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Señora Dora

26 de octubre de 2010
por Javierito

Dora es una mujer casada de 50 años, lleva 25 años de matrimonio, tiene 2 hijos: Franco de 24 y Miguel de 22, su marido Aníbal es un hombre de 54 años, que por problemas al corazón, ya no puede hacer una vida normal, eso incluye el sexo.
Dora es muy católica, va todos los domingos a misa y su casa esta plagada de imagnes de santos y crucifijos. Se caso virgen y su esposo ha sido el único hombre en su vida, el sexo siempre ha sido tradicional, nada que sea o que ella considere sucio y pecaminoso.
Un día de Enero llegaron sus hijos la casa, con un amigo panameño de color, era Juan un musculoso joven de 20 años, negro, de 1.80 de estatura, Dora lo miro y extrañamente sintió un ardor en su pecho al solo verlo, no entendía su reacción
, sus hijos se lo presentaron y le pidieron si Juan se podía quedar un par de semanas, ya que lo corrieron de la casa donde arrendaba y no tenia donde dormir, Dora se complico, no sabia que hacer, pero después de tanto insistir sus hijos la convencieron, se quedaría en la pieza del fondo al lado de la pieza matrimonial de Dora y Aníbal.
Esa noche Dora despertó a mitad de la noche, sudando y respirando agitadamente debido a lo que ella consideró una pesadilla: se veía violentada y abusada por Juan, ella trataba de escapar de los fuertes brazos del joven negro pero no lo lograba, sentía las manos de este en su sexo, y una de sus pierna entre las suyas intentando hacer palanca para abrirlas, en medio de esa lucha fue que se despertó estremecida por esas visiones…
No pudo volver a dormir, la madrugada la encontró dándose vueltas en el lecho tratando de olvidar esa piel oscura, esa mano hurgando en su pubis, esa pierna abriendo las suyas… para pene-trarla…, se imaginaba a Juan en la pieza del lado, durmiendo… desnudo, sí, se lo imaginaba desnudo, eso era algo que no podía entender…, hasta rezó para pedir el olvido de esas visiones inquietantes.
Se levantó muy temprano, sin despertar a Aníbal, y se metió en la ducha, dejo correr el agua muy fría sobre su cuerpo y se estremeció, primero de frío… y después de una extraña sensación física cuando paso su mano con el jabón por su pubis y su sexo. Estaba en eso cuando alguien abrió la puerta del baño. En la familia nunca ponían el cerrojo, pues si la puerta estaba cerrada era porque había alguien adentro.
Era Juan, entró y al escuchar el agua caer y ver la cortina de la ducha corrida, dijo con total naturalidad:
-Soy yo, Juan, orino y salgo al tiro…
Dora, no supo que decir, recordó a una amiga que le había contado que en su casa cuando alguien estaba duchándose igual los demás podían entrar a usar el lavamanos o el WC. Además, la cortina de baño era de un plástico grueso, y no era transparente, así que Dora después de unos segundos contestó:
-Hola Juan, esta bien, entiendo…
-Bien día señora- respondió el joven.
Y Dora pudo escuchar por sobre el ruido de la ducha un grueso chorro de orina cayendo en el agua de la taza.
En esos momentos algo pasó por su mente, como un relámpago instantáneo, y sin pensar lo que hacía corrió un centímetro la cortina hacía el lado donde estaba el WC, y asomo un ojo…, y lo vio…, vio el pene de Juan orinando, era una verga impresionante, aun para ella que solo había visto el pene de Aníbal y el de sus hijos cuando niños. Debía medir unos 15cms así fláccido, y colgaba en un grueso arco por entre los dedos del negro. Era de color café, incluso algo más oscuro que la piel de Juan, y el glande que se asomaba casi entero tenia un color rosado muy oscuro y opaco. Dora miró como hipnotizada esa verga tan distinta en color y sobretodo en tamaño a la de su Aníbal, y olió extasiada el perfume de la orina…, de súbito se dio cuenta de lo que hacia y cerró bruscamente la hendija de la cortina, y cerrando los ojos dejo que el agua fría se llevara esa imagen de su mente…
Escuchó cuando Juan salió cerrando la puerta del bañó, salio de la ducha, corrió el pestillo, y sin saber porque se puso a llorar sentada en el borde la tina.
