Uno/a solo/a consigo mismo/a, dandose amor.

Una aventura sin igual con mis primas 1

Soy un relator de tantos y primas sin fin, una historia que puede o no ser real eso  dependerán del lector; mi edad estaré llegando al primer tercio de mi vida, tengo 6 pies de altura, en mi juventud era rechoncho, me puse atlético en un tiempo de búsqueda personal, ahí es donde mi intrigante aventuras comienza.

Al verme visto en búsqueda de como rebajar, comencé a ver el Internet, historias, y demás, cosas interesantes, entre otras relatos eróticos para distraerme, sin darme cuenta descomponía mi computador al entrarle virus, esto me llevo aprender a desarmar y  componer computadores, había ido con amigos que me pedían ayuda en sus computadores unas simplemente que bajaban mucha pornografía, otras que sus hijos utilizaban sus computadora, en unas encontré fotos comprometedoras de mis amigos y sus esposas a los cuales les sacaba provecho o sus hijas mostrando sus cuerpos desnudos una que otra me las cogía como recompensa por no hablar a sus padres y así yo tenía como bajar mis calenturas cuando visitaba a mis amigos.

Bueno tal es el caso que mis tíos se enteraron de esto……… Les relataré la primera historia como me comenzó a gustar y deleitarme con las visitas….

Eran las 11 PM,  un día como cualquier otro me encontraba pacifico en mi casa viendo el computador leyendo relatos (echándome la chaqueta debido a que mi novia estaba de viaje, no es por presumir pero la tengo de 20 cm de largo y mi novia me han dicho que es muy gruesa y al tener relaciones que lo haga despacio); en eso escucho el teléfono sonar, recibí una llamada de mi tío – su complexión es  flaco de mediana altura entrado en sus años, está casado con mi tía  morena igual estatura que mi tío, tiene unos enormes pechos y un culote dejado por tener a mis 3 hermosas primas, que les describiré al transcurrir el relato-……….

Me dijo

-oye necesito una ayuda a estas horas de la noche no se qué hacer, supe que tienes conocimiento en la computación, y por aquí ando algo preocupado pues necesito entregar unos reportes el día de mañana y no quiero tocar el computador por miedo a perder la información, estoy estresado.

A lo que le conteste que me tomaría un poco de tiempo llegar, le recomendé que hiciera unas cosas a la computadora, me dijo que iba a intentar hacerlo.

Me puse pantalón holgado, tenis y  camisa saliendo de la casa, por razones del destino no había tráfico, llegue sin mayor problema a su casa con 30 minutos de anticipación.

Decidí tocar a la puerta, pero no contestaban, espere 5 minutos y me acerque a una ventana de la casa que daba hacia la calle a ver si alguien en la casa respondía, al aproximarme fui viendo claramente como la cortina se movió rápidamente, no sin antes percatarme de una silueta femenina y unos ojos azules que me miraban (eran tan cautivadores que me pusieron a mil en un parpadeo, eran indescriptibles), luego escuche unos  ruidos de alguien corriendo por unas gradas y  cayéndose.

Me abrió la puerta mi tío medio cubierto con una bata y por lo visto se había dado un golpe al bajar las gradas.

-Entra,  ponte cómodo que en unos momentos prendo la luz.

Entrando con las luces apagadas observé un  tipo de peluche en las gradas, creo que con ese obstáculo se había tropezado, por lo visto el muñeco no era casualidad que estuviera en esa posición; volteé a  la ventana que estaba hacia la calle, miro un sillón con los cobijos desarreglados con otro muñeco de plástico, la cabeza en forma de miembro deformado y un perro pequeño que me gruño, luego de hacer a un lado todo me senté; en una parte del sillón sentí un liquido pegajoso junto con el muñeco, pensé que eran las babas del perro, me moví a un lado y  mas abajo vi unas panti-medias blancas, antes que prendiera las luces y sin que mi tío se diera cuenta las guarde en mi bolsillo para observarlas con detenimiento mas tarde. (No sé porque me entro un sentimiento de ansiedad y excitación por saber que eran o que había pasado)…….

Bueno les diré como es la casa de mi tío luego que me la enseño, esta posee 4 niveles,  en el inferior se encuentra la sala de estar, cocina,  recepciones y donde se guardan los carros, segundo piso es donde duermen mis primas una en frente de la otra, y un baño que separa a 2 de mis primas; el ultimo es donde se encuentra mi tío y mi tía, ahí es más amplio, también poseen un cuarto de juegos con una mesa de billar,  más arriba en el 4 nivel es donde están localizadas los computadores, el lugar de él tiene un escritorio viendo hacia otros es un escritorio cubierto, enfrente hay otros pero no tenia cobertura en la parte de abajo pero no se mira donde están las pantallas.

Al estar sentados comenzamos a platicar mi tío y yo.

–         Me disculpo por el desorden no pensé que llegarías tan rápido; no quieres café o algo para calentarte con este frió…. – mientras él hablaba lo notaba nervioso – discúlpame que ande con esta bata- me dijo- que para desestresarme me fui a la cama con mi mujer, tu ya sabes a lo que me refiero.

–         No gracias -le dije- solamente quiero revisar el computador (la verdad andaba de mal humor pues me había desconcentrado de mi meditación y tenía ganas de un polvo).  ¿Logró avanzar en lo que le recomendé? (me imagine a mi tío y tía haciéndolo pues observe entre tanto movimiento  una foto de joven de ella, figura 90-60-90 con 1. 70 metros de alto pelo rojo largo hasta medio hombro, en cierta parte excitante pues saber que mi tío se dio el lujo de hacer gozarla por la cola hasta llorar, por otra simplemente un vago recuerdo)

–         La verdad que no le había hecho nada pues me sentía inseguro de esto y no quiero perder nada de información.

–         No se cuanto me tome para revisarlo, y tengo que hacerlo rápido pues es muy peligroso por aquí (en ese momento el perro estaba va de molestarme donde había guardado la pantimedia solo empuje al animal al piso y se fue directo debajo de la mesa de ahí ya no salió.)

–         No tengas pena si es por tu carro lo guardamos y te quedas a dormir.

–         Mejor me apresuro y si hay algo le aviso si me quedo o no (una es porque no quería pasar la noche ahí, pero todo; iba a cambiar …….)

–         Voy a cambiarme y te llevo a donde está la computadora. Dijo y se encamino al segundo piso

En lo que él se fue para su cuarto escuche que paso por el segundo piso y cerro una puerta con cuidado; mientras yo me puse a rondar por el salón viendo fotos, me quede viendo una donde están mis primas de pequeñas, eso hace unos años atrás apenas con faldas de charol y adornos en la cabeza, luego una foto a la izquierda que me llamo la atención donde estaban en la playa, mis primas ya crecidas, una delicia para mis ojos.

La mayor Sara es pequeña mide 1.65 metros, atlética con un cuerpo de avispa llevaba puesta una licra y se le notaba su conejito bien marcado, se le metía la licra,  un ombligo hermoso y la colita para chuparse los dedos los pechos unas globos firmes, mas afondo me llamo atención en la foto, puse atención que ella empleaba lentes de contacto azules -pensé- (será que ella estaba mirando por la ventana),  pase a ver a la foto de la prima de medio su nombre es Carla es más alta que su hermana mayor mide 1.70 metros un culito respingón y unos pechos enormes bien formados una  figura 85-65-85 herencia de familia;  en la foto casi se salen los pechos de ella del traje de baño, que era de 2 piezas, la parte de abajo dejando ver un poco los pelitos de oro que salían; y la hermana menor Crista ella es de la estatura de mi prima mayor pero con pechos enormes, tímida aparece con una camisa que marcan sus pechos  y la colita tiene la forma de la hermana de en medio, todas una delicia para la vista…… (Omito sus edades para que el relato sea adecuado) pero la mayor apenas entrando a la universidad-

Entretenido escuche un ruido de jadeo por la mesa, fui a revisar pero a la vista no encontré nada sospechoso supuse que era el perro durmiendo; era una mesa con un mantel grande que la cubría, en lo que esperaba me fui a servir café y fui a sentarme en medio de la mesa.

Estaba tomando su tiempo mi tío y por la curiosidad al estar sentado saque la panti blanca, me sorprendió verla, también estaba manchada con liquido, algo descosida de la parte del conejito, toda usada con unos manchones y raspones, mientras más la veía me dio ganas de olerla y salir de las dudas si era baba de perro u otra cosa; con renuencia mientras más me la acercaba a la cara mi pene crecía debido al olor, me excitaba, ya lo había olido antes era esencia de mujer, jugos del monte de Venus; no aguante mucho el pantalón me aprisionaba mi miembro y ahí mismo me la saque me comencé a sobar mi herramientas lento pues quería disfrutar, era un olor especial divino, poco a poco mi calor iba creciendo; deje por un momento de sobarme mi herramienta pues sabía que podía manchar el mantel….

Poco a poco sentí una lamida, en la punta de mi herramienta y unos pelos que me sobaban pensé que era el perro que aprovechaba de mi situación y estaba entrenado por mi tío (creo que comenzaba a descubrir secretos de la casa); a esas alturas no aguante y deje que hiciera lo que quisiera mientras yo disfrutaba, fui pasando de pensamiento en pensamiento, pensando que era mi prima la que estaba ahí, cambiaba el ritmo más me excitaba, no podía ser, yo en mi fantasía ahí mismo, pensaba que eran mis primas, mi novia, mi tía que me la estaban saboreando me deje llevar pues quería disfrutar mi respiración aumentaba mientas mas fantaseaba con la prenda pensando que era mas de alguna mis primas, mas sentía como que me estaban haciendo una mamada de lo fenomenal, degustando, el momento de pronto …….escuche un sonido seco del segundo nivel,

……ZAZ… me hizo abrir los ojos...ZaZ…. Otro sonido fuerte era mi tío que venía bajando las gradas, pero al abrir los ojos todavía sentía que me estaban pasando la lengua por mi miembro era inigualable estaba tan sumido en el placer que no me entraban ganas de ver quién era, no sé si era la mascota o algo mas, pero en ese momento que escuche a mi tío desde arriba…

-Veo que te serviste café es de lo mejor que hay. (No pude responder al momento solo guarde con una mano en mi chaqueta la pantimedia y la otra la mano la lleve debajo del mantel para meter mi herramienta en el pantalón pero algo me detuvo, ya no había vuelta de hoja, mi tío estaba parado frente a mí yo estaba sudando frio…….

-Ohh siiii es algo fenomenal el cafeeee (con dificultad le dije),… no podía moverme, ni decirle nada a mi tío de que me estaba pasando…eehhh vi las fotoooos que tiene peeeeggadas como han creciiiiiido las priiiimas (se me quedo viendo con una cara de felicidad y extrañado como hablaba) -yo la verdad estaba haciendo tiempo pues me gustaba las sensaciones que me daban cada lamida bajo la mesa, quería acabar, librarme de mi lujuria, sentí como me lamian desde la base hasta la punta de mi herramienta con una delicadeza pronto sentí una mano pequeña tratando de rodear mi herramienta moviéndose de arriba para abajo, y otra acariciándome con gentileza mis genitales, cuando sentía venirme la mano y la boquita paraban sus maniobras la de los testículos me los aprisionaba para impedir que yo me viniera, una sensación indescriptible-

-La verdad que si –dijo mi tío-, la mayor ha sido una metida en el gimnasio le gusta estar en forma, se viste formal ella es mi orgullo muy santa, va a llegar lejos, estuvo en un colegio de monjas para ser recta con buenos pensamientos y llegar virgen hacia el matrimonio. La mediana es mas llegada a la casa pero es muuuuuuyy hermosa (con un acento de picardía lo dijo) y la pequeña se parece a su madre – se puso rojo y paro en seco la platica de las primas. –

Se fue a la cocina para servirse café, mientras a mi me estaban dando una chupada de maravilla, yo estaba llegando al límite sentía a una linda boquina que trataba de sacarle el chicle a su bombón con lamidas chupones y succionando como un popote, en cierto momento sentí que trato de meterse la punta de mi herramienta a la boca, ahí me quite las dudas, era una boca chiquita que me succionaba lo único malo era que no lograba su boca no abría lo suficiente o su quijada no estaba adecuada a abrir tanto,  los cabellos de su cabeza me rozaban mis piernas brindándome un placer sin igual.

Mi tío se estaba aproximando a la mesa y me dice:

– Sabes si logras rescatarme de este pleito con la computadora te daré una gran recompensa (no sabía que me estaban dando mi recompensa, yo gozando sin saber quién era, pero por lo mas deseaba que fuera mi prima, subía y bajaba tratando de lubricarme, poco a poco mi liquido comenzó a salir)

– No saaaaabe el guuuusto que me da estar aquuuiiií……

Yo preocupado si mi tío se llegara a enterar y no podía hablar bien, pero entonces  el jaló la silla de enfrente mío para sentarse, la criaturita estaba en la punta de mi pene besándolo saboreándolo degustándolo, yo por reflejo abrí las piernas, ella se hizo para adelante, la distancia entre la mesa y mi miembro no dejo cabida, arquee un poco la pelvis, yo sentí como abrió la boca de un solo forzada trato de evitar con sus manos pero era demasiado tarde, le entro hasta el fondo, sentí  como logre tocar su garganta y como topo su barbilla con mis testículos, ahí no me podía mover, ni ella tampoco, no me moví por la situación y temeroso a que se ahogara, presto sentí su lengua, (ya no le seguía la conversación a mi tío) mas puse mi atención abajo,  como se movía, salía, entraba, que placer, hasta logro saborear mis huevos, los jugaba a su placer con su lengua, esta salió una última vez presiono con una mano me aprisiono un testículo y no pude aguantar mucho tiempo era tan indescriptible las sensaciones, ahí mismo descargue lo que tenia directo a la garganta de ella, pase 5 minutos descargando ella no se movió pero si movía sus manitas por mis testículos tratando de ordeñarlos sacarles hasta la ultima gota, al fondo escuche un suspiro sabia que para que ella pudiera zafarse de mi herramienta tenía que esperar, ya pasado 10 minutos mi erección fue bajando. solo me agarro mi herramienta por ultima vez me la limpio con delicadeza succiono en la punta lo ultimo que quedaba, y me dio un beso para coronar el final. Sentí como un lapicero me escribía algo en mi pene y en la pierna como dejando un mensaje.

Ya aliviado le hablaba a mi tío de cosas sin importancia para hacer tiempo, en una de esas me comenzó a hablar de mi tía y como se miraba de hermosa, en la playa, eso me comenzó a excitar, sabía que no la boquita estaba exhausta y adolorida pues luego de eso no se movía y yo con otra erección no me la podría bajar; le dije a mi tío que fuéramos al lugar donde se encontraban los computadores, medio me arregle, luego de tan impresionante succión, me levante vi al perro en las gradas era obvio que el perrito resulto cubierto de jugo seminal debajo de la mesa, en eso voltee a ver hacia la mesa, vi un tobillo se movía tambaleante, indudablemente era de una mujer y tenia tatuado un sol, también la cubierta de la mesa al estar ahí se pego a la hermosura y delineo perfectamente un trasero fenomenal. Me dieron ganas de levantar la sabana y comerme ese trasero, a besos penetrarlo como un loco…… pero eso será en otro relato.

Comentarios por favor háganme los saber a gtesera@gmail.com, o contáctenme a noseguardar@hotmail.com mi nombre se los contare así sabre como les gusta el relato y ponerlo mas excitante

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ATRAPADA

ATRAPADA

Es curioso como la mente guarda los recuerdos y el corazón te hace revivirlos de una manera…, no sé cómo explicarlo, es como si estuviesen grabados con fuego. Un fuego que al reavivarse vuelve a prender las llamas de la pasión, vuelve a reavivar el calor, las ganas de ti, las ganas de sentirte de nuevo.

Estoy completamente desnuda, tumbada en la cama y te echo de menos; echo de menos tus manos, el tacto de tus dedos, tu olor, como me hacías sentir, como me hacías el amor; no paro de pensar en ti, en tu pelo negro, en tus ojos color de miel, en la belleza de tu cuerpo y de tu cara, porque me sigues gustando mucho, muchísimo…, estoy atrapada.

Me siento atrapada en tu mundo, en la manera que tienes de ser, ¡eres increíble!, nunca he conocido a nadie así, me embriago de ti; recuerdo cada caricia, cada palabra, recuerdo el sabor de tu boca…, por eso estoy llena de deseo y voy acercando mis manos a mi sexo; mi caliente, ardiente y húmedo sexo.

Voy por mis piernas, subiendo despacio…, suavemente me empiezo a tocar el coño con los dedos… ¡Uhhhhh!, que sensación de libertad, que gusto el poder recordarte, creo que voy a disfrutar con esto y no me queda más remedio que conformarme. ¡Que dura es la vida!

Coloco mi dedo índice en la parte superior del clítoris y hago pequeños círculos en él para comenzar a lubricarme, aumento la presión, continuo frotándome, continúo amándome como solamente tu sabias hacerlo, haciendo una lectura minuciosa de toda mi piel con las yemas de tus dedos; suavemente me doy palmaditas en el chocho pensando en ti y no puedo evitar excitarme mas y mas con el sonido que produce mi mano al chocar contra el flujo de mi coño.

En mi mente pasan miles de imagenes de nuestras folladas en los sitios más inimaginables; me acuerdo de todas y cada una de las veces que hemos follado, en azoteas, en parkings, en el campo al aire libre, en sucios callejones, en todos y cada uno de los rincones de esta casa, en los servicios de los cines de nuestro centro comercial preferido… ¡nos comíamos el mundo!

Me tienes atrapada igual que aquella vez en la parte de atrás del coche, en aquel descampado, apenas 50 metros nos separaban de la carretera; una carretera en la que miles de luces de coches pasaban buscando ansiosamente llegar a su destino y nosotros, en cambio, lo único que ansiábamos era llegar al final de nuestra pasión para calmar nuestra sed de sexo, nuestra sed de deseo.

Si me vieras ahora…, aquí en mi cama…, totalmente desnuda…, frotándome el coño, totalmente lubricada, deseándote, deseando tu polla; me acuerdo de su sabor y de su textura, de su aroma sexual sin precedentes.

Me gustaba mucho comerme tu polla, saborearla, beber de ella, hacerte vaciar en mi, ver tu cara de autentico placer, verte gozar con cada lengüetazo, como disfrutabas con el calor que mi boca te proporcionaba.

Me estoy poniendo más y más…, ahora…, muy despacio…, me meto un dedo en mi coño, un dedo que muevo a placer dentro de mí, Uhhhh!, estoy disfrutando con cada recuerdo.

Recuerdo como me gustaba rodear tu miembro con mi mano y apretarlo con suavidad mientras te pajeaba dándote el placer que tanto te gustaba. Mis movimientos eran cada vez más enérgicos estimulando todo el cuerpo de tu pene. Cuando sentías tu orgasmo un poco antes de eyacular, yo ya sabía que no debía parar y seguía masturbándote incluso después de derramar tu leche, haciéndote sentir ese orgasmo que te inundaba de placer…, incluso si seguía dándote placer una vez te acababas de correr, no podías evitar reírte lleno de felicidad.

Me tienes atrapada y ahora con mi mano izquierda me aprieto mi pecho mientras recuerdo todo esto, mojo mis dedos con la saliva de mi boca y me la restriego por toda la areola del pezón…, lo tengo sensible, lo tengo excitado; en mi pezón siento la saliva que acaban de traerme mis dedos de mi cálida boca y con ella hago dibujos alrededor, moviéndolo suavemente, dándome placer; separo el dedo poco a poco y un tímido hilillo de saliva se estira y se estira hasta que ya no puede más y se acaba partiendo cuando la separación entre mi dedo y mi pezón es total.

¡Qué frágiles somos cual hilillo de saliva…! Mi coño no puede aguantar mucho más y desearía que fuese tu polla la que me liberara de esta prisión en la que me tienes atrapada.

Desearía sentir tu esperma saltar al vacío que hay en el interior de mi ser. Cuantas veces me has pedido correrte dentro de mí, y como buena amante, cuantas veces te lo he permitido.

A todo esto, abro mis ojos y ya no puedo contenerme más, así que, me derramo sola en mi cama, una cama vacía sin ti que nota tu ausencia, una ausencia que me atormenta; una cama en la que acabo apretando las sabanas con mi mano, con fuerza, como si fuese tu culo, un culo perfecto, no dejándote salir de mi hasta que me hayas entregado tu regalo más preciado…, todo tu semen. Solamente hay un lugar para tu semen y ese lugar es dentro de mí.

Recuperada del clímax al que acabo de llegar creo ver tu cara…, ala que digo:

–          Es lindo ver tu cara de nuevo; dime…; ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estuvimos aquí? Te ves tan diferente que antes pero sigues siendo la persona que yo quiero. He estado guardando estas últimas palabras para un último milagro, pero ahora no estoy segura, no puedo salvarte porque tú no me dejas, tú solamente me atrapas como nunca he sido atrapada.


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Mi última gran paja

Hola, me llamo Javier y este es el primer mini relato que publico. Les cuento que tengo 31 años, soy hetero,  trabajo en una oficina y tengo una vida bastante “normal”. Sin embargo, dentro de mí se esconde otra personalidad,  super morbosa y vouyerista, que al no ser compatible con las amistades, novia, familia, muchas veces termino escondiendo. Sin embargo, gracias a esta gran comunidad de escritores, me doy cuenta que, por lo menos, he enconrado un lugar donde puedo expresarme y ser libre de compartir mis deseos y fantasías más ocultos.

Lo que voy a contarles a continuación es cómo fue mi última gran paja, producto de la calentura que me agarró  luego de leer durante varios días los relatos de este sitio. Fue un viernes que, ya en la oficina, no podía concentrarme y esperaba ansioso la hora de volver al hogar para poder pajearme con todo.

La cuestión es que llegué a casa del trabajo y, sin perder tiempo, me saqué toda la ropa y me quedé sólo con el boxer gris de algodón ajustado. Como les contaba, estaba muy caliente así que bastó que me acariciara un poco el miembro para que se endureciera enseguida. No esperé más, tomé el vibrador de la mesita de luz y me fui directo al baño. Allí moví la alfombra de la ducha al medio, cerca del inodoro, y me recosté boca arriba con las piernas abiertas y flexionadas. Comencé entonces a manosearme la pija lentamente  por encima del calzoncillo. Sentía como se iba endureciendo cada vez más y más. Pasé una mano por debajo de la cola y empecé a tocarme el ano. Empujaba la tela del boxer hacia dentro, tratando de meterla en mi culo. El roce con el algodón me excitaba a más no poder. La temperatura de mi pija iba en aumento y segregó un poco de líquido que humedeció el boxer. Proseguí así un tiempo hasta que parecía que me había meado encima de lo mojado que estaba. Me saqué el calzoncillo para verlo mejor. Estaba todo baboseado. Lo acerqué a mi cara y comencé a saborearlo, primero con la punta de la lengua y luego con toda la boca. No dejé parte alguna sin probar, dedicando especial atención al lugar donde había estado mi pija, mis huevos y mi ano, impregnándome con sus olores y humedeciendo toda mi cara de saliva y jugo. Para ese entonces mi miembro estaba colorado, inflamado, y seguía segregando líquido como un volcán a punto de hacer erupción. Me corrí entonces con alfombra y todo bien cerca del inodoro. Levanté las piernas y apoyando la espalda sobre el marmol, llevé mis pies al lado de la cabeza, quedando la pija justo arriba de mi boca. De esta manera podía ver bien lo que hacía y, al mismo tiempo, recibir en mi boca todo el jugo que iba cayendo. También veía perfecto mi ano, así que tomé el vibrador, lo lubriqué con saliva y comencé a jugar. Primero lo moví lentamente haciendo círculos y después empecé a empujar hacia dentro, muy despacio, dejando que la presión lo llevara hacia fuera. Cuando se secaba, lo introducía en mi boca y lo chupaba como un caramelo, humedeciéndolo con la mezcla saliva y el jugo que caía de mi pija cada vez más hinchada y roja. Continue pajeandome el culo durante un rato, metiéndolo cada vez más adentro y aumentando la velocidad, hasta que sentí que no daba más y que iba a explotar. Sin dejar de masturbarme, agarré la pija con la otra mano, y me empecé a pajear con todo esperando la leche con la boca bien abierta y la lengua afuera. No tardé mucho en hacer erupción. Fuertes chorros de semen super caliente brotaron de golpe y fueron a inundar mi lengua, boca, cara, pelo, cuello y pecho. Me quedé un rato así acostado, disfrutando y gozando de mí mismo.

Finalmente me paré, me fui a dar una ducha caliente y me acosté desnudo a dormir, super relajado y más que satisfecho.

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Atrapado

ATRAPADO

Es curioso como los pasos del recuerdo te llevan a lugares que parecían olvidados. Así lo creía yo, cuando aquella noche, no pude parar de pensar en ti, de pensar en tu cuerpo, en tu mirada, en tu cara angelical a la vez que de niña mala; en tu pelo largo, rubio, suave, impregnado de ese olor tan especial que me transmitías.

Esas curvas que me hacían perder el control de la situación, esas piernas tan bien modeladas, torneadas, sabiamente esculpidas por el gran genio de la creación. Tus senos…, redondos, perfectos, suaves, capaces de alimentar y calmar la sed de cualquiera que quisiera beber de ellos, capaces de rescatarte de la sed que te da la vida. Tú saliva…, única en su sabor, me encantaba beber de tu boca, llenarme de ti, alimentarme de ti…, estoy atrapado.

Me siento atrapado en tu universo, en tu mundo de sensualidad, en la magia de tu ser, en el movimiento de tu cuerpo, en el tacto de tus manos, en el sabor de tu boca, en el aroma de tu piel. Atrapado, sin salida…, por eso estoy aquí, por eso estoy lleno de deseo, por eso me bajo la cremallera del pantalón y saco mi polla…, despacio…, lentamente…, empiezo a meneármela pensando en ti, sencillamente en ti. Quiero calmar mi deseo de tenerte, quiero ser capaz de sentirte y así poder huir de una vez de esta prisión en la que me tienes atrapado.

Empiezo a tocarme, siento mis manos en mi piel, me acaricio, cierro mis ojos y siento mi cuerpo a través de las yemas de mis dedos y me imagino que son tus dedos los que me están tocando. Puedo sentirte, puedo sentir como me salvas, eres como un milagro y sé que no vas a dejarme caer, me ayudaras a levantarme, aunque ya no estés, simplemente con tus recuerdos.

Recuerdo como follabamos…, en todos y cada uno de los lugares que lo hacíamos quedan restos de nuestro ser, restos de nuestras almas inquietas, llenas de deseo, que se abandonaban al arte de amar, sin ningún límite.

Especialmente recuerdo este lugar, estos servicios públicos que hay en los cines, aquí en el centro comercial que tú y yo frecuentábamos. Era una noche fría de invierno, estábamos viendo una película y decidimos abandonar  la sala para ir al servicio. Nos metimos aquí, en el servicio de caballeros, no había nadie, todo el mundo estaba viendo la película.

Comenzamos a besarnos, comenzamos a abandonarnos, a sentirnos atrapados el uno en el otro. Tu lengua buscaba la mía, al igual que la mía buscaba la tuya, y las dos juntas y unidas, se hicieron una; tú me transmitías todos tus sentimientos en esos  besos  y yo ponía todo mi corazón.

