Viajando en Colectivo II

Hola ¿cómo están? Espero que se encuentren muy bien como yo, en estos días tuve un mail de una -admiradora desconocida- que me comentó que mi relato la había puesto a mil y que la hizo recordar una experiencia parecida que le sucedió en el Metro de la Ciudad de México. A ella va dedicada especialmente y a todas aquellas personas y -personillas- que han tenido o tendrán experiencias de este tipo (sin dejar de recomendar a aquellas chicas o damas que disfruten lo más que puedan si las tocan a -escondidas- ya que no van a correr ningún riesgo en un transporte público y van a experimentar una de las experiencias más excitantes de su vida).

Bueno dejamos las salutaciones y las recomendaciones y pasamos a relatar la segunda parte del relato que nos convoca. Luego de haberme bajado en la parada siguiente de la parada que aquella hermosa y caliente chica se bajó, no podía contener mi excitación y mucho menos podía dejar de pensar en lo que me acababa de suceder, entonces decido caminar en sentido contrario al recorrido del colectivo es decir a volverme para el centro, pero caminando. Sinceramente esperando re-encontrarme con ella. Me meto en un bar para tomarme un café además de pasar al baño (aclaro no fue para hacerme una paja, solo para mear y mojarme la cara), luego de salir del Bar me dispongo a tomarme el colectivo para regresar al Centro cuando veo una persona que me llamó la atención que se acercaba a la parada, sí… ¡Era ella! , quedó como paralizada al verme, yo para que ella no se asustara me hice el distraído como si no pasara nada.

Eternos se hicieron esos minutos que pasaron hasta que llegara el colectivo, miles de ideas cruzaban por mi cabeza y la excitación aumentaba en mí. Por fin llegó el colectivo le doy lugar para que ella suba primero; como todo un caballero, ella sube y se sienta en un asiento del lado de la ventanilla como antes y me clava la mirada, yo haciendo de cuenta que no pasaba nada me siento al lado de ella como si no nos conociéramos.

Arranca el colectivo y procedo a poner mi abrigo sobre el maletín como lo hago siempre teniendo la precaución de taparle bien a ella las piernas y lo más posible esa nefasta y pesada mochila. Ella se acomoda con las piernas abiertas y me mira como pidiéndome que la toque yo ni lerdo ni perezoso procedo a correr mi mano a su pierna ya con la certeza de que no iba a ser rechazado, comienzo a masajear esa pierna maravillosa que se prestaba a mis instintos sexuales, con mi pene que comenzaba a sentir la excitación de la circunstancia, con el morbo de todo aquello que parecía irreal.

La miro a los ojos y ella mira para atrás y baja su mano a mi pierna yo se la tomo nuevamente, ella la acerca a mi bragueta la que yo con mucha cautela le abrí el cierre y bajé el calzoncillo para que a ella le resultara más fácil tocarme el miembro que a esa altura estaba con una temperatura de 100 °C, eso creo. Maravilloso fue sentir en mi pene su mano temblorosa como si nunca hubiera tocado uno y recorriéndolo en toda su longitud, corriendo el prepucio y tocando la cabeza que comenzaba a despedir el liquido pre-seminal, ella lo extendía por la cabeza y me hizo señas, con su codo, para que destapara mi falda para observarlo !Que linda cara que ponía ella al mirarme el pito mientras lo tocaba, lo acariciaba, lo manoseaba, lo meneaba de arriba hacia abajo!

Yo como loco le metí la mano dentro del pantalón de gimnasia para tocar esas piernas suaves jóvenes y temblorosas que se dejaban recorrer por cada centímetro de su existencia. Algo indescriptible fue volver a tocar esa bombacha mojada que minutos antes ya había conocido en el otro colectivo. Con la ayuda de ella le metí la mano bien en su sexo jugué con mis dedos hasta el cansancio mientras ella mirando para el exterior y el interior del colectivo me tocaba y jugaba con mi pene, tocándome las bolas tirándome de los vellos que tengo, sonriéndome cuando me hacía doler.

Ya en el centro de la ciudad el colectivo comenzó a llenarse, allí fue cuando le dije que nos fuéramos al fondo para estar más tranquilos, creo que la asusté porque me dijo que no. No me importó seguí a su lado con mi dedo en su conchita toda mojada y caliente masturbándola como pude. En eso que estábamos concentrados en nuestro juego veo que ella mira hacia el pasillo y saluda a un muchacho que la conocía, el le dijo…

– Hola Pato, creo que allí supe que se llamaba Patricia.

