Los Vecinos

Mi nombre digamos que es Renato, y lo que les voy a narrar nos sucedió a mi esposa Silvia (también por darle un nombre) y a nuestros vecinos no hace mucho tiempo, resulta que Sixto ( también por darle un nombre al igual que a su mujer) y su mujer Rebeca compraron la casa de junto hace aproximadamente un año, desde que se mudaron se puede decir que en cierta manera que entre nuestras familias surgió una buena amistad, al igual que nosotros son una pareja joven y sin hijos, él es ingeniero y ella creo que maestra al igual que mi mujer, yo por mi parte soy perito de inversiones bancarias. Bien ya les he dado los datos generales más sobre salientes de nosotros.

Desde que se mudaron, compartíamos los fines de semana y en ocasiones o ellos nos invitaban, o nosotros a ellos a cenar y compartir en sana camaradería, pero en cierta ocasión en que ellos fueron a nuestra casa a cenar Rebeca llegó vestida con un traje corto y vaporoso muy ceñido a su cuerpo delatando sus bellas curvas, cada ves que tomaba asiento no se si adrede o por accidente gran parte de sus muslos al igual que parte de su ropa intima quedaba al alcance de mis ojos, de igual forma en más de una ocasión logré ver parte de sus bellos y firmes senos cuando se inclinaba a recoger algún bocadillo de la mesa de centro, desde esa noche no hice nada más que pensar en las bellas piernas y senos de mi vecina. Mi esposa al acostarnos esa noche me comentó lo escasamente que vestía Rebeca, pero yo me hice el que no me había dado cuenta de ello, pero cuando nos encontrábamos follando me la pase pensando todo el tiempo en el culo y tetas de Raquel.

Yo tomé eso como algo pasajero, al fin mi mujer también es tremenda hembra y no tiene nada que envidiarle a nuestra vecina, pero las cosas se quedaron ahí, cada ves que me encontraba con Raquel me daba la impresión de estar son sacandome, es decir algo en ella me hacía pensar que estaba loca por acostarse con migo, durante un fin de semana tanto su marido como ella acostumbraban a tomar el sol después del medio día al lado de su piscina, al tiempo que yo me dedicaba a realizar mis ejercicios de pesas en la parte trasera de mi casa, de momento comienzo a escuchar un jaleo entre los dos, era ella que se encontraba bajandole el bañador a Sixto, yo discretamente me oculté tras una ramas y pude ver como Rebeca le daba tremenda mamada a su marido, luego no contenta con ello luego de quedar toda desnuda se le sentó sobre su verga y cabalgo un buen rato sobre Sixto, hasta que los dos quedaron satisfechos, yo por mi parte mientras que observaba ese espectáculo me comencé a hacer una puñeta como tenía tiempo que no me la hacía, por suerte mi mujer ese día se encontraba de compras, por que si no en la misma sala de la casa la hubiese puesto en cuatro y le daba verga hasta saciarme.

Desde ese día fue muy difícil para mi ver a esa mujer y no imaginarmela desnuda, a mi me daba la impresión de que ella hacía eso con la expresa intención de que yo la viese en esa faena, durante esa semana no hacía nada más que pensar como sus tetas se movían a medida que ella se enterraba y sacaba la verga de su marido de su coño, ya sería el jueves cuando por cosas que no vienen al caso llegué más temprano que de costumbre a mi casa, Silvia tardaría en llegar por lo menos dos horas por lo que para aprovechar el tiempo me fui al patio trasero de la casa para hacer algo de ejercicios, no llevaba ni quince minutos levantando pesas cuando sentí que alguien se metía en la piscina de mis vecinos, por curiosidad me levanté a observar y me encontré a Rebeca bañandose desnuda en la piscina, ella al verme actuó como si fuese lo más natural del mundo el que la viese desnuda, saliendo de la alberca tomó una pequeña toalla y comenzó a secarse su abundante cabello rubio mientras me hablaba, yo por mi parte en ningún momento quité mis ojos del cuerpo de ella, para mi era clara su intención de excitarme lo que había logrado con relativa gran facilidad y tan solo esperaba la oportunidad para saltar sobre su desnudo cuerpo y meterselo por donde se me antojase, pero justo sonó su teléfono y ella como si nada toalla en mano me dejó con colgado en la verja que separaba nuestras propiedades, y mientras se alejaba para atender el teléfono yo observaba como sus firmes nalgas se movían hasta que desapareció dentro de su casa, yo estaba a punto de saltar la condenada verja cuando Rebeca re-apareci&o

