Cuando 4 (o más) no son multitud, son una pedazo de fiesta

Casino (I)

Hetero, polvazo, orgía-todos contra una. Una pareja en viaje de placer apuesta en el póker más dinero del que puede pagar. El resultado es que la mujer pagará el débito en el momento, siendo follada por todos los jugadores.

Recuerdo aquella noche como si fuera ahora mismo, nunca olvidaré aquella situación que quedo atrapada en mi mente.

Susana y yo nos casamos hace 5 años y llevamos una vida normal, nos Gustaba mucho salir a cenar y bailar. Aunque últimamente nuestros gustos están cambiando y preferimos sitios más tranquilos. En el aspecto sexual éramos una pareja normal, aunque desde aquella noche todo ha cambiado.

Susana siempre ha soñado con ir a grandes fiestas y banquetes, vestida con magníficos trajes de noche. No siempre tenemos la ocasión de hacerlo, pero en el verano pasado decidimos darnos un pequeño lujo y hacer un crucero por el Mediterráneo.

El barco era impresionante, a todo lujo y Susana estaba encantada porque al bajar a cenar todo el mundo iba de gala. En las mesas, que eran de 6 personas, nos tocaba cenar siempre con las mismas caras, un matrimonio aburrido que nunca decía nada interesante y una pareja muy divertida con la cual empezamos a hacer amistad.

Ellos eran de Madrid y cada noche después de cenar se iban al CASINO a jugarse unas pesetillas. Esas "pesetillas" podían llegar a ser 100 ó 200 mil, algo totalmente lejos de nuestras posibilidades. Nosotros nos gastábamos lo mínimo posible y mirábamos alucinados como jugaban en la ruleta algo que para nosotros parecía una millonada. Esa misma noche nos contaron que habían recibido una suculenta herencia y que tenían un presupuesto de varios millones para las vacaciones, siendo su objetivo gastarse una buena cantidad de dinero, sin importarles perder o ganar.

Nuestra amistad con ellos se fue haciendo cada vez mayor hasta que una noche nos ofrecieron su dinero para jugar, en total querían que nos gastáramos 300.000 pta en lo que quisiéramos y allí empezó todo. La primera noche ganamos a la ruleta y casi duplicamos la cantidad, pero en las sucesivas noches fuimos perdiendo dinero hasta que llego la ultima noche en el barco. En el casino ya nos conocían y nos dijeron que esa noche se celebraba una partida especial de poker, donde solo asistían los jugadores y sus parejas, si así lo deseaban, para evitar mirones. Yo siempre había soñado con jugar una partida de este tipo, como en las películas, estilo Paul Newman, y acepté. Total, solo nos quedaban 100.000 pesetas y había que pasárselo bien.

Éramos 5 jugadores, todos de una posición económica muy buena, o al menos eso pensaban los demás de mí, dado que yo solo disponía de aquella cantidad. Empezó la partida y empecé a ganar, doble la cantidad en una hora, pero a partir de ese momento empecé a perder. Susana, estaba detrás de mí y se había quedado sola, el resto de las mujeres de los jugadores se habían marchado excepto una. Una rubia preciosa, a la cual no había tenido tiempo de admirar dado lo negra que se estaba poniendo la partida. Llegó un momento en que me quedé sin dinero pero tenía una buena jugada, un full. Si perdía no tenía fondos para pagar pero sin duda perdí el juicio y decidí continuar. Comente que no tenía dinero allí mismo pero que al día siguiente lo haría efectivo, el resto de los jugadores aceptaron y evidentemente perdí la friolera de 750.000 pesetas.

Supongo que el resto de jugadores se dieron cuenta de que algo ocurría porque la partida se paró, y me preguntaron que entendían que no había problema con su dinero. No sabía qué decir, me quedé callado y entendieron lo que ocurría.

En ese momento la rubia salió y entro acompañada de un par de matones que se pusieron en la puerta. Los cuatro jugadores su reunieron en un lado de la mesa y empezaron a hablar entre ellos. Susana y yo nos quedamos juntos, de pie y callados.

Uno de los jugadores, José, el más viejo, se dirigió a nosotros y nos dijo que o bien conseguíamos dinero en un plazo de 2 horas o en caso contrario tendríamos que pagar de otra forma. Les intenté explicar que yo no era rico y que no podía disponer de esa cantidad hasta que volviéramos a casa y vendiera alguna posesión, la situación era muy delicada.

José, se acercó a nosotros y mirand

o a Susana, dijo:

– En ese caso tendremos que utilizar los servicios de tu mujer.

Me quedé mudo sin saber que decir y miré a Susana, ella se puso detrás de mi y dijo que en ningún caso, que ella se marchaba de allí, e intentó irse, pero los matones se lo impidieron. Ella me miraba sin decir y nada y yo no acertaba a articular palabra.

José se acercó a mi mujer y dijo:

– Susana, enséñanos lo que hemos ganado esta noche.

En ese momento reaccione, me puse entre José y Susana y gritando le dije a José que jamás lo permitiría. José simplemente sacó una pistola de su chaqueta y me dijo:

– Como prefieras, podemos hacerlo por las buenas o por la malas. Pero aquí nadie se ríe de nosotros.

– Pero José -dije yo-, espera unos días y lo solucionamos…

– No, ahora, tiene que ser ahora. Desnúdate – le dijo a Susana.

Susana, estaba petrificada y vi como sus ojos empezaban a estar brillantes, de la rabia, de la impotencia. Me miró, pidiendo mi consentimiento y se lo di, afirmé con la cabeza. En ese momento cambiaron nuestras vidas.

Susana, empezó a desabrocharse el vestido, primero deslizó un hombre y luego el otro, fue bajándolo lentamente hasta que llegó a la cintura. Su sujetador de encaje quedó a la vista de todos que lanzaron un suspiro e hicieron algunos comentarios sobre los pechos de mi mujer.

José le hizo un gesto con su mano para que siguiera, Susana dejó caer el vestido al suelo y quedó expuesta ante ellos, con su sujetador y sus braguitas de encaje, sus piernas estaban adornadas por unas medias preciosas negras y unos zapatos de tacón. Sus brazos y sus manos intentaban ocultar a la vista de aquellos desconocidos aquellas partes de su cuerpo que sólo yo había visto antes.

José se quedó mirándola y le dijo a Susana que se diera la vuelta, ella giró sobre sí misma para que aquellos hombres pudieran ver su cuerpo por completo, quedó de espaldas a ellos y clavó su mirada en mis ojos. Yo no pude hacer otra cosa que bajar mi mirada al suelo, habíamos llegado a aquella situación por mi culpa, por mi pasión por el juego, aquel dichoso casino…

En ese momento José se acercó a Susana por detrás y le desabrochó el sujetador, Susana lo retenía con sus brazos, pero José se dirigió a ella y le dijo:

– Susana, gírate hacia nosotros y deja caer tus brazos queremos contemplar esos hermosos pechos que tienes.

Susana, se giró y muy lentamente dejó caer sus brazos, el sujetador cayó al suelo y sus hermosos pechos aparecieron erguidos ante ellos.

Volvieron a hacer comentarios, José se acercó y con sus dos manos los acarició, los palpó, parecía que los estuviera midiendo. Luego acercó su boca y Susana lo rechazó con un grito:

– No, no, por favor.

José se dirigió a mí:

– Convence a la putita de tu mujer para que disfrutemos sin más interrupciones de nuestro preciado trofeo, la hemos ganado y queremos disfrutar de ella.

Susana, volvió a taparse los pechos con sus brazos y se dirigió hacia donde yo estaba, se abrazó a mí llorando. Intenté calmarla y decirle que había que hacer lo que ellos querían pues de otra forma podíamos tener problemas, que se relajara e intentara disfrutar de la situación, porque de todas formas había que hacerlo.

Susana se acercó a José y éste acercó su boca a los pechos de ella. Susana esta vez se dejó, dejó que José apoyara su boca en su pecho y dejó que su lengua recorriera su pezón en círculos, luego José lo succionó y cuando separó su boca pude ver como el pezón de mi mujer estaba completamente erecto.

José entonces acercó su boca al otro e hizo la misma operación, una vez probados y saboreados los dos levantó los brazos de Susana y puso sus manos detrás de la nuca, de forma que sus pechos se elevaban aún más, acto seguido se agachó ante ella y su cabeza quedó a la altura del coñito de mi mujer, que todavía estaba cubierto por sus braguitas. Puso un dedo a cada lado de las braguitas y tiró de ellas hacia abajo lentamente. Susana me miró como pidiendo mi aprobación y tuve que asentir con la cabeza. José dejó sus braguitas a mitad de los muslos de mi mujer y expuso su recortadito coñito a la vista de t

odos los presentes.

Los matones salieron de la sala ante una indicación de José y sólo quedamos los cuatro jugadores, incluido José, la rubia, Susana completamente expuesta delante de ellos con las bragas todavía en sus muslos y yo, en una situación que jamás olvidaré y a la cual llegamos por mi culpa.

