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Sodomizada al lado de su marido.

2 de diciembre de 2002

Estaba Lola acostada con su marido medio dormida. Habían cenado en casa con un matrimonio amigo. Habían reído, habían tomado varias copas, en un ambiente cordial y festivo. Luego ambas parejas, hacia las doce de la noche, se habían ido a dormir. Al estar fuera los hijos de Lola y Juan, existía una habitación libre y allí fueron a dormir Carlos y Julia, el matrimonio invitado. Durante la cena Carlos se había mostrado atrevido en sus insinuaciones a Lola. Juan, su marido, demasiado comprensivo, no mostró enfado alguno, ni siquiera cuando Carlos le comentó lo apetecible que le parecía Lola, que le gustaría poder disfrutarla como él. Se limitó a expresar que él también se tiraría a Julia, la mujer de Carlos. Ninguno mentía, pues Lola, a sus treinta años, era alta, de larga cabellera rubia, vestida con un traje negro que resaltaba sus pechos y amplias caderas, que ofrecía una imagen de mujer capaz de animar la libido de cualquier hombre. Y Julia, a su vez, también treintañera, tenía unas formas más rotundas, algo rellenita, pero con unas tetas enormes que animaban el deseo de ordeñarlas.

En la cama, como decimos, estaba Lola medio dormida. Sólo llevaba puesto un corto camisón y las bragas. A su lado su marido estaba desnudo, pues le agradaba dormir así. Dormía como un bendito.

Por eso no se dio cuenta de que Lola se movía inquieta al notar que unas manos comenzaban a sobar sus nalgas. Silenciosamente, sin hacer movimientos ruidosos, Carlos se había colado en la habitación, se había metido en la cama, y se había situado junto a Lola. Ella no advirtió su presencia hasta que notó como se levantaban las sábanas y las manos de Carlos empezaban a tocarla. Volvió la cara hacia su asaltante nocturno y éste puso un dedo en los labios pidiéndole silencio. Lola, confusa pero muy excitada, calló y permitió que siguiera Carlos su faena. Sin dejar de sobarle el culo empezó a introducir dedos dentro de sus bragas. Buscó su entrepierna y la recorrió, llegó hasta la figa de Lola que rebosaba humedad por la situación. Ella se abrazó a su marido, que seguía durmiendo, y notó cómo Carlos le intentaba bajar las bragas. Le ayudó a hacerlo con una de sus manos y a los pocos segundos su asaltante las tenía en su nariz, oliendo los aromas a hembra que emanaban. Lola comprobó los efectos de estos aromas en la polla de Carlos, pues creció y se endureció en su trasero. De inmediato, sintió como le abría las nalgas y buscaba la entrada del ano para introducirla por allí. Poco a poco, sin prisas, se la fue metiendo hasta los huevos e inició una sodomización brutal. Lola se movió al ritmo de las embestidas de Carlos que metía y sacaba su polla de su ano sin miramientos, como si quisiera partirlo en dos. Siguió abrazando a su marido y aunque al principio le dolió como le estaban dando por el culo, ahora comenzaba a disfrutar de la violenta penetración. Además, como varios dedos de Carlos estaban en su figa, acariciando su clítoris y entrando en la vagina, el gusto superó con creces al daño y le vino un orgasmo placentero que disimuló sin gritos ni excesivos jadeos para no despertar a su marido. “Eres una gran puta, te has corrido antes que yo”, le susurró al oído Carlos. Lola se sintió agraviada pero no le respondió. Siguió moviendo el culo para satisfacer más al hombre. Pronto notó una gran descarga de semen en sus entrañas, cuando Carlos por fin se corrió. Después la sacó del culo de Lola, le cogió un brazo y la obligó a meter dos dedos por el agujero que había ocupado su polla. “Recoge semen con esos dedos que tienes metidos en tu culo, guarra”, le dijo en voz baja, ” y luego te los chupas”. Así lo hizo, limpiando con su lengua todo el pringue que recogieron sus dedos dentro de su ano, una mezcla de líquidos anales y de semen. Se llamó marrana a sí misma por esa guarrería, pero como Carlos seguía tocándole la figa, la excitación le creció y todo empezó a darle igual. Entonces sucedió lo que temía. Su marido se dio la vuelta, y se despertó al chocar su mano con la de Carlos en la figa de su mujer. “¡Qué pa