Mis manos inquietas te tocaban esas increíbles piernas y lentamente subían y descansaban en ese precioso culo que el creador hizo a su antojo, haciéndolo sensual, haciéndolo tan apetecible. Seguí subiendo por tu espalda a través de tu blusa, recorriendo toda la columna de tu sensual espalda, explorando con las yemas de mis dedos cada rincón de tu piel, así hasta que llegue a tu cuello, donde mis dedos se deleitaban ofreciéndote el placer de las caricias, ofreciéndote todo un sueño, ofreciéndote lo que tanto deseabas.

Seguí con mis besos, alimentándome de todo tu ser; como un vampiro, chupaba toda tu energía, la absorbía y me sentía poderoso, intocable. Esos besos increíbles  despertaban nuestros más salvajes deseos, nuestros más  oscuros instintos, estábamos puestos, estábamos calientes, habíamos encendido la llama de la pasión, estábamos dispuestos a desatar el huracán que llevábamos dentro.

Te cogí en peso y suavemente te senté sobre la encimera del lavabo, estabas preciosa con esa minifalda que me mostraban tus sensuales y provocadoras piernas, con unos increíbles zapatos de tacón de aguja plateados. Lentamente acerque mi polla a tu coño, lentamente siento tu calor interior, siento como se enciende el horno de la creación, ¡qué gustazo!, apenas se rozan nuestros órganos de placer y comenzamos a exclamar de gusto, poco a poco voy empujando mi polla abriéndome camino en tu mundo, en un mundo donde estoy atrapado.

No paro de besarte la boca, de emborracharme con tu saliva, de embriagarme con tu aroma, te me subes a la cabeza como la mejor de las drogas; paro de besarte y te miro esos increíbles ojos, azules como el mar y siento como estoy en calma, como estoy en paz conmigo mismo, no quiero estar en otro lugar.

Acaricio tu pelo y mis manos se pierden dentro de tu cabello rubio como el oro, brillante, sedoso, suave, me transmite todo lo que tu ser representa para mí.

Has atrapado mi miembro hambriento de ti y comienzo a devorarte por dentro, me muevo deprisa, con movimientos continuos de vaivén; mi polla ya no está desnuda y se desliza a la perfección dentro de tu coño, seguimos con el fricciona miento sin poder parar, me pides mas, que siga, que llegue hasta el final. Yo encantado, te pido derramarme dentro de tu ser, dentro de tu cálido y placentero coño.

Como buenos amantes, consientes mi petición y nos fundimos en un gran abrazo, rodeas mis caderas con tus piernas, apretando mi culo contra ti y yo apretándote contra mí, estamos preparados para el clímax final, estamos preparados para la explosión de nuestros mundos, tan diferentes la mayoría de las veces…, pero…, esta es una de esas ocasiones especiales en las que nuestros mundos son completamente iguales, por eso ya no podemos aguantar más el inevitable derrame de nuestros fluidos internos, por eso nos venimos juntos, a la vez, nos vaciamos en un orgasmo increíble; ¡Ahhh!…,!Ahhh!…, ¡exclamamos de gusto!; mi semen se derrama dentro de tu coño y no puedo parar de bombearte ese liquido del que estoy hecho, del que formo parte, ese liquido nacido dentro de mi ser se deposita placenteramente dentro de tu mundo de creación de la vida. Me vuelves loco de amor y me tienes atrapado.

A todo esto, abro mis ojos y ya no puedo contenerme más, así que, me derramo encima de la encimera del lavabo, una encimera vacía sin ti, que nota tu ausencia, una ausencia que me atormenta, me veo reflejado en el espejo del baño y creo ver tu cara…, ala que digo:

–          Es lindo ver tu cara de nuevo; dime; ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estuvimos aquí? Te ves tan diferente que antes pero sigues siendo la persona que yo quiero. He estado guardando estas últimas palabras para un último milagro, pero ahora no estoy seguro, no puedo salvarte porque tú no me dejas, tú solamente me atrapas como nunca he sido atrapado.

Lovedrive75

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La primera masturbacion mutua con mi hermana

Hola, mi nombre es Ramiro y les voy a relatar lo que sucedió con mi hermana cuando yo tenía aproximadamente 22 años y ella 18.
Somos originarios de una población en el Sur de Jalisco y tenemos muchos familiares en Guadalajara donde yo pasaba la semana trabajando y ella estudiando y solo íbamos de regreso con nuestros padres los fines de semana, yo vivía con un grupo de amigos y mi hermana vivía en casa de una tía pues ella y nuestra prima son de la misma edad y estudiaban la misma escuela
Mi hermana, a quien llamaré Lidia, desde hacía un tiempo que yo la espiaba cuando se bañaba, era una delicia observarla pues con frecuencia pasaba largos minutos sentada en el inodoro acariciándose la panochita hasta masturbarse y luego bañarse, por supuesto que yo también me masturbaba desde mi puesto de observación.
Para nuestros viajes de fin de semana yo había comprado un carro pero durante mucho habíamos viajado en autobús, a Lidia le gustaba vestir de minifalda y blusas escotadas y como una cortesía y cuidado de mi parte en el autobús siempre le dejaba el asiento de la ventana para protegerla de las manos de los demás pasajeros, pero también y por supuesto, para acariciar disimuladamente sus piernas, ella acostumbraba dormirse o hacerse la dormida muy rápido cuando subíamos al autobús y yo por mi parte también me hacía el dormido para ir colocando disimuladamente mi mano sobre su pierna mientras con la otra mano me masturbaba acariciándome sobre el pantalón, estoy seguro que ella sabía que yo masturbaba en el camino pues el inconfundible olor de mis eyaculaciones no se puede disimular
Realmente ambos sabíamos en silencio de nuestras mutuas aficiones por la masturbación
Una tarde que llegué a la casa la cual se encontraba aparentemente sola, ingresé a la recámara principal y lo que vi me dejó uno de los más bellos recuerdos que tiene mi memoria, ahí sentada en la orilla de la cama de nuestros padres y observándose en el espejo estaba Lidia totalmente desnuda masturbándose furiosamente con una mano y acariciándose las tetas con la otra, yo me quedé impactado y tuve una erección instantánea, ella pasó corriendo junto a mi para ir a encerrarse a su habitación pero había sembrado en mi un hermoso momento, no pude menos que masturbarme en ese momento, observarla tan cerca de mi.
Mi mente le tomo una fotografía que sigue intacta en el cofre de mis recuerdos a donde voy a observarla, ese día, los dos nos sorprendimos y creamos un hermoso secreto.

Pero lo mejor estaba por suceder
Un domingo en la noche que salimos a Guadalajara ella llevaba puesta su minifalda y una blusa de botones
Apenas iniciamos el camino y ella se cubrió con una pequeña cobija y se hizo la dormida, yo mientras tanto manejaba y empecé a acariciarme la verga sobre el pantalón y al mirarla de reojo me pareció que no estaba dormida pues llevaba los ojos entreabiertos y me estaba observando, eso me calentó más así que poco a poco me fui desabrochando el pantalón hasta que me saque totalmente la verga y me estuve masturbando muy despacio ante su mirada supuestamente “dormida” hasta que no pude más y alcancé una eyaculación deliciosa
Luego llegó mi hermoso regalo

Se empezó a mover y a acomodar como si fuera dormida pero pronto la note que debajo de su cobija se estaba masturbando, se le escuchaban el hermoso e inconfundible sonido que hacen los dedos cuando acarician una panochita mojada y emitía unos pequeños quejidos, se me volvió a parar la verga y me empecé a masturbar de nuevo, ella ya tenía los ojos abiertos y estaba observando directamente mis movimientos, nuestras miradas se cruzaron en silencio mientras cada uno se masturbaba asi que me tomé el atrevimiento de quitarle la cobija y lo que me encontré fue extraordinario pues tenía la falda hasta la cintura y las piernas abiertas, en silencio le tomé una mano y me la coloqué en la verga para que ella me acariciara y puse mi mano en su panochita que estaba increíblemente mojada, los dos estábamos ardiendo, yo le estuve acariciando suavemente el clitorís y le metí dos dedos y asi estuvimos durante varios minutos y cuando me hizo terminar recibió todo mi semen en su mano y me siguió acariciando la verga con el mismo hasta que se secó y cuando mis dedos le arrancaron su orgasmo fue delicioso, aún recuerdo como si estuviera viviendo en éste momento como se retorcía de placer en mi pequeño coche de tal forma que me dejó un recuerdo imborrable para el resto de mi vida
Mi hermana es una mujer muy guapa y conserva un cuerpo hermoso, algunos años después cuando ella ya se había casado la encontré sola en la casa amamantando a su bebé y después de bromear un rato con el recuerdo de que yo la había encontrado desnuda en el mismo sitio nos calentamos un poco y me permitió probar la leche materna directo de sus tetas
Karla es otra mujer, es una bella hembra con quien he vivido el mejor sexo de mi vida y a quien le prometí revelar éste secreto como homenaje a la pasión que nos tenemos y el cuidado que debe prevalecer frente a nuestros respectivos entornos.
Ramiro

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Lo que pudo pasar, pasó.

La verdad es que a veces no sé como pasan las cosas. Simplemente fluyen hacia un final que no esperas. Aunque lo más curioso es que cuando llega no te sorprende por mucho que lo deseases o no.

Esta historia trata de cómo un fin de semana tranquilo se transformó a lo contrario con una buena amiga mía y mi marido. Y de cómo terminamos haciendo realidad una de nuestras fantasías recurrentes a pesar de que ninguno tenía la más mínima intención de ello.

Todo comenzó cuando, hablando con mi amiga por teléfono, le propuse que se viniese a pasar unos días con nosotros a nuestra casa en el campo. No estaba pasando por un buen momento ni sentimental ni en trabajo y pretendía que se “olvidara” un poco dando largos paseos en bici, saliendo de marcha, leyendo en la piscina… en resumen que pretendíamos animarla un poco del bajón que estaba pasando. Mi marido con ella es muy amable y siempre consigue hacerla reír de corazón (irresistible para las nosotras. Tomad nota chicos) y los dos le tenemos un cariño muy especial, algo así como si fuese mi hermana. No penséis mal, aun no, hablo de un aprecio casto y sincero.

Ella llegó a la estación de tren del pueblo al lado de casa y mi marido fue a recogerla. Como sabía que estaba muy mal de ánimos hizo todo lo que pudo por alegrarla y ya llegaron a casa riéndose y contando tonterías. Habían pasado por el supermercado y comprado cosas para esos días, principalmente frutas, bebidas, carnes y verduras para la para la parrilla, tabaco y poco más. Nosotros apenas bebemos y siempre tenemos una “bodeguita” en casa que se nos caduca. De todos modos el fin de semana prometía ser tranquilo, jugando a las cartas, entreteniéndola un poco y haciendo de pañuelo de lágrimas la mayor parte del tiempo.

