BDSM: relatos donde el Bondage, la Dominación, la Sumisión y el Masoquismo son los protagonistas.

Karmencita

ALBERTO, ENTRADO EN LA MADUREZ Y DE MUY BUEN VER….ES UN HOMBRE QUE DEBIDO A SUS NEGOCIOS SUELE VIAJAR MUCHO….EN UNO DE SUS VIAJES A ESPAÑA CONOCE A "KARMENCITAS" UNA MUJER QUE HARÁ SU FANTASIA (SADOMAOQUISTA-BONDAGE ) REALIDAD Y QUE LE HARÁ LLEGAR HASTA EL NIRVANA.

Miré el reloj, eran las siete de la tarde esperaba que Karmencita llegara poco después de las ocho. Recorrí el chalet alquilado para estar seguro de que todo estaba listo. Era la segunda vez que iba a estar con Karmencita. La primera ocasión fue inesperada y maravillosa, pero quería que esta segunda, mucho mas difícil, fuera tan perfecta como humanamente posible. Según recorría habitaciones y pasillos, inspeccionaba cajones y ajustaba pequeños detalles rememore nuestro primer encuentro.

Todo empezó hace poco mas de un año. En uno de mis viajes a una reunión de trabajo en Europa, la reunión termino dos días antes de lo previsto. Tenia un día libre que decidí pasar en Madrid, visitar el Museo del Prado y tratar de cenar con Carlos, amigo desde hace mas de veinte años. Cambie los billetes de avión, llegue a Madrid a las once de la mañana y desde el hotel llamé a Carlos. Después los consabidos ¿cómo estas? ¿la familia? dije que nada mas estaría en Madrid esa noche y el se mostró desolado. Su compañía estaba cerrando un importante acuerdo con una empresa constructora y tenían una cena de trabajo esa noche.

Después de una pausa dijo Carlos:

Mira Alberto, quiero que nos reunamos, voy a llamar a la constructora y seguro que podemos arreglar algo. Te vuelvo a llamar en diez minutos.

Efectivamente, en diez minutos llamó y me dijo que no podían cancelar la cena, pero que por favor que fuera a cenar con ellos que aunque hablarían la mayoría del tiempo de negocios, todos confiaban en mi discreción, y después de la cena podríamos charlar los dos un rato. Me pareció un arreglo un poco extraño, pero puesto que Carlos había hecho el esfuerzo no podía decir que no. Quedamos en el restaurante a las diez. Pregunte si me tenia que vestir muy formal y me dijo que traje y corbata estaría bien.

Comí en el hotel y después me dirigí al Prado. Como siempre empece por "el descenso de la cruz" de van der Weiden. Después deambule por diferentes salas y, como siempre, acabe con "Las hilanderas " Al salir del museo di un largo paseo. Volviendo sobre mis pasos llegue al hotel, tome una ducha y a las diez menos cinco estaba en el restaurante. Carlos ya estaba allí con otro compañero de su empresa, afortunadamente los de la constructora no habían llegado aun, así que Carlos y yo tuvimos algún tiempo para charlar. Al cabo de los quince minutos tres personas se acercaron a nuestra mesa. Carlos hizo las presentaciones de los dos primeros a los que obviamente conocía, no preste demasiada atención, pero la ultima presentación la hizo uno de los miembros de la otra empresa y yo si que preste atención a la persona aunque no a las palabras. Recuerdo algo como:

Carmen….. Ordenadores…. Paginas Web.

Yo estreche su mano diciendo:

Mucho gusto Carmen.

Karmencita, con K, por favor. Karmen

Karmencita (con K por favor), no era una de esas bellezas espectaculares que aparecen en las portadas de las revistas. Pero decididamente, no tenia ninguna dificultad para atraer la atención de los varones. Aparentaba menos de treinta años (luego supe que en realidad tenia treinta y cuatro). Yo era él mas joven de los varones presente y tenia cincuenta. Me sorprendió una mujer tan joven en una cena de negocios tan importante.

Karmencita no era ni alta ni baja, llevaba zapatos con tacón alto, pero yo acostumbrado a medir calculé un metro cincuenta y siete sin tacón; larga melena castaña hasta pasados los hombros. Era de tez clara, ojos castaños, vivos, juguetones, inquisitivos pero al mismo tiempo acogedores; labios carnosos, sonrientes, y sensuales. Llevaba un traje de chaqueta discreto, casi severo por lo que era difícil adivinar las formas pero se insinuaban buenas proporciones, con todas las curvas apropiadas en los lugares debidos. Pero además de lo atractivo de su rostro, y su figura, tenia un cierto aire de "aquí-estoy-yo-mirame" que funcionaba: yo la miraba y tenia cierta dificultad en dejar de mirarla. En la mesa rectangular, tres a cada lado, nos sentaron a Karmencita y a mi en un final de la mesa, frente a frent

e. Pronto desapareció la conversación general, los cuatro a un lado hablaban de plazos, miles de millones, permisos, Karmencita y yo empezamos nuestra conversación. Yo sin ser tímido, tampoco soy extrovertido así que me cuesta trabajo mantener una conversación con alguien a quien no conozco. Karmencita dominaba el difícil arte de la conversación. No recuerdo de que hablamos, recuerdo que miraba a sus ojos castaños y juguetones, a sus labios carnosos y sensuales y que hablamos, hablamos y hablamos. Karmencita no usó ni uno solo de los tópicos habituales (donde trabajas, cuanto tiempo en Madrid…). Simplemente pregunto que había hecho esa tarde y a partir de ahí hablamos de pintura, de literatura, de política..

Cada cual tiene sus debilidades, para mi una conversación inteligente con una mujer atractiva es un verdadero afrodisiaco.

Por casualidad (creo recordar que si, que fue casualidad) mi pierna toco la suya bajo la mesa. No la retire inmediatamente, ni tampoco ella retiro la suya. La mire a los ojos, y mientras retiraba mi pierna pedí perdón. Con un leve gesto de su cabeza y un oleaje de castaños cabellos, sin palabras, lo concedió. Seguimos hablando, a los pocos minutos su pie, descalzo, se apoyo en mi pierna y con los dedos me hacia cosquillas. Mientras su pie jugaba, seguía hablando con gran profundidad sobre problemas histórico-territoriales en España, su voz permanecía normal, desconectada de el juego bajo la mesa, pero los castaños ojos con un brillo especial, rezumaban ironía y picardía. Me di cuenta de que estaba siendo seducido, pero.. la idea no me molestaba en absoluto.

Al parecer los negocios habían concluido felizmente, todo eran sonrisas y buen humor. Llegó el café, unas copas, acabado el negocio, la conversación se generalizo incluyendo a todos en la mesa, pasamos a temas mas banales y llego el momento de marchar. Carlos se ofreció a llevarme al hotel pero Karmencita rápidamente dijo:

El Ritz me pilla de camino y con mucho gusto llevo a Alberto.

No quisiera molestarte..

No, no es ninguna molestia, de verdad me pilla de paso.

Carlos me miro y al ver mi mirada no volvió a insistir. Es bueno tener viejos amigos que se entienden sin hablar.

Nos despedimos, hubo intercambios de tarjetas de visita, cada cual guardo la colección en sus bolsillos. Karmencita y yo salimos juntos del restaurante y ella simplemente dijo

Sígueme.

Se adelanto unos pasos y yo aproveche la distancia para hacer un examen mas completo desde otra perspectiva. La castaña melena caía sobre los hombros y se mecía en suave oleaje con cada paso. Caderas y nalgas bien desarrolladas, no grandes pero substanciales. La chaqueta del traje ocultaba un poco sus formas, pero la falda estrecha y ajustada las realzaba y permitía su deguste. Con cada paso sus caderas ondulaban y viendo aquel ondular un estremecimiento recorría mi cuerpo. Las medias oscuras, quizás negras, con costura. No se por qué, pero las medias con costura, aunque un poco anticuadas, las encuentro muy sensuales (quizás fijaciones infantiles). Las medias realzaban las piernas, ni delgadas, ni gruesas sino todo lo contrario. Me gusto el conjunto, no me gustan las gordas, pero como ingeniero me gusta que haya una solidez estructural, no quiero mujeres anoréxicas a las que da miedo abrazar por temor a que se partan.

No solamente estaba bien el conjunto, sino que Karmencita sabia andar. Hay gente que se traslada de un sitio a otro usando los pies y gente que sabe andar. Decididamente Karmencita sabia andar.

Con los altos tacones, sin exageraciones ni excesos su andar hacia ondular y mecerse a todo el cuerpo, con un movimiento que sin ser sexual era extremadamente sensual.

¡Bien, Karmencita bien!

No solo me gustaba como mujer, mi mente de ingeniero no podía por menos que complacerse en aquella bien proporcionada y funcional estructura.

Llegamos a su coche, ella gentilmente abrió la puerta del pasajero, me acomode en el asiento. Al entrar ella al asiento del conductor pude ver buena parte de sus muslos ¡No desmerecían de los otros excelentes atributos! Cuando salimos del aparcamiento pregunte:

¿De verdad te queda de camino el Ritz?

Con una sonrisa y un leve encogimiento de hombros dijo:

Si todos los caminos llevan a Roma, todos los caminos pueden pasar por el Ritz.

Así me gusta, sin engaños. Mientras conducía empezó a hacer de guía, señalaba edificios, plazas, fuentes y contaba historias. Yo la interrumpí.

¿Karmencita co

mo es que tu has venido a esta cena?

Mira, es algo complicado. A eso de las doce me llamo un subdirector con el que nunca habia hablado antes y me dijo que un contrato importantisimo para la compañía se podía cerrar en una cena. Que acababa de llamarle el jefe de la otra compañía para decirle que le habia salido un compromiso con un viejo amigo que estaba de paso en Madrid y habría que posponer la cena y el contrato, por lo menos por un mes. Mi subdirector, prefiriendo el pájaro en mano, dijo que por favor que no cancelara la cena y que trajera a su amigo. Luego dijo que estaba buscando alguien que pudiera entretener al visitante durante la cena. Muy zalamero dijo que yo tenia fama de ser buena conversadora, inteligente y discreta (con todo su hacerme la pelota, quedó muy claro que me necesitaban) y que estaría muy agradecido si viniera a la cena. A mi me sonó un poco raro tanta deferencia hacia mi y hasta pense que sugería que el contrato era lo suficientemente importante como para que, si hiciera falta, "hiciera favores" al visitante. Le agradecí mucho la confianza en mi, le dije que seria un honor y un placer para mi atender la cena pero que por desgracia tenia un compromiso previo ineludible. A los pocos minutos vino a verme el jefe de mi sección a preguntarme si habia alguna posibilidad de que atendiera la cena. Tenemos confianza, así que le dije claramente que no estaba segura de lo que esperaban de mi, pero que yo no me iba a la cama con alguien por la empresa. A las tres de la tarde vinieron el subdirector y el director a mi oficina con un enorme ramo de rosas (¡menudo debía ser el contrato!). El subdirector se disculpo por su torpeza, me aseguro veinte veces que lo único que esperaban era que te entretuviera durante la cena y que al acabar la cena, cada mochuelo a su olivo. Que me quedarían personalmente agradecidos por el servicio, etc. etc. etc.

Me dio una palmadita en el muslo y con una sonrisa maliciosa dijo:

Espero no haberte aburrido mucho durante la cena.

Yo sonreí y dije:

No, demasiado no, pero..

¿Si?

Después de esa producción y el susto que les has pegado a todos los ejecutivos ¿como es ahora te ofreces a llevarme al hotel?

Mira, una cosa es lo que yo elijo hacer y otra es que la compañía esperase ciertas cosas de mi.

Yo asentí, y con mi mano izquierda acaricie la castaña melena. Un ligero perfume emanaba de ella. Karmencita no hizo ningún gesto de rechazo y volvió a su papel de guía turístico. Yo animado, acaricie su muslo; era firme y cálido, ella no altero su voz por mis caricias. Estabamos llegando al Ritz, pregunte:

¿Subes a mi habitación?

Si. Pero pido un favor: no hacemos preguntas personales, no preguntamos nada de familias, no hacemos promesas, no nos contamos mentiras, no nos tratamos de impresionar el uno al otro, simplemente disfrutamos.

