El principio de todo

Carla tiene 26 años. Es una mujer de las que hacen volver la vista, aunque yo no la había mirado nunca de esa forma. ¡Es mi hermana! A principios de junio, apareció una noche en mi casa toda llorosa, y me contó que acababa de romper con Luis, su novio desde los 22, con el que llevaba conviviendo casi dos años. En mi casa hay una habitación libre, de forma que no tenía ningún problema para alojarla, y se instaló provisionalmente, “hasta que encuentre algo”. No me importó, siempre nos hemos llevado muy bien, y por aquel entonces yo también vivía solo. Además, estoy seguro de que si alguna noche hubiera llegado acompañado, a Carla no le habría molestado, pues ella es muy discreta.

El mes pasó volando, y para el veintitantos, una noche después de cenar surgió el tema de las vacaciones. Resultó que ambos las disfrutábamos en agosto, y no sé muy bien cómo, nos decidimos a alquilar un apartamento en la playa para los dos. Tampoco entonces me pareció nada del otro mundo, que ya he dicho que nos llevábamos muy bien, y al estar ambos sin pareja… Seguro que lo íbamos a pasar muy bien, y si alguno de nosotros encontraba a alguien, pues bueno, somos mayorcitos ya, nuestros padres nos educaron un tanto liberalmente, y ni a ella ni a mí nos parecería mal que el otro llevara compañía al apartamento. Eso pensé. Hicimos los arreglos con una Agencia. Resultó que era algo tarde ya, y que casi todo estaba alquilado. Al final, nos ofrecieron un pequeño chalet al lado mismo de la playa, pero “apartado del bullicio” (o sea lejos de la ciudad) con dos dormitorios, un amplio salón, una terraza con muebles de junco, un baño y un aseo. Se veía bien en las fotos, y aunque el precio era algo alto, pagado a medias… Total, que dimos la señal.

No volvimos a hablar del tema hasta finales de julio. La verdad es que, a pesar de vivir en la misma casa, nos veíamos muy poco, un momento por la mañana, porque ella se levantaba casi cuando yo salía, y por la tarde cuando llegábamos de trabajar. Cenábamos juntos casi todos los días, algunas veces mirábamos un programa de TV, y luego, cada uno a su dormitorio, y hasta el día siguiente. Sería como el día 25 cuando una noche ella me dijo que había hablado con su amiga Mariluz, que tampoco tenía plan para el verano, y que si no me importaba ser tres en lugar de dos. No me importó, por supuesto, que yo conocía a Mariluz aunque llevaba algún tiempo sin verla, pero recordaba que estaba muy, pero que muy bien.

Y llegó el día de la marcha. Cargamos mi coche con el equipaje de los dos, dejando sitio para el de Mariluz, y nos fuimos a buscarla. Luego, nos pusimos en carretera, charlando animadamente. Yo conducía, Carla se sentó a mi lado, y Mariluz detrás. Habíamos salido tarde, hacía calor, y como una hora después, Mariluz dejó de participar en la conversación. Haciendo un medio quiebro con la cabeza, miré por el retrovisor, y estaba dormida, pero no fue eso lo primero que vi. Lo primero, es que tenía la falda subida hasta la cintura, y mostraba (¿inocentemente?) la entrepierna de unas braguitas blancas de encaje, que dejaban traslucir perfectamente un triángulo más oscuro sobre el refuerzo.

A partir de ese momento, tuve que hacer grandes esfuerzos para no quedarme mirando fijamente en detrimento de la atención a la carretera. La vista de Mariluz me había producido una erección instantánea, producto mayormente de los tres meses que llevaba sin sexo. Me volví hacia Carla, y tuve también que volver la vista apresuradamente. Mi hermana se había puesto una minifalda, que tenía inevitablemente subida hasta casi las ingles, se había desabrochado dos o tres botones de la camisa de manga corta que llevaba, con lo que quedaba al descubierto su sujetador negro y casi la totalidad de sus pechos. Ya he dicho que nunca he visto a mi hermana como una mujer, y más que pensamientos pecaminosos, me produjo un poco de “corte” la visión de sus senos, y sus preciosos muslos. Así que en lo sucesivo, me obligué a mirar fijamente hacia delante.

A la

una y media llevaba ya casi tres horas conduciendo, y necesitaba imperiosamente hacer una “parada fisiológica”. Una señal informativa me indicó que había un restaurante cercano, y tras consultarlo con Carla (Mariluz seguía sin dar señales de vida), decidí que aquel sitio era tan bueno como cualquier otro para comer. Una vez detenido, me volví hacia la amiga de mi hermana. Seguía en la misma postura, pero la falda se había subido aún más, con lo que quedaba al aire la totalidad de sus braguitas, hasta el punto que pude ver una porción de su vientre sobre el elástico. Casi balbuceando, le pedí a Carla que la despertara, y huí hacia los baños, donde tuve ocasión de experimentar de nuevo lo difícil que es orinar cuando se tiene una erección como la que mantenía desde hacía rato.