Estos días había hecho un calor anormal para mi tierra en esta época, así cuando llegaron les propuse ir inmediatamente a la piscina. Subimos las maletas de Silvia (así vamos a llamar a mi amiga) y Magnus (así vamos a llamar a mi marido) se ofreció a preparar la comida mientras nosotras nos bañábamos (lo normal, he tenido la suerte de que le guste la cocina,,, un chollo porque a mí no atrae nada de nada). Así que él muy cielo se quedó arriba mientras nosotras no bajamos a darnos un chapuzón. Nuestra piscina está en el sótano y es de invierno así que en verano, aunque la apagamos, hace un calor en la habitación tremendo y todos nos tiramos de cabeza nada más entrar. Tengo que reconocer que es uno de nuestros principales pasatiempos cuando estamos solos. Transpirando y calentitos dentro del agua mientras fuera nieva… una delicia… (lo dejaré para otra ocasión).
Bueno mi primera sorpresa fue cuando nos desnudamos para ponernos el bañador. Silvia me dijo que estaba guapísima, que había adelgazado, que estaba estupenda. Eso me puso el ánimo por la nubes. Un dulce no le amarga a nadie, y menos a mi. Yo no me encuentro muy atractiva la verdad, pero sé que ese es un problema que tengo, Soy consciente de que los demás no me ven así y que “levanto pasiones”. Lo que, por otro lado, me encanta. Mido uno setenta y cinco y estoy bien proporcionada, con unos pechos bastante hermosos (apetecibles a toda hora dice él) y me siento muy orgullosa de mi culete. Yo no me veo así, pero me sé rubia-guapa-exuberante, y de hecho me han propuesto para modelo en más de una ocasión.
Bueno, vale, aquí si lo puedo confesar, en realidad me gusta mucho mirarme al espejo, en la soledad de mi habitación me encuentro realmente atractiva.
Mi amiga Silvia me sorprendió aun más. No la veía desnuda desde las duchas del colegio donde, sinceridad primero, sentía una atracción por ella que no entendía en ese momento. Una especie de cariño de amiga realmente especial, de admiración. La veía realmente irresistible y entendía que los chicos se volvieran tontos con ella. Sentía algo de celos pero no de los chicos, de ella y siempre pensé que era porque, al fin y al cavo, era mi amiga y quería estar más tiempo con ella.
Ahora estaba realmente hecha toda una mujer. Sus pechos, que no son muy grandes, pequeños más bien, son realmente atractivos y sus curvas, como las dunas de un cálido atardecer rojizo en el desierto, eran como una cascada de sensualidad que se derramaba desde su nuca, al aire bajo su corto pelo castaño rojizo, pasando por una elegante espalda, curvándose hasta su suave culete y siguiendo el ritmo de un pequeño ombligo como un guiño antes de una pequeñísima tripita como un adelanto de lo que hay más abajo. Tan sensual como siempre. Toda una pequeña provocación con su metro setenta de atractivo moreno aterciopelado y sus dos ojos melosos.
-Los tiene que volver locos- pensé, ya que siempre le había gustado mucho seducir pero sin llegar a nada más. En el fondo siempre ha sido muy remilgada y ha dejado tras de sí toda una pléyade de corazones (y otras vísceras) destrozadas a su paso. Seguro que era la única del grupo del cole que llegaba virgen al altar, con eso todo dicho.
Pero de repente me di cuenta de lo tenía todo depilado, ¡del todo!. Fue una sorpresa que no me esperaba y he de reconocer que eso la hacía mucho más atractiva de lo normal. Parecía tan cuidado y suave que comprendí que a algunos hombres les resultase así más atractivo, la misma diferencia de una axila depilada y a sin depilar. He de reconocer que me costó mucho trabajo no mirarla y de repente me encontré ruborizada mirandola fijamente a la cara para que ella no notara que mis ojos se desviaban casi sin querer abajo, a sus pequeños pero atractivos pechos, con dos casi coquetos pezones como dos botoncitos, y más abajo aun, a su certero ombligo, y aun más abajo aun donde el vello ya no hacía de frontera definida y solamente el sutil bronceado de la piel indicaba que se entraba en zona privada, reservada e intima. Pero gracias al cielo ella no se dio cuenta mientras me hablaba de lo maravilloso que era poder pasar con nosotros el fin de semana y de lo bien que lo pasábamos juntas de pequeñas jugando a maquillarnos y hablando de chicos.
No voy a negar aquí que he tenido deseos y fantasías con otras mujeres, como todas supongo. Según tengo entendido es normal en la mayoría de nosotras. Pero lo que realmente me turbaba esta vez es que nunca me había fijado en otra chica. Realmente nunca me había sentido atraída por otra mujer. Mis fantasías y ensoñaciones no tenían cara ni personalidad definida. Eran simples objetos de deseo que una vez pasado el momento desaparecían como vinieron. Esto era algo que tenia plenamente asumido y que incluso disfrutaba y disfrutábamos juntos. Pero jamás había pasado de eso, de una mera fantasía sin personajes definidos, sin expectativas de realizarse ni ganas reales de hacerlo. Solo fantasía. Sentir ahora ese deseo tan masculino de mirar me inquietó bastante y a la vez sonó como los acordes de una orquesta ensayando antes de empezar, como la suave brisa antes de la lluvia, como la tenue luz rompiendo la noche antes de amanecer. De repente me di cuenta, me había sentido atraída por el cuerpo de una mujer. Intenté quitármelo rápidamente de la cabeza. Casi me escandalizaba a mi misma y razoné que tanta fantasía y tanto desenfreno tenía ahora que tener su consecuencia así que decidí pararlo en seco (….si chicos, alucinar, pero todas las mujeres podemos hacerlo) y me centré en la conversación mientras nos poníamos el bañador.
La entrada en el agua fresquita, además de un tremendo alivio del calor sofocante que hacía en la piscina, me ayudo enormemente a conseguirlo y en solo unos instantes desapareció del todo y sin dejar rastro, como un sueño olvidado.
Hablábamos de nuestros buenos años en Marbella riéndonos al recordar las travesuras de aquellos tiempos y las juergas hasta las tantas cuando mi marido llamo a la puerta de la piscina. Sabía que podíamos estar desnudas y quiso avisar para no pillarnos y crear una situación incómoda.
Cuando le dije que podía pasar, que estábamos visibles y el agua estaba estupenda apareció para decirnos que el arroz que había hecho estaba reposando y que en diez minutos subiéramos a comer. Entonces las dos le animamos a darse un baño porque el pobre parecía realmente axficsiado y el agua estaba buenísima. Aceptando nuestra proposición nos dijo que iría a ponerse el bañador y venia enseguida. Es un gran tímido y nunca se le ocurriría cambiarse delante de Silvia.
Magnus hace realmente honor a su nombre, es enorme. No es que sea muy, muy alto, pero sus uno ochenta y pico están muy bien proporcionados, sin ser un machacado del gimnasio (que creo que jamás ha pisado) se notan con claridad sus marcados músculos en los brazos. Su pecho es grande y fuerte (perfecto para dormir acurrucada en una tormenta), aunque no tiene una “tableta de chocolate” no le sobra un gramo y sus piernas, cinceladas y poderosas, me han hecho alguna vez pensar en él cómo en un centauro…. y su culete, ….mmmm su culo es para volverse loca… a mordiscos. He de reconocer que una de mis debilidades, uno de mis vicios, tal vez una de mis más escondidas perversiones es notar como esos músculos potentes de su trasero se ponen rítmicamente como piedras bajo la presión de mis manos mientras él, encima mía, me da todo el placer que es capaz de darme y yo sentir.
Pero su timidez se vería aun muy “castigada” hoy. Silvia, salpicándolo, le dijo entre risas que donde iba, que estaba atontao por el calor, que el bañador lo tenía colgado en la ducha junto a la piscina. El pobre se quedó cortado y moviendo la cabeza como en resignación de su despiste lo cogió para irse con el a cambiarse. Entonces Silvia empezó con la broma de que se quedara, que nosotras nos habíamos cambiado aquí y él también tenía que hacerlo. Bromeaba de cachondeo con que queríamos un estriptis y yo le seguí la broma sabiendo lo tímido que es. El pobre lo estaba pasando fatal y estaba paralizado mirándome sin saber qué hacer. Así que como vio que yo le seguía la broma a mi amiga intentó el mal truco de la toalla. Sencillamente fue ridículo. Nosotras gritándole partidas de risa y el esforzándose en quitarse los pantalones y ponerse el bañador debajo de la toalla sin que se viese nada. Esa es una disciplina playera para la que los hombres no tienen habilidad, reconozcámoslo. Era desde luego el estriptis menos sexi que nadie se puede imaginar y nosotras lo jaleábamos aun más por eso. “Tío bueno” “Macizo”, le jaleaba ella, “esta noche te vas a enterar”, le gritaba yo, y el pobre cada vez estaba más nervioso así que cuando se iba a subir por fin el bañador debajo de la toalla esta se cayó, dejando al aire su precioso culete, aunque él se cubrió a la velocidad del rayo. Nervioso, rojo como un tomate, se dio la vuelta y riéndose como un niño que hacia una travesura se tiró a la piscina salpicando lo más posible. A lo que nosotras respondimos las dos contra él a la vez salpicándole y intentando hacerle ahogadillas, cosa que no conseguimos, claro. Éramos como dos ligeras y gráciles nutrias intentado ahogar a un oso. Nos cogió a cada una con un brazo y nos lanzó casi sacándonos del agua. A esto, claro está, nosotras respondimos aun con más ganas. ¡Las chicas no se rinden! y nos abalanzamos las dos a la vez sobre él. Estábamos en ese juego cuando de repente Magnus se escabullo y diciendo que se pasaba el arroz salió corriendo de la piscina haciendo mutis por el foro. Me pareció un poco precipitado y nervioso, peroérl para eso de la comida es algo “don perfecto”, así que no le di más importancia. Simplemente se había acordado de repente.
La comida fue realmente agradable, contando bromas y chistes tontos. El arroz estuvo muy bueno (algo normal con mi marido). El ambiente distendido y alegre, era como el de unas buenas vacaciones. Así que hicimos planes para la tarde. Nosotras queríamos estar una rato más en la piscina y tomar el sol mientras mi chico se dormía una siestecita. Después podríamos ir al pueblo en bici a tomar un helado y dar una vuelta. Quedamos en volver a cenar a casa y ver una buena peli en la terraza al fresquito de la noche que era lo que más nos apetecía a los tres.
Después de la comida vino la segunda sorpresa del día. Magnus se fue a descansar y Silvia y yo nos bajamos a las hamacas del jardín. Después de un buen rato hablando sobre todo lo divino y lo humano, arreglando el mundo y recordando buenos momentos decidimos darnos un baño para refrescarnos un poco.
Fue a la vuelta de la piscina cuando me dijo, en un tono algo pillin y secreto que me tenía que comentar algo. Yo por supuesto la animé diciéndole que los secretos eran lo que más me gustaba. Ella se quedó callada y yo, divertida e impaciente, le dije que no se lo pensara, que me lo contara ¡YA!. Ella me pidió que no me molestara, que era algo políticamente muy incorrecto. Al preguntarle que porque me iba a molestar mi actitud ya cambió de curiosa divertida a intrigada expectante. Cuando a una le advierten que se puede molestar inmediatamente se molesta, es física femenina elemental. Entonces ella empezó a hablar con una vibración de duda en la voz. Yo estaba cada vez más impaciente. Su mirada parecía pedir perdón de antemano cuando me dijo casi en un susurro que sabia porqué Magnus había salido corriendo de la piscina. Entonces reconozco que me descuadré. Esta está tonta pensé. “Porque se le pasaba el arroz. Él mismo lo dijo” le espeté. En ese momento su mirada cambió de cortada a pillina y, con musiquilla de picaruela me dijo un “no, no, no. La que no te enteras eres tu…” y se echo a reír a carcajadas. Eso fue el colmo para mi paciencia, me estaba empezando a desesperar de verdad. “¿Entonces qué?”, les respondí algo seria, casi molesta. Ella, con un tono más pillin aun se acercó a mí y me dijo al oído “se ha ido porque le tocaba izar la bandera”. Mi cara debió ser el espejo del alma, ahora si que no entendía nada, y le respondí con un gesto que lo decía. “Que tenia tienda de campaña” siguió con el tonito rítmico y picarón de las narices. “¿Qué tienda ni qué puñetas?¿De que hablas?” le dije yo ya desesperada (ahora ya sé que debí parecer más que tonta alelada). “Joer, no te enteras o no te quieres enterar” ahora la impaciente era ella “ que tu chico se ha ido porque se le a puesto el chisme como un mástil, que no te enteras”.
Ella se quedó callada, cortada, expectante, mirándome esperando mi reacción. Yo, también cortada, no sabía que decir. El silencio se alargó unos segundos más de lo normal y de repente a mi me dio la risa. Ella me siguió y rompimos a carcajadas en una de esas explosiones contagiosas que no puedes parar. Ya no sabíamos si nos reíamos de nosotras mismas o del corte que debió pasar el pobre Magnus. Pero ese el atractivo de ser mujer, en el fondo nos hace ilusión provocar esas reacciones en los hombres sin más intención que sentirnos capaz de hacerlo. Y eso es algo que nos divierte mucho hacer. Y si además lo hacemos con una buena amiga mejor y más divertido aun. Sé que para los hombres esto es incomprensible, ellos ponen en marcha el motor (por cierto con asombrosa facilidad) y solo tienen una meta, llegar. Para nosotras puede ser de lo más divertido y ahora lo estaba siendo. Silvia lo imitaba diciendo cortado “lo siento pero me tengo que ir” mientras corría de un lado para otro medio agachada como tapándose la entrepierna. Yo me metí la mano por debajo del bañador e imitando “la tienda de campaña” con el dedo me reía diciendo “el arroz”, “que se me va el arroz”, “que se quema de caliente”. Fueron unas muy buenas risas y nos desahogamos a gusto. La pobre no sabía cómo me lo iba a tomar pero al ver mi buena reacción se desinhibió.
Ahora es cuando vino la tercera sorpresa. Cuando ya nos fuimos tranquilizando y las risas fueron más relajadas Silvia retomó el tonito picaruelo y me dijo casi suspirando: “menuda suerte tienes chica, con tanta alegría no necesitas consuelo… ni consolador. A ver si un día me lo dejas” y volvió a echarse a reír. Yo me quedé algo cortada pero inmediatamente le seguí el juego y riéndome también le dije “eso es coto privado querida”. Entonces ella, aun partida de la risa, entre carcajadas me contesto partiéndose aun más “pues a ver cuando me invitas a pegar unos tiritos”. La explosión de risa comenzó otra vez a empezar. Aunque he de reconocer que esta vez yo también tenía algo de la risa tonta que me da cuando estoy cortada.
Las risas se fueron tranquilizando pero la cosa no quedó ahí. Cuando ya recuperamos la respiración, aun con el aliento algo entrecortado Silvia me comentó: “ El pobre, rodeado en la piscina por dos cuerpazos como estos no pudo evitar ponerse un poco alegre… lo entiendo chica, es normal”. “Con lo tímido que es, lo mal que lo habrá pasado el pobre” le contesté yo.
Entonces Silvia me sorprendió otra vez al decirme “ bueno, he de ser sincera contigo, cuando le he visto saliendo de la piscina yo también me he sorprendido a mi misma un poco”. Yo, mirándola intrigada la animé con un gesto a seguir contándome. Continuó: “Bueno chica, es normal, con tanto roce y tanta pelea… y además luego viendo ese armamento cargado salir de la piscina… bueno que una no es de piedra vamos…” y siguió con una risa timida. Yo no sabía que decirle y contesté “Es que mi chico es mucho hombre hija… te entiendo” y le devolví una sonrisa de complicidad. “Tu chico y tu, querida… estáis los dos para mojar pan”.
Silvia se asustó a si misma de lo que había dicho. Colorada como un tomate se tapó la boca como para no dejar salir más palabras. Yo me quedé aun más cortada, pero tenía que encontrar alguna manera de romper ese momento, ella estaba avergonzada. “¿Por qué te cortas chica?¿Es que nosotras no podemos decirnos lo buenas que estamos?” le dije intentando ir por el lado de la broma. “Si, si, claro perdona es que…”. “Que no te preocupes mujer”, la interrumpí “que ya no somos niñas”. Pero ella seguía aun avergonzada. Yo lo intenté de nuevo ofreciéndole compresión “¡Venga mujer! Que eso es normal. Nos pasa un poco a todas y tu simplemente has tenido un lapsus”. Entonces mi amiga me miró con una mezcla sorpresa, ilusión y timidez a la vez “¿en serio?¿a ti también te pasa”. “Claro” le respondí, sin saber que en ese momento abría la caja de Pandora.
Entonces fué como si le hubiese quietado un peso de encima. Me confesó que estaba preocupadísima desde hace un mes por algo que le pasó. Le daba muchísima vergüenza contármelo pero yo la animé a hacerlo con palabras de comprensión y apoyo. Después de mucho insistir se desahogó, no sin antes insistir en el corte que le daba contármelo.
“Estaba en casa sola y viendo la tele por la noche como todos los días y no echaban realmente nada que valiera un pimiento. Como estaba aun muy despierta y sin ganas de dormir me puse a ver qué películas ponían en la taquilla ese día, pero no encontré nada que mereciera la pena y no hubiese ya visto y me picó la curiosidad. Nunca había visto una peli porno y, aburrida, quise echarles un vistazo. Al fin y al cavo estaba sola. Así que la compré. Al principio me pareció un rollazo infumable. Los actores malísimos, el argumento absurdo, en definitiva lo peor de lo peor. Pero ya la había pagado y me pasó lo mismo que con los programas de tele-marketing de por la noche. Me enganché. La cuestión es que todo aquello fue subiendo de tono a lo burro. Al principio no tenía ni la más mínima gracia y no entendía que podría tener eso de estimulante, pero no podía dejar de mirarlo. Sin darme cuenta me fui encendiendo poco a poco, me da corte contártelo (pero siguió) y no podía dejar de mirar como dos hombres bailaban de la manera más sexi que jamás me pude imaginar con una sola chica en mitad de una discoteca. Ella les seguía con el ritmo de la música y los animaba a los dos a la vez. Ellos la rodearon y la abrazaron, uno delante y otro detrás, y con movimientos rítmicos de su cadera ella los rozaba a los dos a la vez mientras cada uno le besaba un lado del cuello y le acariciaban con ansia los pechos encima de la ropa. Yo me iba poniendo cada vez más y casi sin darme cuenta empecé a acariciarme los pechos como a la chica de la peli, estaba empezando a excitarme realmente, ahora ya no quería parar.
Entonces la escena cambio y los tres se fueron a un apartado en la discoteca y los chicos (sin nada que pareciera gay) empezaron a desnudarla besándole los pechos y la boca y metiéndole mano a la vez por todos sitios. Mientras, aun de pie, uno le daba un beso realmente apasionado en el cuello y le acariciaba los pecho, el otro ya estaba besándola por abajo. Yo ya estaba realmente a cien, notaba la humedad entre mis piernas y no pude evitar desplazar mi mano lentamente, paseándola antes por mis pechos liberándolos del sujetador, hasta llegar hasta donde me palpitaba ya con fuerza el deseo. En la tele todo estaba ya muy subido de tono y mientras uno la penetraba con fuerza el otro le dejaba besar su mejor parte. La tenia realmente enorme y ella la lamia con autentico deseo, suave y fuerte a la vez, muy sensual. Entonces yo no pude evitar imitarlo y sin saber muy bien como y casi sin darme cuenta, como embriagada por el placer, me desnudé por completo y tumbada en el sofá me acariciaba y me satisfacía con una mano y con la otras paseaba mis dedos de mis labios a mis encendidos pezones, que duros a más no poder multiplicaban las sensaciones con cada movimiento de mi otra mano. Imagínate como siguió la escena de la película. Un sándwich en el que yo fantaseada con estar en medio mientras disfrutaba de lo lindo de mi soledad. Entonces la peli cambió y yo bajé el ritmo para no irme enseguida. Para abreviarte ahora eran dos chicas y un chico. Y eso empezó a ponerme más todavía. Estaba realmente turbada y sorprendida pero tan encendida que no podía parar. Se besaban en sus cuellos y al ver como una le besaba uno de sus pezones sensualmente con la lengua casi estuve a punto de irme. Se metían mano la una a la otra mientras el chico les daba atenciones a las dos por igual acariciándolas, animándolas y besándolas. Yo estaba tan excitada como no había estado en mi vida. El colmo fue cuando vi como una chica le lamia con deliciosa pasión a la otra chica su humedad, delicadamente al principio y luego con más fuerza hundía su lengua y su boca entre los labios mayores de la otra. Cuando ya no podía más el chico empezó también a participar de ese fantástico beso y eso me llevó aun más alto. Los dos le estaban lamiendo bien, se besaban en su palpitante y húmedo ricón. Ese era el placer que yo en ese momento me imaginaba. Dos lenguas acariciándome, penetrándome a la vez que me lamian mi palpitante botoncito, estaba realmente al borde del exatsis. Pero cuando por fin ya exploté de placer fue cuando, mientras él la penetraba, la otra chica lamia y besaba a los dos por igual. Jugando con su lengua en la escena más excitante y sexual que me imaginé en mi vida, mezclándose jugos salivas y cuerpos. Me desperté desnuda en el sofá al día siguiente. Esto que me ha dado un poco de corte contártelo es para que entiendas donde empezó todo”. Entonces se quedó callada, muy cortada, creo que no se creía que había sido capaz de contarme todo ello. Esperaba una reacción por mi parte. Un gesto o una palabra que le librara de la vergüenza que esta pasando por haberme confesado algo tan íntimo y personal.
Yo le dije que eso era normal y que todas lo habíamos hecho alguna vez, que no se asustara. Lo que no le dije es que no todas lo contábamos con tal cantidad de detalles. Ahora yo era la que estaba realmente encendida y notaba como mi calidad humedad se mezclaba con el bañador mojado. Me daba tanto corte que no sabía si dejarla seguir o no dejar de hablar yo. Pero quise sobreponerme. Mi amiga necesitaba contarme algo y además yo estaba realmente avergonzada por estar tan excitada. Así que la animé a seguir contándome.
“Bueno pues lo que me pasó varios días después es lo que más me preocupa. Me desperté en mitad de la noche en un sueño húmedo en el que tenía relaciones con otra chica. No tenía ni cara ni nada y desde entonces ese deseo se ha convertido casi en el único. No puedo evitar sorprenderme a mi misma fantaseando en como seria hacerlo con otra. Estoy realmente preocupada porque no sé que me está pasando.”
Esto último me lo conto casi con un nudo en la garganta. Y yo estaba todavía muy excitada de todo lo que me había contado y no podía dejar de imaginarme su sensual cuerpo latiendo de placer en el sofá de su casa, que tan bien conozco, mientras se hacía de todo a si misma descubriendo lo que de verdad la excitaba viéndolo por la tele. No podía dejar de pensar en su cintura arqueada mientras seguía un ritmo frenético con su mano y con la otra jugaba con su lengua y sus pechos. Tenía que parar, me avergonzaba a mi misma. Mi amiga me necesitaba y yo estaba teniendo mi primera excitación con una mujer. No podía ser más inoportuna ni darme más corte. Así que decidí consolarla quitándole importancia y diciéndole que esa fase la hemos pasado todas. Que era algo normal y que en el fondo todas somos un poco bi pero que no pasa nada y que no quiere decir nada, Que todo es perfectamente normal y que no se agobiara.
Magnus apareció de pronto recién despierto de su siesta diciendo que nos fuéramos al pueblo en bici como habíamos quedado.
Fue como la campana que nos salvó de un momento un poco tenso. Aunque más tenso se volvió cuando al levantarnos me di cuenta de que Silvia se había mojado también al contarme sus aventuras en solitario. Decidí no darle más importancia ya que al fin y al cavo era normal al contar con tanto detalle algo tan caliente. En el fondo todo esto me daba un corte tremendo y me pareció fantástico cortarlo en seco. Por segunda vez en el día. Estaba realmente muy turbada.
Nos cambiamos de ropa para quitarnos los bañadores mojados, yo me puse un traje camisero y Silvia unos piratas con un blusón blanco. Cogimos las bicis y nos fuimos al pueblo que está a unos kilómetros de casa. Los tres íbamos hablando animosamente y riéndonos de tonterías. Mi amiga en ocasiones me lanzaba sonrisas de complicidad en las que, además, yo adivinaba el apuro que le daba ahora pensar en todo lo que me había contado. Las dos estábamos de acuerdo sin decirlo. Tema zanjado. Se ha desahogado, yo la he comprendido y le he asegurado que es normal. Se ha tranquilizado. Fin de la historia. A otra cosa mariposa.
Pero claro que la cosa no acabó aquí. De repente descubrí a Silvia mirándole el culo a Margnus que iba delante con la bici. Me miró y con un gesto mordiéndose el labio de abajo me hizo saber lo que le parecía… mmm delicioso. Yo simplemente me encogí de hombros, le guiñe un ojo y le sonreí. En ese instante me asaltaron unos celos terribles. Otra chica le estaba mirando el culo a mi marido y sabia que se ponía con ello. Estaba furiosa y me la imaginé haciéndoselo ella sola mientras pensaba en mi tímido marido. Supongo que ese pensamiento me asaltó con la intención de encender aun más mi enfado… pero para mi sorpresa no fue así. Me sorprendí mirando a mi amiga desde atrás e imaginando que se lo hacía a si misma pensado en Magnus, en nosotros. Me vino a la cabeza que ella estaba excitada pensando en mi maridito y yo disfrutando de lo lindo. Que seguro que la muy viciosa se lo haría pensando en nosotros… y eso, lejos de darme más celos o enfadarme, me excitó aun más. No lograba entenderme a mi misma pero mi deseo iba en aumento. De repente fui consciente del sillín de la bici bajo mi cosita ya bastante húmeda. Me incliné hacia delante hasta hacer que mi peso presionase en el sitio justo contra el sillín y a cada pedalada una ola de placer me invadía, poco a poco fue creciendo el gustito en silencio, como una bebida que te embriaga poco a poco, despacio, pero constantemente. Yo apretaba mis piernas contra el sillín y me inclinaba más para que mi propio peso intensificase las sensaciones. El hecho de estar en público y plena luz del día me excitaba más todavía.
Disimulaba muy bien y además iba detrás. No podía dejar de imaginarme fantasías. Como por ejemplo que Magnus se daba cuenta de lo que estaba haciendo y me llevaba a un lugar escondido en el bosque y me lo hacía contra un árbol, mientras Silvia, escondida en la maleza se tocaba frenéticamente mirándonos fijamente. Entonces mi mirada se cruzaba con la suya y lejos de parar al sentirse descubierta seguía manteniéndome la mirada. Entonces imaginaba una conexión especial entre las dos. Las dos estábamos conectadas por el placer y sabía que cuando yo me fuera y terminara ella también lo haría. Ella también lo sabía y seguía mirando fijamente como Magnus me poseía desde atrás. Entonces yo sentía deseos de besar su pechos y ella, humedeciéndose los dedos con su lengua recorría su pechos lentamente. Entonces yo, que mientras Magnus me empuja con un ritmo animal, estoy acariciándome compulsivamente y tocando lo hinchada que la tiene al penetrarme, explorándolo y sintiéndolo, sin dejar de mirarla fijamente mientras se estremece de placer al vernos, empiezo a lamer mis dedos humedecidos en mi propio jugo, jugando con la legua entre ellos y volviéndolos a humedecer sin dejar de mirarla. Entonces ella, extasiada por el espectáculo hace lo mismo y cambiando de mano empieza a saborear lo que mana de su propio placer… En estas cosas iba yo pensando en la bici, apretando lo más fuerte que podía contra el sillín y sin dejar de mirar ahora el culo de Silvia y el de mi marido que iban delante hablando y riéndose. Llegue a irme al menos una vez y después me sentí como una aventurera. No estaba avergonzada, nadie lo había visto. Me lo había montado de lo lindo en mitad de todo y todos y me sentía eufórica, no me entendía pero me sentía así.
Cuando llegamos al pueblo todo fue de lo más normal. Bromas, conversaciones agradables sobre temas intrascendentes como el hoyo 7 del campo de golf al lado de casa que tiene truco. Gracias al cielo nadie había notado nada y todo se disolvía como la niebla, como los restos de una fantasía tras un orgasmo. Estaba realmente aliviada. No entendía lo que me pasaba pero ese día la libido se había despertado con fuerzas. Esperaba que después del paseo en bici se cansara y se fuese a dormir y me dejara en paz de una vez.
Pero esta vez fue Magnus el que pareció que iba a abrir la caja de Pandora al preguntarle en tono de broma por su vida sentimental, ella respondió que estaba sola y muy a gusto. Cuando dijo a gusto me miró y me sonrió con complicidad. Menos mal que todo se quedó en eso.
Mi marido al final nos invitó a cenar en un restaurante junto al rio. La cena fue entretenida contando nosotras nuestras travesuras de niñas y Magnus alguna batallita. En los postres, como no teníamos que conducir, mi marido pidió unos limonchelos que estaban buenísimos y eso casi se transformó en un concurso de chupitos. Tuve que pararlo o no llegaríamos a casa enteros. Un porrazo borracha con la bici en mitad de la noche no era lo que más me apetecía.
El camino a casa fue de lo más divertido, cantando a todo pulmón en mitad del bosque y despertando a todos los vecinos a nuestro paso, que con el calor dormían con las ventanas abiertas. Cuando llegamos a casa estábamos realmente eufóricos y con el control algo perdido. Nos fuimos al jardín a cantarle a la luna ( a todas las borrachas nos da por lo mismo) y Magnus apareció con dos botellas de Champan y una cubitera de hielo. Las dos le suplicamos que cava caliente no por favor. Pero él metió hielos en las copas y nos sirvió el Champan. Era realmente una guarreria, pero supongo que daba igual.
Entonces empezaron los brindis. Brindamos por nosotros tres. Nosotros dos brindamos por ella. Ella brindo por nosotros dos y abrimos la segunda botella. ¡Por el futuro! ¿Por la paz en el mundo! ¡Brindamos por los brindis! (la cosa era gritar, reírnos y beber) ¡Por nuestros deseos! Y Magnus se fue tambaleante a por otras dos botellas.
Estábamos realmente tocados los tres. Entonces, tras brindar por nuestros sueños Magnus, con una cogorza enorme, propuso brindar por nuestros deseos más íntimos. A Silvia y a mi se nos paso casi toda la borrachera de golpe, nos miramos algo cortadas e, inevitablemente, rompimos en una explosión de carcajadas que mi marido también secundó aunque no sabia de que iba la historia. Tenía tal tabla que creí que le daba igual.
Empezó Magnus. Se levanto (o algo parecido) y con voz lo más solemne que pudo gritó “Por que se cumpla mi deseo más intimo…” (Silvia y yo nos miramos con cara de borrachuzas y nos reímos, Magnus siguió)…” a mi me gustaría antes de morirme…” La tensión, aunque riéndonos, se podía cortar “…ser torero!” y se derrumbó sobre el sofá de la terraza. Silvia y yo no podíamos para rde reírnos mientras Magnus con cara de digno nos juraba que era verdad, que quería eso desde niño. Entonces yo cogí una toalla y le la día Magnus como capote y Silvia con una silla hizo de toro para que le diera unos pases. Yo aplaudía eufórica y le gritaba oles y Torero, Torero.
Nos caímos de risa en otra explosión contagiosa. “ahora me toca a mi” dije yo rellenado las copas de champan con hielo. Pero cuando ya estaba preparada, Silvia se levanto de repente y grito “… ¡yo lo que quiero hacer antes de morirme es probarlo con otra tia!…” “¡y yo también!…” le contesté sin pensarlo. De repente el silencio se adueñó de la reunión. Nadie sabia que decir. Yo miraba a Silvia y ella me miraba a mí. Magnus parecía no enterase de nada desparramado en el sofá. La tensión podía cortarse con un cuchillo pero a la vez un escalofrió me recorría la espalda. Como una excitación contenida. Todos seguíamos callados. Entonces mi marido, como recién despertado me miró, miró a mi amiga y me volvió a mirar y dijo “…pues vosotras también vais a torear si de verdad lo queréis…”. El silencio fue entonces más profundo aun. Estábamos en el jardín y una noche estrellada de verano se adornaba con una suave brisa que recordaba al mar. Olía a flores y tierra mojada. Pero el silencio, como un gran techo de nubes sobrevolaba sobre vosotros. “…¿Por qué no probáis a ver si os gusta?…” dijo Magnus con una medio lengua de borracho.
Yo miraba fijamente a Silvia cuya preciosa silueta se recortada contra el horizonte y ella no podía apartar sus ojos de mi. Entonces mi marido, con una suavidad y delicadeza impropia de un hombre que había bebido tanto, me cogió suavemente de la mano y con una sutil presión, como una invitación me llevó delante de Silvia, que de pié nos miraba fijamente. Magnus se puso detrás mía y a mí me colocó enfrente de mi amiga. Estaba cortada pero tenía más curiosidad que otra cosa y supongo que las copas de más hicieron el resto. La miraba fijamente a los ojos pero ella miraba todo mi cuerpo. En ese momento me sentí realmente deseada. No dejaba de desnudarme con la mirada cuando Magnus, detrás de mí, me dio un apasionado y suave beso en la nuca y como una ligera brisa me empujó hasta estar pegada a mi amiga. Inmediatamente sentí sus pechos rozando los míos y como sus manos se posaban en mi cintura, que fueron subiendo delicadamente hasta mi nuca y entonces se acerco tanto a mi cuello que sentía su aliento entrecortado rozándolo. Haciendo esto me dejó el suyo a mi alcance. Terso, delicado, curvado, apetecible, sentía ganas de besarlo, de probarlo, de sentir como era el de otra chica, tan femenino, tan distinto. Entonces noté como sus labios se posaban suavemente en mi cuello. Un escalofrío me recorro toda la espalda. ¡Me estaba besando otra chica!¡y me estaba gustando bastante! Estaba realmente excitada y a la vez super-cortada. Suavemente empezó por dar pequeños pellizquitos con sus labios y cuando abrió la boca y me rozó cuidadosamente con la puntita de su lengua no pude resistirme más y me lancé a probarlo. Era un piel distinta, mucho más suave, casi más fresca. Notaba como se estremecía de placer bajo mis labios y se le erizaba la piel. Entonces me abrazó la espalda acariciándola con pasión y beso mi cuello y mi nuca con tal deleite que no me quedó más que hacer lo mismo. Me excitaba cada vez más al pensar que la piel que estaba rozando con mi lengua era de otra chica y entonces fue cuando me abandoné al deseo.
Silvia recorrió por encima de mi ropa mis caderas y con un suave giro, como un camino del deseo ya premeditado las llevo hasta mi culo donde apretó con fuerza haciéndome morderle el cuello por la excitación que me provocó. Yo no pude resistirme y mis manos empezaron a explorar su delicioso cuerpo debajo de su ropa y puse mis manos sobre sus pechos. Noté los pezones erizados por el deseo bajo la tela y no frené la tentación de meter suave y lentamente una mano para acariciarlos. Entonces ella, delicadamente y sin dejar de besarme el cuello, empezó a desabrocharme los botones de mi traje, y con cada botón que desabrochaba sus labios y su lengua iban un poco más abajo. Yo, que ya estaba realmente cachonda, sentía las palpitaciones calientes en mi húmeda cosita, abajo. Ella terminó de desabrocharme los botones y me pasaba suavemente las manos y los labios por encima del sujetador, sobre mis pezones ya al colapso de la excitación, entonces con un movimiento rápido pero delicado me bajó el sujetador dejando mis pechos al aire y presionados por abajo por la prenda. Ella se acerco lentamente a mi pezón derecho. Podía sentir su aliento caído sobre él. Se paró un segundo en inmediatamente pasó delicadamente su lengua sobre él para seguir haciendo círculos alrededor. Yo estaba casi al borde el orgasmo solo con eso y entonces me lo apretó firmemente con la mano mientras ya lo lamia con pasión y casi lo metía entero en su boca. Otra tía me estaba chupando las tetas y solo con esa idea el deseo recorría cada rincón de mi cuerpo como no lo había sentido hasta ese momento. Entonces yo quise probarlo. Desee sentir en mi boca sus pechos y jugar con mi lengua en sus pezones. Le levanté la camisa y con un gesto más bien brusco le bajé el sujetador hasta la cintura. Ella se estremeció de placer y curvándose un poco hacia atrás me los ofreció. Tomándome la cabeza por la nuca y acariciándome el pelo invitándome a hacerlo, suspiró un “si” lleno de deseo. Sin pensármelo y tremendamente excitada pasé mi lengua directamente por uno de sus duros pezones, sentí como se estremecía de gusto y entonces, acariciándolas con las dos manos por abajo se las bese, se las lamí, las saboree, las metí casi enteras en mi boca. Era un frenesí que no podía parar. Me gustaba, me excitaba mucho, notaba como el placer se apoderaba de mí. En ese momento note como su delicada mano entraba por encima de mis braguitas y empezaba a acariciar mi pelito del monte de Venus. Otra oleada de placer me recorrió y besé sus pechos con más pasión, paseando con mi lengua sobre sus pezones, su cuello y su pecho. Ella lo entendió y con firmeza metió sus dedos entre mis húmedos labios buscando, jugando, explorando y acariciándolo todo. No era como siempre, estaba claro que sabía lo que hacía. Ella sentía lo mismo cuando se lo hacía a si misma. Pero a la vez era algo distinto de cómo lo hacía yo. Así era como se lo hacia ella, frotándose rápidamente hacia arriba y hacia abajo y metiendo los dedos un poco en cada envite. Eso es lo que siente ella cuando se lo hace. Entonces, al pensar en eso, me fui en un orgasmo profundo e intenso.
Pero no quería parar. Quería más. Más. Mucho más. Y sin pensármelo metí mi mano directamente dentro de su pantalón y sus braguitas. Estaba completamente depilada y era muy suave y sensual, delicioso. Estaba realmente húmeda, empapada. Siempre me pregunte como seria hacérselo a otra chica, solo el hecho de pensarlo ya me excitaba . Estaba caliente, mojado y caliente. Busque rápidamente su clítoris y empecé a dar vueltas alrededor como yo lo hago, bajando a veces a tomar más humedad e introducir un poco algún dedo. Ahora ella va a sentir como lo hago yo. Eso volvió a excitarme muchísimo. Ella estaba como loca haciéndomelo a mí mientras me sujetaba el trasero con firmeza y paseaba su lengua por todo mi cuello alocadamente. Entonces se acercó a mi oído y me susurro “¿nunca has soñado con poder chupártelo tu misma?….” . Solamente esa pregunta hizo que me pusiera tan cachonda que estuve a punto de correrme. Estaba claro que podía adivinarme cada deseo porque ella tenía los mismos que yo. Entonces se arrodillo delante mía y abriéndome las piernas empezó a lamerme de abajo hacia arriba rozándolo todo a su paso. Con mucha delicadeza metió dos de sus dedos y empezó a moverlos rítmicamente mientras con su boca sobre mi clítoris me lo besaba como si me besara en le boca. Entonces sentí como Magnus me abrazó por detrás y note su duro miembro hacerse un hueco entre mis nalgas mientras me besaba apasionadamente el cuello y deslizaba sus manos sobre mis pechos. Estaba al borde del colapso de placer. Cogí el durísimo pene de mi chico con una mano y empecé a frotarlo dentro de mi culo mientras sentía como una muy habilidosa lengua me hacia la mejor mamada de mi vida mientras me metía ya casi cuatro dedos. No había un centímetro de mi piel que no fuera acariciado, besado o lamido. Los orgasmos se repetían como el final de un gran concierto sin fin. Entonces mi lengua me pidió más atención. Me apetecía realmente hacerlo a mi. Me apetecía chupar y lamer. Había fantaseado tantas veces con hacérmelo a mi misma que ahora ansiaba probarlo. Levante a Silvia y sin dejar de besarla ni acariciarla la tumbé en el sofá. Me incliné suavemente sobre ella cuando ella se giró y dejo su cabeza a la altura de mi entrepierna. No quería dejar de mamármelo. Le gustaba, la ponía, la excitaba y eso me encantaba a mí. Me iba a montar un sesenta y nueve con otra tía. Debía ser como chupármelo a mí misma, pero mejor. Delante de mí veía su depilada rajita. Estaba húmeda y en ese momento me pareció deliciosa. Entonces noté como ella volvía a las andadas. Su lengua se paseaba por mis labios y mi clítoris como loca. Metiendo un poco la punta y jugando fuera después. Sus manos me recorrían el culete sujetándolo y apretándolo contra su cara. Entonces me lancé. Primero pose mis labios sobre su suave monte y ella alzó la cadera de gusto y placer. Entonces empecé a pasear mi lengua por los alrededores. Fue cuando probé su sabor. No me lo esperaba. Era tan parecido al mío que me excité aun más y empecé ha hacérselo como siempre me imaginé que me lo hacía a mí misma. Recorrí con la lengua y mis besos los huecos donde nacen las piernas y después pase mi extendida lengua por fuera, por encima. Noté como su cadera se alzaba pidiéndome más mientras ella me lo chupaba a mí como una loca lasciva. Entonces, con mucho cuidado y sabiendo exactamente donde, metí un poco mi lengua entre sus labios solamente para rozarle el clítoris. Ella gimió de placer y yo paré. Tras unos segundos de expectación me lancé y lo lamí, lo bese y lo chupé justo como había fantaseado tantas veces. Era cálido húmedo y palpitante. Exactamente igual que como me imaginaba el mío. Me excitaba cada vez más recorriendo cada rincón con la lengua. Entonces noté algo distinto. Magnus se había acercado por atrás mío y empezaba a chupármelo a la vez que ella. Los dos me estaban haciendo una mamada al mismo tiempo. No pude evitar correrme brutalmente mientras con ansia le lamia y chupaba su delicioso y jugoso coñito a mi amiga. Pero justo en el momento en el que el placer era mayor sentí como Magnus me metía su durísima polla hasta dentro mientras ella con su lengua nos chupaba como una loca a los dos. Entonces ella, con delicadeza y firmeza a la vez, me metió también un dedo follándome el culo mientras me hacia una mamada como una loca y tenía una enorme polla entrando y saliendo. Creí que iba a perder el conociendo de placer, no sabía dónde estaba arriba ni donde estaba abajo y además le comía todo a ella y su sabor me excitaba aun todavía más. No sé cuantas veces llegue a irme pero fue lo más intenso que había vivido hasta el momento. Después también me apeteció probar a mí y llamé a mi chico le dije que viniera por este otro lado. Ella arqueaba la cadera y con suspiros de placer lo pedía, decía “…si, si, si….”. Entonces yo volví a lamerle bien el clítoris para calentarla y cuando tuve a Magnus cerca se lo cogí con la mano y empecé a usarlo para acariciarla. Me asaltaron unas ganas irresistibles de hacerle también una mamada a mi chico mientras se lo hacía a ella. Me excitaba brutalmente lo que estaba haciendo. Se la Chupaba a él y se lo lamia a ella a la vez. Todos los jugos mezclados con mi saliva, mientras por detrás me hacia ella otra buena mamada acompañada de un soberbio dedo. Entonces quise que se la follara y cogiéndola con una mano, con la otra separé sus labios metiendo la punta y lamiéndola justo en el borde mientras la metía. Se los estaba chupando a los dos mientras follaban y mientras a mi me hacían una fantástica paja lamiéndome el clítoris y follándome a la vez mi culo y mi coño con los dedos. Silvia y yo nos fuimos no sé cuantas veces antes de que Magnus la sacara para poder correrse sobre mis pechos dejándolos completamente bañados de semen. La última de esa noche fue, que yo ya desparramada en el sofá, recibí otro grandioso dedo y otra fabulosa mamada de Silvia mientras me lamia los pechos bañados con el semen de mi chico, que ya reventado dormitaba a nuestro lado. Después nos quedamos todos dormidos mezclados unos con otros en un extenuado amasijo de cuerpos hasta la mañana siguiente.
El despertar merece un nuevo capítulo aparte.
Fin.

