Sexting (contracción de sex y texting) es un anglicismo para referirse al envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles y/o ordenadores. Si, esas cositas que hacemos por app como whatapps

De colegiala a prostituta cibernetica

Hola gente de todo relatos como están? Mi nombre es Elizabeth Sousa tengo 18 años y vivo e Venezuela, le doy una breve descripción de mi apariencia, soy de piel morena algo que nos caracteriza a nosotras las venezolanas jajá si bien no tengo muchas nalgas tengo tengo unas tetas de infarto de la cual me siento muy orgullosa.  No soy muy alta pero tampoco soy tan bajita mi estatura es normal  1,60.

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Internet y yo: Historias reales

Historia I Hola mi nombre es Dany, tengo 39 años, lo que voy a relatarles es verídico 100 x 100. Son mis experiencias sexuales por Internet. Me animé a escribir pues creo que puede servirle a otra persona indecisa e incrédula de los beneficios de la Web. Soy de Argentina, ciudad de La Plata, mi cuerpo no es atlético, soy delgado, tampoco soy alto, y dicen mis amigas del Chat que no soy feo.

Debo de decir que soy una persona muy sexual, con formación oriental (en cuanto a sexo) ya que además de mi trabajo habitual soy una persona que ha estudiado toda su vida las ciencias ocultas, como el Tarot, la Parapsicología. Mitología Egipcia, entre otras cosas. Siento que la sexualidad debe ser libre, mas allá de lo que te pueden enseñar en tu iglesia. A edad temprana veía a los sacerdotes con curiosidad, ya que no se puede ir en contra de lo que creo Dios, la sexualidad, es como si te dijeran que comer es pecado. ¿Podrías dejar de hacerlo? Me case muy joven, 18 años, mis amigos siempre se burlan de ese tema, ya que mi mujer es hermosa y me dicen que solo un mago como yo podía hacer que se enamorara de mi.

Ella, mi mujer, es todo lo contrario a mi, si bien disfruto de nuestro sexo, ella se ha estancado en esta materia, lo que produce en mi una falta de apetito hacia ella.

A través de mi página Web (relacionada con el Tarot) comencé a recibir consultas sobre sexo, y propuestas de todo tipo, las cuales no las tenía en cuenta. Un día comencé a chatear y descubrí un mundo distinto, después del lógico derecho de piso, comencé a ser popular, así conocí por este medio a muchas mujeres, lógicamente, no me interesaba acostarme con una, por el solo hecho de tener una relación sexual, si se daba debía ser a mi modo, lógicamente. Sabia que habría una mujer con las mismas ideas mías.

Me es muy beneficioso ser franco y frontal, pues así no tendría encuentros con desilusiones por gustos distintos.

Esta primera historia que voy a relatarles, no fue la primera, pero si la que mas disfrute.

Era un sábado tipo nueve de la noche, yo ya tenia mi club de amigas en el Chat, así que cuando una desconocida me jalaba a privado, siempre desconfié, pues la tomaba como a alguien ocultando su identidad para sacarme alguna cosa.

De pronto una tal Mónica me jala, las preguntas de rigor, tenia dudas si me conocía, así que no le di mucha lata. Se puso mal, diciéndome quien me creía que era? Que una mujer como ella, no merecía ese desplante, así que le corte de una.

Esto la enfureció mas, me jalaba y yo le cortaba, así un buen rato. Hasta que salio del cuarto. A la hora, entra de nuevo y escribe cosas en la general, para que yo la lea, la llevo a privado y le digo que si quiere conocerme me dé su teléfono, así me sacaba la duda si la conocía o no. Sin dudarlo me lo dio, me había equivocado, era de una localidad de Argentina, bastante lejana, Santa Fe. La llamo – Hola – – Hola dice ella. (Me gusto la voz), bueno le dije, sigamos por el Chat.,- En Argentina las comunicaciones vía celular a larga distancia son CARISIMASSSSSS, jajá jajá.

Al conectarnos, comenzamos a conocernos, ella 30 años, casada, con líos en la casa. La conversación fue la de rutina, quedamos en conectarnos al otro día.

El Domingo por la mañana estaba solo en casa, me despertó el celular, eran las 10, era ella.

– Mónica – Hola, te jode que te halla llamado? – Yo – Si, ya que soy casado y no te di ni el número, ni mi permiso.

-Mónica – Lo que pasa es que me quedo tu número cuando llamaste y no cerré un ojo en toda la noche, pensando en vos.

– Yo – ¿Te burlas? como pensando en mi?, si no me conoces.

– Mónica – Anoche fue mi primera vez en el Chat, y se que eres un buen tipo.

– Yo – Gracias, pero te apresuras, ¿Qué sabes de mi? -Mónica- Sé – Yo – OK (ma si…) – Mónica – quiero viajar y conocerte.

– Yo – ja ja ja.

– Mónica – enserio…

– Yo – estas reloca, ¿siempre haces lo mismo? – Mónica – Nunca.

– Yo – crees que soy un tipo común?, no quiero hacerte viajar 600 Km. y que te desengañes.

– Mónica – Común? a que te refieres ? – Yo – Sexualmente, no creo que estés a la altura.

– Mó

nica – Ja ja ja – Yo – Bueno te dejo, a la noche me conecto.

Al llegar la noche, me conecto como habitualmente, hable con mis amigas, hasta que entro ella, – Mónica – Hoy me asustaste – Yo – por? – Mónica – Por lo de común, que tendría que hacer? – Yo – gozar.., sentir…, dejarte llevar.

– Mónica -¿me vas a lastimar? – Yo – ¿Quieres qué te lastime? – Mónica – No (se hizo un breve silencio).

– Mónica -Ok., pero hay cosas que no me gustan.

– Yo – ¿Esas cosas, las has probado? – Mónica – No, y no creo que me gusten, – Yo -¿Tan fuertes son? – Mónica – Nunca le voy a entregar la cola a un hombre ya que es antinatural y doloroso, jamás probare su esperma, ya que es repugnante.

– Yo – Lo primero que quiero que sepas que esto es de a dos, ok? – Mónica – ¿Me lo juras? – Yo – Te lo prometo, además te aclaro, podría hacer lo que quiera una vez que estemos juntos, pero no me satisfacería, de que sirve que lo hagas por que a mi me gusta, le esencia del sexo es el poder y ello se obtiene en la unión de la pareja en todo sentido.

– Mónica – Ok.

– Yo – Bueno ahora envíame una foto, para conocerte.

– Mónica – no tengo ni idea, como se hace, pero en la semana te la hago enviar.

– Yo – Ok, la esperare.

Así siguió la charla, luego los e mail, llego su foto, era una mujer agradable, las charlas telefónicas eran diarias.

Hasta que combinamos un encuentro. Nos reuniríamos en Buenos Aires, cuatro días.

Al llegar es día, era un viernes, viaje a Baires, el transporte de ella llegaba a las 16 hs.. Ya habíamos hecho las reservas en un hotel.

Llegó, estaba muy bien vestida, se notaba una mujer formal, tal cual lo había imaginado. Tomamos un taxi y nos fuimos derecho al hotel. En el camino hablamos poco, se la notaba tensionada, o por la situación o por que no le hubiera gustado yo.

Entramos en la habitación, luego de registrarnos, ella comenzó a desempacar, – Mónica – Te traje algunas cosas, una botella de whisky de regalo, yo no tomo, aclaró, un vaso y dos copas. Traje un equipo de mate, tomamos? – Yo – Gracias. Yo si tomo whisky, un poco., dale tomemos mate.

Nos sentamos en la cama, charlamos, tomábamos mate nos distendimos.

– Yo – Sabes Mónica, me encanta que estés acá, eres muy linda.

– Mónica – Yo también estoy a gusto con vos, aunque asustada, pero con ganas.

Comenzamos a besarnos, mientras lo hacíamos trataba de percibir que tipo de mujer era ya que se la notaba nerviosa, titubeante. Decidí hacer un alto pues quería que al hacerlo estuviera con todos los sentidos puestos en su sexualidad y no en falsos pudores, esos como – ¿Qué pensara de mi? y todas esas cuestiones de educación que le imponen a las mujeres que lo único que hacen es castrarlas. Además la dejaría pensando, ¿por que no me hace el amor? si ya habíamos comenzado!.

– Yo – Voy al baño, ya vengo. Abrí la ducha, me di un baño, ¿Me servís un whisky? -le dije Entró al baño con la copa, solo tenia una toalla cubriéndose, – Bueno… que linda que sos..! le dije. Ella se metió en el duchador, sacándose la toalla, yo mientras me peinaba la observaba por el espejo, ella disimuladamente me provocaba, enjabonándose el cuerpo de una manera sensual. Tiene un muy buen cuerpo, sobresaliendo en el, sus pechos, grandes, rosados, con unos pezones bien marcados, luego los descubrí bien firmes y duros y con una sensibilidad nunca vista por mi en mujer alguna. Aunque soy adorador de todo el cuerpo femenino en especial de las colas, creo que sus tetas fueron las que me permitieron apoderarme de ella y gozar y hacerla desfallecer de placer.

