Relatos entre hombre y mujer. Sexo heterosexual

Una ama de casa muy especial (I)

Nunca pensé que un calentador de agua averiado pudiera cambiarme tanto la vida. Era el mes de julio, hacia un calor insufrible, y el maldito calentador se estropeó. La verdad es que en pleno verano una se puede duchar con agua fria, pero a mi siempre me ha gustado el agua calentita.

Eran las ocho de la mañana, mi marido acababa de marcharse a trabajar, como siempre, estaría toda la semana fuera, y yo, tambien como de costumbre, sola en casa. Sono el timbre, pensé que sería él que había olvidado algo, y abrí sin mirar por la mirilla. Ante mi aparecieron un hombreton de unos cincuenta años y dos jovenes de entre dieciocho y veinte.

– Somos los fontaneros de “Tubería feliz”, venimos a arreglarle el calentador. ¿Es usted la Sra. Maria, verdad?

Mientras hablaba, el que a todas luces era el jefe, no paraba de mirarme. La verdad es que no era para menos, la única prenda que me cubría, discretamente, era una camiseta de futbol americano, de mi marido, que me servía de camisa de dormir. Mis pechos eran bien evidentes, sin sujetador alguno que los contuviera. Mis muslos quedaban totalmente al descubierto. A poco que me moviera se me verían las braguitas sin ningún problema. Y yo, con mis 25 años, aunque me esté feo decirlo, estaba para mojar pan.

– Si, si de acuerdo, pasen ustedes. Siganme, por favor. – – La seguimos donde usted diga, señora. Mientras ibamos hacia la galeria, sentía sus ojos clavados en mis nalgas, y, todo sea dicho, no me molestaba en absoluto.

Llegamos a la puerta de la galeria, entre la lavadora y el marmol de la cocina quedaba un paso estrecho que el Sr. Paco, que asi se llamaba el jefe, aprovechó inmediatamente para darme un buen achuchón.

– Huy, perdone Sra. , decia mientra me refregaba su paquete por mis posaderas, y vaya paquete, que tenía el tio!!… Si le parece bien nosotros vamos trabajando…que debe usted tener ganas de que funcione bien ¿no?

Les deje con su trabajo, mientras me dediqué a mis ocupaciones habituales. Estaba haciendo la cama en mi dormitorio, agachada, de espaldas a la puerta, con el culito en pompa, cuando noté una presencia extraña, me volví rápidamente, y ahí estaba uno de los aprendices, mirándome embobado el culo, sin ningún recato. Estaba colorado a mas no poder, yo me hice la timida, estirando un poquito la camiseta, sin demasiado convencimiento.

– Si, dime ¿ necesitas algo? – – Dice el Sr. Paco, que ya está arreglado, que si usted quiere se puede duchar para probarlo.

En eso aparecieron los otros dos – – Señora, si usted quiere puede aprovechar para estrenar el calentador nuevo. – – Muchas gracias, ahora cuando ustedes se hayan ido, me ducharé. – – No mujer, si le parece a usted bien, mejor que lo pruebe ahora, asi si no funciona podemos acabar de arreglarlo. Nosotros aprovecharemos para ir a desayunar. – – Bien, de acuerdo, voy a ducharme.

Los tres hicieron el ademan de irse, pero solo el ademan, llegaron a la puerta la abrieron y la cerraron, pero los muy cabritos se quedaron dentro, en la habitación al lado de la puerta.

Yo como una tonta voy y me meto en la bañera, estaba disfrutando como una colegiala con un caramelo, el agua calentita resbalando por mi cuerpo y la verdad es que los tres fontaneros estaban empezando a ponerme cachonda, con el regimen al que me tenía obligada mi marido, no era difícil.

En eso se abre la puerta del baño y aparecen los tres fontaneros con sus “tuberias” en la mano, yo al principio me asusté y estuve a punto de gritar, pero me contuve, afortunadamente.

– Desde luego, estás buenisima, mucho mejor que con la camiseta. Anda hazle sitio al aprendiz, que tiene que “aprender” de todo en esta vida.