Así estuvimos viajando por mucho tiempo hasta que empiezo a sentir como que estaba por acabar y la miro haciéndole señas cerrando mis piernas, tocándola con mi codo para que se diera cuenta que estaba por acabar, que ya no podía más aguantar tanta excitación. Ella la apretó a mi pija y la comenzó a sacudir tocándome con el codo para que la dejara mirar, yo me fijé para atrás y solo quedábamos aparte de nosotros un tipo en el fondo durmiendo. Entonces corrí todo lo que estaba en mi falda me recosté en mi asiento y me dispuse a mirar ese espectáculo que ella y yo íbamos a experimentar, mi eyaculación.

No apartó ni un instante su mirada de mi pene cuando comenzó a despedir semen, lo tocaba se embarraba las manos con él, lo tocaba y yo temblaba como una hoja mientras ella disfrutaba mirarme como yo gozaba. Hasta que llegó el momento en que ella cerró los ojos y me aprisionó la mano con sus piernas y comenzó a temblar como una hoja en su asiento… ¡Estaba acabando también! ¡Maravilloso! ¡Estupendo!

Fue una experiencia hermosa, dulce, especial, simplemente… ¡Maravillosa! Quitó mi mano de su concha, se acomodó la ropa y luego de unas paradas me pidió permiso para bajarse, yo quedé helado, no podía creer lo que me estaba pasando, estaba todo sucio con mi semen en mi pija, mi mano con sus jugos y ella se iba como si no hubiera pasado nada en este viaje. Cuando le di el lugar para que se bajara le metí una mano en el culo como para que no se lo olvidara más en su vida y ella me correspondió con una sonrisa y un guiño de ojo con una picardía tan linda como ella.

Se bajó del colectivo y yo pasmado quedé nuevamente muy lejos de mi destino, pero con una satisfacción enorme y con la pija vacía lógicamente me tuve que bajar y eso si me tomé un taxi hasta el primer Centro Comercial para lavarme y tomarme otro café.

Pato si estas leyendo este relato escríbeme.

Chau y éxitos a todos.

Me gusta / No me gusta

Con mi compañera de clase.

Mi nombre es Simón y la historia que voy a contar sucedió una noche de mayo cuando fui a una fiesta en casa de mi compañera Beatriz, tras terminar la semana de exámenes.

En la casa estábamos casi toda la clase y entre esa gente estaba mi compañera Beatriz, que si no han leído ninguno de mis experiencias con ella, es una chica morena con el pelo liso, con  flequillo. Su cara es totalmente angelical, con unos ojos rasgados negros, así un toque egipcio estilo Cleopatra, su cuerpo es delgado con una talla D de pecho pero un trasero hecho a medida, pequeño y redondito. Más de una vez le he dejado pasar delante mía para poder admirar ese trasero y además ella, es consciente de que lo tiene,  ya que le gusta lucir ropa ceñida para resaltarlo.

Esta diosa sexual tiene un novio apodado “el Fiti” por su costumbre de ir con la moto a toda pastillas. Trabaja en el telepizza, y su nombre es Fidel.

Esa noche Beatriz vestida un vestido blanco con una falda que le llegaba hasta la rodillas, su piel lucía bronceada, supongo que esa tarde se habría dado una sesión de rayos y por supuesto a su lado su novio, él cual no me caía especialmente bien, junto a ella, luciendola como un trofeo.

Entre los invitados estaba también nuestra amiga y compañera Carmen, no sé si se acuerdan de como era Carmen, ella es castaña con el pelo ondulado, sus ojos son marrones y su boca es excesivamente grande en comparación con su rostro, ella mide 1,80 m pesa alrededor de 60 kilos, tiene unos pechos, no muy grandes, de una talla C y una piernas larguísimas las cuales le encanta enseñar siempre que el tiempo se lo permite, por supuesto este monumento de mujer tiene un novio muy simpático apodado Márque. Llevaban cerca de 10 años juntos, desde que tenían uso de razón estaban juntos. Esa noche Márquez tenía partido con su equipo así que no pudo venir, una lastima, ya que me caía muy bien, siempre nos echábamos unas risa. A Carmen tampoco le caía bien el novio de Beatriz, pero como eran amigas debía apechugar con él.