Cuando cerró la ducha, tomé el toallón y comencé a secarla a medida que masajeaba su cuerpo notaba como se excitaba, la abracé y bese con pasión, nuestras lenguas entablaron una lucha de reconocimiento, nuestros ojos cerrados, nuestros sentidos puestos en el gozo infinito. Mientras nos besábamos mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo, al rozar con ellas sus pezones, dejo escapar un gemido, que no deje pasar desapercibido, al acariciar su espalda, sentía como se apretaba hacia mí, refregándose, lujuriosamente.

La lleve al cuarto, hicimos el amor por espacio de unas dos horas. No fue de una manera salvaje, fue solo un sexo de reconocimiento y ruptura de falsos pudores. Teníamos cuatro d&iacut

e;as. Le propuse salir a comer algo, caminar un poco, charlar, lo hicimos, aprovechamos para conocernos un poco mas y recordar nuestras charlas vía mail, Chat etc.

Al volver al hotel, comenzaría la mejor parte de esta historia, que quiero contarles con lujo de detalles, si es que a esta altura de mi relato aun siguen leyéndome, de solo recordarlo tengo una terrible erección, que no se como calmaré, pues estoy solo.

Entramos en la habitación, comencé a desenvolver algunos artículos que había llevado, velas, incienso, etc. Ella me miraba, sin decir palabra ya que sabia de mis inclinaciones esotéricas. Le pedí que se sacara la ropa de calle, vistiera con ropas insinuantes y pintara la cara de forma muy sensual.

Apague las luces del cuarto, encendí varias velas y el incienso, esto le daba a la habitación un aire místico.

– Mónica – Amor..! que lindo ambiente que creaste , será una noche inolvidable para los dos.

Le pedí servir unas copas de whisky, a lo que respondió yo no tomo eso, solo cerveza. – Dale acompáñame con un sorbo, es parte de la magia, le dije.

Estaba realmente muy deseable, de solo verla la lujuria me invadía, haría todo lo posible por contagiarla. Tomamos una copa, a lo cual ella dijo – Mmm… me voy a servir otra, es raro pero me gustó por primera vez,- – Yo – espera, yo te la sirvo, tome un trago de mi copa, sin tragarlo me acerque a ella y le di de beber, el beso ardiente, embebido de alcohol y saliva, nos produjo una excitación impresionante, recuerdo que al verla acostada, entregada a nuestra lujuria, me fascinó, como el artista, trataba de crear una obra solo guiándome por la libido, sin realizar actos preestablecidos.

Comencé a desnudarla, me reconozco fetichista de las prendas intimas de la mujer, solo la deje con su diminuta bombacha, que por delante tenia solo un triangulito de tela que tapaba su conchita, y por detrás también diminuta, se le metía dentro de las nalgas, excitándome mas, ya que gozaba de una hermosa cola. – Cuanta belleza..! Desperdiciada por tu esposo le comente.

– Mónica – Riéndose, Dios le da pan al que no tiene dientes.

Tome la botella de whisky y le derrame un poco sobre los pechos, comenzando a beberlo, ella se retorcía de placer, cuando le chupaba el pezón me apretaba la cabeza contra sus tetas para que no dejara de hacerlo, cuando me separaba un poco me decía, – Mira como las tengo, hace algo-, me concentre en ellas, ya no chupaba pues parecía enfriarse, a medida que mas le apretaba el pezón con mis labios mas gemía. Era como si esta mujer tuviera el clítoris en el pezón, pero para satisfacerlo, debía apretarlo casi lastimándola. Era una llave, mas le excitaba el pezón, mas cosas quería.

– Mónica – Sssss, no se que me pasa, estoy ardiendo..! quiero hacer cosas que nunca hice…haz lo que quieras Dani, por favor..

Esto me volvía loco de placer, una mujer que me gustaba y excitaba, una historia muy fuerte. Describir las posturas que hicimos seria interminable y no sé si seria exacto, pues en una situación así, me siento en contacto con una divinidad, en un estado alfa y no se tiene mucha conciencia real. A esta altura nuestro rendimiento ya era superlativo, llevábamos varias horas de sexo. Tengo la suerte de haberme entrenado vía Tántrica en el control de la eyaculación, sino seria imposible satisfacer a semejante mujer.

– Mónica – te voy a dar algo que nunca pensé entregar, – Yo – Shhhh, solo bésame..

Se dio vuelta, ofreciéndome su virginal colita, juro que casi tuve una eyaculacion, pero por suerte pude reprimirla, quería seguir gozando con ella.

Al apoyar mi pene en su ano, esgrimió un quejido, seria muy doloroso para ella, al primer intento de penetración, se bloqueo y contrajo sus músculos. Haciendo imposible que la pudiera poseer. Me acosté boca arriba, la hice ponerse sentada arriba mío, me decía que así era más doloroso, pero use mis mañas, comencé por una caricia a sus pezones, para convertirlos en pellizcos, eso solo la hacia acabar, mas le apretaba, mas se excitaba, mas se relajaba, sola se sentó sobre mi pene, teniéndolo con una mano, apuntando a su cola, lo fue introduciendo despacio, ahora no parecía una cola virgen, pues la excitación hizo que se dilatara hasta un punto sorprendente. Al sentir mi pene en su colita, se sintió poseída y liberada, lo galo

paba como una chica de 20 años, ¡ Que vitalidad…! así estuvo por espacio de media hora, el cansancio comenzó a apoderarse de mi, quería hacer un alto, para recuperar energías. Me propuse acabar. Pero debido a tanto mete y saca y a los pelos de su sexo, refregando mi pene en ellos, ya me dolía un poco, lo tenia ardiendo.

– Yo – Mónica, descansemos un rato amor..

– Mónica – ¿después si..

– Yo – Tenemos tiempo, es sábado recién, hace un día que estamos haciéndolo.

– Mónica – Bueno quédate quietito que yo quiero probarlo con mi boca – Yo – Después.

– Mónica – Un ratito sí? – Yo – Bueno Se bajo, comenzó a chuparme el pene, no sabia hacerlo bien, me raspaba mucho con sus dientes, debido a mi ardor, me producía dolor mas que placer. Tuve que frenarla y muy didácticamente enseñarle a hacerlo. Así estuvo por largo rato, yo ya no la estimulaba, solo prestaba mi pene erecto que aun no había descargado. Ya era hora… quería hacerlo en su boca, no se como reaccionaria, ya que le resultaba asqueroso.

– Yo – Amor… quiero acabarte, quiero que veas el fruto de tu pasión. Sácalo un poco de tu boca y comenzó a fregarlo. Al decirle esto comenzó una masturbación lenta, que podría hacerme acabar en 20 días. Estire mi mano hacia su pezón, comenzando a pellizcarlo, esto produjo un aceleramiento en su masturbación, – Yo – Amor, voy a terminar…Al decirle esto, ella sola oriento mi pene a su boca, siguiendo el ritmo de la masturbación. Mientras tanto yo, ya en el camino de la explosión, no solo pellizcaba su pezón, sino también introducía varios dedos en su conchita, a lo que ella respondía con un movimiento pelviano. Cuando eyaculé parecía interminable el semen, sorprendentemente ella no dejó escapar nada, ya que lo que se caía de su boca, lo juntaba y volvía a tragar.

Creen que terminó la noche…, ni la noche ni mi encuentro, faltaban mas de dos días aun. pero como temo aburrirlos la continuación será para los interesados vía mail, pues lo que sigue es muy fuerte.

Saludos

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Todo y Nada

Bajo el calor de una tarde noche cualquiera, trabajo, escritorio, ordenador, aburrimiento. Todo y nada comienza de esta manera, la creación de una nueva cuenta en badoo. Algunas horas más tarde de haber creado el perfil, un mensaje y un favorito. Ese perfil me pareció extraño, una muy guapa morena de pelo corto y dedo ordenando silencio. Su mensaje de perfil indicaba en su perfil “Busco grandes, busco grandes pies”

Para explicar por qué me pareció extraño el contacto, Metro ochenta, con algunas kilos de más, en la treintena y casado. Pero sobre todo un 46 de pie.

Al día siguiente un nuevo mensaje en mi cuenta, y para mi sorpresa no era ningún robot. Era Elena, así se llamaba esta guapa morena que deseaba unos pies grandes.

Intercambiamos algunos mensajes desde la aplicación y en poco tiempo tenía mi número de teléfono. Esa primera llamada era la primera en muchas cosas, sería mi primera aventura. De esta manera y con nervios en la voz, mantuvimos una conversación subida de tono. En la que ella me preguntaba porque había generado mi perfil, y si estaba dispuesto a tener sexo.

Por mi cabeza solo pasaba la idea de tener una autentica mamada, y literalmente le pregunte si le gustaba realizarlas. Me puso todo lujo de detalles, pero, no entendía mi pregunta. Le explique que a mi esposa no le gustaba realizarlas, y cada minuto que pasaba más deseaba poder conocerla y disfrutar de una boca en mi polla. Le pregunte si tenía alguna relación, y me confirmo que tenía novio. Pero necesitaba más, mucho más para quedar satisfecha. Era una autentica viciosa, y muy muy fetiche.

