Verdaderas amigas Primera Parte

PRIMERA PARTE

Con tan sólo ocho meses de conocer a Vanessa nos hemos vuelto buenas amigas. Ella es esposa de un socio de mi marido.

Este fin de semana tanto Alex, el esposo de Vanessa, como mi marido salieron a entrevistarse con otros posibles socios para un nuevo proyecto. Bueno, por lo menos eso me dijo Santiago. Igual (como me dice Vanessa) se fueron de conquista. Eso, a estas alturas, ya ni me preocupa pero hasta el día de ayer todo era diferente. En fin, ayer decidí que en vez de aburrirme sola, y estar a la espera de Santiago, la pasaría con mi amiga.

Tras ir de shopping fuimos a su casa que es bellísima. Está distribuida en distintas terrazas y tiene una vista verdaderamente soberbia de la ciudad. Nadé un rato en la piscina y luego me recosté junto a ella en una tumbona a tomar el sol.

Mientras jugueteaba con mi sortija dándole vueltas a mis pensamientos ella me hizo una pregunta.

—¿Cómo va tu matrimonio?

—Es un asco —me atreví a decir.

La sinceridad de mis palabras fue muy clara, pues necesitaba desahogarme.

—Déjame adivinar… ¿Te refieres a… en la cama? —me preguntó Vanessa con una sonrisa algo pícara.

Un tanto sonrojada asentí.

—Ya nada es como al inicio. Santiago está… pues, diferente —continué—. Pero es que no sólo es eso. Ya no me presta ninguna atención, es como si yo sólo fuera un objeto decorativo que perdió su novedad —seguí confiándole.

—Nena, te entiendo, créeme. Yo pasé por lo mismo: distanciamiento, falta de interés y al final hasta de sexo. Créeme te llevo años de ventaja —me confesó Vanessa.

Por sus palabras sentí que mi nueva amiga realmente se identificaba conmigo. Era reconfortante hablar con alguien en quien podía confiar.

—Y ¿cómo has hecho para sobrellevarlo? Tú y Alex no parecen tener problemas—le pregunté.

—Nuestra relación es bastante cordial. Él creé que me engaña y yo le dejo creerlo, sólo me enfoco en los beneficios de su desdén y no le reclamo nada —me respondió ella.

—¿Beneficios? ¿Como cuáles? —le pregunté intrigada.

—Como este día. Me gusta tener tiempo para mí, ya sabes, mientras Alex se va a hacer… lo que sea que haga, yo aprovecho el tiempo —me dijo con total contento Vanessa.

—Guau, pues te lo tomas muy bien. Mejor que yo, creo. La verdad me gusta ir de compras y pasar el tiempo contigo pero… —no terminé de hablar ya que ella me interrumpió.

—No, espera, no me refería a eso. Y no me malinterpretes, este tiempo sólo para chicas que compartimos es genial pero de lo que hablo es de… —y esa vez fue ella quien se vio interrumpida cuando alguien se aproximó.

Se trataba de  un chico bastante alto (yo estimo de 1.90 m. de estatura y 26 o 28 años), de piel oscura, notable musculatura y una atractiva calva, quien se acercó con una bandeja entre sus manos para ofrecernos un par de bebidas que cada una tomamos de la charola. Tras darle las gracias él se retiró.

Mientras el camarero se alejaba de nosotras noté que mi amiga Vanessa no lo perdía de vista dejando en evidencia un interés particular en él.

—Ah, vaya… a eso te refieres —le dije en tono socarrón.

Ella sonrió.

—Pues sí amiga, qué te puedo decir. El mejor consejo que te puedo dar es éste: Busca diversión más allá de tu relación.

—¿Te refieres a tener sexo con otros hombres? —le pregunté asombrada de lo que me sugería.

—¡Claro! La vida se hizo para coger. A mí me funciona y no sabes lo desestresante que es. Una mujer sexualmente satisfecha es una mujer feliz.

—¿De verdad lo has hecho con… él? No te creo —le dije señalando al camarero y dudando de si hablaría en serio; no sabía si ella sólo estaba jugando o si de verdad Vanessa se había atrevido a hacerlo con tremendo hombre quien me imaginaba estaría bien dotado.

—Aún no. No tiene mucho que lo contraté.

—Ah, ¿pero te lo piensas…? —le dije con estupor.

—¿Coger? Pero por supuesto. ¿No has visto el buen físico que tiene? ¿Por qué crees que me interesó? —me preguntó ladina.

—Porque da un buen servicio —le respondí sonriendo y señalando mi bebida que estaba deliciosa.

—Sí pero en la cama, por lo menos eso espero —dijo entre risillas Vanessa.

Ambas reímos y luego continuó.

—Ay amiga si te contara mis aventuras —me dijo.

—Cuenta, cuenta —le dije con real interés.

Mordiéndose el labio guardó silencio un segundo y luego de asegurarse de que nadie de su servidumbre estaba tan cerca como para escucharnos prosiguió.

—Está bien Daima, pero sólo para que te animes y te liberes tú también —me dijo.

Fue entonces que Vanessa me contó sobre su primera infidelidad.

—Un par de años antes de conocerte, Alex y yo habíamos ido junto con unos amigos de él a un bar. Para ese entonces ya me había fastidiado el distanciamiento de mi marido y esa noche se había portado particularmente indiferente. Sólo por mi insistencia me había permitido acompañarle esa noche, de seguro quería pasarla bien con sus amigotes y algunas fulanas. Bueno, el caso es que probablemente le fastidié sus planes porque toda su atención la volcó a sus amigos. Alex ni siquiera me dirigía la palabra así que decidí alejarme y con el pretexto de ir a los sanitarios me fui a sentar frente a la barra donde pedí un par de tragos. No pasó mucho tiempo para que alguien me abordara. Yo, que ya estaba picada, ni tarda ni perezosa acepté sus insinuaciones.

Después de asegurarme que Alex no me veía tomé la iniciativa y me llevé al tipo al baño de las chicas. Al entrar con él las chicas que allí estaban se molestaron por meter a un hombre junto conmigo pero no me importó. Me encerré con él en uno de los cubículos y nos comenzamos a fajar violentamente.

Me hervía tanto la sangre, amiga, que prácticamente me violé a aquel hombre de quien ni supe su nombre. Tras darle una deseosa y jugosa mamada en la que descargué mis febriles deseos con poderosas succiones, lo tiré haciéndolo caer sentado en el retrete. Metí mis manos bajo mi falda y me deshice de mis pantaletas. Subí mi falda hasta mi cintura y me senté en él.

Ufff amiga, no sabes… El cogidón que nos dimos allí adentro.

—¡Guauuu…! Uy amiga, no me lo puedo creer, qué afortunada eres. Yo sólo he tenido sexo con Santiago en toda mi vida… mi vida sexual es patética —me lamenté.

—No digas eso. Es cosa de que te animes. De seguro has notado hombres que te echan el ojo, ¿o no? —me preguntó Vanessa.

—Pues sí pero… —respondí.

—Allí está. Es sólo que te decidas, de seguro que rápidamente encuentras a uno que te eche un buen polvo.

Me sonrojé nuevamente.

—Oye se me está ocurriendo una idea. Yo había pensado cogerme a este chico hoy mismo. Después de que se fuera María y Juanita… y tú, naturalmente. Pero ahora que lo pienso… ¿por qué no te nos unes? —me preguntó Vanessa.

Quedé impactada ante su proposición.

—No, ¿cómo crees? —le respondí perpleja.

—Anda, anímate, no se trata forzosamente de que participes. Tan sólo puedes limitarte a ver —me insistió.

—No… no lo sé, no… no sé —le dije mientras trataba de localizar al camarero en el bar, aunque sin dar con él.

—Vamos, anda, será divertido. Mira, tú no tienes que hacer nada, tan sólo mirar —me propuso con total confianza.

—Ay, no sé. ¿Y si se da cuenta Santiago? —le pregunté con genuino temor.

—¿Cómo crees? No tiene porque enterarse, además los hombres están tan enfocados en sí mismos que se les puede engañar fácilmente. Si te sientes insegura sólo muéstrate un poquito celosa ahora que lo vuelvas a ver y él solamente se preocupara de que no lo descubras en alguna de sus movidas.

—¿De verdad crees que Santiago me pone el cuerno? —le pregunté con angustia.

