SUMISION EL COMIENZO

Era lo que mi vida me deparaba, era todo lo que queria

Hola amigos de Marqueze. Mi nombre es Mario y vivo en Argentina. Hace aproximadamente un año conocí su página y desde entonces me he hecho lector habitual de los relatos que allí publican, fundamentalmente los de dominación que, en este tiempo han despertado como nunca mi fantasía Antes de comenzar, les cuento que tengo 30 años, mido 1,80, peso 85 kilos y tengo un cuerpo que puede decirse normal. Desde chico practico deportes –fútbol y básquetbol, principalmente- y ello me ha permitido tener un estado físico siempre en buenas condiciones. Sin embargo, lo que quiero contarles es cómo me inicié en el mundo de la sumisión que, desde que comencé a leer, me ha cambiado para siempre. Sin tener ninguna experiencia previa, en mi cabeza comenzó a fantasear la idea de experimentar sensaciones nuevas y descubrir placeres que nunca me había permitido considerar y siempre había negado. Un día, navegando por Internet, ingresé a una página de dominación y la sumisión, donde contaban las técnicas y las experiencias de quienes lo practicaban, desde uno y otro lado. La lectura de esto me potenció más aún mi decisión por aventurarme y fue así que decidí enviar un mail, para concertar una entrevista con la que –semanas después- sería mi ama.

Ansioso por recibir respuesta de mi mail, revisaba mi casilla de correo tres o cuatro veces al día. Los primeros días, sólo ingresaba correo basura y no el que yo esperaba. Cuando ya me había desilusionado de obtener una respuesta, a los cinco días de haber escrito, encontré el mail en el cual mi ama aceptaba concertar una entrevista previa. En ese momento, mi corazón comenzó a latir con más fuerza y las manos se me humedecieron de los nervios. En el mail, había un número telefónico al que debería llamar para acordar día y hora de la entrevista. Casi sin pensarlo, empujado por una fuerza que no comprendía, tomé el teléfono y marqué los ocho dígitos. Cuando comenzó a llamar, mi corazón latía más fuerte aún y creía que había perdido mi voz por la emoción. En el tercer llamado, una voz muy dulce y tranquila contestó. Era mi ama que, me dijo, estaba esperando mi llamado. En pocos minutos, concertamos una entrevista en su domicilio para dos días después. Hasta ese día, no pude prácticamente trabajar con tranquilidad porque todo mi pensamiento estaba centrado en cómo sería el primer encuentro con mi ama. El día de la entrevista, debía esperar hasta las 19:00 –yo salía de trabajar al mediodía- para ir a la casa. Expresamente, me dijo que sea puntual, por lo que después de salir del trabajo, me bañé y esperé en un café cercano, hasta que se hizo la hora. A las 19 en punto, toqué el portero eléctrico del edificio donde vive mi ama y, la misma dulce y tranquila voz, contestó. Me abrió la puerta e ingresé. Tenía instrucciones de subir por las escaleras hasta el 8 piso y sólo tenía un minuto para hacerlo. Así, antes de comenzar, mi ama ya me ponía a prueba. Sin dudarlo, comencé a subir los escalones de a varios por vez y logré llegar, exhausto, diez segundos después del minuto. Desesperado, toqué el timbre y esperé. Inmediatamente, vi que la puerta se abría y una mujer alta y elegante, aparecía detrás de ella.

-“Llegas diez segundos tarde”, me dijo…

– sólo pude decirle “perdón”…

– “No importa”, me dijo “ya me lo cobraré….”