Si la memoria no me engaña esa fue la primera vez que una "conquista" me hacia tal petición, generalmente era al revés; Pero no tenia ningún problema con ella.

De acuerdo. Pero entonces será más sencillo que aparques en aparcamiento del hotel.

Sin mayor ceremonia, aparcó y subimos a mi habitación. Al cerrar la puerta ella me miraba con una pequeña sonrisa casi desafiante. Yo puse mi brazo en su cintura, la atraje hacia mi y ansiosamente mi boca busco la suya. Sus sensuales labios se abrieron y su lengua se cruzo con la mía, sus manos empujaron mi nuca y perecía que nuestras bocas fueran a fundirse. Cuando nos hizo falta respirar nos separamos, Karmencita empezó a quitarse su chaqueta y con toda naturalidad pregunto:

¿No tendrás Grand Marnier en el minibar?

Afortunadamente, lo habia. Serví la botellita en una copa y se la ofrecí. Mientras tanto, ella se habia quitado los zapatos y se estaba sacando la blusa. Le di la copa y dije:

Déjame a mi.

Abrí su blusa exponiendo sus pechos solo parcialmente cubiertos por un sujetador rojo oscuro. Lo oscuro del sujetador contrastando con la clara tez de los respingones pechos era mejor que cualquier "claro-oscuro" del Prado. Siguió la falda, para mi sorpresa llevaba un liguero de encaje haciendo juego con el sujetador. Si las medias con costura me excitan los ligueros.. me enloquecen. Las sólidas caderas, los muslos ¡que suaves, que tentadores!

¿Siempre llevas liguero?

Otra vez la sonrisa y el guiño.

No, únicamente cuando pienso que puede ser "útil".

Reverencialmente removí el sujetad

or. Sus pechos quedaron al descubierto. Eran de buen tamaño, firmes, de perfectas curvas, la piel clara, casi blanca, lisa, suave, las areolas amplias, rosa y los pezones.. No pude ver los pezones porque uno de ellos inmediatamente estaba en mi boca y el otro en mi mano. Ella acariciaba mi cabeza y la empujaba contra su pecho. No se cuanto tiempo pasó mientras yo disfrutaba de sus pechos, pero ella me interrumpió.

Alberto, tenemos que disfrutar los dos, majo, así que aligera tu vestimenta.

Me encantaba el tono de desenfado que utilizaba. A menudo en los primeros encuentros (tampoco he tenido tantos) ambos actúan algo inhibidos, cohibidos, temerosos de exponer demasiado. No de exponer el cuerpo, pero de exponer la persona, los sentimientos, de hacerse vulnerables. No Karmencita, ella actuaba con total naturalidad, casi con desfachatez, pero en un difícil ejercicio de equilibrio sobre la cuerda, la desfachatez no le mermaba ni su feminidad ni un cierto aire romántico en sus ojos de oscura miel.

Mientras yo me quitaba la ropa ella tomaba lentos sorbos de la copa y movía la cabeza con aprobación. Cuando quede completamente desnudo dijo: No estas nada mal. Al contrario que la mayoría de los hombres de tu edad, estas mejor desnudo que vestido.

No es un cumplido para mi sastre, pero yo te lo agradezco. "La mayoría de los hombres de mi edad". ¿Cuantos has visto desnudos?

Con un guiño y una sonrisa dijo:

Recuerda, no se hacen preguntas, no se cuentan mentiras.

Dejo la copa sobre la mesa y se disponía a quitar el liguero.

No, por favor. Permíteme a mí. Te quitare las bragas pero me gustaría dejar las medias y el liguero.

Como tu quieras Alberto. Tenemos fetiches ¿eh?

Fetiches y otras cosas, no me preocupan las etiquetas. Recuerda tus reglas, no se hacen preguntas, no se cuentan mentiras.

Me arrodille frente a ella y baje sus bragas, su sexo quedo al descubierto. Los labios desnudos, sin vello, únicamente un pequeño rectángulo de vello en el monte de Venus.

Inmediatamente besé aquellos labios y mi lengua jugueteó explorando rincones, separando pétalos gozando de aquella maravilla. Karmencita dijo:

Alberto, lo haces muy bien, pero vamos a la cama y jugamos todos.

Riendo nos fundimos en un beso, saltamos a la cama y durante horas hicimos el amor con total abandono. Su naturalidad removió mis inhibiciones y exploré y gocé de cada rincón de su cuerpo con todos los sentidos del mío. Sus carnes eran suaves, dulces y cálidas. Era difícil elegir: sus buenos muslos y sus magnificas nalgas exigían mi atención, pero no podía olvidar los blancos pechos, ni la sensual boca o las delicadas y diestras manos, ni el cuello; Karmencita era muy sensible en el cuello y reaccionaba al jugueteo de mi lengua en el. Su sexo era cálido, húmedo, acogedor, ¡que placer penetrarlo! que placer estar totalmente hundido en el y abrazar y besar a Karmencita. Ella usaba todas y cada una de las partes de su cuerpo como instrumentos de deleite. Su boca y lengua desplegaban gran sabiduría. Con sus pechos cosquilleaba y "torturaba" diversas partes de mi cuerpo Hasta su castaña melena la puso alrededor de mi miembro erguido mientras me masturbaba, creando una nueva y extraña sensación. Cambiamos de posiciones: arriba, abajo, de pie, en el sofá, en el suelo, en la cama. No creo haber hecho el amor de una forma tan intensa, desinhibida y placentera en toda mi vida. Gritos de placer eran seguidos por carcajadas de felicidad que a su vez eran seguidas por caras de sorpresa por una nueva proeza atlética, una nueva contorsión. Cuando mi cuerpo no pudo mas, exhausto, satisfecho, feliz, en absoluta paz me dormí con Karmencita entre mis brazos.

Cuando desperté el sol entraba por los balcones, mire el reloj: las diez y media. Karmencita no estaba, pero en espejo del baño habia una nota:

Gracias por una noche inolvidable, si vuelves a Madrid me encantara verte.

Como firma, el sello en rojo oscuro dejado por unos recién pintados labios entreabiertos. Enmarcada en ese sello una simple y elegante K. Cuidadosamente puse la nota en un sobre y este dentro de un libro.

A pesar de la invitación para el futuro, Karmencita habia desaparecido sin dejar ni señas ni teléfono, no sabia nada de ella..

No tenia mucho tiempo para pensar, mi vuelo salía a las doce y media. Rápidamente, para ahorrar tiempo me puse el mismo traje de la noche anterior, hice las maletas, pague el hotel, cogí un taxi y llegue al aeropuerto. Al ir a comprar unas revi

stas, note que en bolsillo tenia las tarjetas de la noche anterior. Si, entre ellas estaba la de Karmencita. El nombre de la empresa, departamento de informática, dirección, teléfono, fax, y correo electrónico, todo ello de la empresa. Corrí a la floristería, pedí una docena de rosas rojo oscuro y en una tarjeta de la tienda rápidamente garabatee:

Gracias. Volveré. Nos veremos. Alberto.

Me temo que mi nota no se podía compararse con el sello de sus labios, ni mi torpe escritura con la elegancia de su K, pero dada la escasez de tiempo era lo mejor que podía hacer. Pagué, corrí y llegue justo a coger el avión. Lo primero que hice en el avión fue cuidadosamente guardar la tarjeta de Karmencita en mi maletín.

Durante un año pensé a menudo en Karmencita, estuve tentado de mandar mensajes electrónicos, pensaba que quizás ella le pidiera mi dirección a Carlos y recibiría algún mensaje de ella.

Pero el silencio mas absoluto reinó durante un año. A menudo pensaba en sus ojos irónicos, sus sensuales labios, la castaña melena y empezaba a escribir… para después romper el papel.

Durante todo el año imágenes de ella venían a mi mente como repentinos relámpagos. La recordaba de pie, de espaldas a mi pero con la cabeza vuelta, la melena girando y por única vestimenta el liguero y las medias. Aquella espalda, aquellos muslos y sobretodo aquellas nalgas atormentaban mi mente.

Otros días recordaba fragmentos de conversación.. Algo que recordaba a menudo era una escena, cuando yo ya agotado, casi a punto de dormir con Karmencita yaciendo boca abajo en la cama.

Aquellas nalgas, claras, firmes, redondas, completas, tentadoras pedían a voz en grito un azote y yo di uno ligero. Ella respondió con un pequeño maullido de gata en celo. Di un azote un poco mas fuerte y su única respuesta fue otro maullido. Sin poder resistir la tentación di un azote fuerte que estoy seguro causo dolor. Su respuesta: otro ronroneo. Sin poderme contener pregunte:

¿Te gusta el sado?

Ella volviendo la cabeza hacia mi, me guiño uno de sus castaños ojos y haciendo un gesto con su mano como de gata arañando, dijo:

Me gustan muchas cosas, pero recuerda, no se hacen preguntas, no se cuentan mentiras.

Durante los últimos meses la imagen de mis azotes en sus dulces nalgas y sus ronroneos se repetían mas y mas frecuentemente hasta convertirse casi en una obsesión. A mi me gustan muchos juegos pero uno de los que mas me seduce es la idea de ser un poco sádico con una mujer. Nada extremo, ni sangre ni terribles marcas, pero infligir una mezcla de humillación, seguida de dolor, seguida por amor desbocado. Es una de mis fantasías que nunca e conseguido satisfacer. Lo he intentado alguna vez con prostitutas, pero el saber que ellas no lo disfrutan, su mecánico hacer y aguantar, quita mucho del placer. Cuando lo he sugerido a alguna de mis amantes lo único que he conseguido han sido unas bofetadas y terminar las relaciones. De alguna forma me forjé la idea o ilusión de que Karmencita podría ser distinta, que ella podría satisfacer mi fantasía, que ella no solo toleraría mi juego sino que lo degustaría, saborearía y disfrutaría. Era demasiada extrapolación de tres azotes pero ¿por qué no? Finalmente mi obsesión llego a ser demasiado, tenia que salir de dudas. Una fría tarde de Febrero mande un breve mensaje electrónico diciendo:

Estaré en Madrid la noche del veintiséis de Marzo ¿Puedes compartirla conmigo? Alberto.

Al día siguiente recibí su contestación.

El veintiséis no es posible, es el cumpleaños de mi hijo. Seria maravilloso si pudieras cambiarlo al veinticuatro o al veintiocho. K

¡Karmencita tenia un hijo! Con todas mis fantasías girando en torno a ella, no sabia si estaba casada, divorciada, soltera, tenia compañero o.. cien mil otras preguntas. No sabia nada de ella, excepto que me fascinaba su conversación, su imagen, su cuerpo, su sensualidad y que quizás pudiera satisfacer mi sádica fantasía.

Cualquier fecha me daba igual, no iba en viaje de negocios, era un viaje para saber si mi impresión de los gustos de Karmencita podía ser cierta y quizás podría satisfacer mi fantasía. De cualquier modo quería dar la impresión de que pasar por Madrid era una "coincidencia" espere un día y conteste:

El ve

intiocho es factible. Alberto

En veinticuatro horas llego la respuesta:

Dime donde y cuando. K

Respondí: Enviare detalles dos tres días antes.

No creo que nadie nos pudiera acusar de verbosidad. Pero lo bueno si breve..

De forma metódica desarrolle mis planes. Mi secretaria se ocupa siempre de mis viajes, billetes, hoteles etc. Pero esta vez yo personalmente lo hice todo. Saqué los billetes de avión, alquilé un chalet amueblado con gran lujo cerca de la carretera de la Coruña. A través de catálogos compré las cosas esenciales. Algunas las mandé por correo al chalet, otras las llevaría conmigo. Alquilé un elegante Mercedes y me aseguré de los servicios de un chofer para la tarde del veintiocho y.. esperé con impaciencia.