No sabía cuales eran las intenciones del grupo de jugadores pero me temía lo peor, y lo peor era que mi mujer iba a ser poseída por todos ellos, sin ninguna duda, lo que no entendía era la especia de ceremonia que estaban celebrando, porque ya podían haber empezado a manosearla y poseerla a su antojo.

Susana, estaba quieta y noté como tenía toda la piel de gallina, estaba temblando ante ellos. José se acercó a Susana y acogiéndola de la mano la acercó a la mesa, puso sus manos encima de la mesa y dobló el cuerpo de Susana. Esta era la postura ideal para que Susana fuera poseía desde atrás. Entonces José me indicó que me sentara al otro lado de la mesa y que agarrara fuerte las manos de Susana a la misma, para que estuviera quieta.

Así lo hice, no podía mirar a Susana a los ojos, estaba delante de mi pero no podía mirarla. José se puso detrás de ella y Susana dio un respingo cuando él tocó con sus manos su precioso coño, estuvo jugando dentro de él unos minutos con una mano mientras que con la otra se dedicaba a acariciar los pechos de mi mujer. Aquello era una humillación salvaje, pero no me atrevía a hacer nada. Susana empezó a respirar más fuerte, la miré a la cara y estaba muy tensa, con los ojos cerrados, supongo que intentando poner su mente en otra parte.

José entonces se apartó de mi mujer y después de decir:

– Ya está lubricada

Sacó su polla y se la clavó a mi mujer, Susana entonces bajó la cabeza y cuando José empezó con el mete y saca, el cabello de mi mujer empezó a moverse al compás de sus empujones y sus pechos bailaban arriba y abajo. José tenía sus manos aferradas a los pechos de mi mujer como si en ello le fuera la vida. Fue muy rápido duró solo unos pocos minutos, pero Susana ya había lanzado algún pequeño gemido cuando José incrementó el ritmo salvajemente y sin duda se corrió dentro de ella, no tuvo ni el reparo de hacerlo fuera.

Cuando José sacó su miembro de mi mujer, Susana me dijo en voz baja:

– Estarás contento cabrón.

Y a continuación dijo en voz alta para que la oyeran todos:

– Vamos, ¿quien es el siguiente? Estoy muy caliente y quiero correrme yo también.

Ante aquellas palabras los tres que faltaban solo sonrieron, parecería que ya tenían el turno establecido porque el siguiente se levantó de la silla, era un chico joven, fuerte y cuando se desnudó pude apreciar su considerable miembro que ya estaba erecto. El chico se acercó a mi mujer y se agachó detrás de ella, al principio pensé que estaba comiéndole el coño desde atrás, pero luego me di cuenta que estaba trabajándole su orificio trasero.

Susana estaba gimiendo y repetía sin parar:

– No por ahí, no, nunca lo he hecho por ahí.

Y era verdad, nunca habíamos probado el sexo anal, su culito estaba completamente virgen. Aquello pareció enardecer al chico que se incorporó y empezó a penetrarla por detrás, tardé bastante, o al menos a mí me lo pareció entre los gritos de mi mujer que intentaba soltarse de mis manos, pero yo la agarraba fuerte y le decía que fuera fuerte que iba a ser sólo un momento. Llegó un momento en el que Susana calló y ese momento supongo que coincidió con la penetración completa del chico. A continuación empezó un lento mete y saca que Susana acompañaba con pequeños gemidos, que alguna vez se convertían en gritos.

El chico estuvo bastante tiempo dándole a Susana y yo pensé que la iba a romper de lo fuerte que la estaba dando, según pasaba el tiempo iba aumentado el ritmo y la fuerza de sus embites. Llegó un momento en el que a la vez que la enculaba le daba fuertes azotes en el culo, que mi mujer parecía recibir con placer.

En ese momento la miré a la cara y ella me devolvió la mirada, su mirada había cambiado, ahora estaba sonriendo, una sonrisa que yo conocía y que me decía que estaba disfrutando de aquello.

Despu&

eacute;s de unos minutos de fuertes embestidas y azotes, el chico gritó que se corría y empezó a reducir el ritmo hasta que finalmente paró. Entonces sacó la polla del culo de mi mujer y dirigiéndose a ella le dijo:

– Date la vuelta y límpiame la polla con tu lengua, tengo que irme.

Susana se puso de rodillas delante de él y le hizo una impresionante mamada que después de unos minutos acabó una nueva corrida de él, esto lo supe porque el esperma que no pudo tragar mi mujer la brotaba por los labios. Pero ella cuando acabó con él simplemente lo recogió con un dedo y se lo tragó, mirándome a los ojos.

El chico se vistió y se fue, eso si, no sin antes darle a mi mujer un par de azotes en el culo y decirle algo al oído, que mi mujer nunca me ha contado.

Yo estaba abatido, esperaba que todo aquello acabara cuanto antes, pero dada la tranquilidad con la que José y aquellos hombres se tomaban la cosa parecía que iba para largo.

FIN DEL CAPITULO I

Me gustaría comentar esta situación con hombres o mujeres que hayan compartido a su pareja con otras personas.

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Porque ahí está (II)

Continua la juerga, la fiesta y la orgía, esta vez con un amigo del amante, el cual los pilla en plena faena, esta vez en casa de uno de ellos y jugando una partidita de sexpoker.

Un "toc-toc" en la puerta de aquella oficina interrumpió la relajación. El pánico hizo presa de nosotras. Temíamos el inoportuno ingreso de algún importante visitante, ¡quizá el jefe de Fer! ¡Vaya problemas en los que lo meteríamos si así fuera! Como pudimos, Claudia y yo recogimos nuestras ropas y nos refugiamos a toda prisa en el baño del despacho mientras nuestro amigo, notablemente menos nervioso pero igual de apresurado, sólo se limitó a decir "un momento" mientras reacomodaba sus ropas.

-¿Pues qué tanto haces?- escuchamos desde el tocador la voz del visitante que tras haber esperado apenas unos instantes ingresó al despacho intrigado. Se escucharon entonces unos murmullos, como si Fer le estuviera explicando algo en voz baja, ya sea confesándole la situación o de plano inventando algo. Mientras, semidesnudas, procuramos guardar silencio, tanto para no llamar la atención del visitante como para tratar de escuchar lo que afuera ocurría, pero sólo murmullos escuchamos. Después de un par de minutos alguien tocó la puerta del baño. -Se les olvidó esto, chicas- era Fer que tras abrir discretamente la puerta del baño y sin asomarse al interior caballerosamente, estiró su brazo con unas pantaletas pendiendo de su mano. Claudia y yo nos miramos turbadas como preguntándonos quién de las dos había sido la estúpida que olvidó semejante evidencia, seguramente observada por el visitante. Repasé mis prendas y noté con alivio que no había sido yo la del olvido. La mensa había sido ella y eso me tranquilizaba. -¿Ya se fue?- pregunté susurrante a Fer por la puerta aún entreabierta. -No se preocupen, acá las espero- respondió sereno como invitándonos a vestirnos con tranquilidad.

A los pocos minutos salimos de aquel refugio perfectamente acicaladas. Con sorpresa observamos la presencia del visitante que aún permanecía en la oficina. Un tono rojizo, producto de la embarazosa situación, debió matizar mi cara en ese instante, pues posiblemente Fer le había puesto al tanto de las indecentes escenas que habían tomado lugar en ese sitio apenas unos minutos antes. Claudia por su parte, menos dada a la vergüenza y motivada por la apariencia atractiva del visitante, se apresuró a presentarse ante él. Fer y yo sólo cruzamos miradas como diciéndonos "ésta no pierde el tiempo". Inmediatamente Fer se dio a la tarea de presentarnos formalmente -Félix, mi mejor amigo-. Una sensación de alivio me visitó al saber que el asunto de la prenda olvidada de mi amiga no debería pasar a mayores. -Fernando me ha platicado mucho de ti- me dijo sonriente al tiempo que estiraba su mano para saludarme. De nuevo mi rostro debió tomar todo tipo de tonalidades. "Si le ha platicado mucho de mí, ha de pensar que soy una …" pensé entre preocupada y divertida al tiempo que estrechaba su mano. Tras las palabras de rigor que toda presentación implica, nos invitaron al departamento que juntos rentan para ir a "convivir" con amigas. A esas alturas hasta ridículo resultaba darnos "baños de pureza", así que aceptamos gustosas la invitación.

A los pocos minutos nos encontrábamos en la puerta del edificio donde se ubicaba el departamento "de solteros" de nuestros amigos. Al ingresar, el portero se nos quedó viendo de manera extraña, como si no quisiera perder detalle de nosotras. Entretanto, un par de señoras, seguramente vecinas del lugar, cuchicheaban entre sí en evidente alusión al cuarteto que ingresaba al edificio. "Mira, otra vez los del 305 metiendo mujeres", dijo con discreción muy mal disfrazada la más gorda de las señoras. Supe entonces que mi Fer era menos tranquilito de lo que lo imaginaba, "vaya famita", pensé, mientras él y Félix disimulaban como si las señoras no hubieran dicho nada.

