Donde nos cuentan lasmás ocuras fantaisas, o las más morbosas situaciones que el autor imagina como reales, pero que no lo son

NUEVE SEMANAS EN MEDIO

(Wanda II)

Este relato, más breve que el anterior, continúa la serie empezada por Mis enredos… no sólo desde el punto de vista de tener también un titulo que ironiza al de una película famosa, sino que además por estar protagonizado por Wanda, la escultural fémina que participó en el otro. Asimismo, el título de éste denota la distancia temporal que en mis fantasías hubo entre ambos encuentros.

Como dije, pasaron nueve semanas desde que sucedió aquel espectacular icono de desenfreno, en las que no tuve ningún tipo de noticias de ella, ni siquiera por intermedio de Julio, su vecino. Hasta que un día de esos en los que me encontraba barriendo el hall vestido, a falta del mameluco característico, con un pantalón jean y una remera manga corta gastados de modo similar, ella entra con el clásico apuro de alguien absolutamente desbordado de trabajo, dirigiéndose sin escalas hasta el ascensor que justo en ese momento se abre, descendiendo de él un pequeño contingente de vecinos entre los que se contaba este Julio a quien ella no saluda en su carrera al interior. Julio, al verse ignorado al igual que yo, me comenta de pasada: ¡Mirá que tiene laburo la quia! y se va, saliendo por la puerta tan pronto que no me da tiempo a que le responda. Como a mí no me importó que se fuera pues no tenía muchas ganas de entablar una conversación con él, hice caso omiso de esto y continué mi tarea en el sector que seguía, el cual coincidió con el piso a las puertas del ascensor que para entonces ya había llegado al piso de Wanda, o al menos tendría que haberlo hecho, si no fuera porque siento que de pronto se abre su puerta a mis espaldas y una mano me agarra de la remera y me jala hacia adentro con tal fuerza que fui a dar de espaldas al espejo de medio cuerpo que hay sobre un costado.

Apenas tuve tiempo de reaccionar a tal embiste, cuando escucho la voz de quien había tirado de mí, que no era otra que Wanda, que incitante dice: ¡Quiero que me pruebes lo que me dijiste!; yo, que no salía de mi aturdimiento, esbocé un suave ¿A qué te referís?, a lo que ella, mirándome con algo de extrañeza respondió: A lo de hacer maravillas en poco tiempo. No alcanzó a terminar esta frase que ya se había deslizado hacia abajo, desabrochando y bajando mis jeans y boxers con una velocidad tan envidiable que no le había dado oportunidad a mi verga a que alcanzara toda su firmeza, cosa que no pareció importarle lo más mínimo ya que presta como estaba se dispuso a inducirla con la lengua y esos labios levemente coloreados. De más esta decir que no requirió mucho par que tal cosa se logre, dado que apenas mi verga sintió el roce de su candente lengua viniendo a cortar el breve frescor de la libertad se irguió como resorte, ofreciéndose a los mimos y tratos varios que tanto ésta como sus dientes, labios y, de a momentos, mano izquierda le suministraban sobre toda su extensión. Yo sólo atinaba a colocar mis manos sobre sus cabeza y seguir el movimiento que ésta comenzó una vez que sus labios habían rodeado por completo el tronco, ni siquiera procuré inducirle un ritmo específico, sólo dejé que ella manejara eso sola pues era más que evidente que sabía como.

Después de que su cabeza fue y vino unas cuantas veces, aunque menos que la vez anterior, paró de pronto y, sacando mi verga de su boca para recorrerla unas dos veces por completo y en todas las formas posibles con la lengua, se incorporó en el preciso momento en que el ascensor que ya hacía rato había llegado a su piso era llamado desde abajo, abrió la puerta interior porque ella, una vez que me tuvo cerca, apoyó sus delicadas manos en mis hombros y me haló hacia debajo de modo de quedar yo de rodillas y con la altura suficiente como para que ella, subiendo sus piernas de a una en ellos, me estampara su chorreante vagina en la cara, dando mi nariz contra la tundra de su entrepierna.

Yo, sin esperar que me dijera ni A comencé a hacer lo que correspondía en esa situación, pasando mi lengua por todo el largo de esos carnosos labios, deteniéndome a veces en ese clítoris que surgía como un tercer pezón por entre ellos, firme y apetitoso por demás, para luego de incluir mi mano derecha en el recorrido, iniciar una expedición con la lengua hacia el interior, entrando y

saliendo cada vez más impregnado de la miel que fluía de ella como un río que de tanto en tanto tiene crecidas, que en su caso coincidían con los instantes en que sordos gemidos escapaban por entre sus labios, y en los que mi boca no alcanzaba a contener tal aluvión. Aún más si tenemos en cuenta que en tales ocasiones, que en total habrán sido tres o cuatro, su mano izquierda, que entonces se encontraba sobre mi cabeza, me tiraba hacia sí de los pelos; entretanto, su derecha, como pude apreciar esporádicamente, estrujaba su monumental seno izquierdo al cual sostenía, llevándoselo de tanto en tanto próximo a la boca para pasarle uno que otro lengüetazo al punzante pezón. Sus ojos cerrados daban señas de goce intenso.

Después del cuarto orgasmo inducido, eso espero, oralmente, el tirón de pelo del que fui objeto fue tal que, debido a que lo seguí con el cuerpo, yo terminé de pie con ella todavía subida a mis hombros, al menos en principio, ya que, una vez que me había parado por completo, ella deslizó sus piernas por sobre ellos llegando al borde y continuando el deslizamiento hacia abajo con su espalda contra la pared hasta el punto de quedar cara a cara conmigo y con mi verga completamente engullida por esa rezumante cueva a la que hace instantes nomás me había estado dedicando. Una vez allí, la aplasté aún más contra la pared, de modo tal que sea yo quien tomara las riendas, al menos por el momento. Ella no pareció en nada ofendida por eso y se dejó hacer lo más campante; es más, colocó sus brazos entrelazados tras de mi cabeza, apoyó la suya contra la pared y se dedicó a disfrutar el mete y saca que prontamente me di el gusto de empezar. No fue para nada lo desenfrenado de la vez anterior, aunque su grado de locura tuvo una vez que yo, luego de haber disfrutado lo que es poner mi cara entre esas inmensidades y disfrutar los masajes que me proporcionan gracias al vaivén de nuestros cuerpos conjuntamente con el bamboleo que yo pudiera inducirles con mi cara horadando ese sudoroso valle con un frenesí cada vez mayor, recogiendo con la lengua uno que otro rastro de sudor que descendía por ahí, las tomase con mis dos manos que antes se hallaban sirviéndole de apoyo a su cuerpo asidas de sus nalgas a las que abrieron escasamente en el ínterin, aferrándose de ellas y estrujándolas, al tiempo que mis labios, que mientras tanto se habían encargado junto con mis dientes alternadamente de esos peñones que las coronan, se dirigían a los suyos para libar la dulzura que le es propia y entablar entre nuestras lenguas un combate cuya duración iba a ser menor a la que en ese momento tenía en mente, al menos en un principio. Ni bien habían pasado unos minutos en esta posición que ella, apartando su boca de la mía, se impulsó hacia atrás con sus piernas ceñidas entorno a mi cintura hasta que mi verga que pulsaba violentamente se encontrara por completo en el exterior, lo cual provoc&o exprimiéndome la verga en busca del preciado néctar que gracias a la increíble capacidad de aguante que tuve esa vez se hacía rogar; es más, yo nunca creí que bajo esas condiciones de excitación y desenfreno, a lo cual hay que agregar el grado de estrechamiento al cual mi verga era sometido, y que dicho sea de paso, y no es que quiera agraviar a Wanda ni mucho menos, me pareció raro teniendo en cuenta la experiencia que dicen que tiene- parte de la cual me la ha confesado ella -, hubiese aguantado lo que aguanté.

