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SEXO CON MI HERMANO

2 de abril de 2007

Pues si, queridos amigos/as, la calentura de una noche de verano que me dejó hambrienta y la relación sexual de esa noche con mi hermano, que era la primera vez, me ha marcado para siempre, pero no solo no me arrepiento, sino que soy feliz y estoy entregada al sexo totalmente. Me llamo María, mido 1,73 y uso una talla 38 y una 90B, tengo 26 años, soy bisexual y vivo en Valencia. Todo lo que voy a relatar es cierto.

Sucedió a fines de Junio, cuando yo contaba 19 años. Un sábado noche. Yo me había ido a cenar con un grupito de amigos y amigas y luego teníamos pensado ir a estudiar a la biblioteca de la universidad, ya que los exámenes estaban encima y no me quería descuidar, deseaba pasar un "buen verano", ya me entendéis. Mis padres estaban en Madrid por negocios y para ver la familia y mi hermano, suponía estaría con una de sus novias. Mi hermano Juan tenía 25 años, mide algo mas de 1,80 y su poya era famosa entre las mujeres.

Sobre las 02 horas de la madrugada, dejé los libros sobre la mesa y me fui a la cafetería a tomar un café doble y a fumarme un pitillo. Después de descansar un poco y de hablar con algunos compas, me fui al baño y al pasar por el pasillo que lleva a él, oí a través de una ventana abierta, unos gemidos sexuales, me asomé un poco y vi a una conocida, que se estaba dejando "meter mano a gusto" por otra mujer.

Nunca me imaginé a Marta siendo lesbiana o bisex, así que salté por la ventana y me escondí, como una frustrada, detrás de un seto. Nunca se me había ofrecido la posibilidad de ser bisexual ¡lo habría aceptado aunque solo fuese por probarlo!, pero desde los 18 años, solo he sido poseída por hombres. Así que allí escondida, me fui masturbando mientras aquellas dos mujeres se ponían moradas de placer.

Cuando las dos se fueron, salté de nuevo la ventana, me introduje en el baño y me limpié los jugos que corrían por mis piernas. Pero al entrar de nuevo en la biblioteca, tenía a Marta, solo dos mesas delante de mi y frente a mi, así que me volví a excitar, la miraba más a ella que a los libros y al final también ella me miraba a mi de forma especial, así que dejé los libros y me volví a casa ¡con una ganas de ser follada impresionantes!.

Al llegar a casa, oí más gemidos sexuales y me imaginé que sería mi hermano con la tía del mes, así que procuré no hacer ruido para no molestarles y odiándoles por no ser yo la penetrada, pero al pasar por la puerta entreabierta del salón, me di cuenta que los sonidos venían de la televisión, así que un poco extrañada, me asomé y vi a mi hermano, totalmente desnudo y haciéndose una paja, o sea, que se estaba masturbando viendo una peli porno. Allí tenía yo a mi hermano, con su famosa y hermosa poya de 20 cms. y gruesa como un brazo (eso decían las amigas).

Eso, me puso ya más caliente que un horno de fundición de acero, mi hermano sin un coño y mi coño caliente y deseando eso que mi hermano tenía en su mano, así que empecé a masturbarme con locura, tanta que di con mi codo un golpe en la puerta y esta se abrió, mi hermano alzó su mirada y allí estábamos, el en el sillón pajeándose y yo de pie en la puerta, haciendo lo mismo.

Mi hermano Juan, reaccionó muy rápidamente, se levantó, vino hacia mi, levantó su mano derecha (me pareció que me iba a agredir), pero me acarició la mejilla y dijo en voz alta:

- ¡Vaya, parece que esta noche estamos condenados los dos a satisfacernos solos!.

Y yo, tragando saliva, dije muy bajito:

- ¡Necesito esta noche hacer el amor, el sexo, ser follada, lo que sea, pero no quiero satisfacerme sola!.

Mi hermano me dice:

- ¡Maria, somos hermanos, si no fuese por esa razón, hace ya tiempo que serías mía. Me gustas como mujer y se por algún amigo tuyo, que follas divinamente!, pero, somos hermanos y eso podría ser un juego peligroso.

Yo le cogí su falo aún endurecido y le dije con toda mi cara:

- ¡Yo solo veo un cuerpo que

me gusta y toco una poya que deseo y necesito!. ¡Si no lo hacemos hoy, no lo haremos nunca!, necesitamos sexo los dos, así pues ¿qué lo impide?.

Mi hermano Juan, me volvió a acariciar el rostro, se fue a la TV, la desconectó y tal y como estaba yo, aún vestida, me levantó, me tiró sobre el sofá, me apartó la minifalda, me arrancó las bragas y tirándose encima de mi y sin ningún miramiento, me penetró salvajemente. Grité de dolor, de sorpresa. No tuvo ningún reparo.

