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UNA NOCHE DE FANTASÍA ANIMAL (II).

Continuación del relato erótico “Una noche de fantasía animal” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 19/06/2002.

Les doy las gracias por haberme escrito a todas esas personas que tuvieron el tiempo de hacerlo, y mil disculpas por no poder contestarles a todas ellas, espero comprendan que son mas de las que me imagine que llegarían.

Como se han de acordar en mi relato anterior, escribí solo una fantasía sobre algo que no puede ser real en la naturaleza, lo mas sorprendente que muchas gentes pensaron que era realidad, que había tenido cachorros de mi perro Johnatan, bueno si llegara a pasar seria un suceso muy grande y científico, pero espero que comprendan que era solo una fantasía surgida de un sueño.

Quisiera para completar todo esto una segunda parte de este relato, ya que en algunos relatos que había leído sobre este tema, siempre se queda así, sin que nadie de nosotros sepamos que paso, espero que esta segunda parte sea de su agrado.

Como ya había descrito había tenido una noche un poco tormentosa en haber parido los hijos de mi perrito Johnatan, fue una noche que pensé que nunca terminaría ya que iban saliendo uno por uno, en verdad era una momento muy fascinante en donde cada vez que salía uno me sentía la mujer mas dichosa de haber creado a tan lindos cachorros, el ultimo fue suma importancia, se han de acordar que fueron cuatro cachorros, pero nunca les dije que de que sexo fueron todos, bueno fueron tres hembritas y un macho, por eso les decía que el ultimo fue de una importancia muy grande era el heredero de la dinastía de Johnatan.

Como decía empezaban mis vacaciones y ya con el permiso de mi papa y mi mama podía cuidarlos por todo ese tiempo, para mi fue los momentos mas maravillosos de mi vida, ya que eran el producto de una amor imposible entre un animal y un ser humano, como ya ustedes lo saben, lo que me había ya sorprendida de mis hijos yo les decía así, aunque mis papas no lo sospechaban, que yo era la mama de esos cachorros y les decía a mis papis que eran como mis hijos, ellos se reían y me decían que estaba loca, pero pensaban que solo era un juego mío.

Como decía yo lo que estaba sorprendida de lo rápido que iban creciendo en un mes ya estaban enormes y eso es lo que me empezó a poner muy nerviosa, ya que mi papa me advirtió que solo podíamos tenerlos un mes y que teníamos que regalarlos a alguien yo empecé a llorar, y le dije a mi papi que no quería que eran míos y que no se los iba a regalar a nadie, el me empezó a decir que no podíamos tenerlos ya que no teníamos mucho espacio y que estos animalitos por su tamaño que no era normal requerirían de un espacio mas grande, me calme un poco y mi mente daba vueltas diciendo que voy hacer, son mis hijos no los puedo regalar nomas así, son un producto de mis entrañas, todo esa noche no supe que hacer, y solo daba vueltas en la cama para un lado y otro.

Era un sábado y mi mama me levanto y me dijo hija vamos a salir tengo que ir al súper y quiero que te levantes y me acompañes yo le dije que si, no me sospechaba nada de lo que iba a pasar esa mañana y dije que les daba de comer a los perritos y que me bañaba y nos íbamos. Me cambie y nos fuimos , nos tardamos mas de la cuenta y ya como en 4 horas de regreso y con un sopor en mi corazón de inmediatamente fui corriendo a donde tenia a mis hijos y me sorprendí que solo había uno y me puse como loca buscándolos por todos lados sin encontrarlos solo estaba Johnatan jr. Y las de mas no estaba, mis hijas no las encontraba fui corriendo a dentro de la casa y le dije a mi papa donde están mis hijas, y ya mi papa un poco enojado me dijo ya no es para tanto hija no son ni tus hijas y ya es tiempo de que las teníamos que sacar de la casa te di el tiempo suficiente para que las criaras después de que las dejaron aquí en la casa.

En parte tenia mucha razón mi papa ya tenían que emigrar y irse, pero eran mis hijas y mi sentimiento por ellas era muy grande me fui a mi cuarto a llorar, todo esa tarde, me la pase llorando sabiendo que había perdido algo de mi algo muy grande, poco a poco me quede dormida y ya en la noche en que me encontraba muy dormida, sentí de repente que me lamían mi mano, me desperté y vi que era mi hijo Jonatan jr. Al sentir su lamida en mi mano, m

e sentí mas tranquila y la verdad no comprendí porque también no había mi papa regalado a mi hijo, y fue cuando reaccione y me levante.

Mis padres se encontraba viendo la tele y yo ya mas tranquila le dije papa porque no regalaste a Johnatan jr. El me dijo que Johnatan ya esta un poco grande y que necesitábamos muy pronto algún día de estos sustituirlo y que mas si es su hijo de el, mis ojos se tornaron muy felices y me salieron lagrimas de gusto le di un beso muy grande a mi papa y le di las gracias el se quedo con muy sorprendido de mi reacción y me dijo de nada hija.

Pasaron mas de cuatro meses y mi hijo ya estaba enorme mas grande que Johnatan su padre, eso me sorprendí mucho, en esa noche mis padres salieron y me dijeron que regresaban al otro día pero que se sentían tranquilos de dejarme con los dos perros ya que ellos me cuidarían, les dije que si, que ellos me cuidarían mas porque era mi marido y mi hijo los que me protegerían de cualquier cosa, lo mas sorprendente es que pasaron muchas cosa esa noche y si les contara.

Bueno pensé creo que he tenido al pobre de mi perrito en abstinencia total por mucho tiempo y la verdad el pobre estaba muy desesperado, le dije cuando salieron mis papas ahora si chiquillo vas a tener que satisfacer a tu perrita esta noche , y el levanto las orejas de sorpresa de lo que decía , como sabiendo como no iba a ir esa noche, mientras mi hijo se ponía como una cara de no saber que hacer, y me miraba extrañado.

Prepare esa noche todo para que tuviéramos una noche muy rica entre mi perrito y yo, pero lo que nunca me imagine es que, pasaría algo que nuca pensé que pasaría, y menos entre ellos, se me olvido o mas bien nunca pensé que pasaría algo como esto y no saque a johnatan jr. A fuera mientras lo hacia con johnatan, y cuando yo empecé a excitarme, mis fluidos llegaron al olfato de johnatan jr. Y reacciono muy impestibamente, y se fue directo a pelearse con su papa, eso me causo un pánico tremendo que pasa porque se pone así, o ven que son padre e hijo, pero nunca me imagine que los animales reaccionarían así por una hembra y que no les importaba si era su madre o su hermana, ello solo por el instinto reaccionan al olor de una perrita en calor.

Esto me asusto mucho pensé van a romper cosas, y mi mama se va dar cuenta, fue cuando di un grito muy fuerte y los dos reaccionaron y me dio tiempo en separarlos el que se dejo sin hacer ningún problema buen johnatan grande y tuve que sacarlo antes de que se hicieran daño los dos, ya queden dome con mi hijo, es como sabiendo que mal hizo se me fue acurruca en mis piernas, pero el hecho de que yo había visto que los dos se estaban peleando por mi, me tenia muy excitada, sabiendo de antemano que el era producto mío, y que se podría decir que si lo hacia con el seria como un incesto.