Aún así, fuera de toda maravilla, el final tenía que venir, y lo hizo… ¡y en que forma!. El zarandeo nos proporcionaba una imagen alucinante, en especial a mí: sus senos bamboleándose sin control ni dirección, aún cuando tanto mi boca y mis manos como las de ella de a ratos cortaban brevemente éste para, tomando posesión del que fuera, proporcionarle uno que otro trato preferencial, mordiéndolos junto con su pezón, recorriéndolo íntegramente con nuestras lenguas, las cuales, de coincidir ambos sobre un seno, terminaban entrelazándose fuera de nuestras bocas en una pelea sin vencidos, amasándolos o apretándolos, pellizcándoles sus furtivos pezones rígidos y punzantes. Era algo que estábamos disfrutando y en forma, y que gozamos hasta que mis huevos, junto con mis ojos, dieron señales de que estaban a punto de descargarse, tras lo cual Wanda, con la misma velocidad con la que se había despojado de su bombacha, volvió a impulsarse de mi ci

ntura hasta liberar completamente mi verga de su interior, para luego deslizarse del mismo modo que lo había hecho de mis hombros y quedar de rodillas frente a mí; inmediatamente después, aferrándose de mis nalgas con las manos y jalándome hacía sí de modo tal que mi verga quedase sobre sus senos, los elevó escasamente y, cerrándolos entorno a ella, comenzó a darme una paja con ellos tan frenética que no pasó mucho hasta que la cabeza emergiendo de entre esas inmensidades comenzara a escupir chorro tras chorro de semen, yendo a impactar violentamente contra su cara y boca, en donde se alojó la mayor parte de la descarga, siendo tragada sin dilación alguna por parte de ella. La imagen que tuve una vez que bajé la cabeza lo decía todo: mi verga que recostada sobre esas moles sudorosas y jadeantes en estado semiflácido escupía débilmente y desparramaba las últimas gotas sobre ellas, su lengua ávida recogiendo todo rastro de semen que haya quedado en sus labios, al tiempo que éstos también se afanaban por dejar limpios los dedos de sus manos que traían la parte de la carga que se hallaba desperdigada por su cara y senos, sin olvidarme de sus ojos que al encontrarse con los míos daban muestras de una gratitud que fue puesta en palabras una vez que, terminada la “limpieza”, ella se incorporó y se arregló la ropa, tras lo cual, luego de darme un corto beso, se dirigió a la puerta externa, la destrabó y salió. Lo último que escuché antes de que el ascensor se cerrara por completo y comenzara a bajar fue: “¡Lo probaste!”

Espero que les haya gustado este relato al menos un poco de lo que les gustó el otro. Estaré a la espera de cualquier sugerencia o mensaje que me quieran hacer llegar a mi mail lolo6561 (arroba) hotmail.com

Autor: lolo lolo6561 ( arroba ) hotmail.com

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PROFESOR DE COLEGIO

Fantasía erótica, hetero, profesor-alumna. Un profesor decide castigar a una alumna, pero se lo pensó mejor y si era obediente no le pondría el castigo.

Mi nombre es Miguel, y puede decirse que no soy nada especial, tengo 46

años y vivo solo, nunca he estado casado y realmente no tengo éxito con

las mujeres. Quizá sea porque soy de poca estatura, llevo gafas y me

estoy quedando calvo, pero es que además de eso soy tremendamente

tímido en mi relación con las mujeres. Delante de una mujer me vuelvo

inseguro, me pongo nervioso y me transformo en alguien tremendamente

torpe y patoso.

Soy de extracción humilde, mi familia nunca tuvo demasiado dinero, pero

gracias a los ahorros de mi padre, yo pude estudiar magisterio y

conseguí trabajo de profesor en un colegio de pago. Se trata de un

internado inglés dirigido por unas monjas. Aquí vienen las hijas de los

hombres más ricos de la ciudad; es un colegio tradicional y estricto

donde yo doy clase a las jóvenes de 17 años. Siempre he odiado mi

trabajo, todas esas adolescentes caminando por los pasillos con aires

de superioridad porque ellas gastan más dinero yéndose a esquiar un fin

de semana del que yo gano en dos meses. Esas horas de clase tratando

que le respeten a uno mientras ellas ríen, hablan y te ignoran. Las

amenazas y castigas pero es difícil encontrar algo que las infunda

respeto.

Todos los años hay una joven que destaca por su rebeldía y que resulta

especialmente odiosa, este curso hay una alumna en el piso 3 llamada

Cristina que es realmente insoportable. Es la hija de algún

brillante hombre de negocios, es rubia, con el pelo largo. Tiene una

cara angelical, pero es totalmente insoportable. Me interrumpe cuando

hablo, cuchichea y se ríe con sus amigas en mis clases etc.

Ayer caminaba por el campus ya entrada la tarde cuando vi que detrás

del seto del jardín que tenemos en el colegio había alguien. A esas

horas las jóvenes tienen que estar en sus habitaciones, así que me

acerqué a mirar quien andaba por ahí. Había seis alumnas fumando que,

al verme, trataron de ocultar los cigarrillos. Es algo habitual pillar

de vez en cuando a alguna alumna fumando y siempre que así sucede se

envía a la joven a casa por una semana. Me puse muy serio y pregunté a

las jóvenes qué estaban haciendo.

-Nada, sólo estábamos aquí -respondió una

-¿Y tú que tienes en la mano? -le pregunté a Cristina que trataba de

esconder la cajetilla de tabaco. -Os quiero ver inmediatamente a todas

en mi despacho.

Mientras las jóvenes se dirigían al edificio donde está mi despacho yo

salí del colegio a tomarme un café. Sabía lo que iba a ocurrir, ellas

me esperarían en la puerta del despacho, las haría entrar una a una y

las hablaría sobre lo malo que es fumar, sobre como deben comportarse

en el colegio y esas cosas. Después mandaría a cada una a su casa por

una semana, para que reflexionasen sobre lo que habían hecho. El

castigo no serviría para nada pero yo me habría ganado el sueldo.