Dora se sentía pecadora, sucia, al ver el miembro de otro hombre, que no era su marido, rezo un rosario así desnuda como estaba, Dora de 50 años, gordita, de pechos grandes, de pelo corto rubio teñido, bajita, no mas de 1.60, de culo grande y abultado, nunca ha hecho el amor con su marido desnuda, lo encontraba inmoral y ella era muy recatada, por eso se encontraba sucia, porque ella misma corrió la cortina y le vio el pene a Juan, ese negro que llego a desordenarle la vida, soñó con el, desnudo y eso le provocaba, según ella un pecaminoso cosquilleo en su sexo.
Llego la hora del desayuno y ahí volvió a aparecer Juan, ella se inquietaba, se sentía extraña al ver a ese negro de 20 años, guapo, recordaba su pene y no podía dejar de pensar en ese enorme pedazo de carne, seguía sintiéndose pecadora y dejo el desayuno a medio hacer y partió a rezar al segundo piso, Aníbal su marido se extraño, pero sus hijos, incluso Juan, ayudaron con el desayuno y comieron animadamente.
Todos se fueron a sus quehaceres, menos Juan y Dora, Juan tenia libre en su trabajo, era modelo de ropa interior y Dora que era dueña de casa, estaba nerviosa, al quedarse sola con ese mozalbete, estaba incomoda, a media tarde, Dora dormía una siesta, despertó convulsionada, volvió a soñar con Juan esta vez, el dormía desnudo, con su verga erecta eran mas de 2o cms. de pene, era una verga impresionante, despertó llorando, sofocada, pidiéndole perdón a Dios y rezándole a la imagen de la virgen Maria en su dormitorio.
Se levanto, quería ir al baño, volver a ducharse, pero la pieza de al lado donde dormía Juan, estaba abierta, Juan dormía, igual que el sueño, encima de la cama desnudo, con su verga dura, como si el sueño fuera premonitorio, su verga debía medir 25 cms. se acerco, a Juan solita, sabia que era pecado, pero algo la llevaba donde ese negro, se acerco y tímidamente toco la cabeza de la verga y Juan salto en medio del sueño, miraba la verga, un poco asustada de que Juan despertara y la sorprendiera, volvió a tocar la verga esta vez un rato mas largo, los cocos de Juan eran gigantes, como de toro, lo raro sentía como sus pezones se erectaban, se sentían sucia, pero no podía dejar de ver y tocar esa enorme verga oscura.
De pronto se vio a si misma ahí, frente a ese joven hombre negro, que dormía desnudo sobre la cama, y ella inclinada sobre él con su mano tocando ese miembro erecto…, y se asustó, le entró un pánico que la hizo temblar de pies a cabeza, se dio cuenta de lo que hacía, del riesgo que estaba corriendo… si Juan despertaba, y rápidamente salió de la pieza y se fue al baño, cerró la puerta y se puso a llorar, de vergüenza y de también miedo por el peligro que había corrido en su locura.