acute; por la puerta, en esos momentos se encontraba ligeramente vestida con una minúscula bata de baño y con pasos firmes tan firmes como sus senos se dirigió hacía donde yo me encontraba todo excitado y loco por meterle mano, con voz seductora me hiso saber que su marido se encontraba a punto de llegar que luego continuaríamos hablando, sin más se desprendió de la bata y dandome la espalda se tiró a la piscina, yo pensaba que era un broma de ella con el fin de calentarme más, hasta que escuché la voz de Sixto preguntando donde ella se encontraba, a lo que Rebeca le contesto que en la piscina esperandolo, yo ante tal situación no me quedó más remedio que volverme a ocultar tras las ramas y ver como mis vecinos mantenían otro encuentro sexual a pocos metros de mi, desde luego que me hice otra puñeta mientras los espiaba y saciaba mi bouyerismo.

Esa tarde a penas llegó Silvia mi mujer, la asalté en medio de la sala sin darle tiempo a que terminase de llegar a la casa. Al día siguiente cuando me dirigía a mi trabajo me encontré caminando a Rebeca con rumbo a un pequeño Centro Comercial cercano a nuestras casa, le ofrecí llevarla en mi auto y sin necesidad de insistir se monto en el auto, apenas cerró la puerta yo arranqué al tiempo que le preguntaba que deseaba hablar con migo el día anterior, Rebeca con una sonrisa seductora fue directa diciendome que ella tenía ganas de pasar un buen rato en la cama con un hombre como yo, valga decir que entre Sixto y mi persona hay marcadas diferencias, él es algo más pequeño que ella de estatura, delgado por no decir flaco, a pesar de lo mucho que se la pasa en la piscina su color de piel es casi cadavérico, y presenta un par de entradas en su insipiente calva que de seguro pronto tendrán salidas, mientras que yo soy alto de porte atlético y no es por alabarme yo mismo pero casi todas las mujeres del banco han pasado agradables momentos con migo en mi oficina. Por lo que su comentario no me extraño justo en ese momento le ofrecí que siguiéramos para un hotel cercano con el fin de darle gusto a ella, pero cuando nos encontramos cerca del centro Comercial me pidió que me detuviese para ella bajarse, yo no pensaba complacerla pero me indicó que el auto que venía tras nosotros era el de su marido, y desde luego que caballerosamente la complací, al descender del mi auto me dí cuenta que la muy calienta vergas o no usaba pantaletas o eran de esas tipo hilo dental que se le desaparecen entre las nalgas de quienes las usan. Al arrancar dejé que Sixto me pasará para luego regresar al Centro Comercial donde mi futura presa, me costó algo de tiempo el localizarla pero cuando lo hice la invité a tomar un café para poder poner en claro nuestro mutuo interés, de la misma forma que me dijo que se quería acostar con migo me soltó que tan soló lo haría si su marido se acostaba con mi mujer, eso fue como un baño de agua fría que me echó la muy puta, de momento y por salir del paso le respondí que lo pensaría para darme tiempo, pero con la clara y fuerte convicción de que no era algo que se pudiese negociar, que se había pensado la tipa esa que mi mujer estaba cortada con la misma tijera con que la cortaron a ella, se encontraba muy equivocada si pensaba que yo me rebajaría a tal cosa por acostarme con ella, tipas como Rebeca me sobraban en el banco y cuidado sí hasta mejores y sin tantos problemas.

