No fue algo calculado. Las cosas pasan. Y pasan como pasan. Habíamos quedado a cenar, él y yo; es decir, un amigo y otro amigo, más o menos de la misma edad. Él, muy guapo, con esa belleza singular que hizo decir a Shakespeare: "Un rostro de mujer, de la mano pintado / de Natura, tú tienes, dueño y dueña mío, / corazón dulce de mujer, pero no usado / a las mudanzas frívolas del mujerío, / ojo más claro que los de ellas, en sus giros / menos falso, que todo lo que mira dora; / hombre que en su color toda color colora, / miradas de hombre roba y de mujer suspiros".
Miradas de hombre y de mujer suspiros... Así son algunos hombres. Nos gustan a nosotros, al menos, por envidia, y a ellas, más realistas siempre, por otras razones. Conversaciones, risas, anécdotas comunes. Nada extraño en una relación de amistad de mucho tiempo. Sin precedentes “sospechosos”. Los dos con poco más de veinte años. Varoniles, ambos. Heterosexuales, presuntamente, ambos. Ansiosos, en ...
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