Acabé mi café y volví al colegio. Al llegar a la puerta del despacho

allí estaban las seis alumnas vestidas con los uniformes del colegio,

la falda de tablas que siempre se subían por encima de las rodillas,

esos jerséis verdes de pico, los zapatitos negros brillantes y los

calcetines. Estaban todas con las caras serias, asustadas supongo,

ante la posibilidad de irse una semana castigadas a casa. Abrí la

puerta del despacho y ordené que pasasen de una en una, y que mientras

una joven estuviese dentro del despacho, no quería oír ni una voz en el

pasillo.

Me senté detrás de mi mesa y ante mí tenía a Clara del cuarto

piso. Era la hija de uno de los directivos del principal banco de la

ciudad, Tenía 18 años y estaba repitiendo curso. Era realmente mala

estudiante, y se notaba que era la mayor. Estaba muy desarrollada.

Tenía una melenita morena que casi le llegaba a los hombros, y mientras

yo la hablaba

de la importancia de seguir las reglas no podía evitar

mirarla de arriba abajo. La tenía allí enfrente de mí, mirándome con

las manos en la espalda y muy seria. Llevaba la falda a la altura de

las rodillas. Sus grandes pechos se insinuaban debajo del suéter. Se

notaba que estaba nerviosa porque se balanceaba ligeramente de derecha

a izquierda, sin despegar los pies del suelo. Eso hacía que su falda se

moviese ligeramente de un lado para otro. Me excitaba esa situación, y

como suelo hacer en esas ocasiones, accioné el botón del aire

acondicionado del despacho. De esta manera ella iba sintiendo el frío

mientras se ponía más y más nerviosa. Cuando ya llevaba un rato

hablándola, la temperatura del despacho había bajado sensiblemente y

sus pezones se marcaban dentro de aquel jersey. En ese momento me quede

mirándola fijamente y le anuncié que estaría una semana en su casa como

castigo. Ella agachó la cabeza y no dijo nada. Después de eso la ordené

que se fuese a su habitación y preparase la maleta para el día

siguiente.

Las demás chicas fueron pasando por el despacho y yo me puse realmente

cachondo. Me excitaba tenerlas ahí frente a mí, nerviosas. Por fin

sentía que esas insolentes jóvenes de papá me respetaban. Las seis eran

atractivas, unas más desarrolladas y otras más aniñadas, pero todas lo

suficientemente mayores como para que sus pezoncillos reaccionasen al

efecto del aire acondicionado de mi despacho. La mayoría asumió su

castigo con dignidad ya que no era la primera vez que eran expulsadas.

Pensé que ya habían pasado todas las alumnas y apagué el aire

acondicionado del despacho y saqué unos exámenes que tenía que

corregir. Me dispuse a trabajar un poco y de pronto entró Cristina.

Nada más verla, me apresuré a volver a conectar el aire acondicionado.

Era la última de todas y estaba realmente nerviosa. Tiene 17 años y

aunque es bastante rebelde nunca la habíamos expulsado a su casa. Es

más atractiva que las demás, está bastante desarrollada. Tiene unas

tetitas firmes y respingonas con unos pezones que enseguida se dejaron

notar. El pelo rubio y largo le caía a los lados de la cara. Llevaba el

uniforme de un modo especial. Se había subido la falda al menos tres

dedos por encima de las rodillas, las monjas del internado la hubiesen

reprendido por eso, y yo también podía castigarla. Según entró al

despacho cerró suavemente la puerta, se colocó frente a mi mesa y

preguntó si podía decir algo. Yo la contesté con otra pregunta:

-¿Acaso no te han enseñado que, en este colegio, al dirigirte a un

profesor hay que poner las manos en la espalda?

-Lo siento Don Miguel

-¿Te parece bonito haber estado fumando?

Me divertía aquella situación, la pobre joven estaba realmente nerviosa,

se balanceaba de derecha a izquierda sin parar. Al fin podía vengarme

de tanta impertinencia durante mis clases. Además después de cinco

alumnas desfilando por mi despacho estaba bastante excitado y me

alegraba la idea de que la más atractiva se hubiese quedado para el

final.

-No, no me parece bonito, sé que no debía haber fumado, pero era la

primera vez que lo hacía y no lo volveré a hacer. Estoy arrepentida de

verdad.

-Ya, me parece muy bien que estés arrepentida, pero eso sólo no vale

-No me castigue Don Miguel, yo no quería ir a fumar, por favor…

-Eso deberías haberlo pensado antes. Ahora sin embargo ya es tarde para

arrepentirse.

Estaba realmente cachondo, me excitaba la idea de que la tenía ahí, en

mi despacho y que en ese momento ella estaba asustada y yo era quien

tenía el control de la situación. Sabía que no me podía aprovechar

realmente de ello, pero podía divertirme un poco a su costa, al fin y

al cabo llevaba todo el curso aguantando sus impertinencias y su falta

de atención en mis clases.

-Estoy muy decepcionado con tu comportamiento en mis clases, otros

profesores también se han quejado de

ti, y además ahora te pillo

fumando.

-Pero yo no he hecho nada ¿qué otros profesores se han quejado? Yo,

creo que he sido más o menos buena.

La verdad era que ningún profesor se había quejado, sólo la profesora

de gimnasia me había comentado que Cristina nunca hacía los ejercicios

de flexibilidad. No sabía que decir, así que utilicé eso.

-Me han llegado comentarios de que en clase de gimnasia no colaboras y

no haces los ejercicios de flexibilidad.

-Ah, es eso… es que no me gusta, pero a partir de ahora los haré,

haré lo que sea pero no me expulse a casa, que mi padre se enfadará.

-¿Por qué no haces los ejercicios de gimnasia?

-Jo, es que no me gusta nada, pero sí que los puedo hacer, no es que no

tenga flexibilidad.

-A ver, a ver qué ejercicios son esos que te gustan tan poco

Ya no estaba tan nerviosa, se había ido relajando a medida que la

conversación se alejaba del hecho de que las hubiese sorprendido

fumando y del inminente castigo. Sus piernas se movían sin parar en un

interminable balanceo que no podía dejar de mirar. El frío del despacho

hacía que sus pezones traspasasen el jersey, me encantaba tener ahí

esas fantásticas tetitas, con sus pezoncillos mirándome fijamente a

través del suéter desde apenas dos metros de mi mesa. Lamenté que con

la falda no se insinuase su culito y me pregunté cómo serian sus

braguitas.

-Verá usted Don Miguel, hay un ejercicio de espalda que consiste en

tocarse las puntas de los pies sin doblar las rodillas, a veces no lo

he hecho, pero sí que puedo hacerlo.

-Vamos a comprobarlo, venga.

-Sí señor.

La preciosa alumna se puso de perfil y dobló la espalda hasta que las

puntas de sus dedos tocaron las puntas de sus pies. Sentí una punzada

de lujuria cuando me di cuenta que, con lo subida que llevaba la

falda, su culito quedaba prácticamente al aire.