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Eres una morbosilla…

―¿Quieres una birra, Sandra? ―me ofreció Isabel.
―Vale, pero solo si traes otra para ti; odio beber sola ―contesté estrujando el pañuelo de papel entre mis manos. Estaba esponjoso de tanto absorber mis lágrimas y mocos. Incluso comenzaba a sentirlo pegajoso. La verdad es que daba un poco de grima. Lo miré entre mis dedos y la asociación que me vino a la mente fue inevitable. Las lágrimas regresaron a mis mejillas y al cabo tuve que sonarme la nariz en él, a pesar del asco.
―¿Otra vez, Sandrita? ―resopló mi amiga cuando regresó al salón con dos botellines de cerveza. Se sentó a mi lado, me colocó mi birra sobre la mesita de enfrente, sobre un tapete y me palmeó el muslo por encima de la falda―. A ver, ¿qué pasa ahora?
Cubrí mi rostro con las manos para que no me viese llorar. No ahora, que la había prometido antes que ya no lloraría más. Pero el pringoso clínex con su gruesa carga se me adhirió a la nariz y aquello ya fue el sumun de la repugnancia. Los mocos habían adquirido una consistencia glutinosa y me habían tocado la punta de la nariz. Volví a asociarlo con lo de ayer y la repugnancia me invadió. Lo tiré histérica a la mesita que tenía enfrente como se tira una inmundicia que apañas del suelo pensando que es algo más valioso.
―¡Dios, qué asco! ―exclamé con más rabia que fastidio. Lo malo fue que el pañuelo se desdobló en el aire deshaciéndose su forma apelotonada y extendiéndose, exponiendo morbosamente mis fluidos nasales y lacrimales. Y aterrizó justo encima del botellín de cerveza, cubriendo la boquilla como un paracaídas que salvara la vida a mis mocos de morir del impacto contra el suelo. El borde de la boquilla se dejó translucir a través del papel empapado del clínex y un reguero viscoso se fue colando por el interior.
Isabel se rió dando palmas, alabando mi aparente puntería. Te gusta comerte los mocos, eh, sonrió irónica. Mientras miraba mis excrecencias mezclándose con la cerveza la conté a qué me había recordado.
―Verás ―comencé, mirando compungida mi cerveza―, el tener el pañuelo pringoso me ha recordado un detalle que no te dije antes. Resulta que después de que Raúl me la metiera sin ton ni son, así, como si mi coño fuese una disco sin maromo, donde entra todo Dios, y después de pegarme esas horribles dentelladas en los pezones, que solo de pensarlo me dan escalofríos, se meneó dentro mío un minuto escaso y luego me plantó su nabo delante de las narices con la intención de que me lo metiese en la boca, así, porque sí.
Escenifiqué la situación. Me acuclillé encima del sofá con las piernas bien abiertas, sin importarme enseñar las bragas al arremangárseme la minifalda, sacándome los bajos de la blusa, y simulé agarrar con las dos manos una verga en el aire a pocos centímetros de mi boca.
―Imagínate la escena, Isabel. Yo con un calentón del quince, y con un mete-saca cortito, para salir del apuro. Del previo ni hablamos, ya te dije que se limitó a mascarme un pezón (y para colmo solo uno, no te jode) como si fuese una gominola, llenarme la boca de babas y sobarme el potorro como si fuese el lomo de un perro, ¡hala, bonito!. Pues me la saca el cabrito cuando empiezo a sentir algo y me planta su falo pringoso, embadurnado, chorreante de nuestros fluidos delante de los labios, dios, qué asco. Me mira con ojillos rutilantes pero cegados por la corrida que se pensaba iba a tener dentro de mi boca y me suplica que le repase el capullo con la lengua, que quiere venirse en mi paladar.
―Y fue entonces cuando le diste un manotazo a su polla y te marchaste, ¿no?
Asentí, sintiendo como las lágrimas volvía de nuevo a afluir por la comisura de mis ojos. Pero tuve la entereza de explicar a mi amiga porqué hice eso.
―No te imaginas la repulsión que me entró al ver el glande pringoso, asomando por el pellejo, bañado de una espumilla blancuzca. Admito que la mayor parte de esa mierda que embadurnaba su polla procedía de mi coño. Pero es que me pareció una tomadura de pelo. Era mi primera vez, Sandra. Soy, bueno, era una puñetera virgen, una jodida primeriza. Y el muy hijo de puta me soba durante unos minutos, me babea la boca, me clava sus dientes en el pezón y luego se contenta con metérmela un ratito para que luego engulla su vara como si fuese un Calippo. Te acuerdas de esos helados, ¿no?
Isabel sonrió asintiendo con la cabeza y luego se trincó de un trago la mitad del botellín.
―¿Tú lo ves normal, tía? ―pregunté con voz trémula, dejando que mis lágrimas recorriesen mi mejilla para acumularse en el mentón, goteando la blusa. Quería que mi amiga me consolase, que me dijese que Raúl fue un cabrón, que un payaso así no merecía ni ser mencionado.
―Pues yo se la hubiese mamado con mucho gusto ―me soltó en cambio. Abrí los ojos traicionada y la miré muda del sobresalto, con los labios entreabiertos. Mis mocos, acumulados sobre mi labio superior, se deslizaron por el contorno y alcanzaron la comisura, teniendo que saborear su regusto salado. Quizás amargo, debido a su contestación.
―Pero, Isabel… ―protesté ante lo que consideraba una puñalada trapera por su parte. Me senté de nuevo en el sofá, me bajé la minifalda para ocultar las bragas que dejaban translucir sin mucha imaginación mi vulva y crucé las piernas resentida.
―Mira, Sandra, comprendo que ayer fuera tu primera vez, y todo eso. Pero ya te lo dije hace días, cuando me pediste consejo, te acuerdas, ¿a que sí? ―y puso voz de falsete―. No espeeeres milaaaagros, ¿recuerdas?, de seguro que es un fiasco y te llevas una decepción, y más con Raúl, que es muy mono y tiene un cuerpo cojonudo, pero se le nota muy pagado de sí mismo y pichacorta, ¿qué no?
No tuve más remedio que asentir. En realidad Isabel fue la única que intentó frenar mis hermosas expectativas ante mi primera vez, todas las demás me lo pusieron por las nubes. Y aunque Isabel es buena persona, eran dos contra una. Por estadística la noche anterior tenía que ser tipo “pretty woman”. Y fue una puta mierda. Y yo una mierda puta.
―¿Te acuerdas de los “truquis” que te revelé? ―preguntó dándole otro trago a su botellín, apurándolo―. Seguro que ayer se te olvidaron todos, o no los quisiste usar, me imagino.
Imaginaba bien. La puñetera Isabel me iba leyendo el pensamiento.
Me miró durante unos instantes fijamente, con el botellín apoyado en su mejilla derecha y una sonrisa velada en sus labios. Sus ojos entornados bajo párpados lánguidos brillaron durante unos instantes y luego mi amiga resopló, como si no le gustase lo que iba a hacer, pero no tuviese más remedio que hacerlo, por obligación o por amor propio.
Isabel siempre me pareció la menos guapa de mis amigas. Pero ello no disminuía su magnetismo. Era, quizás, una suerte de encanto natural o adquirido que la hacía deseada. Muy deseada. Yo no sé cómo lo conseguía, pero las primeras miradas del ganado de sementales en la disco iban para nosotras tres, pero luego se posaban indefectiblemente en ella. Ganábamos el primer asalto, pero nos humillaban en el resto.
Sus ojos no tenían un color especial, más bien un anodino color pardusco que complementaba con una nariz ligeramente torcida y algo sobresaliente en cuanto al tabique nasal. Labios finos y mentón algo huidizo completaban el cuadro.
Sin embargo aquellos rasgos sosos por separado, en conjunto eran armoniosos y placenteros a la vista, admitámoslo. También su cabello oscuro y liso, con mechones definidos y de una negrura casi azulada, incentivaban el quedarte prendado de su cara durante horas y horas. Supongo que cuando nos juntábamos de marcha no éramos tres rubias tetorras con bonito pandero y Sandra, sino Sandra y tres rubias pechugonas de traseros prietos. Porque Isabel también tenía tetas, pero no tan bien puestas como las nuestras, sino más… abordables, digámoslo así. Incluso tenía el culo más redondo y las caderas más generosas. Nosotras, que lucíamos un vientre planito embelesábamos a los babosos y ella, con su tripita que gustaba de enseñar a la mínima, se llevaba de calle a todos los demás.
Marta, una de nosotras, las tres rubias, siempre decía cuando nos levantaba un ligue, que Isabel tenía el don de la accesibilidad, y que nosotras teníamos el obstáculo del pedestal. Su cuerpo con curvas de guitarra era más atrayente que nuestro tipín de rubia playera oxigenada.
Continuaba mirándome con esa sonrisilla mezcla de borrachera y conmiseración, con el botellín apoyado en la cara.
―Te apuesto a que antes de que te vayas te bebes tu cerveza del botellín, sin importarte los mocos y las lágrimas que hay dentro ―dijo Isabel dejando el suyo sobre la mesa con un golpe. Zas, como el martillo de un juez.
Miré de reojo la boquilla oculta por el pañuelo empapado por los mocos y sonreí ante su fanfarronada. Pero no oculté en mi mirada un resquicio de reticencia que ella captó de inmediato, acrecentándose su sonrisa.
―Pareces tonta, ¿a qué viene eso? ―pregunté con curiosidad. Sentía respeto por la legendaria fama que Isabel tenía entre nosotras de salirse siempre con la suya.
―Tú acepta y te juro que te llevarás a los labios el botellín sin importarte los mocos que ahora hay encima. Y también dentro ―aseguró sin darme ni una pista.
―¿Qué nos jugamos? ―pregunté animada por mi indefectible victoria. Fanfarrona, pensé, a ver que la saco a ésta.
―Si tú ganas, este mes te pago el alquiler del piso ―respondió ufana, con una medio sonrisa que invitaba a travesuras, a juego con un destello de sus ojos entornados. Ese gesto era la que en un bar, hacía volver todas las miradas masculinas hacia ella. Y también las nuestras, en honor a la verdad.
Cuidado, Sandrita, me dije, ésta juega con cartas marcadas. Sin embargo su oferta era demasiado tentadora; el dinero del alquiler me vendría de perlas para un vestido nuevo y podría por fin pagar las cuotas atrasadas del gimnasio donde esculpía mis prietas nalgas.
―¿Estás segura? ―pregunté sonriente, extendiendo la mano para sellar el acuerdo con un apretón, añadiendo un aura de solemnidad a la apuesta.
―Dos horas, aquí, en el salón, sin moverte―detalló. Asentí y me estrechó la mano, cerrando el acuerdo, manteniendo su media sonrisa y sus ojos brillantes.
Antes de atravesar la puerta de su casa, dos horas más tarde, me bebería la cerveza del botellín. El pañuelo de papel estaría pegado al borde de la boquilla. Pero lo arrancaría y me trincaría el contenido de un trago. Y sería la cerveza que mejor me sabría de todas las probadas, aun estado ya tibia. Perdería la apuesta. De calle. Y de qué manera. Menuda desgraciada.
―Dice que vale ―me confirmó al pulsar la tecla del móvil de terminar la llamada―. Saca el bolso que está guardado en el cajón de abajo del mueble, el de color azul.
Yo no salía de mi asombro. Supongo que se me notaba en los ojos abiertos de par en par y la boca abierta como un besugo recién sacado del agua. Aún conservaba una postura defensiva, sentada en el sofá, cruzada de brazos y piernas, que adopté cuando me contó el plan.
―Pero… tú…tú… ―tartamudeé escandalizada, para luego gritar como una histérica― ¡Tú estás loca, Isabel!
―Ché, ché ―dijo chasqueando los labios y ladeando el dedo índice, negando. Se acercó y se sentó junto a mí pasando un brazo alrededor de mis hombros, acercando su rostro al mío. Entornó una sonrisa en la que emergieron unos dientes algo desparejos y se formaron unos hoyuelos en sus mejillas. Eran los famosos “hoyuelos de Isabel”, dos agujeros negros que hacían que las miradas de ambos sexos se desviasen de sus quehaceres y se posasen sobre ellos hasta que Isabel las dejase marchar. Si su sonrisa traviesa hacía volver las miradas hacia ella, sus hoyuelos las retenían como un imán―. Te recuerdo que hemos hecho una apuesta, Sandrita.
Negué con la cabeza, apretando los labios.
―Eres una puta pervertida, Isabel, y tú lo sabes ―susurré, aunque luego pensé que quizás habría escuchado mal la proposición de mi amiga y me estaba inventado cosas que no eran.
―Pretendes ―dije lentamente en voz baja, casi cuchicheando, como si alguien nos pudiera oír, aunque estábamos solas en su casa―, pretendes que os grabe a Raúl y a ti follando en el salón. Un asqueroso video porno, eso quieres.
Isabel me besó en la mejilla, asintiendo. Me hubiera gustado apartarme, alejarme de ella, impedir que me tocase, pero me pilló por sorpresa. Además, estaba hechizada con sus hoyuelos. Y, porqué no, tampoco quería apartarme.
―A decir verdad ―confesó ella entornando los ojos destellantes ―al acuclillarte en el sofá antes, cuando me escenificaste la mamada…
―El conato de mamada, Isabel, recuerda, que ni se la rocé siquiera. No me pongas a tu nivel ―siseé, cortándola asqueada.
―Bueno, pues cuando Raúl casi te la endiña en la boca, se te subió la falda al acuclillarte en el sofá y me fijé en tu precioso coñito, y en cómo sostenías su polla en el aire. No sabe cómo me pusiste, chica, con un calentón del bueno. Y me imaginé como hubiera sido si yo hubiese estado en tu lugar. Qué habría hecho. Cómo habría discurrido el polvo. Qué habría sucedido si me hubieses hecho caso.
Precioso coñito, ha dicho. Ay, mi madre.
―Y no se te ocurre mejor forma que llamar a Raúl y pedirle que venga a follar y grabar el polvo, no te jode.
―Exacto. Quiero que veas de primera mano cómo se folla bien follado a un tío. Y que tengas un video de cómo fue el polvo, para que te lo estudies.
Sonreí jactanciosa.
―La has cagado, Isabel ―dije sintiendo algo de pena por mi amiga, aunque tras los últimos acontecimientos, debería añadirla otro sobrenombre: putona ―. Raúl es de los que las prefieren rubias, de tetas firmes y culo duro. No se la vas ni a poner dura, fíjate lo que te digo.
―Bueno ―rió Isabel enseñando la punta de la lengua entre los labios―. No me ha puesto ni una pega para hacer este corto, ¿no?
No respondí. Apreté aún más las piernas y los brazos, intentando olvidar aquel resquicio de lengua que asomó por sus labios, rosado y brillante. Me aterraba el impulso irrefrenable de besarla que en aquel momento sentí, e intentaba crear una coraza que impidiese que su lúbrica sonrisa me hiciese perder el control.
Tuve que admitir que, al margen de mi inesperada atracción por Isabel, me excitaba la idea de ver al hijoputa que me desvirgó ayer sin miramientos follarse a mi amiga mientras yo grababa el polvo delante de ellos. En cierto modo quería verla sufrir.
Quizás era morbo. No. Con seguridad era morbo. El morbo de ver a Isabel desnuda y follando con mi desvirgador. A ver qué coño tenía esta morena para jodernos los findes y liarla parda cuando se la antojase. Como si fuese una vulgar estudiante que necesitase de un maestro. Además quería dejarme en ridículo. Follar por follar. Lo dicho, una putona.
La que quedaría en ridículo sería ella. Raúl era un payaso impresentable, de cara adorable y cuerpo moldeado, pero, como ella había dicho, pichacorta y demasiado bien pagado de sí mismo.
―Es cierto que hay tíos que no saben follar ―me había explicado―, ahí no hay que darle más vueltas. Pero esto es como una corrida de toros; te toca el morlaco más sosainas pero tú tienes que sacarle todo el jugo y hacerte valer. No lucirás pero tampoco puedes tirar el capote a la arena.
Resoplé disgustada ante lo que se me antojaba una tarde demasiado cochina para mi gusto y me dispuse a sacar la bolsa que me había indicado Isabel.
―Sabes cómo funciona, ¿no?― preguntó cuando saqué la videocámara de la bolsa.
―Estudiamos Imagen y Sonido, ¿recuerdas? El que sea rubia no quiere decir que sea tonta ―repliqué ofendida.
―Vale ―dijo ella sin inmutarse―. Recuerda variar los planos, e improvisa. ¡Empápate de la película!, como nos decía el de segundo de Cinematografía.
Respondí con un chasquido de lengua viéndola internarse en el cuarto de baño. Encendió una radio y comenzó a tararear y al poco escuché el sonido de la EpiLady sobre la música. Monté la cámara y constaté que la batería estaba cargada y el disco duro interno con espacio suficiente para dos horas de grabación. Supongo que aún tenía ligeras dudas de que realmente fuese a suceder lo que iba a suceder. Pero en el fondo deseaba que sucediese. En mi interior ansiaba ver el coño martirizado de mi amiga y el repulsivo semen rebasando sus finos labios cuando Raúl se corriese dentro de su boca. Ay, quita, qué asco, diría. Para, para, ni me toques. Y luego un buu, buu, llorando como una Magadalena.
Me acerqué al cuarto de baño en silencio cuando dejé la cámara a punto y me asomé a puerta abierta para ver a Isabel. Ya no se oía la depiladora eléctrica, así que ya habría terminado con las piernas y las axilas. De fondo se oía en la radio la última de Bisbal. Se estaría ahora dedicando al pubis. Sí, era morbo, constaté. Morbo por ver a mi amiga depilándose el sobaco y las ingles. Morbo por ver la almeja sonrosada de Isabel antes del polvo.
Allí estaba, sentada al borde de la bañera, frente a mí, desnuda y bien abierta de piernas, encorvada para poder mirarse el pubis con amplitud, con un espejo redondo convexo en el suelo por el que ella y yo veíamos su vulva y su ano aumentados. Con unas tijerillas y unas pinzas se iba recortando el vello oscuro y ensortijado que le tamizaba la vulva, cayendo en el espejo.
Levantó la vista cuando carraspeé: no quería ser una voyeur, sino una espectadora. Sonrió y continuó dedicándose a varios pelitos dispersos por las ingles arrancándoselos con las pinzas.
―No me negarás ―dijo irguiéndose sentada, separándose los labios de la vulva con el dedo índice y medio― que mi coñito es apetitoso―. Su ano expuesto me guiñó con un fruncimiento de los músculos del esfínter a través del espejo.
Gruñí en una suerte de sonido insustancial e indiferente. Isabel me miró mientras yo mantenía la mirada fija en su rosado clítoris, enorme comparado con el mío, y su entrada cavernosa, seguramente dilatada de tantos manubrios como la habrían visitado.
―No me engañas, Sandrita, te mueres por lamerme el garbanzo y confirmar a qué sabe mi coño.
―No seas puta, ¿por quién me tomas? ―pregunté alterada, desviando la vista de su vulva hirsuta para posarse sobre sus tetas de piel blanquecina y areolas oscuras. Se agachó de nuevo para seguir depilándose, dejando que sus tetas colgaran del pecho como dos ubres de vaca, apuntando como dos lápices afilados, sus pezones al suelo. Me encandiló descubrir que su piel oscura contrastaba con fiereza con la sordidez de sus blancuzcos pechos y pubis. Las marcas del bronceado que yo mitigaba lo máximo posible con rayos uva desnuda en inquietantes ataúdes azulados, para Isabel eran un fetiche del que parecía vanagloriarse, mimándolas como un preciado tesoro.
―A los tíos les bulle la sesera cuando te ven en cueros y con las líneas del bikini ―explicó al darse cuenta de mi fijación por sus contornos lechosos―. Es como mostrar aquello que debe estar oculto, como disponer de unas gafas de rayos X con las que pueden desnudarte estando en la playa. A un tío le motiva más descubrir lo oculto y confirmar su lúbrica imaginación que mostrar a las bravas lo mil veces visto en revistas y cine porno, ¿sabes?
―Si tú lo dices… ―respondí aparentando apatía, aunque en el fondo sus palabras me parecían bastante razonables y juiciosas. No quería darla la razón, aunque la tuviese. Pero era cierto: a los hombres (y a nosotras, claro) les excita más vislumbrar un mechón de vello rizado asomar por el tanga del bikini o el slip que ver el sexo completo. Estaba de acuerdo.
Cuando terminó, recogió todo y se pasó una toalla por el chumino para luego mirarse al espejo desde arriba, asintiendo al ver su vello recortado. Había desviado la vista hacia el pasillo para no exponerme más aún a sus sonrisas. Riéndose se sentó sobre la taza del inodoro. Me miró mientras meaba. Yo no sé por qué, pero giré la cabeza para mirar a mi amiga cómo hacía pis. El chorro salpicando la loza, sus dedos separando sus pliegues. Un sonido de sifón y luego un tintineo al chocar la orina contra el inodoro. Se levantó un poco para que pudiese ver el cordón amarillento aparecer de entre sus dedos y desaparecer en el borde de la taza.
―¿Te gusta verme mear, Sandrita? ―preguntó mordiéndose la lengua con expresión pícara. Hoyuelos. Un rápido meneo de dedos y el chorro se convirtió en lluvia, salpicando el asiento con gotas amarillentas. Quise que un sentimiento de asco y repugnancia mi hiciese torcer el gesto, pero solo me salió un ceño fruncido. Se limpió con un trozo de papel y me miró erguida, desnuda.
―Me das asco ―dije intentando escupir las palabras, pero salieron de mi boca como un lamento angustioso―. Eres una puta guarra.
―Si tú lo dices, morbosilla… ―respondió tirando de la cadena.