Pero el a un instinto de animal no le importo y yo encontrándo casi semidesnuda el se dirigió hacia mi, entre piernas en busca de mi vaginita húmeda, al sentir su hocico fría a través de mi chompis me provoco un escalofrío por todo mi cuerpo mi reacciono pareciera solo también a solo un instinto de una hembra en calor, me dio miedo porque sabia que el era mi hijo aunque fuera solo un animal, y que lo que si pasaba era como si fuera un incesto, me dio al principio un poco me dio miedo, diciendo a mi hijo perruno, no mi hijo soy tu mama no puedes hacer eso, entiende que podríamos hacer algo malo.

El sin hacerme caso sabiendo que solo estaba buscando a un hembra en celo me empezó a lamer mis piernas y mis chompis mojandolos todos y provocando mas excitación en mi, ya sin pensarlo me quite mis chompis y deje que el lamiera a sus hachas mi vagina, me dije que va pasar solo me va lamer mi vagina eso no es nada malo, y además los dos se pelearon por mi y el es el ganador, y le tengo que dar su premio por su destreza y su fuerza, creo que eso se le llama selección natural gana el mas fuerte y el mas audaz, para preservar la especie.

Lo deje que siguiera con su labor esto me provoco un orgasmo muy fuerte , yo creo que sumado a la excitación y sabiendo que mi propio hijo perruno me estaba satisfaciendo esto me excito mucho mas, yo ya me encontraba muy sumisa como sin saber hacer nada mas, y reaccionando solo por instinto y no por lo que podría pasar, estaba muy excitada y me deje ir y me puse en cuatro patas y el sabiendo que ya su hembra mama, estaba cediendo a su instinto el se me subió, el es mucho mas grande de tamaño que su padre y no sabia de que tamaño lo podría tener, pero cuando me di cuenta, cuando baje mi cabeza al pi

so note que su pene era mucho mas grande, sin haberme negado me acomode y el sin mas le atino a la entrada de mi vagina, introduciendo de un solo golpe todo su pene que note en ese momento que era mucho mas grande de el de su papa, provoco en mi que abriera mis ojos en lo mas que pude y dar un pequeño grito de dolor por el tamaño de su pene, pero a la vez me sentí muy satisfecha de que me mi propio hijo me estaba haciendo la mujer mas feliz, solo de pensarlo tuve varios orgasmo seguidos y también sumando que su pene de el es mucho mas grande de el de su papa.

El como un perro inexperto, estaba eufórico ya que era su primera vez que el tenia una relación con una perrita en celo, ya que yo me sentía así, y que mas que su mama para enseñarle todo esto, el por su juventud y fortaleza pasaron como 20 minutos en estar haciendo lo y sin parar, eso sin querer me provoco varios orgasmos mas, fue cuando de repente el tratando de subirse mas a mi espalda y dando jalones mas fuertes acá dentro de mi vagina me di cuenta de que quería ya meterme todo hasta su bola, esto me puso a reaccionar de lo que iba pasar y con miedo le dije nooooo, hijo bájate puedes preñarme ya que estoy en mi día mas fértil, que error e provocado, de nuevo trate por mas, en tratar de que se me bajara y no me echara sus semen y todos aquellos espermatozoides medio canino y humano, el me sujeto muy fuerte de mi cintura y siguió en su labor hasta darse cuanta que había cumplido su cometido de meterme su pene con toda y su bola, yo me sentí fatigada de hacer el esfuerzo, por tratar de que se bajara, pero ya al notar que su pene y su bola estaba ya dentro de mi vagina sabia lo que tenia que pasar iba a preñar a su madre, eso ya no había vuelta el iba a preñarme mi propio hijo canino, seria el padre ahora de mis nuevos cachorrillos, me asusto porque ahora como seria eso, pero en fin ya estaba hecho y solo me quedaba seguir ahí ya que el se mantenía arriba de mi, y de repente el se bajo y quedamos pegados por mas de media hora impresionante media hora ni su padre había hecho eso, y fueron los momentos mas ilusionante de mi vida. El caminaba y yo tenia sumisamente como una perrita seguirlo para que no me lastimara, esto me gusto mucho fue también una sensación rica y sin mas sentí como me hecho su semen dentro de mi, ya sabia que estaba pasando estaba quedando preñada en ese momento me estaba fecundando con sus espermatozoides, me deje caer en el suelo y gemí de satisfacción y llore por todo lo que me hizo y me hizo sentir.

El de repente dio el jalón y salió su pene al verlo me quede con los ojos abiertos de ver que tremendo pene me había entrado en mi chiquita vagina, y la cantidad de semen que salió era enorme se ve que ya el pobre estaba muy urgido de tener su primera aventura perruna.

Pasaron unos meses y se me empezó a notar que estaba preñada de mi hijo perruno, y eso ya es otra historia espero le haya gustado y esperen la tercera parte.

Espero sus opiniones gutierrezkarla (arroba) hotmail.com y gutierrezkarla1 (arroba) hotmail.com Su amiga karla.

Autor: karla

gutierrezkarla1 ( arroba ) hotmail.com

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MIS ENREDOS CON WANDA

El presente relato es el primero- eso espero- de una serie, fantasías todos ellos, cuyos títulos ironizan aquellos de famosas películas. Además, este relato, al contrario que en las dos fantasías anteriores, tiene una protagonista diferente, cuyo nombre aparece en el título.

Resulta ser que en mi búsqueda de trabajo para juntar el suficiente dinero como para poder solventar mis propios gastos, y así dejar de ser un peso para mis viejos, voy a dar de portero en el edificio de ella, dado que el que antes estaba había renunciado y se había ido a vivir a los EE.UU. La gran y variada cantidad de tareas que tuve que hacer en mis primeros días- me tuve que poner al día con uno que otro arreglo- me tuvieron bastante entretenido, por no decir otra cosa. Sin embargo, ninguna de ellas me privó del más maravilloso momento que hasta ahora había tenido.

Un día, creo que fue un Viernes, me encontraba yo perdiendo el tiempo puliendo las perillas y demás cosas metálicas de la entrada y el hall cuando la veo entrar, iba con tanto apuro que ni siquiera me saludó al pasar; era la primera vez que la veía, aún cuando un vecino suyo me había comentado acerca de ella, y créanme cuando les digo que se quedó corto en su descripción: pasó rauda y cargada de papeles por al lado mío, no obstante pude apreciar su escultural cuerpo, esas piernas preciosamente torneadas, su curvilínea cola haciendo pompa con el vestido, y lo que más se aprecia de ella- y que seguro ella lo debe saber por el modo en que lleva puesta la ropa -, esos tremendos pechos izados como en una exhibición por su corta y ceñida camisa de tela color celeste, a través de la que se trasparentó apenas- o al menos eso creía- su corpiño de encaje. Pasó delante de mí como el 60 que no llega a horario, tan rápido y con tantos papeles que algunos de ellos se desparramaron al intentar apretar el botón del ascensor, lo cual me permitió acercarme a ofrecerle mi ayuda y de paso apreciar todavía más de ese monumento de mujer- lo digo en serio que en ese momento se encontraba agachada juntando a dos manos los papeles. Me acerqué a ella y le dije: ¿Una mano?, a lo que respondió levantando la cabeza para darme una imagen idílica de esos ojos, y ni que hablar del escote, el cual me pareció más grande y abierto: …ah, sí, gracias…, y agregó incorporándose al tiempo que yo me agachaba: ¿Vos sos el nuevo portero, no? ¿Tu nombre es…? . Juan, respondí, ¿Vos debes ser Wanda? le pregunté al entregarle los papeles, sin tener mayor respuesta por parte de ella que por unos instantes se quedó murmurándose para sí mi nombre como si estuviera buscando algo con que relacionarlo, Juan es un nombre muy común, le dije dándome cuenta de esto, Además, el que tenga un nombre igual al del anterior portero no significa que me comporte igual, la miré para ver si reaccionaba a esto último del modo en que lo esperaba, y así fue; su cara de entre sorpresa e incomprensión lo decía todo, a la vez que la hacía ver más hermosa de lo que en un principio me pareció- lo que no significa que no haya sido hermosa entonces, no me malentiendan  Salí al cruce de su sorpresa comentándole que Julio me había contado su percance con el portero anterior, a lo que ella, mezcla de indignación e ironía, me dijo: ¡Mirá vos que era chismoso Julio!…¿Y qué más te contó, si se puede saber, ese estomago resfriado…?. No mucho más, le dije, No hablamos mucho. Ambos estuvimos muy ocupados, yo con las tareas que dejó el fulano, y él… ¡and&aa menos con ella- pajas que me hice desde entonces hasta que la volví a encontrar.