Tras algunos minutos nos encontrábamos dentro del departamento. Nosotras nos sentamos en la sala mientras Fer encendía el modular con música muy sugestiva y Félix preparaba unas bebidas. Aquel acogedor lugar parecía sacado de una revista de decoración y

evidenciaba la importancia que nuestros anfitriones daban a sus aventuras. Una indiscreta caja de troyanos sobre una de las mesitas de la sala y un juego de cartas con imágenes "impropias" parecían gritar a los cuatro vientos el tipo de actividades que solían desarrollarse entre aquellas paredes.

-¿Qué, jugamos "sex poker"?- dijo Félix como rompiendo el hielo, con unas cartas en la mano. Claudia y yo cruzamos miradas entre sorprendidas y confundidas por la pregunta. Instantes después, y sin estar seguras de a qué se refería con "sex poker", sendas sonrisas en nuestros rostros parecieron responder "¡sí!" a nuestro interrogador. Fer sólo movió la cabeza divertido por la facilidad con la que accedimos a la indecorosa propuesta de su amigo. -Pero tendrás que explicarnos cómo se juega- advirtió Claudia.

En realidad se trataba del clásico juego de cartas en el que quien pierde se quita una prenda, pero en este caso, quien pierde toma una carta al azar, la cual contiene el castigo a realizar, desde quitarse una prenda hasta hacer alguna locura mayor. Nos acomodamos alrededor de la mesa de la sala de manera que chicas y chicos quedáramos intercalados, y comenzamos a jugar. El primero en perder fue Fer. Como "castigo" tenía que dar tres besos en cada seno a su compañera de la izquierda… ¡YO! Por la naturaleza del juego, sabía que tarde o temprano él tendría que ir a parar con Claudia, pero por lo menos el hecho de saber que empezaba conmigo me confortaba. De momento, lo único que lamenté fue no haber perdido aún mi blusa, pero sabía que vendrían cosas mejores, así que recibí orgullosa aquellos primeros besos del juego, tela de por medio.

-¡Oigan!- interrumpió Claudia un poco desesperada. -¿Qué les parece si modificamos el jueguito éste, de manera que si pierde uno de ustedes, los dos "sufran" el castigo, igual si pierde una de nosotras?- inquirió. Sin esperar opinión de nadie, Félix se abocó a modificar la regla de inmediato y, yendo más allá de su "sanción", y ante la atónita mirada los demás, desabrochó la blusa de ella, y tras liberar aquellos senos, les plantó tremendos "besos" que en realidad eran más que eso. Parecía que él no supiera la diferencia entre besar y succionar.

En ese momento Fer y yo entendimos que el ambiente no estaba para juegos. Dejamos que Félix siguiera "besando" a Claudia y nos dimos a la tarea de besarnos nosotros. Me despojó de la blusa que instantes antes me había impedido sentirle pleno y comenzó a regalarme excelsos pulsos de placer con sus labios y su lengua recorriendo mis senos. En tanto, sus febriles manos incursionaron bajo mi falda con la firme intención de quitar todo aquello que le impidiera ingresar en mí. Pronto, todo lo que tenía yo puesto era mi falda, corta y holgada; me encontraba sumisa, deseosa y entregada totalmente ante él. Dirigió entonces su bendita lengua hacia mi sexo. Recorrió gallardo cada parte sensible de mi entrepierna hasta llevarme a las puertas del placer, pero ahí se detuvo. En esos momentos mi subconsciente me exigió gritarle "cógeme, por favor". No lo hice sólo por mi maldito pudor, el mismo que me mantuvo sin conocerle en persona por tantos meses. Pero afortunadamente no fue necesario pedirle que me hiciera suya de nuevo, él estaba tan entusiasmado como yo. Tras liberar su sexo con ansiedad, me recostó boca arriba en el sofá de la sala, colocó mis piernas sobre sus hombros, y dirigió su hermosa y viril carnosidad hacia mi entrada. Cuando ingresó sentí la gloria. Había soñado ese momento por meses y ahora le gozaba por segunda ocasión en el día.

Envuelta en el delicioso balanceo, mi mente me recriminaba una y otra vez no haber buscado a mi amante desde meses atrás, refugiada en una hipócrita fidelidad. Aquel regalo de placer que mi cuerpo estaba recibiendo hizo prometerme a mí misma que nunca más renunciaría a él. Mientras Fer me quisiera yo le querría. Así alternaba la reflexión con el gozo, cuando quiso Fer cambiar de posición. Recordé entonces su promesa de voltearme y voltearme como pollita rostizada cuando lo hiciéramos. Me puso de pié y me inclinó hacia el frente para penetrarme desde atrás. Yo jamás lo había hecho así y me gustó mucho. Con rítmico movimiento

reanudó las ricas oleadas de placer. El golpeteo de su cadera sobre mi trasero, las expertas manos que recorrían mis senos, lo innovador de la posición y los indiscretos sonidos eróticos que nuestra pareja de amigos emitían, me excitaron demasiado. No pude más y me entregué al gozo de un magnífico orgasmo.

-¿Quieres que te deje descansar un poquito?- me cuestionó caballerosamente después de aquel clímax. Como respuesta, me arrodillé a sus pies y albergué en mi boca a su hermosa verga para someterla a afanoso vaivén. Me cargué de placer extremo cuando sentí sus manos que ansiosamente sujetaban mi cabeza con el deseo de marcar el ritmo. Quise mamar aquel hermoso miembro como jamás antes lo había hecho a nadie, como jamás nadie se lo hubiera hecho a él.

De pronto, una deliciosa sensación llegó a mi cuerpo. Una suculenta lengua jugueteaba en mi entrepierna. Por reflejos volteé a mis espaldas, solo para darme cuenta que Félix yacía en la alfombra, boca arriba, con su cabeza entre mis piernas, mientras Claudia le atendía a él de manera similar. Lo que había sido la entrega de dos parejas entre sí se estaba convirtiendo en orgía formal. Imagino que como resultado de tales circunstancias, la excitación de Fer llegó al máximo, arrojando dentro de mi boca los deliciosos chisguetes que el clímax masculino produce. Me había prometido que así lo haría y así lo hizo. Gocé mucho ese momento, pero la actividad que en mi entrepierna se desarrollaba pronto acaparó mi atención, Fer se retiró de mi boca y pude entonces disfrutar la gentil y experta lengua de su amigo, que juguetona se paseaba deliciosamente de orificio en orificio.

Tras dejarme, Fer se dirigió hacia Claudia, para atenderla caballerosamente. Con la cabeza de mi amante entre sus piernas, Claudia desatendió a Félix, quien de inmediato se incorporó con la bendita intención de penetrarme en la misma posición que Fer lo había hecho horas atrás: yo como perrita, apoyada en el sofá. Ahora se trataba de un segundo hombre dentro de mí ¡en el mismo día! Me alegré al notar que aquel miembro se erguía aún lo suficiente como para ingresarme, a pesar de la intensa actividad. El hecho de que fuera menos grande que la de mi Fer no fue motivo para no disfrutar aquello. De nuevo me vi envuelta en celestial oscilación.

Tras varios minutos, a nuestro lado Fer y Claudia empezaron a hacerlo junto a nosotros de manera idéntica que Félix y yo. Claudia y yo cruzamos miradas como felicitándonos de los maravillosos momentos que aquellos dos amigos nos estaban regalando, mientras disfrutábamos dichosas del golpeteo sobre nuestros traseros y la deliciosa fricción dentro de nuestro sexo. De pronto algo extraño pasó. Sujetándonos de nuestras cabezas nos acercaron entre nosotras ¡querían que mientras nos cogían por atrás nosotras nos besáramos! En principio ambas dudamos qué hacer por razones obvias, pero terminamos cediendo a sus deseos en parte por satisfacerlos y en parte porque, en el fondo, seguramente sí queríamos hacerlo.

Así, de nuevo aquello era una orgía donde todos estábamos conectados. Ellos se sintieron orgullosos de haber hecho funcionar su travesura y su mayor excitación se hizo evidente. Nosotras nos empezamos a emocionar también más allá de lo prudente. A los pocos minutos sentí lo que sería seguramente la última descarga de Félix dentro mío. La lengua de mi amiga en mi boca y ahora el semen de él en mi vagina me calentaron mucho. A los pocos instantes Fer debió terminar también, pues igual que Félix se retiró de nosotras. ¿Qué debíamos hacer? Retirarnos también seguramente, pero no pude. Sentí el impulso de seguir ahí. Claudia debió sentir lo mismo y pronto nos encontrábamos en un delicioso 69 degustando el semen de nuestros amigos y regalándonos nostras mismas el último orgasmo de la noche ante la mirada complaciente y complacida de nuestros dos amigos.