Llegue a Madrid el veintisiete por la mañana. No habia dicho a nadie que estaría en Madrid y quería ese día y medio para preparar todo. El chalet estaba perfecto, hable con el chofer y me asegure que entendía mis deseos e instrucciones. Por la tarde compre un elegante vestido de noche para Karmencita. Era de seda negra, falda larga hasta el suelo, pero el corpiño era semi-transparente; compre zapatos, medias y liguero, pero ni bragas ni sujetador. Quería que sus pechos se vieran por debajo del transparente corpiño y que sus nalgas desnudas rozaran y sintieran el erótico frufrú de la seda. Un chal de seda gris completaba el atuendo. No tenia ningun problema para elegir tallas; soy ingeniero, se como medir y las medidas de Karmencita no se me iban a olvidar en mucho tiempo. Todo ello fue puesto en una discreta caja con la marca de una productora de material para ordenadores y mandado por correo privado a entregar en propia mano, aceptando únicamente la firma de Karmencita. Dentro también iba una nota diciendo:

Por favor, ponte esta ropa esta noche. Las prendas que falten.. no te las pongas. Besos, Alberto

Presa de excitación me fui a dormir, afortunadamente a pesar de mi excitación el jet-lag me permitió dormir como un tronco. A las diez de la mañana llame a Karmencita a su oficina.

Alberto ¿donde estas?

Estoy en Madrid. ¿Donde te puedo recoger esta tarde?

No hace falta que me recojas dame tu dirección y yo te voy a buscar.

Karmencita, no tengo tiempo para discutir ahora, estoy en medio de una reunión. Dame una dirección donde se te puede recoger a las siete y media.

Con cierta extrañeza en su voz, ella me dio la dirección de una cafetería bien conocida en el barrio Salamanca.

Evidentemente, no quería darme la dirección de su casa.

Karmencita deberías recibir un paquete esta mañana con una nota mía. Tengo que irme ahora. Hasta pronto.

Las siete menos cuarto. Inspeccioné a Luis, el chofer, iba impecable con uniforme gris, botones dorados, gorra de plato, guantes y botas grises. Le di especificas instrucciones:

La dirección de la cafetería, una mujer de treinta y cinco que aparenta menos, melena y ojos castaños. No sabia el color del abrigo pero debería llevar una falda negra hasta los pies. Todo lo que tenia que hacer era preguntar ¿Karmencita con K? y decir "sígame por favor, me manda Alberto". Me aseguré de que una vez en el chalet sabría lo que hacer y cuando desaparecer. Le prometí que si hacia todo bien su sueldo seria doble.

Eran las siete de la tarde, el champagne y las fresas en la nevera, bombones en el dormitorio, todo limpio, todo en su sitio mi plan estaba completo, nada mas tenia un pequeño problema: ¡No sabia como iba a empezar! Si me acercaba a ella y decía quiero jugar un juego sígueme la corriente, perdería interés y conduciría a largas explicaciones; si la recibía dándole dos golpes de fusta corría el riesgo de estropear todo. Me vestí con amplia camisa de seda blanca, pañuelo al cuello, pantalones y botas de montar, una fusta en la mano, me miré en el espejo, parecía la caricatura de un director de Hollywood de los años veinte, me sentí ridículo. ¡Demasiado tarde para cambiar! Miré el reloj, las siete cuarenta y cinco. No tardarían mucho más de media hora, di vueltas de arriba a abajo por toda la casa, pero no venia ninguna inspiración. Fui al bar, tomé una copa de oporto. Miré el reloj otra vez, me di fustazos en las botas.

Nada ayudaba, todavía no sabia como empezar. Oí el coche llegando al Chalet, me dirigí a la entrada y seguí dando fustazos en mi

s botas. Por fin se abrió la puerta y entro Karmencita seguida de Luis. La misma melena que recordaba, sedosa hasta los hombros haciendo juego con los ojos castaños. La sensual boca. Contuve mi deseos de correr a abrazarla y besarla, llevaba un abrigo marrón y sus magnificas piernas en medias negras.. ¡sus piernas! No se había puesto el vestido que le mande. Sin pensarlo, dando un grito, dije:

¡No te has puesto mi vestido!

Mi tono de voz no era ni de cariño ni de sorpresa; pero de censura y recriminación, después de decirlo pense que quizás se me estaba abriendo una puerta. Karmencita me miro con una cara por la que pasaron expresiones de sorpresa, enfado y confusión.

Alberto, ¿qué haces disfrazado? ¿Quien te da derecho a chillarme? No me puesto el vestido porque no me venia bien, esta un poco pequeño. He engordado algo desde el año pasado.

La puerta se me abría de par en par, esta era mi oportunidad.

¿Cómo te atreves a engordar sin decírmelo? ¿Cómo te atreves a venir sin mi vestido? ¿Cómo te atreves a hacer nada sin mi permiso?

Mientras así decía me acercaba a ella con pasos lentos y amenazantes dando fustazos en mis botas. En un instante, por los dulces ojos castaños de Karmencita pasó una variedad de expresiones: primero pareció fulminarme con su mirada; luego empezó a girar como para irse, pero mientras su cuerpo giraba en una dirección, su cabeza giro en la opuesta mirándome con confusión; la confusión cambio a comprensión, por una décima de segundo sus ojos y sus labios esbozaron una sonrisa y por fin volviendo el cuerpo hacia mí, humillo la cabeza y con voz de contrición dijo:

Lo siento, Alberto, nunca debería haber hecho algo así sin pedirte permiso. Te pido perdón y te aseguro que no volveré a hacer nada importante sin tu permiso.

¡Si! ¡Si! Los meses de incertidumbre, todo el planear detalles, billetes, gastos, viaje, todo, todo estaba mas que justificado. Mi intuición, la inteligencia de Karmencita y un poco de suerte habían terminado por dar altos dividendos.

La noche era mía, Karmencita era mía y mi fantasía irrealizable se iba a realizar. Tuve que contenerme para no empezar a dar saltos de felicidad. Con una calma y displicencia que estaba lejos de sentir me dirigí al chofer y dije:

Luis, quítale el abrigo a esta mujerzuela para que veamos como esta de gorda.

Luis se acercó a Karmencita y sin muchos miramienntos le quito el abrigo. Mis ojos se regodeaban en lo que veían. Si, Karmencita había ganado unos kilos ¿seis, ocho? Pero no estaba gorda, estaba muy bien. ¡Nunca me han gustado las flacas! La cara más llenita, un poco más redonda, aun mas dulce. Una blusa de gran escote desvelaba donde habían ido a parar varios de aquellos kilos, sus pechos que no habían sido pequeños, ahora rebosaban y el delicioso valle entre ellos se adivinaba largo y satisfactorio. No debía de llevar sujetador y los pezones de aquellos poderosos senos se marcaban claramente en la blusa. Había perdido un poco de cintura, si, pero a cambio había ganado una grupa extraordinaria. La falda gris realzaba las caderas y nalgas si el año pasado me gustaron, ahora me fascinaban. Las medias y los zapatos parecían ser los que yo había comprado. En tono severo, tratando de disimular mi embeleso, pregunté:

¿No te habrás puesto bragas?

Ella me miró con sorpresa, por su mirada comprendí que le molestaba que le hablara así en la presencia de Luis, un extraño, un sirviente. Pero a pesar de ello contesto de forma adecuada.

No, Alberto, no llevo bragas. He seguido tus instrucciones en todo lo que he podido.

Bien, levántate la falda y enséñale el culo a Luis. Luis tóquele el culo y dígame si vale la pena perder el tiempo con ella o no.

¿Estas loco Alberto?

No respondí a Karmencita, simplemente le di dos fustazos en su magnifica grupa. Ella comprendió y subiéndose la falda e inclinándose hacia delante mostró sus gloriosas, albas, rellenas e irresistibles nalgas a Luis. Llevaba el tentador liguero negro estampado con rojos claveles que yo había comprado. Entre las medias negras y el negro liguero, resaltaban sus blancos muslos y, como albas islas, sus nalgas aun mas plenas, aun mas bellas, aun mas tentadoras que en mi recuerdo. Al pobre Luis parecía que los ojos se le iban a salir de sus órbitas, miraba aquel

hermoso trasero y me miraba a mi, sus ojos alternaban y parecían preguntarme.

Yo le había avisado, que podrían pasar cosas raras pero que el se limitara a hacer lo que yo le decía. Por fin levanto una mano y la dirigió a la grupa de Karmencita.

No, Luis, así no. Sin guante.

Luis se quitó el guante y con precaución toco la nalga de Karmencita. Cuando noto que ni ella se movía ni yo decía nada, acarició y sobó con cara de éxtasis. Tuve que sacarle de su embeleso.

¡Luis!

Rápidamente se recompuso y con la mayor calma que pudo generar dijo:

Don Alberto, parecen de buena calidad, yo no las despreciaría.

Karmencita rápidamente se bajo la falda y se irguió

¿Y los pechos? Karmencita saca uno para que Luis me pueda informar.

¡Alberto! Deja ya estas tonterías, no..

No le permití acabar la frase. Otro fustazo en sus nalgas la convenció. Desabrochó un botón de la blusa y usando una mano cual cucharón, expuso uno de sus pechos. ¡Valía la pena sacrificar un poco de cintura para tener pechos así!

Eran mayores de lo que yo los recordaba, la piel distendida, lustrosa, clara, invitante. La areola también habia crecido y el pezón pedía a gritos ser besado, mamado, disfrutado. Me costaba trabajo mantener mi juego y no saltar como un loco encima de Karmencita. El pobre Luis miraba aquel pecho expuesto para el, como en bandeja, abría la boca y no sabia que hacer o decir, pero sus ojos estaban fijos en el. Tuve que romper su ensimismamiento.

Luis, dígame como esta esa teta.

Luis extendido su mano y como quien acaricia la cabeza de un bebe acariciaba aquella esfera de placer. Por fin estrujo y apretó, lentamente, con pena, separo la mano y dijo:

Don Alberto es una teta magnifica.

Yo estaba empezando a tener una erección, así que pensé que Luis estaría aun mas excitado que yo. Decidí continuar con un poco mas de humillación.

¡Como sois las mujeres Karmencita! Seguro que al pobre Luis le estas poniendo nerviosísimo. Ábrele la bragueta y sácale el instrumento.

Mientras Karmencita guardaba el pechazo, otra vez bajo su blusa dijo:

¡Ya esta bien Alberto! Eso sí que no.

Con mi mano desnuda, la abofetee dos veces. Unas lagrimas brotaron de sus ojos, pero se volvió hacia Luis, abrió su bragueta y expuso su erección. Yo dije:

Pobre Luis, creo que ya ha tenido bastante, tráigame el collar y se puede retirar.

Luis fue al salón y volvió con un collar de cuero con larga cadena metálica. Le pusimos el collar a Karmencita y cerré el candado al extremo de la larga cadena en la manija de la puerta.

Gracias Luis, retírese.

Luis discretamente puso su erección dentro de los pantalones, abrió la puerta y se fue de la casa.

Desnúdate Karmencita.

Ella se quito la blusa y dejo los hermosos pechos al aire.

Removió la falda y quedo total mente expuesta para mi gozo, con liguero, medias y zapatos de alto tacón. La gloriosa grupa que yo iba a cabalgar expuesta, magnifica, llena. Fui al salón y volví con una palmeta de cuero negro.

Sin ningún aviso le di varios palmetazos en el culo. ¡Que gusto ver aquellas carnes blancas cediendo bajo la palmeta!

Cuando Karmencita, se movía al recibir los impactos sus pechos temblaban, vibraban, ¡blancos flanes parecían! Deje de castigar sus nalgas y dije:

Da vueltas a la habitación, me encanta ver tus pechos y tus nalgas temblorosos cuando andas.

Bien recordaba los andares de Karmencita cuando iba vestida; pero verla andar con los zapatos de alto tacón, las medias y el liguero por toda vestimenta con sus nalgas y pechos vibrando, temblando, acompasando su andar era mas de lo que un hombre tiene derecho a soñar.

Ponte a cuatro patas como la perra que eres.

Sin protestar, se puso a cuatro patas. Yo me acerque a una silla, baje mis pantalones, saque al aire mi erección y dije:

¡Chúpamela! Chúpamela como la perra que eres.

A cuatro patas, se acercó a mí. Cuando llego a mi altura cogió mi miembro con una mano y lo introdujo en su boca.

Yo inmediatamente lo saque, le di tres fuertes palmetazos en su grupa y le dije:

¡Así no! Lámeme como la perra que eres, con la lengua nada mas.