Cuando terminamos de comer, les ofrecí a las chicas las llaves del coche, porque me estaba empezando a tentar también el sueño. Carla se brindó a conducir, y yo imaginé que Mariluz se sentaría en el asiento del copiloto. Pero no, se vino conmigo atrás, entre las risueñas protestas de Carla, “voy a parecer vuestro chofer”. Me acomodé y eché la cabeza hacia atrás, sin querer mirar a Mariluz, y me dejé invadir por la modorra, ese estado en el que no estás dormido ni despierto, sino todo lo contrario. Cuando al rato sentí sus pies desnudos sobre mis muslos, abrí los ojos y me incorporé inmediatamente. Se estaba tumbando a todo lo largo del asiento, sujetándose la falda sobre el pubis, y (¿sin querer?) al hacerlo me rozó el paquete, que empezó a ser de nuevo ostentosamente notorio. Una vez que se hubo acomodado, cerró los ojos, y soltó la falda, que de nuevo me permitió ver la totalidad de sus piernas y sus braguitas. Se me pasó el sueño como por ensalmo.

Los siguientes kilómetros fueron un suplicio. En dos ocasiones encogió ligeramente las rodillas durante unos minutos, con lo que se le formaron esos huequecitos entre las bragas y las ingles, ya saben, que siempre me tientan a meter el dedo por ellos. Y la segunda vez, su pie quedó decididamente apoyado sobre mi entrepierna, con los efectos que se pueden imaginar. Finalmente, no tuve más remedio que pedirle a Carla que parara un momento, para sentarme a su lado “y dejar dormir a Mariluz tranquilamente”. Carla me obsequió con una mirada irónica, pero no dijo nada.

Por fin llegamos a nuestro destino, y tras preguntar a un policía de tráfico, dimos con la dirección, donde nos esperaban con las llaves. Una rápida inspección de la casa nos indicó que había sido recién limpiada, lo que siempre es de agradecer. De los dos dormitorios, el más grande estaba equipado con una cama de matrimonio e incluía el baño, mientras que el otro tenía dos camas individuales. La elección fue fácil: ellas se quedaron con el de las dos camas, y yo el otro. Después de deshacer el equipaje, decidimos salir a comprar lo más necesario, para tener al menos desayuno para el día siguiente, ya que no pensábamos cocinar en todo el mes. Yo estaba deseando darme una ducha, pero se me adelantaron, y entraron juntas en el de mi dormitorio. Por cierto. ¿Se han fijado alguna vez en lo curioso que resulta que dos mujeres no tengan ningún reparo en entrar juntas al aseo, mientras que el mismo hecho es impensable entre dos hombres? Bueno, ahí queda para los sicólogos o sexólogos, o quienes corresponda explicarlo.

Después de lo ocurrido en el viaje, es fácil imaginar que mi fantasía volaba, mientras esperaba sentado en la cama que me había tocado en suerte, y recreaba imágenes de dos cuerpos femeninos desnudos en la ducha, que intentaba apartar rápidamente, porque una de ellas era mi hermana. Pero la imagen mental volvía una y otra vez, para mi suplicio. Como llevaba puesto sólo un pantaloncito de baño, decidí disimular lo que se imaginan con una toalla puesta sobre mis muslos. Y el rumor del agua de la ducha, y las risitas que oía casi de continuo a través de la puerta cerrada, no contribuían en nada a calmarme, así que me fui a la sala de estar.

Carla salió primero. Para pasar de mi dormitorio al otro, forzosamente tenía que atravesar por delante de mí, cosa en la que yo no había pensado. Carla no es una exhibicionista, y en mi casa solo un par de veces tuve una fugaz visión de su cuerpo en ropa interior, imagen que no me turbó en absoluto. Pero aquell

o… Llevaba una toalla sujeta en torno a la cintura, que alcanzaba justo a taparle “hasta ahí”, y nada más, aunque se cubría pudorosamente los pechos con los brazos cruzados. Bueno, es mi hermana, ya lo he dicho, y nunca había tenido ningún pensamiento obsceno. Hasta ese momento. Me dirigió una sonrisa como turbada, entró en el dormitorio que compartiría con Mariluz, y cerró la puerta. Y, ahora sí, me fui a esperar a la terraza, para no ver a la otra chica salir del baño. Ni modo.

Me llamó desde el umbral de mi dormitorio, para avisarme de que ya habían dejado libre la ducha, e instintivamente, me volví. ¡Ojala no lo hubiera hecho! Imagínense el tanga más pequeño que puedan. Pues era aún más pequeño, se lo prometo. Eso por abajo. Por arriba, nada, sólo las manos sobre sus senos, tapando apenas sus pezones. ¡Ah!, y una toalla arrollada a la cabeza, recogiendo su pelo rubio ceniza, largo hasta las caderas. Huí al interior del cuarto de baño, donde antes de ducharme hice lo que me habían obligado a hacer. Solo que la calentura no disminuyó.

