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ROSA, UNA MUJER MUY ARDIENTE

6 de diciembre de 2007

Debo comenzar esta historia presentando a los personajes: Rosa y Carlos son un matrimonio joven, de 28 años ella y el de 32. Inés es mi esposa. Mi nombre es Sergio.

Nos conocimos hace poco más de una año, Rosa y Carlos son comerciantes y tienen un puesto de frutas y verduras, razón por la cual a través de hacernos sus clientes nos fuimos conociendo. Tengo que admitir que desde el primer día que conocí a Rosa, su personalidad me dejó impresionado: físicamente no es una mujer exuberante, pero tiene unos hermosos pechos y es delgada.

Lo que me enloquece es su trasero bien redondito y paradito, muy común en las mujeres costeñas, es morena y de pelo ondulado y debe medir un metro sesenta de estatura. En realidad no es nada fea, pero lo que me impresiona de ella es que transpira sexo por todos los poros de su piel, desde que te dedica una sonrisa acompañada de una mirada coqueta (muy natural en ella) sabes que esta aventando la red para atrapar cualquier macho que se le ponga enfrente. Carlos es un hombre delgado pero atlético, no muy platicador, más bien creo que un poco tímido, pero sobretodo, es muy celoso.

Rosa e Inés fueron las que iniciaron la amistad y poco a poco nos fueron involucrando a Carlos y a mi, a tal grado que nos reunimos los fines de semana ya sea en casa de ellos o en la nuestra para ver algún partido de fútbol o películas en DVD. En estas reuniones a veces incluimos un poco de alcohol, sobretodo entre Carlos y yo y ocasionalmente ellas beben con nosotros.

Desde las primeras reuniones he notado que Rosa es muy sensual y sexy en todo lo que hace: su manera de vestir, de comer, de reír, sus gestos y hasta su caminar contoneado; por eso mismo prefiero que las reuniones sean en su casa porque como la amistad ha ido creciendo, ya hemos perdido un poco las formalidades y cuando nos recibe en su casa lo hace vestida en short muy cortito y ajustado y alguna blusa ombliguera que delata los pezones duritos, casi desafiando romper la tela. No se si por pensar que ella es prohibida para mi o porque su marido es celoso o porque realmente me coquetea, pero siempre que nos reunimos no puedo evitar andar con la verga bien dura y bien excitado, el corazón me late a cien por hora y todo es sufrir para que ninguno de los tres se de cuenta de lo que me pasa.

La historia que les quiero platicar, sucedió en una de nuestras últimas reuniones:

Estábamos como siempre los cuatro bebiendo cerveza, en un rato se acabó la botana y ellas se ofrecieron salir a comprar más. Carlos, ya con algunas cervezas encima, comenzó a platicarme de sus aventuras con otras chicas, me comentó de varias con las que se había acostado, me comentó detalles, pero concluyó diciéndome, que nadie como su esposa para hacer el amor. Yo también ya estaba un poco mareado, así que sin desinhibición, le pregunté: ¿qué es lo que hace diferente tu esposa? ¿Qué tiene de especial?

Mira amigo, sólo por que te conozco muy bien y te tengo confianza te contaré: Rosa es una mujer muy ardiente, le fascina el juego de la coquetería, sabe que me pone bien caliente.

Siempre que llego a casa la encuentro con muy poca ropa, nos besamos largo y tendido, jugamos con nuestras lenguas mientras mis manos recorren las líneas de su cuerpo, le doy vuelta para besarla en la nuca mientras mis manos juegan con su cabellera y le rodeo la cintura para atraerla y pegarla a mi, para que sienta mi gran fierro entre el canal de sus nalgas, eso la pone como loca, se voltea y sigo besándola, mi boca recorre cada centímetro de su cuello, cada espacio queda lleno de mis besos y cuando al fin empiezo en sus hombros casi me pide a gritos que la haga mía, pero siempre he ignorado sus súplicas.