Luego de un rato en que recupero la razón, aunque igual sentía latir su corazón aceleradamente…, repasó en su mente lo que había hecho y sus mejillas se ruborizaron, se sentía avergonzada, vulgar, sucia…, pero también excitada. Volvía a ver en su mente otra vez ese miembro erecto, potente, erguido como un mástil orgulloso, veía su piel oscura, el glande violáceo, brillante por la intensa erección…, volvía a sentir en sus dedos pecadores la sensación del tacto de la verga, esa mezcla de dureza y suavidad a la vez. Quiso imaginar como sería tomarlo con toda la mano, sentir esa musculatura vertical latiendo como un animal vivo y pene-trante. Y más aun… sentir esa verga portentosa hundiéndose en su sexo, abriendo su vagina como en una nueva desfloración, pero esta vez con dolor y placer, y sintió que su vulva se apretaba ante esa imagen voluptuosa…, y su mano se movió hacia su pubis como si fuera independiente de su voluntad, y su dedo tocó su clítoris y lo encontró erguido, sensible… y suavemente inicio un masaje en breves círculos y Dora contuvo un quejido de placer, y cerró los ojos y se dejó llevar por sus deseos contenidos de muchos años, y su dedo siguió masturbándola mas rápido, después frenéticamente… violentamente… y de pronto sintió que su cuerpo entero se estremecía, sintió que se hundía en un abismo sin fondo, sintió el sudor en su frente y sus fluidos vaginales escurriendo de su vulva, y sintió el orgasmo inminente y grito!, y entonces le vino el orgasmo como un temblor que la quebraba en pedazos y un fuego que ardía dentro y fuera de ella y la quemaba hasta las cenizas y volvió a gritar mientras se retorcía de un placer desconocido e intenso… y después de unos instantes de goce supremo, se quedo quieta, detenida en el tiempo, como dormida, hasta que fue recobrando la respiración y la calma…, y mientras salía de ese túnel voluptuoso pensó en el negro y en su verga erecta y solo recién vino a darse cuenta de que Juan se había hecho el dormido cuando ella lo tocó…, y en vez de avergonzarse sonrió…, y en ese momento supo que esa locura no se detendría hasta que ella, la muy dama y señora sedujera a ese negro vergón y se entregara a esos deseos sucios y depravados, supo que era esa era la única salida a la trampa sexual donde estaba atrapada.
-Dora, estas bien?-, era la voz de Aníbal, su esposo.
Se sobresaltó y respondió con la voz tratando de ser normal
-Sí querido, todo bien… ya salgo…
Ahí estaba Aníbal su marido por mas de 25 años, el único hombre de su vida, en la mente de Dora, estaba el miembro de Juan esa potente herramienta de 25 cms., la comparaba con los apenas 15 o 16 de verga de su Aníbal. La comparación y la diferencia de tamaños, grosor y porte del glande eran abisman tes, Dora se desconocía, pensaba en penes, cuando en su vida tan católica y beata, en su cabeza pasaron esos pensamientos, en realidad Dora se sentía insatisfecha sexualmente, por la crianza de se madre, que le inculco que el sexo era sucio y lleno de pecado, con su esposo, quería probar otras cosas, pero su religión le impedía innovar, nunca ha mamado un pene, nunca le han chupado el clítoris, menos la han penetrado por el culo, ahora con Juan en su cabeza, pensaba en todo eso, quería liberarse, probar, no se atrevía con su marido, el se podría sorprender con que su mujer le empezara a pedir esas cosas, le daba vergüenza.
Siguió hablando con Aníbal, le explicaba que estaba un poco mareada, que por eso, estaba así como asorochada.

-me voy a tender un rato-le dijo Dora
-esta bien mi amor-le respondió Aníbal

Dora se acostó, pero siempre pensando en Juan, pensando en la forma de seducirlo, se miraba, era gorda, con tetas grandes y caídas, pero pensaba que todo hombre sueña con hacerle el amor a una vieja y si esta estaba insatisfecha mucho mejor, mas aun si era un negro con pene de dimensiones espectaculares, de solo pensar en eso a Dora se le mojaban los calzones, estaba irreconocible, pero decidida a todo.
En la noche, sintió la ducha correr, Dora bajo al comedor, ahí estaban su marido y sus dos hijos, era señal de que Juan era el que se duchaba, paso por el comedor, se tomo un vaso de jugo y volvió a subir.

-Estas mejor- le pregunto su marido
-si, querido , pero quiero seguir acostada, le dijo Dora

Dora subió la escalera y cegada pero caliente, se dirigió al baño, encontró la puerta del baño, sin pestillo, la abrió en silencio allí se encontró con lo que quería ver, su negro Juan, desnudo, con el cuerpo húmedo, se veía como un Dios venido de Centroamérica, Juan se dio cuenta de que Dora, lo estaba mirando y a propósito, se empezó a masturbar, frente a esa señora que ya no era tan católica.