-¿Ve como sí que puedo?

-Lo veo, lo veo.

-¿Me castigará?

-Mira, escúchame, yo tengo que castigarte, en este internado, cuando

una alumna fuma, se va a casa una semana.

-Pero Don Miguel, no me expulse a casa, si lo hace mi padre se enfadará

mucho.

Es algo habitual que una alumna trate de engatusarme de vez en cuando

para que no la castigue. Se ponen a suplicar y a llorar. Siempre he

sido y soy inflexible y no accedo a los lloros de una joven de papá que

no quiere que la castiguen, pero esta vez estaba realmente cachondo, y

me excitaba verla suplicarme, así que pensé que podía seguirle el juego

un rato. La mire fijamente por encima de las gafas y saqué su ficha del

cajón de la mesa.

-Cristina, aquí tengo tu ficha… Mira, todos los años tenemos una

alumna como tú, no eres buena estudiante, y sobre todo tienes

dificultad para asumir las normas.

-Jo, eso no es verdad, yo a veces ya sé que no me he portado bien, pero

en general soy obediente.

-¿Obediente?

-Sí, intento hacer lo que los profesores me digan que haga.

-Ya, los profesores te han dicho por ejemplo que te subas la falda por

encima de las rodillas.

-Esto…

-Sabes perfectamente que a las hermanas que dirigen este colegio no les

gusta nada que llevéis así el uniforme.

-Si Don Miguel -dijo la pobrecilla mientras se bajaba un poco la falda

para colocársela a la altura de las rodillas.

-No, no, ahora no lo intentes arreglar, vuélvete a ponerte la falda

como estaba, ya no tiene solución.

-Jo, pero lo siento.

-Nada de excusas -dije yo mientras miraba como ella me miraba con

expresión de carnero degollado.

Mientras me miraba se volvió a subir la falda, quizá incluso más que

antes. Recuerdo que pensé que tal vez me estaba propasando, la alumna

me estaba mirando de un modo, poniendo los labios ligeramente hacia

fuera, que me hizo pensar que trataba de seducirme para que no la

castigará. Una parte de mi pensó que debía cortar aquella situación

cuanto antes, pero tenía delante de mi a una preciosa adolescente que

se subía la falda mientras me ponía morritos a la espera

de

convencerme. Había tenido cientos de veces esa fantasía, y aunque no

pudiese realizarla, tampoco quería acabar ya con esa situación.

-¿Así era como estaba la falda?, no creas que me puedes tomar el pelo.

-Jo, no sé. Sí, así era como la tenía

-La hermana Marisa se ha quejado de ti, y dice que a veces llevas la

falda aún más subida.

-No lo volveré a hacer, a partir de ahora llevaré la falda cómo me

digan que he de hacerlo.

-Ahora es inútil lamentarse, enséñame porque la hermana Marisa se queja

-Ehh… no le entiendo Don Miguel.

-¿Cómo que no me entiendes?, no puedes ir por ahí vestida como te da la

gana, este es un colegio muy respetable donde sólo acuden jóvenes que

quieren prepararse para ser señoritas. Debes aprender a llevar el

uniforme correctamente, y para enseñarte, empezaremos por ver tus

errores. ¿Qué hiciste para tener a la hermana Marisa tan enfadada?

-Verá usted Don Miguel, a veces la hermana Marisa se enfada porque

llevo la falda por más arriba.

Mientras hablaba, se iba subiendo la falda por debajo del jersey, poco

a poco se iban descubriendo sus preciosos muslos; suaves, inocentes y

blanquitos. Ya se había puesto nerviosa de nuevo, pues la situación le

resultaba extraña. Mientras se subía la falda se balanceaba de un lado

a otro ligeramente. Sin mover los pies. En el despacho ya hacía

bastante frío, y en el balanceo de todo su cuerpo sólo dejaba de

mirarla los muslos para comprobar que sus pezones seguían duros.

-Me la pongo así.

-¿Si?, pues según la hermana Marisa, a veces te subes la falda aún más.

-¿Más?

Al subirse la falda había abandonado la postura reglamentaria para

dirigirse a un profesor. Sus manos ya no estaban en la espalda, sino

que tenía los brazos en jarras. Aquello me desilusionó un poco, porque

me gusta ver a las jóvenes de pie frente a mi con las manos detrás de la

espalda. Decidí utilizar aquello para ponerla un poco más nerviosa.

Quería que estuviese tan asustada que se limitase a hacerme caso, y no

se diese cuenta de lo cachondo que estaba. Di un fuerte golpe en la

mesa y exclamé:

-¿Es que no sabes donde debes poner las manos al hablar a un profesor?

La pobre se puso colorada y balbuceó:

-Lo… lo siento Don Miguel -dijo mientras colocaba las manos detrás de

la espalda.

-Te decía que según la hermana Marisa, a veces te subes más la falda.

Ya no contestó "¿Más?", sino que dijo:

-Sí, a veces me la subo más.

Después de decir eso comenzó a subirse más la falda, mientras me

miraba. La pobre Cristina no se atrevía a parar. Se subía la falda

despacito, esperando que yo le dijese que parase. Dejé que se subiese

la falda hasta que me enseñó todos sus muslos. Tenía un hermoso par de

piernas delgadas y suaves. Tenía la falda realmente subida, calculé que

si se la subía un poco más, me dejaría ver sus braguitas.

-Así que tú crees que esa es forma de llevar el uniforme.

-Pero la hermana Marisa no le ha dicho la verdad, yo nunca llevo la

falda así.

-Ya, ¿esperas que te crea a ti en lugar de a la hermana Marisa?

-Pero, es verdad…

-Aquí la única verdad es que tú has sido desobediente.

-Pues castígueme si quiere, pero no me mande a casa. Mi padre se va a

enfadar mucho.

Era un espectáculo increíble, no podía apartar la vista de sus piernas.

Su inocente balanceo nervioso movía la faldita de un lado a otro. No

podía dejar de preguntarme cómo y de qué color sería su ropa interior.

-Ya, ¿y que castigo crees que debo imponerte?

-No sé, si quiere a partir de ahora llevaré el uniforme como usted me

diga, le haré un trabajo especial para su asignatura y haré los

ejercicios de gimnasia.

-¿Serías capaz de aprender a ser obediente?

-Sí.

-¿Estas segura de eso?

-Sí, estoy segura.

-¿Y como

puedo estar seguro yo de que vas a hacer todo eso que me has

dicho?

-No sé. Si quiere a partir de ahora puedo pasar todos los días a

primera hora por su despacho, y entregarle cada día lo que haya hecho

del trabajo.

-Ya, ya ¿y que pasa con las quejas de la hermana Marisa y de la

profesora de gimnasia?

-No sé…

-Vamos a ver, a partir de ahora vendrás a primera hora todos los días a

mi despacho. Quiero ver cómo haces los ejercicios de gimnasia, y cómo

aprendes a llevar correctamente el uniforme.