Como ya se había hecho tarde y seguramente nuestros respectivos maridos ya habrían llegado a casa, Claudia y yo nos apresurarnos a vestirnos y tras despedirnos cariñosamente de nuestros amigos enfilamos rumbo a nuestras casas. -Ni una palabra a nadie, ¿eh "chulis"?-, me dijo ella en el momento que hubo que separarnos, despidiéndose co

n el falso beso de siempre. Fue entonces que desperté una vez más de esta fantasía recurrente, casi enfermiza: acostarme "en la vida real" con mi ciberamigo favorito, con mi único ciberamante.

Datos de la autora:

Nick: Mónica.

E-Mail: mm2001 (arroba) starmedia.com

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Porque ahí está (I)

Mónica le narra una de sus últimas aventuras en un café a una de sus mejores amigas, esta intrigada la conmina a visitar a su amante, allí tendrán una orgía entre los tres.

Un jueves más. Día del café semanal con mis amigas, esta vez en el Sanborn”s de Eugenia e Insurgentes. Claudia y yo fuimos las primeras en llegar. Durante muchas semanas había resistido la tentación de platicarles sobre mi ciberamante y ese día iba dispuesta a mantener mi discreción, sobre todo porque conozco su capacidad de comunicación. Pero no se qué me pasó. Quizá el hecho de que sólo estaba Claudia, con quien mejor me llevo en el grupo, o simplemente porque sentí necesidad de hacerlo, me animé a ponerla al tanto. -Fíjate que estoy fascinada con Internet- inicié la plática -¡tú siempre con tu Internet!- me interrumpió cortante, rechazando el tema por desconocerlo. -Es que conocí a alguien- respondí justificando el asunto. Su semblante le cambió de indolente a intrigado. -¿No estarás en las que yo, verdad?- me dijo refiriéndose a su relación con un amigo de su esposo. -No, ¡cómo crees!, es sólo que hay un amigo internauta que tengo unas ganas locas de conocer físicamente- le confesé con timidez. -¿¡Y qué esperas!?, cítate con él y luego me pones al tanto- me dijo como simplificando las cosas. -¡Para ti es muy fácil decirlo!, si supieras cómo le conocí entenderías porqué le pienso tanto- le dije.

Entonces le empecé a platicar de mis relatos eróticos publicados en Internet. En esas estábamos cuando aparecieron en la entrada el resto de las chicas, por lo que interrumpí la confesión, no sin antes advertir a Claudia que no tocara el tema con las demás. Tras saludar a nuestras amigas, Claudia se levantó y tomándome del brazo se disculpó porque "íbamos al tocador". -¡Ahora me terminas de contar, Moniquita!- me dijo en tono imperativo mientras caminábamos al sitio en cuestión. Yo sólo sonreí divertida por la reacción de mi amiga. Refugiadas en aquél lugar, continué contándole mi caso de la manera más breve por las circunstancias. Tras demasiados minutos, tuvimos que interrumpir la plática, para no causar extrañeza entre las chicas. -¡Después de aquí nos vamos a tu casa para que me platiques "como Dios manda"!- me dijo.

Terminamos aquella reunión más temprano que de costumbre y, tras disculparnos porque teníamos "unos pendientes", nos dirigimos a mi casa. Ya instaladas, proseguí con mi explicación. Insistió en ver los relatos y los correos de "mi hombre", como le llamó a Fer, así que nos conectamos a Internet. -¡Sabíamos que eras una mosquita muerta, pero nunca imaginé esto de ti!- me dijo sorprendida mientras leía algunos mails. No entendí si debía apenarme o enorgullecerme por aquella frase, preferí lo último. -¡Tienes que conocerle!- me exhortó. -¿Porqué crees que deba hacerlo?- le pregunté intrigada. -"¡Porque ahí está!" – me respondió evocando aquella famosa frase relacionada con un alpinista del Everest. -Si quieres te acompaño, ¿sabes dónde hallarle?-. Se supone que no, pero por uno de sus mails estoy casi segura de dónde trabaja, pero mejor le mando un mail ¿no?.- respondí. -¿Estás loca? Si sabes dónde hallarle mejor vamos a buscarlo, así lo conocerás hoy mismo- me replicó exaltada. -¡Oye, pareciera que tú estás más ansiosa de conocerle que yo!- le recriminé en tono de broma. -Tú tienes la culpa "chulis", para qué me presumes las cosas que te escribe- me respondió al tiempo que salíamos de mi casa.

Una hora, dos mentiras (a los tipos de seguridad) y tres preguntas de referencia después, nos encontrábamos frente a lo que parecía ser la oficina de Fer. -Esa debe ser su secretaria, ¡ándale, dile que venimos de la contraloría, que debemos hablar con él!- me azuzó con impaciencia. A los pocos instantes entrábamos a aquel despacho. Junto al escritorio se erguía alguien apuesto y elegante, debía ser él. – Hola, soy Mónica – se apresur&o

acute; a saludarlo mi amiga. ¡El y yo nos quedamos "de a seis"! "¡La pilla se quiere hacer pasar por mí!" pensé yo. "¡Vaya, es diferente de cómo me había dicho que era!" debió pensar él, pero caballeroso y con nerviosismo notorio se le acercó para saludarla de beso. -¿Y tu amiga?- le inquirió con extrañeza. Estuve a punto de decirle la verdad, pero ante mi duda Claudia se me adelantó: -¡Ah!, perdóname, una amiga que quiso acompañarme… Claudia- dijo con descaro. Pude haber aclarado las cosas en ese momento, pero la situación me pareció divertida y decidí seguir el juego de momento. -¿Y cómo dieron conmigo?- preguntó con un signo de interrogación en el rostro. -Como lo haría Sherlock Holmes- respondí adelantándome a mi amiga, evocando algunos mails, con una sonrisa en mi cara y mirándole fijamente a los ojos. Se me quedó viendo, como comparándome con la descripción que tenía de mí y comprendió entonces la verdad. Sabía que una respuesta como la que le había dado debía venir de su verdadera ciberamante. Con un guiño me hizo entender que lo sabía todo. Dentro de mí pensé "se te acabó el jueguito, Claudis".

Nos invitó unas copas y nos sentamos a platicar en la salita de su oficina. Que si el clima, que si la inseguridad, que si las elecciones, … hablábamos de todo menos de lo que más nos hubiera gustado en ese momento. A pesar de ello, disfruté mucho los minutos, pues tenía ante mí al mejor amigo íntimo que jamás he tenido; le acababa de conocer en persona y no podía quitarle la vista de encima. Roto el hielo, empezamos a tocar temas menos solemnes, bromeando sobre las cosas que dijimos que haríamos cuando nos conociéramos o evocando las alocadas andanzas de nuestras fantasías escritas. En esas estábamos cuando Claudia, oportuna, se levantó y solicitó acceso al baño de la oficina.

Con el cerrar de aquella puerta desapareció nuestro freno. Fer pidió a su secretaria no ser interrumpido hasta nuevo aviso, tras lo cual nos inundó un profundo silencio. Nuestras miradas se cruzaron como intercambiando todo tipo de "indecencias", nos paramos y nos fundimos en un ardiente abrazo. Por fin, sus labios en los míos apretándose con fruición desenfrenada; su pecho en mis senos, que ayudados por la ausencia de sostén se erguían orgullosos al sentir aquella deliciosa fricción; mi vientre, pegado a él, sentía un exquisito relieve en su cuerpo; su irrespetuosa mano en mi trasero presionándome hacia él, la mía en el suyo impulsándolo hacia mí…

Finalmente iniciaba nuestro momento, aquel que por meses se había movido entre el temor y la esperanza. No soporté más, tomé su mano y la cobijé debajo de mi falda, ansiosa por sentirle en mí.

Diligentes, escurridizos y traviesos, sus dedos se desplazaron bajo mi holgada prenda, cual exploradores ansiosos por reconocer colinas y cuevas, manantiales y refugios. Escudriñaron curiosos, topándose en cada momento con mis pantimedias, que inoportunas y chocantes impedían su libre accionar. No les importó. Con astucia bendita incursionaron lo suficiente para, entre todos ellos, retirarla de mí. Ahora podían brincotear libremente entre mis lomas y mi bosque, e internarse en él. Sólo tenían que colarse irreverentes por debajo de mi otra prenda, la pequeña, ya húmeda, para introducirse generosos en mis íntimas cavidades, induciéndome las más maravillosas sensaciones.

Mientras esto ocurría le acaricié en el vértice de sus piernas, donde firme y señorial se erguía su mástil de placer. Mis dedos no quisieron ser menos que los suyos y, tras liberarle de su textil prisión, le envolvieron sumergiéndole en afanoso vaivén.