—Ay amiga, todos los hombres son iguales. —me respondió con tanta seguridad que le creí.

Quedé unos segundos en silencio meditando lo dicho por Vanessa.

—¿Y de verdad Alex nunca se ha enterado de tus…? —le pregunté tratando de cobrar seguridad.

—¿Infidelidades? No, que va. Con decirte que, cuando lo besé la otra noche antes de irnos a dormir, ni siquiera percibió el tufillo del semen que otro hombre había depositado en mi boca minutos antes.

Vanessa rió. Y tras una breve pausa yo también reí.

—¿Quieres oír algo más caliente? —Vanessa me preguntó y yo inmediatamente asentí intrigada—. Pues desde hace tiempo, cuando le pongo con alguien de verdadera confianza, dejo que se venga dentro. No sabes lo cachonda que me pone esperar a ver si Alex se dará cuenta o no.

Las palabras de Vanessa me dejaron, para ser honesta, algo caliente, así que no reflexioné más y dije:

—Está bien, acepto.

Continuará…

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Mi ex amante y mi jefa

Conocí esta página por casualidad, la he leído por 6 meses he notado que hay relatos que son imaginación, que hay hombres que se pasan por mujeres. Mi nombre es Milena tengo 24 años un poquito gordita, soy rubia, mido 169, me atrevo a contarles hoy lo mío, veo que en esta página se puede y que nadie sabe quien es una, mi virginidad la perdí muy temprano, de ahí en adelante he tenido novios, pero no con todos me acosté, a los 22 años conocí a un hombre maravilloso, tuve sexo varias veces con él, se llama Libardo, terminamos por que lo vi con otra mujer, a los dos meses conocí a Fernando, quien es mi esposo.

Hicimos planes para casarnos y así fue, a el mes de casados encontré trabajo en una oficina de Comercio exterior, sorpresa tan grande al ver que el director era Libardo, él casi no me reconoce yo estoy pasada unos 2 kilos, hablamos de todo, me invitó a tomar un helado nos fuimos a popsi, hablando de todo me dijo que él me seguía queriendo que lo de él fue un error, aquí en Colombia en las oficinas no se trabaja los sábados, así que él me invitó a salir.

Le inventé a mi esposo que había una junta y por ser nueva no quería perder el empleo, nos encontramos en Bulevar, hablamos y me empezó a tocar una pierna, mi primera reacción fue la de ponerme de mal genio, él me pidió disculpas, pero me dio un beso, me dejé, me dijo que fuéramos a otro lugar nos fuimos para un parque, allí me besó y empezó a manosearme a tal punto que estábamos calientes, me llevó a una residencia en otros piases le dicen motel, entramos, me besaba mis senos por encima de la ropa, quitó mi blusa, sacó mis senos son 36b, empezó a chupármelos mientras quitaba el resto de mi ropa, quitó toda mi ropa me dejó desnuda, metió sus dedos en mi vagina y me hacía gozar, estábamos de pie él se bajó sus pantalones, casi no me acordaba de ese pene es grande no se de medidas, pero es grande y grueso se lo vi tan rico.

Me hizo acostarme, me abrió de piernas y me la metió, estaba dura y rica, apenas me acordaba de mi marido, en ese momento no pensamos en protección, me estaba haciendo tan rico que yo gemía, nunca se lo he mamado a otro que no fuera mi marido, pero esta vez me agaché para chupar ese pene estaba lleno de mis jugos y su semen, me pidió que le hiciera la paja rusa así fue que me pidió que me dejara dar por detrás, no quise pues ni a mi marido se lo he dado, me metía su lengua en mi culo, se sentía delicioso, metió un dedo eso me dolía, le dije que ya no más, pero él insistía, sacó una menta de su bolsillo y me la metió, detrás venía su lengua eso me ponía, me culeaba sin parar, buscando involuntariamente que su lengua entrara más en mi vagina.

Se subió y deslizándose entre mis piernas me penetró de una sola y fuerte embestida, “AAAaaaaaahhhhhhhhh, Aaahhhhhh que ricoooo”, él envuelto en la pasión de sentirse dentro de mí, de sentirme tan entregada a él también estaba muy excitado. De repente me decía: ” que rica estás mami, estás tan cerrada, tan caliente… quiero poseerte, quiero clavarte bien duro, solo quiero ser tuya, solo quiero sentirte entrando y saliendo de mí, entra dame, vamos hazme tuya, no pares.” Él ya no lograba contenerse, la pasión era intensa, me clavaba en un loco entra y sale, su virilidad inmensa toda en mi vagina, parecía no querer abandonar su espacio, porque parecía hecho a la medida exacta.

De repente me volteé, yo quería de nuevo por detrás, cómeme mi culito, vamos quiero que me lo comas bien rico”, él pensó estar alucinando y no lo pensó dos veces y de inmediato entró en mi preciado culito, tomándome tan rico por el culito, solo sentía su rico pene una y otra vez, entrando y saliendo, yo me remeneaba sintiendo lo rico que me clavaba, solo deseando que esto no terminara. Él gemía, me agarraba

de los senos y las caderas y entraba en mi lo más profundo posible. Me culeaba una y otra vez, tan rico que no podía parar de pedir más. De repente sentí toda esa rica leche chorrear mis piernas.

Salimos de allí, me entraba el arrepentimiento de engañar a mi esposo, pero no de estar con él, a los 10 meses tuve mi bebé, la verdad no se de quien es si de mi esposo o de Libardo, hace unos meses me ocurrió algo yo me siento 100% hetero sexual, pero me ocurrió que una de mis jefas me trataba bastante mal, además era sub jefa de personal, y cuando estábamos solas siempre me hacía referencias de rabia. Yo por dentro me mordía para no insultarla, pero por fuera era calmada.

Esto siguió así por mucho tiempo, y a medida que el tiempo corría ella aumentaba su animosidad contra mí, y esto hizo eclosión un día mientras estábamos solas en un ascensor, ella entró detrás de mí y se quedó en un costado mirándome, cuando comenzó a subir ella lo detuvo y yo me la quedé mirando un poco asustada porque noté odio en su mirada, y no le contesté, entonces ella siguió acercándose hasta quedar casi cara a cara conmigo, y me dijo que si no me iba, ella tenía maneras de hacerme renunciar, yo me sentía confundida y furiosa al mismo tiempo y no sabía como reaccionar, quería agarrarla de los cabellos, pero eso le daría la excusa para echarme, yo estaba entre ella y la pared, ahí casi pegadas, pero no sabía como quitarla, pensé en insultarla, en amenazarla, pero esto no daría resultado, y casi sin pensarlo y sin saber porqué, ella me dio un beso en la boca.

Ella retrocedió confundida, y yo igual como si no entendiera lo que había pasado, y trató de accionar el ascensor, por primera vez en mi vida había besado la boca de una mujer, y eso no me disgustó para nada, a pesar que lo imaginaba como algo que me repugnaría. Antes de que se abrieran las puertas del ascensor miré a mi rival, que seguía con la mirada en el piso, todavía confundida, se marcaban nítidamente sus pezones, aquella mujer ¡estaba excitada!, y le dije- Por favor, no me persigas más, pero al final del mes ya éramos buenas amigas, no se porque, pero cuando estaba sola con ella por ejemplo en el ascensor me sentía rara no incómoda, pero era una sensación que no sabía describir… en una oportunidad cuando estábamos sabía que hacer alguien tocó la puerta salimos, nos despedirnos, yo aún sin habla.

Nos vimos el otro día, yo ignoré lo del día anterior para que ella no pensara que me había gustado, fuimos a un restaurante cerca fue allí donde ella me dijo: quiero probar contigo un juguete, quedamos en ir a una residencia, pero yo iría primero por celular la llamaría y le diría donde encontrarnos. Llegué, la llamé y me metí a la ducha a los dos minutos sentí que habrían la puerta, era ella, cerró la puerta con llave y entró a la ducha junto conmigo; oye, le dije, tu cuarto es el de al lado, no quiero dormir sola hoy me dijo, empezó a tocarme los senos despacio y yo la abracé y la empecé a besar con ansia, ella después comenzó a frotar mi vientre y después metió sus dedos en mi vagina, pero los sacó y me dijo, estoy incómoda vamos a la cama, nos secamos mutuamente y fuimos, ella se puso encima mío y comenzó a sobar sus grandes tetas sobre las mías mientras metía sus dedos en mi vagina, yo le acariciaba el trasero, después ella bajó y comenzó a sobar su sexo con el mío de una forma rápida que me hacía venir, pero ella paró y cambió de posición se puso en 69 y dijo que le hiciera lo mismo que ella a mi.