Ya me había apeado el tratamiento, ni usted ni nada.Y, dicho y hecho, ya tenía al aprendiz dentro de la bañera sobándome como un poseso. Desde luego el muchacho tenia una buena “cañeria”, unos veinte centimetros de carne joven a punto de estallar. Me arrinconó contra la pared, mientras me mordisqueaba los pezones y me metía mano en mi almejita, que se estaba poniendo a tono. El otro, tampoco era manco y hacía lo que podía. Y el Sr. Paco dirigiendo la operación sentado en el bidet como si fuera su trono.

– Venga Antonio, muérdele los pezones. Luis métele los dedos en el coño, no veis como la estais poniendo, la muy zorra está que se derrite.

Y la verdad es que el tal Paco te

nía razón, me estaban poniendo a cien, mi chocho estaba chorreando y pidiendo verga…

– Dejame que te la coma un poquito. Y, ni corta ni perezosa, le agarro la polla y empiezo a lamersela desde la base hasta la punta. – – Hum, está riquisima… ¿te gusta, cariño? – – Muchisimoooo… Estaba tan salido que en dos chupadas mas se fue en mi boca, llenandomela hasta rebosar. No deje ni una gota.

El otro aprendiz, Luis, ya iba a entrar en la bañera, cuando Paco le dijo:

– Espera, vamos a secarla bien sequita, y a la cama con ella. Te vamos a hacer una mujer, zorrita!!

Empezaron a secarme entre los dos y no paraban de acariciarme, la nuca, los hombros, el culo, el pubis, los muslos. Mientras iban besandome todo el cuerpo y dándome la lengua, alternativamente. Yo no se para que me secaban, si despues me dejaban chorreando de saliva.

– Venga putita, ya está, al catre!!

Yo iba delante, de ellos, totalmente desnuda, y los muy golfos iban pellizcándome el culo y las tetas, los cardenales me duraron una semana. Nada mas entrar en el dormitorio, me enpujaron sobre la cama y empezaron a meterme mano.

– Anda, chupamela, me decía Paco, poniendome su verga en los labios. Menuda tranca, era mas grande que las otras dos… Realmente, me asustaba, pensar que tenía que metermela, pero lo estaba deseando. Mientras tanto Luis no paraba de sobarme el chocho. Me separaba los labios y me acariciaba el clitoris. Parecía mas experto que Antonio.

– Por favor, métemela ya. Yo nunca había dicho una cosa asi. Habia que verme abierta de piernas, yo misma separando los labios de mi almejita y esperando la acometida de Luis, y la boca ocupada hasta el fondo con la polla de Paco.

A todo esto, Antonio se habia recalentado de nuevo y se incorporaba a la fiesta. Luis me la estaba metiendo hasta el fondo, sus huevos chocaban con mi entrepierna, y no paraba de embestir. Paco le había cedido su puesto a Antonio, que me sujetaba la cabeza y me follaba la boca. Yel “jefe” pronuncio las palabras fatídicas

– Te vamos a dar por culo. Dí un respingo. Nunca le había dejado a mi marido y ahora estos golfos me iban a desvirgar el trasero, bueno ,este golfo, porque esto era jurisdicción de Paco.

– No por favor, me vas a destrozar.

– Tranquila, no eres la primera ni serás la última, ni yo seré el último en entrar ahí, seguro que le vas a coger gusto. Cuando lo probais os enloquece.

Ahora, Antonio se tendió en la cama, boca arriba con su mastil al aire. Venga, putita, móntalo, me ordenó Paco. Y no me hice esperar. A horcajadas me coloqué sobre él, metiendomela hasta el fondo. Quedé a cuatro patas con el coño bien lleno con la polla de Antonio. Luis me la metió en la boca. Y por detrás podía notar las manos de Paco preparándome el ojete. Un buen salivazo y empezó a meterme un dedo, dos y tres, Muy despacito, fue muy bueno conmigo, mi esfinter se relajaba y al cabo de un momento noté como su capullo empezaba a empujar…

– Ahhh… Cuidado, que me destrozas.. Los otros dos se pararon para ver el espectáculo de su maestro desvirgando un culito.