Karmencita me miro como perra lastimada y sacando su lengua lamió mis testículos y mi miembro. N

o sé que era mayor, el placer que daba con su lengua dulce o la visión de aquel cuerpo magnifico, humillado, esclavizado a mi disposición. Al cabo de unos minutos acaricie su cabeza como si de una perra se tratara. Me levante, subí algo mis pantalones, abrí el candado y dije:

Sígueme perra, sígueme.

Fuimos a una habitación que habia preparado con gran cuidado. Las paredes cubiertas con telas negras, decoradas con cabezas de animales cornudos: cabras, toros, ciervos.

También habia patas de macho cabrío y varios signos mas o menos cabalísticos que habia encontrado en diversos catálogos. Varios focos iluminando la pared realzaban el aspecto tenebroso. La habitación tenia moqueta cubierta por una alfombra persa de oscuros tonos negros y grises. En el centro de la habitación, un potro de los usados por gimnastas, mas acolchado y cubierto por paños negros. En cada una de las patas del potro habia argollas de cuero.

Desde cada rincón, cuatro intensos foco convergían sobre el potro. Le dije a Karmencita:

Ya no eres una perra, ahora eres cordero de sacrificio.

La acomode sobre el potro, boca abajo, brazos y piernas retenidos por las argollas. Sus nalgas, sus gloriosas, amplias, blancas, suaves, deliciosas nalgas quedaban expuestas e invitantes. La intensa luz de los focos sobre las blancas nalgas contrastando con el resto de la negra habitación era una visión especial. Me desnudé y, mirando aquellas nalgas en el altar, listas para ser inmoladas, no me pude contener me masturbe alcanzando el clímax en breves momentos. Me acerque a la cara de Karmencita y dije:

Ves como me excitas perra-cordera, lo ves. ¡Límpiamela con tu boca, límpiamela!

Karmencita obediente, sin decir palabra, limpio mi miembro tragando el semen que aun quedaba en el. Cuando quedo totalmente limpio, de una mesa cogí un instrumento parecido a los viejos zorros de limpiar el polvo, pero con tiras de un metro y mezclando tiras de fieltro con tiras de cuero.

Karmencita, contigo me vengo de todas las mujeres, de todas las burlas, de todos los engaños, de todos los desdenes, de todas las humillaciones, de todos los dolores, de todas las cabronadas que las mujeres nos hacéis a los hombres.

Mientras recitaba esta letanía azotaba su espalda con los zorros. Karmencita se retorcía con cada golpe, la veía llorar, pero no gritaba ni decía nada. Tuve que controlarme me estaba auto excitando con el ambiente, con mi poder sobre Karmencita, con la letanía… cuando vi que su espalda estaba enrojeciendo tire los zorros. Cogí la palmeta de cuero y volví a darle palmetazos en las nalgas. Ver aquellas nalgas expuestas como en bandeja, bajo la intensa luz, temblando bajo mi violencia, enrojeciéndose bajo mis golpes me excitaba sobremanera. Otra vez tenia una enorme erección. Con ansiedad embadurne mi miembro con vaselina y le puse algo de vaselina a Karmencita.

Cuando ella noto mis dedos violando su entrada posterior, chilló:

No Alberto, eso no, pégame lo que quieras, pero por atrás no ¡por favor!

Yo en mi excitación ni oía ni entendía. Separe sus nalgas con mis manos, puse mi falo en su entrada y apreté y apreté.

Karmencita chillaba:

Alberto no, duele mucho ¡por favor!

Yo continué apretando y apretando, de pronto mi miembro violo su esfínter y se hundió hasta la empuñadura ¡Karmencita estaba empalada! Como un loco bombee contra sus nalgas. ¡Que frenesí! ¡Que placer! Mi miembro entraba y salía de la oscura cueva del placer. Con mis empellones sus magnificas nalgas vibraban y se bamboleaban; yo, mientras bombeaba con mi miembro viril, azotaba aquellas nalgas de mis ensueños con mis manos. Me sentía como un sacerdote pagano practicando algún rito oculto. Perdí toda la noción del tiempo no sé si la empale durante diez segundos o durante diez horas. Todo lo que recuerdo es un placer inmenso, continuo y al fin.. el orgasmo mas intenso y sostenido de mi vida. Con un inmenso grito de triunfo, de placer, de satisfacción, me vacíe en sus entrañas. Agotado, desfallecido, con mi miembro todavía dentro de ella caí sobre su espalda.

Cuando recobre mis sentidos, note que, bajo mi cabeza, el pecho de Karmencita entrecortadamente se agitaba:

Karmencita quedamente sollozaba. Me incorpore, solté las argollas, la cogí en mis brazos, sorbí las lagrimas de sus mejillas y la lleve al dormitorio. Cuidadosamente la deposite en la cama bajo el dosel. Corriendo baje a la cocina, co

gí el champagne, un cubo con hielo, las fresas y copas con todo ello en una bandeja subí al dormitorio. Karmencita ya no sollozaba. Me acerque a ella y empece a decir:

Karmencita..

Chissssst

Reclamo silencio Karmencita con un dedo extendido sobre sus labios. Extendió su mano y le di una copa de champagne. Cuando hubo bebido, con mi mano puse una fresa cubierta de azúcar en su boca. Ella dulcemente la tomó y besó mis dedos, repetimos la operación, dos o tres veces, vació su copa; la rellené. Mientras ella lentamente bebía el frío champagne dije:

Karmencita, no sabes cuanto te agradezco..

Calla, Alberto, calla. No hables, no digas nada. Ahora suave, dulcemente, con ternura, con cariño hazme el amor.

¡Que maravillosa mujer! Habia hecho mi juego, me habia permitido humillarla, torturarla y violarla para darme placer y ahora lo único que pedía a cambio era dulzura y amor. Así lo hice, con mis manos acaricié su cuerpo, con mis labios, con mi lengua adoré su cuerpo. Besé sus pechos, con gran cuidado besaba, sorbía, mamaba de aquellas fuentes de placer. Suavemente, lentamente mis labios fueron bajando hasta llegar a su sexo. Mi lengua tuvo un festín, lamía, acariciaba, penetraba y suavemente golpeaba. Allí perseveré hasta que ella alcanzo su segundo clímax. Yo estaba convencido de que después de mis orgasmos previos no volvería a tener una erección. Pero Karmencita uso su boca y lenguas maravillosas y consiguió el milagro. Se echo en la cama y dulcemente dijo:

Ahora, Alberto, ahora, hazme tuya para siempre.

La penetré y abrazado a ella, besando sus labios sensuales, sintiendo sus acogedores pechos bajo mi pecho, sus manos recorriendo y acariciando mi cuerpo, sin prisa, saboreando cada momento, eternizando el instante, hicimos el amor y, como por magia, tuvimos orgasmos simultáneos. Felicidad, serenidad, plenitud son palabras que no empiezan ni a describir mi estado de animo. No se cuanto tiempo permanecí flotando en aquel nirvana.

Cuando me recobre, serví nuevas copas de champagne.

Mientras ella bebía dije:

Karmencita, no se como expresar mi agradecimiento y mi admiración, lo bien que has seguido mi juego, el dolor que has soportado. No se si lo sabes, pero me has dejado satisfacer una fantasía que he tenido toda la vida. Esta ha sido la noche de mayor placer en mi vida ¡Gracias desde el corazón!

Alberto, dime una cosa ¿Cómo sabias tu que soy un poco masoquista, que me gusta ser dominada y hasta tener algo de dolor?

No estaba seguro Karmencita, pero..

Guiñé un ojo y dije:

Recuerda, no se hacen preguntas, no se cuentan mentiras.

Ella río, me dio un gran beso y mientras se acariciaba las doloridas nalgas, con picardía, dijo:

Vale, no hay preguntas; pero la próxima vez que vengas a Madrid.. ¡el festejo lo organizo yo!

Entre risas nos abrazamos.

Mi empresa ahora tiene muchas mas actividades en Europa y sobre todo en España.

Alberto Martin Albmartin (arroba) yahoo.com

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Rutinas (I)

Un matrimonio que llevan una vida muy ordenada "Carmencitas y Javier", todos los ultimos viernes de cada mes, despues de que su esposa venga de estar con sus primas , practican el bondage..basándose en las correrias de Carmencitas ese viernes ultimo de cada mes….un relato excitante y con una pizca de cachondeo.

Soy un hombre de costumbres bien establecidas al que los cambios, las sorpresas, o las improvisaciones no le gustan. No es que no me gusten es que las aborrezco, no producen mas que distracciones y un desperdicio de energía física e intelectual. Estoy convencido de que no hay nada como una vida ordenada, bien estructurada donde uno sabe donde esta cada cosa, sabe lo que hay que hacer en cada ocasión, sabe a donde va y de donde viene. Esta no es una conclusión sacada a la ligera; es la experiencia de una vida. Tengo cincuenta y seis años, de joven fui un tanto bohemio, viva la virgen, bala perdida o como se quiera llamar y las hice de todos los colores.

Pero a los treinta y cinco años asenté la cabeza, me convertí en un respetable miembro de la sociedad, me casé, y aprendí que no hay nada tan acogedor, tan seguro y reconfortante como tener reglas bien establecidas y seguirlas a rajatabla. Hay gente que dice que no se puede estructurar, planear y regular todo en la vida. Aunque, en el fondo, no saben de que hablan, tienen su punto de razón. Nadie ni nada es perfecto, pero con un poco de cuidado y disciplina se puede planear mas del 95% de las actividades diarias y evitar disgustos y sobresaltos. Puedo poner un ejemplo: hoy, un día de mi vida

Es el ultimo viernes del mes, dos de la tarde estoy abriendo la puerta de casa e inmediatamente percibo el olor de la comida. Carmencita, mi mujer, me esta esperando en el comedor, de pie, al lado de la mesa, la comida recién servida. Ella sabe que a las dos, como un clavo, estoy en casa y que no me gusta esperar, que al llegar tengo que encontrar la comida sobre la mesa, recién servida y calententita.

Carmencita es siete años más joven que yo, cuando nos casamos, a sus veintiocho años llamaba la atención. Alta, rubia, de cara sino guapa al menos bien parecida, pero con un gran tipo. Buena delantera, estrecha cintura, un trasero bien pronunciado y largas y bien torneadas piernas.

Cuando llevaba zapatos de tacón alto y falda estrecha daba gloria verla andar. No se si daba mas gusto verla por delante gozando del ondear de sus caderas y el bamboleo de los pechos o verla por detrás con aquellas interminables piernas moviendo y agitando el glorioso trasero. Aun hoy en día, a sus cuarenta y siete años, cuando se esta empezando a ajamonar un poco, he tenido la suerte de que ha puesto los kilitos extra en los mejores sitios. Nunca he sido hombre de grandes pasiones, así que no voy a decir ahora que estoy loco por Carmencita después de veintiún años de casados; ni que estuve loco por ella cuando nos casamos. Pero siempre la he encontrado atractiva, siempre me gusto su trasero y, de hecho, casi me gusta mas ahora que es aun un poquito mas grande. Me explico: como Carmencita va dos veces al gimnasio todas las semanas (es un poquito vanidosa de su excelente figura) tiene las nalgas grandes, si, pero de prietas, duras y sabrosas carnes. Nos llevamos bien, Carmencita es alegre con un gran sentido del humor, buen ama de casa, inteligente y buena conversadora. Juega bien al ajedrez y al bridge los únicos juegos que a mi me interesan. Ella se ha acostumbrado a mi deseo de una vida ordenada y reglamentada y sigue mis métodos (al principio los llamaba manías) procurando siempre satisfacerme. Puedo resumir diciendo que nos entendemos bien y tenemos una relación placida, sin sorpresas, sobresaltos ni angustias.

Esto a muchos no les parecerá muy interesante ni feliz, ni el epitome del matrimonio, pero para mi es de lo mas satisfactorio, rayano en la perfección. Probablemente nuestra relación es mucho mejor que la mayoría de los matrimonios que se casan "locamente enamorados" y a los tres años se están tirando los trastos a la cabeza..

Al entrar en el comedor le di un beso en la mejilla.

Hola chata.

Hola Javier ¿que tal el día?

