Donde nos cuentan lasmás ocuras fantaisas, o las más morbosas situaciones que el autor imagina como reales, pero que no lo son

Relato erótico: En mi cabeza.

Fantasías Eróticas, Trío. Hola, soy yo otra vez. Sé que quedamos en no vernos más, pero he tenido tantas ganas de ti últimamente, de estar contigo, de tocarte, acariciarte, besarte, lamer y morder tu cuello y…ummmm. No sabes todo lo que se me ocurre hacerte ¡¡Sé que no debemos!! Pero ya que no puedo entrar a tu casa, me dejas entrar en tu mente?

Sólo déjate llevar.

Imagina que estas en tu habitación, recién salido de la ducha mirando tu ordenador, llevas tu camisa y pantalón de casa. Llego yo. Abro la puerta de tu habitación, me miras claramente sorprendido. Te hago señas con el dedo de que no digas nada, sólo será un momento.

Me siento sobre tus piernas y te beso, te beso muchísimo, ¡como me gustan tus labios! la facilidad que tienen de hacerme perder la cabeza tan sólo al tocar los míos y tu lengua, siempre buscando con ganas la mía, me besas suave, pero cada vez con más energía, con más ganas y esas ganas me demuestran que no soy la única que deseaba este encuentro. Sonrío, porque se que me extrañabas. Leer más

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Historia de Josefina de Esade

HISTORIA DE JOSEFINA DE ESADE

 

EN EL CINE

 

Esta vez se decidió. Bajó las escaleras que la conducían a lo que parecía un auditorio hecho de lamentos. En la oscuridad se pegó a una pared lateral que recorría la sala de proyección. Llegó a la última fila y con las manos tanteó los respaldos de las butacas. Se introdujo por un pequeño pasillo lateral y se sentó en la tercera butaca desde la izquierda. Sus ojos  vieron entonces una enorme pantalla. Los lamentos que escuchó al inicio se convirtieron en alaridos de placer. La oscuridad lo bañaba todo excepto ese rectángulo luminoso donde se sucedían las imágenes. No había más dudas. Una sensación de cierta incomodidad pero a la vez de curiosidad contenida le recorría el espinazo. Cómo había decidido dar ese paso ,ya ni lo recordaba. Una sensación de fuga, tal vez , un intento de destrozar las equidistancias de un territorio desconocido, vedado, excitante.

