Con mi Suegra todo es Felicidad,Parte I

Mi nombre es Adrian y les contaré como paro teniendo sexo con mi suegra.  Tengo 32 años y recién me casaba con mi esposa, una morena espectacular de mi misma edad, ella salió embarazada y tuvimos que dejar la casa que yo estaba terminando de construir para ir a vivir a casa de mis suegros por pedido de mi esposa, ahí en casa de mis suegros mi suegro trabajaba fuera de la ciudad y venía cada 4 semanas, mi suegra se llama Diana, es una mujer color canela, alta, de rostro bello y cuerpo muy bien formado… Esa mujer jalaba más miradas en la calle que mi misma esposa. El tiempo que mi suegra quedaba sola en casa era un agasajo para mis ojos: el Jean que usaba a diario delineando su exquisito trasero, sus blusas de botones entreabiertos regalando a mi vista los senos más tentadores que en toda mi vida vi, faldas con unas pantorrillas que alucinaba en mis hombros… y un cabello castaño ondeado amarrado, que soñaba con jalarlo en la cama.
Ella me tenía mucho cariño pues era muy hacendoso y atendía a su hija como a Reyna y siempre decía que le hubiese gustado encontrar un hombre como yo, pues su esposo es muy desatento, Ella me atendía mejor que su hija, no le gustaba que su hija haga nada, ella me lavaba y me planchaba contra mi voluntad, pero le gustaba hacerlo, mi esposa estaba pasándola muy mal con su embarazo por los diferentes síntomas que este trae.
Un buen día mientras ella lavaba yo estaba libre del trabajo y subí a ayudarle, en el momento que llegue solo tenia que tender la ropa, al sacar parte de la ropa encontré unas trusas muy pequeñas y unos sostenes muy grandes, yo conozco la ropa de mi mujer y al instante supe que era de mi suegra.. ella se reía al ver como yo tendía su ropa todo embobado y dijo: mi ropa es más sexy que la de mi hija no?. Ante aquella pregunta solo atiné a decirle: tendría que verla puesta para poder opinar…!!!
Ante mi respuesta ella dijo: Pues salgamos de la duda…!!!

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Más travesuras en la casa

Había pasado aproximadamente una hora desde que me había cogido a la señora de la casa dentro de la bañera. No dejaba de pensar con preocupación en la que me metería si quedaba embarazada de mí. ¡Carajo! Yo, siendo un joven de 20 años, ¿cómo podría mantener a esa rubia tan excitante con lo que ganaba? Todavía me costaba trabajo darme a la idea de que su vagina ya la había explorado, algo que en principio me hubiera parecido imposible. Mujeres como ella por lo regular siempre buscan a hombres con dinero que las pueden complacer en cuanto a lujos…, pero en la pasión son peores que aprendices. Yo no me considero un maestro en la materia, pero mi imaginación vuela tanto que a veces me da miedo pensar en cosas tan enfermizas y sucias. También se lo debo gracias a mi querida compañera de preparatoria; mi querida Frida, aquella que me hizo explorar los límites más asquerosos y enfermizos del sexo. Ella me hizo conocer esos territorios que muchos (o por lo menos que estén sanos) no se atreven a explorar por lo repugnantes que son… Pero bueno, esa ya será otra historia que contaré en un futuro. Como iba diciendo, la señora andaba por toda la casa completamente desnuda y tarareando canciones que nunca logré reconocer. A pesar de sus 40 años su cuerpo no tenía arrugas ni sus piernas se veían con celulitis, sin mencionar de que eran muy largas y carnosas. Su piel blanca y bronceada se le veía en condiciones perfectas e incluso aparentaba menos edad.  Era muy alta; estimo que medía como 1.79. Yo mido 1.83 y la verdad es que no se notaba mucho la diferencia. Mientras seguía exhibiéndose, sólo trataba de seguir con lo mío pero cada vez era más difícil al verle su enorme culo y sus pechos rebotando al dar simples pasos. A lo lejos se lograba ver muy bien el pequeño triángulo de vello púbico que le hice  en el pubis, ¡y vaya que le gustaba!

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Paty tardó años en darme el culo

Por cuestiones de política estudiantil, cuando estudiaba el bachillerato, tenía que hacer labor en planteles diferentes, además del mío, en esas visitas conocí a muchos estudiantes inmersos en el movimiento estudiantil, una de ellas era Paty.