Dicho encuentro se dio a las dos semanas del primero- así que se pueden imaginar la cantidad las ganas que tenía de verla para entonces, ganas que, en los últimos momentos, me era más que imposible apaciguar manualmente -. Yo me dirigía a la terraza a chequear alguno de los zócalos, ya que algunos vecinos del último piso se habían quejado de que les entraba humedad, cuando de pronto, el ascensor se detiene en su piso, la puerta se abre, apareciendo frente a mí en toda su expresión: vestía un bikini

extremadamente delgado, o al menos eso me pareció al principio, cuyo sostén lila hacía lo imposible por contener esos senos tan suculentos al igual que sus pezones que se notaban erectos tras su delgada tela, la bombacha del mismo color estaba parcialmente cubierta por un pareo crema anudado justo al frente, lo cual me permitía ver por entre la acertada abertura como se marcaban contra la tela el comienzo de sus labios, así como la ausencia de pelo alguno coronándolos. ¡Ya era hora! dijo, sacándome súbitamente del embobamiento en el que estaba, y luego agregó: Estaba a punto de bajar a llamarte; yo, levantando la cabeza y mirándola a los ojos, le esbocé un …no era necesario. Yo iba a subir de un momento a otro. Por lo que veo dijo mirando mi entrepierna donde ya era más evidente la huella de la excitación que me había causado su imagen, No sos el único que subió a verme; acto seguido, dio un zarpazo con su mano derecha, tomándome del cinturón, y sacándome del ascensor, me llevó agarrado como me tenía al interior de su departamento, donde, una vez dentro, me empujó contra la puerta, cerrándola con mi cuerpo, al tiempo que con la otra mano desató el nudo del pareo que se deslizó suavemente al piso. Yo, que todavía no había llegado a reaccionar le pregunté, con toda la estupidez que me corresponde en ese estado, sobre el problema de humedad, recibiendo como respuesta que ella, tomando mi mano derecha que hasta entonces se hallaba a un lado de mi cuerpo, la llevara a su entrepierna diciendo un poco irónicamente: ¿No crees que esto es un problema de humedad, eh?; y, siguiendo con la ironía, realmente lo era. No pasaron ni dos segundos que mi mano se había posado en su entrepierna que ya se hallaba completamente embebida en el mar de flujos que de ella emergían; es más, la tela de su bombacha ya estaba convertida en una toalla, estrujada e íntegramente húmeda, lo cual hacía que sus labios se notaran aún más. Hablando de labios, para ese entonces sus superiores ya habían encontrado morada contra los míos, conjuntamente con su lengua que ya se había abierto camino hacia el interior de mi boca y se batía en busca de la mía hasta encontrarla y enredarse con ella en una pulseada excitante. Mi otra mano, que hasta no hacía mucho se hallaba igual que la otra, por el ímpetu de su empuje fue a dar sobre sus nalgas, con los dedos incrustándose en la profunda canaleta entre ellas, hundiendo aún más el hilo de tela que residía a medio devorar en ese lugar; también se sentía húmedo.

Ella, entretanto, comenzó a desabotonarme la camisa, pasando luego a hacer lo propio con mi pantalón que cayó como bolsa de papas al piso; después soltó el asidero de mis labios y descendió a besos y uno que otro lengüetazo por mi cuerpo, que no es atlético ni mucho menos- tampoco soy un gordo rechoncho, pero si debo ser honesto mis abdominales no están en absoluto marcados -, hasta quedar de rodillas frente a mi entrepierna, donde mi verga había emergido comple agregué: Uno puede hacer maravillas con el tiempo de que dispone, sin importar que tan poco sea, y más si se tiene a alguien como vos, tan caliente y dispuesta a todo. No hubo necesidad de añadir nada más para que ella se dispusiera a dar comienzo a una sucesión de lamidas a todo lo largo de mi verga, llegando de a ratos a incluir mis testículos, desenterrados del interior de los boxers por obra del vigor con el que se afanó en la tarea, en el recorrido. Su lengua subía y bajaba, seguida en ocasiones por su derecha que en su descenso desvestía mi cabeza para dar lugar a que la lengua se dedicara a circunvalarla, embadurnándola de saliva, al tiempo que recogía las minúsculas gotas de líquido presentes en ella gracias a la excitación generada hasta entonces. De pronto, en una de sus recorridas en derredor a ella, siento sus dientes cernirse delicadamente sobre ella, para luego hacer desaparecer mi verga íntegramente dentro de su candente boca y dar comienzo a un vaivén con la cabeza con tal ensimismamiento que llegué a sentir como su nariz impactaba un poco violentamente contra mi pelvis. Notaba como sus dientes rozaban el tronco, como su lengua le daba golpecitos en la punta cada vez que hacía tope yendo hacia atrás en el borde del glande, y como su mentón venía a dar contra mis huevos, que debido al arrebato alcanzado iban y venían como péndulo. Yo sólo atinaba a cerrar mis ojos y d

isfrutar de ese momento tan grandioso, a la vez que hacía todo el esfuerzo posible por que el fin, que ya se avecinaba próximo, tardara en realizarse. Como notaba que eso me resultaba casi imposible debido al afán de Wanda, no me quedó otra que hacer lo posible para desacelerarla, hecho que también no se pudo dar por la misma razón; es más, estoy seguro que ella adivinó la intención que tenía al tomarla de los hombros en un intento por reducir el ritmo que llevaba y en vez de complacerme, le imprimió mayor velocidad aún, consiguiendo que me viniese dentro de su boca en el preciso momento en que sus labios se estampaban contra mí, lo cual hizo que los cargadísimos disparos que escupía mi verga dieran de lleno en su garganta, para luego ser tragados sin queja alguna.