Bien, bien, sin problemas.

Sin muchos preámbulos nos sentamos a comer. Como todos los viernes teníamos sopa de fideos, filete a la plancha, patatas fritas, vino tinto de la Mancha, naranja y flan. Hay gente a la que le gusta salir a restaurantes para probar cosas nuevas. ¡Los necios! Es porque no saben lo que les gusta, y van a ver si lo encuentran en algún sitio. Yo si que sé lo q

ue me gusta, no tengo que ir a ningún sitio para que un presuntuoso maitre me diga lo que es bueno y lo que me gusta a mi. Hay siete días en la semana, así que Carmencita tiene catorce menús, para la comida y la cena y basta, nos dejamos de pamplinas y "creaciones". Durante la comida charlamos poco, al acabar Carmencita recogió la mesa, sirvió el café y me contó algunos cotilleos que habia oído durante el día, lo caro que estaba el mercado y todas esas cosas que las mujeres cuentan y los maridos tenemos que aprender no solo a soportar sino a escuchar aparentando interés. Acabé el café, mire el reloj, tres menos cuarto, estupendo, tiempo para ir al cuarto de baño. Al salir le di un beso en la mejilla a Carmencita y una palmadita en su espléndido trasero de yegua madura.

Hasta luego Carmencita.

Recuerda Javier que hoy salgo a cenar con mis primas.

¡Las mujeres! Es el ultimo viernes del mes, hemos comido fideos y filete a la plancha y ¡se me va a olvidar que como todos los últimos viernes de cada maldito mes sale a cenar con sus primas!

Ya Carmencita, ya lo se. Probablemente estaré durmiendo cuando vuelvas.

Salí del piso, cerré la puerta, mire el reloj: las tres en punto. ¡Como tiene que ser! A paso lento (para bajar el almuerzo), fumando el habano del dia, me dirigí a la oficina a donde llegue a las cuatro en punto. Normalmente, por las tardes trabajo de cuatro a siete, pero el ultimo viernes del mes, como Carmencita no esta en casa, me quedo hasta las ocho y media. Así puedo acabar lo que pueda haber pendiente y empezar un nuevo mes sin nada atrasado. También, así impresiono a jefes y subalternos que saben que pongo tiempo extra cada mes sin jamas haber pedido un céntimo por las horas extra. Como todos los últimos viernes de mes al salir de la oficina me dirigí con paso lento hasta "Las Olas". Las Olas es un bar-restaurante gallego, cerca de casa, con un estupendo marisco. A las nueve y cuarto me acerque a la barra:

Buenas noches D. Javier, ¿lo de siempre?

Buenas, noches, si lo de siempre, por favor.

Una de las ventajas de tener un sistema establecido es que no hay que perder el tiempo con pamplinas. Llevo mas de diez años cenando en Las Olas todos los últimos viernes de mes. Me conocen, les conozco, me esperan, tengo sitio reservado y no tengo que perder el tiempo probando cosas que no me van a gustar o explicar al camarero porque me gusta cenar en la barra. El camarero desplegó una amplia servilleta, la puso sobre el mostrador y sin preguntar nada mas puso cubiertos, pan, vaso de agua con hielo, copa de vino blanco (rías bajas) e inmediatamente, como por arte de magia, una ración de pulpo a la gallega. Tan pronto como acabé el pulpo apareció un ración de percebes que a su vez fue seguida por una de gambas a la plancha. Como siempre, sin tener que esperar, sin tener que decir -el pulpo calentito, las gambas poco hechas- todo estaba a punto, en su punto y a su tiempo ¡excelente!. Pague, y me dirigí a casa concluyendo mi paseo. A las diez y media, en punto, abría la puerta de la casa. Me di una ducha, me puse cómodo, unos vaqueros y una camisa de franela y a las once en punto, encendí la televisión y puse en la videocasete una cinta de una película medio porno, me serví una copa de buen coñac (o brandy como los franceses quieren que lo llame) y me senté a disfrutar de la película con tranquilidad. La película no era nada del otro jueves, buen ganado, buenas carnes y poco mas. A las doce y media oí la puerta abrirse, era Carmencita.

Hola Javier, pensaba que estaríais durmiendo.

Se acerco y me dio un beso.

Hola Carmencita; no, decidí ponerme cómodo y esperarte viendo una película verde, pero ya que estas aquí, en vez de ver cosas verdes, las podemos hacer.

La verdad es que iba vestida de una forma un tanto (o un bastante) llamativa. Jersey gránate muy, muy ajustado, manga corta y gran escote que dejaba ver casi la mitad de sus generosos pechos, un ancho y apretado cinturón dorado de gran hebilla; una minifalda de cuero negro muy ajustada que realzaba el trasero de mis delicias, medias gránate, haciendo juego con el jersey, y zapatos negros de altísimo tacón. Un gran pañuelo amarillo ataba su melena formando una cola de caballo; bolso negro y abundante maquillaje completaban el atuendo. Quizás la película verde me habia matizado el color del cristal a través del que yo miraba las cosas pero, la verdad es que Carmencita, mas que una respetable ama de casa d

e cuarenta y siete años, lo que parecía era una puta un poquito entrada en carnes y años. Pero no por la apariencia putil menos deseable, al contrario, ¡Buena que estaba!

Uy Javier, pues si quieres hacer cosas, déjame que me cambie.

¿Para que? Como estas vestida me calientas mucho. ¡Ven aquí chata!

La cogí de la mano, la senté sobre mis rodillas y mientras le daba un buen beso metí una mano por su escote (aunque yo he hecho mi decisión, no es una fácil elección el elegir entre sus generosos pechos o su glorioso culazo).

Ella parecía no estar del todo por la faena y sacando mi mano de su escote dijo:

¡Caray Javier! No se de donde te vienen las prisas, déjame que me cambie.

Carmencita hueles un poco rara como a tabaco y a… no se que. ¿Fuma alguna de tus primas?

Que van a fumar, quizás en el restaurante habia mucho humo. Anda, déjame que me cambie, no seas pelma, además tengo que ir al cuarto de baño.

Se levanto de mis rodillas y se giro par ir al dormitorio, al volverse noté que tenia una gran carrera en la media derecha que empezaba en la parte de atrás de la rodilla y se hacia mas grande hacia arriba. Yo rápido la cogí de una mano y volví a sentarla en mis rodillas y mientras le manoseaba las ancas de mis ensueños dije:

Sabes que me chifla tu culo, lo tienes de un bueno. Por cierto, tienes una carrera enorme en la media derecha mira…

Puse mi mano en la parte de atrás de su pierna y con el dedo seguí la carrera hacia arriba. Pero me habia equivocado, no eran medias lo que llevaba era un panti, al seguir la carrera llegue hasta su ingle. Allí el panti estaba completamente roto con un gran agujero justo encima de su sexo y Carmencita ¡no llevaba bragas!. Con sorpresa y con sospecha metí dos dedos en la vagina y… los saque llenos de un liquido blancuzco y pegajoso… ¡semen!. ¡A eso era lo que olía la muy puta a tabaco y a leche de hombre!

¡Grandisima puta! Has estado follando.

Me levante levantándola a ella y como un poseso la abofetee, no se cuantas veces, hasta que ella cayó al suelo llorando.

Conque cenando con las primas, ¡jodia zorra! Tu has estado jodiendo como una puta mal parida. Te voy a enseñar yo a ponerme los cuernos.

La agarré de la cola de caballo y la arrastre a nuestro dormitorio, mientras ella gemía y gimoteaba y gritando entre sollozos decía que no la hiciera nada, que me podía explicar todo. En el dormitorio le quite el pañuelo que anudaba su cola de caballo y con el le até ambas muñecas bien atadas después lo ate a un poste de la cama.

Por favor, Javier, no seas impulsivo, ¡por favor Javier déjame explicarte!

Yo no estaba para ni para explicaciones ni para leches. De un tirón abrí la cremallera de la minifalda y de otro tirón se la quite. ¡Que jodia! Todo el panti estaba roto dejando mas de medio culo al aire. Le baje los restos del destrozado panti hasta la rodillas y empece a darle una buena tunda de azotes. Yo pegaba con todas mis fuerzas y ella entre lloros gritaba:

Por favor Javier, pegarme no, por favor no me pegues, ¡te juro que no lo haré mas!. Pero no me pegues, Javier, ¡por favor!

Claro esta que yo no le hice ni caso: seguí dándole azotes hasta que la mano me dolía. Ella gimoteaba y seguía pidiendo perdón. La verdad es que daba gloria ver aquellos muslazos y la maravillosa grupa poniéndose de un magnifico rojo tomate con las marcas de mi mano. Tanto me gustaba a la visión y tanto me excitaba, que noté que empezaba a tener una erección. Me acerque a ella y separe los cachetazos de su trasero: me quede de piedra cuando vi que del ojete también le chorreaba semen. Pense que podría ser semen que le venia de la vagina, pero… el ojete, y todo su alrededor, estaba enrojecido e irritado; para asegurarme le introduje un dedo en su recto y lo saque… con semen.

¡Zorra maldita! ¡Guarra de mierda! Hasta por el culo has tomado, eres una puta culera ¡Cabrona! ¡Vas a aprender a ponerme los cuernos a mi!

Enloquecido, sin pensarlo me quite el ancho cinturón que llevaba y empecé a darle zurriagazos. Ella chillaba, gemía, se retorcía, imploraba, encogía y estiraba las piernas. La verdad es que ver aquel culazo fabuloso, otrora blanco tornandose rojo, ver a Carmencita retorcerse como se estaba retorciendo, en vez de calmarme me y descargar mi ira, me estaba excitando y mucho, pero excitando sexualmente. Me baje los pantalon

es y calzoncillos, estaba empalmado y bien empalmado. Carmencita seguía llorando y suplicando.

Por favor Javier, no mas, con la correa no, no me pegues mas, ¡te juro que no volverá a pasar! Pero la correa no, por favor.

¡Calla, so putorra!

No lo pude resistir, y con la mano le pegue dos buenos azotes en el culazo que con las marcas de la correa, ya estaba de todos los colores. Otra vez separe los cachetazos y de un solo golpe le hundí mi tranca hasta el fondo.

No Javier, por el culo no que lo tengo en carne viva. Por favor sácala que me duele muchisimo.

Calla, so puta que si no hubieras tomado por culo antes, no te dolería ahora. Deja de protestar o ¡por mis muertos que te mato a correazos!.

Debí de sonar como un poseso porque a partir de ese momento ni rechistó.

Yo le daba por culo con todas mis fuerzas. La verdad es que verle el culazo todo rojo con los verdugones de los correazos, ver mi tranca entrando y saliendo del culo y Carmencita atada, callada y sumisa sin atrever a moverse ni a rechistar me daba un placer enorme. Me incline sobre ella, metí mis manos por debajo del jersey y del sujetador y le magree los pechazos. Aquello era la gloria, dándole por culo, sobando y magreando las tetas y Carmencita con un apagado gimoteo de sumisión.

Guarra, eres una puta, pero ¡que culo mas bueno tienes! Que buenisima estas so cerda. ¡Me corro, me corro!

Con una ultima embestida, tirando de sus tetorras, tuve una corrida salvaje en su culo, salió lo suficiente para que al sacar la picha aun le cayera algo de mi leche sobre su espalda. Relajado y satisfecho me fui al cuarto de baño, me lave la picha bien lavada, cogí una toalla y la empape con agua tibia.

Volví al dormitorio y con cuidado limpie la cara y el culo de Carmencita.

La desate, y ella se echo, derrengada, encima de la cama. Fui a la cocina, cogí una bandeja, dos copas y de la nevera saque una botella de champagne (o cava como quieren los franchutes), un plato con fresas y volví al dormitorio. Carmencita se habia quitado el jersey y el sujetador, estaba en pelota picada, apoyando su espalda sobre tres almohadas con los exuberantes pechazos al aire, mas prominentes por su escorzo, enhiestos, ¡en toda su gloria! ¡Que buena estaba! Si la Maja de Goya la pudiera ver, se moriría de envidia.

Coño Javier, has exagerado, los zurriagazos de verdad me han dolido. Me has pegado como un bestia. ¡Así no vale!