En ese estado de mutua complacencia estábamos, cuando de reojo noté la presencia de mi amiga que, habiendo regresado, observaba atónita y excitada el inmoral espectáculo. Sentí el impulso de interrumpir aquello y disculparme apenada, pero no lo hice. Pudieron más mis deseos de seguir sintiendo aquellos benditos dedos que me ingresaban complacientes. Ella debió dudar sobre qué hacer, pero conociéndole, imagino que lo último que pensó fue en abandonar aquella oficina indignada y ofendida. En cambio, atra&iacute

;da por un guiño de él, se acercó a nosotros con cierta indecisión. Para facilitar las cosas, Fer colocó su mano en mi cabeza presionándola con ternura al tiempo que tomaba asiento. Entendí sus deseos y en consecuencia la humedad hizo presa de mi boca. Instantes después me encontraba hincada a sus pies recorriendo con mi lengua su sensual carnosidad, esa que tantas veces había imaginado que mis dedos eran mientras leía sus correos.

Claudia y él, entre tanto, se enfrascaron en vigoroso beso. El manoseo no tardó en llegar. Imagino que en su ansiedad por sentirle de manera directa, Claudia se deshizo de toda su ropa con envidiable rapidez. Comprobé entonces mis fundadas sospechas de que era sumamente diestra en la materia. Así mismo, despojó a mi amigo de todo aquello que impidiera recorrer su afelpado pecho, a excepción de la corbata, que por "enfermizas" razones le dejó colgando.

Yo seguí degustando el delicioso manjar, mientras aquellos varoniles dedos se entregaban ahora al gozo de mi amiga, que menos discreta que yo, dejaba salir de su garganta gemidos que exhibían un alto grado de sensualidad que yo no hubiera imaginado. Aquella Claudia, sobrada y frívola, se revelaba ahora como un ser sensible y sumiso al placer que mi amigo le daba.

Quiso Fer cambiar de posición, seguramente sentía cercano su momento y deseaba prolongar aquella entrega. Se levantó y me puso a mí, aún hincada en el piso, flexionada sobre el asiento del sofá. Hizo que Claudia se sentara en el respaldo del mueble, arriba de mí, de frente a él, las piernas abiertas y los pies en mis costados. Entendí lo que buscaba y la entrepierna se me hizo agua. ¡Por fin le sentiría dentro de mí! ¡Por fin aquellos sueños impuros cobrarían realidad!

Finalmente sentí el ingreso de aquella celestial carnosidad. Conforme se abría paso, me llegaban deliciosas oleadas de placer, de todo tipo de placer. Del placer físico, ese que bondadoso premia nuestra carne, y del placer mental, el que nos eleva al trono de la satisfacción, a la punta del Everest; el que hizo sentirme dueña de Fer, aunque fuera por ese rato.

Mientras arremetía sobre mí, sus manos, afectuosas, recompensaban mis senos que arrogantes y agradecidos se erguían en su honor. Su boca la dedicó a Claudia. Por las reacciones de ella, comprobé que, como imaginaba, aquella mente capaz de escribir cosas tan bellas en los mails, debía ser dueña de una lengua deliciosa. Saber que la entrepierna de mi amiga fue visitada antes que la mía por aquel generoso y húmedo músculo me incomodó, pero entendí que no podría tenerlo todo. Me confortó con creces el delicioso vaivén que detrás de mí ejercía el diligente miembro de mi amante.

Claudia llegó. El emotivo grito que su garganta no pudo contener y la inevitable presión que sus muslos ejercieron sobre la cabeza de él así lo evidenciaron. De inmediato noté que el momento de Fer también se acercaba, seguramente contagiado de excitación por mi amiga. Hizo el intento de retirarse de mí, con el propósito de vaciar su esencia fuera, pero no lo permití. Había imaginado tantas veces fluir aquel preciado líquido dentro mío, que no podía admitir su desperdicio. Le sujeté como pude y, gentil, se vino dentro de mí colmándome de líquido, pero más de gozo.

Permanecimos reflexivos por algunos instantes. Los tres sabíamos que lo que acabábamos de hacer era "impropio". Ni siquiera nosotras imaginábamos terminar en eso cuando decidimos visitar a Fer, pero el sexo es mágico.

Datos de la autora:

Nick: Mónica.

E-Mail: mm2001 (arroba) starmedia.com

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UN TRÍO EN LA BOLA CUADRADA

Orgía. Después de muchos anuncios le respondió una pareja que le aceptaba como amante.

Me considero una persona de mente abierta. Me case hace 7 años y llevo una vida marital normal. Mis inquietudes sexuales de hacer un trío o un intercambio fueron escuchadas por mi esposa, pero nunca aceptadas. A cambio me ofreció llevarlas a cabo fuera del matrimonio, con la condición de que le fuera sincero. Envié anuncios buscando a una pareja que me aceptara como el tercero. Fueron muchas desilusiones. Y llego el e-mail que cambio todo: Quiero hacer un trío, mi esposa esta indecisa, no dice si, pero tampoco no, me ayudas?. Sentados en una banca de un parque, platicamos. Mario -así se llama- me explico lo que quería, lo que esperaba. Después de casi tres horas de charla, lo sentí como a un amigo, de esos que conoces hace mucho. Ya tenia tiempo buscando a la persona indicada, pero nunca pasaban de la entrevista inicial. Ojala y no pasara lo mismo conmigo. Panzones, vulgares, ególatras, curiosos… la lista seguía. Parecía que mi historia se repetía, cuando buscaba parejas. Sé que es mucho pedir sobre todo en México -dijo-, pero si yo trato a mi esposa como a una dama, porque voy a permitir que un infeliz sin educación intime con ella, o que nos haga pasar un mal rato. Debe ser un caballero que la mime, que la consienta, que la haga sentirse como la mujer mas deseada y bella de este planeta. Se veía que la amaba, y no permitiría que se acercara un pelafustán. Pensé que yo buscaría exactamente lo mismo para mi esposa y seria el hombre más atento con su mujer. Me hice el firme propósito que fuera ella como fuera, la trataría como a una reina.

Mira, el sábado en la noche vamos a ir a un bar que esta próximo a abrir. El propietario es amigo mío. Ahí nos vemos a las 9.00 p.m..Al parecer había pasado la prueba. Llegue al bar "La Bola Cuadrada" que se encuentra a 500 metros antes del puente de San Mateo Atenco, cerca de Toluca, México. Dentro estaba otra pareja y el barman. Le dije quien era y a quien buscaba. Me pidió esperarlos. Mario y Lilian llegaron. Me presento como un compañero de trabajo que venia a tomar un seminario. Nos acomodamos en la barra y pude apreciar las piernas de Lilian. Hermosas. Enfundadas en medias de red y zapatillas altas. Delgada, bonita. Platicamos de trivialidades, esto es, cosas importantes. Eso le dio la pauta de evaluarme, de saber si era la persona que ella esperaba. Al rato los tres reíamos. Mario le pidió a su amigo música para bailar. Lilian se despojo de su abrigo y casi me sofoco. Traía una minifalda negra, de vuelo, y una blusita muy ajustada que marcaba sus pezones. Al principio bailaba con mesura, pero la música la hizo entrar en ambiente y más desinhibida, daba vueltas sin importarle que buena parte de su trasero quedara al descubierto. Trasero no es la palabra. CULO. Tenia un CULO precioso, levantado, con una tanga que se le incrustaba en medio de sus nalgas. Quería, por discreción, dejar de mirarla, pero era imposible. El barman hacia que limpiaba un vaso, pero discretamente volteaba. La otra pareja salió a bailar y la miraban frecuentemente. 20 minutos mas tarde, se sentaron. Mario, extenuado, apuro su cerveza de un trago. Lilian tomo agua. Mario me pidió que bailara con ella. Que bailada me dio. Regrese a la barra con la lengua de corbata. Mario entonces le dijo a Lilian que siempre había deseado ver a una mujer recostarse boca abajo sobre una barra mientras tomaba su copa y seguir conversando como si nada. Lilian miro al barman y él dijo: Adelante Srita. , Este bar es suyo. Ayudándole a subir, puse mi rodilla para que apoyara el pie, quedando su culo totalmente a mi vista. En efecto, traía una tanga minúscula. Nunca se me había antojado tanto mamarle a una mujer su culo, enterrarle mi lengua en medio de sus portentosas nalgas, lamerle su ano, en fin darle una mamada increíble.. Mi pantalón estaba con un bulto. Haciendo un esfuerzo enorme, me contuve y regrese a mi lugar. Mario estaba sonriente y me pregunto que era lo mas atractivo de Lilian. Con el respeto que me mereces, dije dirigiéndome a ella, tienes un trasero increíble. Eres una mujer muy sensual y Mario tiene mucha suerte en tener una mujer como tu. Lilian pidió un Alexander y flexion