Esa misma tarde cuando regresé a mi casa mi mujer se encontraba vistiendo para salir de compras con Rebeca, y me pidió que las acompañase yo muy desinteresadamente desde luego acepté, y durante esos interminables momentos en que mi mujer entraba a los probadores de ropa, Rebeca se me acercó y me preguntó con gran naturalidad que había decidido, yo antes de responderle le pregunté a que se debía esa curiosa petición de su parte, e indagué si era idea de su marido, su respuesta me dejó más confundido aun, ya que como dijo ella era una especie de seguro ya que si su marido o mi mujer se daban cuenta de nuestro asunto no armarían ningún escandalo por ello ya que los dos también quedarían en evidencia, tras pensarlo un rato por ver como ella actuaba y buscando que me fuese adelantando algo le pregunté como había pensado ella llevar a cabo ese encuentro, tomando en cuenta que mi Silvia no era una mujer que le interesase el acostarse con su marido, Rebeca no hiso más comentarios al respecto pero me prometió el pensarlo detalladamente y

que para la próxima vez que hablaremos ya de seguro lo tendría resuelto. Su confianza me dejó impresionado y lleno de curiosidad, esa misma tarde en el Centro Comercial fue Silvia quien le dio la respuesta como luego me lo haría saber Rebeca, mientras nos encontrábamos tomando café por no peder la costumbre Silvia vio el anuncio de un espectáculo que daban en uno de los teatros de la ciudad, era algo sobre un afamado ilusionista que se encontraba de gira y que ella desde hacía mucho tiempo deseaba ver en persona, al ver el nombre del “mago” Rebeca brincó de alegría y nos comentó que ese tipo era pariente de ella que de seguro con hacerle una llamada le regalaría unas entradas para los cuatro o sea que el Sixto también nos acompañaría. Al llegar a nuestra casa se comunicó con el teatro y con la gran suerte de que se encontraba su pariente ensayando sus rutinas de magia, para hacerles el cuento largo corto les diré que no tan solo entramos de gratis, sí no que además de eso cuando pidió voluntarios casualmente escogió a Sixto y a Silvia para realizar un acto de hipnosis, fue cuando ellos dos subían a escena que Rebeca me comentó que eso lo había preparado ella con su pariente, una vez que tanto mi mujer como el marido de Rebeca fueron hipnotizados se volvieron el hazme reír de toda la concurrencia, tras un buen rato de esparcimiento “sano” los sacó del trance y los dos regresaron a sus respectivas sillas, una vez terminada la función Rebeca se empeñó en que regresaremos a nuestra casa, y estando en nuestra sala solicitó que se abriera una botella de vino, de momento cuando los cuatro nos encontrábamos conversando de lo más tranquilos sobre el estupendo acto de magia Rebeca repitió dos veces la palabra “ciclotroncho”, a partir de ese momento tanto mi Silvia como Sixto quedaron en un trance hipnótico.

Apenas me di cuenta de ello le comenté que había resuelto nuestro problema ya que al estar hipnotizados podíamos hacer lo que se nos antojase y no se darían cuenta, fue cuando ella me explicó que eso no era así de fácil, que en los casos de personas preparadas e inteligentes como nuestras parejas lo más que se podía hacer era el pre- condicionarlos para que realizaran ciertos actos pero para que tuviesen memoria de lo ocurrido la acción debía pasar realmente, y eso era lo que ella quería, fue cuando me puso entre la espada y la pared al preguntarme si yo realmente quería acostarme con ella o no, mi respuesta fue un si automático luego de lo cual Rebeca me convenció de que la dejase a ella el orientarlos para que surtiera efecto la programación hipnótica, se llevó a los dos a un lado de la sala los sentó y comenzó a darle ciertas direcciones las cuales yo no logré escuchar muy bien del todo debido al bajo volumen de su vos, pasaron unos quince minutos cuando regresó donde mi y tras tomarse una copa y darme un gran beso que me dejó más caliente y excitado que caballo en primavera procedió a dar una palmada y de inmediato tanto como su marido como mi mujer salieron del trance, y se sentaron frente a nosotros dos, mientras que Rebeca les servía a todos otra copa de vino, en eso ella misma hiso el comentario de que hacía algo de calor dirigiendo su mirada a Silvia la cual como si de momento le entrase un sofocón comenzó abrir su blusa dejando ante la vista de todos los presentes sus bellos senos parcialmente, fue luego que se dirigió a su marido Sixto y le preguntó si él realmente sentía tanto calor como el resto de nosotros, a lo que el calvo respondió en la afirmativa al tiempo que se retiraba la corbata y se despojaba de la chaqueta que había estado usando hasta esos momentos, por espacio de unos cinco o diez minutos continuamos hablando de lo bueno del acto de magia cuando Rebeca volvió atacar haciendo referencia al insoportable calor al tiempo que servía más vino en las copas de ellos, Silvia de inmediato comenzó abanicarse con una revista lo interesante era que de vez en cuando abría las piernas y sin pudor alguno se echaba aire dejando ver claramente sus pantis de color rosa, mientras que el marido de Rebeca no despegaba su vista de las piernas de mi mujer, por su parte Rebeca como siguiendo el ritmo de los hechos se despojó de la chaquetilla que estaba usando para quedar en una clara blusa transparente que me permitía el ver sus hermosos senos, luego ante la improvisada ola de calor Sixto propuso el que continuáramos la conversación al