Ya estaba la mitad dentro y entonces de un buen empujón me la metió toda. Me dejó sin aliento. Creía que me destrozaba. Y entonces empezó a moverse despacito. Culeando, y girando las caderas, Antonio empezó a coger el ritmo. Sus pollas se debían rozar dentro de mí, estaban enloquecidos. En pocos minutos estaban follándome como si se acabara el mundo y yo no paraba de jadear y de chupar…

El primero en correrse fue Luis, que me lleno la boca, me rezumaba por las comisuras de la boca y no pude tragarmelo todo aunque lo intente.

Antonio me regó el coñito a conciencia y Paco la sacó de golpe y me bañó el culo con su esperma.

Caimos planos sobre la cama.

– Bueno, golfita, ¿ lo has pasado bien, eh ? Ya sabes cuando tengas algo que arreglar nos llamas. Por el precio de hoy, te podemos ir arreglando la casa poquito a poquito. – – Ahora que lo dices, necesitaré un electricista….

Pero eso es ya otra historia….

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A por ella (I)

Hetero, bdsm, filial-cuñados. En ausencia de su mujer por motivos de trabajo el hombre de la historia practica su tendencia sado con una cuñadita que resulta disfrutar enormemente con su papel de sumisa.

Mi inicio en el sado fue de lo más normal y fuera del tema. Siempre me había gustado ver fotos y esperaba que un día llegara mi oportunidad para probar, pero nunca me imaginé que fuera con la hermana de mi mujer, que a simple vista es muy modosita pero que le encanta ir siempre que puede de fiesta. Leer más

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En una pension

Con una mujer madura con grandes tetas

Viajé a Santiago a continuar mis estudios universitarios. Me costo mucho conseguir un lugar donde quedarme, ya que quería algo cerca de la universidad, pero ya todo estaba copado. Me interesaba un departamento, pero al no encontrar ninguno, me tuve que buscar una pensión. Un compañero me dio el dato que en la casa de su abuela, tenían una pieza que me la podía arrendar. Nos fuimos a la casa de su abuela y cerramos el trato.

Su abuela de unos 60 años, era una mujer grande. Debe medir un 1.75, bastante corpulenta y con un busto increíble, sin quedarme corto, pienso que sería talla 120, eran monstruosamente grandes, y su culo, andaba por las mismas. Leer más

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Los Vecinos

Mi nombre digamos que es Renato, y lo que les voy a narrar nos sucedió a mi esposa Silvia (también por darle un nombre) y a nuestros vecinos no hace mucho tiempo, resulta que Sixto ( también por darle un nombre al igual que a su mujer) y su mujer Rebeca compraron la casa de junto hace aproximadamente un año, desde que se mudaron se puede decir que en cierta manera que entre nuestras familias surgió una buena amistad, al igual que nosotros son una pareja joven y sin hijos, él es ingeniero y ella creo que maestra al igual que mi mujer, yo por mi parte soy perito de inversiones bancarias. Bien ya les he dado los datos generales más sobre salientes de nosotros.

Desde que se mudaron, compartíamos los fines de semana y en ocasiones o ellos nos invitaban, o nosotros a ellos a cenar y compartir en sana camaradería, pero en cierta ocasión en que ellos fueron a nuestra casa a cenar Rebeca llegó vestida con un traje corto y vaporoso muy ceñido a su cuerpo delatando sus bellas curvas, cada ves que tomaba asiento no se si adrede o por accidente gran parte de sus muslos al igual que parte de su ropa intima quedaba al alcance de mis ojos, de igual forma en más de una ocasión logré ver parte de sus bellos y firmes senos cuando se inclinaba a recoger algún bocadillo de la mesa de centro, desde esa noche no hice nada más que pensar en las bellas piernas y senos de mi vecina. Mi esposa al acostarnos esa noche me comentó lo escasamente que vestía Rebeca, pero yo me hice el que no me había dado cuenta de ello, pero cuando nos encontrábamos follando me la pase pensando todo el tiempo en el culo y tetas de Raquel.