-Sí profesor, y ¿no me expulsará?

-Por ahora vamos a dejar el castigo en suspenso. Si tengo alguna queja,

por pequeña que sea, de tu comportamiento te expulsaré; por el

contrario si me demuestras que puedes ser una alumna obediente, te

librarás del castigo.

-Muchísimas gracias Don Miguel.

-No me des las gracias, ahora te queda por demostrarme que realmente

estás arrepentida y que vas a ser más obediente.

-Sí señor, ¿me puedo ir ya?

-Por supuesto que no, pues mal empezamos ¿creías que ibas a salir de

este despacho con el uniforme así?, las señoritas no llevan la falda de

esa manera.

Se fue a bajar la falda para irse, pero yo no estaba dispuesto a dejar

que se fuese. Sabía que lo más inteligente era dejar que se fuese y

mañana la tendría de nuevo en mi despacho, pero estaba demasiado

excitado para eso.

-Déjate quieta la falda. A ver, para que aprendas cómo se debe llevar

el uniforme, y como debes comportarte en clase de gimnasia, vas a hacer

unos ejercicios.

-¿Otra vez lo de antes?

-Sí, quiero que repitas el ejercicio una y otra vez, pero mirando al

rincón, que yo tengo que trabajar.

Se dio media vuelta y se fue a el rincón de mi despacho que está junto

a la puerta. Comenzó a agacharse y levantarse. Cada vez que sus manos

tocaban la punta de sus pies, me enseñaba sus braguitas. Tenía un

culito pequeño y respingón enfundado en unas bragas de color blanco con

puntillas. La pobre Cristina se había dado cuenta de que -con la falda

tan subida-, estaba mostrando su ropa interior, así que cuando quedaba

de pie estiraba del borde de su falda con la esperanza de que ésta

bajase un poco. Cuando lo hacía, yo la reprendía por parar de hacer el

ejercicio. Entonces me dí cuenta de que no podía dejarla salir del

despacho. Si se iba del despacho y me dejaba así de cachondo, iba a

estallar por dentro. No me creía lo que se me pasaba por la cabeza,

pero me levanté de la silla dispuesto a acercarme a ella.

Al oír el ruido de la silla al moverse, ella paró de hacer el ejercicio

y se volvió para mirarme.

-Continua, nadie te ha dicho que pares

Ella continuó y yo comencé a pasearme por el despacho. Como estaba de

espaldas a mi, podía mirarla descaradamente. Estaba muy nervioso, sabía

que debía acercarme a ella, pero no sabía cómo hacerlo, así que

continué paseándome por el despacho mirando como aparecía y desaparecía

su precioso culito.

-Tienes que hacerlo más rápido -le dije.

-Es que me canso -dijo sin parar de hacer el ejercicio.

-¿Cuál es el lema de este colegio?

-¿El lema?

-Sí, el lema, lo que está escrito encima de la puerta de la entrada.

-Obediencia, estudio, oración y esfuerzo.

-Eso es, esfuerzo, debes aprender a esforzarte. Venga hazlo más rápido.

La pobre empezó a acelerar el ritmo, supuse que estaba realmente

cansada porque su respiración se hizo más profunda. Me excitaba oírla

jadear.

-Muy bien, así es. Debes esforzarte. Recuerda: "Obediencia, estudio,

oración y esfuerzo"

-Sí Don Miguel.

Estaba justo detrás de ella, con sólo alargar mi mano hubiese

acariciado ese precioso culito. Estaba a punto de hacerlo, pero me dio

miedo que la joven se asustase. Decidí tantear hasta que punto estaba

dispuesta a no ser expulsada.

-Estoy pensando que no está bien que tus amigas sean expulsadas a casa

una semana y tú no.

Ella paró de hacer el ejercicio, se volvió y me dijo con un hilo de voz:

-Pero Don Miguel, usted había dicho que yo…

-Ya sé lo que he dicho, continua con el ejercicio. ¿Ves? Nadie te ha

dicho que pares y tu has parado. A eso me refiero cuando te digo que

debes ser más obediente.

-Sí -dijo ella mientras se esforzaba por seguir con el ejercicio

realmente rápido.

-A ver, repite el lema del colegio.

-Obediencia, estudio, oración y esfuerzo.

-"Obediencia", esa es la clave de todo. Para que no seas castigada

debes demostrarme que realmente quieres ser más obediente.

Después de decir eso alargué la mano y deje que -al moverse- su culo me

rozase la palme de la mano. Ella se movió como si un calambrazo

recorriese su cuerpo, pero no dijo nada y continuó haciendo el

ejercicio. Eso era lo que necesitaba para animarme. No moví mi mano y

deje que su culito me rozase suavemente cada vez que sus dedos tocaban

las puntas de sus pies.

-¿Realmente quieres ser más obediente?

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LA AMIGA DE MI HIJA

Sonó el timbre varias veces. No se cuántas porque estaba durmiendo, pero la insistencia me despertó.

Miré la hora: las ocho de la noche. Hacia dos horas que dormía vestido en el sillón frente al televisor encendido. Al llegar a casa no estaba ni mi esposa ni mi hija….ahora, viendo la hora me preocupé.

Fui hasta la puerta. Era Carla, la mejor amiga de Ana, mi hija. Ella se encargó de tranquilizarme, diciéndome que había hablado con Anita y que llegarían en una hora.

Carla era como de la familia. Frecuentaba la casa desde hace años, -ahora tenía 17 como Ana- por lo cual, al entrar, fue directamente hacia la planta alta, donde estaban los dormitorios, a esperar a Ana.

Volví a acomodarme en el sillón para dormitar un rato más. Estaba quedándome dormido cuando Carla me llamó.

-Federico, ¿puedes subir? No se porqué pero acudí rápidamente. Cuando entré a la habitación de Ana, Carla estaba parada frente al espejo, se había quitado la ropa, permaneciendo en tanga y corpiño y estaba de espaldas a la puerta.

Verla así no me sorprendió en lo más mínimo, desde el punto de vista sexual. Como dije antes, la conocía desde hace años, había pasado mucho tiempo con nosotros e incluso había, hasta compartido, vacaciones. Sí, me sorprendió su desparpajo para presentarse de esa manera, algo que nunca había sucedido. La gran confianza que existía entre nosotros, aún no había alcanzado para minimizar aquella situación.

Al darse vuelta, algún gesto mío le advirtió de mi sorpresa, porque rápidamente corrigió: -No tengas miedo…-dijo sonriendo con extrema picardía- me acosan dos problemas graves y vos me podes dar una mano.

Me senté en el borde de la cama de Ana y fingí serenidad.

-¿Qué te pasa?- pregunté -Mi novio Lucas, dice que estoy gorda y no quiere que me ponga esto- aseguró levantando un vestido fucsia que tenía en una mano mientras se dirigía hacia mí.

