Cuando 4 (o más) no son multitud, son una pedazo de fiesta

Fiesta en la playa

Estaba trabajando en la primavera de hace dos años en mi empresa, cuando sucedió el relato que ahora os narro. Tenía un compañero que se llamaba Ramón, y un día en fin de semana me invitó a ir al campo con dos amigas suyas, según él, con esas mujeres podíamos hartarnos allí. Yo tras ver la oferta, acepté, y así pasaron los días hasta que llegó el sábado en el que quedamos.

A la hora acordada y en el sitio convenido, se presentó Ramón con las dos chicas, a las cuales conocía de vista del trabajo. Me las presentó, una se llamaba Esther, guapa, pelirroja con un cuerpazo, mediría alrededor de 1,75 y con medidas colosales, cerca de 105 – 65 – 95. La otra se llamaba Cinta, guapa aunque no como su compañera, un poco más baja, morena, con un cuerpo hermoso, sobre 100 – 60 – 90, bien proporcionado.

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Orgía en el restaurante

Aquella noche ya era casi hora de cerrar y yo me encontraba arreglando algunos platos y vasos que acababa de lavar, mientras mi marido limpiaba la cocina que estaba en la parte trasera del local, un chico terminó de tomar su café, pagó por él y salió sin decir palabra, al salir casi tropieza con dos chicas vestidas de azafatas, al parecer recién llegadas de algún viaje. Ambas me pidieron un trozo de pastel y una taza de café, mientras les servia su orden les informé que casi estábamos por cerrar, ellas me dijeron que no tardarían pues estaban bastante cansadas, mientras me encargaba de llevar la orden a la mesa, un joven entró y se sentó en la barra, al llegar a donde estaban ellas conversaban bastante animadas, nunca antes había visto dos hembras tan bien formadas, mi cuerpo es bastante bien equilibrado pues tengo un par de tetas envidiables y un buen culo, pero ellas eran casi perfectas, una era claramente una chica europea de ojos azules, cabellos dorados y piel clara, de enormes piernas y pechos, con una cinturita que se perdía entre las curvas de sus pechos y sus caderas, la otra era una chica de cabellos negros y lacios con una carita de niña envidiable, al igual que su compañera con un bello perfil y hermoso cuerpo, en su rostro sus labios carnosos eran un magnifico toque, me sorprendí mirando el escote de una de las chicas en el cual podía verse el inicio de un par de senos extremadamente bien formados, rápidamente despejé de mi mente esos pensamientos y me dirigí a la barra al llegar le pregunté al joven en qué podía servirle.

– Deme una cerveza.

– – Le contesté que no teníamos cervezas y él me miro a los ojos y nuevamente me pidió la cerveza, esta vez sentí un cosquilleo en mi cuerpo y unas enormes ganas de darle una cerveza al joven pero éste me miró y me dijo: – – – Déjalo así solo quisiera un emparedado…

– – Yo me dirigí a la cocina y le dije a mi esposo que necesitaba un emparedado. Él me miró molesto pues ya había lavado todo, me dirigí nuevamente al frente, pero para mi sorpresa el joven ya no estaba en la barra, él se encontraba sentado en medio de las dos chicas, las cuales ya no conversaban sólo lo miraban con expectativas, él sonrío al verme y le susurró algo al oído a la chica de su izquierda ella inclinó su cabeza y le besó apasionadamente, él con una mano la tomó de la nuca y deslizó la otra a su entrepierna, ella se dejó acariciar por el joven, luego de aquel beso su excitación subía más y más a cada caricia que el joven le daba a su entrepierna, él le ordenó subirse la falda y ella lo obedeció, yo los miraba impávida sin poder reaccionar cuando al fin pude decir algo sólo llamé a mi marido que no respondió a mi llamado pues estaba ocupado en la cocina, le fui a buscar y lo traje al frente a empujones, cuando él vio aquella escena quedó igual de impactado.

– – – Qué mierda están haciendo ustedes…

– – El joven lo miró y le contestó: – – – Nada hombre sólo me estoy tirando a estas dos putas que me encontré sin dueño, no quieres venir y ayudar.