Una vez en la zona comercial, ellas me dijeron que iban a comprarse unos bikinis (¿por qué las mujeres se compran siempre un bikini el primer día de playa?) y a la “pelu”, y a mí me tocó el “súper”. Quedamos citados en la terraza de una cervecería cercana. Cuando llevaba casi una hora esperando, e iba ya por mi segunda “Spaten” tirada lentamente, como mandan los cánones, empecé a fijarme en una mujer como de 25 años, que estaba sentada sola, leyendo un libro. ¡Caramba, era una preciosidad!

Llevaba un vestidito de esos de una pieza, de tela liviana, estampado con flores, que por arriba se sujetaba con dos cintitas a unos hombros redonditos, muy tostados por el sol. Tenía unos pechos redondos, descaradamente altos, y se notaba fácilmente que entre ellos y el vestido no había nada. Aunque tenía las piernas cruzadas, la falda cortita estaba púdicamente subida solo hasta la mitad de dos muslos bronceados y muy bien hechos. Melena corta, de color castaño, unas gafas de esas sin montura, que tienes que fijarte para ver que están ahí, el ceño graciosamente fruncido, y unos labios rellenitos, que tentaban a mordérselos.

Como yo no le quitaba ojo de encima, pasó lo que tenía que pasar, y es que me sorprendió mirándola fijamente. La primera vez, bajó los ojos rápidamente. La segunda, sostuvo mi mirada unos segundos. A la cuarta o quinta, creí notar un esbozo de sonrisa (¿invitadora?). Decidí averiguarlo, y me puse en pie. Y en ese momento, ¡zas!, una mano que me tapa los ojos juguetonamente, y dos pechos pegados a mi espalda. Para cuando Mariluz quitó la mano, mi desconocida se levantaba, me pareció que con cara de enfado. ¡Un posible plan que se había ido a la porra! Me sentí estafado.

Estaba con dos mujeres, pero una era mi hermana, y con la otra, pues era todo un problema intentar algo, entre las dos me habían puesto recaliente, encuentro una posibilidad de “ligar” y me la chafan. ¡Las hubiera matado! Bueno, ni modo. La única compensación es que estaban guapas de veras. Se habían cortado ambas el cabello muy cortito “para estar fresquitas”, y no hay para mí nada más incitante que el cogote descubierto de una chica, para morderlo suavemente y… Me obligué a pensar en otra cosa, que ya volvía a las andadas.

Para entonces ya eran más de las 20:30, así que dimos un corto paseo, y luego nos sentamos a cenar al aire libre en un restaurante especializado en pescado. A eso de las 23:00, después de unos cafés y unos helados tras una deliciosa fritura variada acompañada de ensalada, Carla (que era la única que no había dormido nada durante el viaje) empezó a bostezar ostensiblemente, así que decidimos dar por finalizado el primer día, y nos fuimos a casa.

Escarmentado por la historia del baño, prendí la TV y empecé a cambiar distraídamente de canal, para darles tiempo a utilizarlo antes de ponerme el “traje de noche”. Pero no, que se fueron directamente a su habitación. Unos minutos después, estaba a punto de apagar el televisor, cuando salió Mariluz, y se sentó a mi lado. Tengo que describir lo que vi: Por encima, un somero sujetador de bikini, que tapaba justito los pezones, que abultaban claramente la tela. Por debajo, un pareo bien ceñido a sus caderas. Pero al sentarse, se ajustó a sus nalgas, marcando perfectamente la separación entre ellas (¿tanga, o n

ada? -Pensé-).

– ¿Qué miras? – Nada en especial -respondí-. Estaba a punto de acostarme.

– Tu hermana ha caído en la cama como un cesto -replicó-. Pero yo no tengo sueño, y pensé que, a lo mejor, querrías charlar un rato, mientras tomamos algo.

¡Claro que “querría”! Se lo dije. Mariluz se levantó, y se fue hacia una pequeña nevera, que yo había aprovisionado con el resultado de mis compras de la tarde. Y entonces fue cuando la abrió, y la luz interior hizo transparente el pareo, fino como una gasa, que la cubría por debajo. ¡Y era “nada”! Miren, cuando una chica lleva braguitas, la abertura entre las piernas vista al trasluz, es lisa, más o menos abultadita, pero lisa. Y a ella la tenía muy abultadita, pero se le veía perfectamente sobresalir un penachito de vello, o quizá los labios menores de su vulva. Y ¡hala!, yo volví al estado que ya podía considerar casi normal aquel día.

¡Menos mal que preparó flojita la cola con whisky que le pedí, porque tuve que acabármela de un trago, para tratar de extinguir mi incendio interior! Pero como si nada, que aquello tenía una, y sólo una, forma de remediarse. Empecé a pensar que a lo mejor, con mi hermana dormida, quizá… De eso nada. Aunque llevé “hábilmente” la conversación al tema de las relaciones íntimas y eso, ella se mantenía absolutamente en el papel de “amiga de mi hermana”. Intenté arrimarme un poco más, pero ella se separó. Cuando puse “sin querer” una de mis manos sobre su muslo no se apartó, pero siguió hablando como si no se hubiera dado cuenta. Unos segundos después dijo: “¿me permites?” mientras iniciaba el gesto de cruzar las piernas, con lo que tuve que retirarla, y ello empeoró más las cosas, porque sus piernas sobresalieron por la abertura, hasta casi las ingles, pero ella seguía en el mismo plan amistoso y tal. Y, finalmente, tuve que rendirme a la evidencia de que, por lo menos aquel día, me iba a quedar con las ganas.