sa aquí!”, dijo abriendo los ojos. “Que tu mujer es una gran puta y me ha dejado darle por el culo”, le contestó Carlos sonriendo. Lola calló. Juan, sorprendido pero caliente por la situación, dijo, “pues vamos a tirarnos los dos juntos a la puta ésta”. Sacó las sábanas de la cama, encendió la luz, y empezó a sobar los pechos de su mujer, que estaba desnuda entre los dos hombres. Carlos, animada su polla de nuevo, continuaba tocándole el clítoris. Lola, ante el ataque de los dos tíos, se corrió de tanta frotada de figa. Se puso después encima de su marido, éste le metió la polla por la figa y le pidió a Carlos que volviera a darla por el culo. No vaciló éste y al momento Lola tenía las dos pollas dentro de ella, en una doble penetración salvaje, con azotes en las nalgas que le propinaba Carlos y mordidas de teta y pezones que le daba su marido. Se corrieron los dos a la vez llenando de semen su figa y su ano. “No las saquéis, mearos dentro los dos a la vez. Soy una cerda y me gusta”, les propuso. Ellos la obedecieron, y al cabo de un momento Lola sintió los chorros de pipi dentro de ella. Sacaron después sus pollas los dos hombres y quedaron los tres tumbados en la cama, cansados pero satisfechos. Lola les pidió entonces que la masturbaran. Carlos y Juan, obedientes, le metieron dedos en la figa juntos y se la frotaron hasta conseguir que ella se corriera con unos tremendos espasmos y gritos de perra en celo. En esa tesitura estaba cuando entró en el dormitorio Julia, con un camisón transparente sin nada debajo. “¡Qué cabritos, de juerga y no me llamáis!”, les dijo. Lola se levantó rápidamente y sin responderle, la abrazó y comenzó a besarla en la boca. Jugaron con sus lenguas y Julia dejó que Lola le quitara el camisón. Quedó desnuda y se echaron abrazadas en el suelo, comenzando una frenética y recíproca lamida de figa. Lola, después buscó el agujero del culo de Julia. Lo lamió, lo lubricó bien y comenzó a meterle el puño dentro. Julia gritó de dolor y placer, hasta que lo tuvo todo dentro. Mientras, con la otra mano, Lola le estrujó las tetas y le pellizcó los gordos pezones haciéndola todo el daño posible. “¡Toma, ramera de mierda, es lo que te mereces por dejar que tu marido venga a darme por el culo!”, le dijo cuando Julia se corrió en un gran orgasmo. Los hombres miraban el número masturbándose. Antes de correrse se acercaron a las hembras y pusieron sus pollas en la boca de Julia. Primero Carlos y luego Juan, le echaron todo su semen allí, obligándola a tragarlo. Luego, cogieron a Lola, la obligaron a dejar a Julia, y la echaron boca arriba en el suelo. “Méate en la boca de Lola”, le dijeron a Julia, que obedeció sus órdenes. Se puso en cuclillas encima de ella, Lola abrió la boca y recibió la larga meada de Julia. “Tragátela”, le dijo su marido. Lola lo hizo, y luego les provocó. “Quiero para terminar que me metáis las dos pollas juntas por el culo”, les pidió. Complacientes, Carlos se puso debajo de ella, Juan enci ma, y comenzaron a meter sus dos pollas a la vez en el ano de Lola.

Al cabo de unos segundos, no muchos, lo consiguieron. Ella bramó de dolor. “Julia, deja que te coma la figa”, le pidió. Julia se la puso en la cara y así, lamiendo la raja de Julia, con dos pollas enteras en su ano, Lola tuvo el mayor orgasmo que había tenido nunca. Y cuando los dos hombres se corrieron a la vez sintió como si sus descargas de semen fueran dos cascadas interminables. Así, terminaron todos exhaustos en el suelo durante unos minutos. Luego Carlos y Julia se fueron a dormir y lo mismo hicieron Lola y su marido. Al día siguiente desayunaron juntos sin comentar nada de lo ocurrido horas antes. Como si todo hubiera sido un sueño. Aunque las dos mujeres se delataban, pues los incómodos escozores anales que tenían las obligaban a andar con las piernas muy abiertas.

Autor: HIGINIO H.

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