Piso de estudiantes

Tenía un grave problema, mi padre me había anunciado su visita para dentro de un mes y el apartamento después de la última fiesta, había quedado en bastante mal estado, las paredes pintadas gracias a las bromas de Pepi y Rosa.

Me llamo María tengo 20 años y estudio en Granada, mi padre había comprado el apartamento cuando inicié la carrera, y después dijo que lo vendería ya que él no pensaba venir a vivir a esta linda ciudad.

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Jugando con mi novia, un poco más de la cuenta

Hetero, Jóvenes y cachond@s, perdiendo la virginidad. Siempre he sido un hombre fogoso, aunque mi novia era muy tradicional y siempre quiso que esperásemos a nuestra boda. Mis ganas de sexo necesitaban ser saciadas, por lo que siempre recurrí a la masturbación cada vez que mi novia me dejaba caliente e insatisfecho en el portal de casa de sus padres.

Recuerdo que una vez al dejarla en su casa me dijo que sus padres se habían ido de viaje urgente, que a su abuela la habían ingresado en el hospital:

– ¿Y te vas a quedar sola? Mejor te acompaño un rato.

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La conocí en una discoteca

Polvazo, Hetero, Jóvenes y Cachondas.

Lo que ahora narro, sucedió una noche que salí de juerga con mis amigos, tras ir a varios bares decidimos ir a una discoteca, a terminar la noche. Una vez dentro, pedimos, y nos pusimos alrededor de la pista a ver a la gente de la pista. Allí estaba una chica que me cautivó, bailaba en medio de la pista de manera sensual, contorneando su cuerpo al ritmo de la música, daba igual cual, la bailaba de forma muy deleitable.

Tenía puesto un vestido crema que destacaba sus curvas, insinuaba sus senos, marcaba los pezones y dejaba entrever su redondo trasero, era una hermosa hembra morena, de cabello rizado azabache. Una sonrisa salía siempre que me miraba, eso me hacia tener ilusiones, y todo se confirmó cuando al terminar una canción, ella se sentó en unos bancos al lado mío. Al tenerla tan cerca, no pude evitar mirarla, a lo que ella respondió preguntándome por lo que miraba, yo le respondí que la miraba a ella, sonrió y me dijo que si me gustaría hacer algo más además de mirar, yo me reí, y le pregunté el nombre, me dijo que se llamaba María, yo le dije mi nombre, y le respondí que sí estaría bien hacer algo más que mirar. Tras decirme eso, se levantó y empezó a caminar, yo no me moví, y ella se volvió y me dijo que a que esperaba, me levanté y la seguí. Nos montamos en su turismo rojo, y me dijo que ella vivía sola a las afueras, arrancó el coche, me pareció eterno el tiempo que tardamos en llegar.

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