Raúl llegó al cabo de media hora exacta. Venía colorado y con una sonrisa de oreja a oreja ante lo que se le presentaba (un polvo regalado) que no podía disimular. Incluso venía con el arma medio enarbolada. Menudo idiota. En ese momento me hubiese gustado lanzarle un rodillazo a aquel bulto entre sus piernas y luego escupirle a la cara, entre los ojos. Pero puse cara enfurruñada, cruzada de brazos, disgustada.
No me hizo caso. Toda su atención estaba puesta en Isabel, que lo había recibido en ropa interior, aunque un salto de cama de gasa oscura la cubría decorosamente el torso y la mitad de sus muslos.
Isabel se había peinado hacia atrás, todo atrás, segura de sí misma, y se había echado gel Pure Wet en el cabello para darle un efecto mojado. Parecía recién salida de la ducha, limpita, rosita, con ganas de ensuciarse el cuerpo. Se había pintado los labios con un gloss de cereza y los párpados con sombra aguacate. Hasta a mí me daban ganas de lamerla toda la cara desde el mentón a la frente, de hundir los dedos en su cabello pringoso, estirar de él hacia atrás para que gimiese asustada, dando un respingo, y regarle la fina piel de la garganta de babas calientes.
Joder, por dónde vas, Sandrita. Céntrate, anda, céntrate.
Raúl no se fue por las ramas. Me dio dos besos de rigor, como si fuese una amiga sujetavelas. Intenté que no me rozara la piel, girando la cabeza para que sus labios no me tocasen, pero no hizo falta, ni siquiera hizo amago de tocarme. Yo apoyada en la videocámara Sony (cual vaquero del oeste en la barra del bar) montada en el trípode, con el visor desplegado a la izquierda, viendo a través de él la mitad del salón.
A través de la pantalla de tres pulgadas entra Raúl. Isabel ya está dentro del cuadro, sentada en el sofá. No se ha levantado para saludar a mi desvirgador. Cruzada de piernas. Maleducada, impresentable, haciéndose la dura. Descansando los brazos al costado, con aire confiado, dominando la situación. Enseñando un diminuto triángulo de escote. Pulso el botón rojo y un ligero zumbido procedente del plato del disco duro empezando a girar sisea de las tripas del aparato. Por la pantalla de tres pulgadas se ve a Raúl sentándose al lado de Isabel. Alzo la vista del visor y los veo más grandes, más reales, más coloridos. Pero en la pantalla son dos actores de cine porno. Dos cochinos y asquerosos actores.
―Parece que vas en serio ―dice él.
―Y tanto, Calippo mío ―sonríe Isabel con picardía, componiendo su sonrisa entornada, sus ojos entrecerrados y atrayendo la mirada de Raúl (y la mía) hacia sus hoyuelos en las mejillas. Esos hoyuelos que desarmaban hasta a los más imperturbables. Raúl sonrió y yo sonreí, qué cojones. Me encantaría coger a Raúl del pescuezo y tirarlo por la ventana, posar una gota de saliva sobre esos hoyuelos para arrancarla luego la bata y masticar sus pezones a través del sujetador. Esta maldita cerda me estaba desquiciando.
Raúl no se resiste a su sonrisa. Tampoco tiene porqué. Ha venido a follar, eso ya lo tiene claro. Y nosotras.
Raúl pasa al ataque sin mediar un mísero flirteo. Fuera preliminares. Adiós conversación. No hay obstáculos. Casi igual que conmigo ayer. Se pensó que con dos risitas, jiji, jaja, ya bastaba, y en un parpadeo ya me había embadurnado los aledaños del morro con sus babas.
La besa con la boca abierta, sin el tanteador beso inicial de labios fruncidos esperando una señal para internar la lengua. No pierde el tiempo, como si le faltase. Enfoco su beso y a través del visor, acercándome con el zoom hasta el máximo, x24, capto el instante en que sus lenguas se atraviesan, intercambiando salivas, explorando recovecos, a través de una rendija entre sus morros casi fundidos entre sí. Ladean la cabeza como si bailasen sobre sus cuellos. Gruñen y me parece notar que sus gargantas vibran, como rencorosas por no poderse también unir. Me alejo de ellos con un siseo del zoom para meter en el plano la mano de Raúl internándose en la nuca de Isabel, como un peine, sujetándola del cuello, impidiendo que se escape. Muy posesivo. Es mi caramelo, zorra, y no me lo vas a quitar, me parece oír en su cabeza. Claro que no, marrano mío, responde ella, tómalo todo para ti, es tuyo, no te lo quito.
Doy más amplitud al cuadro. Noto mi respiración agitada. Raúl ha posado su mano izquierda sobre el escote de Isabel. Ella no se inmuta, concentrada en los giros de cabeza al besarse. Ayer él no me hizo eso. Me pongo cachonda sólo de pensar si yo estuviese en lugar de Isabel, con ese torrente de saliva anegándome la boca, su mano derecha impidiendo una separación, la izquierda a punto de escabullirse por el escote. Y yo, como Isabel ahora, con los brazos en la misma posición, lánguidos, imperturbables, cruzada de piernas, pero con un afluente de fluidos emergiendo de la vagina, sintiendo los labios hincharse, tórridos, con el clítoris latiendo desconsolado.
Hago un zoom vertiginoso sobre sus bocas al despegarse, recogiendo el detalle del hilo de saliva pesado que une ambos labios inferiores. El pintalabios ha aguantado bien el primer asalto, pero parte del gloss ha desaparecido y la mamola está ligeramente colorada por la pintura corrida. Capto los poros del mentón de Isabel, incluso la pelusilla de la mamola. Suspiro sintiendo mis pezones arañar el sujetador de encaje que llevo bajo la blusa. Y mi vagina escupir viscosidades, empapando el forro interior de la braga. Joder, estoy cachonda, como si Raúl me hubiese besado a mí.
Su mano desnuda el hombro, descubriendo el tirante del sujetador, al lado de un surco gemelo blanquecino. Sus labios se cierran sobre el cuello recorriendo la piel hasta llegar a la tira del sujetador. Sus dedos la desplazan a un lado perdiendo su condición elástica, convirtiéndose en un tirante suelto. ¿Qué es peor que un tirante de sujetador, estrecho y menudo, sobre un hombro redondeado, sinuoso? El mismo tirante suelto. Melones bamboleándose, recato decoroso, sonrisas avergonzadas amparadas en el tirante rebelde. Ay, mi madre.
Se sonríen. Les sonrío. Raúl desata el nudo de la bata e Isabel descruza sus piernas. Abre la bata como se abre una puerta doble, mostrando un mundo más allá. El sujetador transparente muestra el pezón abultado, un botón gordezuelo, una grosella nega emergente. Los dedos aprisionan la teta. Estrujan la carne blanquecina a través del sujetador mientras ellos se miran ansiosos, con labios entreabiertos y ceño fruncido. Aprietan la carne los dedos índice y pulgar en torno al pezón y yo capto con mi zoom el ojo entrecerrado de Isabel acusando el pellizco, sintiendo la carne de la teta condensada, aplastada. Se muerde el labio inferior, en un gesto ansioso, suplicante de más presión. Pero qué puta eres, Isabel.
Quiero sentir lo mismo, excitada como estoy, y me pellizco con saña un pezón a través de la blusa. Está duro, vaya sorpresa. Me aprieto más fuerte, hasta sentir el pinchazo de dolor, el punzamiento de placer emerger del botón.
Plano medio. El vientre de Isabel, expuesto sin el amparo de la bata, abierta ahora de par en par, se arruga sobre sí, no es terso como el mío, pero me gusta, y más abajo hago otro zoom a las marcas blancas bajo el minúsculo tanga que lleva puesto. Como una sombra inversa. La prenda también es transparente. En esta ocasión Raúl no se refrena, no se ciñe a un guión erótico, sino que tira del tanga hacia los muslos obligando a Isabel a levantar las nalgas del sofá para ayudar a hacerlo desparecer, dejándolo enrollado en las rodillas, como una goma retorcida. Abre las piernas. La prenda lo permite, es flexible. Tiene postura de mear, de soltar un chorro amarillo por su conejo de un momento a otro. Allí estaría mi boca, como si fuese sidra.
Inevitable sorpresa. Otro zoom al rostro de Raúl al contemplar el pubis de Isabel. Se relame los labios, ya degustando el plato. ¿Qué está mirando? Plano corto, las bragas se salen del cuadro, zoom al coño. Dos surcos difusos y blanquecinos surgen de las caderas ocultas por las puertas de la bata y convergen en un trapezoide lechoso, minúsculo. Isabel se ha dejado crecer la mata oscura de vello más allá de los márgenes blancos de su piel, invadiendo la zona bronceada superior. Entorno los ojos y exhalo un gemido. Quedará grabado. Los pelillos rizados escapan del cerco blancuzco e irrumpen en la piel oscura. Isabel me sonríe, pero la videocámara no lo capta. Sabe que estoy igual de ensimismada que Raúl, con la mirada fija en su coño recortado. Qué hija de puta. Sabiéndose fuera de plano me saca la lengua divertida, encantada con nuestro anonadamiento.
―Me encanta tu chocho ―suspira Raúl. Y como si se diese cuenta que algo andaba mal, como si en un partida de ajedrez te das cuenta que aún no has movido creyendo que mueve el otro, se revuelve en el sofá, despojándose de su ropa en un santiamén, quedándose con los calcetines puestos, unos calcetines marrones, finos, donde se trasparentaban los dedos. Se levanta y se agacha dándome la espalda. Zoom al culo de Raúl. Un culo blancucho, prieto, alguna espinilla rosa, un lunar, las marcas del elástico de los slips dibujaban una suerte de bragas sobre las nalgas de mi desvirgador. Un grueso vello arrebujado sobre el escroto oscuro ascendiendo por la raja que divide su culo, mostrando un agujero fruncido, como un ojo guiñado en penumbra.
La mirada de Isabel aparece tras la cadera de Raúl, emergiendo tras el perfil de la nalga, su ceño fruncido y un hoyuelo en su mejilla. Trago saliva, ¿qué coño hace?. Desenfoco nalga, enfoco sus ojos. Me señalan más abajo. Abro plano. Los dedos de mi amiga sosteniendo los huevos de Raúl, sopesándolos en la palma de la mano, con la otra se intuye un meneo de rabo oculto por el cuerpo, los dedos se cierran sobre los testículos. Aprietan. Raúl gime, se tambalea. Isabel me sonríe detrás, desenfocada. Las uñas se cierran sobre la piel laxa y velluda, comprimen, amasan. Raúl grita. Más fuerte. Los dedos sueltan el escroto. Descienden un poco. Ascienden de súbito. Golpe, zas. Dolor. Puta, hija de puta, exclama Raúl. Otro golpe, zas, puta, puta, más, hija puta, quiero más. Golpe, golpe, más fuerte, más impulso, zas, zas. Enrojecimiento. Las canicas se hinchan y bailan en la bolsa rojiza. Se detienen. Isabel desaparece tras las nalgas. Sonido de gorgoteo, sonido de succión. Es hora de variar el plano, Sandrita.
Desatornillo la cámara del trípode y me acerco a la mamada. Me tumbo en el suelo, debajo de ellos, contrapicado, con las piernas abiertas, arremangada la falda, expuestas mis bragas húmedas. Da igual. Están a lo suyo. Mantengo el plano mientras me toco el coño. Me froto por encima pero luego siento la urgencia, la necesidad de sentir en mis dedos toda la viscosidad de mi coño jugoso. El encuadre tiembla. Se activa el estabilizador óptico minimizando mi masturbación. Gemidos arriba. Puta. Comepollas. Bien, bien, así, trágatelo todo, puta, más que puta. Más zoom a la mamada. Del mentón de Isabel cuelgan lianas de saliva. Las gotas de baba salpican la lente. Sigo grabando. Arqueo la espalda hasta sentirla crujir, machacada, mientras mantengo el plano de los labios de Isabel engullendo y vomitando el falo de Raúl y yo rascándome convulsivamente la vulva con las yemas de los dedos, como un boleto de lotería, buscando encontrar el premio. La saliva se acumula en la lente. Gotea del mentón y de los dedos de Isabel que sujetan el nabo, un nabo reluciente, brillante, del que una lengua menesterosa se encarga de lustrarlo sin descanso. Un goterón de saliva espumosa salpica la lente de refilón, me ha golpeado la mejilla. La rebaño con la lengua. Sabe a sudor tibio y salado. Me apoyo en un codo y asciendo para sorber del mentón de Isabel un pringoso cuajarón salivoso que amenaza con inundar la lente. Caliente, soso, viscoso. Me relamo.
Desenfoco la mamada, enfoco las tetas enfundadas en el sujetador. Raúl las sopesa con los dedos, calibrando espesor y peso. Ya no tienen el auxilio del tirante. Botan. Pezones emergentes, puntiagudos. Raúl desabrocha el sujetador y deja que la prenda resbale por los antebrazos morenos deteniéndose junto al codo. Tira de los pezones hacia arriba. Carne turgente, piel tirante. Suelta. Boin, boin. Gemido de Isabel. Más zoom. La areola de chocolate se hincha y el pezón oscuro se inflama. Otra vez, con dos dedos, como si diese asco. Aprisiona el pezón con las yemas. Chillido. Casi siento como la carne se comprime y a Raúl apreciando el botón con una textura como las gomas de borrar de Milán. Retuerce la carne entre las yemas. Capto el detalle. Isabel gruñe con la polla en la garganta. Atornilla, desatornilla. Más gruñidos. Más chillidos. Tira de la carne hacia arriba, como probando cuán elásticas son las tetas. Joder, eso tiene que doler, seguro. Gimo. Abro el cuadro. Voy enfocando los diversos elementos: tetas estiradas, mamada baboseante, mirada compungida de Isabel, mirada torturadora de Raúl.
Para, para, que me corro, cojones, que me corro, grita Raúl agarrando de los pelos a Isabel, tirando de ella, del cabello efecto mojado. Resurge el rabo de Raúl, inundado de babas, goteando babas, meando babas, sudando babas. Túmbate, puta. La estampa en el sillón. Y ella me sonríe, sonríe a la cámara, zoom a la lengua que se muerde encantada, hoyuelos en su máximo esplendor. Ya no hay gloss en sus labios. Arrebaña con la lengua la saliva de las comisuras. El zoom delata la saliva acumulada en la lente. Abro plano. Las tetas vilipendiadas, los pezones hinchados como una fresa, jadeando sin respiración. Buena mamada, extiende el dedo pulgar hacia arriba, fuera de cámara. Me abro la blusa como puedo sin dejar el plano, me saco los brazos, una mano, luego la otra, limpio la lente con mi blusa. Me arrodillo sin dejar de mirar a Isabel. Raúl se está colocando un condón, fuera de cámara. Él y yo nos miramos. Me mira el coño húmedo y enrojecido. Tengo la falda arremangada, las bragas enrolladas a los muslos. Mantengo el plano en Isabel. Raúl me sigue mirando, desde arriba. Mis lubricaciones resbalan por los muslos, igual que el sudor. Solo llevo el sujetador puesto, los pezones como dos pitones, lo demás está a la vista. Jadeo y le señalo con una mirada a mi amiga. Sonríe y asiente.
Abro el plano. Isabel ha izado sus piernas, dobladas, sentada en el sofá, toda su vulva expuesta, su ano oscuro boqueando, como un ojo que parpadea o el diafragma de una cámara tomando fotos. Labios empapados en los jugos vaginales, como una flor abierta. Vulva hinchada, igual que la mía, enrojecida. Vello púbico brillante. Zoom al ano de Isabel. Parpadeo del ojo. Los fluidos afluyen de la raja arriba y discurren paralelos alrededor del agujero. Otro guiño, otra foto. El vello rizado coronando la vulva, invadiendo ambos lados del pubis. Brillante, ensortijado, efecto mojado natural. Raúl invade el cuadro, pero bajo sus nalgas el diafragma de Isabel me sigue tirando fotos. Un pene plastificado de azul se cierne sobre el coño. Un pellejo de látex se posa sobre la entrada, sobre los pétales de la flor. Más zoom. Puta, ya verás ahora. Un golpe de cadera y el falo se hunde en la vagina, de golpe. Plas, choque de ingles. Plas, plas. Jadeos, gemidos. Yo también gimo, oh, dios. El rabo emerge del agujero y se vuelve a clavar, como en un pozo petrolífero. Los testículos se revuelven como dos canicas dispersas en su bolsita enrojecida. Arriba, abajo, arriba, abajo, la polla azulada emerge de la flor arrastrando en su ascensión grumos de lubricante del coño. Abro plano. Tengo ambos anos encuadrados. Arriba uno, abajo otro. Ambos se abren y cierran. Fotos, más fotos. Me guiñan sincronizados cuando el rabo perfora el coño. Gritos. Jadeos. Chillidos. Insultos. Vamos, puto mierda, ¿sólo sabes hacer eso?, jódeme, puto cabrón, párteme en dos, jodido Calippo de los huevos, vamos.
Abro plano. Las uñas de Isabel se clavan en las nalgas de Raúl, marcando territorio, dejando surcos carmesíes, abriendo como un melón las nalgas, muy cerca del ano masculino, que ya no puede guiñar, un agujerito que quiere cerrarse pero no puede por la tensión. Puta, puta, grita él. El sillón chilla espantado, golpeado contra la pared, los cojines bajo ellos con un surco de fluidos. Trago saliva. Me desabrocho el sujetador y dejo que las tetas caigan fuera de las copas. Desatornillo un pezón, chillo como una cerda y el dolor me recorre el pecho entero. Siento mi vulva rezumar, cocinándome por dentro, tengo el horno a punto de estallar. Me muerdo el labio hasta sentir el regusto tibio y salado de la sangre en mi boca. Sudo como una puerca, siento una gota fría de sudor descender por mi costado. Mis axilas lloran sudor, igual que mis sienes, mi frente, mi vientre, mis muslos, estoy meando sudor, cojones.
Mi mano se desliza hacia mi chumino. Enrojecido, salvaje, sediento, hinchado. Froto con la palma de la mano. Una torta, otra. Has sido malo, chocho mío, muy malo. Otra torta, zas. Más fuerte. Gimo como una desgraciada, mantengo el plano, al estabilizador óptico le cuesta centrar la imagen. Me sigo atizando. Zas. Más fuerte. Dolor. Restriego los dedos por el canal interior, mana una viscosidad que extiendo por toda mi vulva. Las uñas rozan mi ano. Otra torta, zas. Distiendo el esfínter. Más fuerte, puta. Zas, zas, zas. Gimo, grito, puta, puta, soy una puta. Froto sacándome brillo. Noto el calor emerger de mi culo y mi vulva. Mi clítoris inaguantable. Zas, zas, zas. Aprieto los dientes y se me escapa la saliva por las rendijas de las encías. Froto y froto. Estoy ardiendo. Tengo el coño ardiendo. Zas. Me estoy golpeando con saña. Puta, puta. Me meto dos dedos de golpe, me araño la entrada, los saco encharcados. Zas, zas. Lloro desconsolada, me muerdo el labio hasta sentir más sangre rebullir dentro de la carne.
―A lo que estamos, Sandrita ―me dice Isabel, cortándome la película, devolviéndome a la suya. Se han tornado las posiciones, Raúl sentado e Isabel acuclillada, cerniéndose sobre el pilón azulado, agarrándolo de la base baboseada, centrándolo hacia su entrada pringosa, ella apoyada en el respaldo. Cuerpo en tensión, tetas distendidas. Esto es nuevo, no lo hice ayer. Trago saliva, asiento, dejo de tocarme, estaba a punto, joder. Zoom al glande forrado de látex azulino. Ahora no se hunde, es engullido por el coño de Isabel. Más zoom al regurgitar el pilón plastificado. Traga, vomita, traga, vomita. Me duele mucho el coño. Más jadeos, chillido de Isabel. Joder. Eso duele, amiga mía. Te gusta pero duele, sufre puta morena, sufre jodida mamona. Chilla, puta marrana, chilla.
Abro plano. El vientre de Isabel se revuelve, no lo tiene tan firme como el mío, no. Zoom a la cara de Isabel. Es un vaivén de sobresalto y dolor. Ah, ah, gime. Oigo crujir un tendón. Más jadeos. Ceño fruncido, lágrimas manando, saliva reseca en el mentón, fosas nasales dilatadas. Cabello efecto mojado mecido por los empellones, restallando con cada acometida sobre su cara,. Aprieta los dientes, enseña los inferiores, dolorida. Se le escapa la saliva. Sus ojos señalan más abajo. Abro plano. Los dedos de Raúl se clavan como garras en sus tetas. Espachurradas, pellizcadas, golpeadas, manoseadas. Aparecerán cardenales, seguro. Los pezones oscuros y tiesos parecen aguantar la posición, pero la blanca carne se bambolea como en un terremoto. Las uñas se hunden en la fina piel, arañan la teta y dibujan en la piel surcos como un arado. Cabrón, cabrón, grita Isabel mirando a cámara, arráncamelas, hijoputa, cabrón, quédatelas, son tuyas. Raúl las golpea, las da manotazos. Habéis sido malas, muy malas. Zas, zas. Los dedos dejan marcada su impronta en la piel. La carne se revuelve, mareada, golpeada. Zas, zas.
Trago saliva, respiro por la boca, tengo la nariz taponada de la congestión. Tengo el cuerpo viscoso y húmedo del sudor, me noto sucia, guarra, cerda. Noto el coño dolorido. Mucho dolor. Escuece. Noto la piel seca alrededor de mi pubis. Hinchada como nunca lo ha estado. Inflamada. Estoy malita. Me muerdo el labio notando las marcas dejadas antes por los dientes. Ya no hay sangre, solo cardenales. Labios hinchados, tumefactos.
Se levantan de repente, caigo de espaldas del susto. Se plantan junto a mí, Isabel arrodillada, Raúl de pie. De perfil. Enfoco. Ellos sudan más que yo, sus poros exudan sudor, las gotas emergen. Capto el detalle. Isabel arranca con los dientes el condón y mira a Raúl arriba. Sonríe, se muerde la lengua. Hoyuelos. Manipula el falo de Raúl, pringoso, hinchado, enrojecido. Se golpea la carne contra sus mejillas. Plas, plas. Sus dientes arañan el glande amoratado. Plas, plas, se golpea la cara. Engulle, vomita. Más rápido. Está ordeñando el pene de Raúl a dos manos. Más sonrisa. Más rapidez. Gruñido. Los dedos de él se cierran sobre un matojo de su cabello, estirándolo, cabello negro efecto mojado. Sigue dándole, tira más del pelo. Gemido. Chillido. Grito. Ah, me corro. Isabel abre la boca. Dámelo, hijoputa, dámelo, lo quiero.
Grita. El primer escupitajo erra, salpicando la mejilla y la lente de leche espumosa, otro grito, el segundo se interna en la gruta, al igual que el tercero. Y luego más gritos, más eyaculaciones. Los dedos tiran de su cabello, alzándola la cabeza, cuello en tensión. Los dedos estrujan, oprimen la carne viscosa. Menos espesos, más translúcidos, parecen ahora escupitajos de suero. Isabel traga. Sonido de tráquea. Ahhh. Joder, joder. Qué rico, pienso, qué sabroso debe ser.
Poso la cámara en el suelo y me acerco sumisa a cuatro patas a Isabel. Me mira jadeante, llorosa, sudada, ensuciada. Quiero un poco, ¿me das? Sonríe aun en vilo con el cabello tensado, hoyuelos, la cara estirada. Lamo el chorretón. Viscoso. Tibio. Salado. Quiero más. Lamo la mejilla, el hoyuelo cargado de simiente, la comisura del labio, el mentón. Está bueno. Aliñado con sudor y lágrimas.
―Está bueno ―confirmo a Raúl desde abajo, que nos mira satisfecho, jadeando.

Una hora más tarde abro la puerta de la casa de Isabel, poco después que Raúl. Me voy. Se me escapa un eructo. Es la birra que me he tomado, me la he bebido bien a gusto, de un solo trago, con los restos resecos del pañuelo adheridos a la boquilla del botellín. Qué hija de puta. Ya estará caliente, dice, ¿te la enfrío en la nevera? La miro, ¿me quiero quedar? No sé. Creo que me voy, la digo. Levanta los hombros, resignada.
Las dos en la puerta. Sonrisas. Nos miramos. Ha estado bien, ¿eh? Nos miramos. Me acerco a ella. Un beso. Otro beso. Ahora las lenguas se saludan. Nos abrazamos, pecho contra pecho, tripa contra tripa. ¿Quieres quedarte a cenar? No sé cocinar, respondo. Pues pedimos algo, sonríe. Nos miramos. Hoyuelos. Otro beso. Desciendo mis manos hasta su culo. Aprieto sus nalgas. No lleva bragas, joder. ¿Te corriste?, la pregunto. No, dice. Cierro la puerta a mis espaldas de una patada. Isabel ganó la apuesta.

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Durmiendo con mi hermana III

Desde que duermo en la misma cama con mi hermana todas las noches tengo ganas de hacer el amor. Me pone muy caliente sentir su cuerpo ahí tan cerca, y su calor, oír su respiración, saber que esta dormida junto a mi, casi desnuda, en calzones, mientras yo tengo una erección a solo unos centímetros de sus nalgas. Desde hace unos meses me masturbo todas las noches mientras ella duerme y me vengo pensando en ella. Al principio solo me acariciaba por encima del pijama mientras recordaba cómo se había acostado esa noche. Ya dije que por lo regular ella sale del baño en ropa interior y se mete en la cama después de mí.

Aunque siempre me hago que estoy totalmente distraído viendo la tele, la verdad es que mientras ella camina del baño a la cama no le quito la vista de encima. Siempre temiendo que ella me descubra espiándola. Pero no puedo evitarlo. Son solo unos segundos en lo que ella abre la puerta de la recámara, entra luciendo sus largas piernas desnudas, va al tocador, quedando de espaldas a mí, que no le quito un segundo la vista de las piernas y de su hermoso trasero, se quita el sostén sacándoselo por los sobacos de la playera que lleva puesta, y se revisa en el espejo, antes de dirigirse a la cama, con un pequeño ademán de aprobación. Levanta las cobijas y se mete en la cama dejándome verle por un instante las piernas y el triángulo acolchado de su pubis antes de cubrirse con las sábanas. Pero qué delicia experimento entonces en esos instantes! No puedo olvidarlos en toda la noche. No puedo dormir pensando en los calzones que llevaba puestos, como se veía con la playera, hasta en la forma en que llevaba el pelo: a veces en una trenza, otras con una cola de caballo, y otras suelto.

Anoche lo llevaba recogido sobre la nuca, lo que dejaba ver su largo cuello. Casi siempre lo lleva así en las noches en que hace mucho calor, como ayer. Llevaba además una blusita de tirantes azul, muy clarita, con un osito, y unas braguitas blancas con rayitas azules y rosas. Me encantan esas braguitas. Bueno, en realidad me gustan casi todas sus braguitas, menos unas que son muy grandes. No porque no se le vean bien: ella se ve bien siempre, con los calzones que se ponga. Lo que me molesta de esos calzones es que no me dejan ver mucho.

Aunque a decir verdad ahora hasta me excita más cuando se los pone. Hasta hace poco nunca me había puesto a pensar en esto: llevo meses observándola todas las noches y nunca se me había ocurrido que por lógica ella debe de tener la regla unos días al mes. Supongo que estos son los días en que se pone precisamente los calzones de abuelita, para que no se le note la toalla. En poco más de año y medio que llevamos durmiendo juntos ella debe de haber tenido la regla unas 20 veces, y nunca me había puesto a pensar en ello. Ahora que lo sé estoy esperando para ver cuando se vuelve a poner los calzones de abuelita y tratar de ver si se le nota la toalla en la panochita.

Pero las braguitas que llevaba ayer son muy sexis y se ve sensacional con ellas. No puedo dejar de imaginarme como se ha de ver cuando se las quita. Su novio se debe de dar una agasajada envidiable. Tener una morrita tan rica encuerada en la cama y caliente, y desnudarla, debe de ser todo un agasajo. Ver su panochita, sus nalgas, sus tetas… Solo de imaginármelo me pongo a mil. Todos los días pienso en eso y me masturbo fantaseando con su cuerpo de diosa, tan delgada, tan blanca. Me gustaría saber como se recorta los pelitos del pubis.

Pero me tengo que conformar con imaginarme su sexo. Pero mi consuelo es que por lo menos salvo cuando se queda a dormir en casa de sus amigas puedo verla en calzones todas las noches. Como anoche. Qué taco de ojo me eché! Traía unos calzones de esos que les dicen cacheteros. La primera vez que se los vi tuve que pararme a media noche a masturbarme. Me hice como tres chaquetas seguidas. No mames: cuando se paró delante del espejo del tocador, de espaldas a mí, para hacer su acostumbrado ritual no lo podía creer: el calzoncito, demasiado corto para cubrirla por entero, le dejaba al descubierto casi la mitad del culo, y la raya, no imaginaria, que divide en dos hemisferios sus maravillosas nalgas, que no podía dejar de mirarle, completamente excitado, sin pensar que ese culo y esas nalgas eran para mi desdicha los de mi propia hermana. Pero mi verga no entiende de incesto y estaba tiesa como un garrote.

Esa noche vi por primera vez, desnudo, lo que llevaba tantos meses anhelando ver: el culo de  mi hermana. Bueno, casi desnudo. Pero qué delicia! Tiene un hermoso y bien formado culo, con unas nalgas blancas, redondas, y bien firmes, por los aerobics. Como para mordérselas. Esa noche mientras me masturbaba como loco en el baño, no podía borrar de mi mente la imagen de sus nalgas asomando por encima del calzón. Y la raya que las divide! Se le veía bien claro, entre los dos cachetes de las nalgas mientras ella se sacaba el brasier delante del espejo, distraída, sin darse cuenta de que me la estaba comiendo con los ojos. Luego, como todas las noches, comenzó a desmaquillarse viéndose al espejo del tocador, delante de mi, mientras me acariciaba la verga bajo las cobijas fingiendo estar concentrado en el programa de televisión que estaban pasando en ese momento.

Ella estaba allí, de pie frente al tocador, a un lado de la tele, de espaldas a mí, por lo que yo, sentado en la cama, podía ver su hermoso trasero medio desnudo, mientras fingía que estaba concentrado en la tele. Aunque no podía mirarla como quería por temor a que me descubriera por el espejo. Así que muy a mi pesar solo la contemplaba por el rabillo del ojo, como si estuviera viendo una aparición divina. Mientras trataba inútilmente de pensar en otra cosa, sin quitarle la vista de encima, ella, como una tentación irresistible, continuaba allí, totalmente absorta en lo que estaba haciendo, ajena a mi a mi mirada, ignorante del deseo que me provocaba al sacarse el sostén por los sobacos y dejar libres sus dos hermosos pechitos que se adivinaban bajo la camiseta de tirantes. Luego comenzó a quitarse el maquillaje de los ojos con un algodón mojado en crema, y mientras lo hacía sacudía imperceptiblemente su culito. Que delicia ver como temblaban sus nalgas bajo la tela de los calzones.

Pero no cabe duda de que el deseo no tiene límites y cuando ya hemos satisfecho nuestro deseo más anhelado, entonces queremos más. Digo esto porque en ese momento empecé a desear ver más. No conforme con el espectáculo que ella me estaba dando sin querer, en lugar de agradecer mi buena fortuna, no podía dejar de pensar en lo que los calzones ocultaban. En ese instante rogaba con todas mis fuerzas que ella se los bajara tantito; ya no digamos que se los quitara, o que se los bajara hasta donde terminan las nalgas -eso hubiera sido ver el paraíso-, sino solo un poquito nomás: solo unos cuantos milímetros. No pedía más. Pero entonces, en ese instante, como si me leyera el pensamiento, y de pronto se hubiera percatado de que no le había quitado la vista de las nalgas, tiró el algodón al cesto de basura, echó una rápida mirada por el espejo hacia donde estaba yo, que apuradamente alcancé a desviar la vista hacia la tele, y tirando del resorte de los calzones hacia arriba con las dos manos se los subió lo más que pudo, para taparse, hasta donde era posible, la raya del culo. Luego caminó hasta la cama y se metió.