Con sus glúteos en mi cara, empecé a sentir como su lengua se deslizaba por mi clítoris y como ponía su lengua dura y la metía en mi vagina como un pequeño pene , ¿qué esperas? me dijo , yo empecé y sentir un sabor salado, pero continué, después de llegar al orgasmo, empecé a lamerle toda su vagina nuestros gritos eran fuertes, después ella sacó su juguetito era un pene de goma grande y duro se lo puso y empezó a metérmelo mientras veía su rostro gemir de placer, mientras mis manos acariciaban sus senos, después le metí el pene en su boca y ella se chupaba sus fluidos, después de ese día no ha pasado nada más.

Gracias

a todos por leerme.

Autor: Sandrami80

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Poniendole los cuernos a mi mujer

Hola soy Iván, hace aproximadamente un mes, se me pasó por la cabeza plasmar en papel una de mis fantasías sexuales y decidí a enviarla, tuve la gran suerte de que fue publicada, desde entonces mi correo se ha visto saturado y mi vida dio un gran giro, conseguí tener algún que otro contacto virtual, a partir de entonces me animé a escribir este relato, que como el anterior es otra de mis fantasías sexuales, espero tener la suerte otra vez de que sea publicado.

Actualmente vivo en la periferia de Madrid, tengo 29 años y llevo casado 2 años. A continuación lo que os voy a relatar, contiene un alto porcentaje de realidad ya que lo he puesto en practica con mi mujer.

El objetivo de la siguiente historia podemos decir que independientemente de que sea una fantasía, es encontrar a alguien que este dispuesta a realizarla al pie de la letra. Antes de comenzar me gustaría indicaros, que no soy escritor ni nada por el estilo, esto me conlleva a escribir algunas faltas de ortografía y en algunos momentos no explicarme muy bien, os pido disculpas por ello.

Hasta hace 20 meses me encontraba satisfecho con mi vida sexual, pero de un tiempo aquí, mi pareja y yo hemos entrado en la monotonía y mi cuerpo pide algo más y sobre todo variedad, el problema es que con mi mujer ya he practicado lo que en las próximas líneas voy a contar, pero necesito realizarlo con una desconocida. Lo dicho estoy dispuesto a llevarla a cabo en cualquier momento con quien se preste a ello.

Actualmente trabajo como informático, y dedico todos los días algún tiempo a conectarme a Internet y visitar páginas de contactos, realmente me considero bisex aunque sin haber tenido ninguna experiencia, dicen que algo guapo, moreno de piel, pelo cortito y de cuerpo se puede decir que no estoy mal, aunque no soy ningún cachas ni nada por el estilo, no dispongo de mucho vello en mi cuerpo y sexualmente podemos decir que mi aparato es muy normalito.

Bien comenzamos, un día me decidí a anunciarme en las páginas de contactos indicando el siguiente mensaje:

“Hola soy Iván, Vivo en Madrid, 29 años, casado, moreno de piel y pelo, complexión normal, no soy profesional ni nada por el estilo, me encanta dar masajes en todos los sentidos, si estas interesada chica o mujer indistintamente de tu edad en uno de ellos, no dudes en escribirme, me gusta la seriedad, limpieza, discreción, el sexo seguro y sin malos rollos, no importa que tu pareja este presente, te aseguro toda la naturalidad del mundo para que nuestro contacto no nos avergüence, por último indicarte que no cobro por ello.

Besos.”

No había transcurrido un día, cuando comenzaron a llegar las primeras solicitudes.

En el momento de poner el anuncio no esta muy convencido de lo que hacía, iba a poner los cuernos a mi mujer, y no sabía si una vez realizado el contacto podría vivir con toda tranquilidad el resto de la vida, pero lo cierto es que mis ganas superaban mi conciencia y si no lo hacía, me tiraría toda mi vida teniendo en mi cabeza semejantes fantasías. Bien definitivamente tras pensarlo durante varias semanas, estaba completamente decidió a serle infiel, y lo asumía con todas las consecuencias, ni que decir que no se lo comentaría a nadie, sería mi secreto mejor guardado.

El hecho de estar casado retraía bastante a ciertas mujeres. Incluso en el tiempo que permanecí pensándolo, desperdicié más de una oportunidad por este motivo. Un día de los que abrí el correo por la mañana, comenzaron a llegar mensajes, estuve echándolos un vistazo y me llamó uno de ellos la atención que en concreto decía lo siguiente:

Hola soy Susana, he leído tu anuncio de contactos y en principio estoy interesada en tu oferta, tengo 30 años, morena, 165 etc… Actualmente casada, necesito un contacto esporádico y no volver a saber nada de ello. Soy muy tímida y no estoy segura de lo que hago, espero contar con tu ayuda. Besos.

Inmediatamente me puse manos a la obra para responderle y sobre todo tranquilizarla y darle natur

alidad al tema, sobre todo como si se tratase de lo más normal del mundo.

Al día siguiente volví a recibir un e-mail de ella, entonces me puse nervioso, ya que parecía que la cosa iba en serio, me ofrecía su móvil para ponerme en contacto con ella.

La verdad, yo siempre he desconfiado de los contactos a través de Internet, primero por que es un mundo de anónimos y nunca sabes lo que vas a encontrar, lo segundo el mundo es muy pequeño quién sabe si es algún conocido con la persona que te has citado. Para ello, había planificado una serie de reglas que debía llevar a cabo, a continuación las detallo:

1.- Nunca daría datos personales reales. 2.- El día de la cita quedaría en un lugar público. 3.- Yo aparecería en la cita después de la persona con la que había quedado, independientemente de que me gustase o no, tenía muy claro que charlaría con ella. Ya que en algún momento en la única cita que he tenido me dejaron plantado y no es plato de buen gusto. 4.- Yo elegiría el lugar donde tener la experiencia, debería de ser un hotel, a ser posible con minibar y con cargo a la otra persona o en común, eso sí con la habitación previamente reservada. 5.- Y muy importante, en horario laboral para no despertar sospechas sobre mi mujer.

Como veréis eran muchas las condiciones, con lo que no era nada difícil que alguna rechazase la oferta. Bien por fin decidí llamarla por teléfono, según telefoneaba, mi cuerpo temblaba, no tenía claro cómo presentarme.

– Por favor, quería hablar con Susana.

– Sí soy yo, ¿quién es?

– – Era una voz fabulosa, morbosa, algo aniñada.

– – – Hola soy masajes de la pagina de contactos de Internet.

– – Parecía haberse quedado muda, no contestó.

– – – ¿Susana?

– – – Sí, sí, estoy aquí.

– – – ¿Qué tal?, ¿cómo estás? – – – Bien ¿y tú?

– – – Muy bien. La verdad, tenía ganas de conocer tu voz. Te parece bien que nos conozcamos, simplemente para tomar algo.

– – – Vale, ¿cuándo te viene bien?, ¿a qué hora?

– – – Hoy a las 5 de la tarde en la Plaza de Colón, en la cafetería Río Frío. ¿vale?

– – – Vale.

– – – ¿Cómo te identifico?

– – – Llevare una bufanda en la mano. ¿Y yo a ti?

– – – No te preocupes yo me presentaré.

– – La realidad, nos encontrábamos en primavera, llevábamos unos días con una temperatura fabulosa, y por el campo y la calle se podía percibir el olor que nos trae la primavera y que hace que los cuerpos del reino animal se calienten.

Sería fácil identificarla, ya que en esta época del año, no creo que hubiese mucha gente con una bufanda en la mano. Llamé por teléfono a mi mujer y le dije que hoy tenía trabajo y que llegaría más tarde. No sospechó nada, ya que hay varios días en los que debo de quedarme a trabajar más de lo normal.

– – Bien, a lo largo del transcurso del día, no daba pie con bola, me encontraba muy nervioso, incluso se me pasó por la cabeza echarme atrás, pero finalmente no fue así. Llegó la hora y me despedí en la oficina de mis compañeros hasta el día siguiente. Me dirigí al lugar de encuentro.