Total, que fingí un bostezo, y dije que me iba a dormir, porque aquella situación no podía mantenerla mucho tiempo más. Por el dolor de testículos, más que nada. Camino de mi dormitorio, salió Carla del que compartía con su amiga. Una camiseta cortita, que le dejaba el ombligo al aire, y unas braguitas por todo atuendo. Huí lo más dignamente que pude.

A pesar de todo, creo que me dormí casi instantáneamente. Había dejado la puerta entreabierta (costumbre de vivir solo) aunque en verano no suelo dormir con mucha ropa, y aquel día de bochorno estival, “no mucha” era “ninguna”. Vaya, que estaba desnudo sobre la cama. La oscuridad era absoluta, aunque la ventana estaba abierta de par en par, porque no había alumbrado público cerca. Soñé… ¡Y vaya sueño! Estaba desnudo en una habitación de estilo oriental, tendido sobre unos cojines, bebiendo algo deliciosamente frío, con sabor a frutas, que acababa de servirme una especie de odalisca, con la cara cubierta por un velo, que era su única ropa.

Después de dejar la bandeja sobre una mesita baja, se acuclilló a mi lado, con lo que pude contemplar su sexo, apenas oculto por un ligero vello de color rubio ceniza (¿comprenden por donde iba mi ensoñación?). Porque, efectivamente, vi perfectamente sobresalir sus pliegues, formando como una especie de penachito… Y mientras miraba hipnotizado aquel coñito tentador, ella empezó a pellizcarme suavemente las tetillas, con lo que “mi amigo del alma” comenzó un imparable camino a la verticalidad. Entonces pude ver por el rabillo del ojo como una segunda odalisca, tan “vestida” como la primera, se arrodillaba a mi lado, aunque de esta solo se veía, por la postura, una pequeña mata de vello oscuro recortadito, entre sus muslos apretados. Unas manos suaves y frescas me pusieron un pañuelo de seda sobre los ojos, que anudaron tras de mi cabeza.

Unos segundos después, otras manos (o las mismas, ¡que sé yo!) se hicieron cargo de mi pene, y empezaron a moverse muy suavemente arriba y abajo, dejando apenas al descubierto el glande, para luego ocultarlo en el siguiente movimiento. Otra mano inició un suave masaje, casi una caricia, en mis testículos. Me abandoné durante un poco de tiempo a las increíbles sensaciones. Luego, tendí una mano hacia la hurí más cercana, y atrapé un pezón erecto, que empecé a acariciar suavemente. Y entonces me desperté.

Tenía mis manos puestas efectivamente sob

re un pezón que era como un minúsculo pene hinchado, y dos manos se dedicaban, una a mi verga, y la segunda a mis testículos. Debí quedarme quieto, pero no. Me incorporé. Y mi hurí “real” (que era una, no dos como en el sueño) huyó, dejándome en la mano la sensación de una nalga firme, que apenas tuve tiempo de acariciar mientras se levantaba apresuradamente. Sin reparar en que me encontraba como mi madre me trajo al mundo, salí tras ella, pero solo alcancé a ver cerrarse la puerta del otro dormitorio. ¡Joder con Mariluz! Pero podía haberse mostrado “más cooperadora” cuando hubo ocasión. Además, si me estaba haciendo una paja tan sensual, ¿por qué en lugar de quedarse a acabar lo que había empezado, se daba a la fuga? No entendía nada. Sólo que yo estaba muy, muy caliente.

Así que, sin reparar en nada, abrí silenciosamente la puerta de la habitación de las chicas, y entré. Como tenía la vista acostumbrada a la oscuridad, no me costó nada entrever dos siluetas femeninas, ambas tan desnudas como yo mismo (o eso me pareció), abandonadas en el sueño que yo sabía que era fingido en el caso de Mariluz.

¿Y ahora qué? No sabía quién era quién, ni veía un pimiento, aunque me había acercado bastante a una de ellas, así que podía equivocarme, y despertar a mi hermana. Me imaginé la escena: Carla se despierta sobresaltada, enciende la luz de la mesilla, y me encuentra inclinado sobre su cuerpo desnudo, con mi pene “en presenten armas”. ¿Qué le digo? ¿Qué me diría? Total, que después de unos minutos en los que traté de advertir algún signo que me permitiera reconocer cual de las dos mujeres desnudas era mi hermana, no tuve más remedio que retirarme a mi dormitorio, y aliviarme imaginen cómo.

Autor: A.V.

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Una escapada en pareja, escena III

La jornada se presentaba tranquila. Durante la mañana, andamos de la cama a la terraza, tomamos un desayuno algo tarde, visionamos las grabaciones, comentando lo excitante que resultaba cada situación, nos animamos y follamos, sin demasiada fantasía, diciéndonos lo que nos había gustado de nuestras aventuras.

Sinceramente, creo que Gema simuló su orgasmo.