Tomé dos cervezas y me puse al lado de Carmen a charlar, primero una conversación liviana pero luego a despellejar al novio de Beatriz hablando de lo egoísta que era con ella y la de veces que le había puesto los cuernos, aunque ella también se lo había puesto a él conmigo y con Jorge que lo conté en el relato de “Noche de cambio” . Carmen y yo estuvimos poniendo verde al novio de Beatriz mientras que bebíamos una tras otra cerveza. Como de costumbre Fiti se tuvo que irse, yo fui a hablar con ella cuando José Luis sacó los micrófonos del singstar, todos se pusieron alrededor de la tele, yo me quedé fuera del círculo apoyado en la mesa Beatriz vino y se apoyó sobre mi pierna y estuvimos viendo como nuestros compañeros jugaban.

Ella estaba apoyada en mi pierna mientras que yo la abrazaba por la cintura, cuando ella puso su mano sobre mi mano, tenía la piel suave y con su mano acariciaba mi mano, yo volteé mi cabeza y olí su perfume de su cuello. Mi polla empezaba a estirarse bajo mi pantalón, miré al resto de gente que estaban entretenidos con el juego de singstar. Con un alarde de valentía la tomé de la cintura y puse su trasero sobre mi polla. Ella al sentir mi polla sobre su culo apretó su culo pero luego cuando mis manos posadas en ambos lados de la cintura pegaba su cuerpo al mío ella relajó su trasero y comenzó a restregarse contra mi polla, a la espalda de todos nuestros compañeros de clase. Coloqué mi manos en su barriga y olfatee su cabello que olía a adolfo domínguez, su colonia y su olor característicos. Ella puso sus manos sobre las mías y con un gesto de su cabeza se quitó el cabello dejando su cuello al aire, le soplé en el cuello y tras la orejas entonces ella se mordió los labios y me dijo “sígueme”. En silencio abrió la puerta del pasillo y yo la seguí cerrando la puerta tras de mí.

Fuimos a su habitación y en ella, le dí la vuelta y comencé a besarla de forma lujuriosa. Le comía la boca y ella con su lengua jugaba con la mía. Mis manos se fueron a su cintura subiendo la sobre la mesa, la cual estaba ocupada por su apuntes, sus libros y sus bolígrafos, lo tiré todo al suelo, hizo un ruido enorme, gracias a Dios nuestros compañeros estaban berreando en el salón y no escucharon nada, ambos nos quedamos callados y cuando vimos que nadie decía nada nos reímos y la subí sobre la mesa. En la mesa le metí las manos bajo la falda quitándole las bragas, ella abrió mi cinturón y luego mi bragueta sacando mi polla de mis calzoncillos. Acariciando mi polla de arriba a abajo haciendo que mi polla terminara de estirarse, mientras que nuestras bocas se besaban y nuestras lenguas se entrelazaron. “ Ponte un condón” me dijo al oído saqué de mi cartera mi condón y cuando lo iba a abrir, ella me lo quitó de las manos y con sus dientes abrió la funda y luego sopló dentro y luego mirándome a los ojos puso el condón en mi polla, “ ya está listo” diciendo eso tomé mi polla y se la metí en su coñito. Le abrí la camisa y metí mi cabeza dentro de su escote cogiendo con mis manos sus pechos, sus pechos de la talla D tan duros y tan perfectos. Mi polla se abría paso en su coñito, le subí más la falda blanca para que pudiera abrir más la piernas, y posé mis manos en su trasero ya desnudo para poder empujar con más fuerza su cuerpo contra mi polla. Ella se corrió y tuvo un gran orgasmo dejándola totalmente débil, yo seguí empujando hasta que finalmente me corrí dentro del condón. Escuchamos ruido en el pasillo y rápidamente nos vestimos bajando se de la mesa, abrí la puerta y viendo que no había nadie salimos al salón, estaba todo el mundo jugando al singstar. Carmen nos vio entrar en el salón y sonriendo se acercó a nosotros y nos dijo “ ¿de dónde venís diablillos? “. Los tres nos reímos.

Me gusta / No me gusta

Sexo en la piscina con una francesa

Sería el verano del 96 o 97 cuando tenía 18-19 años y trabajaba en un chiringuito de unos apartamentos turísticos que llevaban unos franceses, por lo que la mayoría de la clientela eran franceses y extranjeros, que venían a tomar el sol, bañarse y emborracharse como piojos.

Ese trabajo era muy divertido, y me encantaba, en primera línea de playa, poniendo copas, viendo chicas preciosas (en verano las mujeres estáis preciosas todas), bien pagado. Luego disfrutaba de los privilegios del recinto (pista de tenis, piscina, sauna, etc.).