Una vez que llegué, me situé a unos 100 metros de la entrada de la cafetería, cuando llevaba 5 minutos esperando, vi cómo se aproximaba una mujer con una bufanda en la mano, no podía distinguir bien sus rasgos debido a la distancia que nos separaba, pero no daba lugar a dudas, estaba seguro de que era ella. Para no hacerla perder tiempo y evitar que se pusiese nerviosa, me apresuré para entrar casi detrás de ella. No había llegado a sentarse, cuando con mi mano toqué su espalda y la dije:

– – – Hola, ¿eres Susana?

– – Ella se giró, estaba muy nerviosa.

– – – ¿Qué tal?

– – – Bien

– – – Por fin nos conocemos.

– – Nos dimos dos besos

– – – ¿Qué quieres tomar?

– – – Un Martini.

– – Era impresionante. Morena con el pelo liso a media melena, ojos negros, fina nariz, bonitos labios pintados de rojo, guapa de cara. Llevaba un traje de chaqueta en color azul, con una falda por encima de las rodillas. – –

Enseguida nos trajeron las bebidas, al coger su vaso observé sus manos, con sus uñas pintadas en rojo. Independientemente de la distancia que nos separaba, pod&iacu

te;a percibir que su perfume me gustaba. Con el paso de los minutos la conversación fue más distendida, incluso reímos en algunos momentos.

Fuimos entrando en materia, hasta llegar al meollo de la cuestión del por qué estábamos allí, entonces me sorprendió diciéndome que le gustaría recibir el masaje mañana y que probablemente su marido estaría presente sin llegar a participar. Con esto último yo no contaba, pero lo cierto es que en el anuncio si lo contemplé.

– – Bien al salir de la cafetería reservamos una habitación en el Hotel Colon para el día siguiente. Nos citamos en el mismo lugar a las 12 del mediodía.

– – Durante toda la noche casi no pude pegar ojo, me tiré toda la noche empalmado, pensando en ella. – –

Por la mañana, me levanté a la hora de todos los días, 6 de la mañana, me duché y me arreglé, antes en una mochila introduje aceite Johnson, champú, perfume, espuma de afeitar y cuchillas, todo ello tenía relación con el trabajo que me esperaba. Y sobre todo para ducharme al finalizarlo. – –

El día de la cita solicité permiso en el trabajo. Sobre las 11,30 de la mañana me fui de nuevo a la cafetería donde habíamos quedado, me encontraba muy nervioso, pero al mismo tiempo emocionado y excitado, cuando llegué allí, vi a Susana sentada junto a un hombre, no había duda era su marido.

Nos presentó, Iván era un hombre apuesto, guapo de cara y con buen cuerpo, vestía muy bien, ella sin embargo me sorprendió, traía otro traje de chaqueta igual que el día anterior, pero esta vez en color gris, se percató que me gustó cómo vestía. Bien pedimos algo de comer, debíamos reponer fuerzas.

Después de comer y charlar durante un rato, yo pedí de beber un Vermouth blanco, ellos decidieron acompañarme, destacar que tampoco eran fumadores. Sobre la una decidimos dirigirnos hacia la habitación del hotel.

– – No es que estuviésemos borrachos ni nada por el estilo, pero los 2 Vermouth que nos tomamos cada uno, nos habían hecho dejar la vergüenza atrás, eso sí guardando el respeto y la educación en todo momento.

– – Por fin llegamos a la habitación, disponía de dos camas, suelo de madera, minibar y muy bien perfumada. Una vez cerrada la puerta, un silencio nos invadió a los tres. Entonces me acerqué al minibar y para romper el silencio saqué una botella de champán, y brindamos.

Todo volvió a la normalidad. Iván su marido, se tumbó en una de las camas mientras bebía y se preparaba para ver el trabajito. Entonces le comenté a Susana que si tenía algún inconveniente en comenzar con el masaje, ella me dijo que adelante que se encontraba preparada.

– – – Debes de quitarte la chaqueta y la camisa, la falda de momento no es necesario.

– – Procedió a retirarse la chaqueta y comenzó a desabrocharse la camisa hasta quedarse en sujetador.

– – – No te le quites.

– – El sujetador era en color blanco y podía verse a través de él cómo la aureola de sus pezones se trasparentaba, mientras su marido contemplaba la acción de su mujer desnudándose. – – – Túmbate en la cama boca abajo, le indiqué.

– – Ella abrazó la almohada, entonces saqué dos pañuelos de la mochila, con el primero procedí a vendarle los ojos para que al principio no se sintiese avergonzada, le até un fuerte nudo atrás y le dije que estirase sus brazos hacia arriba, para con el otro pañuelo atarle sus puños. Tenía a Susana completamente inmovilizada y boca abajo.

– – Sus brazos eran preciosos así como sus manos, también podía apreciar la belleza de sus piernas, cubiertas por unas medias negras las cuales sólo llegaban hasta la mitad de sus muslos, su faldita se había subido un poquito al tumbarse en la cama. Saqué mi aceite y dejé caer unas gotas sobre sus cervicales.

Comencé a untarlo con las yemas de mis dedos. Presionando con ellos, pude contemplar que se encontraba algo agarrotada, entonces me acerqué a su oído y le susurré:

– – – Relájate amor, debes de disfrutar.

– – Esta vez dejé caer mas gotas de aceite, pero por toda la espalda, para poder extendérsela, tuve que desabrocharla el sujetador, entonces mis manos empezaron a trabajar duramente, pasados unos minutos ya se encontraba más relajada, desabroché la

cremallera de su falda y se la subí a su cintura, fue maravilloso contemplar aquel precioso culo con el hilo de su tanga negro metido por la raja. Sus piernas eran maravillosas. Mi respiración se aceleraba por momentos, debía de contenerme para disfrutar de cada situación y no precipitarme, existía tiempo de sobra para realizar de todo.

– – Pasé a untar y masajear sus glúteos, por cierto ella debía de trabajarlos a menudo ya que estaban duritos. Cuando conseguí relajarlos muy levemente separé sus piernas, ahora sí que podía apreciar cómo el hilo de su tanga se introducía en el interior de su coño, éste no tenía mucho vello, pero yo aguardaba una gran sorpresa para él. Retiré levemente hacia un lado el tanga y con mi dedo corazón untado en aceite, comencé a masajear su ano realizando circunferencias, además de subirle arriba y abajo. Mientras tanto su marido observaba atónito ante los hechos.

Podía contemplar cómo la respiración de Susana se había acelerado un poquito, era normal, su almejita estaba un poquitín húmeda, señal de que le estaba gustando el masaje en su culo, definitivamente decidí arrancarle el tanga de un tirón, y a ella se le escapó un leve gemido. Separé algo más sus piernas, en ese momento podía estar disfrutando de la visión de su vagina. Era una rajita preciosa, bastante almohadillada.

– – Bien, de momento cambiaríamos de zona, debía de descargar sus gemelos y muslos. Empecé por sus tobillos para ir ascendiendo levemente con movimientos sensuales, hasta una vez más encontrarme otra vez a la altura de su precioso coñito, que en este momento se encontraba algo más húmedo. Paré y me acerqué al baño a recoger algo de agua, iba a afeitarle su rajita. Cuando volví, su marido se había desnudado por completo, por cierto tenía una buena herramienta, estaba totalmente empalmado. – –

A Susana la giré cara a mí, continuaba con las manos atadas y los ojos vendados, separé levemente sus piernas y con agua templada comencé a untar espuma en todo su vientre, eso sí sin llegar a tocar en ningún momento su clítoris.

Cogí la cuchilla y empecé a rasurarle todo su pubis y partes más íntimas. Le debía de gustar porque de vez en cuando arqueaba su cuerpo. Cuando finalicé el rasurado, la sequé con mucha delicadeza y le dije prepárate ahora vas a disfrutar.

– – Yo me quité la ropa a excepción de mi slip, me incorporé y le retiré el sujetador, en esos momentos vi sus hermosos pechos, aunque no muy grandes, pero sí muy bien puestos, tenía los pezones grandes y de color marrón, me senté encima de su vientre y me acerqué a su oído susurrándole: – –

– Estás caliente ¿eh?. Tu marido se ha desnudado también.

