Seduciendo a mi primo 1

Amor Filial Gay. Voy a contar algo que sucedió hace ya bastantes años. He visto que este sitio sirve de confesionario para muchos, así que voy a compartir lo que sucedió con mi primo.

Desde niños nos visitaban de cuando en vez unos primos que vivían en la capital, nosotros vivíamos en la provincia, por lo cual generalmente ellos se quedaban a dormir en casa un par de días. Yo era el menor de 4 hermanos. El segundo de ellos era contemporáneo conmigo, le llevaba menos de un año.

Yo solía pajearme regularmente, como cualquier muchacho disfrutaba mucho de la masturbación, pero nunca había tenido relaciones con nadie. Fantaseaba con coger a alguna mujer o porque no, coger a otro muchacho.

Unos amigos del barrio comentaron como se habían cogido a un muchacho durante una excursión. Lo bien que la habían pasado con aquel putito, dejó aquella inquietud en mí. Tal vez aquello era más fácil que convencer a una chica. Lo que más anhelaba era tener sexo con alguien.

Volviendo a mí primito, de niños jugábamos muchas veces como amigos. Al pasar el tiempo y llegar el desarrollo, yo me inclinaba mucho por lo sexual. Yo hacía muchos comentarios de ese tipo, pero mi primo no, aunque poco a poco fui descubriendo que también le gustaba.

Una noche, como se quedaron a dormir, me tocó acostarme con él, de pronto a media noche él estaba de espaldas a mí, vi sus nalgas redonditas y no aguanté la tentación de recostarle mi verga. Tenía ese machete parado a más no poder y se lo recostaba entre las nalgas aprovechando que dormía. Me cuidaba de despertarle.

Fue muy excitante. Después fui al baño y me di un buen pajazo. No tuve que pajearme mucho para que la leche saliera a chorros.

Desde entonces, estaba atento y cada vez que ellos nos visitaban, buscaba la forma de quedar en su misma cama. Aquello de recostarle la verga a mi primo mientras dormía ocurrió un par de veces.

Un buen día le mostré una revista porno, de las que tenía otro primo mayor que solía quedarse en casa. Lo hice como para tentarlo, para ver si se animaba a verla conmigo, pero nada, él aparentó no prestar ninguna atención.

A veces me daba la impresión que no estaba dormido del todo y le gustaba que le recostara la verga, pero él no daba ninguna señal concreta; temía que me rechazará y las consecuencias que un intento abierto de ir más allá pudiera traer.

Volviendo a aquella tarde, a pesar de su indiferencia ante la revista, luego, a solas, el chico fue donde estaba la revista; un cuarto retirado al fondo de la casa. Lo pillé buscándola entre el grupo de revistas que estaba allí en una pequeña biblioteca.

Cuando se dio cuenta que yo estaba allí, disimuló, como si leía algo sentado en la cama. Eso me dio la clave, entendí que mí primito se hacía el inocente, pero no lo era. Entré dispuesto a ir por más, después de todo yo lo había pillado buscando una revista porno.

Me acosté en la cama y poco a poco lo fui tanteando, hablado de cualquier cosa al tiempo que recostaba mí verga como al descuido en sus nalgas. Con lo duro que yo tenía el palo, era imposible que no cayera en cuenta de lo que yo hacía, como veía que se dejaba hacer, fui aumentado la intensidad y descaro de mis caricias.

Al final, le tocaba las nalgas y recostaba la verga sin disimulo, claro, todo esto por encima del pantalón. Allí quedamos ambos en evidencia. A ambos nos gustaba aquello. Recuerdo que mi madre me llamaba insistentemente y a regañadientes tuve que salir un momento, pero habíamos dado un paso muy importante.

Terminé lo que estaba haciendo tan pronto como pude y regresé. Encontré al muy putito acostado boca abajo y leyendo algo. No tuve ninguna duda que estaba allí esperándome.

Sin mediar ningún comentario me acosté sobre él, recostando esa verga dura entre sus nalgas sin ningún disimulo. Comencé a moverme como si me lo estuviera cogiendo. Él se dejó hacer un rato, sin duda le gustaba.

Luego me pidió que parara, le dio miedo que alguien nos viera. Sin embargo, no fue un reclamó o protesta, por lo que quedó más que claro que aquello le gustaba.

