La señora rubia y sus secretos

Y ahí estaba otra vez, caminando por las calles con la cabeza baja y desanimado por la situación. Nuevamente me habían rechazado en un empleo con el clásico : “nosotros te llamamos”, llamada que, por cierto, no he recibido hasta el momento. Por donde me encontraba era una zona de casas adineradas, zona llena con gente poderosa.

Cuando llegué a cierta lujosa casa (la cual no puedo mencionar por seguridad), mi desánimo desapareció cuando vi en la puerta un cartel que decía: “Se solicita empleado (a) funcional en el hogar” $4,000 SEMANALES a tratar.  ¡Mierda!, exclamé. No lo pensé dos veces cuando me decidí a tocar la puerta… Nadie abría. Luego otra vez… Y otra hasta que me cansé y mejor decidí irme. Justo después de haber dado dos o tres pasos, me abrió un hombre bien vestido y con cara de gente importante. “Buenos días”, me saludó. Yo le respondí y le dije que me había interesado el anuncio. Inmediatamente me dejó pasar. ¡Mierda!,dije otra vez en mi mente. ¡Era una casa de en sueños! Parecía una de esas para pasar el verano o algo así. Luego el hombre, muy amablemente me ofreció un vaso con agua mientras me invitaba a sentarme en uno de sus cómodos sillones. Luego de su hospitalidad fuimos al tema fuerte. Me empezó a preguntar de mí como persona. Si hay algo que nunca me ha fallado es la facilidad con la que domino las palabras, aunque sean mentiras. El sujeto le gustó mi perfil; de igual manera me dijo que su anterior sirvienta (mujer) había renunciado sin decir nada. Estábamos por estrechar las manos casi como si hubiéramos hecho un trato de empresarios…, cuando en ese momento apareció la esposa del hombre. Era una mujer blanca, de pelo rubio el cual era muy largo, muy alta (más por sus tacones) y con un culo de en sueños que, aunque no podía ver, su pantalón ajustado pronunciaba muy bien sus caderas. Era como la típica rubia tetona que se ven en los centros comerciales o lugares de lujo… Oh, vaya que era una puta de pechos grandes. No se le veían caídos ni mucho menos parecía que se los había operado. Con la camisa blanca que llevaba puesta incluso le podía ver los pezones . Le calculé 38 años (en realidad tiene 40). La mujer, a la prefiero llamar Anabelia, no se esforzó siquiera de sonreír. “Buenos días”, me atreví a decirle, pero la muy puta ni siquiera me dio la cara. El caso es que se fue y no la volví a ver sino hasta el siguiente día, que fue mi primer día trabajando para esos ricos.

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Yaz, buen culo, cuñada de mi jefe

Después de mi divorcio, por motivos de trabajo, me trasladé al norte del país, a Monterrey, Nuevo León. Ahí mi patrón abriría oficinas y yo como encargado.
Yaz cursaba en su segundo matrimonio, su esposo también divorciado previamente y, con cuatro adolescentes por mantener (dos cada uno) el trabajar ambos era obligatorio; él, saliendo seguido por su labor, a veces por varios días y ella dando clases en la universidad o asesorías particulares en casa.
Tan entrados ambos en el trabajo que su matrimonio entraba en dificultades, casi no se veían, hababan poco y, del sexo, ni hablar, cero contacto.
Una mañana, esperando en la oficina, la ví entrar, preguntó por el patrón, respondiendo que no estaba. Hizo un gesto de angustia, diciendo que tenía un problema y, sabedor que al jefe le gustaba que atendiésemos bien al cliente, me ofrecí a ayudar después de haberme presentado.

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En el restaurante: Sexo en lugares inusuales, la excitación de la experiencia nueva

EN EL RESTAURANTE

LIDIA no sabía lo que le esperaba esa tarde .. Le habían ordenado que usara falda, que se mojara con la sorpresa que le tenían preparada. No era mujer que gustara de eso, le excitaba si pero no quería verse expuesta en un lugar público, aunque estaba ya excitaba por lo que podía esperarse y además, quería comprobar si como decía Mauro; él era capaz de hacer todas la locuras de las que le había hablado, sin comprobar ninguna.

Accedió a hacerlo pero con reservas y tardó mucho en decir que sí. Apenas después comprobaría que era acertado confiar en él y que sus ocurrencias hacían este viaje compartido una aventura fantástica.

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Piedra papel o tijeras 4

Todo ese fin de semana nos las pasamos viendo y masturbándonos e ideando planes para podernos coger a nuestras madres después se vino el verano y fue donde acontecieron los relatos anteriores

Para esto nos reunimos en casa de marcos después de nuestras aventuras a contarnos lo q había pasado con nuestras madres pero nuestra sorpresa fue ver a un invitado inesperado era un compañero  de la escuela su nombre Eduardo  es compañero de la escuela por lo regular se junta mas con marcos q con nosotros pero le hablábamos

Después de contar como le hicimos para poder coger con nuestras madres, marcos  nos dijo q lalo  nos quería contar una cosa

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