Su cabeza, que por el tiempo que duró la descarga se había detenido en esa posición, una vez que ésta amainó volvió a la carga yendo y viniendo por sobre la semi rígida humanidad de mi verga que respondió a tales tratos volviendo del fugaz descanso en el que estaba. Una vez que hubo recuperado la firmeza necesaria, fue librada de dentro de su boca para pasar a rozarse contra su cuerpo que ascendía lentamente hasta ponerse completamente erguido frente a mí. Fue ahí, en ese preciso momento, en que pude apreciar en toda su expresión esas suculentas inmensidades al aire libradas y coronadas por unos pezones apetitosos, cuya rigidez al tacto era sorprendente; se veían absolutamente incitantes, y más si se tiene en cuenta que Wanda me las estaba ofreciendo al juntarlas con sus manos. No hace falta decir que no dude en sumergir mi cara entre ellas, haciendo un amague tras otro para contenerlas individualmente entre mis labios, intentando asirlas por esos pezones que cada vez que lo lograba pinchaban mi lengua como si de clavos se tratara, al tiempo que tomaba la otra con la mano que le correspondiera. Me encantaba oír como gemía cada vez que un pezón suyo caía preso de mi boca y era objeto de una succión impregnada del más loco arrebato que me era posible entonces y que era complementada por mi mano apretando el seno que quedaba junto con su respectivo pezón que, cada vez que escapaba por entre los dedos, recibía un estrujón de reprimenda. Mi otra mano, l levantó mi cabeza con su izquierda hasta colocarla a la altura de la suya y estamparme un beso tan repentino como el salto que pegó con la única pierna que quedaba apoyada en el piso y que fue a quedar de igual modo que la otra con la que se entrelazó sobre mis nalgas; todo esto hizo que recibiera el maravilloso golpe conjunto de sus senos en la cara a la vez que mi enhiesta verga, que yacía hasta no hace mucho situada contra su pelvis, se situase súbitamente en el interior de ésta. Inmediatamente Wanda se dispuso a cabalgarme con el desenfreno que le había insertado a la mamada que me había dado anteriormente, con lo que sus senos no paraban de rebotar completamente desbocados; eran como grandes almohadas de sudante piel que daban de lleno en mi cara, incitándome a que me uniera a la enajenación reinante, cosa que hice comenzando a dar saltos que le agregaban intensidad al desborde, haciendo que su pelvis impactara contra la mía con tal violencia que llegué a creer en la posibilidad- ahora que lo pienso en frío extremadamente estúpida- de que mis huevos vayan a parar junto a mi verga al interior de esa cavidad insondable, cuyo calor y humedad sobrepasaba cualquier parámetro conocido: es una mina insaciable y eso se notaba. A su vez, estos saltos me sirvieron para despojarme de mis pantalones y zapatillas, que fueron a para desperdigados por todo su living Era todo tan desbocado e irrefrenable que me era imposible mantener el asidero que había tomado de sus nalgas, las cuales en un comienzo había separado con mis dos manos de modo de inducir a mis dos índices a que hurgaran en las profundidades de su fruncido botón, por lo que no tuve otra cosa que utilizarlas para propinarle una serie de palmadas cuyo húmedo chasquido intensificaba el estímulo. A medida que incrementábamos el frenesí, nuestro mutuo zarandeo hacía que vayamos avanzando en dirección a su balcón, donde, voltée para quedar de espaldas a la baranda sobre la cual me apoyé para así dejar que ella continuara con la cabalgata sola. Debido a que tanto ella como yo estábamos ansiosos por pasar a la siguiente etapa, ésta no duró mucho y ella, sin esperar a que llegue a un final por mi parte- ella ya había acabado como tres veces en el ínte

rin -, posando sus pies sobre la baranda y empujándose hacia atrás de modo de retirarme de ésta conjuntamente con mi verga de su interior totalmente impregnada de la miel que no paró de brotar de ella ni un segundo y cuyo sabor pude degustar gracias a que una de mis manos junto un poco en ese preciso momento, bajó los pies al piso y, tomándome de mi resbalosa verga, hizo que intercambiáramos posiciones, quedando yo en la suya mientras ella quedó del lado de la baranda, pero con su espalda hacia mí. Una vez allí, se inclinó sobre ella, quedando sus grandes senos colgando del lado de afuera, y con sus manos realizó la tarea que las mías habían hecho escasamente momentos antes, con lo que su botón quedó ante mí húmedo y anhelante; el mayor y el índice de su mano derecha prosiguieron a adentrarse en él, entrando y saliendo del modo en que mi verga lo haría en cuestión de segundos; su otra mano, entretanto, estaba abocada a juntar parte del jugo que brotaba de ella para llevárselo a la boca y saborearlo del mismo modo en que yo lo había hecho, pero por un tiempo menor. Mientras tanto, yo me limitaba a disfrutar de tal espectáculo, situándome a corta distancia de ella y zamarreando mi verga que no había perdido en absoluto su firmeza.

Cuando ya creía que ella estaba lista, me aproximé lo más lento posible, y con la misma velocidad me dispuse a remover su derecha del lugar para dar inic del sutil aunque delicioso golpecito que da el esfínter al pasar de una parte ancha a una más angosta de ella, para poder tener una imagen fija del momento que guardaría en mi memoria como uno de los- sino es que el más- más maravillosos de mi vida. Luego de que mi pelvis hiciera tope con sus nalgas y me tomara un tiempo para hacer lo antes mencionado, le dije un poco agrandado: El otro Juan no llegó ni a la mitad de esto, ¿o sí? , a lo que ella respondió a regañadientes- intentaba contener un gemido- : Ya con lo primero le ganaste; yo aún sin comenzar el mete y saca correspondiente- quería seguir disfrutando del momento- le pregunté un poco en broma: ¿Pero a Tony no le llego ni a los tobillos, no?, ella, sin parecer haber notado que mi intención no era más que jocosa respondió: ¡¡¡¡aaaaah!!! Pero Tony no está acá, sino vos, y acto seguido me tomó de las nalgas con ambas manos, trayéndome, si es que era posible, aún más hacia sí y posibilitando que yo me aferre en un comienzo de la baranda para, ahora sí, comenzar el meneo. Podía sentir, ya que no veía, sus senos golpeándome las manos en el ir y venir de nuestros cuerpos, al tiempo que escuchaba el chasquido que esto producía gracias al sudor que nos cubría a ambos. Era tan hermoso experimentar como los músculos de su esfínter engullían mi pija, estrujándola a más no poder, a la vez que los gemidos brotaban por entre sus labios y dientes con una fluidez idéntica a la de sus jugos meridionales que se escurrían por entre sus piernas, siendo recogidos cada tanto por mis huevos al chocar contra su pelvis, o alguna de mis manos que soltándose momentáneamente de la baranda pasaba por ahí de camino a mi boca, momentos en los cuales ese sabor entre dulce y salado me hacía delirar en extremo. Pero como todo lo bueno, alguna vez tenía que acabar, y así lo hizo. Viendo que mi pija daba señales de estar a punto de reventar, me incliné sobre ella y, tomándola de sus senos, le incrusté mi verga lo más profundo que me fue posible en el preciso momento en que por un lado borbotones emanaban de su punta inundándole su interior, y por otro ella tiró la cabeza hacia atrás por un momento que aunque breve me permitió tener una imagen diferente de sus senos que se hallaban sometidos por mis manos en una pose que a ambos nos permitió así como estábamos enfocar, por el tiempo que duró mi pija dentro de ella, nuestra mutua atención: yo me llevé el que me quedaba más a mano, el derecho, a la boca lo más que pude, lo lamí, lo besé y hasta lo mordí; ella, por su parte, se abocó al otro, haciéndole lo mismo; yo después lo solté y, pasando mi cara por atrás de su cuello al tiempo que se lo besaba junto con sus hombros, fui a dar al otro lado de modo de hacer lo propio con el correspondiente seno que, en un comienzo , debí compartir con Wanda, con quien intercambié uno que otro lengüetazo ocasional.

