Los primos argentinos de Sara estaban de visita en España. Rondaban los 18 años y con sus cuerpos atléticos de deportistas venían dispuestos para tener mucha fiesta y disfrutar entre las españolas.
Aquella noche, contra todo pronóstico, en lugar de salir de marcha ellos, lo hicieron los padres de Sara, que tenían una cena y baile con amigos.
Diego y Mauro, que así se llamaban los dos jóvenes, volvieron de comerse unas hamburguesas a casa de sus tíos para saquear el mueble bar.
Al llegar a casa, se encontraron a su prima Sara, mayor que ellos (27 años), sentada en el sofá hablando por teléfono con su novio. La chica, delgadita, poco pecho y culo de infarto, llevaba puesta ropa de andar por casa: un viejo top blanco y unos pantaloncitos cortos que usaba de pijama.
Los chicos se prepararon unos tragos y se sentaron en el sofá con su prima. No paraban de hacer juerga, y Sara dejó de hablar por teléfono indignada.
SARA: ¡a ver, no me dejáis ni hablar por teléfono! ¿Tengo que ser como vuestra madre ...
leer más