Dora clavó su vista en ese miembro grande, erecto, duro, negro y vio como la mano de Juan corría y descorría su prepucio, esa piel tierna que dejaba expuesto el glande rosáceo, brillante, y luego lo volvía a ocultar, en un juego que la atraía como un potente imán, por su mente pasó la imagen de su esposo y sus hijos abajo en el comedor, y en vez de asustarse le vino como un golpe de adrenalina, sintió que el riesgo hacia mas voluptuosa la situación, se supo excitada, deseosa de esa verga grande, erecta, dura, negra, deseos de tocarla, sentirla en su mano…, en su sexo que ya sentía húmedo y ardiente, estaba atrapada otra vez, y ahora se dio cuenta que mas temprano que tarde la vencerían los deseos…
Se quedó en silencio y él dejando de masturbarse puso su miembro a la vista de ella. Era largo y grueso, el glande era inmenso de gordo y el tronco de un grosor impresionantemente, Dora se dio cuenta que debido al tamaño, el miembro estaba hinchado y brillante pero no se levantaba hacia arriba, sino que colgaba horizontal balanceándose entre sus piernas, apuntándole directamente de manera amenazadora.
Sin poder contenerse más, tímidamente se acercó al negro y estiró la mano, y suavemente restregó con sus dedos la suave piel del glande; notó como el órgano palpitaba de placer, algo similar ocurría en su vagina; siguió sin medirse con este cadencioso juego.
El le dijo despacito que se lo apretara y comenzó a enseñarle con su mano sobre la de ella como movérsela. Le pidió que se lo hiciera cada vez más rápido. Dora le desplazó la piel que lo cubría haciendo relucir la inmensa e hinchada cabezota. La sensación fue sorprendente, nunca había sentido tanta dureza y tanto poder, la tenia muy tiesa, gorda y caliente, tanto que le pesaba en la mano.
Dora, con la mano hacía que la piel del miembro se deslizara sin dificultad en movimientos de avance y retroceso, en las sucesivas sacudidas que le daba al sensual objeto de su deseo. Notaba como se le endurecía producto de sus manoseos, comenzó a frotársela aceleradamente, su largo y duro miembro se engrosaba e inflamaba cada vez más. Su mano estaba en completa posesión de ese instrumento sexual hinchado y rígido, la cabeza relucía a causa de la presión de la sangre y el endurecimiento de los músculos.
Friccionó el miembro varias veces, notó que un hilillo de semen se salía del ojito del pene. Era una maravillosa sensación.
Mientras masturbaba el endurecido miembro, que estaba absolutamente enrojecido, miraba atentamente la cabecita hinchada y brillante aumentar su tamaño. Todo esto sucedía cerca de su cara, y sentía el sensual aroma emanado del miembro, el que le incrementó el trastorno de sus sentidos.
En un momento Juan le pidió que se metiera la hinchada punta de su rígido miembro en su boca. No pude reprimir las ganas y se lo metió en la boca, lo hizo hasta casi sentir que el glande copaba por completo su cavidad bucal. Recibió el duro y palpitante objeto entre sus labios y admitió tanto como pudo en ella. Comenzó a lamer alrededor de su majestuosa cabeza, mientras su vagina palpitaba de placer anticipado.
Se la tragó suavemente degustando el saborcito especial del hermoso pene, se la chupaba ardientemente saboreando esa magnifica verga casi hasta atragantarse. Casi sin darse cuenta de como había sucedido, tenia el durísimo miembro entre sus labios, sin dejar de acariciar con sus dedos el duro y grueso tronco. Sus mandíbulas no acostumbradas al sexo oral, y debido al desmesurado grosor de ese miembro sintieron el agotamiento de las continuas y numerosas mamadas.