Yo tomé eso como algo pasajero, al fin mi mujer también es tremenda hembra y no tiene nada que envidiarle a nuestra vecina, pero las cosas se quedaron ahí, cada ves que me encontraba con Raquel me daba la impresión de estar son sacandome, es decir algo en ella me hacía pensar que estaba loca por acostarse con migo, durante un fin de semana tanto su marido como ella acostumbraban a tomar el sol después del medio día al lado de su piscina, al tiempo que yo me dedicaba a realizar mis ejercicios de pesas en la parte trasera de mi casa, de momento comienzo a escuchar un jaleo entre los dos, era ella que se encontraba bajandole el bañador a Sixto, yo discretamente me oculté tras una ramas y pude ver como Rebeca le daba tremenda mamada a su marido, luego no contenta con ello luego de quedar toda desnuda se le sentó sobre su verga y cabalgo un buen rato sobre Sixto, hasta que los dos quedaron satisfechos, yo por mi parte mientras que observaba ese espectáculo me comencé a hacer una puñeta como tenía tiempo que no me la hacía, por suerte mi mujer ese día se encontraba de compras, por que si no en la misma sala de la casa la hubiese puesto en cuatro y le daba verga hasta saciarme.

Desde ese día fue muy difícil para mi ver a esa mujer y no imaginarmela desnuda, a mi me daba la impresión de que ella hacía eso con la expresa intención de que yo la viese en esa faena, durante esa semana no hacía nada más que pensar como sus tetas se movían a medida que ella se enterraba y sacaba la verga de su marido de su coño, ya sería el jueves cuando por cosas que no vienen al caso llegué más temprano que de costumbre a mi casa, Silvia tardaría en llegar por lo menos dos horas por lo que para aprovechar el tiempo me fui al patio trasero de la casa para hacer algo de ejercicios, no llevaba ni quince minutos levantando pesas cuando sentí que alguien se metía en la piscina de mis vecinos, por curiosidad me levanté a observar y me encontré a Rebeca bañandose desnuda en la piscina, ella al verme actuó como si fuese lo más natural del mundo el que la viese desnuda, saliendo de la alberca tomó una pequeña toalla y comenzó a secarse su abundante cabello rubio mientras me hablaba, yo por mi parte en ningún momento quité mis ojos del cuerpo de ella, para mi era clara su intención de excitarme lo que había logrado con relativa gran facilidad y tan solo esperaba la oportunidad para saltar sobre su desnudo cuerpo y meterselo por donde se me antojase, pero justo sonó su teléfono y ella como si nada toalla en mano me dejó con colgado en la verja que separaba nuestras propiedades, y mientras se alejaba para atender el teléfono yo observaba como sus firmes nalgas se movían hasta que desapareció dentro de su casa, yo estaba a punto de saltar la condenada verja cuando Rebeca re-apareci&o

acute; por la puerta, en esos momentos se encontraba ligeramente vestida con una minúscula bata de baño y con pasos firmes tan firmes como sus senos se dirigió hacía donde yo me encontraba todo excitado y loco por meterle mano, con voz seductora me hiso saber que su marido se encontraba a punto de llegar que luego continuaríamos hablando, sin más se desprendió de la bata y dandome la espalda se tiró a la piscina, yo pensaba que era un broma de ella con el fin de calentarme más, hasta que escuché la voz de Sixto preguntando donde ella se encontraba, a lo que Rebeca le contesto que en la piscina esperandolo, yo ante tal situación no me quedó más remedio que volverme a ocultar tras las ramas y ver como mis vecinos mantenían otro encuentro sexual a pocos metros de mi, desde luego que me hice otra puñeta mientras los espiaba y saciaba mi bouyerismo.