Permanecí en silencio hasta que se detuvo a medio metro de la cama.

-¿Te parezco gorda?- insistió.

En ese momento sentí una especie de click en el cerebro, lo cual me permitió mirarla como mujer. De ninguna manera estaba gorda. Carla, descalza como estaba, mediría un metro sesenta. Si bien su cuerpo no era el de una modelo top, estaba realmente muy bien proporcionado. Al estar tan cerca, pude ver a través de la tela blanca del corpiño, el diámetro de la parte más oscura de sus tetas, que además, eran de proporciones abundantes y se mantenían erguidas.

Rápidamente descendí con la mirada y me detuve en su vientre chato que se movía agitado por la respiración y continué hacia abajo. La tanga, blanca también, dejaba ver que su sexo estaba depilado y las piernas, sin ser gordas, se dibujaban robustas. No obstante tenían buen forma y altura. Casi adivinando que ya la había observado de frente, giró ofreciéndome la espalda e insistió: -¿Te parece a ti que yo estoy gorda? -Claro que no- respondí de inmediato -Bueno, pues él, me dice que soy una culona y que, con este vestido tan ajustado, voy a parecer una putita.

Traté de conformarla de alguna manera echándole la culpa a las nuevas tendencias que dicen que las mujeres deben ser esqueléticas y me paré -Lo único que puedo decirte es que si vos quieres usar ese vestido, te lo pongas, le guste a Lucas o no- concluí Sin tiempo a reaccionar, Carla saltó hasta abrazarme.

-Te quiero Fede, eres un ídolo- repitió varias veces.

Su reacción, tan intempestiva como natural, me dejó sin aire. Instintivamente la abracé, pero mis manos tomaron contacto con un cuerpo casi desnudo y el perfume que emanaba de su cabello rubio inundó mis neuronas de forma letal. Traté de poner la mente en blanco, pero ella volvió a golpear cuando estampó en mi rostro un beso húmedo y sonoro.

Aquella situación empezó a preocuparme. Pensé, qué dirían Ana y mi esposa si entraban en aquel momento, pero más me preocupó darme cuenta que pod&

iacute;a tener una erección. Sentí mucha vergüenza por la naturalidad del comportamiento de Carla, lo cual indicaba, que cualquier reacción de mi parte, podría parecerle abominable.

A pesar del esfuerzo no pude evitar la erección. Sentí crecer la pija lentamente y traté de irme. Carla volvió a sorprenderme.

-Perdóname- musitó con su vocecita ronca- a veces me olvido que ya no soy una nenita.

Ahora estaba parada frente de mí, mirándome desde abajo (yo era como quince centímetros mas alto) con mucha picardía simulando vergüenza.

-No entiendo- dije algo confundido -Por esto- aseguró apoyando su mano derecha en mi sexo casi duro.

En ese momento sentí las dos sensaciones térmicas más terribles que experimenté en mi vida. Primero un calor invadió mi cuerpo como si me hubiera alcanzado la onda expansiva de una bomba y luego, casi de inmediato, un sudor frío que me llevó a tiritar. Mientras tanto Carla, que no había quitado la mano de mi sexo, comenzó a moverla lentamente con movimientos circulares, al tiempo que sonreía y me derretía con sus ojos celestes.

No pude evitar todo lo que vino después. La osadía de Carla en grado extremo, no me dejó lugar para escapar de lo que, más tarde supe, estuvo totalmente planeado.

Como para no darme tiempo a reaccionar, Carla se apoderó de mi boca y ofreció la suya de manera intensa. Tomó la iniciativa en todo sentido. Su boca era dulce, exageradamente dulce y su lengua inquieta como pocas. En un momento, quise adueñarme de la situación pero no me lo permitió -Déjame a mi Fede, este momento lo vengo planeando desde hace más de dos años.

-Es una locura Carla…

-Es mi locura y mi placer…siempre me diste todos los gustos, ¿porque no, este también? Lentamente me quito el pantalón y nos tendimos en la cama. Nos besamos durante un buen rato, mientras no paró de tocarme la pija que ya estaba dura como un garrote. Se quitó la tanga y se subió encima de mi en la típica posición del sesenta y nueve. Comenzó a chuparme la verga suavemente con gran destreza y yo a lamerle el coño que estaba húmedo y sabroso. Sentía sus tetas tibias rozándome en el vientre y me desesperé por darle todo el placer que quisiera. Carla se puso la verga en la boca y acarició mis huevos de manera sincronizada. Ella comenzó a tener orgasmos y sus jugos a bajar sin pausa. El clítoris de Carla creció infinitamente y lo chupé con alevosía hasta que ella dijo basta.

Su olor me excitaba como a una fiera y no pude contener el polvazo que me vino en su boca y que ella tragó en su totalidad. Continuó mamando como una obsesa, aun después de haber extraído la totalidad el semen. Por un momento se detuvo y se incorporó. Yo permanecí tendido sobre la cama y ella parada junto a mi.

-¿Tú también piensas que soy culona?- insistió La acerqué hacia la cama y me quede mirándola un instante. La veía desde abajo y sus tetas eran perfectas. Me senté en el borde de la cama y la tome de las nalgas.

-Ese idiota no sabe nada- le juré.

Muy despacio, Carla se arrodilló hasta quedar ambos a la misma altura.

-Si yo te digo que te amo vas a pensar que estoy loca, ¿verdad? -Y…sí -Piensa lo que quieras, pero con vos tengo un edipo incurable…¿entiendes?, no quiero que esto termine nunca, menos ahora que lo conseguí.

Volvimos a besarnos con desesperación y Carla se encargó de que, en pocos minutos, la pija recuperara su tamaño mejor. Esta vez, continuando con su decisión de manejar la situación, se subió a horcajadas sobre mi y lentamente se incrustó la pija en la concha.

Ahora estaba de frente a mi. Me miraba con excesiva ternura y se movía tan lento que el movimiento circular de su pelvis era apenas perceptible.

Suficiente para mantener la erección de la pija.

-Tócame las tetas bien despacio- me rogó cerrando los ojos y volcando levemente su cabeza hacia atrás.

Apoyé una palma en cada teta y las recorrí suavemente.

Eran tibias y los pezones comenzaron a endurecerse. Me di cuenta que gozaba de una forma diferente y que se había aislado completamente del mundo. Estaba teniendo orgasmos de forma silenciosa. Apenas su respiración agitada y suaves

gemidos daban cuenta del placer que estaba teniendo.

En determinado momento arqueó su cuerpo un poco mas, gimió casi desesperadamente y cayó sobre mi cuerpo.

Nos besamos con locura y su lengua me pareció una serpiente enloquecida mientras su cuerpo iba y venía sobre la pija. En el momento de acabar ambos sentí el fuego de sus entrañas correr por la verga hacia mi cuerpo y me mordió la boca hasta quedar casi desvanecida.