Desde entonces cada vez que ella entra en la recámara con esos calzones, como anoche, la verga se me para como impulsada por un resorte y el corazón me palpita a mil por hora, esperando el momento en que se ponga frente al espejo, dándome las nalgas -por lo menos en sentido figurado-, y se quite el maquillaje. Pero no sé si fue el deseo, el calor que hacía, o mi imaginación, pero anoche me pareció que Sandy llevaba los calzones un poquito más abajo que de costumbre. Van a pensar que sólo me lo imaginé, pero cómo explicarse entonces que ayer, justo arribita del resorte, en la nalga derecha, a un ladito de raya, se le veía un lunar, como del tamaño de una lenteja, y juró por Dios que jamás se lo había visto. Estaba tan excitado por el descubrimiento que por la noche, sin poderme contener, y arriesgandome a que me descubriera, me saque la verga por la bragueta del pijama y me hice una chaqueta pensando en ese lunar que tiene mi hermana junto a la raya del culo, mientras ella dormía a pierna suelta, con los calzones cacheteros cubriéndole apenas las nalgas a unos cuantos centímetros de mi pene, y haciendo un esfuerzo para que mi leche no la bañara.

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Experiencias – La muchacha de servicio

No somos una familia acostumbrada a la presencia de una muchacha para realizar las tareas de la casa, por lo que siempre que tuvimos alguna chica contratada, casi no le preste atención. Claro que esto fue asi hasta que mis hormonas empezaron a jugar malas pasadas a mi cuerpo.

Miranda es su nombre, tiempo despues me entere que tenia 19 años cuando llego a trabajar a mi casa, la recomendaron conocidos de mis padres, ya que era de buena familia y como vivia en la provincia no tendriamos ninguna sorpresa, al contrario podriamos contar con una persona colaboradora y trabajadora.

Desde los primeros dias que estuvo en la casa recuerdo que solia verla discretamente porque su rostro me parecio muy bonito, yo queriendo conocer, queriendo aprender, sin experiencia pero con calor en la sangre.

Ahora que lo recuerdo no es que Miranda tuviera una figura de modelo, mas bien era una chica común, de aproximadamente 1,60 mts de estatura, pelo negro liso y largo, con busto prominente, pero como es muy común a las chicas con busto grande, un trasero mas bien diminuto y hasta escazo, caderas anchas, que debo reconocer fue algo que no podre olvidar ya que gustaba de usar jeans apretados y camisas cortas lo que hacia que sus curvas fueran bastante evidentes.

Y verdaderamente era una chica respetuosa y trabajadora. Yo era descontrolado….

Todo comenzo a los 2 meses de que llegara a trabajar a mi casa, era un sabado de esos cuando no quieres ni levantarte, recuerdo que a eso de las 6 de la mañana mi madre llego a tocar a la puerta de mi cuarto para avisarme que saldrian con mi padre y mi hermana a buscar las entradas para un concierto por lo que debian irse muy temprano. Yo no le preste mucha atencion, en realidad queria que me dejaran en paz y poder dormir, pero la verdad es que mi madre me robo el bendito sueño asi que sin poder conciliar el sueño me encontraba despierto viendo la tele a las 6:30 de la mañana.

Fue asi como me di cuenta que estaba solo con Miranda y se despertaron pasiones descontroladas y deseos alocados de adolescente sin estrenarse sexualmente. Regrese a mi habitacion y empeze a fantasear recostado en mi cama todavia con mi pijama puesta sobre Miranda, cuando mi miembro comenzaba a endurecerse y yo empezaba a estimularme como un loco, oigo que alguien entra al cuarto de baño de servicio que esta afuera en el patio. Automaticamente salto de la cama y voy hacia la puerta del patio y veo que efectivamente alguien entro al cuarto de baño. Asi que sigilosamente salgo dando pasitos por la puerta y atravieso el patio hasta llegar a la pared del baño, no pude oir la regadera funcionando, al parecer se estaba preparando para la ducha.

Asi que como un joven alocado no lo pensé dos veces y me asome a la cerradura de la puerta, que por cierto era demasiado pequeña como para poder ver algo, asi que maldiciendo en mi mente y tratando de no hacer ruido, regrese a la casa en busca de un bote vacio de pintura para poder subir y ver por la pequeña ventana que estaba a un lado del cuarto de baño.

Todo esto pasa mientras mi corazon late a 100 por hora debido a la emoción y sin siquiera haber visto nada tengo mi miembro tan erecto que hasta me empieza a doler. Con mucho cuidado subo al bote y poco a poco asomo la mirada por la ventana, suerte la mia que Miranda nunca pensó en chequear dos veces que alguien la estuviera espiando por esta mini-ventana, cuando logro asomarme un poco logro verla lista para meterse a la ducha.

Y alli estaba, sin ropa,morena con su gran cintura al descubierto, su trasero es ancho aunque como ya les conte un poco escaso de volumen, pero para mi son las nalgas mas sensuales que jamas haya visto, por un momento dudo en seguir y me agacho, pero las ganas me dominan y vuelvo a asomarme, mi miembro esta durisimo y empiezo a tocarme tratando de no hacer ruido, de pronto Miranda se agacho para lavar sus piernas y durante pocos segundo logro ver su vagina, y lo mas increible su ano, mi mano parecia actuar a voluntad, ya mi mente y cuerpo funcionaba en automatico, acariciando mi pene, empeze a sentir un calor en la parte baja de mi estomago mientras Miranda volvia a su tarea.

Para mi fortuna Miranda se voltea un poco y ahora puedo ver algo que nunca podre olvidar, su mata de cabello, largo negro y virgen, sin cortarse nunca, mucho vello pubico, aun mojado se ve abundate, por fin sus manos y el jabon llegan a su mata, para mi era lo maximo, luego con fuerza lavo su estomago y paso a sus grandes pechos, pechos de mujer en el cuerpo de una niña aun, grandes, virgenes, yo no pude mas, y como todo un inexperto, acabe alli mismo, casi me caigo del bote y soy descubierto por el fuerte orgasmo, cuando veo todo mi semen esta regado por mi pijama, de pronto toda la sangre bajo de mi cabeza y me di cuenta que estaba en medio del patio, todo lleno de semen y lejos de mi habitación, asi que sigilosamente y a la vez todo pegajoso, bajo del bote y con el mismo cuidado regreso a mi habitacion, me tiro en la cama y empiezo a reirme, no se si por nervios o de alegria.

Me quede dormido a los pocos minutos, y tan suavemente estaba soñando, cuando de un golpazo me despierto, tarde unso segundos en reaccionar y averiguar que pasaba, cuando oigo la voz de Miranda, que me dice, Joven, Joven, ya esta su desayuno.

Yo en mi mente solo alcanzo a pensar: Miranda no hay mejor desayuno que el tu me diste…..

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El reemplazo

La mañana en la quinta dejaba respirar vida natural, los gorriones empezaban sus tareas con chillidos que cortaron los sueños de ese fin de semana de una noche tranquila de sábado extraño en ella que después de ver las paginas y relatos en Interner (su hobby) se había dormido antes de la medianoche, sus sueños fueron sobre sexo, atemporalmente recordó su botella de Coca Cola, las penetraciones que gozaba hasta el punto de mantenerla de compañera en sus tiroteos , llegando a guardarla dentro suyo cerrando las piernas y acabando innumerables veces masajeando su clítoris.

Sonriendo se acordó de su prima que se la había regalado, recordando se fue despertando y acariciando sus senos, un instrumento se le dibujaba en su mente, pese a estar guardado en una valija de viaje, no se extraño de levantarse y buscarlo, era un consolador muy especial (también regalo de su prima) se lo acomodo entre las piernas y se fue al baño , donde después de ducharse y orinar, lo lavo y preparo con agua caliente dentro , no le costo introducirlo, casi al tope.

Regresar a su pieza donde encerrada con llave, en posición de piernas abiertas, consolador introducido la traslado a momento anteriores con desesperación refregaba sus senos con ambas manos mientras que cerrando las piernas sentía a su “amigo” hasta acabar y sentir cual pene, en su canal, como otras veces esa era una masturbación prologo de alguna aventura circunstancial desesperada en el intento de calmar ese frenesí que posteriormente surgía en su sangre incitaba por cada sesión.

La botella se había roto en un juego de orgía al caer sobre un pie de bronce de una lampara, el nuevo amigo la reemplazo es un plástico quirúrgico que succionado deja pasar pequeñas cantidades de agua simulando semen, el manejo de sus labios y músculos del canal por varias sesiones previas estaban a pleno, acabar gozada fue el primer paso en busca de la aventura necesaria para calmar la tormenta en su sangre iniciada.

Se cambio puso en su cartera a su “amigo” y fue a misa, dejando el auto a varias cuadras, pavoneo su cuerpo sabiendo que alguno de sus amantes tomarían vista y como siempre hasta ahora podria volver tranquila y satisfecha.

Su compañero de banco no la dejaba de mirar, una sonrisa de sus labios le llamo la atención al encontrar a su “amigo” al final de la vista de el guapo extraño , se dio cuenta que la cartera estaba abierta y la punta se veía indisimuladamente, la invitación en sus oídos del extraño fue aceptada con otra sonrisa salieron del templo un auto nuevo e importado los recibió , el camino al motel, fue suficiente para las presentaciones de nombres falsos y algunos toqueteos mutuos.

Su calentura la desencajaba, desnudos al pie de la cama, saco a su “amigo” y corriendo a la ducha lo llamo, para que sea testigo de la carga, regresaron a la cama donde penetrada vaginalmente acabo cuando le introducía en el culo a su “amigo”, ya sabia que cualquier acto no era completo sin el.

Higienizado con jabón el juego de mamar al extraño y jugar hasta el clímax mutuo permitió que su vagina recibiera el reemplazo imprescindible para calmar esa fiebre de ganas que desde la mañana la enloquecía.

Ya en su casa bien cogida no pudo dejar de sonreír al guardar su amante y recordar a su inolvidable “botella y amiga” hoy reemplazada.

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La ducha

La espera me reconcome. No puede evitar la posible comparación.

Tumbada en la cama, con un picardías de fina seda y unas medias de rejilla, espero con ansia la llegada de mi marido.

Me he depilado por completo, algo que ha supuesto un ejercicio de contorsión que debería ser premiado o al menos aplaudido, aunque con una sonrisa perversa de Juan, mi marido, me conformo. Llegar con la cuchilla hasta más allá de mi sexo, internándose en los dominios del ano ha supuesto unos sudores y un pulso dignos del mejor cirujano. Malditos sean los genes que hacen poblar mi pubis de espeso vello oscuro, y maldito sea también mi diminuto cuarto de baño que exige tan ardua tarea de articulaciones para librarme del infame vello. Sin embargo, durante la costosa tarea de afeitar mi sexo no pude evitar el humedecerme. Mis dedos separaban los pliegues de mi sexo para poder acceder mejor y huir de los cortes. Fue inevitable el arrebato. Pero la sensación ardiente era intermitente y se mezclaba con el dolor de espalda, de riñones y de cuello sufrido para poder alcanzar los recovecos de mis bajos.

Pero el resultado no se puede discutir. Luzco como un querubín de alabastro, sin un pelo que mancille mi cuerpo (algo, que por cierto, no me importa: la mujer poblada es mujer madura. Ignoro a qué cenutrio se le ocurrió pensar que una mujer es más bella sin vello).

Sigo esperando la llegada de mi marido. Quiero evitar la comparación.

Después de mis contorsiones me volví a duchar sintiendo el agua ahora discurrir por la piel sin obstáculos. Miraba con picardía el jabón esparcirse por mis curvas sin el impedimento natural del vello. Acaricié mi monte de venus sintiendo mi uñas libres, otrora enganchadas entre los rizos, regocijándome en la eliminación de la barrera que antes separaba mi ombligo de mis labios inferiores. Cerré los ojos capturando la sensación de sentir bajo el dorso de mis dedos mi piel y sólo mi piel. El agua caliente me cubría y chorreaba de los mechones brillantes de mi cabellera. Mis pezones se endurecían (ya excitados por el agua salpicando en ellos) y ahogaba su pesar aplastando mis pechos contra los azulejos de la ducha.

Sentía la humedad nacer de nuevo en mi interior, lubricando mi cueva, aflorando en mis pliegues, emergiendo cual ninfa del mar. No pude resistir la llamada del placer. Era egoísta por satisfacer mi necesidad, sin dejar que mi marido disfrutase primero de los frutos de mi piel tersa. Pero me lo merecía. Quería ser la primera en ahogar mis anhelos en mi dulce caverna, de embadurnar la largura de los dedos con mis secreciones, de aspirar el aroma de mis fluidos y me saborear mi sexo desnudo.

Gemí cuando mis dedos, uno por uno y por orden, se internaron en mi vagina; todos ellos habían participado de mis esfuerzos y su recompensa era la de envolverse en mis lubricaciones. Mis rugosidades internas acogieron con satisfacción las incursiones. Continuaba estrujando mis pechos en los azulejos, cayendo sobre mí la tibia agua y mis manos jugando en mi sexo.

Mis uñas desenmarañaban los pliegues de mis labios ascendiendo hasta mi dulce tesoro, erecto de pasión y esperando los desvelos de mis dedos inquietos.

Separé las piernas haciendo que mis nalgas se abriesen expectantes y llevé una mano por detrás para internarse en mi nicho trasero. Las caricias sobre el esfínter arrugado eran infinitamente más pródigas en sensaciones placenteras, escalofríos de puro placer ascendían por mi espina dorsal arrancándome espasmos en mi cuello dolorido. Pero el acceso era complicado y me agarrotaba el brazo

Tuve que ponerme de puntillas para poder acceder mejor a mi cuerpo. Me deslicé hacia abajo limpiando los azulejos con mis tetas oyendo el dulce chirriar de piel mojada contra el azulejo, arrancando chispas de gozo cuando los pezones tropezaban con las yendas. La frialdad de la cerámica confortaba mis pechos calientes. Quedé acuclillada apoyando mi frente en la cerámica, con los talones en alto y sometiendo mis dos agujeros a las caricias de mis dedos. Pude, de esta forma, poner mis tesoros al descubierto sin mucha contorsión.

Saqué con disgusto mis dedos de mi vagina y me concentré en las sensaciones de mi oscuro deseo. Privado de vello el tránsito entre mis oquedades era casi una obligación explorar mi cuerpo.

Las uñas recorrían las nervaduras convergentes del ano. Mi posición hizo que el agujero se abriese expectante, listo para expulsar o para acoger.

Me interné en mi interior con suavidad, sintiendo el anillo ceñirse sobre mi dedo medio embadurnado en gel, soportando con deleite el avance. La uña se encontraba con recovecos vírgenes y rugosidades que ignoraba existiesen, pero no provocaban un aumento de placer.

Arrugué el entrecejo. ¿Cómo era posible? ¿Las excelencias del sexo anal estaban sólo dirigidas hacia el hombre? ¿Qué clase de perversa divinidad había permitido algo así?

Y entonces lo encontré. La yema de mi dedo se topó con el interior de una parte de mi intestino. Fue un descubrimiento mágico, que me envolvió en una calidez que me estrechaba el vientre y me hacía encoger de pura felicidad. Presioné hacia mi vagina, hacia el interior de mi cuerpo, sintiendo cada uno de los tejidos que me formaban. La quietud de mi cuerpo fue sustituida por los espasmos al remover mi dedo por el interior. No pude impedir el gemir con voz ronca dejando que la babilla discurriese por las comisuras de mis labios. Mis muslos tiritaban de placer y mis piernas se agitaban espasmódicamente. Era indecible, era obsceno, el gusto que podía obtener al estimular mi ano de aquella forma.

Uno chorro de orina espesa manó de mis labios sin poder hacer nada por evitarlo, diluyéndose con el agua que salpicaba mi pequeña parcela de placer. Salió sin control fuera de mí y sólo advertí que estaba evacuando cuando el olor acre inundó la ducha.

Y entonces, como por simpatía, el orgasmo me atravesó los intestinos. Un latigazo que me surcó la espalda, me convulsionó el abdomen y se internó en mis entrañas. Grité de rabia. De pura rabia por no saber cómo arrancar de mi interior antes tamaño goce. De saberme inexplorada e infravalorar mi cuerpo. Hundí con saña otro dedo en mis tripas para multiplicar el placer que me embargaba y continuaba gritando con el agua salpicándome entera, la ducha y los cristales. Arrancaba de mi interior regueros de delectación.

Cuando los estertores de mi placer se fueron apagando salí del cubículo de mamparas para sentarme a la taza del inodoro y defecar sin remedio. Aun chorreando agua y también salpicando por el suelo del cuarto de baño sufría el embate de mis tripas que se vaciaron con gusto y con fiereza. Mi vientre se revolvía inquieto y yo aún sonreía ante la nueva cumbre de gozo que había alcanzado. Me vacié entera sintiéndome limpia por dentro y por fuera.

Después me duché de nuevo, aplicándome aceite corporal después y a continuación me maquillé con dulzura. Me arreglé el pelo y me tumbé en la cama a esperar a mi marido.

Dudo mucho poder alcanzar semejante éxtasis con él (cada cual sabe cómo es), pero ahora conozco cómo alegrarme un día aburrido.

Ginés Linares.

gines.linares@gmail.com

http://gineslinares.blogspot.com

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Las cronicas de Caroline

Es difícil de describirme, ahora soy una chica normal supongo, aunque me han dicho que soy guapa, bueno no me importa; Mi nombre por ahora no importa; soy blanca, cabello castaño, ojos cafés, delgada, por ahora eso.

En este momento cuando amanece y la luz entra por la ventana iluminando mi adorada habitación; esta es circular, con techo en forma de cono, las paredes tapizadas de azul oscuro, con algunos posters de mis bandas favoritas.

Recuerdo que cuando era niña odiaba aquel encierro nocturno, pequeño, frio y oscuro. Me aterraba el pasar las noches allí. Mis hermanas mayores no eran de mucha ayuda, me gastaban bromas absurdas como: que allí asustaban debía a que antes de nosotras en esa habitación muria una niña, cosas por el estilo.

Por supuesto ahora la adora queda en la parte más alejada de la habitación de mamá y de la fachada de la casa y tiene una vista estupenda de un encantador bosque que cuando se pone el sol o se levanta las copas de los arboles parecieran que fueran de oro, es sencillamente estupendo. Hace ya varios años, (disculpe el lector el modo en que saltó en el tiempo) que soy lesbiana por el momento comentare mi primera masturbación:

En mi mente surgían preguntas y confusiones una de ellas como ya mencione es mi lesbianismo. En esa época no sabía que era para mies que algo andaba mal en mí, me deprimía, me daba miedo estar con mis amigas. Bueno era una chica que sentía una atracción por las chicas y para colmo la excitaban. Cuando salía con Samantha, Karen y Amanda me sentía extraña, primero me daba un calor en la entrepierna; también no podía quitar los ojos de sus pechos y piernas era como si me llamara a verlos.

En una ocasión en que charlábamos plácidamente en mi hasta entonces horrible y odiado encierro nocturno. Karen y Amanda estaban recostadas en la cabecera de la cama, usaban unas diminutas faldillas, Samantha y yo sentadas en la alfombra al pie de la cama, Sam me preguntaba tontamente sobre mi odio a mi cuarto:

 -¿Caroline por que no te gusta? Está bien es pequeño, pero mira tienes baño privado para ti sola….-decía Sam, yo si miraba pero no era el baño sino las piernas de Karen que es la que tenía a mejor vista, no sé porque pero las veía y entre más las veía más las deseabas; unas pierna largas, esbeltas, blancas y bronceadas; los muslos bien torneados y tersos en todo su esplendor; sus ropas intimas si desdibujaban en la abertura de la falda; unas braguitas de un color claro rosa. Mis manos involuntarias temblaban de la excitación, sudada frío, sentía reseca la boca mi pecho subía y bajaba a una velocidad de vértigo, cuando Sam me saco de mi embotamiento:

 -Caro, Caro, ¿me estas escuchando?

-Ah! ah que-contesto sobresaltada- ah, sí, sí, es bonito de día, pero de noche es frío y oscuro y suene extraño de noche, se dice o eso mi dijeron mis hermanas que antes de que nosotras llegáramos, una joven pareja vivió aquí, que en un ataque de locura y ebriedad el esposo mato a su esposa y su hija pequeña en este cuarto que por eso esta embrujado. A veces en la noche oigo ruidos metálicos y como quejidos y gritos pero trato de no pensar ello me asusta y odio mas este horrible encierro nocturno, Claro ya no me asusta como antes creo que me he adaptado a los ruidos raros, aun así no deja de ser tétrico en una noche lluviosa.-respondo.

Después de esa macabra respuesta las chicas se sobresaltaron y pasamos a temas de cotilleos La charla tonta transcurrió sin sobresaltos solo lo referente a sentimientos depresivos, mi excitación por las chicas era enorme, me acorralaba una sensación de cómo leprosa, subhumana y al terminar la tarde tuve mi primera urgencia sexual.

Aun así pase una tarde estupenda, a mis amigas me las comía con los ojos lo más discretamente posible; Samantha con un pantaloncillo súper ceñido revelaba unas piernas espectaculares y unas braguita pequeñas imperceptibles debajo del inmaculado pantalón blanco su torso cubierto magníficamente por una franela estilo chemis, rosadita con sus pechitos apenas perceptibles, pero aun si muy sexy. Karen y Amada como hermanas gemelas casis idénticas ambas; blancas ojos claros, de sendas melenas rubias, eran las mayores, exhibían unos cuerpos más maduros, con las líneas bien definidas me hacían empapar las bragas; las dos tenían un pecho de campeonato, casi igual al mío,(como dije antes soy normal), sus rostros son como si los hubiese tallado un ángel, además me encantan sus ojos de un color claro, ellas son como modelos a pedido sus piernas exuberantes, caderas y culetes prominente y paraditos. Por mi parte soy delgadísima mi culo no es tan generoso como mis tetas que son ya herencia de mi madre, grandes para mi edad y paraditas. Las gemelas son proporcionales en todo sentido, hoy las estudio y memorizo, cada parte de sus generosas piernas, un fastuosas abdomen decorado descaradamente con un ombligo que juguetonamente aparece y desaparecen su top diminuto como lo que sus ya de por si géneros pechos se realzan más. Después de despedir a mis tres amigas a eso de las 7 de la noche y de una cena suculenta, yo no podía soportar más su compañía no por ellas sino por la situación en la que yo caía, yo las apreciaba, pero me excitaban mucho.

Después de una larga y relajante ducha, donde pude reflexionar y responder a las preguntas y dudas más grandes para mí; mi orientación sexual de lesbiana, tendría que ser un secreto, mi secreto mejor guardado para mis amigas; ya he estudiado mis preferencias aunque me encantan los deportes en especial el futbol, soy muy femeninas me encanta la moda claro, soy fanática a los desfiles de ropa interior y trajes de baño, me dan calenturas y placer ver esas mujeres bellas y deseables con muy poca ropa; no me han atraído los chicos esta de mas decirlo pero bueno; es tanto que desde hace como un año veo a mis hermanas de otra manera allí cometo mayor pecado.

Tome mi baño y continúe con mis reflexiones, ya desde esa calentura de la tarde me propuse no volver a arriesgarme así que fui a mi otro pasatiempo favorito; el computador; secándome salí del cuarto de baño solo con bragas y mi sujetador, sentándome en frente de mi computador. Revise mi MSN y otras redes sociales, sin nada de importante mención subí un escrito y consulte; mi ignorancia me hacía pasar pena conmigo misma, abrí la pagina de mi buscador enciclopedia favorito y e introduje la palabra masturbación. estaba casi oscuro afuera la luz diurna moría en el oeste de manera sensual, apenas iluminando por una incipiente luna veraniega, esta noche comenzaba un poco tétrica para mí, pero iba a cambiar toda mi perspectiva abriéndome las puertas de placer y el éxtasis. Encontré una excelente información, se dedicaba la mayor parte a una exposición bastante explicita; la estimulación de los genital en la búsqueda del placer sexual, que conlleva al orgasmo o no, los tipos de masturbación y hasta las técnicas más empleadas y las mejores. Debo decir que mi excitación fue comenzó y fue subiendo a medida que avanzaba el artículo, ya cuando leía las mejores maneras de estimularme el clítoris ya dirigía mis dedos involuntariamente a mi entrepierna en sima de mis bragas percibiendo mi intimidad empapada.

Fue una sensación de placer, máximo placer, solo rozándome con las yemas de mis dedos presionando mis braguitas contra mi conejito. Notando calores y corrientazos por llamarlos de alguno modo, en todo mi cuerpo, percibiendo mis pezones erguirse erectos tornándose duro, mis pechos hinchándose gloriosos. En mi intimidad las sensaciones bullían como volcán activo; mi rajita se abría y se humedecía, los jugos de desparramaban por las bragas ya mojadas mi clítoris notándose hinchado y duro resaltándose en todo su esplendor sintiéndolo durito y carnoso entre mis labios. Cuando en espasmódico hormigueo empezando en mi botoncito comienza a recorrerme, llamaron a la puerta, salto a la cama dejando a la vista mi instrucción masturbadora en un veloz movimiento me cubro con la primera sabana que encuentro, dijo: -Pase- Mi madre se asoma,

 -Mi amor, buenas noches, nos vemos mañana- oigo la atractiva voz de una rubia melenuda, que saldrá con un par de amigas. Mi madre una mujer glamurosa y de buen ver, desaparece tras la puerta, ella y sus amigas todas algunas esposas y todas madres ejemplares, todas rondan los 40 años, las más atractivas mi propia madre y la vecina de la izquierda. Las dos divorciadas, las dos con hijas también bien guapas, la vecina me atraía mucho yo era feliz viéndola a hurtadillas cuando quedaba con mamá en la casa.

Mis divagaciones me alejaron del mundo sumergiéndome en fantasías y realidades, cuando un ruido que parece provenir de la sala me saca de mis cavilaciones, miro por la ventana ya es entrada la noches, la luna en esplendor ilumina mi habitación, miro el reloj son las 12 menos 20. Otra vez el ruido, que rápido pasa el tiempo pienso, no negare que estaba algo asustada, y otra vez el ruido; este como un quejido quedo, ahogado, claro no lastimero, sino mas bien placentero de gozo. Lo oigo de nuevo un lejano ahhh producido por dos o más gargantas, en la oscura profundidad de la noche. Poniéndome de pie me cubro mi semi desnudo cuerpo con una batilla de seda, para con solo la luz del flash de mi móvil caminar por solemne oscuridad de pasilla que lleva desde mi recamara hasta la parte principal de la casa, la casi oscuridad solo era penetrada por la luz pequeña de mi celular y los rayos incipientes de la luna que se adentraban por el tragaluz del techo.

Los ruidos ya identificados provienen del cuarto de televisión parecen proferidos por mis hermanas que ahora se confunden con otros emitidos por el televisor, que él solo oírlos hacen que mis vellos de la nuca se me ericen, y otro hormigueo se me empiece a estallar en mi entrepierna. Llegue a la sala solo el resplandor de la tele ilumina tenuemente la escena ante mí que hizo humedecer nuevamente mis bragas; en el sofá Katherine y Estefanía desnudas en toda su gloria, sus pechos grandes y sexys pechos saltaban al son de su movimiento, imagino que masturbándose, como trataba hace varias horas yo. Claro al ver la tele tuve conciencia que presenciaba una clase magistral de cómo gozar sola. En la pantalla una actriz, una de las más bellas y deseables actrices que allá visto en mi vida; acariciaba su sexo, expresando con sonrisas y gemidos ahogados el placer que al castigarse, en esos momentos, severamente su clítoris de manera salvaje, su botoncito de rojo entre un par de labios carnosos delicados, movidos sin control por las embestidas que se daba aquella pelirroja deseable.