Así estuvimos un

rato bastante prolongado, intercalándonos de seno en seno, lengüeteándonos cada vez que coincidíamos en uno y antes de que ella se trasladara al otro, hasta que en una de esas faenas de lengua permanecimos enfrascados, momento en el que ella, sin soltarse, se volteó para seguirla pero de frente a mí. Sus manos en un principio se hallaban una masturbando su concha con movimientos circulares a su saliente clítoris como pude apreciar una vez que, teniéndola frente a mí, mi mano derecha fue a suplantarla en la tarea, mientras la otra continuaba sujetando el seno izquierdo – el último que compartimos-; luego pasaron respectivamente a mi entrepi sujetándome de la verga, tirarse hacia atrás, haciendo que yo no tenga más remedio que arrodillarme sobre la reposera con mis piernas a ambos lados de su cuerpo, hasta quedar totalmente recostada sobre ella con mi verga precisamente ubicada a la altura de sus pechos, los cuales se cernieron sobre él una vez que yo, dándome por enterado de sus intenciones, lo coloqué entre ellos sobre sus pechos sudorosos y candentes. Lo que siguió fue algo paradisíaco: ella recostada plácidamente sobre la reposera con sus manos cerrando esos monumentales pechos tomándolos por los pezones en torno a mi verga hasta hacerla desaparecer bajo sus inmensidades, yo, arriba de ella viendo como mi verga era ocultada al tiempo que me disponía a tomar posesión de sus hombros para así comenzar el más espléndido meneo jamás experimentado. Es indescriptible la sensación de la que fui objeto al comenzarme a mover y sentir como mi verga se frotaba contra las paredes de este ardiente túnel, como resbalaba a su paso debido a la lubricación existente, llegando a aparecer esporádicamente la cabeza por entre ellas, como ellas se estremecían por el bamboleo y los impactos contra mis muslos tan transpirados como ellas. Era tal el placer que me generaba que yo, en mi búsqueda de cómo incrementarlo, me encontraba completamente salido de mí, impregnándole una violencia tal que cada vez que mi verga emergía lo hacía de modo tal que daba de punta contra su mentón, momentos en los cuales ella, aprovechando dicho frenesí, llevaba su mentón al pecho y abría su boca de modo de recibir tales estocadas con lengua y dientes.

En ese balanceo estuvimos por un momento largo, y era de esperar luego de haber acabado dos veces que esta tercera se demorara lo suficiente, sin importar el nivel de alocamiento que llevara. Sin embargo, luego de unos cuantos minutos así, mi verga dio señas de estar nuevamente a punto de estallar, con lo que yo pasé a tomar posesión de sus senos, reemplazando a sus manos en tal sitio, dirigiéndose éstas a propinarle los debidos masajes a ese clítoris que aún cuando no había recibido atención en un rato largo permaneció inerte, como pude apreciar al voltear mi cabeza en el instante en que éstas se asían de él, frotándolo conjuntamente con un ritmo que me esforcé por seguir por mi parte. Apreté sus pezones en el momento preciso en que mi verga salía a encontrarse con su boca abierta que, debido a que ella también alcanzó su pico en ese instante, no alcanzó a recibir toda la descarga que emanó disparada de ella que, aunque poca- era de esperarse -, fue suficiente para embadurnarle la pera y el labio inferior, más que nada con los chorros que salieron al final y que coincidieron con que ella bajaba nuevamente su cabeza, pudiendo recogerlos inicialmente con la lengua y, un segundo después con las manos; momento este último en que le fue posible saborear la mezcla de nuestros flujos y, porque no, sudores. Mis ojos que inicialmente apuntaban al cielo, junto con un grito de liberación intensa, bajaron para ver como sus dedos iban juntando los pocos rastros que la lengua había olvidado para llevárselos luego a esos labios que se prendían de ellos como si fuera comida, sin olvidarme de sus ojos que seguían dicho movimiento, yendo de a ratos a dar con los míos para reflejar el estado de goce que ciertamente era compartido por ambos.

Habremos estado fijos en ese estado de placer y contemplación mutua unos tres a cinco minutos, luego de los cuales yo, bajando con cierta dificultad mi pie izquierdo al piso y pasando el otro por encima de su cuerpo que tendido e impregnado de sudor brillaba bajo el sol del atardecer, me sen Me encantó!”, tras lo cual agrega mientras cierra la puerta frente a mí, claramente en broma: “Hiciste que cambiara mi imagen de los porteros”, y, antes de que se cierre del t

odo: “… y de los Juanes”.

Espero que les haya gustado mi relato, cualquier opinión o sugerencia que deseen enviarme, mi mail es lolo6561 (arroba) hotmail.com

Antes de despedirme quisiera enviarle un mensaje muy especial a la coprotagonista de este presente relato: “Wanda, si llegas a leerlo, espero que te guste y que me envíes un mensaje diciendo que te pareció, TE EXTRAÑO”

Autor: lolo lolo6561 ( arroba ) hotmail.com

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NUEVE SEMANAS EN MEDIO

(Wanda II)

Este relato, más breve que el anterior, continúa la serie empezada por Mis enredos… no sólo desde el punto de vista de tener también un titulo que ironiza al de una película famosa, sino que además por estar protagonizado por Wanda, la escultural fémina que participó en el otro. Asimismo, el título de éste denota la distancia temporal que en mis fantasías hubo entre ambos encuentros.

Como dije, pasaron nueve semanas desde que sucedió aquel espectacular icono de desenfreno, en las que no tuve ningún tipo de noticias de ella, ni siquiera por intermedio de Julio, su vecino. Hasta que un día de esos en los que me encontraba barriendo el hall vestido, a falta del mameluco característico, con un pantalón jean y una remera manga corta gastados de modo similar, ella entra con el clásico apuro de alguien absolutamente desbordado de trabajo, dirigiéndose sin escalas hasta el ascensor que justo en ese momento se abre, descendiendo de él un pequeño contingente de vecinos entre los que se contaba este Julio a quien ella no saluda en su carrera al interior. Julio, al verse ignorado al igual que yo, me comenta de pasada: ¡Mirá que tiene laburo la quia! y se va, saliendo por la puerta tan pronto que no me da tiempo a que le responda. Como a mí no me importó que se fuera pues no tenía muchas ganas de entablar una conversación con él, hice caso omiso de esto y continué mi tarea en el sector que seguía, el cual coincidió con el piso a las puertas del ascensor que para entonces ya había llegado al piso de Wanda, o al menos tendría que haberlo hecho, si no fuera porque siento que de pronto se abre su puerta a mis espaldas y una mano me agarra de la remera y me jala hacia adentro con tal fuerza que fui a dar de espaldas al espejo de medio cuerpo que hay sobre un costado.

Apenas tuve tiempo de reaccionar a tal embiste, cuando escucho la voz de quien había tirado de mí, que no era otra que Wanda, que incitante dice: ¡Quiero que me pruebes lo que me dijiste!; yo, que no salía de mi aturdimiento, esbocé un suave ¿A qué te referís?, a lo que ella, mirándome con algo de extrañeza respondió: A lo de hacer maravillas en poco tiempo. No alcanzó a terminar esta frase que ya se había deslizado hacia abajo, desabrochando y bajando mis jeans y boxers con una velocidad tan envidiable que no le había dado oportunidad a mi verga a que alcanzara toda su firmeza, cosa que no pareció importarle lo más mínimo ya que presta como estaba se dispuso a inducirla con la lengua y esos labios levemente coloreados. De más esta decir que no requirió mucho par que tal cosa se logre, dado que apenas mi verga sintió el roce de su candente lengua viniendo a cortar el breve frescor de la libertad se irguió como resorte, ofreciéndose a los mimos y tratos varios que tanto ésta como sus dientes, labios y, de a momentos, mano izquierda le suministraban sobre toda su extensión. Yo sólo atinaba a colocar mis manos sobre sus cabeza y seguir el movimiento que ésta comenzó una vez que sus labios habían rodeado por completo el tronco, ni siquiera procuré inducirle un ritmo específico, sólo dejé que ella manejara eso sola pues era más que evidente que sabía como.