Bajamos a la piscina y en el pasillo encontré a la camarera, le pedí que arreglara la habitación. Era la hora de comer, como de costumbre por separado. Gema salió antes que yo, llevaba un short bastante cortito con una camiseta de malla transparente, debajo el bikini blanco y un bolso con alguna revista, y pensé que por ahora no tendríamos demasiada actividad, ya que la situación se había convertido en un corre turnos, ahora tu, ahora yo.

Esta vez nos colocamos en diferentes sitios, yo me acomodé mas cerca del jardín, aunque con vista a la piscina, llevaba el ipad y buscaba un sitio de sombra y estaba dispuesto a ponerme al día en cuanto a la vida diaria.  Pedí un martini, y cuando me instalé busqué con la mirada donde se habría colocado mi mujer, y gran sorpresa para mí, estaba junto a la pareja de jóvenes que ayer no dejaban de mirarla.

Los veía muy animados, la chica entró en la piscina y volvió al instante, me fije en ella, tenia un cuerpo precioso, la piel muy morena, andaba con gracia juvenil, casi de puntillas, con bikini turquesa. Me di cuenta que Gema y el chico la miraban y se reían, mientras la chica se pavoneaba inocentemente delante de ellos, ahora se pasaba el cepillo por el pelo mojado y negro, no podía creer que se empleara en ellos, le mande un whatsapp con: (¿?), ella al instante me contesto: no he tenido ni que lanzar el anzuelo,te veo en el baño, la vi bromeando con el chico, como queriendo saber que había escrito en su móvil.

Me levanté y me dirigí hacia el baño que había en el edificio, al instante apareció Gema, me dijo:

– Al llegar, pedí una tumbona, he colocado el bolso y la revista, y al instante el chico con el pelo rizado y bañador celeste, no ha tardado ni diez minutos en tirarme los tejos y ofrecerse en pareja, parece que conocen al chico de ayer y los ha puesto en antecedentes, mientras tonteaban conmigo me he estado fijando en la chica, la piel tersa, morena, se le trasparentan los pezones y tiene que estar totalmente rasurada porque la braguita se le meten entre los labios vaginales, te puedo decir que he mojado mi bikini con solo observarla y el chico se ha dado cuenta, él actúa como proxeneta, ahora solo quiero follarme a esa chica, quiero comerme su chochito.

– Pues adelante. le dije yo,

-En 30 minutos estaré subiendo,

– OK, le conteste,

Termine mi aperitivo y me dirigí de nuevo a la habitación, no hacía ni una hora que había salido, y afortunadamente la camarera salia dejando la habitación inmaculada. Ya me encontraba en mi puesto de voyeaur, revisé la habitación, puse de nuevo la bolsa de los juguetes eróticos de Gema cerca de la cama, donde ella la vería nada mas llegar, me asome entre visillos y los vi saliendo de la piscina. Desde la mirilla de la puerta observé como se dirigían hacia mi, me fije en las caras de todos, la chica venia un poco en alerta, no estaba lo relajada que el resto, que se reían y tonteaban, el chico le tocaba en culo a Gema, mientras ella le seguía el juego, oí como abrían la puerta y me fui a mi puesto, desde ahora el monitor seria mis ojos y los auriculares mis oídos, salieron a la terraza que les causo la misma impresión que a todos cuando fuimos llegando, se tumbaron, fueron al bar, se asomaron a ver las piscinas y el mar.

Gema entró a la habitación y se desnudo del bikini, se puso una bata de seda corta, tipo oriental, en color blanco sin nada abajo, yo mientras cambié a la cámara de la terraza, donde estaban coordinando la actuación, oía que el chico le decía:

– Lucia, la vieja quiere follarte, ponla caliente que  le daremos caña, Hay que aprovechar, esta es una oportunidad para divertirnos y sacarnos una pasta.

Estaba claro que estaban organizados.

Desde mi habitación escuche como Gema pedía a Lucia que viniera para ayudarle a no se que, pero al instante estaban saltando chispas, Gema no tardo en meterle mano, comenzaron a besarse y cayeron en la cama, veía a Gema desde atrás, los muslos y su culo aun con la bata puesta, la chica estaba sumisa dejándose hacer, esperando que ella disfrutara de su cuerpo.

Gema se quito la bata y comenzó a chupar esas tetas preciosas y jóvenes, con el pezón que ya adivinaba desde que se conocieron en la piscina.

Se incorporo el chico en la escena, metió su cara entre las piernas de Gema mientras se tocaba la polla, se incorporó y de rodillas penetró a Gema desde atrás, noté que a Gema le molestó la penetración, aún no estaría lo suficiente excitada.

Gema acabo por liberar a Lucia del bikini, era como si ya hubiera tenido sexo con ella, porque había acertado en como seria el cuerpo de la jovencita, los labios redondeados y totalmente rasurados. Los abrió como si de una ostra se trataran y buscara la perla en el interior , comenzó a chupar su coño, oía por los auriculares la banda sonora de la escena, consistía en gemidos, jadeos, más, así y sigue sigue más. El otro chico, Héctor era su nombre, seguía follando a Gema, le envestía sacando y metiendo su polla que ahora descubrí el tamaño XL que tenia, me pareció descomunal para ser un chico tan joven.