– – Desde sus oídos fui rozando su mejilla con mis labios entre abiertos, ella podía percibir mi acelerada respiración, al llegar a su boca me detuve y la comencé a besar suavemente, ella separó sus labios abriendo paso a mi lengua, cuando esta entró en contacto con la suya, un escalofrío corrió por mi cuerpo, notaba que mi polla estaba durísima.

En ese mismo momento empezamos a jugar con nuestras lenguas, su lengua ardía. Nos tiramos así aproximadamente 5 minutos sin separar nuestros labios y lenguas, pasado este tiempo continué descendiendo con mis labios por su cuello hasta llegar a sus pezones, los cuales comencé a besar, pronto sustituí los besos por mi lengua e intercalándolo con pequeños mordiscos, cada vez que mordía sus pezones, ella dejaba de escapar un leve gemido.

Noté como estos se endurecían hasta ponerse como piedras. Separé mi cuerpo del suyo y empezaron a trabajar mis manos sobre sus tetas, muy de vez en cuando con mis dedos las pellizcaba. Era el momento de descender con mi boca por su estómago, ombligo hasta llegar a su pubis, pero todavía no era la hora.

Desde sus tobillos con mis labios, comencé a besar sus piernas por el interior, también pasaba mi lengua por ellas, y me fui aproximando hasta que a la altura de mi cara, se encontraba aquella hermosa rajita, por cierto con un gran grado de humedad.

Podía disfrutar del olor de su sexo, procedí a besar muy ligeramente el clítoris, y a ella se le escapó un pequeño gemido.

Poco a poco fui acentuando el roce de mis

labios por todo el contorno de su clítoris, hasta que me detuve ante él para empezar a chuparlo, con mis dedos separé levemente los labios vaginales y empecé a realizar círculos sobre él con la punta de mi lengua. Parecía que Susana iba a morirse de placer, yo mientras tanto podía degustar el sabor de su flujo. Ella arqueaba su cuerpo todo ello provocado por el placer que le producía. Entonces me dijo:

– – – Por favor no pares, ¡Muérdelo, sí, Muérdelo! – –

Con mis dientes le mordisqueaba su clítoris, e intercambiaba mis mordiscos con leves masajes de mi lengua, pronto vi que sufría convulsiones, estaba apunto de correrse, entonces me detuve y le dije:

– – – No, todavía no ha llegado el momento.

– – Decidí quitarle el pañuelo de los ojos, pero no el de las manos, ella al poder verme por primera vez desde que comenzó el masaje y dada en la situación que se encontraba, acarició con su lengua, su labio superior mirándome con unos ojos pícaros, giró la cabeza hacia donde se encontraba su marido, ante su gran asombro, pudo ver a su marido totalmente empalmado y desnudo sobre la cama de al lado, él asintió con la cabeza, como dándole permiso para que continuase con su deseo, ser follada por un desconocido en presencia de él.

– – Entonces me quité el slip, y ella y su marido pudieron contemplar mi polla totalmente erecta, mi respiración ahora sí que se encontraba totalmente acelerada, notaba sensaciones de falta de aire, coloqué sus piernas sobre mis hombros, y le dije a su marido. – –

– Con tu permiso voy a follarme a tu mujer.

– – Yo nunca lo he probado, pero la sensación de ver como un desconocido se folla a tu mujer y el ver cómo ésta le desea, tiene que provocar una mezcla de celos y placer.

– – Una vez en esta posición, cogí mi polla con la mano y con la punta me dirigí a su clítoris, antes de follármela quería masturbarla, hasta que se corriese. Empecé a realizar círculos y a rozar su botoncito, era maravilloso cómo se estremecía de placer – ummmmmm. Pronto empezó a jadear a un ritmo rápido. Estaba a punto de correrse, se retorcía de placer, todo esto sin poder tocarme ya que continuaba con sus manos atadas.

De repente dejó escapar un grito de placer, estaba corriéndose, su marido mientras había empezado a pajearse.

Podía contemplar cómo no respiraba con normalidad, entonces sin separar mi polla de su clítoris, fui descendiendo hasta que me detuve en la entrada de su coño, muy, muy despacito, procedí a introducirle la puntita, poco a poco continué presionando, hasta que mi polla desapareció en el interior de su rajita, que parecía tener fuego en su interior, de momento no me movía y podía detectar los latidos de mi corazón en mi miembro.

Entonces empecé con vaivenes muy, muy suaves, quería que fuese un polvo suave, mientras ella me miraba fijamente a mis ojos, eso me excitaba cada vez más, a veces giraba la vista hacia su marido, una de ellas le dijo: – –

– Ahhh, ahh, mira amor, mira, me esta follando, ahh.

– – Su marido incrementaba mientras tanto el ritmo de su masturbación.

– – Yo continuaba moviéndome a un ritmo suave, mi polla parecía que iba a explotar en el interior de su coño, podía sentir cómo mis huevos golpeaban en sus nalgas, incluso ya había indicios de que no tardaría mucho tiempo en correrme, pero quería aguantar y para ello disminuía mi ritmo. Ella pasaba su lengua recorriendo sus labios e incluso a veces se mordía el labio inferior. – –

– Esto te gusta ¿eh? Le dije.

– – – No hables y sigue por favor. Me contestó. – –

Pronto comenzó a moverse, podía percibir sus espasmos, estaba a punto de correrse, entonces incrementé mi ritmo a mil por hora, quería correrme junto con ella. Pronto se paró y comenzó a retorcerse, y de mi polla empezó a salir leche que llegaba a rebosar en el interior de su raja, nuestros jugos sexuales se mezclaban en su interior.

– – – No pares, No pares, ahhhhhh. Me dijo ella.

– – – Toma, Toma, amor, esto es lo que necesitas ¿eh?, toma mi leche.

– – Su marido contemplaba la acción con una atónita mirada. Dejé caer mi cuerpo encima del suyo, y paré de moverme, necesitábamos recuperarnos, aproveché para desatarle sus manos. Enseguida las puso encima de mi culo, y con una voz silenciosa me susurró al o&i

acute;do:

– – – No, no, no, esto no ha hecho nada más que empezar, ahora quien manda soy yo.

– – Me retiró de encima de ella, me tumbó boca arriba, y dijo:

– – – Seguro que no te han follado nunca como yo te voy a follar ahora. – –

Su marido no podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Me ató las manos con uno de los pañuelos de los que ella había estado atada anteriormente, y con sus labios, empezó a chupar mis pezones, eso me ponía a mil por hora, pasaba una y otra vez su lengua por encima de ellos, mientras que con una de sus manos acariciaba mis huevos y mi polla. Pronto mi miembro comenzaba a animarse de nuevo. Entonces descendió por mí estomago y con sus preciosos labios y una mirada maliciosa, empezó a besar la punta de mi pene.

Sacó su lengua y comenzó a realizar círculos sobre mi glande, mientras no paraba de masturbarme y con la otra mano untada con un poquito de aceite, acariciaba la entrada de mi ano. Creí morirme de placer, pasados 3 minutos procedió a introducirse mi polla en la boca y empezó a mamármela como nadie lo había hecho, también llegó a introducirme uno de sus dedos en mi ano, esta mujer era un tesoro sin explotar.

Cuando estaba a punto de correrme se detuvo para incorporarse, cogió la polla con la mano, se disponía a sentarse encima de ella, poco a poco se la fue introduciendo en su coño, cuando la tuvo toda dentro, cerró sus ojos y exclamó:

– – – Ahora sí, así me gusta más, ser yo quien lleve las riendas.

– – Empezó con movimientos ligeros, para pasado unos instantes empezar a botar encima de mí, este movimiento ocasionaba un sonido peculiar como si de alguien tocando palmas se tratase. Ocasionalmente ella entreabría los ojos y pasaba su lengua por sus labios. Ahora yo tardaría más tiempo en correrme ya que no habían pasado nada más que 15 minutos desde la última eyaculación.

Desde mi posición podía visualizar cómo se balanceaban sus hermosos pechos, que ella no dudaba en acariciarse con una de sus manos, mientras que con la otra que se pasaba por detrás ella, llegaba a agarrar mis testículos masajeándolos.

El ritmo que imponía, había alcanzado tal velocidad, que mi pene se salió de su raja, en ese mismo momento creí morirme, en poco tiempo y sin llegar a perder segundos le volvió a agarrar y a introducírselo, me fijé en su boca y tenía sus dientes presionados y los labios separados, no paraba de resoplar.