Después de que su cabeza fue y vino unas cuantas veces, aunque menos que la vez anterior, paró de pronto y, sacando mi verga de su boca para recorrerla unas dos veces por completo y en todas las formas posibles con la lengua, se incorporó en el preciso momento en que el ascensor que ya hacía rato había llegado a su piso era llamado desde abajo, abrió la puerta interior porque ella, una vez que me tuvo cerca, apoyó sus delicadas manos en mis hombros y me haló hacia debajo de modo de quedar yo de rodillas y con la altura suficiente como para que ella, subiendo sus piernas de a una en ellos, me estampara su chorreante vagina en la cara, dando mi nariz contra la tundra de su entrepierna.

Yo, sin esperar que me dijera ni A comencé a hacer lo que correspondía en esa situación, pasando mi lengua por todo el largo de esos carnosos labios, deteniéndome a veces en ese clítoris que surgía como un tercer pezón por entre ellos, firme y apetitoso por demás, para luego de incluir mi mano derecha en el recorrido, iniciar una expedición con la lengua hacia el interior, entrando y

saliendo cada vez más impregnado de la miel que fluía de ella como un río que de tanto en tanto tiene crecidas, que en su caso coincidían con los instantes en que sordos gemidos escapaban por entre sus labios, y en los que mi boca no alcanzaba a contener tal aluvión. Aún más si tenemos en cuenta que en tales ocasiones, que en total habrán sido tres o cuatro, su mano izquierda, que entonces se encontraba sobre mi cabeza, me tiraba hacia sí de los pelos; entretanto, su derecha, como pude apreciar esporádicamente, estrujaba su monumental seno izquierdo al cual sostenía, llevándoselo de tanto en tanto próximo a la boca para pasarle uno que otro lengüetazo al punzante pezón. Sus ojos cerrados daban señas de goce intenso.

Después del cuarto orgasmo inducido, eso espero, oralmente, el tirón de pelo del que fui objeto fue tal que, debido a que lo seguí con el cuerpo, yo terminé de pie con ella todavía subida a mis hombros, al menos en principio, ya que, una vez que me había parado por completo, ella deslizó sus piernas por sobre ellos llegando al borde y continuando el deslizamiento hacia abajo con su espalda contra la pared hasta el punto de quedar cara a cara conmigo y con mi verga completamente engullida por esa rezumante cueva a la que hace instantes nomás me había estado dedicando. Una vez allí, la aplasté aún más contra la pared, de modo tal que sea yo quien tomara las riendas, al menos por el momento. Ella no pareció en nada ofendida por eso y se dejó hacer lo más campante; es más, colocó sus brazos entrelazados tras de mi cabeza, apoyó la suya contra la pared y se dedicó a disfrutar el mete y saca que prontamente me di el gusto de empezar. No fue para nada lo desenfrenado de la vez anterior, aunque su grado de locura tuvo una vez que yo, luego de haber disfrutado lo que es poner mi cara entre esas inmensidades y disfrutar los masajes que me proporcionan gracias al vaivén de nuestros cuerpos conjuntamente con el bamboleo que yo pudiera inducirles con mi cara horadando ese sudoroso valle con un frenesí cada vez mayor, recogiendo con la lengua uno que otro rastro de sudor que descendía por ahí, las tomase con mis dos manos que antes se hallaban sirviéndole de apoyo a su cuerpo asidas de sus nalgas a las que abrieron escasamente en el ínterin, aferrándose de ellas y estrujándolas, al tiempo que mis labios, que mientras tanto se habían encargado junto con mis dientes alternadamente de esos peñones que las coronan, se dirigían a los suyos para libar la dulzura que le es propia y entablar entre nuestras lenguas un combate cuya duración iba a ser menor a la que en ese momento tenía en mente, al menos en un principio. Ni bien habían pasado unos minutos en esta posición que ella, apartando su boca de la mía, se impulsó hacia atrás con sus piernas ceñidas entorno a mi cintura hasta que mi verga que pulsaba violentamente se encontrara por completo en el exterior, lo cual provoc&o exprimiéndome la verga en busca del preciado néctar que gracias a la increíble capacidad de aguante que tuve esa vez se hacía rogar; es más, yo nunca creí que bajo esas condiciones de excitación y desenfreno, a lo cual hay que agregar el grado de estrechamiento al cual mi verga era sometido, y que dicho sea de paso, y no es que quiera agraviar a Wanda ni mucho menos, me pareció raro teniendo en cuenta la experiencia que dicen que tiene- parte de la cual me la ha confesado ella -, hubiese aguantado lo que aguanté.

Aún así, fuera de toda maravilla, el final tenía que venir, y lo hizo… ¡y en que forma!. El zarandeo nos proporcionaba una imagen alucinante, en especial a mí: sus senos bamboleándose sin control ni dirección, aún cuando tanto mi boca y mis manos como las de ella de a ratos cortaban brevemente éste para, tomando posesión del que fuera, proporcionarle uno que otro trato preferencial, mordiéndolos junto con su pezón, recorriéndolo íntegramente con nuestras lenguas, las cuales, de coincidir ambos sobre un seno, terminaban entrelazándose fuera de nuestras bocas en una pelea sin vencidos, amasándolos o apretándolos, pellizcándoles sus furtivos pezones rígidos y punzantes. Era algo que estábamos disfrutando y en forma, y que gozamos hasta que mis huevos, junto con mis ojos, dieron señales de que estaban a punto de descargarse, tras lo cual Wanda, con la misma velocidad con la que se había despojado de su bombacha, volvió a impulsarse de mi ci

ntura hasta liberar completamente mi verga de su interior, para luego deslizarse del mismo modo que lo había hecho de mis hombros y quedar de rodillas frente a mí; inmediatamente después, aferrándose de mis nalgas con las manos y jalándome hacía sí de modo tal que mi verga quedase sobre sus senos, los elevó escasamente y, cerrándolos entorno a ella, comenzó a darme una paja con ellos tan frenética que no pasó mucho hasta que la cabeza emergiendo de entre esas inmensidades comenzara a escupir chorro tras chorro de semen, yendo a impactar violentamente contra su cara y boca, en donde se alojó la mayor parte de la descarga, siendo tragada sin dilación alguna por parte de ella. La imagen que tuve una vez que bajé la cabeza lo decía todo: mi verga que recostada sobre esas moles sudorosas y jadeantes en estado semiflácido escupía débilmente y desparramaba las últimas gotas sobre ellas, su lengua ávida recogiendo todo rastro de semen que haya quedado en sus labios, al tiempo que éstos también se afanaban por dejar limpios los dedos de sus manos que traían la parte de la carga que se hallaba desperdigada por su cara y senos, sin olvidarme de sus ojos que al encontrarse con los míos daban muestras de una gratitud que fue puesta en palabras una vez que, terminada la “limpieza”, ella se incorporó y se arregló la ropa, tras lo cual, luego de darme un corto beso, se dirigió a la puerta externa, la destrabó y salió. Lo último que escuché antes de que el ascensor se cerrara por completo y comenzara a bajar fue: “¡Lo probaste!”