El negro puso sus manos en su cabeza y la guió arriba y abajo, así podía hacerle saber lo rápido o lento que quería que fuese. A esas alturas Dora navegaba decididamente por el mar del placer, y chupaba el miembro con la fuerza de un ternero hambriento mamando la ubre de su madre. Juan susurró enardecido…
-¡Mami…, mamita, así… sí, ¡ahhh, sigue, ahhhh!, ¡Eso, ahora recorre la cabeza con tu lengua!, ahhh, eso chupa con fuerza, que boquita tiene mi mamacita, ahhh, ahhhh!
La boca de Dora sentía en su interior la tremenda dilatación de ese rígido aparato, ante la acumulación de todo el placer que no tenía salida y se acumulaba dentro de su piel amenazando con estallar, igual que una represa y derramarse entero sobre ella.
Por lo que los esfuerzos del negro para contenerse eran supremos, y empleaba en ello todo su autodominio, para lograr prolongar el placer que la lengua y los labios de ella le proporcionaban. Hasta que de pronto sus piernas comenzaron a temblar y con voz agitada le dijo:
-¡Ah, me corro, mamacita te la voy a dar!
Aún no terminaban de sonar estas palabras, cuando Juan se derramó en la boca de Dora, llenando su boca con su lechoso, denso y caliente líquido.
Ella se sintió casi ahogada al sentir todo ese semen chocando con su garganta, así que en un movimiento reflejo la sacó de su boca tomándosela firmemente en su mano. Y pudo detalladamente, como él se estaba corriendo, desparramando el moco a diestra y siniestra, siguió meneándoselo y ordeñando su leche, al mismo tiempo saltaban por los aires, otros potentes chorros, desde esa manguera, ella seguía refregando ávidamente, a pesar del voluptuoso estallido. El pene, babeaba a raudales el líquido denso y lechoso, corría por debajo del pene más abajo del glande y caía en sus pechos desnudos, pues durante la masturbación el negro la había abierto la bata dejando tu tetamenta expuesta a los ávidos ojos del moreno dios centroamericano.
De pronto Dora escuchó las voces de sus hijos que subían por la escalera, asustada cubrió sus pechos chorreados de semen, miró a Juan con ojos de comprensión y salió rápidamente de baño y se encerró a llorar desesperadamente en su dormitorio
Dora lloraba como una Magdalena, después de ese acto sexual con Juan, nunca había mamado un pene, estaba con su boca cansada de tanto chupar un pico tan grande y grueso, se limpiaba sus tetas grandes, llena de la leche de Juan, al sacarse un poco, lo llevaba a su nariz y olía el olor de ese liquido, era un olor poderoso a macho bruto, el olor la envolvía, cerraba los ojos y volvía a pensar en el miembro de Juan, la tenia loca, se desconocía por completo, en eso estaba cuando sus hijos tocaron su puerta y la volvieron a la tierra, aun estaba sacando el mucho semen del negro que quedaba en sus pechos, sus hijos querían darle las buenas noches, Dora abrió la puerta y beso en las mejillas a sus hijos, en ese instante paso Juan por atrás y como un rayo veloz, el deseo la tomo de nuevo, se puso nerviosa, sus hijos lo notaron.

-que pasa mama???-pregunto Franco
-nada hijo, aun estoy mareada-le dijo Dora
-bueno mama, que tengas buenas noches-siguió Franco
-tu igual, hijo.

Dora cerro la puerta, aun nerviosa y confundida, recordando lo que había hecho con Juan, se cuestionaba, era amigo de sus hijos, casi 25 años menor que ella, era negro, en fin un montón de cosas daban vueltas en su mente, pero se sentía excitada aun, quería repetirlo, sus deseos eran cada vez mas fuertes, en eso llego su marido, le pregunto como seguía y se acostaron a dormir.