Nunca más tuvimos un polvo como aquel. Desde aquella vez pasaron tres años. Hace dos que Carla se casó con Lucas y ella sigue frecuentando mi casa. Al menos una vez cada dos semanas nos encontramos en un departamento que alquilé al efecto. Es una relación distinta; hemos hablado muchas veces acerca de ello, y siempre llegamos a la misma conclusión: cogeremos mientras sintamos esta necesidad.

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COMPRANDO BRAGUITAS

Mi nombre es Kathy, tengo 25 años y la historia que les paso a relatar sucedió una tarde que fui de compras.

Había salido tarde del trabajo y debía apurarme para poder comprar un par de bragas antes que cierren las tiendas.

Cuando caminaba por las galerías de tiendas del Jirón de la Unión veía que muchas de ellas ya estaban cerrando sus puertas debido a la hora, así que me apresuré en buscar una donde vendieran ropa interior femenina, los hombres me lanzaban algunos piropos obscenos mientras pasaba, creo que era debido a que estaba con una falda corta color café de vuelo, pero ni modo que me pusiera pantalón ya que soy secretaria de gerencia en una importante empresa y no podía correr ya que mi senos hubieran empezado a bambolearse y ya me imagino el calibre de los piropos.

Al final de la calle vi una tienda grande que aún tenia la puerta abierta y entré rápidamente. En el mostrador había un par de dulces viejecitos como de 70 años, uno de ellos me dijo en que me podía atender mientras vi que el otro se dirigía con una cierta cojera a cerrar la puerta, el del mostrador me dijo que solo iba a juntar la puerta para que no entrara mas gente.

Pensé, que puede pasar con estos viejillos? y le pedí que me mostrara unas bragas y un sujetador transparentes, el viejito me dijo que se me veía cansada y me sirvió una copita de oporto, la cual tomé de un sorbo.

Me dio las bragas y el sujetador y me indico donde estaba el probador, era un cubiculo que tenia un espejo de cuerpo entero una silla transparente para sentarse y una cortina, la cual cerré bien para que no me vayan a espiar.

Cuando empecé a quitarme la ropa, comencé a sentir que la cabeza me daba un poco de vueltas, supuse que era el oporto que me habían invitado, un poco adormecida y con unos calores que no sé de donde venían, me quite la ropa interior que tenia y me puse la que iba a comprar, en eso entro uno de los viejitos donde yo estaba y me pregunto si me quedaba bien o si quería una talla mas pequeña, le dije que no se preocupara, que yo le avisaba y el me dijo, de ninguna manera hijita, aquí las clientas siempre salen satisfechas con su compra.

Yo no atinaba a nada por el mareo y el viejito toco mi chochito metiendo su mano entre mis piernas, y me dijo creo que está un poquito grande, tu que piensas Rubén? Y el otro viejo entró como una centella en el probador sin mostrar la cojera que vi en un principio. El primero me dijo a ver siéntate preciosa para ver si estas cómoda y el viejito Rubén ya se había metido debajo del asiento transparente para ver debajo. En este punto yo solo obedecía ordenes sin chistar y me daba excitación que alguien me mirara desde abajo con las piernas separadas como las tenia, así que el que había entrado primero me saco el sujetador dejando libres mi senos, cuando veo que el viejito que estaba debajo de la silla se incorpora y abre la cremallera de su pantalón y deja salir su palo, quien iba a pensar que a esa edad se les podía parar de esa manera y vaya tranca que tenia, se puso delante de mí y lo metió a mi boca y con la calentura que tenia empecé a chupárselo sintiendo un placer que no pensaba tener esa tarde, el otro sin demora se puso detrás de mí mientras me masajeaba las tetas, llenando sus manos con ellas.

Luego de un rato de estar chupandosela al viejito Rubén, exploto un torrente de leche en mi cara, la cual procedí a lamer y engullírmela toda, estaba excitada y quería que me penetren, me puse de pie y un par de manos me bajaron las braguitas que tenia puesta dejando mi cuerpo desnudo delante de esos dos viejitos depravados, me coloque en el suelo en cuatro patas y el primer viejito se saco su pichulota y me la metió en mi chucha que ya estaba bien lubricada, me empezó a bombear mientras Rubén se ponía delante para que se la chupe y su pinga logre la erección de hace un momento, así uno me bombeaba y con mi mano izquierda masturbaba a Rubén mientras le daba una buena mamada.

Luego el primer viejito me lamía el ano y con su dedo dilataba mi esfínter, así que ya presagiaba una penetración por d

etrás, efectivamente se sentó en la silla y yo me senté en su tranca ayudada por Rubén, ensartada así me recline sobre el primero mientras me comía por el ano y el viejito Rubén se echo encima de mí metiendo su pichula por mi chocha, prácticamente habíamos echo un sándwich.

Los tres sudorosos nos movíamos rítmicamente hasta que sentí dos ríos de leche que me inundaban, uno por el ano y el otro por mi chucha. Quedamos quietos, transpirando y agitados, perdí la cuenta de cuantos orgasmos había tenido.

Luego me ayudaron a vestirme y me despidieron con una bolsa llena de ropa interior, haciéndome prometer que vendría a visitarlos otra vez y creo que si voy a cumplir mi promesa.

Si les gusto mi relato envíenme sus comentarios a mi correo: sleepkiss (arroba) hotmail.com

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FANTASÍA

Lo que escribo a continuación, es ficticio, pero buscando que se sienta lo mas real posible, espero que les guste:

Era una tarde de verano calurosa, todo estaba tranquilo, solo había un poco de viento, yo me encontraba desnuda en la cama con las piernas abiertas masturbándome, pensando mientras lo hacia, en escenas candentes de sexo, disfrutaba mucho, me gustaba cambiar de posiciones y según el estado de mi excitación no solamente usaba mis dedos, usaba consoladores, pero déjenme decirles que en esta arte de masturbarme, han pasado diversos objetos y cosas, a veces utilizaba vegetales, primeramente empecé con zanahorias, después con alguna otra cosa, mis preferidos hasta el momento son los pepinos grandes y lisos, cuando los lavaba y preparaba ya me encontraba excitada, y después cuando los tenia en mi cama y los untaba con aceite, me humedecía muy sabroso, para después acariciar con el toda mi raja de arriba abajo, a veces lo hacia girar un poco en mi ano, era delicioso, y cuando ya estaba preparada, con las dos manos lo tomaba y me lo clavaba, cuando no estaba en punto alto de excitación me dolía, pero cuando estaba muy excitada hasta sonreía, y ponía un espejo enfrente de mi para ver lo que me hacia con aquellos fabulosos pepinos de casi 20 centímetros de largo, y de un ancho descomunal.