Mi mujer y la chica se estaban dando un festín, lo mismo se tragaban una verga que se morreaban, Héctor tumbado hacia arriba con la polla como el mástil de una bandera, cogió a Lucia y la  montó encima también mirando hacia arriba, le metía la polla desde atrás, Gema de una salto cogió su arnés de látex negro que tanto había usado conmigo, y la penetró, Héctor metió la XL en el culo de la chica, que se quejaba del tamaño.

Me fijé en la cara de Gema, estaba tan excitada como la había visto pocas veces, el látex entraba en los labios vaginales y empujaba, mientras pellizcaba las tetas de la chica, que se quejó no se por cual de la sodomización a la que estaba siendo sometida y para mi sorpresa Gema le dio un bofetón y luego otro, no hubo ninguna reacción a esto, desde la cámara cenital veía la cara de la chica sufriendo de placer y dolor, sudaba, el pelo revuelto, y un enjambre de miembros, manos, brazos, vergas.

El chico dejó de encularla y se coloco de rodillas junto a la cara de Lucia, descargo su semen en la cara, el  pelo y pecho, cogió por el pelo a Gema y la llevó de cara a toda esa descarga, mientras que acababa con su descarga en la cara de Gema. La chica ahora chupaba la polla de su pareja,  mientras Gema mira hacia una cámara como diciendo que no entiende, mientras Lucia le da al chico en la boca parte del semen que tiene por toda su cara,  Gema lamé con ellos, y besa a la chica mientras se monta de nuevo sobre ella y ahora mas tranquila vuelve a penetrarla con un movimiento de cadera acompasado, esta claro que Lucia tenia todavía mucho que dar, se unen con brazos y piernas cuando veo y oigo que el orgasmo esta llegando, Gema la besa como una novia, oigo que le pide perdón por haberle pegado, Lucia la besa con una sonrisa, y el chico se quedan en la cama mientras Gema y Lucia van las tumbonas de la terraza.

Héctor se colocó entre las dos mujeres como un adonis, ellas lo acariciaban y él se dejaba, pronto comenzó a estar preparado para otra sesión, besaba a una y a otra, Lucia besaba las tetas de mi mujer mientras era penetrada por el chico, veía la escena desde mi puesto y ya casi me resultaba normal ver como mi mujer era follada por unos y otros, en esta ocasión no hubo demasiadas excentricidades ni posturas, él encima de ella se limito a dejarla destrozada con su fuerza y un sin cesar movimiento de cadera hasta que vi como ella apretaba sus labios y cerraba los ojos, su cuerpo se arqueaba hasta caer derrotada, él no tardo ni un minuto en sacar su polla mojada de los jugos que habían compartido en lo más profundo y se besaban mientras Gema los acariciaba.

Tomaron un aperitivo en la terraza y fueron desapareciendo de la escena, creo que ya habíamos tenido bastante para una primera vez, ella se fue al baño, entré y  la seguí,  la contemple mientras caía el agua por su cuerpo, sentí ganas de poseerla lo mismo que había visto en estos días pasados, ella me dijo que lo dejara para cuando volviéramos a casa, besé a Gema y me tumbe con ella a tomar una copa, pedimos una comida ligera, los camareros del hotel debían de estar locos,  cada vez que subían había diferente gente en la habitación, hablamos sobre que haríamos con las grabaciones, y si las usaríamos en un futuro, ahora quedaba recoger todo el material, ya que al día siguiente saldríamos pronto de vuelta a casa.

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Después del Cine (continuación de “En el baño del cine”)

Segunda parte de “En el baño del cine”

En el baño del cine

 

Ya conté en la primera parte, como fue que tuve sexo con una total desconocida en el baño del cine, fue en el estacionamiento del cine, donde pregunté su nombre,..

-Dana, contestó con un poco de inseguridad, ¿y tú? Replicó.

Yo le di el primer nombre que me vino a la mente, ella sonrió viendo mi tarjeta, y le dije, lo sé, pero tu tampoco me estás dando tu nombre real.

– Pero yo ya se tu nombre, viene aquí en tu tarjeta.
– No me parece justo que tu sepas mi nombre y yo no sepa el tuyo.- Le dije.
– Me llamo Denisse, respondió, mostrándome un gafete del cine.
– ¿A donde quieres ir? Le pregunté.
– Vamos a pasear un rato, aún no tengo que llegar a mi casa.

Le abrí la puerta de mi camioneta,.. Un caballero, dijo con una sonrisa y subió, paseamos un rato por el malecón, el cual debo añadir que es hermoso, yo no dejaba de acariciar su pierna y ella la mía, mientras platicábamos de cosas superficiales, noté que no hacía preguntas personales, y yo tampoco llevé la plática a esos temas.

– ¿Hacia dónde vas?, me preguntó, cuando noto que salía del malecón.
– Ya sabes hacia dónde voy,..¿Tenemos tiempo?, le pregunté.
– Si, me respondió acercando su mano a mi pene sin tocarlo.