Algunos mensajes más, y comenzamos a cumplir los plazos que ella misma marcaba. En primer lugar quería cumpliéramos algunas cosas antes de vernos en persona. Sorprendido le pedí sus exigencias. La primera era que le entregara unos tenis usados, muy usados decía ella.

Hasta este momento yo no escondía nada a mi mujer, y tener que comprar nuevos tenis sin explicaciones e hizo difícil. Pero, quien no hace cosas así por tener un premio fuera del matrimonio.

Ese mismo día deje los tenis en el lugar acordado, y el tiempo corría en la espera de un nuevo mensaje suyo. “Estoy cachonda, el olor de tus tenis me pone muy cachonda”

Dios, pero que me estaba pasando, a continuación me pide fotos mías desnudo, quería ver mis pies en primer plano y en segundo que me tocara la polla. Sensaciones nuevas, pero sobre todo vergüenza y miedo. Para cumplir antes, le pedí fotos suyas. No se hizo esperar, esos pechos respingones, y un dedo esta vez dentro de su boca… Su dedo dentro de su coño rasurado y para terminar a gatas enseñando unas nalgas que volverían loco a cualquiera. ¿Cuánto más tendría que pasar hasta conocerla?

Ella tenía un apartamento donde realizaba los encuentros, un ligar pequeño y que además escondía a su pareja para el placer de otros.

Esa tarde Salí a correr, de camino en el coche, recibí una nueva llamada suya, con la voz entrecortada. Me reconoció que se estaba tocando mientras se escondía en algunas consultas vacías de su trabajo. Tuve que parar el coche antes de llegar al lugar, y busque algún sitio donde no me vieran desde los adosados cercanos.

Me pidió le dijera que hacía y como estaba, y puedo asegurar que con una mezcla de nervios y placer, estaba muy muy cachondo. Intente pactar con ella bajar a su trabajo pero no fue posible. Quería follarla, pero ella no cedió. Me baje mi ropa de deporte, y comencé a tocarme mientras escuchaba sus gemidos al teléfono.

Elena, se estaba follando a si misma con sus pies, me pedía le dijera que lo hiciera, “quiero que te folles con tu pie, chúpalo como si fuera mi polla” ¿Te gustaría estar chupándomela ahora mismo? Entre suspiros me decía que me tocara la polla, y los huevos. Que le encantaría hacerlo. Aquella situación pudo durar aproximadamente unos 10 minutos, mis tocamientos, y sus gemidos en manos libres consiguieron que ella se corriera y sacara fotos de sus fluidos. Yo me corrí de manera exagerada, el placer acumulado genero mucha mucha leche. Terminamos esa llamada y continué el plan. Ir a correr, mi cabeza pensaba en ella, las sensaciones vividas, pero tenía miedo a los errores cometidos.

Llegue al coche, y como comenzaba esta historia Todo y Nada

“Mi conciencia no me permite continuar con esto”

Si quieren contactarme…

Un saludo desde Tenerife

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Desde el balcón

Como cada año, la convención anual médica se celebraba nuevamente. Era un medio excelente para mantenerse actualizado sobre los adelantos y descubrimientos en la mayoría de los campos de la medicina, y una muy buena oportunidad para relacionarse y obtener contactos, tanto entre los médicos presentes como con las compañías farmacéuticas que la patrocinaban.

Por si fuera poco, esta vez había sido organizada en el destino turístico más importante del país, con las playas más bellas, el sabroso clima tropical y cientos de lugares para la diversión nocturna.

Yo vine solo. Tenía planeado asistir a algunas conferencias, pero también quería descansar y disfrutar lo más posible del sol y la arena. Así que después de dos días en el amplio y atestado centro de convenciones, decidí que era el momento de relajarme y olvidarme de mis responsabilidades profesionales.

La habitación del hotel donde me hospedo está en el piso 15 y tiene un balcón con una vista impresionante hacia el mar azul y casi la totalidad de la bahía. Hoy he decidido no asistir a ninguna conferencia. He pedido un suculento desayuno en mi habitación y planeo disfrutar de la vista mientras amortiguo el calor con media docena de cervezas heladas y hago tiempo para que baje un poco el sol y salir a nadar un rato

Así que desayuno y me tumbo satisfecho en el balcón. Enciendo un cigarrillo y me lleno de azul los ojos. Pasa una hora o algo así y ya acalorado me quito la playera y el short, quedándome en calzoncillos. No creo que nadie pueda verme desde los balcones del hotel vecino, y si me vieran, pues tampoco estoy desnudo, además de que aquí es muy común ver gente con poca ropa.

Como siempre sucede, el idílico momento se rompe cuando mi celular empieza a timbrar. Lo busco por toda la habitación, porque no recuerdo donde lo dejé la noche anterior. Abro cajones, closet y cuando finalmente lo encuentro ha dejado de sonar. El número en la pantalla me indica que la llamada era de mi consultorio y como no quiero que me molesten, mejor apago el aparato. En la búsqueda del celular, me llamó la atención un pequeño maletín de cuero negro que encontré en el fondo del clóset de la habitación. Lo abro con curiosidad y resultan ser unos binoculares, al parecer de muy buena calidad y largo alcance, que de seguro habían sido olvidados por el huésped anterior. Decidí llamar a recepción para devolverlos, pero antes de hacerlo quise probarlos, así que salí al balcón nuevamente y me senté con ellos en la mano.

Pronto ajusté la visión y la playa, con sus pequeños y diminutos paseantes se volvió enorme y sentí que estaba apenas a un metro de los bañistas. En pocos minutos descubrí lo maravilloso que era el aparato. Empecé a hacer acercamientos que en persona sería imposible hacer. Los hermosos senos de una adolescente parecían salirse de su bañador justo frente a mis ojos, un par de bamboleantes nalgas llenaron mis pupilas, y fiel a mis gustos ambivalentes también pude disfrutar de un par de musculosas y velludas piernas y la protuberancia húmeda y sugestiva que mostraba la entrepierna de un atlético y bronceado salvavidas.

Me faltaban ojos para poder mirarlo todo. Por primera vez me di cuenta de lo mucho que disfrutaba viendo sin ser visto. Era como una perversión recién descubierta, y la carne desnuda y desprevenida de toda aquella gente me hicieron sentirme tan excitado y cachondo como nunca. Me demoré enfocando el trasero de un adolescente que tirado boca abajo en su toalla se dejaba tostar por el sol. Sus preciosas nalgas, apenas cubiertas por un breve traje de baño amarillo hicieron arder mi sangre. Cuando se volteó boca arriba para untarse de aceite el pecho lampiño y las rosadas tetillas mi verga se hinchó bajo mis calzoncillos. Me manosee un poco el miembro mientras enfocaba los binoculares sobre el vientre del chico y el caminito de vellos rubios que bajaban desde su ombligo hasta perderse bajo la reveladora y transparente tela de su bañador, que apenas si alcanzaba a cubrir su miembro lánguido y su par de huevitos, que imagine húmedos de sudor y sal.

Respiré a fondo, tratando de mantener a raya el deseo que empezaba a consumirme y un destello brillante

me llamó la atención. En algún balcón del hotel de al lado algo o alguien había generado el brillo. No se me había ocurrido hasta entonces enfocar los binoculares hacia el hotel vecino, así que lo hice ahora. La mayoría de los balcones estaban vacíos, y en algunos, las familias o parejas disfrutaban del sol igual que yo. Pronto descubrí el origen del destello luminoso. Se trataba del vaso que alguien se llevaba a la boca, de forma que el sol destellaba contra el cristal. Ajusté los binoculares para darles más definición y alcance a ver que se trataba de un hombre solo, que recostado y casi desnudo estaba tomando sol. No podía ver su cara. El sol iluminaba todo su cuerpo, pero la cabeza quedaba en una oscura sombra. Su cuerpo era armónico y bello. Nada de músculos espectaculares, pero en conjunto un cuerpo firme y en buena forma. Recorrí despacio sus piernas bronceadas hasta llegar a la pelvis, cubierta apenas por la punta de una toalla blanca que le cubría los genitales. Su abdomen plano, ligeramente marcado, daba paso a unos pectorales definidos y un par de pezones oscuros y anchos que desee poder lamer despacio hasta hacerlos endurecer. Mi erección definitivamente no disminuyó, y por el contrario, pareció endurecerse más todavía con la vista de aquel hermoso ejemplar masculino.

Comencé a descender de nuevo por aquel cuerpo dorado cubierto de aceite y como si el cielo hubiera oído mis oraciones, el tipo del balcón dejó el vaso en el piso y se secó la mano húmeda con la toalla blanca que lo cubría, descubriendo momentáneamente la única parte de su anatomía que no había podido ver todavía. Me quedé sin aliento. Su pene, moreno y también cubierto de aceite descansaba sobre la mullida cama de un par de gordos y peludos huevos. Su glande relucía, ancho y suave, y la verga debería de tener una semierección, porque se notaba gruesa y pesada colgando hacia uno de sus costados.

