La maestra del Sexo

Hola que tal  amigos de marqueze.net , les platico que tengo años de visitar el sitio y nunca me había animado a escribir hasta ahora, Les relato mi siguiente historia. Soy un hombre de mas de 30 años, divorciado en proceso de de reinventarme para seguir disfrutando de cada uno de los pequeños detalles que nos regala la vida día a día.

Durante este proceso de “reinvención” trate refugiarme en  fiestas, alcohol y mujeres, dando por resultado una felicidad efímera, donde no trascendía de la manera que yo buscaba y al final generaba un vacio mas grande aun, durante un par de meses fue así hasta que empecé asistir a un grupo de lectura bíblica donde encontré la paz que buscaba, fue ahí en donde conocí a una joven de 24 años, su nombre , Carmen, una chica muy atractiva con un brillo especial, es profesora de educación primaria, donde pasaba deslumbraba con sus comentarios que generaban polémica.

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Era nuestra fantasia, pero…

Hola!
No se ni cómo empesar… Lo cierto es que esto me sucedió hace un par de meses aqui en Sao Paulo, Brasil. Mi nombre es Mario y vivo en esta ciudad desde hace varios años y llevo una vida bastante tranquila. Desde hace unos meses, salgo con Sol. Ella es rubia de cabello corto, bajita y con una cola respingona que me encanta llenar de leche. Para matizar nuestros calientes encuentros, mientras me monta, solemos fantasear (sobre todo ella) con la posibilidad de que un extraño la toca en un transporte público. Esto, en nuestras fantasias, significaba que alguien, muy disimuladamente, primero le arrimaría la pija por detrás, hasta que ante la pasividad de ella, mete su mano por debajo de la falda para hacerle una paja que de solo pensarlo le hacía cerrar las piernas para impedir un orgasmo. Entonces, cogemos como conejos.

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Laura y su vagina (I)

Unas hermosas y redondas nalgas se veían al final del pasillo. Fue lo que vi una mañana al regresar al trabajo tras una prolongada ausencia. Allí estaba Laura, hermosa y morena como ninguna otra mujer que había visto. Una encantadora sonrisa acompañada de una mirada seductora y, sin lugar a dudas, unas caderas que solo llamaban al deseo.

Yo soy Rafael, soltero y con un gran deseo de acostarme con una de mis compañeras de trabajo. Luego de tres miseros años en esta empresa ninguna me daba el morbo suficiente para seducirla, hasta que la vi al final del pasillo con su suéter amarillo.

Al comienzo eran simples “hola”, pero un día, al pasar por su escritorio la veo leyendo un artículo titulado “Los gritos guturales de Esperanza Gómez.

– Hola Laura

– ¿Cómo estás bello?

– Bien, disculpa que lea tu monitor pero ¿quién es Esperanza Gómez?

– Mi actriz porno favorita, conseguí un artículo donde hablan de sus gritos, en sus escenas esa mujer grita como nadie, simplemente la amo.

– ¡Genial! no la conocía, ya tengo una nueva actriz porno para mi lista, deberías buscar a Alexis Amore, esa es mi favorita.

Esta era mi primera charla de porno en la oficina. Ese día le pedí su número y al caer la noche me decía que su padre cumplía años, y yo solamente pensaba en su cuerpo desnudo y en masturbarme. Pensaba en como luciría su vagina, jamás había visto en persona la vagina de una mujer morena. Con un poco de timidez le conté que me masturbé pensando en ella. Tiempo después supe que, en ese momento, no se sintió muy cómoda.

Los días pasaron lentamente y Laura se abría más en los temas de sexo. La mañana de aquel 23 de junio tuvimos que compartir un vehículo de la empresa. Íbamos en el asiento trasero y ella tocaba sus senos y el chófer no la veía, rozaba sus pezones y pasaba su mano lentamente sobre su vagina. En algunas esquinas Laura se acercaba y colocaba su mano sobre mi verga dura. Es cierto Laura me tenía excitado y solamente quería verla desnuda y hacerla mía.

Al regresa a la oficina cogimos mi carro y salimos a comprar almuerzo. Ella había extraviado su tarjeta de débito y yo le pagué la comida, quizás lo utilicé de herramienta para conseguir lo que quería al final, quizás fui un buen compañero. Jamás lo sabré.

En el camino de regreso me estacioné en una calle sin tránsito y me abalancé sobre ella le bajé la blusa y mientras el sudor bajaba por su pecho hasta sus pequeños y hermosos senos, yo lamía su pecho persiguiendo esa esquiva gota de sudor. Los besos se llenaron de deseo, ambos queríamos desnudar al otro. En ningún momento pensamos que esto iba a ocurrir, pero esa misma noche tomamos la decisión que cambiaría nuestras vidas durante un año, misma decisión que me volvería adicto a la vagina más dulce y deliciosa que he probado.

Continuará…

 

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