EXPERIENCIA REAL. INFIELES POR CONVENIENCIA. PARTE III

Seguimos besándonos y la apoyo hacia la encimera. Y de un tirón la arranque la exigua prenda que llevaba. Ante mí apareció una mujer espectacular. Con curvas ¡Que caderas, que senos!, su ombligo, y un monte de Venus con una pequeña línea morena. Seguí besándola y la subí a la encimera, comí su cuello, sus tetas, su ombligo y vientre, y por fin me encontré con su linda rajita. La comí con avidez; calentito, mojadito, suave; ¡que ganas tenía de comerme un coñito como este! y mientras gemía sonó un:
– Huy, que bien lame mi perrito, Chupa, chupa, cabrón.

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mi esposa cristina de calienta vergas con los vendedores

Otra de las aventuras de cristina, fue hace poco, cuando me dijo que había comprado algo de ropa y se la iban a llevar a la casa,

Yo de principio pensé que no podía pasar nada malo, hasta que después de unos minutos de que me dijo eso, salió de la recamara vestida únicamente con una pequeña bata semitransparente, que dejaba ver perfectamente su ropa interior, me le quede viendo algo extrañado y le dije,

– ya estás pensando en estar de puta, verdad., cristina,

Ella solo me sonrió y me dijo,

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Petra

Petra, la mamá de mi amigo, convierte mi calentura en algo más.

Petra en las piedras

Su nombre puede pasar por una excentricidad, pero para mí era de lo más común del mundo. Traté con ese nombre desde que entré por primera vez a la casa de Antonio y me presentó a su mamá. Petra era un nombre alocado que me sonaba perfecto. Había tenido a Antonio saliendo de la veintena, después de muchos años de buscarlo infructuosamente. A todos los que trataban con él alguna que otra vez les había dicho:

—No sabés lo que lo buscamos a este pibe.
Era nieta de europeos emigrantes, sus abuelos huyeron de la guerra, de algún lugar de los Balcanes, aunque nunca supe exactamente de dónde. Petra conoció al papá de Antonio en la universidad. Él llegó a ser un médico exitoso y ella nunca terminó de estudiar. Aunque pasé buena parte de mis tardes de adolescente en su casa, recién en el verano posterior a nuestro último año del colegio pasó algo que definió nuestra relación para siempre.

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un par de tragos provocan un segundo encuentro

Yo tan solo iba a acompañarla por una cerveza y la llevaría a su casa como un buen amigo, pero tras dos cervezas y un camino hablando de bobada y media llegamos a la calle en la que vive, platicamos un poco y acto seguido comencé a besarla, pero eso no era lo relevante. Ella estaba nerviosa y en realidad no tenia muchas ganas, pero las ganas aparecieron cuando empecé a acariciar su pecho, el punto débil de mi Carmen, recuerdo que mame de su pecho como si me prometieran la vida eterna, primero su teta izquierda y después un poco la derecha, su mano sobre el pantalón acariciando mi miembro y mi mano entre sus piernas sintiendo lo caliente de su rajada y escuchando como se excitaba cada vez más. Lamentablemente ese día solo sirvió como preámbulo para lo que nos esperaba de nuevo en un hotel; una guerra donde el poco tiempo que teníamos lo aprovecharíamos hasta que nos doliera seguir cogiendo.
Era un sábado y ella acepto acompañarme a mi y un par de amigos a un partido de futbol,terminando quisimos comer un poco e ir a dejar a mis amigos primero, puesto que su casa era la mas lejana, despues de dejarlos optamos por comprar un par de bebidas preparadas en una tienda y tomarlas en el cohce. “que quieres que hagamos?” esa frase aun me retumba y al recordarla vuelvo a sentirme excitado. platicamos un poco y optamos por ir a un hotel, un lugar diferente y solo con la promesa de coger el par de horas que teniamos disponibles.

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