Un deseo más se formó en mi mente. Daría cualquier cosa por ver a este tipo masturbándose, sobándose su lustrosa verga con una mano para que yo pudiera disfrutarlo. Por supuesto, ajeno a mis deseos, volvió a cubrirse con la punta de la toalla, y sólo la maraña negra de los pelos de su pubis asomaba bajo la tela. Ya no miré más hacia la playa, me concentré única y exclusivamente en aquel hombre y el bello órgano que ocultaba entre las piernas. Me intrigaba su rostro, que no podía mirar, y en mi imaginación, lo doté con una hermosa cara a juego con su linda verga y su cuerpo esbelto y sensual.

Mis calzoncillos ahora estaban estirados al máximo y con duras penas lograban contener mi creciente erección. Dejé escapar la punta de mi pene sobre el elástico y me acaricié el glande con un dedo sin dejar de observar al hombre del balcón. Como algo sobrenatural, vi que el tipo retiraba la toalla solo un poquito, dejando asomar el glande, y hacía exactamente lo mismo que estaba haciendo yo, y con un solo dedo se acariciaba la punta brillante y roma de su pene, ligeramente más gordo bajo la tela que lo cubría. Que coincidencia, pensé, y la calentura subió algunos grados más en mi cuerpo.

Ambos, acariciamos nuestros respectivos glandes y nuestras vergas se hincharon más todavía. La mía ya estaba a todo lo que daba, y la de él, parecía continuar creciendo bajo la tela. Sin pensarlo, dejé de acariciar el glande y me apreté el tronco completo sobre la tela de mis calzoncillos. Como en un espejo, el tipo del balcón se apretó el tronco del pene sobre la toalla blanca que lo cubría. No puede ser, pensé, de alguna forma estamos conectados. Como prueba, deslicé mis calzoncillos hacia abajo, dejando que mi verga asomara totalmente fuera en su gloriosa erección. El tipo del balcón alejó la toalla como respuesta, y su verga, ahora si majestuosamente erecta, se mostró ante mis ojos voraces que la acariciaban igual que el sol. Increíble, deduje, y como última prueba, bajé la mano y acuné mis huevos en ella, apretándolos suavemente, haciéndolos hincharse y revelarse bajo el apretón acariciante de mis dedos. En el balcón vecino, el tipo acunó sus peludas bolas de idéntica manera y supe que aquello ya no era ninguna coincidencia, y por supuesto ningún milagro.

El tipo debió de imaginar que por fin había descubierto su broma y me sentí abochornado de mi e

stupidez. La mano izquierda del tipo salió entonces de entre la sombra, permitiéndome observar que él también contaba con un buen par de binoculares, y que llevaba observándome el mismo tiempo que yo a él.

De cualquier forma, la escena no dejaba de ser excitante. Por el contrario, ahora se añadía un nuevo factor que aceleró mi sangre, ya de por sí bastante alterada. Yo también era observado. Alguien que no conocía disfrutaba y se excitaba de ver mi verga erecta y mi cuerpo desnudo. Ahora el juego era otro y me lancé de lleno en él.

Me puse de pie y me quité los calzoncillos. Totalmente desnudo, con mi verga erecta apuntando hacia arriba me di vueltas lentamente, dando tiempo a que el tipo pudiera verme bien, de frente, de costado, de espaldas. Después de unos minutos, tomé los binoculares y lo enfoqué. El tipo del balcón se puso también de pie y lo vi desnudo y hermoso de cuerpo entero. Su cara seguía estando en las sombras, y eso me desesperaba, pero no había forma de hacerle entender eso, y me conformé con disfrutar de su pene erguido y la hermosa forma en que sus huevos colgaban debajo de él. Al darse la vuelta descubrí su magnífico trasero, firme y marcado, rematando de forma gloriosa un par de finos muslos y una esbelta espalda.

Cuando terminó de girar, se acostó de nuevo, pero esta vez, boca abajo. No perdí detalle de sus movimientos, y excitado comprobé que se movía como si se estuviera cogiendo a alguien. Su cadera subía y bajaba sobre el imaginario amante y la forma en que su culo se mostraba y se ocultaba en el vaivén logró excitarme más todavía. Después abrió las piernas totalmente, dejándome observar la maravillosa vista de sus testículos aplastándose sobre el camastro y como si no fuera suficiente, sus manos viajaron hacia atrás, hasta tocar sus propias nalgas y de una forma obscena y despreocupada las separó, mostrándome su agujero secreto y húmedo sin ninguna inhibición. Casi tengo un orgasmo allí mismo. Estaba en el límite, y él parecía saberlo, porque se detuvo y dándose vuelta tomó los binoculares. Era mi turno.

Intenté hacer los mismos movimientos que había hecho él. Me acosté boca abajo y simulé una cogida. Mi pene se restregaba ansioso contra la áspera tela del camastro y estuve a punto de venirme, pero me contuve. Cuando llegó el momento de abrirme las nalgas y exponer mi ano a su mirada, me sentí excitado como nunca antes me había sentido. Sé que tengo un buen culo, me lo han dicho los amantes masculinos que he tenido, que no son muchos, pero sí suficientes. Consciente de esto, me acaricié las nalgas con mis manos calientes y sudorosas. Me abrí para él, dejando que viera con detalle mi agujero rosado y el vello fino y castaño que baja por entre la raja de mis nalgas y lo rodea completamente. Imaginé que el tipo se masturbaba mientras me miraba y me sentí perverso, pero la lejanía del balcón hacía que me sintiera seguro y de alguna forma me sentía libre para hacer cosas que antes no me había atrevido a intentar.

Cuando terminé de mostrarme me enderecé, sentándome mientras tomaba los binoculares. El tipo del balcón, tal como había imaginado, se masturbaba de forma lánguida. Su verga estaba hinchada y dura, y el glande asomaba entre sus dedos mientras la mano subía y bajaba por su engrasado tronco.

Mientras tenía enfocada su verga y la mano con que la acariciaba, el tipo del balcón soltó la verga y me mostró cuatro dedos, cerró la mano en un puño y ahora me mostró tres dedos, volvió a cerrar, y cuatro de nuevo. No entendí lo que quería, hasta que junto a su verga apareció un pequeño celular. Quería que lo llamara por teléfono y me estaba indicando el número. Memoricé la secuencia, tratando de decidir si era prudente llamarle o mejor no hacerlo. Me ganó la calentura y tomé mi propio celular para marcarle.

El timbré sonó una sola vez y una voz profunda y masculina me atendió.

– No quiero nombres, ni datos personales – fueron sus primeras palabras.

– De acuerdo, – acepté.

– Quiero que sostengas tu celular con una mano y con la otra hagas lo que yo te diga – continuó.

– Sí, pero no …. – empecé a decirle.

– Nada, no quiero explicaciones, sólo obed&e

acute;ceme y cállate.

Ya no contesté, sólo asentí con la cabeza y él debió verme desde su balcón, porque dijo:

– Así me gusta. Ponte de pie, y date la vuelta. Quiero ver ese hermoso trasero blanco que tienes.

Me puse de pie nuevamente sin soltar el celular. Si alguien más podía verme no me importaba, solo quería complacer al sujeto del balcón.

– Brinca un poco – me ordenó – quiero ver como se agitan esas nalgas.

Salté. Pensé que tal vez eso era algo estúpido, pero tampoco me importó. Mis nalgas bailaron con el movimiento, lo mismo que mi verga dura y mis huevos. Los sostuve con la mano libre mientras continuaba dando pequeños saltos.

– Ahora quiero que te empines sobre el camastro y subas bien la cola para echarle un buen vistazo.

Me puse de rodillas y bajé la cabeza hasta recostarla, dejando la grupa arriba. Mis nalgas se abrieron con el movimiento, dejando asomar un poco de mis testículos aprisionados entre los muslos.

– Qué rico par de huevos aparecen por allí. Con gusto te los mordería y lamería, papacito. Abre las nalgas, quiero ver con todo detalle tu agujero peludo.

Obedecí, separando más las piernas y con la mano libre, jalé la nalga derecha para que pudiera ver mi ano.

– Ahora quiero que mojes tus dedos con saliva y te acaricies el hoyo para mí.

Lo hice. Lamí mis dedos y los llevé hasta mi culo, acariciando el borde rosado frente a su mirada.

– Métetelos dentro – susurró sensualmente en mi oído – siéntelos entrar en tu culo caliente.

Me los metí. Ya lo había hecho antes, pero nunca había sentido como ahora, cuando sabía que lo hacía para alguien más y porque me lo habían ordenado. Mi conducta servil me tenía sorprendido.

– Se nota que te encanta que te piquen el hoyo, papacito. Sé que ansías algo más grande y gordo. Mete otro par de dedos – ordenó.

Me metí un dedo más, y luego otro. Tres de mis dedos entraban y salían de mi culo ahora.

– Esto me está poniendo muy caliente – confesó – quiero que te metas algo más grande. Tienes algún consolador?

– No – contesté en un breve murmullo.

– Busca algo entonces – dijo en forma autoritaria.

Empecé a retirar mis dedos, y el teléfono tronó:

– No te di permiso para sacarte los dedos del culo. Ponte de pie y busca algo, pero no te saques los dedos del culo. Te estaré vigilando.

