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Revelaciones

24 de octubre de 2011
por vlades

Es una noche agradable en el que todo mi ser se queda expuesto de manera pública en la cafetería de unos estudios de televisión. No importa las consecuencias ni los prejuicios de las miradas extrañas que pudieran influirme. Bueno, no soy el único que expone esta forma de vida. Aunque se supone que yo me llevo la peor parte de las burlas, mi dueña es parte de esta demostración al público. Ella me expone como esclavo, pero al mismo tiempo expone su manera de ver la vida. Su alma es la única que se desnuda bajo ese atuendo de oficinista. No le importa los comentarios de sus compañeros al exponer su manera de entender las relaciones entre un “hombre” y una mujer.

Nuestra relación en una imagen se define. Ella elegantemente vestida con toda la formalidad de una famosa presentadora. Y yo desnudo, encogido en el suelo y atento de sus elegantes stilettos. Todos en ese rato de descanso en la cafetería de los estudios podrían vernos perfectamente. Se que para ellos es chocante mientras que para mi es una constante lucha de tragarme mis miedos y vergüenza. Todo lo contrario que mi dueña. Ella da sorbos tranquilos de su taza en una mano, mientras que con la mano libre ojea el periódico. Se la ve muy tranquila. Puedo adivinar que se siente liberada y el brillo en su mirada lo certifica. Sentada en su silla preferida, se mantiene al margen del resto del personal. La chaqueta y su bolso están en otra silla bien ordenados. Una blusa de ceda con las mangas recogidas dejaban ver a curiosos una gama de pulseras de piedras preciosas. Incluso sus anillos podrían encandilar a cualquiera en que la luz esté en contra. Donde sus muslos se cruzan enfundadas en una falda hasta las rodillas, el mango de la correa que une nuestra relación descansa pendiente de ser tirado para volver a dirigirme a su oficina. La correa descaradamente de plata se une a mi collar de esclavitud. Esta era la parte que mas agravaba mi situación desnuda al público. A pesar de mi desnudes y mi pose en el suelo, la correa daba el toque final para quitarme la poca humanidad que me quedaba. Ya no solo su esclavo posa en sus rodillas y codos al suelo, sino su mascota.

Mis ojos no se apartan de sus stilettos negros mientras docenas de ojos no se apartan de mi cuerpo. Puedo sentir esas miradas atravesándome. La posición de posar mis codos y antebrazos al suelo hacen que arquee mi columna para que mi culo quede en alza. El peso del saco escrotal cae en la gravedad y se queda a la vista de las personas que están sentados en otras mesas frente a mi dueña. Mi dueña me tiene en la prohibición de descansar mis nalgas sobre mis pies. Y en encima debo separar mis rodillas formando un ángulo de casi noventa grados. Todo el que quiera podría darse cuenta de que en mi ano hay una bola apunto de escapar. Son dos bolas chinas introducidas para agravar mi situación. La última de ellas está apunto de escapar. Cualquiera podría ver media esfera saliendo, y posiblemente, a mas de una le atraería la curiosidad de tirar del cordón conectado a esa esfera para sacar esas bolas.

Quisiera saber quienes están allí para ser testigos de este escándalo, pero el temor de que mi dueña me sorprenda apartando la vista en otra cosa que no sea sus preciados stilettos, hacen que solo me dediquen a ellos. Ni siquiera quiere que se los atienda, es simplemente un protocolo de entrega exigida. Ella solo quiere que mi mirada esté solamente dedicada a sus pies cuando soy ignorado y no necesite mis servicios.

Solo mis oídos están dedicados al exterior, al otro mundo. Ese mundo real que nos rodea y ahora es testigo de nuestros secretos. Por suerte la mayoría son mujeres. Risas femeninas y comentarios que se me hacen imposibles de entender. Tanto mi dueña y yo sabemos que esos rumores están dedicados a nosotros. Mi dueña no pierde la compostura y sigue con su extraña tranquilidad. Creo que incluso ahoga una emoción. No cabe en su felicidad. Lo sé. Y se que espera de mí lo mismo. Es como salir del armario o derepente una libertad plena de la que nadie pudiera expresar. A medida que los minutos devoran el tiempo de exposición, poco a poco mi punto de vista se va normalizando. El temor y la vergüenza se van escapando de nuestro entorno. Cada vez mis pensamientos se hacen mas perezosos y llega un momento que mi mente naufraga en la nada.

Pronto los pasos de unos zapatos femeninos se hacen cada vez mas sonoros a medida que se acercan a nosotros. Se que anda por detrás mía hasta que el roce de una tela fina en mis nalgas, me sobresalta el pulso. Y derepente una voz femenina cerca!!!

- Marta! ¿Pensé que era una broma? ¿Como te has atrevido traerte a este?!!!