lado de la piscina de su casa, y en camino a la piscina se despojó de su camisa, yo siguiendo las orientaciones de Rebeca me quité mi chaqueta y me puse más cómodo, al estar a la orilla de la piscina Rebeca volvió a realizar otro comentario sobre el calor y como por arte de magia Sixto se despojó de sus pantalones y mi Silvia de su falda, a partir de ese momento las cosas fueron sobre ruedas entre ellos dos, era como si tanto mi mujer y el marido de Rebeca entraron en una competencia de quien se quitaba más ropa o algo así, ya tanto Sixto como Silvia se habían quedado desnudos con la mayor naturalidad, al tiempo Rebeca y yo hacíamos lo mismo pero con cierto grado de pudor.

Aun Silvia permanecía sentada a mi lado y Sixto al lado de su mujer, cuando Rebeca comentó algo sobre lo bella que eran las piernas de mi esposa, a partir de ese instante a Silvia le dio por comenzar a acariciarse las piernas al principio para luego seguir pasando sus dedos sobre su coño, la reacción de Sixto no se hiso esperar como si el resto de nosotros no existiese se fue acercando a las piernas de mi mujer, en esos momentos Rebeca que ya también se encontraba desnuda me tomó por un brazo y dirigiendose con migo a una de las sillas tipo playeras de esas que uno se tira para tomar el sol, comenzó a besarme y acariciarme mientras que el calvo de su marido se arrodillaba frente al coño de mi Silvia y comenzaba a pasarle su lengua por los muslos de mi mujer, al principio me resultó algo incomodo ver ese espectáculo frente a mis ojos, pero cuando Rebeca se arrodilló frente a mi e introdujo mi verga en su boca, el ver como le chupaban el coño a mi mujer como que me excitó más aun, y comencé a disfrutar del doble espectáculo que tenía ante mi persona, lentamente Sixto se fue acomodando hasta que su pedazo de carne quedó frente a los labios de mi mujer y esta con avidez comenzaba a mamarle la pinga al marido de Rebeca al tiempo que esta me lo hacía a mi. Yo estaba a punto de venirme en la boca de Rebeca cuando Silvia y Sixto dejaron de darse lengua, Silvia se tiró al piso y abriendo sus piernas las colocó sobre los hombros de él, Sixto por su parte con su verga en riste la fue dirigiendo directamente al coño de ella, lentamente vi como su verga se desaparecía dentro de la vulva de Silvia, yo por mi parte tomé a Rebeca por la cintura y la coloqué en cuatro patas, dejandome esta su culo a mi completa disposición y a medida que Sixto se lo introducía y sacaba del coño a mi mujer yo se lo estaba enterrando a la mujer de él por el culo, Rebeca dio un pequeño grito de dolor pero continúo moviendo sus nalgas como lo que era como una tremenda puta, mientras que Silvia gemía de placer a medida que Sixto le daba por su coño, para mi era impresionante el ver como mi mujer se movía y disfrutaba estando con otro, mientras que el culo de Rebeca me proporcionaba un placer inmenso, hasta que al fin cuando me dispuse a eyacular dentro de Rebeca no les puse más atención a mi mujer y a su pareja, cuando terminé al buscarlos con la vista ya no se encontraban los dos, tanto Rebeca y yo nos besamos y cada quien agarró para su casa, al entrar me encontré que Silvia se encontraba aseando en el baño de abajo, yo me apuré entré al baño del cuarto me asee rápidamente y me introduje en la cama haciendome el dormido, cuando llegó mi mujer procuró no hacer ruido pero yo de todas maneras hice como que me despertaba y le pregunté donde se encontraba ella no sabía que responderme, mientra que yo por dentro me moría de la risa, al día siguiente Sixto salio de su casa como alma que lleva el diablo ni siquiera se despidió de su mujer, yo no se que les habrá dicho Rebeca pero lo que fuera ha funcionado, en ocasiones yo por joder le repito la palabra a mi mujer y hago con ella lo que se me antoja después de que la oriento sobre lo que deseo, el Sixto tampoco se ha escapado de los antojos de su mujer, y Rebeca y yo en ocasiones mantenemos nuestros encuentros pero de manera muy discreta.