ando sus piernas, nos daba a todos un espectáculo único. Así que te gustan mis piernas?. Sí. Quieres besarlas? Como. Eh ..err. . De las rodillas hacia abajo puedes besarme el tiempo que gustes. Mire a Mario y asintió. Recostada en la barra boca abajo, cerro sus ojos y le empecé a besar sus pies sobre las medias. Debo reconocerme fetichista de las zapatillas altas y estaba en la gloria. Con la otra mano acariciaba su otro pie, recorriéndolo sin dejar un centímetro. El tocar sus tacones me excitaba, así que muy despacio mis dedos los tocaban. Lilian empezó a agitarse un poco, como gato ronroneando. Mire a Mario y acariciaba las nalgas de Lilian sin disimulo, y despacio le levanto la mini, apareciendo su culo, redondo, besándolo. En un minuto Lilian alcanzo un orgasmo fenomenal. Se incorporo y fue al baño (que por cierto es unisex), dejándonos desconcertados. Regreso sin medias. Vamos a bailar, no? , Nos dijo, arrastrándonos a la pista. Ahí se nos repegaba hasta el limite, se contorsionaba, dejándonos apreciar esa tanguita. Al descansar, le dije que no conocía a nadie que bailara como ella y con movimientos tan sensuales. Su vanidad afloro y le pedí con el consentimiento de Mario que dado que no había una mujer más bella que ella, seria un honor que nos deleitara bailando sola. El barman adivino mis pensamientos y puso "sexo, pudor y lagrimas". Lilian se deslizo a la pista y empezó a bailar al compás de la música. Se tocaba lentamente las piernas, las tetas y dos ocasiones levanto su mini para verle su tanga, cubriendo su monte de venus. Todos aplaudimos. Inmediatamente empezó otra canción " Wind of change" de Scorpions. Lilian regreso a la barra a tomarse su cóctel. Le guiño un ojo a Mario y regreso a la pista. Se recargo en un tubo que había en el centro. Parecía una puta esperando cliente. Una puta, la más sensual que había visto en mi vida. Se inclino dándonos una perspectiva de su culo y muy lentamente levanto su vestido. Sentí que me venia. Estaba con liquido seminal y se me veía en el pantalón. Se bajo la tanga a las rodillas y la volvió a subir. Dio una vuelta al tubo y se nos acerco. Puso su mano en mi bragueta y apretó muy dulcemente mi pene. A Mario le hizo lo mismo. Volvió a la pista y se despojo de su blusa. No llevaba sostén, así que aparecieron dos tetas, pequeñas, pero hermosas. Después se quito la mini, quedando únicamente con la tanga puesta y zapatillas. Nos llamo y se coloco en medio de nosotros. Tomo una de mis manos y la coloco en el nudo de la tanga. Jala aquí, me pidió. Mario hacia lo mismo. La tanga cayo al piso. Me incline a recogerla y su panocha quedo en mi rostro. Aspire su aroma de mujer cachonda, de puta deseando ser cogida. Subió una pierna en mi hombro y me atrajo. Ahí, hincado, en medio de una pista, con cuatro personas viéndome, le empecé a mamar su concha, toda empapada, depilada. Le metí la lengua en su vagina, saboreando sus jugos -las personas que han hecho sexo oral a diferentes mujeres estarán de acuerdo conmigo en que cada una tiene un sabor y aroma diferentes- El de Lilian era dulce. Y olía. mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm. Por fin podía tocar ese culo, esas nalgas que desde que las vi desee que fueran aunque solo un momento, mías. Mis manos se aferraban a sus piernas, a su culo. Uno de mis dedos toco su ano y se movió bruscamente. Bajo la pierna y nuevamente fue al baño a vestirse. Mario me dijo que no la reconocía, que estaba encantado de que Lilian dejara salir a la puta que todas las mujeres llevan dentro. Regreso y se coloco en medio de nosotros. El barman permanecía amable, y pensé: este amigo debe de estar mas caliente que el demonio y sin poderse desahogar. ufffff. La otra pareja estaba al fondo, y nadie los molestó. Lilian tocaba nuestras piernas y nosotros las de ella. Mario le levanto el vestido y vimos que no se había puesto la tanga, así que Mario empezó a meterle el dedo. Lilian entrecerraba sus ojos. Se levanto y retirando el banco abrió sus piernas, dándome la espalda. Metí mi mano bajo su falda, encontrándome con la mano de Mario. Cedió su lugar y le metí un dedo a Lilian después dos, y Mario hacia lo mismo. Después tomo el jugo de Lilian y le acaricio el ano, metiendole suavemente un dedo. Sentía el dedo de Mario a través de la delgada pared que separa a la va

gina del ano. Como no nos acomodábamos bien, Lilian se volteo y ahora la tenia cara a cara. Le tome de su rostro y la bese al principio tiernamente, después nuestras lenguas se entrelazaron en una batalla. Le subí la blusa y lamí sus tetas, hasta que sus pezones se pusieron duros, y los mordisqueaba suavemente. Quería acabarme esas tetas. Mario le estaba dando bien y bonito al culo de Lilian. Su dedo salía y entraba ya sin dificultad. Mis dedos entraban y salían de su vagina mientras su aroma invadía el ambiente lo que hacia excitarme más. Sus manos estaban en nuestros penes, pero sin sacarlos de su encierro. Lilian se separo bruscamente y se fue atrás de la barra, pidiéndole al barman que la ayudara a subir a la barra. Este ni tardo ni perezoso, la cargo agarrandole disimuladamente las nalgas y la deposito sobre la barra. Se tendió boca arriba y le ordeno a este: desvísteme, pero sin utilizar tus manos, solo tu boca. Al barman se le ilumino el rostro como un condenado a la silla eléctrica que le otorgan el perdón. Y miro a Mario. Sus ojos suplicaban " te ruego que me dejes, patéame, pero déjame hacerlo. Mario le dijo adelante. Con los dientes le bajo la falda, teniendo cuidado de pasar justo arriba de su panocha -Lilian nos comento después que le había tocado el clítoris repetidas veces con su lengua- y después prosiguió con su blusa, tratando, obviamente de besarle las tetas, cosa que consiguió. Lilian se dispuso a quitarse las zapatillas pero todos gritamos a coro!! Noooo ¡!. Hasta el barman resulto un fetichista de las zapatillas. Lilian me atrajo a su entrepierna y le di besos muy suaves, como no queriendo que se acabara ese momento. Con sus dedos separo sus labios vaginales y la mame con desesperación, con una devoción que ni yo mismo comprendía. Decir que su aroma era lo mas excitante era poco. Estaba loco por su cuerpo. Mario se subió al descansa pies de la barra para ganar altura y se situó junto a la cabeza de Lilian, que le desabrocho el pantalón y le saco la verga. Pareciera que se le iba la vida en ello. Chupaba con fruición, y de cuando en cuando paraba, ya que los orgasmos le sucedían uno tras otro. Le pidió al barman que se acercara y sacándosela lo empezó a masturbar. Mario termino en la boca de su esposa, quien se apresuró a chuparlo y no dejar una sola gota. El barman soltó un quejido y se vino en la mano de Lilian. Solo faltaba yo, pero ni hacia falta. Una eyaculación iba a acabar con ese momento tan especial, y no quería terminar, así que me contuve. Ha sido lo más difícil que he hecho. Lilian pidió su ropa y fue al baño, caminando totalmente desnuda y encontrándonos todos con que la pareja que estaba al fondo se había cambiado de mesa para poderlo presenciar todo. Como Lilian no salía, le dije a Mario si tenia inconveniente que fuera al baño, ya que tenia una urgencia de orinar. Solo sonrió. En el baño encontré a Lilian, arreglándose el pelo y retocando su maquillaje. Al pasar me dio una nalgada y me dijo que se la estaba pasando muy bien, pero que lo sentía por mi, ya que no me había venido. Le comente que no cambiaria por nada los momentos que había pasado con ellos, y que estaba mas que agradecido por permitirme admirarla, besarla, tocarla. Que quieres de premio por ser tan gentil? Quisiera sentir mi pene entre tus nalgas. Nada me haría más dichoso. Por respuesta Lilian se recargo en el lavabo, levantando aun más su impresionante culo. Me baje los pantalones y descanse mi verga en medio de sus nalgas. Ella se movía como pidiéndome que se la metiera, pero quise que se desesperara un poco. Se volteo y me beso. Su sabor agridulce me confundió, pero caí en cuanta que era el semen de Mario el que estaba probando. Tomo mis manos y las deposito sobre sus nalgas, que estruje, amase. Me olvide de todo, de Mario y su semen, de que nos podía pillar ahí, del mundo. Estaba con la mujer más sensual que tenia memoria y no la iba a dejar sin una cogida. La separe y busque un condón de mi cartera, mientras ella se agachaba y me sorprendió besándome la verga. Paso su lengua por todo el tronco hasta que lo engulló. Su boca era una cueva que daba placer incomparable. Su lengua alrededor del glande estaba a punto de hacerme explotar. La separe y me coloque el condón. Volvió a recargarse en el lavabo y desde atrás, contempl&aacut