Espero que les haya gustado este relato al menos un poco de lo que les gustó el otro. Estaré a la espera de cualquier sugerencia o mensaje que me quieran hacer llegar a mi mail lolo6561 (arroba) hotmail.com

Autor: lolo lolo6561 ( arroba ) hotmail.com

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LA AMIGA DE MI HIJA

Sonó el timbre varias veces. No se cuántas porque estaba durmiendo, pero la insistencia me despertó.

Miré la hora: las ocho de la noche. Hacia dos horas que dormía vestido en el sillón frente al televisor encendido. Al llegar a casa no estaba ni mi esposa ni mi hija….ahora, viendo la hora me preocupé.

Fui hasta la puerta. Era Carla, la mejor amiga de Ana, mi hija. Ella se encargó de tranquilizarme, diciéndome que había hablado con Anita y que llegarían en una hora.

Carla era como de la familia. Frecuentaba la casa desde hace años, -ahora tenía 17 como Ana- por lo cual, al entrar, fue directamente hacia la planta alta, donde estaban los dormitorios, a esperar a Ana.

Volví a acomodarme en el sillón para dormitar un rato más. Estaba quedándome dormido cuando Carla me llamó.

-Federico, ¿puedes subir? No se porqué pero acudí rápidamente. Cuando entré a la habitación de Ana, Carla estaba parada frente al espejo, se había quitado la ropa, permaneciendo en tanga y corpiño y estaba de espaldas a la puerta.

Verla así no me sorprendió en lo más mínimo, desde el punto de vista sexual. Como dije antes, la conocía desde hace años, había pasado mucho tiempo con nosotros e incluso había, hasta compartido, vacaciones. Sí, me sorprendió su desparpajo para presentarse de esa manera, algo que nunca había sucedido. La gran confianza que existía entre nosotros, aún no había alcanzado para minimizar aquella situación.

Al darse vuelta, algún gesto mío le advirtió de mi sorpresa, porque rápidamente corrigió: -No tengas miedo…-dijo sonriendo con extrema picardía- me acosan dos problemas graves y vos me podes dar una mano.

Me senté en el borde de la cama de Ana y fingí serenidad.

-¿Qué te pasa?- pregunté -Mi novio Lucas, dice que estoy gorda y no quiere que me ponga esto- aseguró levantando un vestido fucsia que tenía en una mano mientras se dirigía hacia mí.

Permanecí en silencio hasta que se detuvo a medio metro de la cama.

-¿Te parezco gorda?- insistió.

En ese momento sentí una especie de click en el cerebro, lo cual me permitió mirarla como mujer. De ninguna manera estaba gorda. Carla, descalza como estaba, mediría un metro sesenta. Si bien su cuerpo no era el de una modelo top, estaba realmente muy bien proporcionado. Al estar tan cerca, pude ver a través de la tela blanca del corpiño, el diámetro de la parte más oscura de sus tetas, que además, eran de proporciones abundantes y se mantenían erguidas.

Rápidamente descendí con la mirada y me detuve en su vientre chato que se movía agitado por la respiración y continué hacia abajo. La tanga, blanca también, dejaba ver que su sexo estaba depilado y las piernas, sin ser gordas, se dibujaban robustas. No obstante tenían buen forma y altura. Casi adivinando que ya la había observado de frente, giró ofreciéndome la espalda e insistió: -¿Te parece a ti que yo estoy gorda? -Claro que no- respondí de inmediato -Bueno, pues él, me dice que soy una culona y que, con este vestido tan ajustado, voy a parecer una putita.

Traté de conformarla de alguna manera echándole la culpa a las nuevas tendencias que dicen que las mujeres deben ser esqueléticas y me paré -Lo único que puedo decirte es que si vos quieres usar ese vestido, te lo pongas, le guste a Lucas o no- concluí Sin tiempo a reaccionar, Carla saltó hasta abrazarme.

-Te quiero Fede, eres un ídolo- repitió varias veces.

Su reacción, tan intempestiva como natural, me dejó sin aire. Instintivamente la abracé, pero mis manos tomaron contacto con un cuerpo casi desnudo y el perfume que emanaba de su cabello rubio inundó mis neuronas de forma letal. Traté de poner la mente en blanco, pero ella volvió a golpear cuando estampó en mi rostro un beso húmedo y sonoro.

Aquella situación empezó a preocuparme. Pensé, qué dirían Ana y mi esposa si entraban en aquel momento, pero más me preocupó darme cuenta que pod&

iacute;a tener una erección. Sentí mucha vergüenza por la naturalidad del comportamiento de Carla, lo cual indicaba, que cualquier reacción de mi parte, podría parecerle abominable.

A pesar del esfuerzo no pude evitar la erección. Sentí crecer la pija lentamente y traté de irme. Carla volvió a sorprenderme.

-Perdóname- musitó con su vocecita ronca- a veces me olvido que ya no soy una nenita.

Ahora estaba parada frente de mí, mirándome desde abajo (yo era como quince centímetros mas alto) con mucha picardía simulando vergüenza.

-No entiendo- dije algo confundido -Por esto- aseguró apoyando su mano derecha en mi sexo casi duro.

En ese momento sentí las dos sensaciones térmicas más terribles que experimenté en mi vida. Primero un calor invadió mi cuerpo como si me hubiera alcanzado la onda expansiva de una bomba y luego, casi de inmediato, un sudor frío que me llevó a tiritar. Mientras tanto Carla, que no había quitado la mano de mi sexo, comenzó a moverla lentamente con movimientos circulares, al tiempo que sonreía y me derretía con sus ojos celestes.

No pude evitar todo lo que vino después. La osadía de Carla en grado extremo, no me dejó lugar para escapar de lo que, más tarde supe, estuvo totalmente planeado.

Como para no darme tiempo a reaccionar, Carla se apoderó de mi boca y ofreció la suya de manera intensa. Tomó la iniciativa en todo sentido. Su boca era dulce, exageradamente dulce y su lengua inquieta como pocas. En un momento, quise adueñarme de la situación pero no me lo permitió -Déjame a mi Fede, este momento lo vengo planeando desde hace más de dos años.

-Es una locura Carla…

-Es mi locura y mi placer…siempre me diste todos los gustos, ¿porque no, este también? Lentamente me quito el pantalón y nos tendimos en la cama. Nos besamos durante un buen rato, mientras no paró de tocarme la pija que ya estaba dura como un garrote. Se quitó la tanga y se subió encima de mi en la típica posición del sesenta y nueve. Comenzó a chuparme la verga suavemente con gran destreza y yo a lamerle el coño que estaba húmedo y sabroso. Sentía sus tetas tibias rozándome en el vientre y me desesperé por darle todo el placer que quisiera. Carla se puso la verga en la boca y acarició mis huevos de manera sincronizada. Ella comenzó a tener orgasmos y sus jugos a bajar sin pausa. El clítoris de Carla creció infinitamente y lo chupé con alevosía hasta que ella dijo basta.