Tomo todo mi tiempo en sus hombros y sigo llenándolos de besos y pequeños mordiscos, mientras mis manos hacen trabajo de masaje en sus senos y juegan a desatarle el sostén, claro con toda la calma del mundo, buscando siempre el momento de reventarlo y dejar libre aquellos dos preciosos pechos a los cuales también llega mi lengua y uno a uno, a veces rápido y a veces lento, voy devorando y mordisqueando mientras ell

a se retuerce de placer y me abraza atrayéndome hacia ella y pidiéndome que ya le meta la verga. Sin dejar de acariciar sus pechos, nos tiramos en donde estemos, cama, sofá, piso o mesa de los mismo, para nosotros no hay lugar.

Sigo mi recorrido de besos, llego al ombligo y hago un alto, me gusta admirar su vientre plano, lo acaricio y lo miro al mismo tiempo para después seguir a su cosita velluda, muy rica, primero besos y paso la nariz para extasiarme de ese olor tan excitante, después a jugar con mis dedos entre su vagina y su ano, para este punto ella ya se está como la más dispuestas de las putas a ser poseída, me grita, me implora, está lista para ser penetrada… pero sabe que todavía hay placer para rato porque antes de penetrarla se inclina y comienza ahora ella a acariciarme, desde el cuello hasta los pies, mmmm nomás de imaginar, recorre todo mi cuerpo y sin quitarme el pantalón, me besa por encima de la ropa mi verga, y juega con ella, después, ya sin ropa, me da la mejor mamada del mundo.

Empieza por observarlo, como revisando que no le falte nada, revisa cada espacio y le gusta como me brinca de lo excitado que estoy hasta que sale el líquido lubricante, primero se llena los dedos con él y luego los pasa por la boca mientras me mira fijamente, como lubricándose los labios que van en camino a mi verga, entonces, cuando parece que se la va a meter toda a la boca, le da pequeños besos en la puntita, acariciándola con los labios y baja dándole besos hasta llegar a los testículos, después acerca toda su cara, la nariz, los ojos, la frente, toda la cara, recorre palmo a palmo mi verga bien dura y hasta que al fin siento como abre sus labios y aprisionándolos un poco, solo lo necesario para no causar dolor.

Como toda una experta, empieza el sube y baja, es increíble, algunas veces no soporto tanto placer y termino en su boca mientras ella me lanza una mirada pícara y se bebe disfrutando todo el líquido y no deja que se escape nada, después, todavía con semen en la boca sube y me da un beso en mis labios y nos pasamos el semen de su boca a la mía y viceversa…pero cuando la penetro es lo mejor, pero después te platicaré porque se oye ruido afuera, parece que ya llegaron.

No me hubiera platicado, porque estuve todo la reunión lanzándole miradas a Rosa, que traía un short color rojo y una playera blanca, sin sostén, dejando ver sus pezones. Cruzaba las piernas y mi mirada no podía evitar jactarse de aquellos muslos firmes, delgados pero antojables.

Con la cerveza dan muchas ganas de orinar, así que en una de mis idas al baño, reparé que había un cesto donde guardaban la ropa sucia, en ella, hasta arriba se dejaban ver las blusas de Rosa, y como yo andaba encendido, me dio por hurgar y vaya sorpresa, entre su ropa encontré dos preciosas tangas, una negra con un encaje enfrente en forma de flor y con una abertura en medio, supongo que para no quitársela cuando hacía el amor, y todo el resto era un hilo por demás delgado, la otra de color verde a rayas, igual de hilo dental.

No pude evitar la tentación y con lo excitado que estaba por lo coqueta que es Rosa y la platica de su marido, llevé mi nariz a esas pequeñas prendas y wow, jamás imaginé un aroma tan exquisito, tan sensual como ella misma y no pude más, comencé a masturbarme oliendo aquellas prendas y cuando alcancé el clímax salían de mi interior chorros de semen que fueron limpiados con las tangas…

Esa noche llegamos a casa he hice el amor con mi esposa como nunca, pero no es todo, porque hay más de Rosa, tal vez después les platicaré.

Autor: Andrés

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