Pero no todo en la vida era masturbarse, aunque la verdad soy muy aficionada a hacerlo, entonces decidía que hacer, siempre había alguien dispuesto a hacerlo conmigo, y asi paso el tiempo, hasta que en un día decidí ir a Dinamarca de vacaciones, pero como era muy caro logre que la agencia de viajes me consiguiera una casa para quedarme ahí como inquilina, lo cual hacia que mi estancia fuera por mas de tres semanas, me escogieron una familia integrada por el padre, la madre, dos hijos varones y una joven; pero como esa casa estaba en la campiña también vivían alguno que otro familiar mas, la verdad me tenia sin cuidado, hice mis maletas y me fui.

Después de un tortuoso viaje por fin llegue, al entrar a la sala del aeropuerto vi un letrero con mi nombre el cual lo llevaba una mujer ya mayor, pero muy guapa, me ayudo con mis maletas y me dijo que faltaba como hora y media en llegar a donde ellos vivían.

Mientras me platico de su familia, después de un rato me pregunto mi opinión acerca del sexo, yo le dije que pensaba que era bueno y el experimentar nuevas cosas era mejor; me dijo que todos los que vivían en su casa eran hiper abiertos acerca del sexo y que no tenían tabú, pero que sino me gustaba no había problema.

Por fin llegamos era de tarde, no vi a nadie, y le pregunte donde estaban todos, me dijo que están en sus actividades sexuales, y que era la hora por que todos los que trabajaban en la finca se fueron ya a sus casas, entonces entramos, me dijo que dejara mis cosas en la puerta luego alguien las llevaría a mi recamara, por que primeramente me iba a dar el primer recorrido, jamás me imagine de lo que se trataba.

Subimos a un piso donde se veían varias habitaciones y me dijo empecemos por orden, entonces la seguí a la primera puerta, al abrirla ella sonrió, me dijo asómate, entonces vi a dos jóvenes los cuales se encontraban de pie y una mujer madura les chupaba el pene estaba hincada, ella dijo, es mi hermana y mis dos hijos, entonces ella me empujo hacia ellos entonces los dos chicos me dieron cada uno un beso en la boca, la mujer me dijo acércate y también me beso en la boca, me dijo te voy a presentar dos ricos penes, tomo el de su mano izquierda y lo dirigió hacia mi boca, yo la abrí y lo probé, estaba súper delicioso y bien duro, después me lo saco de la boca, y me dirigió el de su mano derecha nuevamente me lo metí a la boca, después de eso, ella me dijo, verdad que están deliciosos, yo solamente le dije que si, entonces me puse de pie y después de un instante los chicos eyacularon en su boca, era impresionante ver como comía semen no dejo ni una gota de ninguno de los dos.

La señora me tomo del hombro, la verdad yo quería quedarme ahí, pero me dijo vamos a ver a los otros de la familia, salimos de la habitación y tomamos un pasillo, y entramos lo primero que vi fue dos hombres maduros en pleno 69, ella nuevamente sonrió y dijo e

s mi esposo y mi cuñado, estaban chapándose mutuamente los penes, nunca había visto algo asi, entonces me señalo a su esposo que era el que estaba arriba, me acerque saco de su boca el pene y me dio un beso en la boca, para después apuntarme el pene que estaba chupando, sin mas supe lo que quería y me lo metí a la boca; después me dirigí al otro, entonces vi que se la estaba chupando, pero que tenia un dedo dentro del ano del señor, también me beso en la boca y movió el pene hacia mi, entonces entre los dos chupamos ese magnifico pene, me retire cuando lo hice el esposo de la señora se levanto y se puso en cuatro, el otro sin perder un solo instante lo penetro por el ano y así siguieron, de repente los dos empezaron a eyacular uno en la espalda del otro y el otro sobre la cama, entonces salimos de la habitación.

Mis senos sentía que iban a reventar, y estaba súper húmeda, seguí detrás de ella hasta la otra habitación, al entrar vimos a una joven de escasos 18 años, la cual se estaba masturbando tremendamente, me recordó cuando yo lo hago, la señora me dijo esta es mi hijita la más pequeña de la casa, entonces me acerque a ella, me beso en la boca, y me abrazo, yo ya no podía mas entonces empecé a masturbarla y me empecé a quitar la ropa, y empezamos un 69 maravilloso, ella tenia una boca succionadora, se comía mi clítoris brutalmente y de vez en cuando me lamía el ano, yo le correspondía haciendo lo mismo, después de un momento, la señora se acerco y me dijo que cuando terminara me esperaba en la siguiente habitación, solo le dije que si con un movimiento de cabeza, seguimos así hasta que ella se levanto, me tomo de las piernas me las abrió, y se echo encima de mi, frotándonos nuestros clítoris, para ser muy joven era toda una experta, me puso sus dedos en la boca y se los chupe, entonces bajo la mano, y me metió uno de sus dedos en el ano, nos besábamos como frenéticas, el juego de nuestras lenguas era impresionante; pero no pude mas y empecé a tener un descomunal orgasmo, y ella siguió con el suyo, quedamos las dos abrazadas y sudadas en la cama, ella me beso y me dijo que tenia que alcanzar a su mama, empezaba a vestirme y ella me dijo que por que no andaba desnuda, entonces le dije que estaba bien y así me fui.

Llegue a la ultima habitación, al entrar vi que estaba bastante grande, entonces oí unos ruidos, al acercarme vi en el piso a la señora con un perro, el perro estaba echado y ella le había desenfundado todo su pene y se lo comía bárbaramente, al pene del perro le salían chorros de líquidos, que le escurrían a ella en la barbilla, de vez en cuando ella se separaba y los escupía, creo que era cuando eran demasiados líquidos, entonces paro al perro en eso se dio cuenta que estaba ahí, me dijo que me acercara, ella se puso atrás del perro y lo tomo del pene se lo hizo para atrás y nuevamente se lo volvió a meter a la boca, yo me encontraba hincada junto a ella, después de un rato se saco el pene del animal de la boca, y me lo dio, abrí mi boca y me lo metí tímidamente, pero creo que ya había terminado toda mi excitación con su hija, le dije que mejor la vería a ella, trabajarse al perro; ella sonrió se puso en cuatro pata justo a espaldas del perro, como lo hacen los perros con sus perras, tomando por el pene al perro se lo dirigió a su rajita, entonces empecé a meterlo, ya se le había formado la bola de la base de pene, de donde ella lo sujetaba, en eso me dijo quieres ver algo espectacular, yo solo moví la cabeza diciendo que si, entonces con su mano empujo la bola del perro dentro de ella, y después de un instante soltó completamente el pene del perro, ya se encontraba pegada, ella se seguí masturbando, yo me acerque para ver de mas cerca lo que sucedía, efectivamente tenia un pene de grandes proporciones dentro de ella, le quite su mano del clítoris y empecé a masturbarla, todo duro mas de 20 minutos, después de eso el perro se movió, y de un solo golpe se la saco, ella parecía que orinaba de los chorros de semen del perro que salían de ella, como estaba tan cerca me di cuenta que el pene del perro era de mas de 30 centímetros era impresionante lo que acababa de ver, pero la verdad fue muy grato.

Mary Carmen.

marygg70 (arroba) yahoo.c

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