Ese verano vino a veranear una familia de franceses que tenían una hija alucinante, además en esa época el top less no se hacía mucho por parte de los españoles, pero ellos tenían otra mentalidad, y la verdad es que a mí me ponía a punto de estallar el pantalón cuando la veía en la piscina con sus bonitas tetas al aire, y ese tanga que lucía. Su madre era rubia también y no estaba nada mal, era la típica mujer madura en la que te fijas, que viste fenomenal, atractiva, sugerente y casi siempre sin sujetador, cosa que me pone a cien.

Yo por aquel entonces tenía una novia con la que mantenía una relación sexual constante, pero nada del otro mundo, algún polvo en una playa solitaria, en el coche y los normales de cama, pero nada del otro mundo. Follaba bien, pero le faltaba algo de morbo a la relación. Una noche hicieron una fiesta-cena en el recinto, a la que acudían todos los huéspedes, los camareros y algún que otro invitado de los jefes. Esa noche Cogalíe (como se llamaba la madre) iba imponente, con un traje negro de noche con la espalda al aire y excitante por todos lados. Delphine, como se llamaba la hija, llevaba un pantalón vaquero y un top negro que le hacía estar preciosa, tenía el pelo rizado media melena y unos ojos preciosos. La noche fue avanzando y terminamos todos un poco en pedo y en la piscina bañándonos. Ellas no se cortaron un pelo, se pusieron el tanga y se metieron al agua.

Empecé a tontear con las dos, con chapuzones, juegos, etc. y cada vez estaba más excitado, ya que las dos eran mujeres de bandera y yo tenía ganas de hacérmelo con las dos. Delphine salió y se sentó en una tumbona, y yo inmediatamente hice lo mismo y me situé a su lado, en un inglés un poco horrible como siempre nos entendíamos y le propuse ir a su apartamento a cambiarnos para luego ir a una discoteca a tomar una copa.

Dicho y hecho, nos cambiamos y nos fuimos a tomar una(s) copa(s), que se convirtió en risas, abrazos, bailes y algún que otro beso. Lo tenía hecho, me había enrollado con ella y estaba a punto de explotar la bragueta, tenía que follármela como fuese (la verdad es que no fue muy difícil, porque la mentalidad de ellos era mucho más abierta que la de aquí, y no tuve que buscarlo mucho). Salimos a la calle y cogimos mi moto, ella se me abrazó por detrás y puso sus manos sobre mi barriga, lo que a mí me puso más caliente todavía.

Estaba deseando que bajara a mi paquete, pero iba un poco cortado y no lo intenté. Ella me daba algún que otro beso y yo acariciaba su muslo cuando podía soltar una mano del manillar. Le propuse ir a bañarnos de nuevo para que se nos pasara un poco el mareo y quitarnos el sudor del baile y lo hicimos. Ya no quedaba nadie en la piscina, estaba silenciosa y las luces del recinto ya estaban tenues, por lo que la situación era ideal. Yo iba a bañarme en calzoncillos, hasta que vi que ella se quitaba todo. Se me puso que parecía una piedra de dura.

Estaba un poco avergonzado por mi erección, pero ella me indicó con el dedo que me metiese ya y no lo dudé, vi que se corría. Continuamos un rato más ahí dándole y me propuso salir. Me tumbé en una hamaca y se sentó encima empezando a cabalgar sobre mi rabo como una loca. Que gusto, nunca lo olvidaré. Estaba que explotaba y ella lo sabía, se movía y me susurraba al oído cosas en francés que no sé lo que querían decir,

pero que sonaban dulces y excitantes como su silueta sobre mí bajo las estrellas. Cuando vi que me corría la saqué, pues no quería que se acabara ya y entonces la puse boca abajo en la hamaca y yo con un pie al suelo a cada lado de la misma empecé a follarla por detrás.

Pareció excitarle sobremanera la postura y empezó a gemir más, incluso a gritar un poco, a lo que yo respondí con embestidas cada vez más fuertes. Se volvió a dar la vuelta y se la metió en la boca, (a mí no me la habían mamado nunca tan bien), notaba como su lengua recorría cada centímetro de mi rabo y como se la introducía de repente entera hasta la garganta. Parecía estar posesa, que manera de chupar y absorber. Yo miraba arriba y no me lo podía creer la mamada que me estaba haciendo.