Cuando pudo ver que me iba a correr, se sacó mi polla y me empezó a pajear, acercó su cara, un fuerte chorro de semen salpicó su preciosa cara, su marido también se estaba corriendo en ese mismo instante. Sin mediar palabra muy deprisa volvió a introducirse mi polla y se dejó caer encima de mi pecho. Fue maravilloso, menudo polvo me había echado esta mujer. El olor que desprendía su cuerpo era maravilloso, era una mezcla de aceite, perfume y sudor. Su marido se acercó hasta donde nosotros y dijo:

– – – ¿Ya te has quedado a gusto?

– – – Tú sabes que no, con él ya he acabado, pero ahora te toca a ti.

– – – Fabuloso, contestó. Si no te importa Iván nos gustaría quedarnos solos.

– – Vi que mi trabajo había finalizado, pero de pensar cómo follaba Susana y que ahora su marido y ella lo iban a pasar en grande, se me hacía difícil despedirme de ellos. Entonces les propuse el quedar un día a solas con Susana y otro día con él. Su polla me había gustado y me gustaría hacerle un favorcito y así probar con mi primera experiencia homosexual. Pero eso será en otro momento. –

Autor: Iván

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Mi esposa, la puta de sus jefes – IV

Y eso hice, me di un buen baño, me arreglé todo lo que pude y tuve un problema, me habían roto la camiseta y la blusa, así que solo pude encontrar un sujetador y un minitanga. Salí con ellos con el traje chaqueta y debajo de la chaqueta solo el pequeño sujetador, por lo que me tenían provocativa y exhibicionista. Y no solo no les disgustó, sino que les pareció bien la idea mía de ir ya de puta a un lujoso restaurante con ellos. Cuando les dije la verdad del por qué iba así, los dos rompieron a reír como dos críos.

La verdad es que la cena fue frugal, ya que aunque los platos eran apetitosos, lo que realmente ocupó la cena fue la conversación de mi futuro (eso sí, los postres me los zampé enteros). Raúl propuso irnos a un determinado antro poco conocido por mi, en cuyos reservados no solo había intimidad, sino que además podías fumar. Me dieron un cigarro idéntico al de ellos y me dijeron que me acostumbrase a ellos (los buenos cigarros) ya que a sus putas también se los hacían fumar, les gustaba besar una boca con ese sabor y no del rubio americano. Seguimos pactando mi nuevo contrato de trabajo, mi sueldo y complementos, mi ascenso en el organigrama de la sociedad y una magnífica indemnización en caso de despido acompañada de estupendos informes profesionales, pero transcurridos 3 meses desde la firma. Ellos querían garantizarse que en esos 3 meses tendrían preparada la puta que deseaban y sin vuelta atrás. ¿Y qué clase de puta deseaban? Pues por encima de todo, viciosa, pervertida, más que bisexual, plurisexual ya que he follado también con travestis, dando y recibiendo. Me pondrían una temporada en un salón muy conocido en el ambiente del sexo y que contaba con toda clase de ofertas, incluidas las sadomasoquistas suaves y medias, que también me fueron enseñadas. Más que trabajar de puta, esa sería mi escuela de aprendizaje. Toda clase de perversiones me serian enseñadas y allí mismo las ofrecería yo a mis clientes. Cesar y Raúl pasarían como mis chulos y se quedarían con el 35% de mis ingresos, la misma cantidad la casa y yo el 30% restante. Quedamos que todos los días iría allí dos o tres horas excepto fines de semana, y los días de Ferias comerciales y Congresos me quedaría más horas porque acudían muchos clientes al club y tenía así la excusa con mi esposo de estar “trabajando” con los clientes de mi empresa (al  fin y al cabo, Cesar y Raúl eran mis jefes y chulos, es decir, “mi empresa”). De mi nueva profesión, ya le informaríamos a mi marido en su momento, aunque estaba segura que muy pronto se daría cuenta que yo follaba con otros como loca. Nos conocíamos (y ahora más) muy bien y ambos respetábamos nuestra libertad sexual libremente concedida.

Me llevaron luego a un local que era un pub liberal y de intercambio, con prostitutas casadas amateurs, grande y con reservados, y cogieron uno de ellos. Pero ese reservado, estaba muy bien acondicionado y tal y como la conversación se iba haciendo más caliente y la primera botella de champañ iba agotándose, mi ropa iba desapareciendo de mi cuerpo (llevaba poca como sabeis) y mi tanga y sujetador fueron arrancados y rotos por estos bestias, mis bestias. Sus pollas salieron al aire y muy pronto estuve de rodillas mamando o intentando mamar aquellos inmensos trozos de carne endurecida. Raúl no se lo pensó y en un momento estuvo detrás de mi, me levantó el culo y mientras mi boca jugaba con la polla de Cesar, de un solo golpe me la introdujo en la vagina ¡casi se la muerdo a Cesar!, el dolor era enorme y el placer ninguno. Las folladas de ese día me habían inflamado el coño y el roce de ese vergón de 28 cm contra mis paredes laterales y el clítoris, solo me producían dolor. Ambos lo notaron y Cesar me dijo:

-A pesar de tu amplia experiencia sexual, poco has follado tú de verdad, mi amor, de lo contrario sabrías que el gran problema de las putas baratas es la gran cantidad de pollas que se les introduce cada día y más con el condón que no es sino látex y les roza más. Acostúmbrate al dolor y aprende a disfrutar de él, ya que tú serás unas veces una puta cara, muy cara, pero otras veces follarás en barecitos de polígonos industriales que abren toda la noche, lugares cercanos a los muelles del puerto y zonas de carga y descarga de mercancías. En estos sitios hay tugurios abiertos toda la noche para que camioneros, estibadores y toda clase de trabajadores y golfos viciosos, puedan desahogarse a su gusto y con tu estilo, belleza y cuerpo, serás la reina y la más usada.

Cesar se corrió dos veces en mi boca y Raúl una vez en el coño y otra en la boca. No me dejaron limpiarme y tuve que irme a casa soltando leche. Al pagar, dejaron una generosa propina y el encargado alabó mi cuerpo y Raúl, con toda tranquilidad le dijo:

-Si te gusta, te la puedes follar, pero sin condón, la queremos siempre llena de leche. Y si tienes clientes para ella también. El precio lo pones tú, pero el 65% es para nosotros tres y el 35% para ti.

Así que el encargado (también me dijo luego que tenía el 50% del local) me llevó al mismo reservado, me folló por delante y por detrás y me la dio a mamar, cosa que hice a su gusto (no la tenía ni de 17 cm), pero me dijo que no me vistiera, que me iba a traer el primer cliente. No fue un solo cliente, sino dos y les cobró 200€ a cada uno. Me pagó nuestra parte y le pregunté donde estaban mis chulos y me dijo que se habían ido, pero que no me preocupase que había un taxi esperándome y que también él me esperaba pronto por su local. Por indicación de mis chulos, tampoco me dejó limpiarme. Al pasar por delante de un espejo, me di cuenta de lo asquerosa que estaba. Y al pensar eso, me di cuenta de que para muchos, desde esa noche era verdaderamente asquerosa, en ese local entré golfa y salí puta. ¡Cuántas veces he follado allí mismo!

Al llegar a mi casa, me fui directa a la ducha y naturalmente desperté a Jorge y al llegar a la cama, el pobre me preguntó:

-¿Te lo has pasado bien?