Me detuve en una farmacia a comprar condones y un lubricante, compre agua helada y golosinas, y me dirigí hacia un motel al norte de la ciudad, al entrar noté que observaba todo, y le pregunté si no había estado en ese motel antes, y me respondió,.. En este no.

Pagué la cuota, por una ventanilla dispuesta para eso y volteé a verla, sonreí al ver como ella comenzaba a desvestirse, me acerqué a ella y bese su cuello, ayudándole a desvestirse, le quite la playera de su uniforme y vi de nuevo esos pechos lindos pequeños pero firmes y redonditos, esta vez le desabotoné su brasier, con delicadeza, había tiempo y pensaba disfrutarla toda, dejé caer su brasier al suelo y vi sus pezones de color rosa ya paraditos, comencé a sobarlos despacio pasando la punta de mis dedos por todo el contorno, notando como su respiración de agitaba un poco más, los bese despacio sin prisa mientras bajaba mis manos por su cuerpo y agarraba firme sus nalgas, le di varios lengüetazos mientras desabotonaba su pantalón, al intentar bajarlo me detuvo,.. -No es justo, tú no estás desnudo- me dijo, yo sonreí y me incorporé y besé su boca mientras ella me quitaba mi camisa, metí mis manos por su pantalón directo a sus nalgas y así bajé poco a poco besando su cuerpo, pasé por sus pechos y seguí bajando al mismo tiempo que bajaba su pantalón, acariciando sus piernas y hasta que mi cara quedó frente a su vagina, la vi con deseo en esa tanga rosa pálido, le ayudé a deshacerse de sus zapatos y el pantalón, y me acerque a olerla, olía a nuestro previo encuentro, me levanté y la vi a los ojos quitándome mi pantalón y dejándolo caer, ella se agacho y besó sobre mi bóxer mi pene que ya para ese entonces estaba erecto, me deshice de lo que me quedaba de ropa y le dije; -ven, me quiero bañar contigo, para ese entonces mi calentura era increíble y notaba la suya, le quité la tanga en el baño y deje caer mi bóxer en el suelo, mi pene estaba erecto y ella lo tomó con sus manos y me llevó bajo la ducha, nos besamos mientras el agua corría por nuestros cuerpos, comencé a enjabonar su cuerpo sin dejar de besarla, nos separamos del beso para tallar todo su cuerpo con jabón, su piel tersa y blanca parecía porcelana, terminé de enjabonarla y con el agua la limpié,.. – Me toca, dijo sonriendo.

Ella enjabonó mi cuerpo con una mano mientras con la otra masajeaba lento mi pene, talló mi espalda y me abrazó por detrás restregando su cuerpo al mío, me excitó sentir sus pechos en mi espalda y me volteó, terminó de enjuagarme y la abracé cargándola y subiéndola a mi por sus piernas coloqué mi pene en la entrada de su vagina que ya estaba lubricada por sus fluidos y la penetré despacio, se notaba nuestro encuentro una hora antes, ella gemía con sus ojos cerrados, yo la levantaba y la bajaba despacio, el agua corriendo por nuestros cuerpos se mezclaba con sus fluidos, la besé sin salirme y la bajé despacio mientras salía de tu cuerpo, cerré la llave del agua y tomé una toalla para secarla, sequé mi cuerpo y salimos del baño.

Ya el cuarto estaba fresco por el aire acondicionado, la besé en los labios y deje caer su toalla, se sentó en la cama y miró mi pene,.. ¿te gusta lo que ves? Le pregunté haciendo referencia a nuestro encuentro en el baño del cine, sin decir nada lo introdujo en su boca y comenzó a mamarlo, me estremeció de momento el calor de su boca, toque sus hombros y cerré los ojos para disfrutar esa mamada, sus labios recorrían mi pene y tomé su mano y la llevé a mi pene ella lo agarró y comenzó a masturbarlo mientras lo besaba y daba lengüetazos, yo estaba en la gloria, así estuvo solo un par de minutos y la recosté en la cama, me hinqué y abrí sus piernas para ver esa maravillosa panochita rosa, brillosa por su lubricante natural, la observe mientras la masajeaba con mis dedos y ella movía su cuerpo a delante y atrás, me acerque lento y besé su clítoris que apenas sobre salía mientras introducía un dedo en ella

Comencé a chuparla y ella gemía, arqueaba la espalda mientras con mi boca chupaba y lamia sus labios vaginales y ese clítoris tan sabroso, sus jugos inundaban mi boca y abracé sus piernas que estaban ya sobre mis hombros, estiré mis manos para tocar sus pechos sin dejar de mamar esa panochita deliciosa, así estuve por algunos minutos, la empujé un poco hacia la cama y puse mi pecho en la cama y ella dobló sus piernas, sin dejar de chupar su clítoris volví a jugar con mis dedos en su rajita y esta vez metí dos dedos en ella, giré mis dedos dentro de ella para tocar la base de su clítoris desde su interior y eso la enloqueció note sus respiración agitada me separé un poco sin sacar mis dedos y con mi otra mano masturbaba su clítoris con mi pulgar y el dedo índice tallándolo despacio, ella apretaba las sabanas y arqueaba su espalda, dijo me voy a venir, e inmediata mente volví a mamar su clítoris para estimularla más y empecé a meter y sacar los dedos de su rajita, ella estiro sus piernas mientras gemía cada vez más, noté sus convulsiones mientras sus gemidos se convertían en pequeños gritos de placer, su cuerpo se desvaneció y yo besaba su panochita mientras la masturbaba lento y pequeñas convulsiones de apoderaban de su cuerpo, su miraba de placer me decía todo.