Mi dueña tuvo que haberse asustado ya que sentí caer la taza sobre la mesa….

- Muchacha, que susto!!! No te esperaba que vinieras hoy… – Mi dueña se levanta y oigo como se dan dos besos en la mejilla. Por un instante de unos segundo veo unos pies de uñas brillantes enfundadas en unas delicadas sandalias junto a los stilettos de mi dueña.

- Leo, colócate para que soportes nuestras cosas!.

La orden de mi dueña me es fácil de entender. Me levanto de mis antebrazos y voy en busca de su chaqueta y bolso…

- Espera!.

Un golpe de su palma en mi nuca me asusta. Mientras la otra mujer con un vestido blanco de verano no aguanta la risa al ver la reprimenda. Ella espera paciente a que mi dueña desocupe la silla de su chaqueta y bolso. Entonces yo que me arrodillo con el torso recto, espero con los brazos hacia adelante a que mi dueña coloque su chaqueta cuidadosamente doblada sobre ellos. Luego cuando me acerca el mango de su bolso a mi rostro, entiendo que debo recibirlos en mis labios. Y así como un mueble quedé soportando sus cosas ante las miradas extrañas de la cafetería. Derepente de animal doméstico pasé ser un mueble para diversión de la mujer del vestido y el resto.

- ¿Quieres que te sujete el bolso?

- No, gracias Marta, prefiero llevarlo yo.

La mujer del vestido me mira de arriba abajo mientras que yo hundo mi vista en linea recta al vacío. Mi visión avergonzada pasa sobre la mesa del café y la prensa de mi dueña mas dos mesas mas vacías hasta finalmente llegar a una mesa ocupada por dos mujeres en diagonal a la nuestra. No me atrevo mirar a la cara de la desconocida del vestido que parece haber oído hablar de mi. Pero por el rabillo del ojo en unos instantes me doy cuenta de que mira mi pene semi flácida pero tambaleante a las sensaciones. Sin embargo la voz de la desconocida me es familiar. Temo que la he visto en televisión, no lo se. No me atrevo mirar su rostro.

- ¿Eso que le rodea su cosa no le duele?

Mi dueña comprueba que está mirando mi sexo expuesto y con la punta de su stiletto levanta el glande para que mi pene descanse sobre la puntera.

- Para nada… Lo lleva puesto para mayor estímulo. Ese aro en la base de su pene y escroto le recuerda de que no solo me pertenece, si no que su sexualidad está destinada a pensar por el. Estoy seguro que si lo castrara se levantaría como si de una pesadilla se tratara y no desearía saber que ha vivido así por culpa de sus impulsos sexuales.

Mi pene que descansa en su puntera pronto se despega de una erección que no pude aguantar.

- ¿Lo vez?. No le he hecho nada. Sin embargo a pesar de estar algo flácida, no deja de votar pre eyaculaciones donde quiera que se arrastra.

La mujer del vestido ve asombrado como antes de llegar a una total erección, en la puntera de los stilettos de mi dueña hay una gota de semen casi transparente.

- Dios santo! ¿Se nos va a ir aquí? No me lo puedo creer.

Mi dueña se inclina sobre la mesa y comprueba que sobre sus elegantes stilettos hay una gota de semen .

- ¿Te he dado permiso para esto. Leo?

Me mira desafiante y con enojo.

- Disculpa me mi Ama. No es mi intención ensuciarle sus zapatos.

Respondí ruborizado a la vez que frente de mí, a dos mesas de nosotros, las dos chicas que vi al principio se reían a carcajadas. Creo que incluso oyen nuestra conversación. Ellas hace rato que no comen ni toman nada, solo charlan y no dejan de estar atentas a nosotros.

- Anda ve a buscar una silla para mis cosas y vuelve a tu posición, Leo.

Mi dueña me quita la chaqueta de los brazos y el bolso de mi boca para que yo pudiera desplazarme en mis rodillas hasta una silla vacía. Cojo la silla y lo coloco a izquierda. Mi dueña que la ve, coloca sus cosas como antes de ver a su amiga o compañera. Puesto que la silla ocupa su izquierda yo gateo hasta su derecha entre su amiga y ella y dejo mis codos y antebrazos semi juntos sobre el suelo. Al hacer este movimiento y el arqueo de mi espalda, me doy cuenta que una de las bolas chinas se escapa por completo de mi ano. Por suerte queda una introducida y no se oirá por la cafetería dos bolas caer de mi culo al suelo.

- ¿Lo vas a castigar?. Dice la extraña tapándose los labios para aguantar una carcajada.

- No, pero el sabe lo que tiene que hacer. ¿Verdad Leo?.

Se me abren los ojos al oírla. Me sorprende! Ya no se conforma en liberarse, encima quiere que muestre las practicas de nuestra rota intimidad.