Sabía que dentro de la habitación no podría verme, pero inexplicablemente no desobedecí. Con lo incómodo que pueda parecer, entré en la habitación, sosteniendo el celular con un hombro y caminando con los dedos de la mano metidos en el culo. En el baño lo mas parecido a un consolador que encontré fue el tubo de crema de afeitar, que era largo y cilíndrico, así que sin pensarlo mas lo tomé y salí al balcón nuevamente.

– Ya veo, puto goloso, – dijo al teléfono en cuanto aparecí de nuevo en el balcón – te conseguiste el frasco más largo y grande que encontraste. Bien. Mójalo con tu saliva y lentamente métetelo en el ano. Hazlo despacio. Quiero que imagines que es mi verga dura penetrándote.

Lo hice. Mojé el frasco con saliva y lo acerqué a mi culo. Me lo empecé a meter. Jamás había hecho una cosa así. Sentí que era algo degradante, pero lo estaba disfrutando y no me quise detener. La base del frasco presionaba mi esfínter, me lastimaba, y no lograba meterlo.

– Qué pasa?, cariño, tu culito está muy apretado?

– Sí – contesté casi en un murmullo.

– Pues reviéntate el culo – me gritó en el oído – no me vengas con esas. Sé que te han metido cosas mas gruesas y más largas. Se te nota a leguas que te encanta la verga y que estás acostumbrado a recibir eso y más por el culo. Déjate de tonterías y métetelo hasta el fondo – ordenó.

Sus palabras me hicieron brincar, no sé por qué, y sin vacilaciones me metí de lleno el tubo de crema hasta la mitad. El dolor momentáneo y sorpresivo tuvo un efecto inmediato en mi pene, y sentí que podía venirme en cualquier momento.

– Así, papacito, – dijo cariñoso nuevamente – así es como me gusta, date por el culo, s

iente el fierro abrirte las nalgas, piensa que es mi verga, caliente y cabezona traspasando tu ano, rosado y abierto para mí.

El teléfono quedó sobre el camastro y me oreja pegado a él, mientras con una mano me metía y sacaba el tubo en el culo y con la otra empecé a masturbarme frenéticamente.

– Eso, así es, sigue, continua, – dijo jadeante – quiero verte mientras te vienes, quiero ver tu culo abierto y traspasado, quiero verte venir! – gritó en un espasmo que reconocí de placer -. Me estoy viniendo! – me informó.

Eso disparó mi propio orgasmo y el placer contrajo mi esfínter y eso incrementó el placer y entré en una espiral sin fin que me llevó hasta lugares y sensaciones tan fuertes y claras como el implacable sol que iluminaba el día.

Los jadeos al otro lado de la línea sonaban tan satisfechos como los míos y desmadejado y laxo dejé que pasaran unos segundos para poder recobrar las fuerzas necesarias para levantarme. Cuando lo hice, tomé los binoculares inmediatamente. Quería verlo, quería constatar que él había gozado tanto como yo. Quería ver su cuerpo desnudo y satisfecho después del placer.

Pero el balcón estaba vacío.

– Dónde estás? – le pregunté al teléfono.

– Dentro de mi habitación – me contestó con aquella voz profunda y rica.

– Sal un momento – le pedí tímidamente – déjame verte.

– Para qué?, no tiene ningún caso.

– Por favor, – le rogué – sólo quiero ver tu cara. Me muero por ver tu cara.

– Ya la verá usted, doctor – me dijo – le prometo que la verá muy pronto.

Y colgó.

Mil ideas pasaron por mi atropellada mente. Sabía que yo era un doctor. Debería de ser uno de los asistentes a la convención. Sabría mi nombre también?, me conocería desde antes?. Me sentí lleno de angustia. No es que me importe mucho que la gente sepa o no sepa sobre mi sexualidad, pero tampoco me interesa mezclar mi vida profesional con estas cosas. La duda me mataba.

Y me sigue matando, porque han pasado ya tres semanas desde aquel viaje y no he podido descubrir la misteriosa identidad del tipo del balcón. No hay día que no repase de arriba a bajo a cuanto doctor amigo, conocido o desconocido se topa conmigo en el hospital. Trato de imaginar si ese cuerpo bajo la bata blanca será el de él, si la voz de cualquier hombre al teléfono pudiese ser la suya, y aún tengo la esperanza de que cualquier día de éstos, en el momento más inesperado, desde algún balcón me llamará.

Si te gustó, házmelo saber.

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Me gusta el morbo

Me sorprende a mí mismo que escriba esto, la verdad es que no sé muy bien lo que busco. Quizá solamente que alguien me diga que no es tan rara mi forma de ver las cosas, o que alguien me cuente que realmente son esas sus fantasías y que nunca se ha atrevido a hacerlo como lo he hecho yo.

Bueno, no sé, quizá solo es que hoy ando un poco caliente y aburrido.

Bien, me presentaré. Tengo 34 años, soy moreno con ojos verdes, y para no aburrir a nadie con mis descripciones físicas, sólo diré que me considero más o menos normal y que las chicas que he conocido a lo largo de mi vida, siempre han pensado que no estoy mal.

Esta historia que voy a contar por supuesto es real, me aburre el cybersexo, e intentaré ser lo más fiel posible a los acontecimientos.

Todo comenzó ya hace años, cuando empecé a utilizar internet. Pronto descubrí los chats de sexo y de alguna manera, me he hecho asiduo en ellos. He tenido bastantes veces sexo telefónico, es algo que me excita mucho. Al final el chat es demasiado frío y sobre todo no sabes realmente con quién estás hablando.

El teléfono es otra cosa. Normalmente empezamos contándonos nuestras fantasías, lo que nos gustaría hacer, lo que hacemos o hemos hecho con nuestras parejas, poco a poco la conversación se va calentando y empezamos a masturbarnos. Me gusta saber cuando ella va a llegar al orgasmo, normalmente le pido que me haga una indicación, llegar juntos es el culmen de la conversación. A veces, me gusta dirigir los actos de la chica con la que estoy hablado, le voy indicando lo que quiero que haga y ella me describiendo cómo lo hace y qué es lo que siente. Oír la voz temblorosa de una mujer mientras se excita, sentir sus gemidos, cómo se estremece su cuerpo con cada palabra, sus gritos cuando llega al orgasmo. ummmmm, no puedo evitarlo, siempre que he encontrado a alguna chica dispuesta no he dudado en hacerlo.

Algunas conversaciones han sido memorables. Recuerdo, por ejemplo, la vez que conversé con una pareja. Los dos follaban imaginado un trío, mientras yo, al otro lado del teléfono, me masturbaba. Otra vez lo hice con dos chicas a la vez, mi gran fantasía cumplida, ellas tenían un manos libres y les iba contando cómo me gustaría hacérselo a las dos. Los tres, entre grandes gritos y gemidos, llegamos a la vez, fue un orgasmo que aún recuerdo.

Si bien, como digo, he tenido bastantes experiencias telefónicas, casi nunca he repetido con la misma chica. Tengo miedo a la hora de volver a llamar, siempre pienso que es posible que ella no esté dispuesta y se provoque una situación embarazosa o que, simplemente, el teléfono al que llamé no era el suyo. Sólo con una chica lo hice durante algún tiempo.

Fue ella, tras la primera llamada, la que dijo que quería que la volviese a llamar. Me dio las horas idóneas y me le pidió con tanta insistencia que no pude negarme a ello. Tuvimos bastantes conversaciones, alguna bastante morbosas.

Recuerdo una vez que cuando la llamé estaba en el autobús. Al decirme que no podíamos hacer nada, que esta en el autobús, empezamos a hablar amigablemente. La conversación empezó a subir de tono, aunque ella no podía hablar abiertamente por que la gente de su alrededor la podía oír. Digamos que sus mensajes eran cifrados y que yo los tenía que interpretar. En un momento dado, me dijo que no iba a salir porque tenía mojada la ropa, yo lo comprendí inmediatamente. Le pregunté que si había algún sitio en el autobús donde pudiera estas más o menos separada del resto de los viajeros. Ella me contestó que se iba a sentar al final porque así me podría ver cuando llegase a mi casa. Mediante frases crípticas me siguió indicando cómo se estaba acariciando y cómo se había metido la mano bajo la falda. Cuando ella estaba apunto de llegar, la palabra clave cuando esto ocurría era pronunciar su nombre, no me pude aguantar y empecé a chillar como un loco mientras me corría. Tras el auricular pude oír una especie de gemidos entrecortados que sin duda correspondían a su orgasmo.

Cuando volví a llamarla al día siguiente, me contó que mis gritos fueron tan fuertes que habían alentado a algunos viajeros que había cerca de ella y que, en ese momento, tuvo que agachar la cabeza para esconderla tras el asiento delantero porque ella también empezó a correrse.

Esta experiencia nos excitó tanto que no paramos de masturbarnos pensando en ella durante días. Y poco a poco, nuestras experiencias comenzaron a ser más atrevidas.