– – La respuesta del joven fue algo que me hizo sentir un golpe de electricidad, el chico aún mirándonos retiró la mano de coño de la chica y le abrió la blusa, mientras la otra chica sólo los miraba esperando su turno para participar en aquella excitante escena, busqué la mirada de mi esposo pero él estaba extasiado con los senos de la chica que en ese momento era acariciada por el chico, al ver la atención con que miraba cómo se movían los pechos de la chica al ella contorsionarse por la excitación el chico miró a mi marido y sin decirle nada lo invitó a mamarle los senos a la chica, al voltear vio a la chica sentada junto a él que le miraba con labios entreabiertos que él llenó inmediatamente con su lengua, así permaneció un segundo y luego con un rápido movimiento tomó a la chica por la nuca y la llevó a su entrepierna donde ella gustosa abrió el cierre, saco el pene erecto del chico y se puso a darle una mamada.

– – Cuál fue mi sorpresa al ver como mi marido avanzaba hacia la chica que ahora se acariciaba animosamente sus enormes senos, mi marido se sentó junto a ella y sin decir palabra tomó uno de los pezones en su boca y cual niño de pecho empezó a mamar para saciar sus ansias, me quedé como toda una tonta mirando cómo mi marido y el chico se tiraban a las dos chicas, ellas gemían de placer mientras ellos gozaban de sus cuerpos hermosos, la chica rubia no aguantó más la excitación, arrodillándose frente a mi marido empezó a quitarle el pantalón, sacó el ya casi erecto pene de mi marido y se lo metió de una sólo a su boca mientras con una mano sostenía el pene con la otra se masajeaba el coño, el chico seguía extasiado mientras la morena le comía el pene en incesantes metidas y sacadas, luego de un segundo al abrir los ojos me miró fijamente, parada sin decir palabra con la boca abierta y todo mi cuerpo erizado.

– – -¿Tú también quieres participar?

– – La voz entro en mi mente y tartamudee una respuesta coherente

– – – Sí…sí….

– – Él me sonrió mientras con una mano acariciaba los senos de la chica y con la otra la colocaba detrás de la cabeza ayudándola a subir y bajar, meter y sacar su pene de la boca de la chica.

– – – Ve a cerrar la puerta y baja las persianas…

– – Como una autómata me dirigí a la puerta y siguiendo la orden cerré puertas y ventanas, mientras no podía creer aún lo que estaba pasando al llegar a la ventana pude ver personas caminar en la acera del frente sin siquiera darse cuenta de la orgía que se realizaba dentro del restaurante, luego me dirigí a la mesa y nuevamente me detuve frente a ellos, para cuando regresé la chica morena estaba en cuatro en el suelo mientras el chico la penetraba por el coño dándole repetidas embestidas al cuales ella asentía con gemidos de placer que se acallaban rápidamente pues mi marido tenía metido su pene en la boca de la chica que lo tragaba y sacaba a cada embestida, mientras la chica rubia permanecía sentada sobre la cadera de su compañera con las piernas abiertas frente al chico mientras éste le acariciaba el coño y le mamaba las tetas. Nuevamente el chico me miró y con una mano me invitó a acercarme, pero mis piernas no me respondían, mi cuerpo estaba erizado y súper caliente, en mi entrepierna sentía mi coño muy húmedo y mis pechos se me habían puesto muy duros, ya sentía la necesidad de follar con alguno de esos chicos, pero no podía ni moverme de la excitación, el chico al verme en ese estado detuvo sus caricias para con la rubia y mirándola le dijo.

– – – Ella también quiere follar ve por ella y tráela aquí. – – La rubia sin decir palabra sonrió y se levantó caminando hacia mí, en mi mente la vi acercar en cámara lenta, ya sólo tenía puesto las medias y sus zapatos de tacón, estaba casi desnuda, sólo su minifalda enrollada a la cintura cubría una pequeña parte de su abdomen, al llegar junto a mí me tomó de la mano jalándome hacia la mesa, pero para su sorpresa yo no me moví, resistiéndome a su tirón, al notarlo ella me soltó la mano y tomándome por la cintura con una mano con la otra tomaba mi nuca y me dio un apasionado beso, mis nervios se crisparon, sentí que temblaba de pies a cabeza , sentí como mi coño se humedecía más de lo que estaba y casi estuve al borde de un orgasmo, mientras la chica rodeaba con su brazo mi cintura y exploraba con su lengua mi boca, sin soltarme y sin dejar de besarme deslizó su mano a mis nalgas y su otra mano a mi coño, empezó a acariciarme más y más hasta que yo no supe de mí, atontada como estaba, ya sin voluntad fue fácil que ella me llevara hasta la mesa.