Su olor me excitaba como a una fiera y no pude contener el polvazo que me vino en su boca y que ella tragó en su totalidad. Continuó mamando como una obsesa, aun después de haber extraído la totalidad el semen. Por un momento se detuvo y se incorporó. Yo permanecí tendido sobre la cama y ella parada junto a mi.

-¿Tú también piensas que soy culona?- insistió La acerqué hacia la cama y me quede mirándola un instante. La veía desde abajo y sus tetas eran perfectas. Me senté en el borde de la cama y la tome de las nalgas.

-Ese idiota no sabe nada- le juré.

Muy despacio, Carla se arrodilló hasta quedar ambos a la misma altura.

-Si yo te digo que te amo vas a pensar que estoy loca, ¿verdad? -Y…sí -Piensa lo que quieras, pero con vos tengo un edipo incurable…¿entiendes?, no quiero que esto termine nunca, menos ahora que lo conseguí.

Volvimos a besarnos con desesperación y Carla se encargó de que, en pocos minutos, la pija recuperara su tamaño mejor. Esta vez, continuando con su decisión de manejar la situación, se subió a horcajadas sobre mi y lentamente se incrustó la pija en la concha.

Ahora estaba de frente a mi. Me miraba con excesiva ternura y se movía tan lento que el movimiento circular de su pelvis era apenas perceptible.

Suficiente para mantener la erección de la pija.

-Tócame las tetas bien despacio- me rogó cerrando los ojos y volcando levemente su cabeza hacia atrás.

Apoyé una palma en cada teta y las recorrí suavemente.

Eran tibias y los pezones comenzaron a endurecerse. Me di cuenta que gozaba de una forma diferente y que se había aislado completamente del mundo. Estaba teniendo orgasmos de forma silenciosa. Apenas su respiración agitada y suaves

gemidos daban cuenta del placer que estaba teniendo.

En determinado momento arqueó su cuerpo un poco mas, gimió casi desesperadamente y cayó sobre mi cuerpo.

Nos besamos con locura y su lengua me pareció una serpiente enloquecida mientras su cuerpo iba y venía sobre la pija. En el momento de acabar ambos sentí el fuego de sus entrañas correr por la verga hacia mi cuerpo y me mordió la boca hasta quedar casi desvanecida.

Nunca más tuvimos un polvo como aquel. Desde aquella vez pasaron tres años. Hace dos que Carla se casó con Lucas y ella sigue frecuentando mi casa. Al menos una vez cada dos semanas nos encontramos en un departamento que alquilé al efecto. Es una relación distinta; hemos hablado muchas veces acerca de ello, y siempre llegamos a la misma conclusión: cogeremos mientras sintamos esta necesidad.

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COMPRANDO BRAGUITAS

Mi nombre es Kathy, tengo 25 años y la historia que les paso a relatar sucedió una tarde que fui de compras.

Había salido tarde del trabajo y debía apurarme para poder comprar un par de bragas antes que cierren las tiendas.

Cuando caminaba por las galerías de tiendas del Jirón de la Unión veía que muchas de ellas ya estaban cerrando sus puertas debido a la hora, así que me apresuré en buscar una donde vendieran ropa interior femenina, los hombres me lanzaban algunos piropos obscenos mientras pasaba, creo que era debido a que estaba con una falda corta color café de vuelo, pero ni modo que me pusiera pantalón ya que soy secretaria de gerencia en una importante empresa y no podía correr ya que mi senos hubieran empezado a bambolearse y ya me imagino el calibre de los piropos.

Al final de la calle vi una tienda grande que aún tenia la puerta abierta y entré rápidamente. En el mostrador había un par de dulces viejecitos como de 70 años, uno de ellos me dijo en que me podía atender mientras vi que el otro se dirigía con una cierta cojera a cerrar la puerta, el del mostrador me dijo que solo iba a juntar la puerta para que no entrara mas gente.

Pensé, que puede pasar con estos viejillos? y le pedí que me mostrara unas bragas y un sujetador transparentes, el viejito me dijo que se me veía cansada y me sirvió una copita de oporto, la cual tomé de un sorbo.

Me dio las bragas y el sujetador y me indico donde estaba el probador, era un cubiculo que tenia un espejo de cuerpo entero una silla transparente para sentarse y una cortina, la cual cerré bien para que no me vayan a espiar.

Cuando empecé a quitarme la ropa, comencé a sentir que la cabeza me daba un poco de vueltas, supuse que era el oporto que me habían invitado, un poco adormecida y con unos calores que no sé de donde venían, me quite la ropa interior que tenia y me puse la que iba a comprar, en eso entro uno de los viejitos donde yo estaba y me pregunto si me quedaba bien o si quería una talla mas pequeña, le dije que no se preocupara, que yo le avisaba y el me dijo, de ninguna manera hijita, aquí las clientas siempre salen satisfechas con su compra.

Yo no atinaba a nada por el mareo y el viejito toco mi chochito metiendo su mano entre mis piernas, y me dijo creo que está un poquito grande, tu que piensas Rubén? Y el otro viejo entró como una centella en el probador sin mostrar la cojera que vi en un principio. El primero me dijo a ver siéntate preciosa para ver si estas cómoda y el viejito Rubén ya se había metido debajo del asiento transparente para ver debajo. En este punto yo solo obedecía ordenes sin chistar y me daba excitación que alguien me mirara desde abajo con las piernas separadas como las tenia, así que el que había entrado primero me saco el sujetador dejando libres mi senos, cuando veo que el viejito que estaba debajo de la silla se incorpora y abre la cremallera de su pantalón y deja salir su palo, quien iba a pensar que a esa edad se les podía parar de esa manera y vaya tranca que tenia, se puso delante de mí y lo metió a mi boca y con la calentura que tenia empecé a chupárselo sintiendo un placer que no pensaba tener esa tarde, el otro sin demora se puso detrás de mí mientras me masajeaba las tetas, llenando sus manos con ellas.

Luego de un rato de estar chupandosela al viejito Rubén, exploto un torrente de leche en mi cara, la cual procedí a lamer y engullírmela toda, estaba excitada y quería que me penetren, me puse de pie y un par de manos me bajaron las braguitas que tenia puesta dejando mi cuerpo desnudo delante de esos dos viejitos depravados, me coloque en el suelo en cuatro patas y el primer viejito se saco su pichulota y me la metió en mi chucha que ya estaba bien lubricada, me empezó a bombear mientras Rubén se ponía delante para que se la chupe y su pinga logre la erección de hace un momento, así uno me bombeaba y con mi mano izquierda masturbaba a Rubén mientras le daba una buena mamada.

Luego el primer viejito me lamía el ano y con su dedo dilataba mi esfínter, así que ya presagiaba una penetración por d

etrás, efectivamente se sentó en la silla y yo me senté en su tranca ayudada por Rubén, ensartada así me recline sobre el primero mientras me comía por el ano y el viejito Rubén se echo encima de mí metiendo su pichula por mi chocha, prácticamente habíamos echo un sándwich.

Los tres sudorosos nos movíamos rítmicamente hasta que sentí dos ríos de leche que me inundaban, uno por el ano y el otro por mi chucha. Quedamos quietos, transpirando y agitados, perdí la cuenta de cuantos orgasmos había tenido.

Luego me ayudaron a vestirme y me despidieron con una bolsa llena de ropa interior, haciéndome prometer que vendría a visitarlos otra vez y creo que si voy a cumplir mi promesa.

Si les gusto mi relato envíenme sus comentarios a mi correo: sleepkiss (arroba) hotmail.com

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