Su grueso miembro entró con fuerza en mi interior, destrozándome, partiéndome en dos, separando mis piernas bruscamente. A pesar de estar supermojada, me dolió y empecé a llorar mientras mi hermano la seguía metiendo y sacando con toda su fuerza, aplastando mi clítoris y dilatando brutalmente mi vagina, de repente me dice:

- ¡Nena, esto es solo sexo, relájate, que lo bueno vendrá más tarde! Tú lo has dicho antes, si no lo hacemos esta noche no lo haremos nunca, pero la noche es muy larga. Así que disfruta de cada segundo. Ahora, vaciemos los dos nuestra frustración, así luego, el placer será verdadero placer.

Eso me relajó y empecé a disfrutar de lo que tenía en mi interior. Me fui relajando y me giré un poco para que entrase mejor. Mi hermano dijo:

- ¡Parece que la niña goza ahora!.

¡Niña, me había llamado niña!. Iba a demostrarle que si el era hombre, yo también era mujer, así que empecé a mover mis caderas lentamente, dejando que el bruto de mi hermano terminase "su trabajo" ayudado por mi. Su miembro me destrozaba, era muy gordo, pero me estaba dando un placer enorme y empecé a correrme, mi hermano cogió no se de donde, unas servilletas y las puso bajo mi culo para no manchar el tejido del sofá. Una, dos, tres veces me corrí y estaba fuera de mi.

Tenía encima un macho que me la estaba clavando de verdad, abriéndome las piernas como nunca lo había hecho nadie y encima ¡era mi hermano!. De repente noté que se iba a correr él y le ayudé, le cubrí de besos, de caricias………. y me llenó de su semen. Semen de macho, de hombre…….. de hermano.

Cogí su rostro con mis dos manos y acerqué mis labios a los suyos, le besé lentamente y el me cogió y me besó con pasión, con fuerza, con rabia, con deseo, nuestras lenguas se ataban y se desataban, nuestros labios deseaban ser fijados y clavados. Y cesó de repente. Mi hermano me miró, sacó su miembro de mi interior y se levantó. Y entonces me dijo.

- ¡Esta noche puede ser muy larga!, ¿deseas tu también que lo sea?.

Asentí con la cabeza mientras sonreía al pensar que todo ese enorme pedazo de carne sería mío para siempre. Lo tenía en mi casa y no pensaba dejarle que vaciase en el coño de otras, lo que podía ser para mí. Él se fue hacia la barra del bar, puso dos whisquis y yo me levanté y empecé a desnudarme. Él me miró y dijo:

- ¡Espera!, María, he oído en las discotecas que frecuentamos, que eres muy sexual y caliente, incluso hace unos meses me peleé con un "amigo" tuyo por decir que eras una puta en la cama.

Te he penetrado de esa manera brutal, no se por qué razón, pero me he dado cuenta de que disfrutabas y me has hecho disfrutar, pero pocas hubiesen aguantado lo que has aguantado tu con mi grueso miembro. Yo soy morboso y muy vicioso ¿hasta donde puedo llegar contigo?.

Yo solo le dije:

- ¡Haz en mi, tus peores sueños sexuales y tu puta personal, si lo deseas!

Y eso es lo que ha hecho de mi. Se me acercó, me dio el vaso de licor, me empujó sobre el sofá, encendimos unos cigarrillos y de vez en cuando, me cogia y me quitaba una prenda de ropa y así hasta que me desnudó totalmente, mientras pellizcaba mi clítoris. Apagó el cigarrillo en el cenicero, cogió un cigarro de la mesa de centro, me abrió las piernas y me lo fue introduciendo por mi súper húmeda rajita, yo estaba excita y no tardé en correrme otra vez. Mi hermano encendió el cigarro, llenó de mis jugos y me lo dio a fumar, al ver mi cara un poco asombrada me dijo:

- ¡No lo olvides, eres mi puta y harás TODO lo que yo te pida, ¿estás de acuerdo? ¿O realmente no eres la mujer que me han dicho y que tú presumes?

Yo asentí un poco asustada por el tono de su voz, pero algo hizo que me corriese por el cuerpo

una larga descarga eléctrica y de todo corazón, le dije:

- Juan, hasta hoy eras solo mi hermano y desde hoy, serás TODO lo que desees ser y yo seré TODO lo que desees que sea. Mi límite será siempre, el que tú decidas.

Y para hacérselo ver, empecé a fumarme el primer cigarro (puro) de los miles de cigarros que he fumado hasta hoy. Me cogió las piernas y me las separó más, me estiró hacia delante, poniéndome el coño en el borde del sofá, metió su cabeza entre mis piernas y empezó a follarme con su lengua mientras sus manos cogían mis pechos y me los apretaba duramente.