Desde esa tarde mis fantasías pasaron de lo genérico, de chicas de la TV o revistas a una persona concreta, mi primo. No es que no me gustaran las mujeres, pero me parecían inalcanzables. Comencé a hacerme pajas con mi primito en mente.

Pasaron un par de meses. De pronto, apareció mi primo en la casa, fue a llevar no sé qué cosa que le habían encargado. Tuve la suerte de encontrarme con mi primo un día de semana, donde estaba yo solo con mi madre en casa.

Aunque teníamos casi la misma edad, éramos bastante diferentes. Él era delgado y blanco, cara bonita, sin lucir afeminado. En cuanto a su comportamiento, bueno en los estudios, pero no mucho en los deportes. Yo era bastante más alto que él, fuerte y musculoso, feo, moreno, buen deportista, pero mal estudiante. Siempre me metía en problemas.

Fui al cuarto que estaba un poco aislado, al fondo de la casa y lo llamé, de niños solíamos luchar en juego.

Aunque ya no éramos niños, sentado en la cama lo reté a luchar; era una excusa para recostar la verga, pero no quise decirle así directo, disimule con el cuento de la lucha.

El mariquito aceptó el reto, pero en lugar de luchar, descaradamente fue hacia mí apuntando con su culo, vino a sentarse directamente mi verga.

Enseguida le di media vuelta y lo acosté boca abajo. Con los dedos punzaba justo a la altura de su ano. Me acosté sobre él y comencé a moverme como si lo cogiera, todo por encima de la ropa pero muy excitante.

Finalmente me saqué la verga y se la apoyaba en el culo, por encima del pantalón. El muy puto pasó la mano para atrás y me tocó la verga, me la acariciaba de lo más sabroso, me tocaba la cabeza y las bolas. Fue la primera vez que alguien me acaricio el palo y vaya que fue delicioso.

Luego tomé su pene, el hijo de puta lo tenía a reventar. Coloqué la piel por encima del glande y pegué mis labios, casi como darle beso en el palo. Yo no quería mamárselo ni mucho menos, de hecho por eso cubrí la cabeza con la piel, pero lo hice para tentarlo a hacer lo mismo. Yo era quien tomaba la iniciativa y mi primo se dejaba llevar.

Entonces le pedí que hiciera lo mismo. Le me presenté la verga tiesa, sosteniendo la piel por encima de la cabeza. Cuanto ansiaba sentir aquella boca en mi palo. Espera que mi primo respondiera con la misma caricia que antes le había dado yo a él.

Mi primo realmente me sorprendió, quito mi mano, me agarró la verga y echó toda la piel  hacia atrás, dejó aquel cabezón rojizo totalmente pelado. El muy atrevido no solo pegó sus labios, si no que con la lengua lamió la cabeza. Una sola pasada, pero que delicia, sentí por primera vez una lengua en mi verga, que sabroso.

Desde esa oportunidad, tuvimos varios encuentros de ese tipo, donde nos acariciábamos la pinga el uno al otro y la recostábamos así, pretendiendo que cogíamos. Por lo regular, yo tomaba ventaja, asumía el rol de macho y a él lo remitía al de hembra.

Nunca llevábamos el juego hasta el clímax, hasta acabar los dos. Al terminar, sencillamente cada quien iba al baño por su cuenta y se daba un buen pajazo para descargar.

Aunque intercambiábamos roles, solía exigirle más, me gustaba dominar. Si por ejemplo bombeábamos como que cogíamos, cuando era su turno apenas le permitía bombear digamos 8 o 10 veces; mientras que por el contrario, cuando era mi turno, me daba gusto dándole un buen rato, igual con otras cosas.

Yo solía acariciar sus nalgas y hacía que él me sobara la verga. Aquella aparente desigualdad no le molestaba para nada, era yo quien marcaba la pauta y él se dejaba llevar.

En realidad yo no me sentía homosexual para nada. Quería que el asumiera un rol totalmente pasivo, sumiso, pero le dejaba probar un poco del rol activo. Pensaba que si no le daba algo a cambio no se dejaría hacer.

A veces parecía que mi primo quería huir, pero yo lo asechaba, lo buscaba y finalmente se dejaba seducir. Sin duda el disfrutaba, pero siendo apegado a las normas, sentía culpa por todo aquello. Eso, en lugar de desalentarme me excitaba aún más.

Espero que te haya gustado y me digas si vale la pena que continúe con mi confesión.

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