En el restaurante: Sexo en lugares inusuales, la excitación de la experiencia nueva

EN EL RESTAURANTE

LIDIA no sabía lo que le esperaba esa tarde .. Le habían ordenado que usara falda, que se mojara con la sorpresa que le tenían preparada. No era mujer que gustara de eso, le excitaba si pero no quería verse expuesta en un lugar público, aunque estaba ya excitaba por lo que podía esperarse y además, quería comprobar si como decía Mauro; él era capaz de hacer todas la locuras de las que le había hablado, sin comprobar ninguna.

Accedió a hacerlo pero con reservas y tardó mucho en decir que sí. Apenas después comprobaría que era acertado confiar en él y que sus ocurrencias hacían este viaje compartido una aventura fantástica.

Llegaron al restaurante y él buscó y eligió la mesa adecuada para sus fines… le indicó donde sentarse y aunque ella quiso decidir, él fué firme — tanto como su entrepierna se estaba poniendo con la anticipación– para decirle… es aquí donde te vas a sentar por el bien de todos. No bien los hubo recibido el dueño del restaurant, a quien se le había hecho una reservación, se quedaron solos y ella se mostraba inquieta, hasta que él le dijo: no va a pasar nada. Ella reviró con un entonces para que me ordenaste que me sentara aquí!!!!!! a lo que él respondió con gran autoridad: no va a pasar nada de lo que te puedas arrepentir.  No tocó más el tema y cambio la dirección de la plática.. Le dijo mejor  que  estaba radiante de bella y que le hacía muy feliz de estar en su compañía.

El escenario no podía ser mejor, las mesas tenían manteles largos, todo propicio para sus propósitos.

Ella quiso saber de qué se trataba la sorpresa y Él le dijo: toma esta bolsa y tu celular,  ve al baño y espera instrucciones. Ella contrario a su manera de ser, pero intrigada, tomó ambas cosas y fue al baño donde pronto recibió un mensaje de whatsapp que decía: Abre esta bolsa, y te pones lo que hay dentro de la caja, las dos cosas, luego regresas y me das lo que lleves puesto,  en la misma bolsita.

Ella se quedó viendo  la pequeña bolsa y aunque dudó, el recuerdo de la mirada pícara de Él fue suficiente para que confiara y obedeciera.

Encontró una diminuta prenda, una tanga Crotchless, que dejaba abierta su vagina. Dudó en ponérselo porque estaba infinitamente mojada, pero resolvió secarse un poco con su propia tanga  y entregársela a Él, tal y como se  lo había pedido. Procedió a ponerse la tanga que le quedó perfecta. Sonrió al espejo y se gustó. Luego se aplicó un líquido con un aroma a piña colada que tambien estaba allí, lo cual que le hizo sonreír pues sabía que ése era uno de los sabores favoritos de Él.

Qué pensará hacer ahora se dijo, ¿para qué quiere que salga así? se miró en el espejo de nuevo, se dio una última sonrisa y salió confiada y excitada a su encuentro.

Se volvió a sentar, le entregó  la bolsita con su tanga húmeda, con ese su olor impregnado en ella. Extendió su mano y él lo tomó.  Ella afirmó con aire de triunfo: misión cumplida. El no respondió, solo tomó la bolsita sacó la tanga húmeda, empapada y se la llevó a la nariz, luego le miró con  mucha seriedad y le dijo: pareces estar lista. Ella le siguió… para qué? El comenzó una plática muy diferente, se dispuso a comer lo que habían elegido y de pronto su pie derecho se fue abriendo espacio entre las piernas inmaculadamente blancas de ella, mientras El decía: hola tengo alguien que te quiere saludar, no hagas nada anormal, solo déjate conducir… bienvenida a un mundo raro.

El pie de Él, encontró fácilmente el camino hacia su vagina  y con el dedo gordo del pie empezó a masajear con destreza y atino su clítoris dispuesto y generoso. Ella emitió un gemido de sorpresa y placer, pero el placer era más que otra cosa y dejó que El y su hermoso e intruso dedo gordo le hicieran las delicias que El había prometido. Sin dejar de comer, El seguía en su labor placentera y preguntaba…   Te gusta así la comida?… te gusta comer esto? El rostro de ella además de ser reflejo de placer, adquirió un rubor de sorpresa y que delataba que algo inusual estaba sucediendo,  algo que estaba fuera de su control y que no sabía cómo lo estaban recibiendo los demás comensales, que por demás, no eran muchos.

Justo cuando estaba recibiendo con mayor placer y había tomado el ritmo, se pareció Miguel el dueño a platicar y aunque ella quiso escapar de la caricia, Mauro fue firme en seguir y ella puso su mejor cara para responder y mantener un dialogo y al mismo tiempo un placer que quería gritar a los cuatro vientos…  mientras Mauro, ingenioso le hacía preguntas como: verdad que te está gustando mucho LIDIA?, te gusta cómo está preparado?, verdad que volverías aquí? … afortunadamente para ella, Miguel recibió una llamada que le obligó a ausentarse y a despedirse casi de prisa, momento que Mauro aprovecho para terciar: podemos usar la bodeguita??….. Deja instrucciones precisas y te doy las Gracias anticipadas. El sonrió, salió y dejó  indicaciones y Mauro le agradecía.

LIDIA con una preocupación de menos, Decidió entonces dejarse llevar. Él había diseñado este escenario para ella y debía confiar y sobre todo… disfrutar, así que se dejó llevar y aunque no podía gritar a su antojo, si dejaba salir de su garganta los gemidos de aprobación que tanto le encendían a EL.

Para le dijo, no puedo más, estoy nerviosa y buscando una excusa le indicó: quiero devolverte el favor yo también.  Mauro repondió..No me devuelvas el favor, solo encamínate a la bodeguita cuando hayas terminado….

Ya, estoy lista dijo…. Mauro saco su pie lo metió en el zapato y llamó al mesero para que le cuidara las cosas y le indicara el camino a la bodeguita, que resultó más que adecuada para descargar la calentura.

Ella pasó primero y apenas había cerrado la puerta se volteó hacia Mauro, se colgó de su nuca, le ofreció su boca y cuando hubo terminado de besarlo interminablemente, recupero la respiración y le dijo a la cara: Cabrón..  Ya cógeme pues, mientras bajaba su mano para buscar su enhiesto pene y liberarlo del cierre. El la miró, dejo caer los pantalones y el pene brioso salió de la trusa, la volteó contra la pared, levantó su vestido, buscó su húmeda cueva y la embistió lentamente, deliberadamente…  Ella sintió el hierro candente dentro y gimió: así, así, así,  mientras El empujaba su miembro duro hacia dentro, al compás de sus gemidos y hacia afuera , apenas en la entrada de su mojada vagina escuchando sus ay que rico, que rico; ay que bárbaro, sigue por favor. Él se prodigó en satisfacerle pues su miembro no paró de entrar y salir de su amistosa entrepierna hasta que ella dijo que ya no quería más. El concedió pues sí, en verdad, la posición le había sido muy difícil…pero estaba más que reconocido por haber podido satisfacerla y la intención solo era esa: un rápidin …

LIDIA estaba contenta allí, pero también sabía que podrían continuar en otra ocasión, así que dijo suavemente: corazón me voy a enderezar. Lo hizo, volteo hacia EL, le buscó los labios, los selló largamente, le agradeció con un te quiero, con una cara radiante y un rostro que parecía haber retrocedido en el tiempo. Ante sus ojos ella aparecía otra vez con el rostro hermoso (que aún lo es ahora)  de sus 18 años.

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