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Sexo en las montañas

9 de marzo de 2009

Ella se puso a cuatro patas para que él pudiera introducirla por detrás yo no sabía muy bien qué hacer pero ella con un gesto me indicó que me tumbara, apartó mis piernas y mientras que él introducía una y otra vez aquella formidable polla, ella comenzó de nuevo a chuparme el coño, jugaba con sus dedos al mismo tiempo que con su lengua mientras él desde arriba no perdía detalle.

De cómo decidimos ir a la casa que tenía Pedro en la montaña, no tengo ni idea, esas cosas ocurren a veces, pero allí estaba con unos amigos pasando el fin de semana. Me había despertado pronto, hacía un día precioso, me levanté de la cama, abrí la ventana. Era un balcón pequeño y tenía medio cuerpo afuera. Veía las montañas cubiertas de nieve. Pensé: (todavía queda en estas fechas). La verdad es que no oí abrir la puerta de mi habitación, tenía que estar muy provocativa, con mi culo en primer plano.

Estaba pensando en mis cosas cuando noté que una mano me acariciaba las piernas, subían muy lentamente desde los tobillos hacia arriba, me asusté pero no quise ver quién era, quería saber dónde llegaría, noté como se paraba en el interior de mis muslos, de cómo abría las piernas para que una mano intrusa me tocara. Primero me acarició con las bragas, con movimientos circulares, que cada vez se hacían más y más rápidos, notaba cómo me humedecía cada vez más y más. Tenía curiosidad por saber quién era mi amante secreto.

Cuando sus manos me bajaron las braguitas, pero en ese instante me fascinaba la idea de que un desconocido me introdujera un dedo dentro de mi rajita buscando aquel lugar donde pudiera sentir más placer. Lo descubrió, di un salto pero me cogió fuertemente las piernas para que yo no me moviera, también le gustaba la escena, a mí no me importaba seguir el juego.

Estaba justo debajo de mí, sentado con sus manos me apartó un poco de la ventana, para que pasara mejor su cuerpo, introdujo su cabeza debajo entre mis piernas, se puso a chupar mi coño, lo hacía con delicadeza mientras sus manos jugaban con mi trasero, yo esta apunto de correrme, cuando vi por la ventana a unas amigas que venían de dar un paseo. Me saludaron con la mano, a las cuales yo no pude responder, sentía que si no me agarraba de las manos a la ventana fuertemente me caería. Me preguntaron: ¿Te encuentras bien?, yo respondí como pude, pero mi amante desconocido seguía chupando, cada vez era más y más fuerte, sus dedos se introducían con ímpetu dentro de mi culo.

Me corrí con grandes espasmos, sobre su cara, caí desfallecida sobre el balcón creía que las piernas no aguantarían mi peso, él se acercó y apoyó su cuerpo sobre mi espalda, tocándome las tetas, me dijo al oído:

-Espero que te haya gustado.

Y cuando quise darme cuenta había desaparecido. Era lo más emocionante que me había sucedido en años, yo no soy jovencita, el sexo lo he descubierto no hace mucho, pero es mejor así pues ahora sé disfrutarlo. Pero la mañana no había acabado aún y me esperaban muchas más sorpresas.

A medio día me fui a dar un paseo, había cerca un río, paseando iba viendo qué bonito estaba el campo, la primavera estaba floreciendo, el aire chocaba en mi cara haciendo que mis mejillas se sonrosasen. Me senté debajo de un árbol, se veía desde allí el río y la casa a lo lejos, pensaba que había sido buena idea el venir a pasar el fin de semana, también en mi amante desconocido, cuando a lo lejos vi a una pareja que se acercaba a donde me encontraba. La verdad es que no quería hablar con nadie, no me apetecía así que me escondí detrás del árbol esperando que pasasen.

Pero cuál fue mi sorpresa al ver que al llegar así a mi lado se desnudaron y se fueron a nadar, jugando en el agua, riéndose, tenían unos cuerpos fabulosos, él tenía un pene impresionante y eso que no la tenía… ya sabéis, no podía quitar la mirada de sus cuerpos. Veía los pechos de ella eran grandes tenían aspecto de ser tan suaves, creo que a él parecían igual que mí, porque la cogió los brazos la sacó del agua y la tendió sobre la hierba fresca.