– – – Bienvenida a mi mesa, te gustaría follar conmigo.

– – Sin la más mínima voluntad moví la cabeza en forma afirmativa y él mirándome profundamente me ordenó.

– – -Arrodíllate y ya sabes qué hacer. –

Él se levantó y dejó de penetrar a la chica morena, que rápidamente fue acomodada por mi marido en una silla y él siguió arremetiendo contra el coño de la chica, ella seguía en éxtasis, sin la menor resistencia se dejó acomodar en la sil

la y dejando escapar nuevos gemidos dejó que mi marido la penetrara y jugara con su coño y sus senos como mejor le pareció. Yo obediente me arrodillé ante el joven quedando frente a un enorme pene del cual goteaban aún la mezcla de sus propios líquidos y los del coño de la chica, él me tomó por la nuca y metió su pene en mi boca, estaba tan lubricado que fue fácil empezar a meterlo y sacarlo, tragué cuanto pude de ese enorme pene que aún estaba tan caliente. La chica rubia se colocó a mis espaldas y empezó a pasarme su coño por la nuca subiendo y bajando, en rítmicos movimientos mientras se besaba y dejaba acariciar sus senos por el chico.

El chico hizo un movimiento y me sacó de mi éxtasis al retirar su pene de mi boca, yo seguí de rodillas en el suelo, al ver que mi marido estaba tendido en el suelo mientras la chica morena subía y bajaba en su pene sentada sobre él, el chico se acercó por la espalda de la chica mientras mi marido la penetraba y le acariciaba sus senos, la empujó suavemente hacia delante, ella quedó acostada sobre mi marido, él inició metiéndole un dedo en el ano, luego dos y luego tres, metiéndolos y sacándolos, hasta que la chica estuvo preparada y él metió su pene por el ano de la chica seguido de gemidos de dolor y placer por parte de la chica, que se movía como poseída metiendo y sacando el pene de mi marido en su coño y el pene del chico en su ano. Yo seguía mirando la escena cuando sentí que me tomaban por los hombros, luego las manos pasaron a mis senos y empezaron a acariciarlos, lentamente me empezó a quitar la blusa la cual retiró rápidamente por la espalda, me quitó el cabello de los hombros y empezó a besarme el cuello mientras me quitaba el sostén, siguió apretando y acariciando mis senos, mi calor seguía aumentando y ya necesitaba que alguien me penetrara, la chica me puso en pie y me quitó la falda quedando sólo con un pequeño bikini en el cual metió su mano y empezó a acariciar mi coño, ella me sentó en una silla y terminó de desnudarme, hizo que metiera mis dedos en mi coño y empezara a masturbarme, colocó sus senos a la altura de mi cara, yo inmediatamente quedé mamando aquellos pezones rosados y firmes por la exitación, así nos estuvimos unos segundos hasta que el chico le llamó y ella obedeciéndole se colocó de pie sobre las piernas de mi marido, el chico se colocó a espaldas de la chica mientras le acariciaba los senos y le pasaba su pene erecto por el trasero les dijo:

