Mi cuñado era un hombre viril y, además, presumía de serlo.
Era de aquellos que decían, entre bromas y veras, que los homosexuales, por el mero hecho de serlo, no lo pagaban ni colgándolos y, más todavía, si se daban a conocer con el descaro que lo hacen algunos como, por ejemplo, en las cabalgatas del orgullo gay. Su homofobia era manifiesta, indudablemente como resultado de una mala educación sexual más que por retrogrado que, sin duda, no lo era puesto que su carácter era el de un hombre muy abierto. Así y todo, estoy convencido que a muchos homófobos les ocurre parecido a aquellos que siendo víctimas del complejo de inferioridad se manifiestan contrariamente con el síndrome del complejo de superioridad con el que tratan de ocultar aquel. Sin pretender crear cátedra, creo que con su homofobia algunos no hacen otra cosa que rechazar, inconscientemente, el temor a ser arrastrados, por su propia homosexualidad, al desprecio que esto supone para algunos en ciertos niveles familiares y sociales. ¿Podría ser éste el caso de mi cuñado?
Aunque ...
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