Lo siento Carmencita.

¡Coño lo siento!, mira como me has puesto el culo cabrito.

Se dio la vuelta y la verdad es que me habia pasado. Tenia marcas de mi correa por todos lados y hasta pequeños cortes. Me dio una enorme pena y compasion ver aquellas carnes que tanto placer me daban en aquel estado.

Lo siento Carmencita, parece que he perdido el control.

Empece a besar tiernamente las partes doloridas. Me gusta tanto su trasero que a menudo lo beso, acaricio y adoro con mi lengua. Tanto, tanto me gusta, que en mas de una ocasión con mi lengua he invadido su culete, no me da ningún reparo y a ella le gusta. Pero Carmencita enseguida corto mis cariños.

Déjate de besos que ahora no arreglan nada. Coge algo de crema del cuarto de baño y con mucho, mucho cuidado pónmela.

Así lo hice y mientras con todo cuidado ponía la crema volví a pedir mil perdones.

De verdad que lo siento Carmencita, de verdad. Pero te lo he dicho muchas veces que no quiero que te den por culo. Esa maravilla de culazo que tienes es solo para mi y para nadie mas. Todo lo demás esta bien, pero el culo… mío y solo mío. Cuando he visto que te habían dado por culo me he cabreado de verdad.

Acabe de poner la crema, descorche el champagne y serví las dos copas y le ofrecí copa y fresas. Carmencita comió un par de fresas, tomo un sorbo del champagne y me dijo:

¿Y te crees que yo no lo se? Pero que coño podía hacer yo. Podias haberme dejado hablar, cabrito, lo que pasa que querías gozar con la correa ¿eh jodio?.

Mira, déjame que te cuente lo que ha pasado. Como todos los últimos viernes de mes fui a la Amparo. Primero Amparo me puso con un curita de pueblo que venia a la ciudad a descargar la leche acumulada durante muchos meses.

Muy buen chico y muy simpático. Lo hicimos normal sin problemas, se descargo y se fue muy satisfecho a cuidar de su rebaño. Después Amparo me trajo un vejete de mas de setenta años. ¡Pobrecillo! Le debí gustar cantidad porque cuando me vio en pelotas el temblor que tenia le aumento de tal forma

que no acertaba la mano con el cipote. Se paso media hora sobandome, babeando y diciendo que guapa y que buena estaba, pero no se le levantaba el instrumentillo ni con grúa. Al final me compadecí de el y, aunque alicaída, le hice una paja con la mano y cuando por fin se iba a correr, se la mame. No veas, el vejete se puso mas contento que unas pascuas y dejo una propina extra que le encanto a la Amparo.

¡Que puta que eres Carmencita! pero me encanta cuando me cuentas las guarrerías que haces. Mira se me esta levantado otra vez de nada mas oírte. Pero lo del culo no te lo perdono, el culo es solo para mi.

Pues mira capullo si no me lo perdonas peor para ti, porque no vuelvo a ir a la Amparo y como se te ocurre otra vez pegarme con la correa, durante la noche cuando estés durmiendo ¡te corto la polla!.

Lo siento Carmencita pero de verdad que me obcecó. Pero ¿porque tomaste por culo?

¡Toma ya, como si yo hubiese querido! Lo que pasó fue que la Amparo me puso con dos tíos. Que digo dos tíos, con dos bestias. Ya le dicho a la Amparo que nunca mas lo voy a hacer con dos a la vez. Bueno, eran dos hermanos, navarros, grandes y cuadrados, como armarios y tenían unos cipotes que no veas;, bueno los tenían en proporción a su cuerpo. Pero lo dicho, eran camioneros y se habían hecho ricos, ahora son dueños de una empresa de transportes. Al principio parecían simpáticos y dicharacheros. Charlamos un poco y nos pusimos a la faena, les hice el francés, luego uno se tumbo en la cama y me pidió que follaramos conmigo encima. Mientras estabamos en la faena el otro hermano me vio por atrás y dijo:

Nacho, estas siendo gili, estas en el agujero equivocado. No veas el culo tan bueno que tiene la tía.

Sin mas ceremonia Nacho me quito de encima, yo les dije que no, que por culo ni hablar, pero ¿como me podía defender yo de esos bestias? Entre los dos me pusieron de rodillas en el suelo y mientras uno me sujetaba por los hombros, el otro se me trajino por detrás. No veas lo que me dolió con el nabo de burro que tenia el tío aquel. Al principio me dolió mucho pero al final, bueno al final aquel cipote enorme acabo dándome gusto. Una vez se me habia enculado el Nacho no iba a pelear otra vez y decirle que no al Joseba. A los cabrones les encantó, dos veces me dio cada uno. No veas me dejaron el culo hecho unos zorros. Pense en lavarme antes de volver a casa, pero como siempre quieres que venga con la leche de otros tíos… así que por ti no me lavo y encima vienes tu me lo agradeces dándome de zurriagazos y no solo zurriagazos sino otra vez otra vez por el culo. Lo debo tener en carne viva.

Joder Carmencita, tomaste por culo cuatro veces. ¡Que bestia, que guarra eres! De solo de pensarlo fíjate como me las puesto, la tengo mas dura que nunca. Déjame que te encule otra vez.

De eso nada Javier, de verdad que lo tengo desollado. Si quieres te la chupo, o te hago un cubano, porque esta bien hermosa, pero por atrás, nada de nada.

Joder, me encantaría encularte otra vez, pero bueno, hazme el francés con el champagne.

Carmencita me hizo una de sus especialidades. Se llena la boca con champagne frío y entonces me la chupa, las burbujitas, y el frío, que enseguida se transforma, en calor, lo hacen muy especial y Carmencita lo hace de maravilla. Con lo especial de la chupada, y lo caliente que me habia puesto contándome como se la habían enculado cuatro veces, no tarde nada en correrme. Después de la corrida, me tome otra copa de champagne y unas fresas y dije:

Gracias Carmencita, otra vez me has dado una noche de fin de mes que ha sido una maravilla.

De gracias nada majo, que los zurriagazos me los tienes que pagar, que no están incluidos en el programa de festejos.

¿Como quieres que te los pague?

No estoy segura todavía, pero estoy pensando que mañana llamare a una de mis "primas" que trabajan con la Amparo y le diré que venga. Estoy pensando que te ataremos en pelotas y tendrás que ver como nos hacemos el amor las dos solitas. Cuando nos hayamos corrido varias veces te daré unos zurriagazos y te enculare con mi dildo. Si aguantas todo como un hombre, sin llorar ni quejarte, quizás y solo quizás, te dejare que te encules a la "prima".

Como tu digas Carmencita, ya sabes que mañana estoy a tus ordenes y puedes hacer conmigo lo que quieras.

Lo se cielo y me lo pienso pasar muy bien.

Nos dimos un beso y apagamos la luz. Según me empezaba a dormir pensaba que esto es un ejemplo de como se puede llevar

una vida con orden, orden hasta en los excesos. Hace tiempo nos dimos cuenta de que yo soy un poco sádico y que siempre he tenido la fantasía de castigar y follar a mi mujer después de que otro se la haya beneficiado. Sobre todo me encanta cuando viene a casa con la leche de otro tío todavía chorreando por su coño, no se porque me da tanto morbo ni me interesa el porque; así que ningún siquiatra pedante se ofrezca a inventar una explicación. Me gusta, disfruto con ello y no hago mal a nadie, así que los siquiatras a tomar viento.

Carmencita también es bastante viciosa, le gusta hacer y que le hagan de todo, tan de todo que es una todo terreno. También le gustan las tías así, que lo mas sencillo era ordenar nuestros vicios, poner reglas y poner todo en su lugar, que ya lo decían los antiguos (creo que fue griego de Atenas, pero vaya usted a saber): "La virtud no es la ausencia de vicio, sino el restringir al vicio en su sede". Así que nosotros lo pusimos en su sitio.

Durante todo el mes somos de lo mas normal, pero Carmencita todos los últimos vienes de mes se va a una casa de putas (la Amparo es una antigua conocida, de confianza). Allí hace dos o tres "servicios" y la Amparo se queda el dinero. Cuando viene a casa yo "descubro" que me ha puesto los cuernos, la castigo (unos azotes, tirones de pelo, rara vez unas pinzas en los pezones, nada excesivo) y cuando esta llorosa y "arrepentida" le suelo dar por la "vía angosta" que tanto me pirra. Si el Viernes por la noche es mío, el Sábado es su día. Carmencita suele llamar a una de las putas del establo de la Amparo (a veces abusa y se coge dos) unas veces las trae a casa, otras se las lleva a bares de tortilleras… ¡ella también es bastante inventiva! Mañana me quiere zurrar. No sé si me va a gustar, pero tiene razón ella:

me pasé con la correa así que tendré que pagar por mi falta de control y por saltarme las reglas. Lo tenemos bien acordado: le puedo pegar, pero solo con la mano y sin dejar marcas. Lo que pasa es que, que yo sepa, esta vez es la primera vez que otra polla a hollado su, para mi, sacrosanto culo. No me importa compartir su boca, su generosos pechazos, hasta su coño, pero el culo no, ese culazo de gloria es mío y solo mío. Pero bueno estoy desvariando, lo que estoy tratando de explicar es que de esta forma nosotros, con el vicio puesto en su sitio, mantenemos la virtud y sin desorden satisfacemos nuestros vicios.

Pero ya dicen que el hombre propone y Dios dispone, aun teniendo las cosas pensadas y bien pensadas, con el máximo cuidado de vez en cuando sale un imprevisto, como dos bestias navarras que abusan de tu mujer y le violan el culo. Es que el culo de Carmencita (mas que de Carmencita debería decir mi culo, porque lo poseo, es mío y lo quiero todo para mi) es una maravilla, no me extraña que otros lo anhelen, mas que un culo es una sublimación, es el arquetipo de belleza platónico, es… La Tentación Irresistible. También es verdad que según lo ha contado ella, mucha violación no ha debido haber, porque no parece que Carmencita hiciera ni grandes combates ni grandes esfuerzos por defender la virtud de su entrada posterior. La muy zorra hasta confiesa que le gustó. Pero, ¡Que fiera la tía, tomar cuatro veces por la vía estrecha y al parecer con vergas de respeto! ¡Afrodita Calipigina encarnada! Estoy tan orgulloso de su aguante, vicio y puterio como estoy cabreado por compartir mi (mío, de mi posesión) culo. En fin, tampoco se puede aspirar a la perfección, el mejor escribano echa un borrón, y un accidente así tiene que pasar de vez en cuando, pero ¿que es un pequeño accidente, comparado con el orden que mantenemos y las muchas magnificas noches de fin de mes que nos pasamos Carmencita y yo?. Como decía al principio, no hay nada como el orden, las reglas y la estructura.

Alberto Martin

Albmartin (arroba) yahoo.com

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Puedes pero no debes demandar

Un acomodado médico, va a visitar a su cuñado y de vuelta..la policia le para el auto. Lo llevan a un lugar alejado y le cachean, esto le producirá un placer hasta ahora ajeno para èl, dejándose llevar por las manos y caricias de los agentes durante el cacheo que dará lugar a algo más.

Eso fue lo que le dije a un conocido mio, luego que este me narró una espeluznante experiencia, que recientemente pasó durante sus vacaciones. Pero para que tengan una mejor idea de su situación, les diré que Guillermo, (por darle un nombre que no sea el de él), es medico especialista, (de esos que prácticamente ahí que tener una excelente linea de crédito para ser admitido a la consulta, por lo caro que cobra), soltero, el cual tiene entre sus pasa tiempo el adquirir autos deportivos costosos, y correr en ellos a la menor oportunidad. Pero para que tengan una mejor idea de sus situación, procuraré que sean sus propias palabras las que les relaten, lo que le sucedió es sus vacaciones.

Hacía menos de un mes, que adquirí un Porche Boxster , último modelo de color plateado. Me encontraba preparandome para salir de vacaciones fuera del país, cuando el esposo de mi hermana me invitó a pasar unos días a su hacienda. Realmente no es por nada, pero no soy de las personas que adoren pasar mucho tiempo en contacto con la naturaleza, pero tratandose de mi cuñado, al cual tengo en alta estima, acepté pasar par de días antes de tomar mi vuelo para el estado de Indiana, para ir a presenciar las carreras de las 500 millas de Indianapolis.