Y yo me emocioné de su voz y quise compensarle a pesar de mi agotamiento físico y mental. Le bese como nunca y cuando mi mano se introdujo en su entrepierna la tenía ya bien dura y no perdí el tiempo, me senté sobre él y me la metí por el culo (le gusta a él, me dolía menos y así me lo iba dilatando) y cabalgué como una loca amazona de las pelis del oeste, las manos de mi esposo cogieron mis tetas y una vez más me las estrujaron ¡que ganas de sacarme leche sin estar preñada!, y ya me estaba acostumbrando a ese dolor agudo y de esa manera, mi cuerpo subía y bajaba entre los movimientos de mis piernas y los embates de las manos de Jorge subiéndome y bajándome. Sus sonidos guturales me demostraban que estaba caliente y yo me corrí pensando en las pollas de mis chulos/Amos/amantes/jefes ¡qué diferencia de tamaño y de trato!, Jorge me quería a pesar de ser yo como era y para Raúl y Cesar solo era una puta para usar a su antojo… pero pensé en el contrato y solo desee que no fuese una broma y al día siguiente me despidiesen. De repente Jorge se corrió y yo no perdí el tiempo, me lancé sobre su polla, la mamé intensamente y con tanto placer que por primera vez en mi vida, me la tragué entera (20 cm) y me di cuenta al introducirse en mi garganta, mi marido me cogió la cabeza y me folló como si mi boca fuese el coño clavándola toda y moviéndose como loco y yo quise más. A pesar del dolor de mi coño, me la saqué de la boca, me tumbé sobre el y me la clavé. El dolor ya no me importaba y lo tenía con una buena inflamación y me lo comí a besos, chupé y mordí sus pezones, mordí su cuello estilo Drácula (al día siguiente se le notaba) y tuvimos una corrida prácticamente simultánea y ya no pude más, me dejé caer sobre él y me dormí.

Algo antes de las 7 de la mañana, Jorge me despertó trayéndome una bandeja con un café con leche y una tostada con tomate y me dijo que iba a exprimir naranjas, me lo tomé con rapidez y me levanté desnuda y fui corriendo a la ducha de nuevo. Me entró el vaso recién exprimido y se despidió para ir a su trabajo mientras me miraba y me decía:

-Una noche agitada ¿no?

Tuve que correr como loca, despertar a la niña, arreglarla, arreglarme yo y al abrir los cajones pensé en toda mi ropa destrozada por mis jefes el día anterior ¿qué hacía? Ellos me dijeron que me llevase ropa de repuesto de toda clase y al mismo tiempo, algo dentro de mi me decía que después de usarme asi, ¿para qué me querían ya? Pero metí algo de ropa interior y exterior en una bolsa y unos zapatos con tacón de aguja de 10 cm al tiempo que yo me ponía minifalda negra muy ajustada, blusa crema también muy ajustada y abierta y una torerita y me maquillé algo más de lo normal. Al llegar al despacho (con unos minutos de retraso por primera vez), un serio Raúl me dijo que pasase en 5 minutos a su despacho y esa frase y su cara me pusieron a parir de miedo. Nada más entrar vi también a Cesar y me acerqué a la mesa depositando en ella los 140€ que les correspondía por el 35% de mis dos polvos como puta. Al ver ese dinero, se miraron y me miraron a mí y me preguntaron:

-¿Y eso?

-Vuestro amigo del tugurio me folló gratis pero me trajo mis dos primeros clientes. Eso es el 35% de los 400€ que cobré.

Y los dos cabrones se empezaron a reir como locos, a Cesar hasta se le salían unas lágrimas y me dijo:

-Nosotros queríamos hacerte puta y tú misma lo has hecho, ya que sin nosotros y voluntariamente has estado follando como lo que eres, una puta. Escucha, hemos llegado hace más de una hora y hemos redactado el contrato acordado, mira a ver si es lo que dijimos y si estás de acuerdo esta misma tarde lo firmaremos con el Notario.

Me entregaron unos folios redactados y efectivamente, todo lo acordado estaba allí y para que no tuviese duda de nada, delante de mi firmaron cada hoja de las redactadas y mi conformidad a las mismas. Y esa misma tarde, se acercó el notario de la empresa, imprimió los documentos en papel oficial con una sonrisa de oreja a oreja y se firmó. Por supuesto, pasé una tarde con él gratis y luego me folla casi cada semana pagando barato, lo que le exigen mis chulos. Prácticamente no tengo precio fijo, dependo de ellos y ahora también de mi nuevo y amado chulo, mi esposo. Los primeros días estuve un poco nerviosa, pero hoy soy inmensamente feliz y tanto Jorge como yo, tenemos una gran ilusión con la niña que dentro de tres meses voy a parir sin tener ni idea de quién es su padre biológico. Pero esa niña, será mi recordatorio de que es “una hija de puta”.

Y así empezó esa relación especial. Me arreglaron el despacho, tengo un sofá cama que uso con ellos constantemente, mi propio baño y vestidor y desde luego, todos saben que soy la amante de mis jefes, pero a la vez soy su jefa y próximamente su jefa suprema, así que me pueden odiar o envidiar, pero me tienen que obedecer. En el mismo mes de Febrero, Raúl volverá a su Panamá añorado y Cesar se quedará dos o tres meses más para instruirme a mí en mis nuevas responsabilidades y buscar al nuevo director administrativo, que también estará bajo mis órdenes y que si me es posible, elegiré yo. Deseo sea mujer, lesbiana o bisex, profundamente viciosa y muy liberal, de esta manera, ese último piso será una cueva de sexo y lujuria para compartir con mi esposo. Así, que ya sabéis que entre mi esposo, mis jefes y yo, se ha hecho un matrimonio a cuatro.

Continuará

Un beso para tod@s y ya sabéis donde decirnos lo que pensáis de nuestra relación.

Sandra y Jorge

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Mi esposa, la puta de sus jefes – III

Hola amig@s, soy Sandra otra vez y os voy a seguir contando mi historia.

Hice lo que me dijo mi jefe y ahora Amo y mientras el agua de la ducha caía sobre mi cuerpo, empecé a despertarme de mi rato lujurioso y a darme cuenta de lo que me podría pasar con mi vida, mi matrimonio y familia pero al pensar el rato de placer y dolor que me había dado Raúl y que dentro de algo más de una hora le tocaba a Cesar, mi clítoris me ganó y me empecé a masturbar sin parar durante más de media hora. Salí de esa ducha convencida de que mi vida iba a ser otra radicalmente distinta y muy golfa y estaba tan caliente que ya nada me importaba. Dentro de mi había una “llamada de la selva” que me empujaba a convertirme en ese animal sexual que deseaba Raúl y estaba dispuesta a hacer todo lo que ellos quisieran y con quien quisieran si el contrato que firmábamos me complacía a mí en todas sus clausulas.

A las 4 de la tarde, estaba yo en mi despacho perfectamente vestida, arreglada y maquillada para ser follada por mi otro jefe y nuevo Amo, Cesar, y sin ropa interior alguna, y de repente, sonó el teléfono y la voz de Cesar me ordenó ir a su despacho, cosa que hice rauda y al entrar me lo encontré solo con el pantalón puesto y me dijo que cerrase la puerta y que no me preocupase ya que no nos iban a molestar. Su cuerpo era una inmensa mole de músculos y en su entrepierna, un bulto enorme prometía placeres sin fin. Me acerqué a él sonriente y le acaricié el bulto y me sorprendió su grosor, me puso sus manos en mis hombros y me fue indicando que me arrodillase y así lo hice, desabroché lentamente su bragueta al mismo tiempo que observaba como crecía aún más ese bulto, bajé sus pantalones y mis ojos se abrieron como platos ¡jamás había visto nada como eso de grueso, ni siquiera consoladores y tengo bastantes! Con mis dos manos lo cogí y jugué con él, no sabía qué hacer, por supuesto, no me cabía en la boca (hoy si pero me llena pronto la boca y no puedo profundizar como con la de Raúl) así que lo empecé a chupar y a intentar metérmelo en mi boca. Comprendió que no me era posible pero que lo intentaba de verdad. Poco a poco, su glande se estaba haciendo mío y le estaba haciendo disfrutar y al ver que se estaba excitando de verdad, le pregunté:

-¿Dónde prefieres correrte, en la boca o en mi coño?

-En los dos sitios y pronto en tu culo. Mi polla es una anomalía que sé usar magníficamente y puedo correrme 3 y 4 veces seguidas y llenarte de semen como nadie.