Al día siguiente, Aníbal salio temprano, los hijos de ambos dormían profundamente, Dora se levanto y se fue a dar una ducha, se desnudo, dio el agua y empezó a ducharse, masajeaba sus pechos, se tocaba los pezones duros, y su sexo mojado entre excitación y el agua, en eso estaba cuando sintió la puerta abrirse, se corre la cortina y ahí estaba nuevamente Juan, lo miro a los ojos y se veían los deseos de el negro por poseerla, sin previo aviso Juan se fue directamente con sus dedos a la vagina de Dora, ella sintió el fuego de sus dedos y una exquisita sensación que nunca su marido le había provocado, de improvisto Juan se acrco y la beso en los labios con pasión, su lengua entraba en la boca de Dora, en un beso fogoso, tan distinto a los besos que le daba Aníbal, Dora estaba caliente de nuevo, sintiendo los besos de Juan y sus manos en su vagina , luego las manos de Juan se fueron a sus pechos grandes y caídos, le apretaba sus pezones y el cuerpo de Dora temblaba de placer, como un bebe se fue a sus pechos y le chupaba con desesperación los pezones erguidos, Dora solo gemía.
Juan bajo y bajo y se fue con su lengua al clítoris de esa madura mujer, la mama de sus amigos, lengueteaba como todo un experto ese choro, Dora gemía y gemía, le pedía mas a ese macho negro, su lengua entraba a lugares que el marido de Dora nunca entro, un olor a hembra caliente se impregnaba en la cara de Juan, los líquidos vaginales, le empapaban la cara y la boca que chupaba y lamía su clítoris, como un volcán Dora ardía y de pronto como un estruendo, llego el orgasmo, el mejor orgasmo de su vida, Aníbal nunca le había dado uno y su macho negro la tenia acabando, delirando de gozo.
Juan la dio vuelta y le abrió los cachetes de su trasero y sin asco Juan le empezó a lamer la raja y el ano, Dora sorprendida gozaba, era una experiencia rica que nunca había sentido, Juan metía lo mas dentro posible su lengua y le daba besitos en las nalgas, Dora se reía de las cosquillas que eso le provocaba, pero lo disfrutaba, Juan le daba placer y ya no se limitaba quería gozar mas y mas. Le metió un dedo y dora se quito un poco, pero Juan suavemente siguió dilatando el ojete, alternando con la lengua en ese hoyito rico y fragante, en eso estaban, cuando al mirar la puerta del baño, que se les había quedado abierta, ven a Franco el hijo mayor de Dora viendo como Juan, su amigo negro, manoseaba a su mama que estaba desnuda.Juan y Dora lo vieron, pero el se estaba pajeando al ver ese espectáculo.
Sigan, sigan!!- dijo Franco con la voz entrecortada, y pajeándose frenéticamente.
-Hijo…nooo!, hijooo, perdóname, no sé que me pasa- le gritó desesperada Dora.
La escena era dramática, Dora desnuda inclinada sobre el borde de la tina de baño, Juan desnudo inclinado sobre el gran trasero de Dora con una mano metida entre las nalgas pálidas de ella y un dedo pene-trándola en su ojito anal, y Franco vestido con su larga verga afuera del pantalón y con su mano masturbándose… Los tres estaban como hipnotizados.
Hasta que Dora reaccionó avergonzada y safándose del Juan salió atropelladamente del baño empujando a un lado a Franco que no soltaba su verga erecta.
Dora se encerró en su dormitorio, y cuando Aníbal le pregunto que le pasaba solo le dijo que quería que Juan se fuera de casa. No pudieron convencerla de que no pidiera eso, ni tampoco les dijo el porque. Solo Franco sabia el porque, pero guardó total silencio.
Juan se fue esa misma tarde. Dora lo vio por la ventana salir con su equipaje y alejarse por la calle caminando cabizbajo.
