Genoveva sabÃa cómo moverse, a pesar de haber dejado el oficio hacÃa quince años, el tiempo trabajando en la casa de citas no era en vano. SabÃa en qué punto apretar los músculos de su vagina para aprisionar el falo de Javier y causarle la máxima excitación. Una mezcla de excitación y dolor, cada vez que él pretendÃa sacar su pene, ella lo mantenÃa adentro, como si tuviera una tercera mano que estaba dentro, muy dentro de su pelvis.
El dÃa que entró a trabajar Javier a esa empresa tuvo una impresión particular cuando conoció a la contadora Genoveva. Cuando lo invitaron a hacer un recorrido por las oficinas para conocer a todo el personal llegó al área de contabilidad y le presentaron a la gerente, que lo miró de arriba a abajo y mientras lo miraba fijamente a los ojos dijo unas palabras que lo inquietaron:
-Hola, estoy para ser tu servidora cuando quieras. -M-mucho gusto -dijo nervioso Javier.
El gerente general rió un poco y mientras se iban de esa área dijo algo que lo preocupó:
-No ...
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