 

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Historias en playa nudista; La nuclear

Esta playa está situada en una zona recóndita, a unos kilómetros de la ciudad de Tarragona, rodeada de una central nuclear, el acceso es complicado, en consecuencia es bastante selectiva.

La primera ocurrió un domingo de hace algunos años. Me encontraba prácticamente solo en una zona apartada de la playa, el día era gris y ya pensaba que tendría un día en blanco.

Pero sobre las 12 horas llegó una pareja que se colocó a mi lado, él era muy gordo y tendría sobre 35 años, y ella sobre 45, alta y con un físico normal, al desnudarse observe que a él apenas se le veía el miembro, tanto por su pequeñez, como por que le tapaba la bolsa de grasa que le colgaba de la barriga.

Al rato ella se dirige al agua y yo la sigo discretamente, de golpe cambia de dirección y se dirige a una zona de piedras, yo por prudencia me mantuve cerca y observe que se agachaba para orinar, para salir de dudas me puse ha hacer lo mismo, sin que ella me viese del todo, cuando acabamos ella se volvió a su lugar en la playa, y yo me dirigí al agua y estuve nadando un rato. Al volver ellos habían empezado a comer, yo hice lo mismo, enseguida empezamos a hablar y nos intercambiamos bebidas, vivían en una población cercana a Barcelona llamada Sabadell, pero que estaban en un camping cercano. Leer más

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La putita de la gasolinera

Mi nombre es Paola y soy una mujer de 42 años de buen cuerpo, muy ricas tetas y nalgas paraditas de piernas bien torneadas y últimamente mi marido ha estado con la idea que tenemos que hacer algo diferente en nuestra relación sexual, cuando tenemos el empezó por fantasear que yo tenía sexo con otro y mientras lo hacíamos yo le contaba cómo me cogían. Leer más

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Un rico Polvo

les recuerdo que soy casada y que desde hace mas de 3 años tengo una relacion de “amitad” co un hombre mayor que yo 17 años.

Despues de esa primera vez, hubo muchas, una que me causa mucho morbo y excitación cada que la recuerdo fue… mejor les cuento que pasó….

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Mi primera vez siendo infiel

Hace mas de 3 años inicie una amistad con un varón 17 años mayor que yo al que llamaremos “Pietro”,   yo soy casada, por lo que nuestras platicas eran muy dentro del respeto por ser una mujer casada, a pesar de que teníamos platicas subidas de tono nunca me pidió directamente nada, una mañana recibí una serie de mensajes que me alteraron, donde se me acusaba de ser amante de una persona, por la confianza que tenia con Pietro, le envié un mensaje donde le decía que necesitaba salir de la ciudad, que queria alejarme por unas horas al menos de aquí, que tenia algo que platicarle, pedí permiso en mi trabajo y pasó por mi, subí a su coche y me preguntó que a donde queria ir, por lo que le dije q a donde fuera, que lo que queria era irme en ese momento del lugar, salimos a carretera y en el camino le platique lo que habia pasado, a lo lejos vimos un motel y me pregunto si queria entrar, que allí podriamos platicar mas a gusto, acepté, si habia ido a lugares como esos pero con mi esposo, porque nos gusta escaparnos de vez en cuando.

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