Yo solía llamar sobre las 7 de la tarde y al principio casi siempre la pillaba en casa. A partir de aquel día, curiosamente, rara era la vez que esto ocurría. Muchas veces la pillaba en el coche, camino a casa, según decía, y terminaba aparcando, siguiendo mis indicaciones, en alguna calle o aparcamiento y masturbándose como loca mientras hablaba conmigo. Estoy seguro de que era real que esta en estos sitios porque a través del teléfono se oían ruido que así lo mostraban.

Desde aquel momento los juegos empezaron, cada vez, a ser más arriesgados, y aunque la pillase en casa, siempre se nos ocurría algo que hacía que la situación nos aumentase la calentura. Por ejemplo, una vez se nos ocurrió salir a la terraza. Cada uno en su casa, tras un rato de conversación y estar inmensamente calientes, nos sale a la terraza. Los dos nos apoyamos en la barandilla del balcón se podía oír el tráfico a través del teléfono, y empezamos a masturbarnos. Yo me desabroché los pantalones y me saqué la polla, y aunque mi terraza tiene una especie de mamparas que ocultaban parcialmente mi acción desde la calle, desde cualquiera de las otras terrazas se me podía ver perfectamente. A parte de la gente que pasaba por la calle, vivo en un 2º piso, que podía observar mis movimientos y mi cara de satisfacción. Ella, según me contó, salió a la terraza con una falda y sin nada debajo, sabía que el solo imaginar esa situación me excitaba sobremanera, y se masturbaba mientas me contaba lo que ocurría en la calle. Cuando se puso a gritar ¡FÓLLAME JAVI!, ¡FÓLLAME JAVI! .Gritaba de tal manera que estoy seguro de que lo oyeron todos los vecinos, eso la excitaba.

Aunque todas fueron muy morbosas, y podría estar horas contando historias, la que con más excitación recuerdo es al que ella llamó “su regalo de cumpleaños”. Varios días antes habíamos estado hablando y me pidió que ese día, a esa hora, la volviese a llamar. Cuando abrió el móvil, por sus movimientos en la voz, deduje que iba caminando, como así me dijo, y me hizo una detallada descripción de su vestimenta.

– Voy vestida como una verdadera puta- le encantaba hablar así. Su voz era casi un susurro, imaginé que para que nadie la oyese.- Llevo una camiseta que me marca las tetas y se ven mis pezones erectos, ummmmm.

estoy caliente, unos zapatos con un tacón altísimo y una falda muy corta, casi se me ve el culo y..!adivina qué llevo debajo!

– NADA.

– Exactamente, NADA.- sabía que era una de mis fantasías, una chica por la calle sin nada debajo.

Me explicó que ese día iba a ser todo muy diferente, y que iba hacia un pub en el que había quedado con su novio, era su cumpleaños, y tenía un regalo muy especial para él y para mí.

Me dijo que había llegado al pub y se había sentado en un taburete alto, junto a una mesa, me fue contando cómo algunos chicos observaban sus piernas cruzadas y me describía sus miradas de deseo. Yo estaba excitadísimo, le dije que iba a empezar a masturbarme ante que su novio llegase, pero me dijo que esperara.

Empecé a jugar con ella:

– Quiero que te abras de piernas y que se pueda ver tu coño, no hace falta que haya nadie delante, elige una posición y ábrete de piernas durante al menos dos minutos. Yo te digo cuando las debes cerrar.

Seguimos con juegos parecidos hasta que me dijo que veía a su novio entrar en el pub. Le dije que colgaba, que ya me contaría, pero ella me contó de forma rápida su plan. Iba a poner el manos libres y guardaría el teléfono en su bolso, tenía agujeros y se escucharía la conversación. Yo lo único que tenía que hacer era oír y no hacer ningún ruido.

Aunque en el pub había música y se escuchaba un cierto ruido de fondo, pude más o menos seguir la conversación. La oía sobre todo a ella, había colocado, según me contó después

, su bolso cerca y se encargaba de repetir todo lo que estaba haciendo.

– Te gustas cómo vengo vestida?.Te voy a hacer un regalo muy especial. Méteme la mano entre las piernas. Espera, yo te beso, me acerco a ti y me tocas.

– Me ha encantado la cara de sorpresa que has puesto. mmmm. Me estoy poniendo caliente. ¡Vamos a aquellos sillones!.- En ese momento debió aprovechar para colocar su bolso entre los dos.

– Ahhh. ¿A que estoy empapada?, me estoy poniendo a 10000. y tú tampoco vas mal, te estoy tocando la polla por encima del pantalón y la tienes durísima..

La verdad es que a su novio le debía resultar un poco extraña su forma de hablar, normalmente, cuando estás con alguien en la intimidad no te dedicas a repetir todo lo que haces o te están haciendo. Él, lo debió considerar un juego porque enseguida empezó, de la misma manera, a relatar lo que estaba haciendo.

– Bájame la cremallera y méteme la mano dentro..

– No, no me lo puedes decir al oído, todo lo que me digas tiene que ser en voz alta. Que se pueda oír bien.

– ¡Nos van a escuchar! . Hay gente en la barra.

– Eso es lo bueno. En voz alta o no seguimos..

– Quiero que me la chupes.

– ¿Qué?, no te he oído bien..

– Estás loca. ¡Quiero que me la chupes!

– Vale. Ponte un poco de espaldas a la barra, te voy a sacar la polla y me la voy a meter en la boca, te voy a lamer de arriba a bajo y luego me la voy a meter hasta el fondo de mi garganta.

– Ahhhhh. Se están mosqueando. Hay un tío en la barra que nos está mirando.

– Méteme un dedito.

– . Me estas volviendo loco.

– ¿Quieres que lo hagamos en el servicio?

– ¿Aquí?, ¿estás loca?

– Sé que es una de tus fantasías, ese es mi regalo de cumpleaños. Nos vamos al servicio de tías, yo entro sola. Cuando no halla nadie salgo a por ti. Nos metemos en un de los báteres y me follas hasta que te hartes.

La conversación se interrumpió, oí una especie de movimientos, puertas que se abrían y cerraban, voces de chicas en el fondo y por fin:

– Vamos al tercero, es el que está mejor..

Ahora la música de fondo apenas se oía y la conversación era mucho más nítida.

– Me voy a sentar en el water y te la chupo. ummmm. la tienes durísima.

– Ummmmmmm. Me gusta cuando me tiras contra la pared como un salvaje, así, así,.. Tócame las tetas mientas me das con la polla en el culo..

– Quiero que me chupes tú a mí, me siento en la cisterna y me lo comes.. Cómeme las tetas, sabes que me encanta..

La verdad es que aquello parecía un partido la retransmisión de un partido de fútbol, pero los gemidos y el imaginarme la situación me habían puesto tan excitado que ya iba por mi segunda paja.

– Quiero que me folles!, ¡FÓLLAME!.

– ¡No chilles, nos van a oír!, hay gente fuera.- de vez en cuando se oía una puerta abrirse y las voces de algunas chicas en el fondo.

– ¿Cómo quieres hacerlo?, por detrás, ¿verdad?.. Me apoyo en la cisterna, me abro de piernas y la clavas mientras me sobas las tetas.

– ¡Habla más bajo!, nos van a oír..

– – AAAAHHHHHHHHH.. ¡vamos, fóllame!, ¡fóllame!, así, así,.ahhhhhh, sigue, sigue. Espera, n o te corras. quiero que terminemos yo encima de ti. Siéntate en el water y yo me monto encima de ti, quiero verte la cara cuando te corras..

Seguí oyendo gemidos y todo terminó con un gran grito de ella que se cortó bruscamente. Al día siguiente me contó que su novio le tapó la boca justo al llegar al orgasmo por que estaba gritando de tal manera que estaba alertando a toda la gente del pub.

– ¿Te ha gustado mi regalo?

– Ufffff.. Me ha encantado. Me he corrido como un salvaje. Te quiero.

En ese momento decidí, exhausto tras mi segunda corrida, cortar la conversación.

No sé si alguien habrá sido capaz de seguir el relato hasta aquí, siempre he pensado que esto no lo lee nadie, pero si es así habrá una pregunta que todo el mundo se haga:

¿Nos llegamos a conocer alguna vez?

Bueno, eso ya es otra historia que si la gente me anima, algún día me decidiré a contar.

UMMMMMMMMMM….. cuéntame, ¿he conseguido por lo menos excitarte?

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Mi Ciberamiga. Primera parte.

Los chats entraron en mi vida por pura casualidad, realmente no necesitaba conocer a desconocidos por internet, pero la versión anónima de mi persona hacía que pudiera entablar conversaciones de cualquier índole con todo tipo de gente, sin que mi identidad se viera comprometida. Inhibirme por completo molaba. Hablar de racismo con nazis, dar lecciones de civismo a un machista, debatir de política… y por supuesto, desatar todo lo relacionado con el sexo con alguna amiga eventual.