Cuando salió del dormitorio, solo estaba Franco en la casa. Conversaron sobre lo sucedido, al principio muy cohibidos, pero después tomaron confianza y Dora le confesó a su hijo todo lo que había sentido y hecho con Juan. Franco la comprendió, sabia que su madre a pesar de su recato y pacatería era una mujer sensual, sabia que entre ella y su padre ya casi no había contacto físico. Le confesó a su madre que él la espiaba, que hurgaba en la ropa sucia para oler y masturbarse con su ropa interior, Dora lo escuchaba espantada… pero muy atenta, Franco le confesó que siempre revisaba el lecho matrimonial de sus padres para ver si había indicios de sexo y hacia mucho que no encontraba nada. Franco le contó que el a un a los 24 años era virgen, que su timidez le impedía tener relaciones con mujeres, le confesó finalmente que la deseaba como mujer a pesar de que era su madre…
Dora no sabia que decir, lo miraba a los ojos en silencio. Cuando vio a su hijo tan apesadumbrado le tomo una mano con cariño y le dijo:
-Mi niño…, este tranquilo, yo te ayudare a sobreponerte a tu timidez…, será nuestro secreto, yo seré tu primera mujer…
Dora como enajenada, se levanto, se abrió la bata y quedo desnuda delante de su hijo, no tenia vergüenza en mostrarle su cuerpo para nada sensual, sus pechos grandes caídos, su panza flácida , su sexo peludo, su trasero gigante, le daba lo mismo, estaba ardiendo por un hombre, pero ese hombre era Franco su hijo.
Franco tímidamente tomo uno de sus senos, lo toco y le apretó el pezón, Dora solo gimió, luego Franco como cuando era un bebe, se acerco y comenzó a mamarle los pechos, como desesperado, como loco, de tanta pasión, le mordía los pezones, pero eso a Dora parecía calentarla más, ella solo atinaba a despeinarlo, diciéndole – eso mi niño, sigue así.
Dora estaba mas caliente que cuando Aníbal la tocaba, ya no sentía nada por su esposo y el sexo con el era obligatorio y por cumplir, Juan el panameño negro, le despertó todos esos deseos cohibidos por años, todo lo que su madre le decía que era cochino, Dora quería probarlo, pero en sus pechos estaba su hijo, eso era impensado antes que llegara Juan a revolverle las hormonas a Dora.
Franco se desnudo por completo y Dora observaba su jovial cuerpo, era blanco como Aníbal, pero de un físico espectacular, lleno de músculos y un pene que ella no miraba desde que lo mudaba cuando era un bebe, ese pene había crecido y sin exagerar pasaba de los 20 cms., Dora estaba como hipnotizada al verlo, estaba con liquido preseminal en la puntita, signo de lo caliente que estaba Franco, lo tomo de la mano y se acostaron en la cama matrimonial, en esa cama en que lujuria no había hace muchos años ya.
Se besaron tiernamente, besos que poco a poco, aumentaron en calor y deseo, transformándose en besos llenos de fuego y pasión, besos muy calientes para que sean madre e hijo, besos ardientes llenos de erotismo.
Franco se poso encima de su madre, beso su cuello, sus pechos grandes, mordió sus pezones, beso su vientre y llego al sexo de Dora, su primer sexo, estaba húmedo y un olor a hembra caliente emanaba de ese lugar, sin timidez, Franco se acerco, olio los olores del sexo de su madre, sin aviso saco su lengua y empezó a lamer la húmeda vagina de Dora, Dora sorprendida, nunca su marido le había hecho eso, se asusto pero a la vez le gusto, para ser la primera vez de ambos haciendo sexo oral, estaba nada de mal, sentía la lengua de su hijo hurgueteando en su vagina, recorriendo todos los recovecos de su sexo, estaba como loca gozando, como nunca había gozado en una cama, Franco se salio y la dio vuelta la puso en posición fetal, y sin asco, le abrió las nalgas y empezó a lamer el hoyito de su mama, de una manera muy rica, eso a Dora la mojo por completo, mas de lo que ya estaba.
Dora se dio vuelta, los revolcones entre ambos en la cama no paraban, Dora arriba, le besaba la boca, mordió sus tetillas y llego al pene de su hijo, tal como lo hizo con Juan, lo tomo y se lo echo completo en la boca, lo lamía y chupaba con frenesí, Franco solo cerraba los ojos gozando, las mamadas de su madre, Juan la había echo una maestra en el arte del sexo oral.