Me sorprendió, ya que no había conocido a nadie que lo hiciese más de dos veces seguidas y de estos, pocos, así que profundicé mamando esa verga y jugando con su glande hasta que me di cuenta que se iba a correr, abrí mi boca al máximo y me lo introduje todo lo que pude y de repente, mi boca se llenó de una inmensa cantidad de semen y no solo se llenó mi boca y mi garganta, sino que me salió por la nariz y por los laterales de la boca. Era imposible tener todo eso en mi boca y empecé a tragar lo más rápido que pude y me puse a toser por las cosquillas y el efecto de esa leche en mi nariz, así que Cesar me dio unos kleenex para sonarme y limpiarme la boca y la cara. Casi no me dio tiempo, me rompió la blusa y como no llevaba ropa interior, mis 94 cm de tetas naturales salieron raudas al exterior y si antes dije del dolor que me produjo Raúl, el que me hacía Cesar era superior. Es como si jugase con unas pelotas de goma con ganas de romperlas o deshincharlas, mis pezones estaban hinchados y muy sensibles y cuando se cansó, cogiéndome de las tetas me levantó y me puso frente a él, me abrazó contra su pecho y empezó a besarme con una pasión y una lujuria desconocida, mi boca se llenaba de su saliva y de repente me apartó un poco de el y me dijo que de ahora en adelante, dejase siempre algo de su semen en mi boca, quería contrastar su sabor y así estar orgulloso de habérmela llenado.

-No olvides nunca, que soy la persona más viciosa que jamás hayas conocido. Nada comparado con Raúl y este no se puede comparar con tu esposo o tus amigos españoles. Estamos acostumbrados a un tipo de mujer caribeña, lujuriosa y sin complejos. Todo lo admiten si pagas bien y tu vas a cobrar muy bien ¿comprendes?

Yo asentí y a una indicación suya me desnudé totalmente mientras él hacía lo mismo. Me sentí empequeñecida a su lado, Cesar Antonio era de color negro intenso, un poco más bajo que Raúl pero una enorme masa de músculos que brillaban con su sudor y donde pude apreciar el inmenso trozo de carne que le colgaba de su entrepierna y aún casi duro y si antes me pareció que estaba circuncidado, ahora aprecié que realmente lo estaba (Raúl no), nunca vi nada más grueso (ni lo he visto luego). Por un momento me sentí orgullosa de servir a estos dos grandes y viciosos folladores y hoy, desde luego lo estoy. Me convirtieron en una salvaje y desinhibida puta sin ningún tipo de prejuicios morales y también de mi marido, que es hoy día, el chulo que ellos entrenaron y luego entregaron para que me siga puteando. Pero también me convirtieron en una gran RRPP y empresaria. Pero dejemos esto y vayamos a la follada. Me cogió entre sus brazos y me depositó en el sofá, de forma que mi cuerpo quedaba apoyado sobre mi estómago dejando caer mi parte superior en el sofá y mi culo apoyado sobre mis piernas en el suelo y ofreciéndole todo mi culo y mis agujeros. De repente, me entró un miedo tremendo a que me lo metiese por el ano y en voz alta le dije:

-¡Por favor Cesar, no me lo intentes meter por el culo!

El se rió y me dijo:

-No te preocupes puta, esta semana respetaremos tu culo, la próxima semana Raúl lo estrenará (su polla es más larga pero más “normal” en sus proporciones) y la siguiente, será totalmente mio. Así que dile a tu marido que te folle por el culo sin parar y cómprate consoladores o dildos gruesos para dilatarte tu misma, ya que a nosotros el romperte el culo y te digo rompértelo de verdad, no nos importa. Como profesional de nuestra empresa, sí nos importas y más tal y como trabajas ya que lo haces muy bien, pero como puta serás para nosotros como el papel higiénico, lo usas y lo tiras.

Se puso a mi lado y empezó a meneársela poco a poco para ponerla dura del todo, yo lo veía desde mi posición y me asombraba su grosor y que él mismo me dijera “que su polla era una anomalía” ¡bendita anomalía!, te daba un placer sin igual y se podía correr varias veces seguidas y encima parecía King-Kong. Se puso detrás de mí y con saliva me remojó (ya lo estaba de mis corridas anteriores) la entrada de mi coño y yo empecé a temblar, noté como apoyaba su glande y como intentaba introducirlo, realmente estaba siendo muy delicado, cosa que mentalmente agradecí. Pero esa barra de carne se iba metiendo poco a poco y mis piernas se iban separando para dejarle sitio. Lentamente se fue introduciendo mientras mis músculos vaginales protestaban de la dilatación, pero mi clítoris era inmensamente feliz y toda esa sensación que me proporcionaba Cesar hacia que me corriese otra vez, con esto, Cesar le dio un empujón y yo un gritito, no quería alarmar a los empleados del piso de abajo pero el dolor ya era muy fuerte. Cesar dijo:

-¡Aguantas muy bien puta, pero aún no te he metido ni la mitad, así que muérdete los labios y aguanta tus quejas.

Y me dio un nuevo empujón y una inmensa palmada en mi glúteo izquierdo. Mis ojos se llenaron de lágrimas y me prometí no gritar. Al ver que no me movía, empujó nuevamente su polla y mis piernas y culo se empezaron a mover para colocarse de la mejor manera ante esa invasión del coño. Oía la respiración de mi Amo y jefe y sabía que estaba ya muy caliente ¡y tan caliente!, de repente sus manos me cogieron de las caderas y de un solo empujón, me metió todo aquello dentro de mi. Mi cuerpo, tumbado sobre el sofá, se levantó como un muelle expedido por mis brazos y el dolor fue inenarrable. Tenía la sensación de que mis piernas se iban a separar del cuerpo y que mi matriz estaba destrozada, pero Cesar fue muy amable, me acarició dulcemente, me besó la espalda cogiendo mi cuerpo por las tetas (sin apretar) y levantándolo suavemente. Todo lo que antes era salvaje, lo convirtió ahora en caricias y placer. Pero no se olvidó de que su polla estaba dentro de mí y por primera vez en mi vida, él mismo se encargó de acomodar su polla en mi matriz, moviéndome el culo hasta que se dio cuenta que yo me relajaba en esa posición, con lo cual, depositó mi cuerpo otra vez sobre el sofá y su polla cobró vida de nuevo ¡y menuda vida! Poco a poco la sacaba y la metía, solo unos cm, la ladeaba y el culo me lo iba ajustando y dentro de mi empezó otra nueva sensación, calor, esfuerzo muscular, cada vez menos dolor y más placer y mi deseo de colaborar y de gozar.

Cuando Cesar se dio cuenta de que yo tomaba la iniciativa poco a poco, incrementó sus entradas y salidas que se fueron convirtiendo en embates. Su polla chocaba contra el fondo de mi matriz, separaba las paredes como si fuese a parir y mi clítoris bailaba, salsa, bachata y merengue, de toda la felicidad que le estaba proporcionando y yo empecé a correrme una y otra vez. Al poco, me cogió fuertemente de los glúteos y me llenó el coño de un manantial de semen, pero si yo creía que eso me dejaría tranquila, nada de nada, lo que me dijo antes de correrse varias veces seguidas, lo iba a cumplir. Así que siguió follándome y ahora sin contemplaciones de ninguna clase. Una follada perfecta, porque si él me llenaba de pasión y deseo, mi dolor se había dado la vuelta y yo buscaba el placer de esa inmensa dilatación y su repercusión en mi gozo. Llegué a marearme un poco y perder el sentido del tiempo. Cesar me dijo que se había corrido 3 veces y yo… bueno, yo no lo se porque no estaba en este mundo. Solo se que en un momento tenía a Cesar a mi lado, agachado y dándome besitos en la mejilla, el cuello y la espalda, mientras me acariciaba el culo y me decía dulcemente.

-Ya ves Sandra, es como cuando pierdes la virginidad, las primeras veces duele un poco, pero poco a poco ese dolor deja paso al más placentero de los goces. Como decía una antigua amante mía en la Universidad, si Dios no nos hubiese dado el placer de follar a los humanos ¿cómo haríamos para tener niños sin dolorosos trances?, pues eso, si Dios nos dio placer ¿por qué no aprovecharlo al límite? Y acá nos tienes a los dos, para darte todos los placeres de los que vas a disfrutar. Ve ahora al baño, límpiate y te arreglas. Raúl, tú y yo nos vamos a ir a cenar y hablaremos contigo de lo que él y yo hemos hablado este mediodía. Ya verás cómo te quedas con nosotros, te conviertes en nuestra puta y amante y nunca te quejarás ni del trabajo, ni de los dineros de los que vas a disfrutar. Y tu santo esposo, pasará a tener más cuernos que los renos de Papa Noel.

Continuará

Un beso para tod@s y ya sabéis donde decirnos lo que pensáis de nuestra relación.

Sandra y Jorge

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