El punto del clímax se forjó en medio de los labios vaginales bañados por los jugos de la pelirroja, las contracciones surgidas de ella se extendieron por todo su cuerpo, su espalda se arqueo a tal punto que temí que se quebrara. Un gemido casi un grito salió de su boca; ahhh, su sexo expulso gran cantidad de liquido a presión salpicando hasta la cámara, de una manera que me sobrecogió. Mis hermanas en el sofá también, hacían lo propio llegando un final portentoso; Sus manos masturbaban a la otra mientras se besaban apasionadamente. Perpleja vi como mis hermanas alcanzaban un orgasmo, mientras lo sellaban con besos y carisias aun cuando sus manos estuvieran empapadas del sexo de la otra.

Vuelvo la vista a la tele la escena cambio a una donde dos voluptuosas rubias se lo montaban en una cama; mi calentura es tal que vuelvo a mi habitación, ahora yace en mi cama desprendiéndome de mi bra liberando unos pechos hinchados por la excitación, arrancando las empapadas braguitas palpo mi coñito mojado, los vellos castaños expelían un aroma fuerte me producían cosquillas al frotar mi monte de Venus, sigo explorándome, palpando enteramente el comienzo de mi almejita, ahora el particular olor se esparce por todo mi ser, siento mi botoncito hinchado que al rozarlo me produce un dulce y ahogado gemido de ahhh, junto con un hormigueo involuntario, ya para mi característico. Mi exploración continúa en mis senos; mis pezones los masajeo con una de mis manos.

Tratando de recordar lo que alcance a presenciar de aquella excitante pelirroja me desparramo en la cama sintiendo mil sensaciones;

-Angie- llamo, por llamarla de alguna forma a la exuberante pelirroja de la tele que me ha puesto tan cachonda, e imagino que es ella quien roza mi entrepierna. Ah tantas cosas que ignoró me siento tan frustrada. Mi cerebro está bloqueado. Imagino ahora, mientras me castigo con más fuerza mi intimidad, entre los labios muevo mis dedos aun sin meterlos dentro de mí, que es ella quien pasa su lengua experta por todo mi coño concentrando se en mi clítoris.

Masajeo con mi mano llena de mis jugos mis pechos rozo mis pezones que agradecen el cariño que les doy, llenando mi trozo con aquellos jugos fuertes que se desprende de mi cuquita. Mis gemidos van en aumentos, mi cuerpo empapado de sudor y sexo brilla a la luz de la habitación y otro hormigueo de mi botoncito se extiendo rápidamente por toda mi rajita, hasta mi culete siento este hormigueo, y extendiéndose por todo mi vientre y los pezones alcanzan la excitación absoluta mientras todo mi ser es transportado por mi primer orgasmo, y ahora en entendí el arqueo exagerado de la espalda que es un reflejo, cuando gimo los manan de mi cuquita, el placer me deja parcialmente inconsciente por unos segundos, para regresar a mi habitación con una felicidad y satisfacción indescriptibles. Ya mi cuerpo está en estado normal y aun involuntariamente juego con el pero esta vez el hormigueo no vuelve a mí.

La experiencia se desvanece junto con mi habitación; caigo en unos sueños excitantes, bellos y eróticos, sueños cónsonos con mi primer orgasmo………………

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Experimentando

Hola me llamo Julian, si me permiten les voy a narrar la historia de cómo es q me inicie en una aventura casi increíble al reconocer mi necesidad de querer “EXPERIMENTAR” algo mas que el simple sexo q hasta entonces venia practicando…
Me disculpo con mis lectores si es q no lo hago de manera correcta y ordenada el relato a a continuación y es q es mi primer relato…sorry para ellos….gracias
Pasare a describirme de manera breve y rápida…. Soy un chico de 25 años de contextura delgada (creo yo por estar siempre metido en esto del sexo) tez trigueña, y velludo también, pero de muy buen parecido, osea tengo mi finta nomas y por ello es que he tenido muchas parejas con quien poder follar…. Si tengo q decir como es mi sexo, pues mi pene mide 19 cm bien parado y de ancho es de 7.8…. ok
Ok, entonces les contare lo sucedido…. Ya hacia muchos años atrás en los q me di cuenta q el sexo este temita especial se me hacia de suma importancia y mas q nada de muuuuuuuuuuuuucha necesidad en mi vida,…. Me dedicaba a la pornografía hasta ahora, películas, revistas, y cosas de esas….. siempre desde pequeño sentía la atracción de esas cositas…. Algo en mi interior me hacia sentir cositas ricas cada vez q sentía o veía algo relacionado a sexo, cualquier cosita, hasta la mas tonta… pero weno el punto es q mientras iba creciendo siempre quise buscar a mis amiguitas con quien estar, ya saben solo enamorados… pero secretamente desde mocoso también es q seguía con la pornografía lo mas q podía….con el correr de los años es q ya comencé a experimentar algo nuevo en mis parejas… caricias, abrazos, besos profundos y cosas así…. Hasta q tuve mi primera vez y pues desde ese entonces no pare con tal de satisfacer mi animal interior q me pedía mas y mas … con cada enamorada q tenia o pareja… pues siempre pasaba algo NUEVO y pues era yo mismo el q minuciosamente les pedía a mis HEMBRAS probar algo mas…. Hice creo yo de todo con ellas, hasta sexo anal y poquito mas para un trío y una orgía…. Pero bueno no quiero jactarme…. El punto principal de mi relato es q ya hacia un buen tiempo en el q me di cuenta q no me satisfacía lo suficiente… incluso aun teniendo mis parejas… pues estando sin ellas en mi casa… yo seguía con lo mismo…osea mi pornografía infaltable…. Alquilaba vídeos cada vez mas y mas… de todos los temas…menos sinceramente los de tipo GAY porq hasta ese entonces pensé q no era mi tipo…. Miraba hasta zoofilia y me excitaba hasta mas no poder…. Me hacia unas pajas de película… y para ser bien honesto eso tampoco me satisfacía….

Hasta q me deja entrar en marcha mi GRAN CREATIVIDAD también para estas cosas…. Concluí en q la manera clásica de hacerme una paja, no me parecía excitante ni me calentaba ya siquiera…. Así q busque nueva maneras de poder satisfacerme de manera SOLITARIA…. Con el correr de los días desde ese entonces me di cuenta q sentía una gran atracción por el EROTISMO, el voyeurismo y también el exhibicionismo….

Así q idee algunas ideas propias de poder llevarlas a cabo para mi gran alegría y por supuesto para mi gran PLACER y satisfacción…. Recuerdo q me propuse una vez en una gran paja increíble esperar a q pueda estar solo ese día en mi casa…para suerte mía un fin de semana es q pude estarlo… no dude en q quería alquilar unas pelis pornos bien eróticas y una mas bien fuerte osea sexo duro para entrar en acción y calentarme a todo dar…. Recuero q ese día espere hasta la noche, eran ya las 9 no había nadie en la casa, excepto yo, estaba tan nervioso q a cada rato revisaba si las puertas estaba bien cerradas porq no se, me sentía bien arrecho y no quería q nada ni nadie estropeara el placer q quería darme….. Me puse ropa cómoda para la ocasión, llamemosle así….

Me desnude completamente y me puse mi pijama suave q solo se ajusta por la correa de la misma también de tela…. Osea es bien livianita y pues en la avertura como un cierre q lo deje abierto porq mi pene estaba q parecía mirarme a mi cara fijamamente…ose estaba mas parado como nunca… me puse una camisa de vestir de tela suave blanca porq quería desabrocharme para mas comodidad mia….

Me pues a ver las pelis, estaban la verdad bastante buenas, con el control jugaba y manipulaba las escenas para poder ver como mejor eran las poses, el momento en q follaban los actores, el zoom… miraba de reojo los coños, como entraba y sacaban el penesaso de sus vaginas abiertas… como mamaban… como gritaban y aunque trataba de no poder mucho volumen, pues era inevitable q ponga justo en la escena de pleno sexo el volumen un poco fuerte para escuchar como gritaban las putas de mierda esas…. Eso si me excitaba….

Algo q me gustaba y mucho la verdad era q mi pene este al aire libre por eso lo de la abertura de la pijama… mientras seguía mirando las escenas y las películas… me di cuenta q mi pene estaba a punto de reventar… ni siquiera me lo tocaba porq sabia q al mas mínimo roce en ese estado podía votar mi leche porque estaba recachondo… pero noté como digo, q mi pene segregaba el flujo ese…si, ese transparente q es también medio pegajoso… note q era bastante… así q en mi excitación… con el dedo índice delicadamente trate de “tomar” ese liquido especial q era mio y pues me lo metí a la boca…. No sentí mucho sabor,… no se si por la excitación q tenia… pero como mi pene seguía botando ese liquido pues yo seguía con la misma acción de poder y querer seguir tomando mi liquido especial… aquello a verdad me llenaba de un morbo sorprendente, me excitaba el solo hecho de saber q me estaba tomando parte de mi flujo pre seminal… recuerdo muy bien q mientras me metía el dedo a la boca ya para probarlo de manera así mas cachonda, ponía mi cara como una de esas golfas de la peli… la verdad me excitaba mucho… y lo único en q pensaba mientras hacia eso, era en mi siguiente paso, osea lo q venia después….. la verdad ya para ese entonces mi pene estaba muy pero muy sensible…. La verdad ya no podía mas… tenia unas ganas enormes de querer correrme, pero no quería malograr lo q venia sino demoraría nuevamente en poder recargar y por ende la excitación… quería q todo fuese perfecto….

No lo dude mas y pues apague la tele y me dirijí a mi cuarto…. Con total rapidez apague la luz y estaba a oscuras…. Prendí la luz de la lámpara y la puse a tono medio con la intención de querer q sea un ambiente adecuado para ello….. todo eso lo hice a la velocidad de l luz…. Pues ya no podía mas…. COMO DIGO REPITO me encanta y me enloquece el EROTISMO en todas su facetas y eso incluye el exhibicionismo… entonces, me tire en mi cama de espalda arriba y comencé a quitarme la pijama de manera muy sensual… no se, me sentía algo raro…. Había algo dentro de mi que solo me decía sigue y sigue… algo q me llamaba y me decía ya es hora…. Acéptalo y hazlo….. me pare y estaba solo con la camisa…. Y por supuesto me tapaba pues hasta mas abajito de la cintura… al estar parado justo en frente d mi espejo… pues me di cuenta q esa imagen si me excitaba demasiado…el estar allí desnudo con solo una camisa tapando morbosamente y de ratitos por movimiento o descuido se levantaba y se notaba mi sexo, mi verga q seguía hasta ese entonces recontra parada y tiesa… me quede seco, inmóvil., q me pasaba …recordé exactamente una escena de la peli porno q había visto en q una de las golfas esas estaba igual y después su marido la espiaba por la puerta sin darse cuenta y ella se acariciaba para estimularse sola… casi ya sin pensarlo o inconscientemente o muy conscientemente es q tome mi camisa y me comencé a desabrochar desde abajo hasta arriba….

Pues así de esa manera tardara en poder verme totalmente desnudo al espejo….. sin darme cuenta la camisa se me deslizo por la espalda y callo sola y todo ese movimiento y accionar la verdad q me hacia perder los sentidos..me mire y estaba ya totalmente desnudo frente al espejo…. Me miraba y miraba… mi polla…sin querer comencé a acariciarme y luego me di un giro total y la q le di las espaldas al espejo….. gire solo mi cabeza y miraba mi culo…. era la maldita primera vez en q lo miraba de esa manera no solo por el físico sino también de la manera morbosa en q lo estaba viendo… tenia un culo rico, levantadito y bien formado por mas q era de contextura delgada…ya mis manos parecía q seguían las orden por algo en mi interior….. así q me comencé a acariciar asi en esa postura mi culo.. y no se como me abrí las nalgas… pude ver no perfectamente, pero vi mi orto… mi huequito y la verdad no se q me pasaba…. Pero estaba a mil….. no podía mas comencé a agarrar mi pene y comencé a frotarlo…. Y seguidamente comencé a moverme de manera sensual…

ya mi cuerpo no me obedecía, algo dentro me mandaba a hacer aquello…. Comencé a prácticamente bailar pero muy lentamente y de manera sensual… me miraba el culo, me miraba mi pene… me imaginaba muchas cosas… y mi mano seguía en ese vaivén delicioso de poder frotarme mi pene….. estaba ya sin pensamientos…. Me tumbe a mi cama casi ya de un salto y no se porq pero me puse en posición de 4 tumbado boca abajo prácticamente hundiendo mi cara en la almohada y mi culo en el aire completamente lo mas levantado q pude, allí totalmente desnudo comencé a imaginar q estaba follando duro y q a la vez quería sentir lo mismo q me hacia por atrás…. Así q puse una mano en mis nalgas y la otra seguía frotándome mi pene salvajemente… mi mano q estaba en mis nalgas, trataba de abrir una q otra ve cada nalga… y pues se deslizo de costado por toda mi raya de mi culo y tocaba a secas mi orto, mi rico orto y eso me hacia prácticamente quedar con los ojos en blanco…. Yo estaba con el único deseo de poder sentir mi rico climax y poder llegar de una vez a mi ansiado orgasmo: yo me daba cuenta pero ya estaba hasta gimiendo y lo hacia de manera escandalosa, fuerte… hasta parecía q gritaba!!!…. no se , recuerdo q me decías mi mismo …. Si…. Si……… así….. eso……..sigue….. q rico culo tienes julian……. Me gusta tocarte el ort….q rico q estas papi………….

Ahhhh….ahhhhhh…..y me movía…hasta parecía q había alguien allí debajo mio…o arriba mio???…..me movía salvajemente q hasta parecía q la cama se rompería… mi brazo me dolía porq era incomodo estar así atrás de mi y la otra mano jalando y jalando mi pija…. Con tan solo estar arrimado con mi cara y tratando de mantener el equilibrio…. Pero no importaba…. Aumente el movimiento y la velocidad de mis acciones y no pude mas….. tome con fuerza mi pene… y solo quería correrme….. con la mano q me acariciaba mi culo, tome una nalga y la abrí lo mas q pude…. Y con la q tenia mi pene apreté con fuerza y jale y jale y ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!…..q rico!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!-.-…siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii……..eso…………..me estoy corriendo.,…………………..esooooooooo q rica leche…………..! siiiiiiiiiiii no pares!!!!!!!!!!!!!…. q no acabe nunca……………….. q rico culo….q rica verga….. OHHHHHHHHH!!!……..ahhhhhhhhhhhhh………… me movía frenéticamente!!!…. y seguía descargando!…. quería votar hasta la ultima gota de mi leche!!!!!! Y eso hice!…. hasta mi mano quedo llena de semen porq sin pensarlo lo habia jaloneado tanto mi pene q hast mi prepucio tquedo totalmente colorado………… quede prácticamente cansado… después de recuperar el aliento me pare y mire a mi cama todo estaba lleno de semen…mucho semen………. Al rato lo limpie…. Y me eché a descansar…mientras trataba de dormir no pude dejar de pensar en lo q había hecho, y la verdad pensaba también en lo rico q se sintió…. Y en lo q rico y delicioso q se sentiría al querer probar nuevas cosas de “ESA MANERA”….. pero eso ya es otra historia q contare mas adelante………… BYE!!!
El KID

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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Y la carne se hizo pasión

Los episodios de nuestra aventura sexual, como pareja, cambiaron imprevisiblemente el futuro de nuestras vidas. Aquello que empezó por un sorprendente zarpazo mío a los genitales de mi amigo Félix y que continuó con mi flirteo telefónico, dejándome tratar como una coqueta cualquiera con el sobrenombre de Ratita, nos llevó a querer hacer perdurable nuestra amistad convertida en amor, éste en carne y ésta en pasión. Nunca me hubiera creído que de un zarpazo tan atrevido por mi parte y tan inesperado, tanto para mi amigo como para mí – que aunque me lo había imaginado muchas veces nunca creí atreverme – pudiera resultar tan fructífero.

Tan imprevisible fue todo que, antes de que me llamara Félix, al día siguiente, para que acudiera a su casa, todavía seguía yo pensando si todo había sido un sueño e, incluso, si llamándome Ratita era una manera de burlarse de lo que habíamos hecho el día anterior y, así, librarse de la mala consciencia que le podría producir haberse dejado llevar por mi instinto homosexual.

Tras su llamada, pues, llegué a casa de Félix como una loca ninfómana cargada de la sensaciones del día anterior, gozándome de todas las impresiones sensuales que mantenía vivas en mi pensamiento, en mis papilas, en mi ano, en toda mi piel, con el recuerdo del campanilleó de su polla en mi boca y en mi culo; el roce del vello de su pecho, de su pelvis, de sus nalgas, de sus muslos, de sus piernas y, en fin, de todo su  cuerpo magníficamente afelpado que me cosquilleaba gratamente; mis manos en sus testículos con ansias de volver a beber de su elixir níveo, espasmódico, viscoso, acaramelado… y sintiendo dentro de mí un hormigueo que recorría todo mi cuerpo ansioso de gozar nuevamente de todas aquellas sensaciones que me hacían sentir como si flotara en un inmenso océano y me dejara llevar por el vaivén de unas olas placenteras.

Aparentemente, como otras tantas veces, llegué a su casa para entretenernos en nuestros juegos y en nuestras aficiones o bien para reunirnos y salir juntos. Esta vez… era tan distinto. Félix ya estaba esperándome asomado en la ventana de su habitación, me vio, me saludó, me hizo la seña de que estaba solo. La puerta ya estaba abierta, subí las escaleras como una loca, le abrace, nos besamos en la boca efusivamente. Goce, como primicia, del sabor de su lengua ensalivada de una mezcla de café i coñac francés. Su cuerpo, bragado, olía a tío

– Mis padres están de viaje – me dijo – Antes de irse se tranquilizaron diciéndome que me dejaban en tus manos, confiados en tu sentido de responsabilidad. Tú ya sabes que, de ti, tienen una buena imagen. No sé que pensaran, ahora, cuando se enteren y sepan que eres… – dudó, pero me lo dijo – un maricón reprimido.

– No me gusta que me digas eso, al menos en frio, Félix. Además, no me siento eso, ni lo soy. Llámame, Ratita; se ajusta más a mis deseos de ser tu hembra. Quiero pensar que es así como me has descubierto y como quiero que me quieras.

– ¿Qué llevas ahí? – dijo señalando la bolsa que llevaba en la mano

– Te vas a sorprender – le dije –, llevo todo lo que necesito para que me veas mujer, cosas que para otros podrías decir que son plumas para mariconear. Para mí, no; para mí son, y así me las pongo para ti, las señales externas complementarias con que me puedo evidenciar como me siento: hembra atrapada en un cuerpo de macho. Mira esto: unas medias, unas bragas, unos sujetadores, este collar de perlas, estos pendientes y nada más, con esto tengo suficiente para estimular tu imaginación de varón y que te prestes a quererme como me siento.

– ¿No llevas ahí la peluca?- me preguntó.

– No. Mi cabeza y mi rostro, de hombre o mujer, son éstos: no quiero otros.

– Empecemos, pues, Ratita. Te arreglas rápidamente, si es que te gusta así, con esos avíos. Después de lo ayer tengo una ganas enormes de complacerte y de que me complazcas. En toda la noche no me he podido quitar de mi mente nada de lo de ayer – y añadió – qué gusto me diste y qué buena hembra hubieras sido – y diciendo esto, se acercó, me cogió por la cintura y me apretaba contra su pelvis.

Yo no pude resistirme al impacto de su paquete en mi bajo vientre y, como ayer, me arrodillé, le saque la polla metiendo mis manos en su bragueta y bajándole lo calzoncillo, elásticos y asedados, sin la temeridad de mi anterior atrevimiento y sí, en cambio, mirando su polla con la satisfacción de que aquella hermosa verga, aquel enorme capullo y aquellos testículos prietos me los entregaba mí amado para hacerle gozar. Le di unas cariñosas chupaditas a su capullo, pero él envistió y me metió más de media verga en mi boca, diciéndome con inusitada pasión: – ¡Toma! A continuación me pidió perdón por las arcadas que me produjo con los envites de su tronco armado en mi boca de punta a huevos.

Ya en el aseo, delante del espejo, desnuda y con mis tangas puestos, sintiéndome muy sexy y haciendo unos gestos femeninos que tanto tiempo llevaba ocultándolos, me sentí mujer dispuesta a ejercer abiertamente, ante Félix, mi identidad de género. El espejo quería desmentirme y le escupí. Cambie mis tangas por las bragas, me puse las medias,  me puse el sujetador preparado como si sostuviera unos pechos lindos. Con rabia y más femenina que nunca, mire al espejo: -¿Qué me dices ahora? Salí, del baño, muy airosa.

Él estaba en la cama, desnudo, majeándose la verga y los testículos. Me acerqué, di unas vueltas delante de él haciendo unas poses pícaras de mujer que quiere cautivar a su hombre. Pero Félix, no sé por qué, de pronto, pareció enfurruñarse inesperadamente viéndome vestida con aquellos atavíos. Con extrañeza, sin que yo pudiera, en principio, entenderle, bajó de la cama y se plantó de pie con su colgajo erecto campanilleándole, y me dijo:

-¡No me vengas con mariconadas! Tu cuerpo es de tío, tienes menos pecho que yo y tu polla es más larga y gruesa que la mía. Me basta, pues, que te sientas mujer, que me dejes gozarte como lo que eres en tu mente, aunque tu cuerpo lo desmienta, y gózame como el tío que te quiere hacer feliz.

Sus palabras resultaron milagrosas. Empezó a sobrarme todo: las medias, las bragas, el sujetador y…. Me lancé, totalmente desnuda, como una loca sobre él y caímos en la cama riéndonos. Me recosté y empecé sobándole sus pechos macizos, pellizcándole sus mugrones erectos y duros; me refugié en sus sobacos oliéndole el sudor y lamiéndole sus humedecidos pelos lacios; me pase sus calzoncillos por la nariz y mi boca para oler y gustar del olor y sabor rancio de su última lechada y de los vahos residuales del goteo pudibundo de sus micciones, dejándole clara mi disposición a ser su esclava sometida a sus caprichos y deseos más morbosos.  Él me dejaba hacer: llené de besos y lamidos su abdomen, bajé a la pelvis mullida lamiéndola, besándola y ensortijando su vello púbico con mi lengua insaciable pero, intencionadamente, resistiéndome cuanto podía a chuparle la polla hasta que – como yo esperaba que lo hiciera – me obligara a chupársela – como yo hacía tiempo que lo deseaba – sumiéndome totalmente a su furor de macho encabritado. Resistí, pues, ansiosamente hasta que él, locamente enfurecido, me forzó a agachar la cabeza:

– ¡Mama, coño, mama! – Me gritó – ¡Mama, grandísima puta! – Me insistía él con idénticas ansias como las que yo ansiaba gozar de su polla en mi boca mamándosela, chupándosela, lamiéndosela y mordisqueándosela.

– ¡Mama, grandísima puta! ¡Mama, coño, mama!  – Me insistía mientras que yo gozaba potenciando, con mi represión simulada, su deseo.

– ¡Pero qué puta eres tú, cabrona!

Ahora, sí: hecha una zorra, putísima, se la chupé con toda mi vehemencia y mis ganas, dejándome llevar por su deseo y la fuerza con que me obligaba a chuparle su polla desde el capullo a los testículos.

-¡Mama, coño, mama! – me repetía. Me forzó a ponerme de rodillas delante él con sus genitales ante mi rostro y con sus manos me abrió la boca y metió, primero, sus dedos; luego su verga; me penetró y me folló en la boca; me volteó y me hurgó el ano; con su dedo ensalivado me masajeó los esfínteres y, me volvió a poner los dedos en mi boca para que se los chupara; me puso boca arriba, con mis piernas sobre sus hombros y se entregó con toda su fuerza a follarme y haciéndome sentir que mi ano era la vagina que yo le podía ofrecer y él era el macho que quiere preñar a su hembra.

En dos tandas, intercaladas con un descanso, nos pudimos gozar, cada uno, de dos orgasmos consecutivos. En el primero, tras una follada bestial de semental joven y vigoroso, derramó toda su leche en mi cara, al tiempo que yo me jadeaba aún de mi primer orgasmo. Con placer mezclé su semen con el mío y me lo embutí, primero, en mi culo y después, recogiendo todo el sobrante con mis dedos, me engullí la mezcla repetidas veces hasta dejar mi cara limpia. Me gustaba aquel pastel y terminé chupándole la polla para recoger y tragarme el resto de su semen.

Después, más pausadamente, nos llenamos de caricias, de besos y sobos por nuestros cuerpos. Sin prisas, yo jugueteé con el vello de su pubis y de sus sobacos; metía mis dedos en su prepucio, le acariciaba el glande y, seguidamente, me chupaba los dedos; intente, entre risas, restregarle mi mano en su ano y meterle algún dedo pero no se dejó; cogí su verga y la junté con la mía tratando de cubrir su capullo con mi prepucio  para simular que me penetraba y me follaba, a manera de coño, por mi pepucio y mi verga, en aquel momento, flaccidos; mientras le masturbaba quise poner mi polla en sus manos, tampoco se dejó. Así, poco a poco, volvimos a sentir los deseos de gozarnos plenamente. Nuestras vergas erectas marcaban, a reventar, las arterias de nuestros penes; nuestros glandes se descapullaban como flores de mayo. Puestos así, mientras yo mismo me masturbaba, le masturbé zarandeándole la verga arriba y abajo, chupándole el capullo, lamiendo el tronco henchido y mordisqueando sus huevos. Nos contuvimos hasta no poder más y su semen i el mío se mesclaron en mi pelvis y chorreando por mis ingles buscaron el cauce abierto hacia mi entrepiernas, allí donde mi ano esperaba tan delicioso y cálido flujo.

Amistad, amor, carne, pasión… este era el camino que habíamos recorrido hasta ese momento y esa era nuestra  disposición a mantenerlo. Éramos muy jóvenes todavía y, con el tiempo, todo fue cambiando para nuestro mayor gozo y placer. Perduraba nuestra amistad hecha amor, éste hecho carne y ésta, lujuriosamente, hecha pasión que nos llevaba, pasado ya cierto tiempo y puestos a complacernos, a confundir los roles y, cuando no, a cambiarlos ardidamente para suplantarnos en nuestras iniciativas con las que satisfacer nuestros deseos más íntimos. No me extrañó nada,  después de bastante tiempo, el día que se atrevió, Félix,  a cogerme la polla, ponérsela en la boca y chupármela con las ansias de quien satisface un deseo oculto. Cierto es que nunca le forcé, tan cierto como fueron sus propias ganas explosivas de mamar, chupar, lamer, besar y mordisquear mi polla con las ansias de quien llevaba demasiado tiempo reprimiéndose.

–Chupa, cariño, chupa – le grité timidamente, en principio, pero  a medida que se rendía a chuparmela febrilmente, con desesperación, jadeando y fuertes ronquidos, tambén a mi me resultaba difícil no entregarme a sus ansias:

-¡Toma, chupa! ¡Qué bien la chupas! ¡Toma, mama, chupa, lame… besame los huevos, mordisquealos! Así…

–Qué cosa más buena, qué rica – gritaba él complacido de tal manera que me excitaba mi instinto de macho como nunca había sentido, ni siquiera imaginado.

