Nada era difícil, pero Rafael lo explicaba todo dos, hasta tres veces y en cada cosa, por sencilla que fuese, ella tenía la sensación de que todo iba a salir mal.
Y es que todo parecía mal montado. Cada cable de aquella oficina parecía estar mal sujeto, o mal puesto, o mal escogido. Siempre por alguna razón indecible, pero evidente. En cambio, todo parecía, al mismo tiempo, perfectamente funcional y se sorprendió por la limpieza y la luz, que caía desde un montón de fluorescentes en el techo, una abrumadoramente excesiva de fluorescentes que le daban al ambiente de la sala una desagradable consistencia eléctrica.
-Con este botón descuelgas.
-Ajá.
-Con este botón cuelgas.
-Ajá.
-Y ya está.
-Ajá.
-Tienes que grabar un mensaje en el teléfono.
-Vale.
-Algo cachondo, que los atraiga, pero tampoco te pases.
-Ya.
-¿No hablas mucho no?
En lugar de responder se puso a curiosear el teléfono, como si, de repente, hubiese descubierto en él algo irresistiblemente interesante.
-Pues aquí vas a tener que hablar -siguió Rafael sin esperar respuesta. Se trata de eso.
-Ya.
-Aunque, bueno, a muchos les gusta hablar. Vas a ver que ...
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