Como soy de los que vuela bajito cuando manejo, en múltiples ocasiones me han detenido por exceso de velocidad, y por lo general me salgo del problema diciendo que tengo una emergencia medica la cual voy atender en esos momentos, de hecho tanto en mi consultorio como en las distintas clínicas que atiendo pacientes, las enfermeras tienen orden mía, de que si alguien llama preguntando, si tengo alguna emergencia digan que si.

Resulta que cuando viajaba rumbo a la hacienda de mi cuñado, pasé a muy alta velocidad por un pequeño poblado, cuando me di cuenta vi por el espejo retrovisor a una auto patrulla que aparentemente me venía siguiendo, como no me encontraba con animo de estar dandole explicaciones a un policía de caminos, de la razón para estar corriendo a tal velocidad, decidí acelerar al máximo mi maquina, cuando vi el odómetro creo que mi auto corría a unos 250 kilómetros por hora en una corta recta que se me presentó.

Esa noche llegué a casa de mi hermana y su cuñado, la pasé de lo mejor y cuando el domingo en la noche, decidí regresar a la ciudad, mi cuñado me regaló un par de galones de aguardiente que él mismo prepara para su consumo y el de sus amistades, dichos galones los guardé en el baúl del auto, y volví a tomar carretera como normalmente lo hago, volando bajito.

Me estaba acercando al pueblo donde la patrulla trató de darme alcance, cuando al doblar en una curva apareció un vehículo atravesado en medio de la carretera, de no ser por mis excelentes reflejos y la buena fabricación de mi auto de seguro hubiera chocado. Cuando logré detenerme, a los pocos segundos me vi rodeado por dos policías que me apuntaban con unos viejos revólveres calibre 38. de seis tiros cada uno, al principio me dio algo de gracia, pero al ver sus rostros mal encarados, decidí no buscarme más problemas y tratar de convencerlos de que me encontraba en una emergencia.

Apenas bajé de mi auto me colocaron en posición de cateo, eso quiere decir con mis manos en la cabeza, mis piernas abiertas, y apoyado ligeramente contra mi auto, yo traté de decirles que me encontraba en una emergencia, pero el mayor de ellos me ordenó callar, advirtiendome que de hablar nuevamente sin que él o su compañero me preguntasen algo la pasaría mal, por lo que decidí guardar silencio, al fin si perdía el viaje del lunes en la mañana había otro vuelo en la noche. Tras revisar mi documentación y la del auto, el más viejo comenzó a catearme, mientras su compañero hablaba por radio con quien sabe quien. Sus toscas manos comenzaron a palpar mis piernas desde mis tobillos para arriba, cuando llegaron a la altura de mis muslos, el viejo se detuvo por un momento en el área de mis nalgas escudriñandolas a conciencia, yo permanecí en silencio,

pero algo molesto por tan ruin trato para mi persona, pero a la vez descubriendo un inmenso placer, al sentir como ese agente de autoridad me toqueteaba mis nalgas.

El viejo continuó con su cateo, y desde luego no consiguió nada, pero cuando revisaron el auto localizaron los dos galones de aguardiente que mi cuñado me había regalado, luego de lo cual me ordenaron que con el policía viejo a mi lado debía seguir a la patrulla, cuando nos acercábamos al pueblo, la patrulla tomó por un camino de tierra que se alejaba a simple vista de la carretera, cuando le pregunte al agente a donde nos dirigíamos me comentó que ese era un atajo al cuartel de la policía del pueblo, mientras yo mentalmente organizaba mis pensamientos para ver a cual de tantos abogados que conozco llamaba, cuando me diesen la oportunidad para ello.

Tras rodar por unos minutos, la patrulla se detuvo antes una vieja casa aparentemente abandonada, y me dieron orden de decender del auto, los agentes conversaban entre si viendome y de vez en cuando sonriendose. Pasado un corto tiempo ellos dos se me acercaron y me dieron orden de asumir nuevamente la posición de cateo, la cual tomé obedientemente de inmediato, uno de ellos nuevamente comenzó a catearme, pero dirigiendose directamente a mis nalgas, yo permanecí en silencio, mientras sentía sus dedos casi escudriñando mi hueco, a los pocos momentos dejó de tocarme y nuevamente los dos agentes hablaron en secreto entre ellos, al regresar donde yo me encontraba en la posición en que me habían dejado, escuche al más joven darme la orden de que me quitase la ropa, yo pensé protestar pero decidí acatar la orden, ya que en medio de ello sentía una especie de placer morboso, al sentirme sometido por otra persona sin mi consentimiento.

Sin decir una palabra, me incorporé y comencé a soltar los botones de mi camisa de seda estampada estilo hawaiano, fue cuando el joven de los policías, sacó de mi auto los dos galones de aguardiente que mi cuñado me había regalado. El comentario que le escuche, fue preguntandole a su compañero, si podía probar la evidencia para estar seguro de que se trataba de ron clandestino y no de alcohol de los que venden en la farmacia, el mayor sonriendose le dijo que lo probase hasta estar seguro de que era lo que había en las botellas, yo mientras tanto ya me había quitado mi camisa para luego colocarla sobre el techo de mi auto bien doblada. Me dispuse a soltarme la correa de mi pantalón, para luego de sacar mis pies de los zapatos, comenzar a bajarme los pantalones frente a los policías que ya se habían dado unos cuantos tragos de ese ron clandestino, cuando termine de quitarmelos, los doble y coloqué al lado de mi camisa, quedando en mis slip de seda, fue cuando al verme de espalda el más viejo, lo escuche comentar al otro, que yo tenía un culo lindo, y acercandose a mi me ordeno nuevamente asumir la posición de cateo, lo primero que hiso fue registrar mis ropas, para luego tirarlas al suelo en un charco de agua , al lado de la rueda delantera de mi auto.

Yo permanecí en silencio, y de inmediato volví a sentir sus dedos dentro de mis nalgas, por sobre la tela de mi slip, creo que de manera involuntaria levanté más mis nalgas, fue cuando ese policía se dirigió al otro comentandole, lo linda y suave que eran mis pantis, al escucharlo se me puso la cara roja de vergüenza, quise explicarle que eso era ropa interior masculina, pero no me atreví a decir palabra, ellos dos se reían a mandibular batiente al tiempo que se daban otro trago de ron, yo permanecía de espalda a ellos dos, con mis piernas abiertas de par en par, mi torso inclinado sobre mi auto y mis brazos abiertos al igual que mis piernas, debido a la alta hora de la noche hacía frío.

El viejo aparentemente se terminaba de dar otro trago, cuando le preguntó a su compañero que desde cuando no …………… aparentemente le debió realizar alguna seña, ya que él otro guardia respondió que desde hacía unas cuantas semanas, ya que su mujer se encontraba en la llamada cuarentena después de haber parido a su cuarto hijo. Al escuchar su respuesta, el viejo policía se le acercó y le dijo algo a su oído, yo los podía ver parcialmente, ya que sus imágenes se reflejaban en parte de uno de las ventanas de mi auto. Al parecer se pusieron de acuerdo en cuanto ha algo y nuevamente se dirigieron a mi, ordenandome que me terminase de quitar las pantaletas esas que yo tenía puestas, pensé en ese momento aclarar su error en cuanto mi ro

pa interior, pero nuevamente más que por temor que por otra cosa decidí permanecer en silencio.

Sin titubear ni un instante, me desprendí de mi slip de seda, quedandome parado de frente a ellos con mis manos ocultando mi verga, la cual no se por que razón comenzó a ponerseme dura entre mis manos, mi rostro miraba fijamente el suelo, y sentía como un cosquilleo dentro de mi al estar en esa facha ante dos perfectos desconocidos, en esos momentos el viejo pensó y no lo culpo de que yo trataba de ocultar algo, lo cual en parte era cierto, por lo que con la punta de su macana me golpeó ligeramente mis manos preguntandome que ocultaba, yo todo temeroso retiré mis manos de sobre mi pene y ellos pudieron apreciar en ese momento una relampagueante erección que me produjo más verguenza que satisfacción, ellos se vieron mutuamente y comenzaron a reír de nuevo, y como por arte de magia mi pene regresó a su estado original, en ese momento se dieron cuenta que en mi área genital así como en el resto de mi cuerpo no detento ningún tipo de bello, la razón es sencilla.

No soy lampiño natural es decir ahora soy o me veo como un lampiño, pero no lo soy de manera natural, ya que cuando estaba en la universidad pertenecía al equipo de natación, y por recomendación de mi entrenador me sometí a un tratamiento para depilarme todo el cuerpo, luego continué practicando bicicleta y seguí con la costumbre de depilarme, actualmente en raras ocasiones paseo en bicicleta o practico natación, pero me acostumbre a depilarme todo mi cuerpo cosa que hago siempre.

Nuevamente entre risas y malas palabras me volvieron a ordenar que me pusiera en la posición de cateo, el más joven me separó las piernas más de lo que yo las tenía separadas, y con sus manos comenzó supuestamente a catearme, inició su trabajo por mis tobillos, pero rápidamente sus manos llegaron a mi culo, donde se detuvieron por un largo rato mientras él se daba otro trago de ron, directamente del galón. A pesar de que hacía un frío que calaba hasta los huesos, y de que la niebla de la noche comenzaba a decender, desde el momento en que él me tocó las nalgas con sus manos comencé a sentir un calor por todo mi cuerpo desnudo.

Nuevamente de forma inconsciente levanté algo mis nalgas y en ese momento sentí una ardiente nalgada sobre mi gluteo izquierdo, para mi fue una sorpresa no lo esperaba y solté un agudo grito mezcla de placer y dolor, si la nalgada me sorprendió, más me sorprendió mi reacción ante la misma, mi voz es gruesa o por lo menos lo era antes de esos momentos, pero el grito que dí fue agudo y largo asemejandose más a un suspiro de placer que a otra cosa, mi nalga debió quedar marcada ya que a pesar de yo mismo sobarme me continuaba ardiendo.

Ellos se vieron nuevamente y se comenzaron a sacar sus vergas, en eso momentos yo me encontraba sumamente nervioso, sentía mi corazón palpitar fuerte dentro de mi pecho, y creo que hasta me encontraba sudando. Fue cuando el policía más viejo se me acercó y tomandome por la nuca me hiso inclinarme hasta que su verga quedó frente a mi boca, me encontraba sumamente ansioso por lo que fácilmente podía preveer me sucedería en breves instantes, su verga no se encontraba erecta, si algo morcillona pero no erecta, cerrando mis ojos y sin decir palabra u oponerme a ello, introduje el miembro de ese otro hombre dentro de mi boca, y me di a la tarea de mamarselo.

Mientra que en ese mismo instante sentí algo caliente y duro hurgando nuevamente dentro de mis nalgas, hasta que su glande dio con mi esfínter, él se había puesto algo de saliva sobre la cabeza de su pene, lo que me imagino sirvió para que su glande en cosa de segundos, se ubicase parcialmente dentro de mi ano, en esos momentos me colocó sus dos manos sobre mis caderas y tomandolas como punto de apoyo me dio un jalón hacía él haciendo que su verga me penetrase por completo, el grito que dí se debió escuchar a bastantes metros a la redonda de la casa, eso a pesar de tener la boca completamente llena, del tiro casi me ahogo, además temí que pudiese mordersela al viejo en esos momentos, ya que la tenía completamente erecta dentro de mi boca.

Sentí como la verga del joven me llegaba hasta el fondo, sus testículos chocaban contra mis nalgas una y otra vez. Yo jamas en mi vida había mantenido ningún tipo de relación homosexual, y ni tan siquiera me llamaba la atención el c

uerpo de otros hombres, pero en esos momentos descubrí que el sentirme sometido por otro macho, me producía un placer que jamas había experimentado hasta esos momentos, sus manos colocadas sobre mis caderas jalandome hacía él, era algo para mi desconocido hasta esos momentos, realmente no era que fuera un tipo joven, por que en realidad hasta mal parecido era, lo que me estaba subyugando era el ser sometido en contra de mi voluntad, como lo había hecho el viejo al meter su verga dentro de mi boca, y hacer que se la mamase constantemente.

