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SEXO CON SEÑORES MAYORES

4 de julio de 2008

Me llamo Eva y tengo treinta años. No estoy mal, tengo una vida cómoda, pero por razones de trabajo – soy profesora- vivo en zonas rurales y no puedo llevar una vida demasiado desordenada. La pasión de mi vida es el sexo con señores mayores, no me importa la edad, siempre que estén sanos, muy dispuestos, muy discretos y con ganas de gozar sin límites.

Esto que voy a relatar es una fantasía que aún no he satisfecho, pero que espero hacerlo de ahora en adelante. Ojala encuentra aquí hombres con las mismas ganas que yo, cuando lean este relato.

Siempre que salgo del trabajo me tomo una caña en el bar de al lado de mi casa donde hay muchos señores bastante comunes, pero algunos de ellos no están nada mal. Noto que me miran, seguramente cotillearán después cosas sin importancia. Pero uno de ellos siempre se me acerca y me habla. Tendrá unos cincuenta y pico más o menos, pero eso da igual, porque yo quiero follar con hombres mayores: lo tengo clarísimo.

Me pregunta que si no me aburro en ese pueblo, que qué hago tan sola, que tendría que buscarme alguna diversión… y, como el que no quiere la cosa se va acercando y me toca con disimulo por donde puede. Me pone tan cachonda que siempre que regreso a casa no hago nada más que masturbarme pensando en un polvo con él. Un día comenzamos a hablar y no sé cómo derivó la conversación sobre las maneras de follar.

- Con alguien como tú no pararía yo de follar en todo el día. Seguro que a ti no te asusta lamerle la polla a un hombre, dime ¿a ti te dan asco las pollas?

Yo, no le contestaba, estábamos en un sitio público, y aunque no nos oyera nadie, todavía me daba un poco de cosa. Pero él no estaba dispuesto a callarse. Seguro que a mí se me notaba en los ojos que estaba caliente y que me faltaba poco para caer.

- A ti te la metía yo aquí mismo. Sentadita encima de mí, en aquel rincón, subiéndote y bajándote con mis manos, con la polla dentro. Y yo comiéndome esas tetas. Si te animas, vamos al baño ahora mismo y lo que me como es ese coñito, que tengo unas ganas de meterte la lengua, seguro que sabe a gloria.

A punto de correrme me fui al baño. Cuando salí, pagué y me largué a casa. Y en la enésima paja de la noche me dije: habiendo polla estás haciendo el tonto masturbándote sola. Mañana, cuando se te acerque te lo traes y le pegas un repaso de aúpa. Si el tío es discreto podéis follar cuando queráis.

Dicho y hecho. A la misma hora entré en el bar, pero él no estaba. Me tomé una cerveza y mirando por la ventana vi que estaba en un banco al lado del bar, en la calle. Me la bebí de un trago y tras pagar salí caminando hasta donde se encontraba sentado.

Él estaba sólo, menos mal, pero no me iba acercando y no me decía nada. Yo no sé si estaba más nerviosa que mojada. Fui acercándome al banco y lo saludé. Qué cara, se estaba sobando la entrepierna por encima del pantalón. Y yo, con toda mi cara le dije:

- ¿Usted siempre quiere follar? – Ya te lo dije ayer, si quieres, me abro la bragueta, me la saco y nos damos una alegría. – En media hora te espero en mi casa. Y me fui.

Me di una ducha rápida, me arreglé y me puse perfume. Poca ropa, de la que se quita rápido. Apenas estaba lista y ya estaba llamando a la puerta.

- Madre mía, ¿y qué le digo yo a éste ahora?

No hizo falta. Hacérselo con jovencitos, con la cantidad de hombres mayores que hay con unos pollones y unas ganas de follar que no veas…

Él, mientras tanto me había desabrochado la blusa y tenía las manos dentro de mi sujetador negro; yo me saqué las tetas por fuera del suje y me dispuse a desvestirme:

- Mientras me voy desnudando, piensa qué es lo que quieres que te haga primero. – Me da igual, te la voy a meter por todos lados… ¿Te apetece comérmela para empezar? – Te hubiera comido el rabo en el bar mi

smo – ¿Delante de todos? – Delante de todos. A partir de ahora ya no te quejarás más de follar poco y mal.

Él estaba rojísimo, se le notaba súper cachondo. Se quitó la camisa deprisa mientras yo le bajaba los pantalones y los calzoncillos. Ya tenía sus huevos en la mano, sopesándolos suavemente, mientras me agachaba despacio, y comencé a lamerle la polla, primero de arriba hacia abajo, por todos los lados, sin dejar ninguno sin lamer. Después en círculos, cada vez más profundo, hasta que tuve todo su rabo en la boca.