Siempre era el mismo modus operandi, al ser popular en el chat, las chicas me abren privado movidas por su curiosidad, de ahí al Messenger (Skype en la actualidad, mi historia es real y tiene algún tiempo) en el Messenger, tras un rato de charla,  me piden que conectemos la cam  y …. Al principio se muestran nerviosas, dicen piropos inconexos…te cuentan su vida, la mayoría son separadas o entradas en edad (muchas de ellas bastante potentes, gym, silicona, buenorras maduritas), no pasa mucho tiempo hasta que hablan abiertamente de sexo, la mayoría de las veces las noto animadas por una copa de vino o un par de cubatas que se hacen en su habitación. Y luego tantean el terreno para ver como reacciono, siempre con risitas de por medio, me piden entre bromas que les haga un baile sexy, me preguntan que cuanto me mide, que si tengo mucho éxito con las chicas etc. Quieren correrse, así de claro,  lo desean. En ocasiones, cuando la cosa ya esta claramente caliente, les enseño el slip recién quitado, bajo la cam y estiro la camiseta para ocultar mi rabo, que por supuesto está erecto. Otra cosa que las vuelve locas es lo bien que me sientan los bóxer cuando estoy empalmado. Una vez babean, ya las tengo a mi merced, locas por acostar al niño de turno y encerrarse en su habitación para pajearse conmigo. Les pido que se pongan lencería y se vistan como una zorra. Que jueguen con aparatitos sexuales y cosas asi. Les doy  su recompensa por haber sido obedientes y les dejo ver poco a poco mi polla de 21 cm, acerco la cámara para que la deseen y la acaricio muy despacio, con un poco de aceite corporal, puedo oírlas gemir de placer, penetrarse con un consolador y acabar la faena con un squirt de infarto.

Una de tantas experiencias  me pasó en el 2006. Verónica, una de mis aventajadas amigas, me llamó al móvil a las 4 de la madrugada. Yo estaba en el chat de Terra hablando con unos amigos. Si me llama a estas horas es que quiere guerra, pensé. Le pillé la llamada:

Yo:  Mira que eres cabrona

Vero:  Holaaaaaaaaa loco

Yo: Veroooo jodia son las 4, espero que tu llamada valga la pena jajaja, ¿como estas?

Vero: Llegando a casa nene, tengo una mierda encima que no veas y los tacones en la mano.    No veas  que movida me ha pasado hoy con bla bla bla bla  (lo cierto es que no entendía nada de lo que me contaba, se notaba que iba ciega)

Tras unos 7 minutos de chapa, me preguntó:

Vero: ¿Estás conectado bombón?, que  hoy vengo guerrera jajajaja

Yo: Para ti siempre tía, ¿pero como que hoy vienes guerrera, estas calentorra o que?

Vero: Perraca total, necesito ver eso que tienes tan grande.

Yo: Bueno, iba a acostarme, depende de cómo vengas de puta me quedo o no jejeje.

Vero: Ya estoy aquí, dame unos minutos que encienda el ordenador. Corto la mamada…la llamada jajajaja.

Verónica era una chica de 26 años, separada recientemente del padre de su hijo. Trabajaba en una cadena de tiendas de ropa muy popular, y estaba tremendamente buena. Culazo de infarto, pechazos naturales adornados con unos pezones grandes y rosados, tipo galleta maría, bien firmes. Su cara era simplemente espectacular, guapa, ojos marrones, morena de pelo largo y unos labios que pintados de rojo, hacían que te olvidaras de todo. Su maternidad no había hecho mella en su físico. Nos hicimos muy amigos en el chat y cuando intimamos nos contábamos todo. Los juegos sexuales tardaron unas semanas en llegar, pero cuando surgieron, solo tenía leche para ella. El único problema era la distancia, yo vivía en Granada y Vero en Asturias… la tecnología menguo ese “pero”…

Nada mas verla al conectarme, supe que venia de una noche de desenfrenada marcha. Tenía el cabello despeinado, el rímel corrido y ya no le quedaba pintalabios en su boca. Tras unos minutos de vacile, indirectas y torpe seducción, le pedí que se pusiera de pie, se alejara un poco de la cam y diera una vuelta sobre si misma. Yo ya tenia la polla muy dura y el nerviosismo clásico en estos casos. No cabía duda, Vero había salido a cazar esa noche y no se había comido nada, según me conto, porque una amiga suya se puso mala por la bebida y la acompaño hasta su casa, dejando a un posible ligue en la estacada. Estaba vestida  como una autentica zorra. Una gargantilla negra adornaba su cuello, camisa negra lo suficientemente desabotonada como para poder observar ese glorioso canalillo que separaba sus enormes tetas. Pero lo mejor era la minifalda de cuero negro corta, que exaltaba un culo redondito y prieto y que dejaba al descubierto sus piernas adornadas con unas medias de rejilla y unas botas casi hasta las rodillas. Seguía con su juego de seducción, y empezó a contonearse como una stripper mientras reía. Que gran idea.

Le ordene que fuera a maquillarse de nuevo y que no se quitara nada aún. Yo aproveche para  ponerme mis boxers blancos, prenda que solía ponerme para el cibersexo.

Cuando ella volvió, con esos labios rojos y esos ojazos recién pintados, le volví  a pedir que se alejara un poco. Le pregunte si le gustaría desnudarse lentamente al ritmo de una canción de mi elección. Ella se mordió el labio inferior y me dijo que haría lo que yo le pidiera. Puse un blues, lentito, caliente, y le di la orden de que me hiciera un striptease de inmediato.  Comenzo a pasarse la lengua por los labios, muy sugerente para comenzar. Se alejo un poco y movio sus caderas despacio, con sensualidad. Se notaba que ya había jugado antes a esto, sabia hacerlo. Se acarició los pechos, pellizcándose por encima de la prenda. Sin parar de moverse, fue desabotonando suavemente la camisa hasta dejar al descubierto su vientre plano, dejando ver el piercing de su precioso ombligo. Se dio la vuelta bailando y dejo caer  con descaro la camisa. Me dejó ver de nuevo las monumentales tetas apretadas por un sujetador de encaje también negro, que me estaban  volviendo loco. La cremallera de la pequeña falda de cuero fue deslizándose hacia abajo, de nuevo, mi bombón preferido se giro, bajando  la falda y dejando un maravilloso culo en pompa. Era una visión tremenda, verla bailar con ese juego de ropa interior negra, adornado por una gargantilla y rematado con unas botas hasta las rodillas, le daba un aspecto de zorra calentorra que desde luego no me he quitado de la cabeza en años. Deslizo deliciosamente los tirantes de bra, con una mirada y una sonrisa picara opto por darme la espalda, desabrochándose el sujetador y quitándoselo sin mostrar aun nada, lo tiro al suelo no sin antes agitarlo en círculos con su mano. Cuando volvió a darme la cara, quito las manos y me encontré con unas tetas realmente grandes, firmes, con unos pezones duros y erectos.  Siguio torturándome con su tanga, con el que jugueteo entre sus dedos hasta que fue deslizándose muy muy despacito hacia sus rodillas primero, y que siguió su camino en dirección a sus tobillos, para desaparecer de una patada al aire. Siguio bailando hasta que acabo el tema.

Me quede en silencio, con el bóxer a punto de reventar. Ella se sentó y puso los pies sobre la mesa del ordenador,  abrió el coño, dejando ver perfectamente su humedad al brillo de la lamparita. Se acaricio, primero con un dedo, luego con dos, para terminar metiendo tres que desencadeno un paso de suspiros a gemidos en un breve espacio de tiempo. Me ordeno que me pusiera en pie y me pusiera de perfil. Quería ver lo empalmado que estaba y me insinuó que me palpara por encima del bóxer. Lo hice. Pero no podía más. Me lo baje y le enseñe toda la polla mientras me acariciaba. Soltó un gemido y cerro los ojos mordiéndose el labio inferior, esta vez con fuerza.

Ella se sentó en su sillón giratorio, puso los pies sobre el escritorio y me abrió el coño para que pudiera disfrutarlo en todo su esplendor. La luz de su lámpara hacia que la raja brillara gracias al flujo, estaba cachondísima. Me pido que me masturbara muy despacio, mientras ella fue estimulando su clítoris con los dedos, soltando gemiditos cortos. Sus pezones estaban muy erectos, y le pedí que tirara un hilito de saliva sobre ellos, y luego se los manoseara con la mano que le quedaba libre. Mientras ella lo hacia, empecé a pajearme suavemente para no correrme enseguida. Me dijo que acercara la puntita lo máximo posible a la webcam, mientras ella haría lo propio con la boca, a modo de mamada virtual. Le encanto ver la gotita de lubricante que asomaba por la polla, con lo que aumento su ritmo de excitación, metiéndose tres dedos por el coño, cosa que desemboco en una sonada corrida por parte de ella, que no reprimió en absoluto, gritando de placer.

Tras esto, ella saco un dildo enorme, de los que tienen doble estimulador, con rotor y vibrador incorporados, y comenzó a chuparlo, como si de mi rabo se tratara, deslizándolo poco a poco por su cuerpo y haciendo una sugestiva parada en los pezones, que bordeo despacito para erizarlos. Me dijo que se moría de ganas por correrse conmigo a la vez, mirándonos a los ojos. Me aconsejo que me sentara y me pajeara tranquilo con ella, quería ver mi límite y explotar juntos.