El joven comenzó a insultarme diciendome, de maricón y putita para abajo, me preguntaba una y otra vez si me gustaba que él me diera por el culo, a lo que yo tan solo me limitaba a mover mi cabeza de forma afirmativa con la verga del viejo dentro de mi boca. El viejo por su parte mientras yo se lo mamaba, le decía a su compañero que desde el momento en que me vio supo que yo era una loca. Eso me hacía sentir verguenza, pero cosa rara, lo estaba disfrutando.

Mis dos manos se encontraban agarradas a la verga del viejo como si en ello me fuera la vida, en ocasiones levantaba mi vista y observaba su feo rostro reflejando bastante satisfacción, lo que no se por que me hacía sentir de lo mejor. En cierto momento me di cuenta que me encontraba culeando, quiero decir moviendo mis caderas, y mi pene lo sentía bien erecto. El policía más joven, pegó su cuerpo al mio sentí su pecho contra mi espalda, con su boca me comenzó a mordisquear mi nuca, haciendo que mi sensación de placer aumentase más y más aun. En esos momentos el viejo se comenzó a venir dentro de mi boca, creo que no lo pensé y me di a la tarea de comenzar a tragar completamente su producto, cuando pude saboreé cada gota del chorro de su semen que dentro de mi boca quedaba, hasta que él sacó su verga aun chorreando semen. El joven como que le entro un segundo aire, ya que comenzó a metermelo y sacarlo con mayor fuerza, hasta que se vino dentro de mi, mientras yo me venía sin tan siquiera tocarmelo de lo excitado que me encontraba.

Al ellos terminar me ordenaron que me quedase de pie al lado de mi auto, yo comencé a recoger mi ropa cuando el viejo me la tiró de las manos, diciendome, que va nena, ahora me toca a mi metertelo por el culo así que muevete para dentro de la casa y lavate ese culo, que no quiero que se me embarre con la leche de mi compañero. Dandome un empujón me llevó dentro de la vieja casa de madera, en efecto en lo que en un tiempo debió ser la cocina había un surtidor en lo que era el lavaplatos, me lo señaló con su boca y me vi en la necesidad de treparme para poder usar el agua que al abrir la llave salía con bastante fuerza, prácticamente tuve que contorsionar mi cuerpo para que la boca del tubo por donde salía el agua me llegase justo a donde era necesario, para luego expulsar el resto del semen que el policía joven había depositado dentro de mi. Al terminar me bajé y nuevamente el viejo me llevó para afuera ordenandome que me tendiese en el suelo boca arriba, parte de mi espalda se mojo y ensució en el charco donde habían arrojado mi ropa, al estar tendido en el suelo el viejo me ordenó que levantase mis piernas hasta que mi culo quedó a su entera disposición, en esos momentos ya él se había masturbado algo y su morcillona verga había vuelto a tonificarse, sentí como escupió sobre mi esfínter y luego sentí la caliente cabeza de su verga contra mis nalgas.

Esa penetración fue por mucho menos dolorosa que la primera, pero no por eso la disfruté menos, sus insultos hacía mi fueron algo especial, y cada vez que me decía algo yo sentía tremenda alegría, y movía mis nalgas con mayor fuerza. Ese encuentro duró más tiempo que el primero, y a pesar de embarrarme toda mi espalda y de insultarme un sin numero de veces, sentí gran placer al estar sometido ante ese hombre, su verga entraba y salía de mi culo, yo en ocasiones levantaba mi cabeza y podía ver con lujo de detalles como esa verga entraba y salía de mi cuerpo.

Finalmente el viejo se vino dentro de mi, tras lo cual se levantó y entró a la casa, supongo que para lavar su verga, yo mientras tanto permanecí en el suelo mirando el cielo estrellado y las nubes que parcialmente lo cubrían, de momento sentí que prendían la patrulla ellos se marcharon dejandome tirado y denudo en el suelo, pero tremendamente satisfecho de placer, luego me levanté y como pude me asee, me vest

í y me dirigí a mi casa.

Mi viaje a Indiana lo suspendí, me puse ha explorar mi nueva inclinación sexual, y descubrí que no soy del tipo que busca machos, eso hasta puedo decir que me asquea, para mi lo que funciona es que se me trate con dureza, que se me veje y hasta que me lastimen, pero que sobre todo me lo metan. Cada vez que deseo mantener algún tipo de relación me monto en mi auto y me dirijo a pasear por los campos, a cierta velocidad hasta que un agente del orden público me detiene, y soy victima de la brutalidad policiaca. Lo de la demanda, ya no pienso en ella, creo que disfruto más de esta manera.

Datos del autor/a:

Nick: Narrador.

E-mail: narrador (arroba) hotmail.com

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Pasion inducida (II)

Para Martina y para mi el tiempo siguió transcurriendo como si nada muy importante hubiese pasado entre las dos. Nuestra vida universitaria era completamente normal y nuestra relaciones personales no acusaban ningún tipo de impacto derivado de la experiencia erótica vivida. Conversamos varias veces sobre ese acontecimiento , pero únicamente con el fin de poder desentrañar cual era la fuerza extraña que nos había llevado a tener ese comportamiento que era francamente de características lesbianas.

Ambas admitimos , sin lugar a dudas , que la fuerza que nos había impulsado tenía relación con la presencia física del profesor de Comunicación , porque Martina me confesó que ella había sentido el impulso de ir a encontrarme en la biblioteca, cuando el maestro se había acercado . En ese momento el deseo se había apoderado de ella y no alcanzó la tranquilidad hasta que consumamos nuestra relación lesbica. Este hecho le parecía, al igual que a mi , algo inevitable.

Ahora nos interesaba francamente el fenómeno y lo primero que tratamos de averiguar fue si algo extraño hubiese pasado entre el resto de nuestras compañeras . Con preguntas ,mas o menos directas , acerca de lo que podían sentir por el hombre ,nos dimos cuenta que absolutamente nada le había sucedido a nadie que no fuéramos Martina y yo.

Con la esperanza que nada volviese a suceder , pero dispuestas a observar con mucha atención a todo el grupo , fue que nos sentamos ,como siempre , en el fondo de la sala.

Efectivamente nada extraño pasaba y el profesor dictaba su clase en forma habitual. Yo no tenía ni los escalofríos ni los bochornos , ni las agitaciones de los días anteriores y me estaba desinteresando del fenómeno , cuando me di cuenta que Martina ya no tomaba anotaciones en su cuaderno , había abandonado el lápiz y sin dejar de mirar hacia el profesor , me tomaba la mano derecha que en ese momento la sentí muy húmeda . Martina estaba francamente acalorada. Ese calor que irradiaba su mano pareció transmitirse a mi cuerpo, ocasionándome un relajamiento que hizo desaparecer en mi todo tipo de resistencia, de modo que Martina , pudo sin dificultades , poner mi mano en su falda directamente sobre su vulva .

Ella me guío para que yo le acariciara con la suavidad necesaria, al parecer para producirle un placer creciente. Yo estaba nerviosa , el profesor en cualquier momento podría pasearse hacia el fondo la sala y sorprendernos , sin embargo el había tomado asiento y desde su pupitre seguía dictando la clase ,pero era evidente que cuando dirigía la vista hacia nosotras, nuestro estado de excitación aumentaba.

De pronto. Martina soltó mi mano , y yo sin separar la vista del maestro, para no despertar ninguna sospecha , me tranquilicé porque creí que mi amiga había desistido de sus prácticas. Sin mirarla , sentí que ella se agitaba levemente en la butaca. El profesor miraba ahora directamente hacia nosotras sin dejar de hablar , entonces vi que Martina se había inclinado y con absoluta tranquilidad terminaba de sacar sus pequeñas bragas por el extremo de sus zapatos. Me las pasó y yo rápidamente las encerré en mi mano hasta hacerlas desaparecer . Estaban húmedas , estaban mojadas, y no pude evitar mi deseo de llevarlas hasta mi rostro y su aroma me invadió el cerebro alterándome completamente.

Martina había recuperado la posición normal en su butaca ,pero estaba ahora con las piernas muy separadas y la falda subida hasta la cintura mostrándome sus hermosos muslos mientras apretaba con ambas manos los rosados labios de su vulva secretante. Miraba ahora fijamente al profesor y ni un musculo de su cara se movía, como si estuviese absolutamente concentrada en lo que el hombre decía .

Yo juntaba mis piernas con fuerza inusitada y sentía la drástica presencia de mi ropa intima presionando en mi vientre y en mi pecho. El maestro volvió a dirigir su mirada hacia nosotros y en ese momento sentí que mi mano derecha , casi sin quererlo , se estiraba hacia el centro de las piernas de Martina buscando con sabiduría la entrada tibia de su intimidad. Mis dedos corrieron con una facilidad increíble entre sus labios mayores y empezaron a juguetear alegremente con sus pequeñas lenguas mojadas. Su entrada era de una suavidad increíble . Con dos de mis dedos presionaba con suave ardor y Martina abría y cerraba los muslos con un

ritmo cadencioso.

Una sola de nuestras compañeras que se hubiese puesto de pie para salir de la sala y nos habría sorprendido , porque estabamos paralizadas por el deseo. Este peligro de ser sorprendidas producía en nosotros una tensión que electrizaba nuestros cuerpos.

Martina guió mi mano hasta su clítoris , que yo no conocía , y retuve con dos de mis dedos su maravilloso pequeño apéndice ardiente que comencé a recorrer con un movimiento corto y tierno.

De pronto el profesor se puso de pie y nos quedamos un momento quietas pero sin abandonar nuestras posiciones . El maestro avanzó dos o tres pasos hacia adelante y se detuvo. Estaba mas cerca y sentimos que había llegado el momento de acelerar nuestro juego. Apretando suavemente el clítoris de Martina aumentaba simultáneamente la presión de mis muslos al tiempo que apreciaba que mi sujetador estaba a punto de reventar.

Los jugos de Martina empapaban mi mano y de pronto sentí el latido de su clítoris entre mis dedos, Primero fue un latido suave , como un pequeño corazón , pero luego comenzó a agitarse como un pajarillo que quisiera arrancar de mi mano . Yo lo retuve con deleite mientras sentía que mis bragas se inundaban de mi liquido denso y caliente. Lo sentía correr por mis mulos casi hasta mis rodillas y el orgasmo se me desencadenó como una ola liberadora que hacía estallar mi volcán vaginal mientras mis pezones se agitaban . En ese mismo momento sentí el flujo ardiente de Martina y al mirar vi el apéndice brillante sobresaliendo de mis dedos que no lo habían soltado . Era una visón maravillosa. Al momento nos habíamos tranquilizado y la clase terminó en algunos minutos. Ya recompuestas salimos de la sala en medio del grupo ,en silencio sin hacer comentario alguno , casi sin mirarnos , pero ambas sabíamos que de alguna manera formábamos parte de un mundo común.

Dos cosas estaban sucediendo en forma paralela en nuestras relaciones con Martina. Una de ellas era que habíamos comenzado a desear, como una obsesión, que el fenómeno se siguiera produciendo y la otra era que nos había invadido una cierta curiosidad científica acerca de la naturaleza y origen del proceso. Nos interesaba averiguar si lo que sucedía era realmente una tendencia nuestra que no habíamos descubierto anteriormente y la presencia del profesor era una especie de mecanismo de defensa que nos permitía ocultar una vergüenza. o realmente el hombre tenía algún tipo de poder que estaba utilizando con nosotros, ¿pero porque con nosotros y no con otras componentes del grupo ¿ Nunca nos había hecho ningún tipo de insinuación

Con estos afanes decidimos comprobar si el fenómeno era susceptible de producirse en otro lugar, para lo cual hicimos un seguimiento a distancia del profesor para poder encontrarnos ,como casualmente en otro luegar que no fuese las sala de clases. De esta manera podríamos descartar que lo sucedido fuese una característica del espacio y no de la persona. Habíamos comprobado con certeza que en ninguna otra circunstancia ninguna de las dos se sentía atraída eróticamente por la otra ni habíamos sentido alteración laguna de nuestra conducta normal

Datos del autor/a:

Nick: Magda.

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