Allí cogió sus pechos con sus dos manos, glotonamente se los chupaba, los mordía, cogía sus pezones y se los introducía en su boca una y otra vez, ella le acaricia el pelo, moviéndose un lado a otro para facilitar la labor, él baja por su vientre hasta llegar a su coño, ella abrió sus piernas en una uve perfecta, él lamía aquello que tan gustosamente era expuesto, ella acariciaba, pellizcaba sus senos una y otra vez, le cogió del pelo y lo atrajo hacia su boca donde sus lenguas se unieron en un beso largo dulce y apasionado.

Yo no podía evitarlo pero mi mano se había ido hacia mí entrepierna, me acariciaba una y otra vez viendo como esos cuerpos se devoraban, ahora ella le comía la polla. Yo cada vez miraba más y más para no perderme nada, fue cuando me delaté, él me miró, sin decir palabra a ella que seguía comiendo esa enorme polla me hizo un gesto con la mano que me fuera con ellos.

Yo no me lo creía, pero me encontraba tan excitada por lo de esta mañana, por lo que ahora estaba ocurriendo que no pude más que acercarme, me puso delante de él, ella seguía con lo que estaba haciendo, con un gesto él me insinuó que me quitara la ropa, así que desabroché la camisa, me quité los pantalones, así como mi ropa interior, él comenzó acariciarme el coño, nuestras bocas se juntaron notaba su lengua dentro de mí, sabía besar muy bien, dulce, tierno. Ella que se había dado cuenta de mi presencia se dio la vuelta quedando en medio. Mis manos fueron a sus pechos, me agaché para besarlos, a ella le debió gustar mucho.

Él se tendió y las dos nos pusimos a ambos lados para chuparle su enorme polla las dos al mismo tiempo uniéndose nuestras bocas al final de cada succión, él mientras tanto nos tocaba el culo y nuestros coños con las manos. Me tumbé en el suelo, él cogiendo mis piernas las abrió como antes había visto hacer a ella y me penetró, no fue despacio más bien fue enérgicamente, ella le ayudaba, le besaba, mientras yo sentía dentro de mí toda aquella carne moviéndose.

De repente ella se puso sentada encima de mi cabeza, tenía todo aquel coño expuesto para mí, podía verlo rosadito, hermoso, comencé a tocarlo con mis dedos, a jugar con él, ella se agacha más para facilitar que yo se lo chupara, fue maravilloso era la primera vez, pero fue formidable sentir todos aquellos espasmos, sentir como a cada roce de mi lengua ella respondía hasta tal punto que pronto noté cómo se corría, pero no quería dejarlo, pero mi compañero decidió que había llegado el momento de cambiar de pareja, así que se puso donde había estado mi lengua.

Y se puso debajo de mi coñito viendo como se hundía en aquella polla, yo me puse como había estado ella así él podría chuparme a mí sin ningún problema, yo la tenía enfrente viéndola gozar, en cada movimiento sus pechos saltaban una y otra vez, con las yemas de mis dedos rozaba en aquellos pezones que cada vez se ponía más y más duros, nuestras bocas se unieron en un beso mientras que ella también jugaba con mis pezones, los pellizcaba, sentía dolor pero no me importaba, me gustaba ese dolor tan placentero.

Sentía una pasión que jamás había sentido, sentía sus besos dulces dentro de mi boca, y cómo con cada lengüetazo dentro de mí hacía sentir la pasión. En mi cuerpo empecé sentir unos espasmos, no podía pensar en nada mi cabeza daba vueltas, quería que aquello no terminara.

Ella se puso a cuatro patas para que él pudiera introducirla por detrás yo no sabía muy bien qué hacer pero ella con un gesto me indicó que me tumbara, apartó mis piernas y mientras que él introducía una y otra vez aquella formidable polla, ella comenzó de nuevo a chuparme el coño, jugaba con sus dedos al mismo tiempo que con su lengua mientras él desde arriba no perdía detalle, vi en su cara que ya no podía más que en cualquier instante eyacularía, así fue.

Permanecimos los tres tumbados largo tiempo, nadie dijo palabra. Me dormí y cuando desperté ellos no estaban, me sentí un poco triste, pues había tenido varios amantes en el mismo día pero no sabía de ellos nada, pero pensé que así era mejor.

Autora: Mia

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