Cuando su juguetito llego al coño, se lo metió de un golpe hasta el fondo, y se masturbo viendo como yo también lo hacía. Era una pasada ver como estaba de empapada, tenia mojadas las piernas y el asiento de cuero. Se convulsionaba y gemía como una perra. Se agarro un pecho con fuerza y estiro su cuerpo totalmente hacía atrás susurrando “me corro…me corro” y “dámela…dámela ya” y reventamos ambos, yo echando toda la leche sobre la cam y observando su mirada fija en mis ojos. Cuando se saco el consolador, un chorro enorme  de flujo le siguió, mojando la totalidad del teclado de su ordenador. Fue un momento en el que llegué incluso a marearme. Respiramos los dos cubiertos de sudor, totalmente desnudos. Nos reímos tímidamente viendo el resultado de nuestra batalla, ella a duras penas podía verme por las manchas de semen de mi cámara. Le mandé unos emoticonos guarros, pero Vero no podía contestarme con su teclado a tener éste un estado lamentable tras su squirt.

Hablamos durante unas horas después, le comente mi fantasía de follar con ella y a una amiga, y le pregunte que opinaba de eso. Me contesto que ya había tendido experiencias sexuales con chicas, cosa que ya me había confesado tiempo atrás, y que a ella le encantaría mientras la otra chavala le gustara. Meses después quedamos para un trío con otra amiga del chat que nos costó grandes sesiones de chat convencer…Vero alquiló una casa rural para tal encuentro, pero eso, amigos, es otra historia que contare próximamente.

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Conociendo un mundo nuevo

Dejándome llevar por el momento y siguiendo las instrucciones de mi maestro, me dejé pervertir.

Ahora que he decidido compartir mis travesuras, tal vez en la búsqueda de una justificación que acalle mi conciencia, o quizá mi continua necesidad de balancear las cosas entre lo que es, lo que debiera ser, y lo que quiero que sea….

Todo comenzó hace unos años, ya había sido víctima de una situación de sexo no precisamente consentido, aún que si lo disfruté, y me permitió entender que era posible tener sexo satisfactorio aún cuando no hay una relación emocional de por medio…, también descubrí en mi empleo anterior, que es posible dejarse llevar por la pasión de un momento, que la adrenalina que provoca lo prohibido y la posibilidad de ser descubierta, desnuda en pleno goce…, cuando hice esas travesuras mi matrimonio no atravesaba por la crisis que sobrevino después, y no me gustó lo que descubrí de mi misma por que a pesar del amor que siento por mi marido he sido capaz de engañarlo, y tratando de ocultar esa faceta apasionada de mi personalidad me prometí a mi misma que no pasaría mas…

Llevaba más de 9 meses sin sexo, intentando cada noche encender la pasión perdida, usé la más sensual lencería que pude comprar, renté las películas XXX más ardientes que pude encontrar, leí en voz alta los relatos más sensuales que encontré, me masturbé en su presencia por que sabía que le gustaba, me lo había pedido más de una vez, usé velas, afrodisíacos, juguetes, y nada…, simplemente nada, solo “buenas noches, que descanses”, “Hoy no nena, estoy muy cansado”, “me duele la cabeza, otro día”, “no me siento bien, lo dejamos para el fin de semana ¿no?”, y el fin de semana nunca llegó….

Cierto día me quedé trabajando tarde en la oficina, tenía conexión a intenet por razones de trabajo, usaba mensajería para estar en contacto con mis proveedores alrededor del mundo, cada día escribía unas líneas con gente Inglaterra, España, Francia, Argentina, Australia, Japón, Alemania, USA, etc., solicitando o enviando información sobre los movimientos de la empresa, a pesar de estar familiarizada con esos sistemas de comunicación, nunca se me ocurrió utilizarlos para otro tipo de contactos, hasta aquella noche…, sería la soledad que me embargaba, la forma en que me abordó, no lo sé, pero apareció en la pantalla de mi PC, un breve mensaje de un tipo llamado SickBoy, donde me invitaba a charlar a través del icq, nunca antes me había sentido tan en confianza con nadie, y menos alguien que acababa de conocer…. Una cosa llevó a otra y me preguntó si sabía del cibersexo, hasta entonces había oído de él, pero no lo había practicado, SickBoy se ofreció a enseñarme, pensé para mis adentros, mmm…, total, si no involucra contacto físico, que más da…

SickBoy: primero relájate malula…

D.Cherry: ok, déjame cerrar la puerta de la oficina con seguro…

SickBoy: bueno, primero dime que traes puesto…

D.Cherry: una blusa de gasa color rosa, un pantalón color vino, bueno es un traje sastre, pero no traigo el saco, y unas sandalias de vestir…

SickBoy: me gustaría estar allí frente a ti, quitando tu blusa botón por botón, hazlo por mi malula…

D. Cherry: ok

SickBoy: mientras te beso, retiro los tirantes de tu brassier, voy bajando por tu cuello y me detengo un momento mientras retiro por completo tu sostén, para observar tus senos, ¿Cómo son?

D.Cherry: son rositas, mi piel es muy blanca…

SickBoy: Hummm… que rico, los aprieto suavemente, que firmes son…, tus pezones están erectos ahora, déjame lamerlos, chuparlos, comerlos, mmmm… eres tan rica

Dejándome llevar por el momento y siguiendo las instrucciones de mi maestro, yo estaba ya desnuda de la cintura para arriba, y comencé a tocar mis senos y a pellizcar mis pezones suavemente evocando la sensación de una boca hambrienta poseyéndolos…

SickBoy: ahora voy con tu pantalón, desabrocho el botón, y lo bajo me topo con tu panty, ¿de que color es?

D. Cherry: Blanca de algodón como mi brassier…

SickBoy: meto mi mano y acaricio tu monte de venus, tu gimes, y me decido a bajarla…

D. Cherry: Siii….

Abrí mi pantalón y metí mi mano dentro de mi ropa interior y prodigué de caricias a mi clítoris, siguiendo las instrucciones de mi pervertidor…

SickBoy: Ahora me bajo a explorarte, y paso mi lengua por todo lo largo de tu chochito, siento como te estremeces…

D. Cherry: siii…

SickBoy: Mmmmm… que rica, ahora beso tu clítoris, e introduzco uno de mis dedos, estás tan mojadita, ¿te estás tocando?

D. Cherry: si lo hago…

SickBoy: Ahora introdúcete un dedo…

Obedeciendo instrucciones, introduje uno de mis dedos y con el pulgar seguía acariciando mi clítoris….

SickBoy: voy a penetrarte, te siento sobre el escritorio, y poso un momento la punta de mi verga en la entrada de tu vagina, mientras te beso de nuevo… te voy penetrando lentamente…

D.Cherry: Si papi, métemela toda…

Yo comencé a acariciarme frenéticamente, usando mis dedos en mi vagína, y con la otra mano me pellizcaba los pezones, mordiéndome los labios para no hacer ruido, (soy muy gritona por cierto), sabiendo que solo me separaba una pared de cristal obscurecido, del transitado pasillo, del edificio, si los transeúntes supieran que yo estaba medio desnuda masturbándome en mi oficina, ¿Qué pensarían?…. esa situación me excitaba tanto…

Finalmente alcancé el ansiado orgasmo que hace más de 9 meses no sentía, y que tanto necesitaba, me costó mucho tratar de ahogar el grito producido por mi propio placer…arreglé mis ropas y me limpié lo mejor que pude, regresé a la pantalla de mi ordenador, para continuar con mi charla….

SickBoy: ¿Te gustó?

D.Cherry: Me encantó, me hacía falta, pero reconozco que no es lo mismo que hacerlo con alguien

SickBoy: Y por que no? Seguramente pretendientes no te faltan

D.Cherry: No pero no me atrevo, no quiero hacerle eso a mi marido

SickBoy: Pero si con él nada de nada, por que no, no te digo que te enamores, si no que solo tengas sexo para llenar el vacío que tienes en casa

D.Cherry: no sé siento que es como jugar con fuego…

SickBoy: no para nada, es más quiero que para mañana consigas a alguien y yo te diré que harás y como lo harás, quiero que te cojan, que goces, que te perviertan….

D.Cherry: Lo pensaré, lo prometo….

Así comenzó todo, me dejaba pervertir por SickBoy, me pedía que cogiera y le contara con detalles, a veces me llamaba y me decía lo que quería que hiciera y como lo hiciera, por ejemplo: mañana cuando lo veas le vas a chupar la verga y harás que se venga en tu boca, no desperdicies ni una gota, esa es tu tarea de esta semana…y cosas por el estilo.

También me pedía referencias de los hombres con los que pensaba tener sexo y me advertía, -este nos puede dar problemas, descártalo-, mejor aquel…

Me ayudó mucho a acallar a mi conciencia cuando tenía mis resacas morales, cuando me sentía sucia, y perversa, y al mismo tiempo me hacía desear más….

Nunca he tenido la oportunidad de estar con él, vive en Chile, ni sé si quiero que pase algún día, solo sé que esta ahí cuando lo necesito, y que le gusto así sucia, perversa… mientras más perversa, mejor….siempre seré su malula, aunque ya no obedezca sus mandatos, estará condescendiente y expectante de mis travesuras….

Espero que disfruten este relato, tanto como yo disfruté el recordarlo….

Besos.

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