Con sus manos acariciaba mis huevos y buscaba mi culo con su dedo. Tampoco me habían tocado nunca el culo, y la verdad es que es placentero cuando te están haciendo una mamada que te metan un poco el dedito en el culo. Eso me dio una idea, y la levanté, la puse contra el palo de una sombrilla y empecé a intentar meter mi polla en su culo. Mi polla no es muy gruesa, y con la lubricación que tenía, no tardó en entrar a lo que ella respondió con un grito entre placer y dolor. Se quedó parada y yo volví a alucinar. Estaba experimentando aquella noche cosas con las que venía soñando desde hace mucho.

Me asusté un poco al verla tan parada, pero en seguida comenzó a gemir de nuevo y a mover su culo. Entonces no pude más y tras un par de minutos de tremendas embestidas por detrás le llené el culo de leche a lo que ella respondió con un tremendo orgasmo, o creo que con un multi orgasmo, porque no parecía acabar nunca de correrse. La abracé y la besé y fue entonces cuando me di cuenta de que en su ventana se divisaba la silueta del cuerpo de su madre. ¿Desde cuando estaría ahí? Me moría de vergüenza. No le dije nada a Delphine, ni su madre después tampoco según supe.

Cuando vi a su madre al día siguiente, creo que me puse más rojo que un tomate, pero ella no parecía estar enfadada, sino que me miraba con ojos de deseos. Si hubiera tenido oportunidad creo que le hubiera encantado que me la follara, pero no pude forzar ninguna situación para estar a sólo con ella y tuve que conformarme con seguir tirándome a su bonita Delphine durante los últimos quince días de vacaciones.

Creo que no he dormido tan poco en mi vida. Salía de currar, íbamos de marcha y luego a follar a la playa casi siempre. Fue un verano inolvidable. No ha vuelto a veranear después, pero nunca la olvidaré, a ninguna de las dos. Muchas veces a lo largo de estos años me he masturbado pensando en Cogalie y su melena rubia.

Espero que os haya servido de mucho para vuestra vida sexual y que estéis todos tan excitados como yo lo estoy al escribirlo.

Me gusta / No me gusta

Mi esposa, la hermana y la madre

Siempre me sentí como un extraño en esa casa porque nunca fui apegado a los rituales familiares y por otro lado me miraron desde un comienzo como un extraño. Eso en realidad nunca me ha importado porque llegué hasta ahí sin desearlo y simplemente arrastrado por las circunstancias. Pero de pronto todo cambió cuando conocí a mi mujer en unas vacaciones en que, estando ella sola en el lobby de un hotel, me acerqué a ella con el afán de compartir nuestra mutua soledad. Resultó ser una morena simpática y directa de unos 25 años con la cual entré rápidamente en confianza y a la cual me fue fácil conquistar pues se veía desde lejos que ella estaba ansiosa de pasión y aventura.

Esa misma noche terminamos en la cama de mi cuarto del cual solamente se fue al amanecer tan solo cubierta con un abrigo y con sus calzones y el resto de su ropa íntima en las manos.

Había sido una noche salvaje. Ella era virgen y yo le destrocé todo lo que había que destrozarle en medio de una algarabía de gritos de dolor y de placer que aún no me explico como no despertaron a los huéspedes de los cuartos vecinos.

La hembra, actualmente mi esposa, se había demostrado al comienzo muy pudorosa e ignorante, cosa que debo reconocer me excitó sobre manera, pero una vez desnuda y dispuesta me di cuenta, que si bien su virginidad era autentica, la sabiduría y desenvoltura con que se comportó el resto de la noche daban la impresión de una mujer experta en las lides del amor.

Su calentura sin limitaciones y su disposición para entregarse a los juegos sexuales más inauditos me llevaron a depender de tal modo que terminé por casarme con ella porque la verdad no podía prescindir de sus favores íntimos. Lo único que me molestaba poderosamente en todo esto era que ella insistió de todos los modos en que deberíamos vivir en la casa de su familia pues ellos eran un grupo tan unido que de otro modo no sería capaz de prescindir de la cercanía de su madre y su hermana.

Abrazado por una calentura cada día de mayor intensidad yo terminé por aceptar lo que ella me pedía y sin hacer mayores problemas acepté sus condiciones por cuanto yo veía que durante el día yo habría de estar sumido en mis negocios y podría perfectamente departir con la familia un corto rato en la noche antes de irme a la cama a disfrutar diariamente de mi tesoro moreno que cada día me brindaba nuevos placeres incontrolables.