Paty, joven, como todos, es bajita, 1.50 de estatura, cabello negro largo, rizado, senos medianos que lucía con blusas escotadas, cintura esbelta y unas prominentes nalga que, siempre, llevaba enfundadas en pantalones de mezclilla, como la mayoría.
En las asambleas, Paty era muy participativa, siempre hacía propuestas -muchas de ellas extremas- por eso se hizo notar pronto, muy pronto, y yo fui uno de quienes la notamos.

A pesar de tener comisión en la política, nos las arreglábamos para cumplir en clases, pasábamos mucho tiempo juntos dentro y fuera de la escuela. Fue una tarde que cancelaron la asamblea cuando, no por accidente, nos besamos, pasamos toda la tarde con besos y caricias, en la escuela, en la banca de un parque, en el autobús a su casa y debajo de un árbol cerca de la misma, ninguno de los dos era virgen y queríamos disfrutar uno del otro

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Por drogarme termine mal

Bueno las historias que cuento son reales, no me gusta andar inventando deseos sexuales que tengo en mi cabeza, y cuando algo sale a la luz todos se enteran y mas cuando el pueblo donde uno vive es chico, esta historia real me la conto una intima amiga de esta chica y luego el propio hemano, a medida que me iba contando me iba imaginando todo y termine con la verga chorreando, por supuesto que la escribí en primera persona pero es tal cual me la conto su amiga.

Por estar drogada, esto es real y la verdad al principio me gustó pero después termine mal y toda mi familia se enteró lo que había hecho.

Me llamo caty, tengo 37 años y vivo con mi novio los dos solos, soy de cuerpo normal lo único que me destaca es que tengo la concha muy grande y parece como hinchada en estado normal, o sea que soy bien Conchuda y de labios grandes Jaja.

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La señora rubia y sus secretos

Y ahí estaba otra vez, caminando por las calles con la cabeza baja y desanimado por la situación. Nuevamente me habían rechazado en un empleo con el clásico : “nosotros te llamamos”, llamada que, por cierto, no he recibido hasta el momento. Por donde me encontraba era una zona de casas adineradas, zona llena con gente poderosa.

Cuando llegué a cierta lujosa casa (la cual no puedo mencionar por seguridad), mi desánimo desapareció cuando vi en la puerta un cartel que decía: “Se solicita empleado (a) funcional en el hogar” $4,000 SEMANALES a tratar.  ¡Mierda!, exclamé. No lo pensé dos veces cuando me decidí a tocar la puerta… Nadie abría. Luego otra vez… Y otra hasta que me cansé y mejor decidí irme. Justo después de haber dado dos o tres pasos, me abrió un hombre bien vestido y con cara de gente importante. “Buenos días”, me saludó. Yo le respondí y le dije que me había interesado el anuncio. Inmediatamente me dejó pasar. ¡Mierda!,dije otra vez en mi mente. ¡Era una casa de en sueños! Parecía una de esas para pasar el verano o algo así. Luego el hombre, muy amablemente me ofreció un vaso con agua mientras me invitaba a sentarme en uno de sus cómodos sillones. Luego de su hospitalidad fuimos al tema fuerte. Me empezó a preguntar de mí como persona. Si hay algo que nunca me ha fallado es la facilidad con la que domino las palabras, aunque sean mentiras. El sujeto le gustó mi perfil; de igual manera me dijo que su anterior sirvienta (mujer) había renunciado sin decir nada. Estábamos por estrechar las manos casi como si hubiéramos hecho un trato de empresarios…, cuando en ese momento apareció la esposa del hombre. Era una mujer blanca, de pelo rubio el cual era muy largo, muy alta (más por sus tacones) y con un culo de en sueños que, aunque no podía ver, su pantalón ajustado pronunciaba muy bien sus caderas. Era como la típica rubia tetona que se ven en los centros comerciales o lugares de lujo… Oh, vaya que era una puta de pechos grandes. No se le veían caídos ni mucho menos parecía que se los había operado. Con la camisa blanca que llevaba puesta incluso le podía ver los pezones . Le calculé 38 años (en realidad tiene 40). La mujer, a la prefiero llamar Anabelia, no se esforzó siquiera de sonreír. “Buenos días”, me atreví a decirle, pero la muy puta ni siquiera me dio la cara. El caso es que se fue y no la volví a ver sino hasta el siguiente día, que fue mi primer día trabajando para esos ricos.

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