e;ndole esas nalgas que hacia solo cuatro horas había visto, la penetre. Su vagina recibió a mi verga sin dificultad. Estaba lubricadísima. Solo se oía el choque de sus nalgas y como hacia el chop, chop, chop, de sus jugos. Una de mis manos agarraba sus tetas furiosamente. Me fascinaba verle su espalda, sus nalgas, sus piernas y claro, sus zapatillas. Me sentí como todo un Tenorio, cogiéndose a una conejita de Play Boy, pero Lilian era REAL. Dio un grito tan fuerte que seguro se escucho muy lejos. Se estaba viniendo. Y a mí me faltaba poco. Se salió y se quito la falda y la blusa. Se coloco frente a mí y agarrándome la verga, se la metió. Agarrame del culo que quiero cabalgarte. Sostuve con mis manos sus nalgas, mientras ella me abrazaba y sus piernas se enroscaban en las mías. Ahora si, cogete a esta puta. La dulce Lilian estaba hablando con un lenguaje que no le era propio, pero hay mujeres que se excitan en la intimidad con leperadas. Para no "regar el tepache" le dije: Que nalgas tan bellas tienes, a lo que respondió: Culo, quiero que le digas culo, o que, no te gusta? Claro que me encanta tu culo, que ahora es mío, porque eres una puta, y te encanta la verga, te gusta que todos te vean ese culo y que te metan muchas vergas. si.si…. soy tu puta y la de todos, quiero muchas vergas para que me las metan por todos lados…ojala y mi esposo me vea como me metes la verga, y que sepa que tiene en su casa a la mas perra a la mas puta, que sus amigos me cojan delante de el, y que sepan que clase de puta tiene Mario. Ahora que lleve a sus amigos, me los voy a coger a todos. ahhhhhhhhhhh……………otro orgasmo la sacudió y sus movimientos se redujeron, pero los míos no. Es cansada esa posición, pero la estaba disfrutando. Me pidió que la dejara " bajar". Cuando lo hice me quito el condón y empezó a mamarmela. Y logre la venida más espectacular que tenga memoria. No sé de donde salió tanto semen, pero no lo alcanzo a tragar todo y le escurría por las comisuras de sus labios. Me sentía liberado de una carga enorme, y Lilian seguía ahí, de rodillas mamandome la verga, esta vez, con ternura. Mi pene se encogió. La levante y le di un beso. Fue un beso cargado de sensualidad, de gratitud, de amor. Si, me enamore del momento, de la situación, como decimos, me enamore del amor. Solo sonrió y me dijo: eres un amor, te quiero mucho. Así permanecimos abrazados como un minuto, sin decirnos nada, simplemente tocándonos. Mario apareció por la puerta y se nos quedo viendo. Yo procedí a retirarme, pero movió la cabeza en señal de desaprobación. Ahí estaba la reina a la que había que mimar, que consentir. La tome de su mejilla y le di un beso. Un beso que me devolvió entregándose, diciéndome que en ese momento era mía, y que quería estar ahí, conmigo. Así lo sentí. Mario la tomo de la mano y solo entonces se percato Lilian de su presencia. Lo acerco a nosotros y nos abrazamos los tres. Lilian le dio un beso, y otro a mí. Y por primera vez en mi vida vi a una mujer llorar de felicidad. Mario la abrazo y ella rompió a llorar. Salí del baño y fui por su abrigo. Mario me paso un brazo por la espalda y me agradeció lo feliz que había hecho a su esposa. Le iba a contestar y puso su dedo índice sobre sus labios. No había nada que decir. En el ambiente flotaba el agradecimiento de unos a otros. Salí del baño, dejándolos abrazados y me fui a la barra, a platicar con el barman. Nunca toco el tema, calladamente le agradecí su discreción. Les vimos salir del baño, abrazados. Ahora el barman puso " cuando un hombre ama a una mujer" con Michael Bolton. Si ustedes no han disfrutado del amor que se profesan otros, no saben lo que se pierden. Lilian veía a Mario con amor, con ese amor de pareja, un amor maduro. Mario no necesitaba decirle a Lilian cuanto la amaba. Yo lo sabia, y el cantinero, como respuesta, subió un poco el volumen. Salimos de " la bola cuadrada " y les acompañe a su auto. Mario se despidió de mí con un fuerte apretón de manos y Lilian me dio un beso en la mejilla. Le abrí la puerta de su auto y aprecie esas hermosas piernas otra vez. Lilian saco un pie por la ventanilla y me dijo sonriente: Bésame el pie y mi zapatilla. Con devoción bese su pie, mientras le acariciaba la pantorrilla. Después su zapato recibió

otro beso, de agradecimiento, por hacerle resaltar la belleza de sus piernas a Lilian.

Desde ese día han pasado muchas cosas que ya les contare. Tenemos una amistad y le he pedido a Mario que seduzca a mi esposa. A Lilian le agrada la idea.

Lo único que nos mantiene vivos son nuestros sentimientos. Hay que vivir el aquí, el ahora, no en el pasado, no en el futuro. Y si, las fantasías son posibles… para el que las busca con ahínco.

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De fiel casada a… (XII: Mejorando en el trabajo)

Continuan las orgías en la casa de Analicia, esta vez con dos subalternos de nuestra protagonista. Hechos extraños y mucho placer lésbico.

Llame a eduardo y pregunte que si había vuelto miriam, los reuní en el despacho.

Eduardo vestía de sport, camisa y pantalón, y miriam me sorprendió con una falda vaquera un poco ajustada y una camisa sencilla, pero que resaltaba su busto de forma elegante, unos botines semiabiertos completaban su vestimenta.

Me miro como pidiéndome conformidad, sonreí y asentí.

Bajamos al coche, y al presentarle a mis compañeros a corrine, esta pareció complacida con eduardo, pero al presentarle a miriam, me miro y un extraño brillo de complicidad cruzo sus ojos, mientras asentía con la cabeza…sin duda pensaba que para analicia mi decisión era acertada.

Eduardo era un chico no muy alto, uno setenta y algo, de fuerte complexión aunque delgado, y que se le notaba que le gustaba el deporte, moreno de ojos obscuros y facciones agradables.

Miro con detenimiento e interés a corrine, y decidió sentarse delante junto a ella en el coche.

Esta llevaba la minifalda del dia anterior, o una muy similar, y la escotada blusa como de satén, que semitransparentaba un sujetador también blanco, que perfilaba sus ya comentados redondeados y empinados senos.

Hablamos poco durante el camino, pero vi sus rostros de sorpresa al llegar a la finca y franquear la enorme puerta de hiero forjado, que se tornaron de admiración al detenernos frente a la casa.

Alli en la puerta, majestuosa con una túnica color perla, estaba analicia.

Para mí que no llevaba, al menos sujetador, pues sus pezones se insinuaban respingones bajo la tela. La presente a eduardo y miriam, y al saludar a esta note como trataba de penetrarla con su mirada, después se acerco y me estrecho la mano, momento en el que note la misma extraña sensación del dia anterior y una especie de corriente calida recorrió mi cuerpo, respondiendo casi de inmediato mis pezones, que tomaron un cierto volumen, y agitándose mi vulva con un agradable cosquilleo.

Nos dijo estar encantada y que pasáramos a la terraza a comer.

En una de las terrazas había montado una mesa para cuatro, profusamente adornada con flores.

Los ojos de eduardo y de miriam no daban a basto a disfrutar de lo que veían, mientras yo pensaba en lo que nos aguardaba después de comer…

De pronto apareció corrine, vestida de doncella, pero llevando una blusa semitransparente que dejaba ver bastante claros aquellos pechos que yo recordaba haber acariciado y magreado el dia anterior.

La comida fue muy tranquila, con eduardo que no le quitaba ojo a corrine, y esta parecia sentirse complacida, y analicia tratando de introducirse de alguna forma en miriam.

Pasamos al salón a tomar el café…

"queréis un jerez…", Nos pregunto sonriendo, íbamos a contestar que no, al menos miriam y yo, cuando volviéndose a corrine que estaba de pie junto a la puerta, le dijo,"trae cinco copas de jerez por favor…"

"bien, miriam, siéntate aquí a mi lado y cuéntame lo que habéis pensado para la campaña…", Le dijo cogiéndola suavemente de un brazo y llevándola junto a ella a un sillón. Miriam me miro como pidiéndome autorización, por lo que asentí.

Durante algunos minutos las dos hablaron de la campaña mientras eduardo, buscaba constantemente la imagen de corrine, aunque parecia estar atento, pues participo varias veces en la conversación, yo parecia estar mucho más ausente, pensando en como terminaría la tarde.

Cuando le contamos todo lo referente a la campaña se mostró complacida.

"bien, creo que he elegido al mejor equipo…", Dijo levantándose,"os he preparado el estudio junto a la piscina, para que podáis refrescar las ideas de vez en cuando, alli encantaréis todo lo necesario, para trabajar y…", Se interrumpió mirándome a mi,"relajaros un poco…"

Cuando llegamos al estudio tras despedirnos me sorprendió ver dos bikinis de tallas perfectas tanto para miriam como para mí, lo que en el primer caso me sorprendió pues no la conocía, y un bañador para eduardo.

