Paty tardó años en darme el culo

Por cuestiones de política estudiantil, cuando estudiaba el bachillerato, tenía que hacer labor en planteles diferentes, además del mío, en esas visitas conocí a muchos estudiantes inmersos en el movimiento estudiantil, una de ellas era Paty.

Paty, joven, como todos, es bajita, 1.50 de estatura, cabello negro largo, rizado, senos medianos que lucía con blusas escotadas, cintura esbelta y unas prominentes nalga que, siempre, llevaba enfundadas en pantalones de mezclilla, como la mayoría.
En las asambleas, Paty era muy participativa, siempre hacía propuestas -muchas de ellas extremas- por eso se hizo notar pronto, muy pronto, y yo fui uno de quienes la notamos.

A pesar de tener comisión en la política, nos las arreglábamos para cumplir en clases, pasábamos mucho tiempo juntos dentro y fuera de la escuela. Fue una tarde que cancelaron la asamblea cuando, no por accidente, nos besamos, pasamos toda la tarde con besos y caricias, en la escuela, en la banca de un parque, en el autobús a su casa y debajo de un árbol cerca de la misma, ninguno de los dos era virgen y queríamos disfrutar uno del otro

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Por drogarme termine mal

Bueno las historias que cuento son reales, no me gusta andar inventando deseos sexuales que tengo en mi cabeza, y cuando algo sale a la luz todos se enteran y mas cuando el pueblo donde uno vive es chico, esta historia real me la conto una intima amiga de esta chica y luego el propio hemano, a medida que me iba contando me iba imaginando todo y termine con la verga chorreando, por supuesto que la escribí en primera persona pero es tal cual me la conto su amiga.

Por estar drogada, esto es real y la verdad al principio me gustó pero después termine mal y toda mi familia se enteró lo que había hecho.

Me llamo caty, tengo 37 años y vivo con mi novio los dos solos, soy de cuerpo normal lo único que me destaca es que tengo la concha muy grande y parece como hinchada en estado normal, o sea que soy bien Conchuda y de labios grandes Jaja.

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La señora rubia y sus secretos

Y ahí estaba otra vez, caminando por las calles con la cabeza baja y desanimado por la situación. Nuevamente me habían rechazado en un empleo con el clásico : “nosotros te llamamos”, llamada que, por cierto, no he recibido hasta el momento. Por donde me encontraba era una zona de casas adineradas, zona llena con gente poderosa.

Cuando llegué a cierta lujosa casa (la cual no puedo mencionar por seguridad), mi desánimo desapareció cuando vi en la puerta un cartel que decía: “Se solicita empleado (a) funcional en el hogar” $4,000 SEMANALES a tratar.  ¡Mierda!, exclamé. No lo pensé dos veces cuando me decidí a tocar la puerta… Nadie abría. Luego otra vez… Y otra hasta que me cansé y mejor decidí irme. Justo después de haber dado dos o tres pasos, me abrió un hombre bien vestido y con cara de gente importante. “Buenos días”, me saludó. Yo le respondí y le dije que me había interesado el anuncio. Inmediatamente me dejó pasar. ¡Mierda!,dije otra vez en mi mente. ¡Era una casa de en sueños! Parecía una de esas para pasar el verano o algo así. Luego el hombre, muy amablemente me ofreció un vaso con agua mientras me invitaba a sentarme en uno de sus cómodos sillones. Luego de su hospitalidad fuimos al tema fuerte. Me empezó a preguntar de mí como persona. Si hay algo que nunca me ha fallado es la facilidad con la que domino las palabras, aunque sean mentiras. El sujeto le gustó mi perfil; de igual manera me dijo que su anterior sirvienta (mujer) había renunciado sin decir nada. Estábamos por estrechar las manos casi como si hubiéramos hecho un trato de empresarios…, cuando en ese momento apareció la esposa del hombre. Era una mujer blanca, de pelo rubio el cual era muy largo, muy alta (más por sus tacones) y con un culo de en sueños que, aunque no podía ver, su pantalón ajustado pronunciaba muy bien sus caderas. Era como la típica rubia tetona que se ven en los centros comerciales o lugares de lujo… Oh, vaya que era una puta de pechos grandes. No se le veían caídos ni mucho menos parecía que se los había operado. Con la camisa blanca que llevaba puesta incluso le podía ver los pezones . Le calculé 38 años (en realidad tiene 40). La mujer, a la prefiero llamar Anabelia, no se esforzó siquiera de sonreír. “Buenos días”, me atreví a decirle, pero la muy puta ni siquiera me dio la cara. El caso es que se fue y no la volví a ver sino hasta el siguiente día, que fue mi primer día trabajando para esos ricos.

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Yaz, buen culo, cuñada de mi jefe

Después de mi divorcio, por motivos de trabajo, me trasladé al norte del país, a Monterrey, Nuevo León. Ahí mi patrón abriría oficinas y yo como encargado.
Yaz cursaba en su segundo matrimonio, su esposo también divorciado previamente y, con cuatro adolescentes por mantener (dos cada uno) el trabajar ambos era obligatorio; él, saliendo seguido por su labor, a veces por varios días y ella dando clases en la universidad o asesorías particulares en casa.
Tan entrados ambos en el trabajo que su matrimonio entraba en dificultades, casi no se veían, hababan poco y, del sexo, ni hablar, cero contacto.
Una mañana, esperando en la oficina, la ví entrar, preguntó por el patrón, respondiendo que no estaba. Hizo un gesto de angustia, diciendo que tenía un problema y, sabedor que al jefe le gustaba que atendiésemos bien al cliente, me ofrecí a ayudar después de haberme presentado.

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EN MEDIO DE LA NOCHE

NOCHE 0

En medio de la noche, estaba él en mi cama, bueno en su cama, hablando literalmente… yo no podía dormir, pensando en que podríamos hacer él y yo en esa cama, lo sentía moverse al costado mío, se movía lentamente como insinuándome a algo. No sabía si estaba durmiendo, o si se hacía el dormido, pero lo que si sabía es que yo estaba hecho un volcán, con solo sentirlo respirar al lado mío, un respiro suave y pausado, uno de esos que hacemos cuando corremos y nos detenemos.

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