Empecé a correrme, empecé a entregarme a él, entre el humo del cigarro que me tragaba y me mareaba, el "trabajo" que me hacía y del que yo disfrutaba como una loca, mis fluidos salían constantemente. De repente, mi hermano me quitó el puro y lo dejó en el cenicero, me cogió en sus brazos y me llevó a su habitación, me tumbó en la cama y me penetró otra vez con fuerza.

Me rendí, me entregué totalmente a él, mi cuerpo iba de un lado al otro de la cama. He estado con tres hombres a la vez, he estado en varias orgías, pero nunca sentí nada parecido. Éramos dos bestias follándonos mutuamente, sabia que no había marcha atrás, era consciente de que mi hermano era el hombre perfecto para mi ¡como iba a existir un hombre más perfecto para mi, que mi propio hermano!. Lo comprendí de inmediato, tenía que demostrarle a mi hermano que ya no era "la niña", sino la puta que deseaba. Así que mientras le abrazaba y besaba, entregada totalmente al macho, le dije:

- Juan, rómpeme el clítoris, destroza mi vagina, hunde mis ovarios en el estómago, jódeme con toda tu fuerza y pasión y luego, ¡ábreme el culo!

Me han dado varias veces por allí, pero si me metes tu poya, seré verdaderamente tu puta. No te preocupes por mi dolor, así tú y yo sabremos para siempre, que realmente mi culo, ha sido abierto por mi hermano.

- ¡Maria, estás loca!, mi poya es muy gruesa.

- Juan, te quiero todo para mí y para siempre, ¿lo comprendes?

Y si, lo comprendió. Terminó de follarme, descansó un rato a mi lado, se levantó y de su mesita de noche, sacó un tarro de vaselina, me dio un beso en los labios, me sonrió y me preguntó:

- ¿Estás segura?

Yo asentí. Me dio la vuelta, me puso un cojín bajo el estómago, me untó el culo con vaselina y empezó a penetrarme con un dedo, me daba más masajes y metió un dedo más. Yo empecé a masturbarme como una loca. Me metió un tercer dedo, mi culo parecía se iba a romper, me quejé y mi hermano me dijo:

- Hasta que no te meta cuatro dedos, no te encularé. Si quieres, lo dejamos.

Yo pensé ¡cuatro dedos, me va a matar!, pero no contesté y seguí masturbándome. Poco después, entró el cuarto dedo en mi culo. Subía un calor horrible, el placer era más inmenso que el dolor, nunca había estado así. De repente, salieron las cuatro dedos de mi culo y mi hermano volvió a untarme más crema. Se puso de rodillas frente a mi cara y me dijo:

- ¡Mámamela, ponla dura y engrásala con tu saliva y mira bien lo que te voy a meter!.

Y la miré bien y cuando la intenté meter en mi boca me di cuenta realmente del grosor de ese cipote. Contemplé su capullo, era inmenso y maravilloso. Como pude la mamé, la engrasé y la preparé debidamente. Se levantó, se metió detrás, me cojió por los dos glúteos y me los separó.

Noté como la ponía en "la puerta" de mi ano y como empezaba a empujar. Lo intentó varias veces, yo lloraba de dolor y de deseo ¡quería eso en mi culo y no me importaba el precio!. De repente se levantó, cogió un gran trapo (no se lo que era) y me lo puso como mordaza en mi boca. Apoyó su glande en mi culo y para mi desesperación no entró, el dolor si lo hizo. Pero volvió a empujar y dio un alarido enorme y yo un enorme grito de dolor y de desesperación que ahogo el trapo. Lo tenía dentro de mi… totalmente dentro de mi.

Perdí durante unos segundos el sentido y cuando lo recuperé, mi hermano seguía metiéndolo y sacándolo. El dolor era enorme, el calor, abrasador, pero poco a poco fue cedie

ndo paso al más extraordinario placer que nunca había conocido y empecé a masturbarme de nuevo y me quité el trapo de la boca. Instantes después y agarrándome de las caderas fuertemente, se corrió en mis intestinos. Las sábanas estaban llenas de mis jugos y de su semen. Al fin, los dos caímos destrozados, cansados, vacíos, secos y muy felices.

Y yo empecé una nueva vida sexual, que me ha hecho inmensamente feliz. Hace dos meses me casé, pero soy y seré siempre de mi hermano. Es el único hombre al que quiero, es el hombre de mi vida.

Pero eso será otra historia, si este primer relato de mi entrega a mi hermano, ha gustado. No tengáis prejuicios de relaciones sexuales entre hermanos. Si cerráis los ojos, o apagáis la luz, solo somos dos cuerpos que se aman.

Autor: María

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