Les dije que nos diéramos un baño antes de ponernos a trabajar, lo cual aceptaron, y mientras disfrut&aa

cute;bamos de las frescas y azules aguas note como si alguien nos observara… Sin duda analicia preparaba su estrategia para gozar de tres cálidas hembras, y a pesar de sus ideas y por que no, también de un fornido macho, en su cama.

Después del baño volvimos al trabajo, que se prolongo a pesar de encontrarnos en un magnifico estado de inspiración hasta cerca de las nueve de la noche.

Varias veces corrine había entrado sigilosamente a traernos refrescos, ante la complacencia de eduardo.

Hacia las nueve y media corrine volvía a entrar esta vez para anunciar con calida voz que la cena estaba servida junto a la piscina.

Fue cuando me di cuenta que aquella noche dormiríamos alli.

Eduardo llamo a su casa para decirle a su mujer…(estaba ademas casado!…que no iría esa noche, y miriam me miro sonriendo quizá recordando lo que por la mañana le había adelantado.

Pero nos sorprendió analicia cuando antes de empezar a cenar, nos indico que seríamos sus huéspedes y que el trabajo había terminado, sino nos parecia mal, hasta el dia siguiente.

Una decisión que aceptamos todos, eduardo porque estaba algo cansado, y quizá soñaba con corrine, yo por la excitación de vivir una noche especial y miriam porque seguro que también detectaba algo especial en el ambiente.

Cenamos y después de cenar alli junto a la piscina hablamos de diversos temas mientras saboreabamos unas copas de licor.

Cerca de las once, se nos unió corrine, aunque un poco apartada, hasta que eduardo se levanto y se sentó junto a ella.

Poco después analicia se levanto, excusándose y deseándonos una feliz noche.

Yo aun me quede un rato sentada charlando con miriam, mientras eduardo y corrine se levantaban y se dirigían a otro lugar del jardín.

Fue entonces cuando note una extraña sensación, la misma que me había levado irresistiblemente hacia analicia el dia anterior.

"me voy a la cama…",dije levantándome de pronto, con esa ansiedad de quien espera un enorme placer y no puede dejarlo pasar, miriam me miro como tratando de adivinar mis pensamientos…"creo que yo también…", Dijo y se colgó de mi brazo, mientras caminábamos hacia la casa…

"aquí pasa algo extraño, verdad?…", Me pregunto, parándose de repente y mirándome fijamente a los ojos,"aquí se trabaja demasiado a gusto, y he notado como una especie de corrientes entre todos a lo largo del dia, corrientes positivas, esta mujer tiene un poder misterioso…", Dijo, mientras volvía a caminar casi tirando de mi,"no es que tenga miedo, pero si un cierto respeto… Te importa que duerma contigo esta noche?…", Pregunto acercando mucho su rostro al mío…

Dude…,"bueno… Si tu quieres… Pero…", Me interrumpió con un sonoro beso en la mejilla y pareció relajarse. Caminando cogidas del brazo hacia la casa pensé en los poderes de ciertas personas, creí adivinar la situación, corrine seguro que estaba ya gozando de eduardo, o este de corrine, y analicia había unido nuestros caminos, el de miriam y el mío, en otra habitación, asi seria más fácil.

Empecé a sentir una cierta ternura hacia miriam mientras nos acercábamos a la casa.

Efectivamente en la ventana del dormitorio de eduardo, contra el cristal se recortaban las sombras de un hombre y una mujer, mire fugazmente y trate de ver el gesto de miriam al darse cuenta del tema… Sonrió simplemente y se agarro con mas fuerza a mi brazo.

Pero lo que me dejo anonadada, fue que al entrar en mi habitación alli junto a la enorme cama de matrimonio, a ambos lados estaban dos picardías casi idénticos, como esperándonos a miriam y a mí…

"ves lo que te decía… Aquí pasa algo extraño…,"me dijo miriam mirándome fijamente a los ojos.

"no se… Miriam, yo no se nada… Ni puedo decirte nada…"

"no me importa, ni quiero saber nada…", Me contesto mirándome despacio,…"que piensas de mi?…", Y retirándose, comenzó a quitarse la ropa…

"bien miriam, yo casi no te conocía antes de que te hicieran de mi equipo, pero creo que eres una chica brillante, con ambiciones…"

Me interrumpió…"y que le gusta vivir la vida intensamente, sin limite y sin comerse el tarro, tu me gustas, profesional y físicamente,…" Se detuvo mientras se quitaba la ultima prenda y se mostraba totalmente

desnuda ante mi…" Y yo a ti?…" Me pregunto mientras se acercaba y empezaba a desabrocharme la blusa…

Yo no dije nada, tan solo baje la cabeza y me deje desnudar, luego las dos nos cogimos de la mano y sin decir palabra salimos del dormitorio, camino de la alcoba de analicia…

Como si acudiéramos a una cita preconcebida, vimos acercarse por el otro extremo del pasillo a corrine y eduardo cogidos también de la mano.

Lo verdaderamente sorprendente era que los cuatro éramos plenamente conscientes de lo que estaba ocurriendo y de lo que iba a ocurrir.

Fue corrine la que golpeo la puerta entre abierta de analicia, y al terminar de abrirse la vimos sentada en su enorme cama, como una diosa esperando a sus súbditos, llevaba una túnica azul turquesa y en la penumbra de la habitación, sus verdes ojos nos miraron…

"bienvenidos… Os estaba esperando…"

Las tres mujeres trepamos a la cama, miriam a su izquierda, yo a su derecha y corrine se tumbo a los pies de la cama como un perrillo fiel.

Eduardo aun un poco sorprendido permaneció de pie a un lado de la cama.

Fue entonces cuando analicia se levanto y dirigiéndose a él le indico:

"quiero que las poseas una a una aquí mismo, delante de mí, puedes empezar por la que quieras…"

Entonces me di cuenta del enorme aparato que adornaba su entrepierna, y en ello estaba cuando se acerco a mí y tomándome de un brazo me invito a bajar del lecho…

Escuche la voz de analicia…"eduardo, libérate, piensa lo que quisiste hacer la primera vez que viste a esa mujer que esta frente a ti… Libérate, y hazlo…"

Eduardo se transformo, avanzo hacia mí y cogiéndome de una muñeca me obligo a arrodillarme ante él…

"mámame la polla guarra!…", Me grito ante la sorpresa de todos, luego de hacerme chupársela, me tiro al suelo…"y no te levantes de ahí, si no es para mamármela otra vez…"

Se volvió a miriam…"y tu que miras…(ven aquí…zorra!…", Le grito dirigiéndose hasta donde estaba y cogiéndola del pelo la arrastro fuera de la cama…"inclínate sobre la cama!…", Le grito casi fuera de si, mientras yo desde el suelo asistía alucinada a aquella orgía…"(toma polla… Puta!…",le dijo sin soltarla del pelo mientras la empalaba por el culo…

Parecia a punto de llegar, cuando se detuvo y empujando bruscamente a miriam a un lado se dirigió a corrine…

"mi amor…", Su tono de voz cambio radicalmente,"… Quieres venir a gozar conmigo…"

Corrine se levanto de la cama y se acerco a eduardo que comenzó a acariciarla y besarla con toda la ternura que no había usado con nosotros, luego los dos se tumbaron en el lecho frente a analicia y eduardo consumo el acto sexual hasta estallar en fuertes gemidos, momento tras el cual pareció quedarse sin sentido.

Analicia le empujo sin miramientos fuera del lecho, cayendo eduardo al suelo, y nos invito a disfrutar de una orgía lesbica a cuatro, que sin duda no olvidaré nunca.

Cerca de las seis de la mañana, nos retiramos a nuestros cuartos, no sin antes llevar entre las tres a eduardo a su habitación, al estar profundamente dormido desde que se follara a corrine.

Aun en mi habitación, miriam y yo intercambiamos caricias y besos hasta orgasmar un par de veces mas, luego decidimos ducharnos y bajar a desayunar. Eran las siete cuando aparecimos en el comedor, donde eduardo con cara de haber dormido como un niño se mostró amable y risueño, como si nada hubiera pasado, nada excepto que sin duda recordaba su primer encuentro con corrine, pues le acariciaba la pierna disimuladamente y la sonreía mientras nos servia el desayuno…

"habéis dormido bien?…"nos pregunto,"… Yo como un bebe…"

Corrine, miriam y yo nos miramos, sin duda no recordaba nada de la noche anterior, o casi nada…

Al rato apareció analicia…

"que tal estáis…,", Pregunto mirándonos a miriam y a mi, y volviéndose a eduardo, que gentilmente se había levantado a ponerle la silla al verla llegar, le dijo.."ud. Ya veo que muy bien…!"

Por supuesto que la campaña fue un éxito y los tres días siguientes inolvidables para las chicas, pues eduardo se excuso aquella misma mañana devuelta a la oficina y quiso quedarse como coordinador en el trabajo.

Miriam se convirtió en mi brazo derecho, y tras el fin de semana que se acercaba, el séptimo desde

que empezara mi historia, quedamos en compartir algunas horas mas del dia, en su casa o en la mía.

Pero eso será otra historia.

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