Esa tarde a penas llegó Silvia mi mujer, la asalté en medio de la sala sin darle tiempo a que terminase de llegar a la casa. Al día siguiente cuando me dirigía a mi trabajo me encontré caminando a Rebeca con rumbo a un pequeño Centro Comercial cercano a nuestras casa, le ofrecí llevarla en mi auto y sin necesidad de insistir se monto en el auto, apenas cerró la puerta yo arranqué al tiempo que le preguntaba que deseaba hablar con migo el día anterior, Rebeca con una sonrisa seductora fue directa diciendome que ella tenía ganas de pasar un buen rato en la cama con un hombre como yo, valga decir que entre Sixto y mi persona hay marcadas diferencias, él es algo más pequeño que ella de estatura, delgado por no decir flaco, a pesar de lo mucho que se la pasa en la piscina su color de piel es casi cadavérico, y presenta un par de entradas en su insipiente calva que de seguro pronto tendrán salidas, mientras que yo soy alto de porte atlético y no es por alabarme yo mismo pero casi todas las mujeres del banco han pasado agradables momentos con migo en mi oficina. Por lo que su comentario no me extraño justo en ese momento le ofrecí que siguiéramos para un hotel cercano con el fin de darle gusto a ella, pero cuando nos encontramos cerca del centro Comercial me pidió que me detuviese para ella bajarse, yo no pensaba complacerla pero me indicó que el auto que venía tras nosotros era el de su marido, y desde luego que caballerosamente la complací, al descender del mi auto me dí cuenta que la muy calienta vergas o no usaba pantaletas o eran de esas tipo hilo dental que se le desaparecen entre las nalgas de quienes las usan. Al arrancar dejé que Sixto me pasará para luego regresar al Centro Comercial donde mi futura presa, me costó algo de tiempo el localizarla pero cuando lo hice la invité a tomar un café para poder poner en claro nuestro mutuo interés, de la misma forma que me dijo que se quería acostar con migo me soltó que tan soló lo haría si su marido se acostaba con mi mujer, eso fue como un baño de agua fría que me echó la muy puta, de momento y por salir del paso le respondí que lo pensaría para darme tiempo, pero con la clara y fuerte convicción de que no era algo que se pudiese negociar, que se había pensado la tipa esa que mi mujer estaba cortada con la misma tijera con que la cortaron a ella, se encontraba muy equivocada si pensaba que yo me rebajaría a tal cosa por acostarme con ella, tipas como Rebeca me sobraban en el banco y cuidado sí hasta mejores y sin tantos problemas.

Esa misma tarde cuando regresé a mi casa mi mujer se encontraba vistiendo para salir de compras con Rebeca, y me pidió que las acompañase yo muy desinteresadamente desde luego acepté, y durante esos interminables momentos en que mi mujer entraba a los probadores de ropa, Rebeca se me acercó y me preguntó con gran naturalidad que había decidido, yo antes de responderle le pregunté a que se debía esa curiosa petición de su parte, e indagué si era idea de su marido, su respuesta me dejó más confundido aun, ya que como dijo ella era una especie de seguro ya que si su marido o mi mujer se daban cuenta de nuestro asunto no armarían ningún escandalo por ello ya que los dos también quedarían en evidencia, tras pensarlo un rato por ver como ella actuaba y buscando que me fuese adelantando algo le pregunté como había pensado ella llevar a cabo ese encuentro, tomando en cuenta que mi Silvia no era una mujer que le interesase el acostarse con su marido, Rebeca no hiso más comentarios al respecto pero me prometió el pensarlo detalladamente y

que para la próxima vez que hablaremos ya de seguro lo tendría resuelto. Su confianza me dejó impresionado y lleno de curiosidad, esa misma tarde en el Centro Comercial fue Silvia quien le dio la respuesta como luego me lo haría saber Rebeca, mientras nos encontrábamos tomando café por no peder la costumbre Silvia vio el anuncio de un espectáculo que daban en uno de los teatros de la ciudad, era algo sobre un afamado ilusionista que se encontraba de gira y que ella desde hacía mucho tiempo deseaba ver en persona, al ver el nombre del “mago” Rebeca brincó de alegría y nos comentó que ese tipo era pariente de ella que de seguro con hacerle una llamada le regalaría unas entradas para los cuatro o sea que el Sixto también nos acompañaría. Al llegar a nuestra casa se comunicó con el teatro y con la gran suerte de que se encontraba su pariente ensayando sus rutinas de magia, para hacerles el cuento largo corto les diré que no tan solo entramos de gratis, sí no que además de eso cuando pidió voluntarios casualmente escogió a Sixto y a Silvia para realizar un acto de hipnosis, fue cuando ellos dos subían a escena que Rebeca me comentó que eso lo había preparado ella con su pariente, una vez que tanto mi mujer como el marido de Rebeca fueron hipnotizados se volvieron el hazme reír de toda la concurrencia, tras un buen rato de esparcimiento “sano” los sacó del trance y los dos regresaron a sus respectivas sillas, una vez terminada la función Rebeca se empeñó en que regresaremos a nuestra casa, y estando en nuestra sala solicitó que se abriera una botella de vino, de momento cuando los cuatro nos encontrábamos conversando de lo más tranquilos sobre el estupendo acto de magia Rebeca repitió dos veces la palabra “ciclotroncho”, a partir de ese momento tanto mi Silvia como Sixto quedaron en un trance hipnótico.