– ¡Chupa, tío! –llegué a gritarle – ¡Chupa, maricón, hijoputa, chupaaaaa! ¡Mama, tío; lámeme el capullo, cabrón; lámemelo… así, así, así.

Y así fue nuestra tercera experiencia, esta vez con plena consciencia de satisfacer plenamente los deseos de nuestros afectos mutuos y de nuestros instintos sexuales más profundos.

Pasado el tiempo, y ya puestos sin importarnos nada de nada los roles y totalmente entregados apasionadamente al placer con la lujuria puesta en nuevos retos, un día le pedí que se pusiera  de cuatro patas, como perrito faldero, para satisfacerme como el macho que él mismo me había hecho sentir algunas veces para encabritarme. No se negó.

Puesto él como le pedí, separé con mis manos sus nalgas afelpadas con el vello que se adentraba hasta circunvalarle el ano. En ocasiones posteriores ya era él mismo el que las separaba con sus propias manos o entrambos, en otros casos, dándonos  palmadas que enrojecían su culo – o el mío – y nos excitábamos con la escozor de las fuertes palmadas, pellizcos y, incluso, suaves vergazos cuando nos entregábamos al placer sadomasoquista que se avenía bien a nuestros roles alternativos de machos/hembras versátiles.

Aquella primera vez que se dejó llevar apasionadamente por el goce de mis carnes en sus manos, en su boca y en su ano abierto como una flor, resultó todo perfecto: lo ensalive, lo humedecí con cariñosos besos negros, metí mi lengua entre sus esfínteres tersos, prietos y duros que con el calor de mi aliento y mi saliva cálida se fueron aflojando pausadamente hasta dejar que pudiera penetrar mi lengua, primero; mis dedos y hasta casi mi puño, después, y culminando, con enorme satisfacción de ambos, metiéndole mi polla y zumbarle un méteme y saca que, por ser el primero, con los roles cambiados, todavía hoy nos resulta inolvidable.

Ha pasado mucho tiempo. Es evidente que nos amamos y nos entregamos sin escrúpulos para gozarnos con la pasión de sabernos poseedores de nuestros cuerpos que nos hemos entregado, uno al otro, mutuamente y sin reservas de géneros gramaticales ni sexuales.

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Me excita que me miren masturbarme

Hola, a continuacion compartiré con ustedes una de mis experiencias en el exhibicionismo, pues tengo que decir que es mi pasatiempo favorito desde hace mucho.

Por donde yo vivo hay un parque publico sobre una calle principal, el parque es grande y hay muchos arboles, la zona es tranquila, no peligrosa, en la noche es el lugar perfecto para colocarte en un lugar seguro y vigilar, a que me refiero con esto? pues que me coloco en un lugar cerca de la calle por donde transitan los peatones de forma que no puedan verme ya que hay momentos en que la calle esta vacía, observo que tipo de gente pasa por ahí, y cuando pasa alguna chica linda me masturbo de forma que pueda verme, pues de esta forma puedo provocar diversas sensaciones en las chicas y esto es lo que mas me excita.

Pues les contare que una de esas noches, yo me encontraba en mi escondite como siempre, y como siempre pasaban por la calle las chicas lindas que van llegando de trabajar o de la escuela etc, eran las 8:30 aprox, cuando en ese momento la calle estaba vacía y venia caminando una chica delgadita, de cuerpo bien formadito, como esta un poco obscuro no vi muy bien su rostro pero se veía guapa también, usaba un pantalón de mezclilla bien pegadito y una blusa rosa también pegadita. Su pantalón se metía entre sus gluteos bien formaditos y en su brazo derecho cargaba su bolsa de mano, el sonido de los tacones de aguja de sus botas hasta media pantorrilla me puso a mil.

Esperé el momento preciso, venia directo a mi escondite y el movimiento sensual de su caminar me ponía cada vez mas caliente, aquí venia, pasando frente a mi escondite y comienzó mi acto, baje completamente mi pantalón, me coloque en cuclillas semi inclinado hacia adelante apoyándome en un árbol y comencé a mover mi pelvis hacia adelante y hacia atrás, al parecer no me veía, hice ruido agitando mis nalgas hacia arriba y hacia abajo para que mi entrepierna golpeara con mi mano al ritmo que masturbaba mi pene y suspiraba fuertemente para que ella supiera que se trataba de sonidos eróticos, sentía como mis nalgas rebotaban y se abrían y se cerraban con el movimiento tan pronunciado y al golpear mi entrepierna con mi mano producía un sonido como de aplauso, casi al momento volteo a mirarme, comenzó a caminar despacio y mirando, yo me coloque de pie y continué masturbando mi pene mientras la miraba, casi pensé que se acercaría a contemplar mi acto, pero siguió caminando y continuaba mirando, hasta que se alejo y volvió la vista al frente, pero moviendo aun mas sensualmente sus nalgas. imagino que le gusto. Espero volver a ver a esa linda y sensual chica, y esta vez la invitare a que se acerque.

Esta ha sido una de mis mejores experiencias, pero relatare muchas mas aquí mismo. por favor déjenme sus comentarios, y opiniones. hasta pronto.

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Durmiendo con mi hermana

“Anoche no me dejaste dormir, hermanito: toda la noche te la pasaste con tu cosota pegada a mi trasero”.

Eso fue lo que dijo mi hermana, Sandy, el domingo pasado mientras desayunábamos mirándome a los ojos, con una sonrisa. Según ella yo había pasado toda la noche “como burro en primavera” y ella no había dejado de sentir mi “cosota”, como llamó cariñosamente a mi pene, pegada a su trasero, sin poder dormir.

Desde que mis padres se separaron, nos mudamos con mamá a un departamento muy pequeño en la Narvarte, muy bonito, pero lo malo es que sólo tiene dos recámaras. Así que Sandy y yo tuvimos que compartir la misma recámara. Además, como en la mudanza mis padres se dividieron los muebles, nosotros nada más nos quedamos con la cama matrimonial y una camita individual. Ahora mi madre duerme en una de las recámaras en la camita individual y Sandy y yo tenemos que compartir la cama matrimonial.

Para mi al principio y supongo que también para ella fue muy molesto. En la otra casa, cuando mis padres no se habían separado aún, cada uno tenía su recámara. Yo tenía privacidad y en las noches antes de dormirme me hacía siempre una chaqueta o dos. Si no, no podía dormir. Me la pasaba toda la noche con la verga parada pensando en mis compañeras de la prepa. Me masturbo diario desde que descubrí la masturbación cuando estaba en secundaria. A veces varias veces al día, pero siempre lo hacía en la noche, acostado en la cama. Me bajaba el pantalón del pijama y me acariciaba hasta que me venía. A veces lo hacía dos veces seguidas. O a media noche me despertaba con una tremenda erección y me volvía a masturbar.

Pero desde que duermo con Sandy no puedo hacerlo por obvias razones. Y es realmente muy molesto tener que permanecer así con una erección sin poder hacer nada para descargar la leche acumulada durante días. Y peor aún porque aunque trato de evitarlo a veces Sandy pega sus nalgas contra mi pene. Y entonces me entran unas ganas incontenibles de venirme por más que trato de pensar en otra cosa. El otro día estaba tratando de resolver ecuaciones de segundo grado: pero fue inútil: no podía dejar de sentir unas terribles ganas de acariciarme. Así que como vi que Sandy estaba superjetona me fui acercando poco a poco, aguantando la respiración, hasta quedar pegadito a ella, que estaba durmiendo dándome la espalda. Cuando me pegué a ella, hizo un sonido raro. Me quedé helado pensando en que me había sentido y se había despertado. Luego respiró profundamente y volvió a quedarse profundamente dormida. Durante todo ese tiempo que me pareció larguísimo no me moví. Casi ni respiré. Al fin cuando me di cuenta de que ya había pasado el peligro hice un movimiento con la pelvis y traté de acercar mi pene a sus nalgas, moviéndome como si ella tuviera una alarma puesta. Pasó más de un minuto en el que fui acercándome milímetro a milímetro hasta que de pronto empecé a sentir su calor y finalmente, de repente, sentí el contacto con su culo. Sentí riquísimo cuando mi verga rozó sus nalgas, aun cuando traía puesto el pijama. Ella duerme sólo en calzones y una playera arriba.
Como vi que no despertaba me quedé quieto sin hacer ningún movimiento, simplemente sintiendo mi pene entre sus nalgas. Empujé un poquito mas la pelvis y presione un poquito mi pene contra sus nalgas. Sentí como mi pene se acomodaba en el surco que divide los dos cachetes de su culo. Y se lo dejé ahí toda la noche. Sin poder dormir. Simplemente concentrado en el placer de sentir su cuerpo calientito arrullando mi pene. Era tan rico que casi no me sentía mal de estar haciendo eso. Sabía que no debía hacerlo, pero no podía despegar mi pene de ahí: se sentía tan suave. Ella estaba tan calientita. Y yo estaba tan caliente que era la única manera de aliviar la tensión de estar así.

Como se imaginarán soy virgen y nunca hasta ahora he tenido novia. Ni siquiera se qué se siente acariciarle el seno a una mujer. Y por supuesto nunca había estado tan cerca de una mujer. Así que pasé toda la noche pegadito a ella. Eso fue la semana pasada. Y hasta ayer mi hermana no me había dicho nada. Ahora no sé qué voy a hacer, ahora que ella ya se dio cuenta y no creo que vaya a poder volver a hacerlo. Y como tampoco puedo masturbarme no sé cómo voy a poder aguantarme las ganas.

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El amor se hizo carne: La amistad de hizo amor 2

Inolvidable. Todavía en mi mente flotan sus palabras: «Yo también te quiero, Jorge”. Un atrevimiento mío, como el de ayer, de dar un zarpazo a los genitales de mi amigo Félix  (cosa  que nunca había sido capaz de aventurarme a efectuar a pesar de las ansias que sentía de hacerlo para palpar el bulto de su polla marcada en sus tejanos), terminó procurándolos una experiencia sexual inolvidable que puede propiciar la posibilidad de nuevas aventuras como las que deseo y espero en el presente y para el futuro.

Recordándolo, ahora, siento, dentro de mí, un hormigueo que recorre todo mi cuerpo, de tal manera, que me hace sentir como si flotara en un inmenso océano y me dejara llevar por el vaivén de unas olas placenteras. Tan real como que estoy despierto ahora, son las imágenes de todo lo que ayer sucedió, hasta el punto que dudo si no habrá sido todo un sueño.

Pero no, no ha sido un sueño: tengo vivo todavía como le paladeaba, yo, su polla en mi boca; el roce de su glande en mis labios; la tersura de su verga ardiente golpeándome la boca con toques que me enloquecían por las ansias de quererla morder, retenerla y gustármela; todavía paladeo el gusto de su semen cuando le limpie la polla con mi boca mientras que su capullo aún goteaba espasmódicamente, en las últimas convulsiones de su orgasmo, tras  penetrarme y derramar su lechada viscosa que, gratamente cálida, me esforzaba para retenerla en el saco intestinal.Y así, una y otra vez, recuerdo todas aquellas gratas sensaciones como queriéndome cerciorar de que no ha sido un sueño. Y no, no lo ha sido: me penetró con su polla erecta como a punto de estallar y, ahora, me reviene la sensación de cómo quería sentirla dentro de mí  metida profundamente en mis entrañas con aquellos acosos de macho encabritado sobre mí culo y  sus manos agarradas a las nalgas y golpeándomelas con ansias de hacerme sentir rendido, por él,  sumisamente, a su voluntad de dominio de macho excitado.

No, no;  no fue un sueño: me penetró con mucho cuidado después de varios intentos de lubrificar, con su saliva, su glande y mi ano; me masajeaba el esfínter anal externo como circunvalándolo con su dedo corazón que, a intervalos, intentaba metérmelo, superando el esfínter interior, para comprobar la relajación de todo aquello que yo siento como mi coño. Gozaba así de la delicadeza de los toques de un dedo que curioseaba placenteramente la grata apertura, en mi anatomía, que esperaba ansiosamente ser invadida y ser cubierta como cubre un varón a su  hembra.  Así que, una y otra vez, sacaba la polla de mi culo y me la metía en la boca para que la gozara y la  lubrificara con mi saliva cada vez más espesa. I  vuelta a empezar: ahora su polla, ahora su dedo corazón metidos alternativamente en mi boca y en mi culo y, cuando no, llenándonos de besos y metiéndonos las lenguas, uno  en la boca del otro, jugueteando y mezclando nuestras salivas.

No, no ha sido un sueño ciertamente, sino que todo fue  posible  por aquel impulso de haberle cogido, imprevisiblemente,  su polla metida en el paquete de sus tejanos y de unos calzoncillos que ya tuve ocasión de olerlos, sin que él se enterara, y de  impregnarme del sudor de su polla, de sus testículos velludos y – perdónenme! – de los vapores residuales del flujo de sus micciones. Mis deseos, largo tiempo reprimidos, me habían llevado al morbo con el que satisfacer solitariamente, mis fantasías sexuales con Félix. Fue, pues, mí atrevido zarpazo a sus genitales el que me facilito poder gozar de su sexo. Y así fue cómo se hizo posible mi sueño más imposible: sentirme amado por la persona que adoraba y adoro como lo es mi amigo Félix.

Qué poco sabía él del tiempo que llevaba satisfaciéndome y tomándole como objeto de mis deseos y eyaculando mi leche, cuando me masturbo, como si fuera la suya y emitir los gritos incontrolados que una amada, en su clímax, puede pedir a su amante para potenciar su orgasmo : fóllame, Félix; métemela hasta el fondo, cariño; córrete en mis entrañas, querido mío; no pares y dale fuerte; aprieta amor; aprisa, ahora aprisa; aprieta, cabrón; aprisa; aprisa, aprieta hijoputa; ay, que me corro; sácala, métela en mi boca, quiero tu leche de macho; así, así, así…

Estando reafirmándome de lo sucedido el día anterior, cerrando y entreabriendo mis ojos para  gozarlo  imaginariamente como realmente fue, sonó mi móvil. Era Félix.

-Hola, Ratita.

Quedé extrañado de aquel inusitado tratamiento. ¿Era una burla?

-¿Félix? – pregunté por decir algo

-Sí, Ratita. Soy yo que quiero…. – tan confundido me sentía que no le deje terminar

-¿Por qué me llamas Ratita? – le pregunte, un tanto contrariado.

-Porque lo eres – me respondió, tranquilo y con una naturalidad que no me esperaba -. Eres una ratita de esas que no se dejan cazar fácilmente y saben esperar para  encontrar y comerse el pedazo de queso que le niegan sus anfitriones. Así que mira por donde, de pronto se me ocurrió que, de ahora en adelante,  te llamaría Ratita puesto que, por lo de ayer, he caído en la cuenta de que te gusta el queso, ¿Sabes, Ratita, por qué sé que te gusta el queso? Hasta ahora no lo había pensado, pero de pronto me ha venido a la mente el día que, en el gimnasio, desaparecieron unos calzoncillos míos.  No le di importancia, pensé que alguien me estabas preparando una broma. Esos calzoncillos aún no han aparecido y ahora estoy convencido que los cogiste tú para tenerme y retenerme, en tu imaginación, con los olores  rancios  de mis calzoncillos sucios. ¿Te gustaría oler los que llevo puestos ahora? Los tengo sucios por la lechada de ayer… huelen a queso del que a ti te gusta, Ratita, rancio, muy rancio. Te estoy esperando, tengo más leche y queso para ti, sólo para ti. Ven, hoy vas a saber cuánto te quiero: te voy a cubrir como semental que ha encontrado su yegua. No, perdona: como varón que ha encontrado su media naranja, como mujer que te has quedado a medio hacer y yo tanto tiempo sin enterarme de que tu amistad se ha ido convirtiendo en el amor soñado por ti y que quieres que te corresponda. Ven, te necesito ahora que nuestra amistad se ha convertido en amor y el amor se ha convertido en carne para gozar nuestros instintos sexuales.

-Voy, Félix. Me estás haciendo muy feliz, Amor. Sí, quiero ser tu Ratita.

Deje el móvil. Me sentí halagada y querida: soy su, Ratita, me dije. Instintivamente, con una mano,  me palpe los pechos, pellizque los mugrones  duros y erectos  mientras que, con mi otra mano, me cogí la polla y me la restregaba y la gozaba como si quisiera que fuera mi coño., Y así me estuve un rato  gozándome como hembra, desnuda frente un espejo que pretendía desmentirme lo que siento que soy.

Decidida a ser hembra para mi amigo, metí en una bolsa las prendas de lencería femenina que suelo ponerme en la intimidad y  corrí como una loca ninfómana  para hacer real, conscientemente,  mi primer encuentro amoroso con Félix tras nuestro primer escarceo sexual en el día de ayer.

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Estoy excitado

Estoy excitado, anoche no he dormí bien.

No sé si fue el calor por la noche cuando me acosté, la lluvia de la madrugada que me desveló o inmensas ganas de estar con vos, pero no he podido dormir mis 5 horas mínimas que necesito para estar bien.

A las 4am me desperté excitado. Una corriente eléctrica me recorría el cuerpo hizo que a pesar de que debía guardar silencio me levantara.

A casi 10 horas de ese momento sigo igual. Creo que más aún luego de que habláramos a primera hora de la mañana,

Ahora estoy tirado en la cama, cierro los ojos y te imagino esperándome en el dpto, en nuestro nidito de amor, nuestro refugio.

Te imagino esperando impaciente mi llegada como tantas veces de la oficina. Un suave olor a perfume y deseo invaden el cuarto.

Vos estas allí, preparada y ansiosa para ofrecerme el relax que necesito.

Tus pupilas dilatadas y el olor a tu sexo te delatan. Estas también para recibir placer.

Me abalanzo sobre ti y me entrego por entero a tus brazos.

Beso tus labios con ansias, mi corazón comienza a acelerarse y mi respiración se hace mas profunda.

Mordisqueo el lóbulo de tu oreja y tu cuello y voy descendiendo en busca de mi ansiado néctar.

Al pasar por tus pechos siento tus ya endurecidos pezones, los succiono y aprieto entre dientes hasta escuchar un suspiro que escapa de tu boca…

Continúo casi sin control por tu vientre, ya no soy yo. Ya nada hay de racional en mí.

Rozo con mi boca el interior de tu muslo recorriendo circunferencialmente tu sexo a tan solo centímetros del tesoro. Ya veo los hilos de plata. Lo siento, los huelo, lo pruebo…

Escucho tu exclamación y te arqueas ofreciéndomelo. Ya lo tengo… Su sabor es indescriptible, su viscosidad es máxima.

Mi lengua lo invade. Rodea tu pequeño botón, lo envuelve, lo excita, le da placer… y explotas!

Lentamente vuelve tu respiración a la normalidad, pero yo sigo allí. Quiero más…

Insisto y consigo arrancarte otro orgasmo aún mayor. Pienso: ahora es mi turno.

Llego nuevamente a tus labios y escucho de los tuyos: ahora es mi turno, queres que la chupe?

Solo el hipotálamo de mi cerebro responde: Siiii, que sale de mi boca manera casi imperceptible. Es mi mayor deseo, casi inconfesable, lo que no me atrevo a pedir, pero lo deseo con alma.

Y me vuelco. Mi espalda apoyada permite placenteramente abrir mis piernas y liberar mi miembro endurecido. Ahora es tu boca la que se encarga de aliviarme. Que placer!!!

Siento que voy a estallar. Debo controlarme pero yo solo no puedo. Lo adviertes y te detienes.

Ahora sos vos la que tenes el control de mis actos. Me montas con tus rodillas a horcajadas de mi cintura mientras que con tu mano diriges mi pene a tu mojada vagina.

Te sientas. Veo como se pierde mi sexo dentro del tuyo. Ambos suspiramos.

Empiezas a moverte casi con furia. El ritmo se hace más violento e incontrolable hasta que alcanzamos ambos a mismo tiempo un orgasmo profundo y pronunciado.

Quedamos exhaustos. Nuestros fluidos se confunden con nuestro sudor al tiempo que sobreviene, con la recuperación de nuestros signos vitales, un profundo sosiego a nuestra alma.

………………………………………..

Te imagino y todos mis sentidos se han alterado. Hasta puedo sentir en mi boca el sabor a ti. Debo aliviarme ya que no alcanzaré paz de otro modo. Me esperan aun 4 días para verte.

Algo haré en la oscuridad y encierro del baño.

Te imaginas que?

Me acompañas?

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Tarde solitaria en Cartagena

Que puedo decirte el sol se oculta y el relato de hoy en definitiva no es de una noche. Hoy he tenido un día bastante descansado no he salido de mi habitación que es bastante grande, tiene una cama alta de vigas de bronce (perfectas para amarrar a alguien) el cubre lecho es de seda china y tengo varias almohadas. Lo más curioso es que la primera vez que vine, hace 8 años, mandé a poner una bañera en la mitad de la habitación.
Aún veo el agua con flores de lavando que usé al medio día para bañarme, no la he dejado salir porque huele bien.
A lado y lado de la cama hay grandes ventanales de vidrios oscuros que me protegen un poco del sol.
El día ha sido infernal así que tras comer algo de fruta al medio día decidí recostarme y me di cuenta muy pronto de que la única opción era quitarse todo. No me molesta estar desnuda, lo disfruto mucho; en particular hoy que puedo concentrarme en como caen las gotas de sudor desde mi pecho resbalando por mis pezones, mojando mi abdomen y perdiéndose finalmente.

Acabo de hablar contigo, tienes una voz deliciosa que siento que me acaricia y sin remedio le sumo a eso la falta que me haces y me excito de inmediato pensando además que tú estarás en clase.
Hoy sales tarde y de estar allá probablemente te vería en la noche y haríamos el amor. Me haces una falta horrible y te deseo mucho, el deseo me enloquece y me hace perder la noción del tiempo.

Me miro un rato, me caen reflejos azules sobre la piel blanca y juego con ellos… reconozco que me siento un poco sirena, como lo he hecho estas noches oyendo el mar. Hoy me inspiras muchas cosas, quiero ser tu sirena, la que te atrae tanto que te hace perder.
Con las yemas de mis dedos comienzo a recoger las gotas de sudor que han escurrido por mis brazos y las esparzo hasta que pronto todo el brazo está mojado, creo que aquí debe mezclarse muy bien mi olor con el de las lavandas.
Paso mi mano por mi cuello para recoger el sudor que hay allí y te imagino sudando a mi lado aunándonos. Acaricio mi pecho y llevo cada gota a la punta de un pezón. Oigo la brisa azotar las palmeras, hace mucho calor y las gotas se multiplican hasta que soy un solo pozo infinito de agua, sal y humedad…
… si, esa humedad que haces que salga de mi cada vez que te respiro, que te pienso. Esa humedad a la que no llegaré hasta que esté lista el contraste de mi piel blanca contra el cubre lecho rojo se ve interesante, creo que te gustaría si lo vieras.
Tengo calor así que solo con las yemas de los dedos me acaricio el torso, me levanto y me dirijo a la bañera. Me sumergiré solo un momento en el agua que ya debe estar fría, que desilusión está tibia… no importa salgo para volver a la cama y de regreso me miro en el espejo. Se me han prendido en el pelo unas florecitas de lavanda.
Quiero tocarme, pero más que tocarme quiero que me toques… me siento tan tuya que mis manos son tus manos así que dejo las florecillas donde quedaron y sigo mi camino, me recuesto y continúo con la caricia, ya sin sudor.
Oigo el mar, quiero oírlo contigo… mis manos acarician con fuerza mis tetas las estrujan, se sienten frescas aunque ya se van perlando. Este calor que me enloquece, tú que me enloqueces.
Aprieto fuerte quiero tu verga y sé que no la voy a tener, no por ahora, quiero que me tomes despacio. Abro las manos y me acaricio en círculos el vientre la humedad entre mis piernas corre viscosa, siento el coño tan mojado y tan caliente que se que pronto tendré que tocarlo… pero quiero hacerlo con suavidad, despacio hasta venirme y que ese cansancio que siento y esa necesidad de ti me arrullen hasta la noche.
Me acaricio el cuello con las uñas, sin hacerme daño… sintiendo levemente la caricia como si fuera una brisa fresca, un soplo. Y perezosamente la voy bajando hasta encontrar uno de mis pezones, me gusta jugar con ellos despacio. Acariciarlos suave hasta que siento que se comienzan a endurecer. Dejo los dedos y abro ambas palmas para sentir el roce de mis pezones endurecidos, y me recreo en la sensación de placer, siento como la humedad que sale de mi coño es más abundante pero me dedico un momento más a mis pezones.
Gimo y arqueo la espalda, vuelvo a rozarlos y gimo de nuevo y así un par de veces más. Quiero sentir tus labios, tu lengua acariciándome el clítoris. Quiero que me comas para no dejar de jugar con mis pezones. Quiero venirme en tu boca y luego robarte lo que has tomado con un beso.
Bajo mi mano derecha y separo los labios para dejar bien expuesto el clítoris. Lo veo muy rojo, casi morado. Brillante, deseoso y sin más preámbulos apoyo la punta de mi dedo en él y comienzo a moverla en círculos grandes… en la base. Estoy muy sensible así que aún no me acerco a la punta, me mojo cada vez más pero mantengo el ritmo, círculos y más círculos lentos y suaves sobre la base del clítoris.
Ya mis caderas se mueven solas buscando el contacto pero yo sigo moviendo el dedo, marcando ese ritmo que me enloquece y gimiendo muy quedo, sería casi un gemido susurrado en tu oído.
Te deseo tanto Giorgio, sin acelerar el ritmo, aunque mi corazón y mi respiración están muy agitados, comienzo a cerrar la caricia. Y pronto llego a la punta de mi clítoris, lo miro con curiosidad… se ve inmenso. Abro un poco la caricia para verlo mejor y la vuelvo a cerrar siempre en círculos lentos.
El deseo me abruma, me hace ver borroso, me enloquece… Giorgio quiero que estés aquí, sudando conmigo y oliendo a sexo y a lavandas. Quiero tener tu olor pegado a mí.
Mi cuerpo se retuerce de placer pero no acelero el ritmo de la caricia, me obligaré a llegar así. Despacio, intenso.
Recorro mi clítoris bajando hasta mi coño para humedecer mi dedo y volverlo a subir. Cuando bajo siento la tensión de mi coño expectante y lo acaricio con placer pero no me detengo ahí, solo me penetro un poco con la punta del dedo y lo saco ante lo que mi cuerpo entero protesta elevándose. Mi espalda vuelve a arquearse necesito venirme pero no quiero hacerlo más rápido.
Sigo acariciando y veo como comienza a palpitar lentamente mi cuerpo. Las tetas se me ven más grandes, tengo los pezones de punta, el coño se me contrae y sé que estoy teniendo un orgasmo delicioso. Un orgasmo que es tuyo. Un orgasmo largo. Gimo con fuerza y me sigo tocando quiero prolongarlo y sigo acariciándome hasta que la sensibilidad es tanta que lo dejo con un grito. En el cubre lecho rojo se entremezclan el sudor y mi orgasmo.
Arrastro un cojín largo y lo abrazo, me duermo pensando en ti.

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