Comenzaba a calentarse tanto que ni  tan siquiera reparó en que a ambos lados de ella, las butacas habían sido ocupadas. La pequeña ráfaga de luz que bañaba la sala iluminó por un instante dos sonrisas marfileñas. Dientes demasiado blancos para rostros extremadamente oscuros. Cuando quiso darse cuenta una mano reposaba en su muslo. La percibió demasiado tarde cuando el dedo ya llegaba fatalmente al encaje de la media y aún así le dio igual. En ese momento se giró. Sus ojos percibían algo más que oscuridad. Dos rostros oscuros. Volvió a mirar de nuevo. La dialéctica entre la pupila, el cristalino y la retina le permitió ver mejor. Dos rostros negros la miraban con tanta curiosidad que ni tan siquiera se percató de una segunda mano por encima de su rodilla. Pero a estas alturas ya lo había comprendido todo. Incluso antes de que ocurriera. Levantó  su pierna derecha, casi como un resorte y la colocó sobre la roca de una rodilla. Entonces lo supo. Iba a disfrutar como nunca lo había hecho hasta entonces. El primer dedo había superado la barrera del encaje de unas medias satinadas de color negro y se posicionaba en la cara interna del muslo. La segunda mano había llegado todavía más lejos y apenas la notó. La falda se plisaba por encima del vientre. Sus manos hasta ahora quietas se abrieron en aspas y aterrizaron sobre dos bultos enormes. La cabeza se dejaba caer en el respaldo y comenzaba a desentumecerse. Sabía que llegaría ese momento , pero no que fuera tan pronto. El negro de su derecha le facilitó el trabajo. Se desabrochó la bragueta de forma sincopada hasta que el tirador llegó al final. La mano izquierda de ella buscaba todavía una cremallera mientras que la derecha encontraba un promontorio sobre una tela de algodón .Unas manos nudosas levantaban las costuras de la braguita y acariciaban los bordes de sus labios genitales. Antes de hiperventilar empezó  a gemir en silencio. Más tarde llegarían las súplicas. Y el ” dame más” , ” la quiero también en el culo”. La cabeza contorsionada. El rostro contraído. La mano derecha de ella comenzó a sacar no sin cierto esfuerzo el preludio de un cipote enorme, el resto necesitaría dos manos y voluntad de tragar mucho . No podía abarcar su circunferencia con el anillo que formaban sus dedos. Siempre le habían gustado la pollas grandes. Tener la sensación de perder el control. No poder acabarse nunca un pene con las manos o con la boca, ni tan siquiera poder dominarlo dentro de ella. Una polla grande conseguía lo imposible: dilataba hasta un extremo insospechado la cavidad vaginal llenando al mismo tiempo sus paredes. La  cremallera del negro de la izquierda quedó franqueada. Los dedos africanos le trabajaban el cuello del clítoris simultáneamente como pistones, en pequeñas secuencias circulares. Mientras un dedo formaba elipsis, el otro dibujaba verticales. Estaban cubiertos de babas. Y cuando quiso darse cuenta ya había sucedido. Tenía dos pollas, una en cada mano, con venas como tallos y una corona que dibujaba dos glandes enormes que empezaban a supurar un líquido gelatinoso. Se desplazó ligeramente hacia la derecha y se inclinó sobre la primera polla. Comenzó lamiendo el cuerpo del pene. Quería retrasar lo inevitable .Comenzó a dar pequeños mordiscos hasta rodear el prepucio con sus labios. Su mano izquierda seguía bombeando la segunda polla en sacudidas rápidas.Cuatro dedos negros habían dejado de bascular en los bajos fondos. Uno de ellos, díscolo, comenzó a trabajarle el agujero del culo en una primera exploración. Otra mano enorme sostenía su cabeza como una garra iniciándola en un ritual . Ni tan siquiera escuchó las palabras del negro. Más tarde las recordaría. Sin darse cuenta tenía casi la mitad de la polla, todo lo que podía abarcar, dentro de su boca, la trabajaba de forma voluntariosa con la lengua. Las arcadas venían de vez en cuando. Después desaparecían. Dejó de mamársela y se levantó. También supo que eso era lo que siempre había querido. Se dirigió a un reservado de la parte posterior del local. Las miradas los siguieron. El placer los precedió. Entraron en un pequeño cuarto. Una falleba cromada aseguró la intimidad. Se inclinó hacia abajo doblando las rodillas. Los negros entendieron su deseo. Se colocaron uno a cada lado. De su bolso aparecieron un par de guantes de muselina. Quería experimentar el placer a través de un tamiz. Palpar el tallo de una polla con raíces como un guante quirúrgico busca la vena . Y empezó a hacer sonar las cuerdas de un banjo. Y viajó hasta Nueva Orleans. Y descubrió un jazz de diámetros grandes. Sabía desde el principio lo que ocurriría después. Las dos enormes vergas dentro de su boca le dibujaron por un instante una sonrisa jockeriana.  A horcajadas del primer negro recibió en su cavidad vaginal un cilindro de 27×6 cm que la hizo correr casi al mismo tiempo que otro tren de cargas de 28x7cm le perforaba el culo. Supo que no podría dejar de correrse si continuaba el embudo. Decidió esperar hasta que no pudo más. Se levantó y recibió la primera leche en la barbilla borrándole por un instante la fina película de maquillaje que llevaba. La segunda descarga la quiso contener en sus labios hasta que decidió que no podía tragar más. Se incorporó .Se limpió el rostro. Se subió las medias. Se estiró la falda. Se adecentó. Se despidió de ellos con una sonrisa en los labios y una promesa en los ojos.Recorrió la pared lateral , subió las escaleras, hizo girar el torno, salió de la sala y pisó la calle. Había oscurecido. Llegó la noche. El crujido de una llave la sacó del sopor. Escuchó un timbre de voz que le era familiar.

Y entonces recordó las palabras en la fosa oscura.

” Te gustan grandes ¿eh?”

Sí. Lo cierto es que le encantaban las pollas de ébano.

 

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