Me adelanto de mis codos y busco el zapato manchado de mi excitación sexual con mis labios en morros. Pronto absorbo mi propio jugo y luego con la lengua doy saliva para dar un brillo perfecto en sus elegantes stilettos antes las miradas de asombro de varios testigos.

- Es repugnante! Marta, ¿Realmente te gusta esta vida? ¿No te aburres de tener a un hombre así?.

- Yara, ¿Por que he de aburrirme?. El no es mi pareja. Esto no es una relación de hombre y mujer. Simplemente creo en el derecho de la posesión de un esclavo. Es mi deseo llevar una vida cómoda y atendida. Esto no tiene nada que ver con una relación con hombre. Pero nada que ver…

- Pues no se quien disfruta mas…

Interrumpe Yara mientras la siento observándome sobre mi loma.

- Si, el claro que disfruta de ser lo que es. El se ha entregado a mí en todos los sentidos posibles abandonado su existencia. Yo no lo he obligado ni le he quitado nada. El realmente no es nadie para mi, simplemente hay un mutuo acuerdo que un principio fue de carácter sexual, y ahora vamos mas allá de los límites judiciales y morales.

- No entiendo…

- Es muy fácil. ¿Tienes mascotas?

- Si. Sabes que tengo un perro.

- ¿Por qué? Supongo que necesitas la compañía de un perro.

- Joder… ¿Que comparación me estás poniendo?

- ¿A caso tu perro sabe que quiere ser tu mascota? ¿Tu perro a elegido ese hogar? … Pues mi esclavo si.

- Pero… ¿que me dices?

- Tu has decidido tener una mascota y yo un esclavo. ¿Lo entiendes?. ¿Por que no lo puedo hacer público? El no es forzado ni obligado. Es mas, lo que estoy haciendo hoy en esta cafetería es un paso mas para conocer su completa disposición.

Yara resopla y sigue…

- Vale, supongo que esto no saca en ti ningún pudor.

Mi dueña Marta Modino se lo ha explicado a la perfección. Sin embargo yo sigo lamiendo la puntera de su stiletto. Cada vez con mas devoción, cada vez mas lejos de mis miedos y la vergüenza, cada vez mas convencido de lo que soy. Poco me está importando ya el resto del personal. Aquí estoy, en la cafetería de los estudios de la televisión canaria junto a dos famosas periodistas como Yara de León y Marta Modino. ¿Que mas puedo pedir?.

- Vale ya!, me vas a gastar los zapatos.

Dice mi dueña apartando sus stilettos de mis labios. Entonces sin decir nada, adopto mi posición inicial sin perder de vista esos brillantes stilettos de cuero negro y el empeine brillante de unas medias finas que no esconde el tono de su bronceado.

Tengo que reconocer que por unos minutos de la conversación de Marta y Yara me había olvidado de la situación pública a la que hemos llegado. Luego no tardo en darme cuenta de que mi culo en alza apunta hasta la puerta principal de la cafetería. Prácticamente casi todos los trabajadores de la TVC podría ser testigos de la vida “personal” de Marta sin necesidad de entrar a la cafetería.

El rumor de los que no tratan con Marta pronto se convierte en un hecho. De los pocos que conocían su forma de vida, ahora son muchos, y muchos mas de los que puedo imaginar los que la conocen en esta faceta. A nadie le importo, yo no soy nada para ellos. Solo soy dentro de sus comentarios un depravado sexual, un loco, un masoquista, un inútil, un enfermo y todo lo horrible que pudiera imaginarme. Sin embargo ella… ¿que está haciendo con su vida?. ¿Podría esto limitar su vida laborar?. No lo creo. Y mas sabiendo quien es y quien es su familia quienes dirigen esta cadena. Por lo tanto su carrera es segura.

¿Que es lo que pretende?. Conocedora de los consejos de Elise Sutton y empapada de los secretos mas profundos de mis deseos, ella a conseguido convertir esta relación, de una simulación, a una realidad. Y como tal realidad, esta verdadera vida es publicada en la normalidad de una sociedad. ¿Está ella en su derecho?.

Esta es una de las preguntas lanzadas por Yara de León. Pero mi dueña solo excusa mi desnudes y asegura que solo seré vestido en los lugares públicos en protección de los menores. Sin embargo en esta cafetería no. Son las diez y media de la noche y estamos en un lugar privado de los estudios de TVC. La cafetería es administrada por su tía, y en los departamentos cercanos está prohibida la entrada de menores. No hay ninguna excusa para cubrir mi sexo. Tampoco hay comportamientos lascivos que pudieran molestar a extraños. Salvo a ese accidente sobre los stilettos de Marta Modino, nada debería molestar al resto. Es mas, se divierten. Las bolas chinas cayendo de mi ano, el aro en mis partes, el collar y mi ridícula posición no parece molestar a nadie.

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