Así mi vida comenzó a desarrollarse como yo lo había planificado sin mayores problemas para nosotros dos y tampoco para su hermana mayor ni para su madre que eran los otros habitantes de la casa.

Lo único que me preocupaba era que nuestras sesiones nocturnas eran tan desaforadas que ello pudiese restar privacidad a nuestra vida. Esto lo pensaba por cuanto mi mujer gustaba de expresar su placer mediante gritos y quejidos desesperados que se me ocurría a mi habrían de resonar en el silencio de la noche molestando a su familia, pero de los cuales yo no podía prescindir porque formaban parte de nuestra felicidad y de nuestros juegos.

Uno de nuestros juegos favoritos era montar a mi mujer mientras ella caminaba en cuatro por el cuarto hasta afirmarse en el borde de la cama en donde yo terminaba clavándola sin piedad en medio de sus gritos orgásmicos desenfrenados. Fue así como una noche en medio de estos placeres y mientras mi mujer desfallecía de placer sentí pasos en el pasillo en el cual se encontraba nuestro cuarto.

No le dije nada a mi mujer y al día siguiente me comporté como siempre, pero como la noche siguiente volviera a sentir los pasos a nuestra puerta, se lo comenté a mi mujer y ella muy segura de si misma me dijo que ella estaba segura que esos pasos eran los de su hermana que a menudo le había preguntado acerca de los ruidos que escuchaba en nuestro cuarto y seguramente se había atrevido a venir a escuchar a nuestra puerta. Me dijo que ella nada le había contado pero era evidente que ella estaba alterada por lo que sucedía en nuestra pieza.

Este comentario hecho por mi mujer en medio de nuestro encuentro sexual no hizo si no encendernos más, puesto que el hecho de saber que mientras nos entregábamos a los placeres más descarados su hermana estuviese al otro lado de la puerta escuchándonos, nos hacía esforzarnos más para poder darle la oportunidad de participar en eso aunque no fuese sino a través de los ecos de nuestros gritos. Fue así como nos pusimos de acuerdo con mi mujer para que a la noche siguiente ella sola en nuestro cuarto fingiera que estábamos follando en medio de sus gritos mientras yo podía desde el otro extremo del pasillo ver quien era que nos espiaba.

Estaba pues yo la noche siguiente en mi puesto de observación desde el cual podía escuchar claramente los gritos de mi mujer simulando los orgasmos más desesperados, cuando vi a la mujer, que tratando de no hacer ruido, se acercaba a la puerta de nuestro cuarto vestida tan solo con una amplia bata de noche. No se había percatado para nada de mi presencia y se había afirmado en la pared justo al lado de nuestra puerta.

Los gritos ocasionados por mi mujer desde nuestro cuarto eran tan auténticos que estaba seguro que se masturbaba, cuando vi que la mujer se despojaba de la bata quedando desnuda en el pasillo segura que nadie la observaba y pude darme cuenta que no era la hermana de mi mujer sino su madre.

Esta hembra de unos 45 años lucía a la luz de la penumbra del pasillo un cuerpo voluptuoso y opulento. Se acariciaba los pechos muy bien contorneados y agitaba sus caderas con un ritmo en el que se adivinaba la experiencia de una hembra sabia en las lides del sexo. Sin duda estaba abrazada por el deseo y sin recato alguno los tres dedos de su mano entraban y salían de su sexo con una gracia y pericia que demostraban plenamente que ese ejercicio era sin duda habitual en ella.

Mientras tanto, era tal la tensión erótica que ocasionaba en mi los gritos de mi mujer y las acciones de mí magnifica suegra, que no pude resistirme y comencé a masturbarme allí a unos metros de ella y al parecer no lo hacía silenciosamente puesto que la mujer se sintió sorprendida y avanzó hacia el lugar donde yo estaba de tal modo que aunque fue por un corto instante nos vimos plenamente a la tenue luz del pasillo cada cual en su labor auto satisfactoria. Fue solo un breve momento pero los suficiente para saber que definitivamente éramos cómplices.

Al regresar al cuarto de mi mujer ella esperaba con ansias el resultado de mi exploración y el deseo de escuchar lo que le contaría la tenía más caliente que de costumbre y entonces yo decidí mentirle y le dije que realmente era su hermana la que estaba en la puerta y le conté todo lo que había visto tan solo poniendo a mi cuñada en lugar de mi suegra.