Apenas me di cuenta de ello le comenté que había resuelto nuestro problema ya que al estar hipnotizados podíamos hacer lo que se nos antojase y no se darían cuenta, fue cuando ella me explicó que eso no era así de fácil, que en los casos de personas preparadas e inteligentes como nuestras parejas lo más que se podía hacer era el pre- condicionarlos para que realizaran ciertos actos pero para que tuviesen memoria de lo ocurrido la acción debía pasar realmente, y eso era lo que ella quería, fue cuando me puso entre la espada y la pared al preguntarme si yo realmente quería acostarme con ella o no, mi respuesta fue un si automático luego de lo cual Rebeca me convenció de que la dejase a ella el orientarlos para que surtiera efecto la programación hipnótica, se llevó a los dos a un lado de la sala los sentó y comenzó a darle ciertas direcciones las cuales yo no logré escuchar muy bien del todo debido al bajo volumen de su vos, pasaron unos quince minutos cuando regresó donde mi y tras tomarse una copa y darme un gran beso que me dejó más caliente y excitado que caballo en primavera procedió a dar una palmada y de inmediato tanto como su marido como mi mujer salieron del trance, y se sentaron frente a nosotros dos, mientras que Rebeca les servía a todos otra copa de vino, en eso ella misma hiso el comentario de que hacía algo de calor dirigiendo su mirada a Silvia la cual como si de momento le entrase un sofocón comenzó abrir su blusa dejando ante la vista de todos los presentes sus bellos senos parcialmente, fue luego que se dirigió a su marido Sixto y le preguntó si él realmente sentía tanto calor como el resto de nosotros, a lo que el calvo respondió en la afirmativa al tiempo que se retiraba la corbata y se despojaba de la chaqueta que había estado usando hasta esos momentos, por espacio de unos cinco o diez minutos continuamos hablando de lo bueno del acto de magia cuando Rebeca volvió atacar haciendo referencia al insoportable calor al tiempo que servía más vino en las copas de ellos, Silvia de inmediato comenzó abanicarse con una revista lo interesante era que de vez en cuando abría las piernas y sin pudor alguno se echaba aire dejando ver claramente sus pantis de color rosa, mientras que el marido de Rebeca no despegaba su vista de las piernas de mi mujer, por su parte Rebeca como siguiendo el ritmo de los hechos se despojó de la chaquetilla que estaba usando para quedar en una clara blusa transparente que me permitía el ver sus hermosos senos, luego ante la improvisada ola de calor Sixto propuso el que continuáramos la conversación al

lado de la piscina de su casa, y en camino a la piscina se despojó de su camisa, yo siguiendo las orientaciones de Rebeca me quité mi chaqueta y me puse más cómodo, al estar a la orilla de la piscina Rebeca volvió a realizar otro comentario sobre el calor y como por arte de magia Sixto se despojó de sus pantalones y mi Silvia de su falda, a partir de ese momento las cosas fueron sobre ruedas entre ellos dos, era como si tanto mi mujer y el marido de Rebeca entraron en una competencia de quien se quitaba más ropa o algo así, ya tanto Sixto como Silvia se habían quedado desnudos con la mayor naturalidad, al tiempo Rebeca y yo hacíamos lo mismo pero con cierto grado de pudor.

