos que ensenaron a todos sus vecinos. En un suburbio de Paris una ereccion incontenible le revento los pantalones a Don Loray 51 dias despues de haber interrumpido la cadena. Sin embargo, antes de que esto ocurriera una maquina de condones le dio tres por el precio de uno. ?Un premio de consolacion?

Tenga en cuenta lo siguiente: Herbert Pudstrom recibio la cadena en 1953. Le dijo a su secretaria que hiciera diez copias y las enviara. Pocos dias despues se la encontro en el barrio chino de Copenhague ganando cuatro veces mas de lo que el le habia pagado nunca. En una ocasion el general George Patton, que tambien envio la carta, creyo ver en la calle algo que parecia una moneda. Cuando se agacho a recogerla paso a su lado una mujer impresionante en minifalda y pudo disfrutar de una vista unica. Heywood Dadditt, un onanista compulsivo en paro, recibio la carta y olvido que tenia que enviarla antes de 96 horas. Su esposa se fue a jugar a los bolos con su mejor amigo y no volvio. Meses despues, al encontrar la carta, envio diez copias. A los pocos dias conocio a otra mujer y descubrio que durante todos aquellos anos su antigua esposa, que a el le parecia una maravilla, se habia portado en la cama como una caballa muerta. Alan Fairchild recibio la carta, pero no se la creyo y la tiro. Nueve dias mas tarde se le derramo un cafe ardiendo en la entrepierna.

En 1987 una joven de Texas recibio una carta muy desgastada y casi ilegible, por eso no se dio cuenta de que este parrafo hablaba de ella. Se prometio que volveria a mecanografiarla y que la enviaria, pero entre unas cosas y otras lo fue dejando. A partir de entonces se sucedieron los problemas, entre otros un herpes genital y diversas enfermedades venereas que contrajo en sus futiles intentos de encontrar al hombre perfecto en bares de solteros. No se habia desprendido de la carta en 96 horas. Finalmente envio las copias y al poco tiempo conocio a un hombre de medidas excepcionales.

Pero no olvide el triste destino de un estudiante de la universidad de Trent, Peterborough, que se envio la carta a si mismo cinco mil veces por correo electronico el mismo dia. Cuando iba a abandonar la sala de ordenadores una extrana mujer se le acerco por detras, le mordio una oreja y le echo mano al paquete. El comprensible sobresalto le hizo tropezar con unos cables mientras lanzaba un grito. Al intentar frenar la caida agarrandose a un ordenador cercano, unas babas que le habian salido de la boca (al gritar) se introdujeron hasta las profundidades mas reconditas del ordenador, y los tres (estudiante, extrana mujer y ordenador) experimentaron un ciber-orgasmo simultaneo de intensidad exponencial antes de explotar convirtiendose en una nube de datos humeantes.

Debe enviar al menos diez copias de esta carta antes de que pasen 96 horas. Los que lo hagan tendran una vida sexual plena e intensa. Los que no, se veran condenados a pasar largas veladas en compania de utensilios mecanicos.

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