Al día siguiente, ya con mis planes bien estructurados volví a la casa desde mi trabajo recién pasado el mediodía hora en la cual yo sabía que mi suegra se encontraba sola. Entré sigilosamente y no la encontré dentro de la casa pero luego me di cuenta que ella se encontraba en la pequeña pieza del jardín que hacia las veces de bodega de herramientas, de modo que me dirigí allí sin demora. La mujer me miró sorprendida pero en absoluto asustada. Más bien creo que estaba esperando algo así.

La abracé desde atrás y sentí su culo firme sobre mi miembro duro. Me di cuenta de inmediato que ella estaba caliente pues se acomodó de tal modo de poder sentir mi miembro en el centro de su hendidura. Sin mayores trámites le arrastré las bragas hasta los pies e inclinándola sobre una pequeña mesa la penetré sin contemplaciones dándome cuenta que su coño delicioso cubría mi polla con sus jugos calientes.

Era una hembra madura caliente y dispuesta, pues seguramente hacía años que no conocía las delicias de un instrumento Después lo hicimos sobre el suelo levantando sus piernas torneadas y suaves hasta sus hombros mientras ella me decía que podía cogerla cuando quisiera pero que no quería que mi mujer supiera nada de esto y que tendríamos que organizarnos bien.

Así lo hicimos y los días siguientes seguí visitándola durante el día y por la noche atendía a mi mujer ya que con este doble ejercicio yo andaba más caliente que de costumbre. Así mi mujer estaba cada día más caliente con la idea que era su hermana quien nos espiaba y esto le producía cada noche más deseo y más cosas me entregaba, hasta que una noche en medio de tanta calentura me dijo si a mi me gustaría hacer el amor con ella y con su hermana, que eso a ella le calentaba mucho y estaba segura que su hermana aceptaría y que si yo quería ella le hablaría.

El solo escuchar su proposición desató en mi una descarga terrible acabando en medio de los gritos habituales de mi mujer. La idea de poder tirarme a las dos hermanitas me pareció fabulosa, de hecho comencé a prepararme para eso que acordamos sería la noche siguiente. Pero esa tarde no falté a la cita con mi suegra y fue tanta la intensidad del coito y tan salvaje lo que esta hembra me hizo sentir que en medio de la tremenda calentura no se me ocurrió nada más caliente que decirle que esa anoche me tiraría a mi mujer y a mi cuñada a lo que mi suegra encendida por lo que yo le contaba me dijo que ella se haría presente aunque no la invitaran.

A mi no me cupo la menor duda que así lo haría. Esa noche llegué un poco más tarde a la casa porque pasé al bar a tomarme un par de tragos para prepararme bien para la sesión que me esperaba. Y cual no sería mi sorpresa si cuando entré en mi cuarto mi mujer y su hermana estaban abrazadas desnudas en la cama. Esa escena me calentó tanto que rápidamente me despojé de la ropa y ya con mi fierro encendido me acerqué a la cama y comencé a pasárselos por la cara.

Las dos hembras que ya estaban calientes por las caricias que se habían brindado comenzaron a chupármelo con tal intensidad se me puso aún más duro. Ellas chupaban una por cada lado hasta que juntándose en la cabeza terminaban besándose ambas de una forma que me calentó casi hasta ocasionarme erecciones dolorosas.

Me sumergí entre sus tetas y las recorría como loco hasta que sentí la carga suave del cuerpo de la madre de estas hembras locas que se montaba sobre mí mojándome las nalgas con su sexo abierto. En ese momento sentí una descarga de tal magnitud que creí morirme, pero afortunadamente no fue así y estoy vivo para poder seguir contándoles lo que realmente me ha sucedido.

Me gusta / No me gusta

Viajando en Colectivo I

Hola, me llamo Michell, (pongo un seudónimo, por precaución y/o privacidad). Soy un tipo de 35 años que está casado hace unos años con hijos hermosos, pero con un secreto que sólo algunas escasas personas conocen… me gusta manosear a las mujeres en el colectivo, (siempre que me gusten y me hagan excitar).

Mi gusto por esta práctica comenzó hace muchos años cuando estaba en mi adolescencia, pero no lo contaré ahora porque no viene al caso, (lo haré en otra oportunidad, con otros relatos, si les parece bien). Les pasaré a contar de una de las experiencias que tuve en este tiempo que llevo realizando esta práctica, que con los pasos de los años se ha estado perfeccionando cada vez más.