Aun Silvia permanecía sentada a mi lado y Sixto al lado de su mujer, cuando Rebeca comentó algo sobre lo bella que eran las piernas de mi esposa, a partir de ese instante a Silvia le dio por comenzar a acariciarse las piernas al principio para luego seguir pasando sus dedos sobre su coño, la reacción de Sixto no se hiso esperar como si el resto de nosotros no existiese se fue acercando a las piernas de mi mujer, en esos momentos Rebeca que ya también se encontraba desnuda me tomó por un brazo y dirigiendose con migo a una de las sillas tipo playeras de esas que uno se tira para tomar el sol, comenzó a besarme y acariciarme mientras que el calvo de su marido se arrodillaba frente al coño de mi Silvia y comenzaba a pasarle su lengua por los muslos de mi mujer, al principio me resultó algo incomodo ver ese espectáculo frente a mis ojos, pero cuando Rebeca se arrodilló frente a mi e introdujo mi verga en su boca, el ver como le chupaban el coño a mi mujer como que me excitó más aun, y comencé a disfrutar del doble espectáculo que tenía ante mi persona, lentamente Sixto se fue acomodando hasta que su pedazo de carne quedó frente a los labios de mi mujer y esta con avidez comenzaba a mamarle la pinga al marido de Rebeca al tiempo que esta me lo hacía a mi. Yo estaba a punto de venirme en la boca de Rebeca cuando Silvia y Sixto dejaron de darse lengua, Silvia se tiró al piso y abriendo sus piernas las colocó sobre los hombros de él, Sixto por su parte con su verga en riste la fue dirigiendo directamente al coño de ella, lentamente vi como su verga se desaparecía dentro de la vulva de Silvia, yo por mi parte tomé a Rebeca por la cintura y la coloqué en cuatro patas, dejandome esta su culo a mi completa disposición y a medida que Sixto se lo introducía y sacaba del coño a mi mujer yo se lo estaba enterrando a la mujer de él por el culo, Rebeca dio un pequeño grito de dolor pero continúo moviendo sus nalgas como lo que era como una tremenda puta, mientras que Silvia gemía de placer a medida que Sixto le daba por su coño, para mi era impresionante el ver como mi mujer se movía y disfrutaba estando con otro, mientras que el culo de Rebeca me proporcionaba un placer inmenso, hasta que al fin cuando me dispuse a eyacular dentro de Rebeca no les puse más atención a mi mujer y a su pareja, cuando terminé al buscarlos con la vista ya no se encontraban los dos, tanto Rebeca y yo nos besamos y cada quien agarró para su casa, al entrar me encontré que Silvia se encontraba aseando en el baño de abajo, yo me apuré entré al baño del cuarto me asee rápidamente y me introduje en la cama haciendome el dormido, cuando llegó mi mujer procuró no hacer ruido pero yo de todas maneras hice como que me despertaba y le pregunté donde se encontraba ella no sabía que responderme, mientra que yo por dentro me moría de la risa, al día siguiente Sixto salio de su casa como alma que lleva el diablo ni siquiera se despidió de su mujer, yo no se que les habrá dicho Rebeca pero lo que fuera ha funcionado, en ocasiones yo por joder le repito la palabra a mi mujer y hago con ella lo que se me antoja después de que la oriento sobre lo que deseo, el Sixto tampoco se ha escapado de los antojos de su mujer, y Rebeca y yo en ocasiones mantenemos nuestros encuentros pero de manera muy discreta.

 

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Acuestate con mi…

hetero+infidelidad consentida+confesiones. Una pareja, ella mayor que él unos años. En su vida sexual van variando poco a poco para evitar la monotonía, hasta un día en la cual la compañera ofrece a su propia hija para evitar la monotonía en su pareja.

Me pueden llamar Efraín, que en realidad es mi segundo nombre. Yo no soy un hombre de muchas palabras, por lo que le conté mi situación al Licenciado XXX, y él es en realidad quien las escribe, salvo estas palabras. Leer más

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