En eso estaban desnudos teniendo sexo, cuando por sorpresa en el umbral de la puerta estaba Juan, que había vuelto a buscar unas cosas que se le habían quedado, Dora y Franco lo vieron y ambos le hicieron el ademán de que ingresara y se acostara con ellos.

Juan se desnudó rápidamente y se subió al lecho ubicándose entre Dora y Franco, su verga esta erecta, dura, era 5 cms mas larga que la de Franco pero igual de gruesa y dura, Dora comenzó a mamara la verga de Juan como poseída de un ardor ninfomano y con una mano tomo la verga de Franco y comenzó a masturbarla violentamente, sentía ambas durezas en su boca y mano y eso la volvía loca, no quería pensar, solo sentir, ser la hembra que estuvo contenida desde siempre, gozar las vergas que el destino le había puesto por delante y nada mas…, los dos jóvenes se dejaban mamar con los ojos cerrados y dando quejidos de placer como un coro a dos voces. La otra mano de Dora busco su propio sexo y comenzó a masturbarse, con su dedo en su clítoris hinchado de deseo como una pequeña verga rosada y mojada…, de pronto sintió como un delicioso vahído que la hundía en un goce sexual extremo, como nunca lo había sentido, chupo el pene de Juan con toda la fuerza succionadora de su boca y pajeó a Franco con toda la fuerza de su mano… y sintió venir el orgasmo como una ola que la arrastraba violenta y tumultuosa… soltó la verga de su hijo, y sacio de su boca la verga de Juan y gritó.. gritó desde lo mas profundo de su ser de hembra, grito como si la violaran, como si la rompieran en pedazos, como si la aplastara un toro macho y la desvirgara con el ímpetu de un animal sexual. Gritó, aulló, se quejó, atrapada en ese orgasmo divino… hasta que se hundió en una inconciencia voluptuosa y fue perdiendo el sentido de la realidad y vagó por un sueño de vergas erectas y de orgasmo continuos y… todo se le oscureció…
Y no supo más de ella de Juan de Franco ni de nada hasta que despertó tendida en la cama matrimonial, y abrió los ojos lentamente y los vio.
Los dos jóvenes estaban abotonados de pie al lado del lecho, Franco inclinado sobre la cama y Juan detrás de él lo penetraba analmente moviéndose en un continuo mete y saca, ambos jóvenes tenían los ojos cerrados y por las expresiones de sus rostros Dora se dio cuenta que ambos estaban gozando en el limite del goce sexual
Dora veía como Juan penetraba a su hijo Franco, en vez de escandalizarse, se excito mas aun, sus dedos se empezaron a perder entre su vagina, aun húmeda e hinchada, Juan y Franco, la vieron, y siguieron en su mete y saca desenfrenado, en eso estaban, Juan se salio de Franco y ambos se fueron al lado de Dora, Juan se puso por atrás y Franco por debajo de su madre, Juan sin aviso abrió las nalgas de Dora y con un empellón de aquellos le puso toda su verga en ese culito, nunca antes culiado, Dora grito como si la estuvieran matando, en ese culito, que ardía y dolía como si un palo con fuego destrozara y quemara los pliegues de su ano.
-ay ay ay ay ay ay- gemía Dora

Franco por debajo se puso en su choro y la penetro con fuerza, al fin Dora era penetrada por sus dos agujeros, sentía morirse, con dos penes en su cuerpo, sudaban los tres, el olor a sexo en esa pieza se impregnaba por todos lados, los tres cuerpos mezclados, en una sesión de sexo caliente impensado para Dora, antes de la llegada de Juan, sentía los 25 cms del negro en su culo, quemándoselo, y los 20 cms del pico de su hijo en su vagina , así estuvo mas de media hora, se sentía fallecer, hasta que Juan acabo abundante leche en sus cachetes y Franco saco su tula y le echo sus mocos en las grandes tetas de su madre, los tres se besaron y se acostaron juntos, se quedaron dormidos, bastante rato, eso fue el comienzo de muchas tardes mas

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