Resultó ser que una mañana de hace cerca de un año, voy a tomar el colectivo que pasa por las cercanías de donde vivo para realizar las tareas cotidianas. Es de esos colectivos diferenciales que por más que sean más pequeños que los ómnibus tienen ciertas comodidades y confort que los otrora nombrados no poseen. Justo en el momento que estoy llegando a la parada de dicho colectivo este que se me estaba pasando, corro para alcanzarlo (la fortuna hizo que el muy buen y amable chofer me viera y en el acto frenara), lo alcancé y subí, sentía que mi corazón iba a estallar dentro de mi pecho por la corrida que me había pegado, pero logré estar en ese bendito colectivo, lo colosal del caso que más fuerte fue el palpitar de mi corazón cuando vi en uno de los asientos a una hermosa chica con equipo de gimnasia, y encima sentada del lado de la ventanilla, lugar de mi preferencia porque puedo tener buen control de la situación.

Maravillado por esto me dispongo a sentarme al lado de ella y comenzar a acomodarme como lo hago habitualmente, colocando el maletín que llevo siempre en mi falda y sobre él un sobretodo que uso en días de invierno, para tapar la actividad de mis manos en el grandioso acontecimiento que voy a realizar, tapándole parte de su falda también. Ella era una belleza de aproximadamente unos 18 años de edad, que vestía un buzo de gimnasia de color azul, zapatillas para la ocasión con una pesada mochila (sé que era pesada porque traté varias veces de levantarla con mi brazo derecho). Ella poseía unas hermosas tiernas y calentitas piernas, que me encargué de recorrer, pero que por el peso de esa mochila no podía manosear más profundamente en la entrepierna de ella, su pierna izquierda.

Así me estuve entreteniendo durante el viaje excitado por mi maravillosa tarea hasta el centro de mi Córdoba querida, hasta que llegamos al centro y al momento detonante de este relato. Comienzo a notar que ella se empieza a acomodar en su asiento y a mirar para atrás del colectivo y a observar como uno a uno se iban bajando los pasajeros, yo entretenido con su pierna y renegando con su mochila, decido seguir en el viaje dejando para más tarde las pocas actividades que tenía para esa mañana, y por consiguiente dejando que el centro vaya alejándose tras nuestro. Cuando de repente en la ciudad universitaria nos quedamos solos en el viaje, solos nosotros, el chofer y los asientos testigos mudos de este acontecimiento. Ella mira atrás y baja raudamente su mano por debajo de su mochila yo… ¡Estupefacto!… Duro… pensando: ¡ZAS! ¡Sonamos se dio cuenta y me revienta la cara de una cachetada y encima con escándalo!

Pero no fue así, al contrario apoyó la mano en mi pierna y comenzó a apretarla y a manosearla desde la rodilla hasta la ingle… Maravilloso, espectacular… se había excitado ella también, yo sin dudarlo le tomo la mano y se la apoyo en mi bragueta, divino fue sentir esos deditos apretándome la verga por encima de mi pantalón, con mi mano izquierda bajo el maletín al piso, bajo el cierre de mi pantalón y le meto su mano dentro de él, ella anonadada mirando lo que yo hacía comienza a tocarme mi pene sobre el calzoncillo y a apretármelo, manosearlo como si no hubiera visto una pija nunca o nunca le hubiera pasado esto antes, respirando agitada, yo mientras tanto con mi mano derecha hago a un lado su mochila y con la izquierda me ayudo para meterle la mano dentro de su pantalón de gimnasia. ¡Qué sensación hermosa fue sentir que esa bombachita blanca estaba mojada…!

Mis dedos comenzaron a moverse y ella a abrir sus piernas, mi pene cada vez más duro, pero de repente me saca la mano de su conchita, se acomoda la ropa y me pide permiso para bajarse… Estaba llegando a su destino, y nuestra pequeña fiesta ¡A su fin! ¡Qué lastima…! ¡Qué horror…! ¡Qué desgracia…!

Ella se para, yo sin pararme del asiento me corro no sin antes meterle una maravillosa mano en el culo que ella me retribuye quedándose por unos segundos quieta y haciéndose para atrás hasta dar ese culo tan cerca casi tocando mi cara. Luego se baja y yo con una calentura de maravilla con unas ganas de hacerme una paja en el colectivo sin importarme el chofer, pero reinó la cordura en mí, esa que no reinó con aquella muchacha, y me dispuse a bajarme y tomar el colectivo que me llevara al centro…

Pero no se hagan problemas que esta historia continúa…

Me gusta / No me gusta