– Quiero que abras un poco las piernas y tu voltéate hacia mí…

La chica rubia abrió sus piernas ligeramente y la morena sin dejar de ser penetrada por mi marido se volteó hacia ellos quedando con el rostro frente al coño de la rubia, la chica morena empezó a mamar el coño de la rubia mientras el chico le acariciaba los senos, le pasaba su enorme pene por las nalgas, ella gemía al ser acariciada y mamada a la vez, mientras yo seguía masturbándome en la silla donde me habían dejado, así pasaron unos segundos cuando el chico volvió a mirarme y la rubia llegó al orgasmo mojando de sus líquidos el rostro de la morena, el chico me miraba sonriendo al ver mi cara de calentura mientras los veía follarse a las chicas, el chico tomó por la cintura a la rubia y hablándole al oído la chica caminó hacia mí y plantándose frente a mí le tomó por la nuca y me coloca la cara frente a su mojado coño, yo no pude resistirme y empecé a mamar su coño… La chica morena tomó el pene del chico en su boca y siguió mamándole mientras mi marido la penetraba, un segundo después la chica morena no pudo más y se desvaneció en un orgasmo largo que casi la dejó sin sentido, al verla tumbada en el suelo, el chico se dirigió a donde estaba la rubia que ahora metía sus dedos en mi coño mientras yo no sabía si agarrar su cabeza o apretarme los senos, me tomó por un brazo y me llevó ante mi marido, el cual estaba sentado en el piso agarrando su pene con una mano y con la otra jugaba con el coño de la morena la cual seguía tendida boca abajo en el suelo sin fuerzas para levantarse, el chico me hizo arrodillarme frente a él y luego bajó mi cabeza para que yo mamara a mi marido, empecé a mamar cuando sentí el pene del chico en mi coño y suavemente sus dedos en mi ano, empezó a jugar y cuando estuvo listo me enterró aquel enorme pene en mi ano estremeciéndome de dolor y pasión, yo seguía mamando a mi marido y la rubia llegó ante él, miró a su compañera tirada en el suelo y tomándola de la cintura la levantó acariciándole los senos y en coño, luego la colocó en un 69 mientras los chicos me comían por todos lados. No recuerdo cuándo pero al despertar yo estaba en el suelo de la cocina con la cara en el coño de la morena que seguía inconsciente con sus senos y su coño cubiertos de crema batida, que al parecer habían lamido, al levantarme mi marido aún tenía a la rubia mamándole en pene, y ambos estaban tan aturdidos como la morena. Cuando todos logramos despertar el chico no apareció por ninguna parte, las chicas se vistieron y se fueron no sin antes decirnos que volverían. Mi marido y yo nos miramos incrédulos por lo sucedido y terminamos de arreglar todo… desde entonces acostumbramos cerrar un poco más tarde por si aquel desconocido vuelve a aparecer.

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Luis, su amigo y la sorpresa

Hacía tiempo que no se acostaban juntos, lo habían hecho un par de veces después de conocerse casualmente en una fiesta meses atrás, y al parecer él deseaba volver a hacerlo.

Aquel día había quedado en Vigo con su amigo Paco. Quería comer con ella. Hacía tiempo que no se acostaban juntos, lo habían hecho un par de veces después de conocerse casualmente en una fiesta meses atrás, y al parecer él deseaba volver a hacerlo. Luisa sintió un punto de excitación cuando se lo propuso. Por eso, sin pensárselo mucho, se fue a Vigo en el tren a ver a su amigo.

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Vacaciones inolvidables

Hetero, trío, primera vez. Un joven se estrena en el sexo con una chica a medias con su primo.

Las pasadas vacaciones de fin de semestre en la universidad, las pasé en casa de mi primo Franklin en Venezuela. Un día, él y yo nos quedamos solos en casa y entonces decidimos pasar el rato viendo películas porno en su cuarto. Entonces nos dio por hacer una pequeña locura: apostar 5000 bolívares a ver quién de los dos se corría más rápido mientras se echaba una paja. Fue entonces cuando escuchamos algunos ruidos, como de alguien que sube las escaleras y paramos la acción y nos subimos el short. Luego, abrieron la puerta: era Sara, la vecina de Franklin. Era una chica de 18 años que se mandaba un cuerpo espectacular. Según decían las malas lenguas todos los chamos de su salón de clases (entre los cuales se incluía mi primo), se la habían follado…Apenas entró a la habitación, mi primo le preguntó: Leer más

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Follando en familia

Amor Filial Hetero, Orgía. Esta historia sucedió cuando mi hermana Rosa empezó a decir que quería independizarse económicamente de mis padres, por lo que se buscó un trabajo en una discoteca de camarera y gogó, el cual estaba excelentemente pagado, ella tendría sobre dieciocho años, mediría sobre 1,70, tenía unos senos hermosos, un cuerpo delicioso, y alguna experiencia sexual. Yo solía ir mucho por allí, tenía mucha confianza con las compañeras de trabajo de ella, pues eran todas chicas, e incluso me llevaba bien con el jefe.

Cuando hablábamos, sus compañeras de discoteca avisaban a Rosa de que no era oro todo lo que relucía allí, que se movían muchas cosas que quizás no aguantaría, que el jefe Rafael se había acostado con muchas de las camareras y gogos que habían pasado por su empresa, y con la que no lo había conseguido le había rescindido el contrato. Mi hermana Rosa repetía hasta la saciedad que ella no haría eso, que preferiría perder el trabajo. Leer más

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