- Mmmmm cariño, qué bien me la comes. Me la vas a comer todos los días, ya no te vas a librar… sigue comiéndome la polla por favor

¡Qué gusto! No os imagináis lo que estaba disfrutando con aquel pollón, mientras seguía acariciándole los huevos; yo lamía cada vez con más ganas, apretando los labios y girando la lengua por toda la verga. Le puse las manos en mi cabeza por detrás para que hiciera el gesto de follarme por la boca, para que me acercara la cabeza a su gusto. Su cara era un espectáculo, miraba su polla entrar y salir de mi boca y ya casi no podía articular palabras entrecortadas

- Asssssssssí, Asssssssssssssí, sigue, guapa, sigue, uffff, qué mamada…

Quería que recordase esa mamada toda su vida. Que mañana, cuando me viera al ir a trabajar se empalmara sólo acordándose de cómo me tragaba su polla la tarde anterior. Y eso no era todo lo que le iba a hacer. A pesar de tener el coño mojadísimo, quería esperar primero a que se corriera para después subírmelo encima y que se le volviera a poner dura entre mis tetas. No le quedaba mucho, así que en unos segundos comenzó a avisarme

- Me voy cielo, estoy a punto, trágatelo como una buena chica Oír esa orden me calentó más. No sólo quería follarme a ese hombre: quería que él me mandara. No me hizo falta que me lo dijera más, enseguida comenzaron a salir los chorretones dentro de mi boca y me los fui comiendo, con mucho placer, la verdad.

Nos tumbamos en el sillón y mientras se recuperaba, me metía los dedos en el coño – ahora te toca a ti, me decía, te voy a hacer una buena paja, aunque no hace falta que te lubrique, estás a mil – Estoy mojada casi siempre que te veo, hacer tiempo que quiero que estemos así, me ponías muy caliente con tus comentarios. No sé cómo he aguantado tanto. Si me he hecho un montón de pajas pensando en ti.

El viernes pasado, después de esa conversación tan larga, cuando fui al baño me masturbé, deseando que entraras de repente y me la metieras allí mismo. Y ahora mismo, al oírte siento que me corro de gusto, dime lo que quieras, quiero hacer todo lo que me digas, pero sigue metiéndome los dedos, cómeme las tetas, así, más fuerte, que estoy a punto de correrme, ahhhhh, sigue follándome, másssss, másssssss, que me corro, que me estoy cono los dedos sin la verga dentro.

Se bajó y me la puso sólo el glande a la entrada del coño. Yo no podía más, le empujaba con mis manos, pero él estaba dispuesto q que se lo pidiese más. Puso su rabo entre los labios de mi coño y empezó a moverse despacito,

- Quiero que me la pidas, que la desees, que tu coño esté siempre deseando comerse esta pija. – Por favor… fóllame, te prometo que haré lo que quieras, métela, necesito tu polla dentro – Quiero que me prometas que mañana, cuando nos encontremos en la calle, nos iremos al primer rincón que veamos para que me la chupes y tragarte toda mi leche como lo has hecho hoy.

Como yo asentía desesperada, me la metió de golpe y empezó a meterla y a sacarla con ganas. Qué bien bombeaba este hombre; yo le agarraba del culo, quería tenerla lo más dentro posible, mientras movía mi propio culo en círculos. Enseguida sentí que tenía otro orgasmo. Él también se dio cuenta y empezó a empujar como un animal, dándome muy fuerte mientras yo chillaba de gusto. – Más, más, más, más, más.

Sentía las ráfagas del orgasmo como nunca, hacía tiempo que no me corría así. Él no se había corrido todavía y yo cada segundo estaba más loca por ese hombre. Encoñadísima.

- Déjala quieta un rato -le dije- y empecé a contraer los músculos

de mi vagina alrededor de su rabo – ahhhhhhh putita mía, que bien lo haces, sigue apretándome la verga así. Qué bien me estás follando, que gussssto

Mientras tanto comencé a acariciarle los huevos con una mano.

- ¿Dónde quieres correrte cariño?

Y antes de contestar me la sacó de golpe y masturbándose con fuerza encima de mí. Le quedaban pocas sacudidas. En seguida comenzó a correrse. Yo me masajeaba las tetas, el cuello y la cara con la leche que iba saliendo.

Había sido nuestro primer polvo y no iba a ser el último.

Autor: Realidad69

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