Relatos entre hombre y mujer. Sexo heterosexual

Mi esclava traga

Este relato no contiene los nombres verdaderos de sus protagonistas debido a posibles represalias en contra de mi persona, por parte de la persona afectada, (el marido de mi esclava sexual).

Todo comenzó hace cinco años. Por aquel entonces yo estudiaba Económicas en la Facultad de Santiago de Compostela, tenía 25 años y mis hormonas sexuales más salidas que nunca, y tras dos años de noviazgo con una morenita, rompí mi relación con ella por encontrarme agobiado (controlado), y comencé a buscar de nuevo una mujer para consolar mi sexo.

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Una noche para repetir

Durante mucho tiempo mi marido y yo habíamos planeado salir una noche algún bar y ahí intentar ligar a algún chico para poder tener alguna relación de una noche o quizás solo de un rato, ya que uno de nuestras fantasías es que yo esté cogiendo con otro hombre en el asiento trasero del coche mientras mi marido maneja, cosa que hemos llevado a cabo por lo menos en tres ocasiones, pero queríamos algo más formal, por lo que esa noche después de dejar a nuestros hijos en casa de sus abuelos, salimos a recorrer algunos bares por el área de villa coapa.

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Entregando a mi esposa 2

La noche del sábado se me hizo larguísima, daba vueltas, no podía entender como me había animado a tanto, volví a pensar una y otra vez, una fantasía es una fantasía y otra cosa es algo real, no podía dormir y me sentía excitado, nervioso, confundido. A mi lado, Débora dormida, tranquila, relajada, de costado, culito apuntando hacia mi, veía la tanga cómo se perdía en ese culazo. la acaricié suavemente un largo rato,intenté dormir pero me costó un montón, estuve dando vueltas hasta temprano en la mañana en que me quedé dormido.  Me desperté cerca de las 11, Débora jugaba con la nena en el comedor, me acerqué la saludé con un beso profundo, me dijo que a la tarde podríamos ir a la plaza. Era un hermoso día soleado de principios de primavera, el tiempo que más le gusta. Así que comimos tranquilos, ella se fue a cambiar, se puso una pollera ajustada tipo tubo, una tanguita muy chiquita, la pollera esa se retransparenta con el sol. Giro para mi:
-Estoy linda…?
-Hermosa… deliciosa…

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El club de la sofisticación.

Como cada Viernes, se celebraba una mística reunión en el comedor de la empresa. Los agentes financieros de la afamada firma, confraternizaban con sus rivales femeninas, la hora del almuerzo enterraba el hacha de guerra, una hora de disipación y relajación en mitad del conflicto de intereses. Un puñado de jóvenes de ambos sexos afanados siete horas al día para conseguir el mayor número de ventas al mes para su sexuado equipo, ellos contra ellas, ellas contra ellos siempre la misma historia, pero funcionaba, baya que si funcionaba, récord tras récord y más pingües beneficios para la empresa y claro está, para los equipos victoriosos. Este sistema tan avispado había generado un estatus social elevado, unos yuppie´s de “refinados y caros gustos”, vestidos caros y claro ropa interior de marca que marca la diferencia en el cuerpo, éste bien cuidado de masajes y gimnasias con dietas tan estrictas como damas institutrices austríacas, veloces automóviles de renombrados fabricantes dormitaban en marcadas plazas de garaje alejados de la plebe y por supuesto complementos de todos los gustos y altísimos precios que se apilaban en armarios y demás estancias de bien situados áticos y chalets de la mejor zona.

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La rubia lujuriosa en la bañera

Era mi segundo día trabajando en aquella casa lujosa. El señor, como siempre, se había ido y la niña apenas la conocía debido a que sus clases empezaban a las 7:00 de la mañana y mi hora de entrada era media hora después. Aún no podía creer lo que me había pasado. Era casi igual a como en un vídeo porno, donde todo es actuado y lejos de la realidad. Pero no en mi caso, aunque debo confesar que aquel encuentro había sido muy rápido. Después de que la señora me hubiera hecho beber sus fluidos, me agradeció, después subió a su cuarto y minutos más tarde bajó vestida formalmente y luego se fue en su camioneta… Ni siquiera un adiós me dijo.

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