Pasado cierto tiempo, después de haber gozado de dos afortunadas experiencias sexuales, primero con mi primo Nacho por una casualidad muy oportuna y, después, con su padre, mi tío Ignacio, que me extorsionó (aprovechándose, por lo que pudo saber de mis andanzas y devaneos, tras visualizar el vídeo de una orgía a la que mi amigo Ramón me llevó ebria y grabó) renacieron en mí unas ansias morbosas de poder reencontrarme con uno y con el otro para gozarlos de nuevo y que me gozaran. Me sentía atraída por ambos aunque por diversos motivos: con mi primo por su candidez e inexperiencia que me permitió encenderle su furor de macho de tal manera que, en sus arrojos, me hizo gozar cual muñeca zarandeada a su antojo placenteramente; con mi tío, distintamente, por su zorrería para violentarme y, pese a eso, gozar conmigo como nunca lo había logrado con su puritana esposa, mi tía, pues pareciera que, al entregarme a él sin restricciones, acabara de descubrir los arcanos morbosos del sexo.
Con uno y con el otro, ...
leer más