Me puse un condón y sin decirle nada la penetré de una estocada, ella se abrazó a mi cuerpo y abrió sus piernas un poco más, comencé a meterla y sacarla lento mientras ella recobraba el aliento, besé su cuello y su boca, – sabes a mí, me dijo, y comencé a incrementar el ritmo de mis embestidas, ella gemía de placer y decía, Si, así dale duro papi, dame más y eso me excitaba aun más, comencé a darle duro y ella me pidió que no me viniera, baje un poco el ritmo y me empujo para voltearme, quede acostado de espaldas y ella se subió sobre mí, se sentó sobre mi pene empezó un mete y saca frotando su cuerpo sobre el mío, yo la tomaba por sus piernas y ayudaba al movimiento mientras subía mi pelvis para penetrarla mejor, ella se monto sobre de mi y comenzó a moverse adelante y atrás frotando su pelvis a la mia, noté que eso la excitaba, su clítoris se frotaba con mi pelvis y mientras mi pene dentro de ella la hacía gozar, yo masajeaba sus pechos y ella aceleraba su movimiento, arqueo su espalda y comenzó a moverse mucho mas hasta llegar a su orgasmo, y recargó su cuerpo en mi pecho, su respiración era agitada y giro su cuerpo para recostarse de lado en la cama volteé y la vi, su respiración se comenzaba a regular.

La acosté boca abajo y metí una almohada debajo de ella para que quedara levantada y la penetré desde atrás, vi sus nalguitas paradas y comencé masajearla mientras penetraba su panochita, se sentía apretadita e hinchada, comencé un mete y saca lento y puse un dedo en su, ano, “por ahí no” alcance a oír que dijo, no le hice caso y saque mi pene de su vagina y me acerque a mamar su panochita desde esa posición, lamia y masturbaba su rajita y subi a besar su culito,
– ¿Qué haces?- preguntó-
– Algo que te va a gustar- le respondí
– Por ahí no me gusta
– No sabes lo que voy a hacer, le dije mientras le metía dos dedos en su vagina y le besaba el ano,

Ella disfrutaba de mis dedos mientras con mi lengua estimulaba su ano, comenzó a disfrutarlo mientras abría con mi lengua su ano, puse un poco de lubricante en mi dedo y estimulaba presionando un poco, baje un poco a lamer su labios vaginales mientras presionaba con un dedo su ano y lo introducía lentamente, ella hizo por sacarlo pero no fue mucha su resistencia estaba disfrutando como le chupaba la rajita mientras abría su ano, deje mi dedo quieto mientras le comía la panochita para que se excitara, y me dejara hacerle lo que quisiera, subí un poco hasta ponerla a gatas y sin sacar mi dedo de su culo se la meti por el panocha, comencé un mete y saca lento acompañado del mismo movimiento en su culito que para entonces ya se había acostumbrado a mi dedo, la penetraba mientras con mi dedo dilataba su ano y luego metí un segundo dedo, ella se quejó pero la estaba penetrando también en la vagina, comencé un mete y saca lento en su ano con dos dedos mientras al mismo tiempo la penetraba, fue cuestión de acostumbrarla y ya estaba disfrutando la doble penetración que con mi pene y mis dedos le estaba haciendo, duro unos pocos minutos mientras gemía cada vez más fuerte, detuve el movimiento con mis dedos para penetrarla mas rápido y ella gemía de placer, le dije que estaba por venirme y ella dijo que también lo haría, exploté en un éxtasis mientras aceleraba descontroladamente mis embestidas y ella gritaba de placer viniéndose al mismo tiempo que yo, disminuí el ritmo y saqué lentamente mis dedos de su ano, ella se quejó un poco y recosté mi cuerpo sobre ella y le susurré al oído, ¿Qué no te gustaba? Ella aun respiraba agitada y sentía como seguía convulsionándose despacio, saqué mi pene ya flácido la besé en la boca y caminé torpemente al baño.

Me saque el condón y lo arroje al escusado y comencé a lavar mi pene, tome un poco de papel y lo humedecí para llevarle a ella y al voltear ya estaba parada frente a mí, golpeó juguetonamente mi pecho y me dijo, te saliste con la tuya, yo solo sonreí y la abracé, nos bañamos juntos y nos vestimos, salimos del motel y la lleve a su casa, en el camino me dijo;
– Jamás me habían hecho algo así.
– ¿Te refieres a por detrás? – Le pregunté
– Me refiero a todo. – Me dijo
– ¿Nos volveremos a ver? Le pregunté intuyendo la respuesta.
– Más te vale. – me contestó.

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