Me hizo pasar al departamento que tenía un amplio living, muy bien amueblado y con un aroma exisito. Cuando pasé, oí como cerraba la puerta detrás de mí y ponía llaves a la cerradura. Un escalofrío corrió por mi cuerpo, ya no tenía escapatoria. Pasó por mi lado y me dijo “seguime”. Sin poder dejar de contemplarla, la seguí hasta otra habitación, donde había dos sillas y una mesa, sobre la cual había una fusta. Mi ama, era alta –debía medir más de 1,90- delgada y con una muy buena figura… llevaba una chaqueta y pantalones de cuero, que estaban cubiertos por unas botas negras que le llegaban a la rodilla y que la hacían todavía más espectacular. Se sentó en una de las sillas, me ofreció la restante y all

í me hizo unas preguntas que logré responder con la voz entrecortada por los nervios. Ella, con mucha tranquilidad, anotaba mis contestaciones en un cuaderno. Cuando terminó me dijo… “Ya eres mío”. Esas solas palabras, me derrumbaron. Si tenía dudas sobre estar allí o salir corriendo, con una frase mi ama las había borrado de mi mente. Sin poder hablar, me quedé callado. “Eres mío” me repitió “y a partir de este momento tu existencia es…. nada”. Mi orgullo estaba cada vez más resentido pero, al mismo tiempo, me sentía más atraído por esa mujer. Quería entregarme en todo, sin importarme nada. Sólo pude decir “si”. Ella se paró, y mi perspectiva era todavía más sumisa… “desde ahora, no me mirarás a los ojos salvo que yo te lo ordene, tu postura será de rodillas mirando el piso y, para dirigirte a mí, lo harás Si ama, entendiste?” Producto de mi inexperiencia… respondí, -Sí.

-Cómo?

-Si ama, me corregí.

-Ahora desvístete, quiero ver en qué estado se encuentra mi nuevo esclavo.

Sin dudarlo, me levanté de la silla y comencé a desvestirme, ante la mirada de mi ama. A medida que me quitaba la ropa, me sentía cada vez más expuesto y humillado. Cuando estuve totalmente desnudo, me quedé parado y mirando hacia el piso. De la excitación, mi pene comenzó a ponerse duro…

-vaya, veo que nos estamos calentando… dijo mi ama, mientras se acercaba a mí. Yo no podía decir ni hacer nada, estaba paralizado. Entonces, mi ama me agarró con firmeza el pene y comenzó a apretarlo.

– Deberemos enseñarle a que se quede tranquilo, igualmente, no lo vamos a necesitar para nada… de rodillas, me ordenó.

Rápidamente me puse de rodillas y ella quedó frente a mí. A la altura de mis ojos tenía su pubis marcado por el ajustado pantalón que no pude resistir de mirar. Mi ama se dio cuenta y, se acercó más todavía.

– te gusta? Me preguntó con tono sarcástico… El olor de su cuerpo era exquisito…. bueno, me dijo, vas a tener que hacer muy bien tu trabajo si lo quieres… ahora, ponte en posición de perrito…

Entendí la orden y me coloqué en cuatro patas. Mi ama tomó la fusta de la mesa y comenzó a caminar a mí alrededor… El ruido de sus botas al caminar sobre el piso de madera, me daba aún una sensación de mayor sumisión… estaba aterrado, podía hacer conmigo lo que quisiera. Instintivamente, giré la cabeza para ver dónde estaba parada mi ama y, de repente, recibí un primer fustazo en mi mejilla…

– Para adelante… me ordenó y me puse nuevamente en la posición inicial.

Mi ama seguía dando vueltas a mí alrededor, sin decir ni una sola palabra. De vez en cuando, acariciaba mi ano con la fusta, lo que me hacía estremecer. Por ello, y en contra de mi voluntad, mi pene comenzó a crecer nuevamente y mi ama, otra vez, se dio cuenta. Esta vez, sin decirme nada, me dio un fustazo todavía más fuerte en los huevos que me hizo dar un quejido… por lo que me obligó a permanecer callado. Así, aguantando no decir ni una palabra, estuve un rato soportando golpes secos y dolorosos en mis huevos y mi pene, hasta que este se bajó. Aliviado porque no me pegaba más… sentí como algo se introducía en mi ano, con mucha dificultad. Había dado vuelta la Fusta y, con el cabo duro, mi ama probaba por primera vez mi agujero…

– mmm, se ve que nunca jugaron por acá… voy a tener mucho para divertirme… dijo, como pensando en voz alta.

Después, se paró nuevamente frente a mí y me puso la punta que había metido en mi agujero en la boca… “ábrela”. Al principio me negué, sabía que iba a tener que limpiar mi propia materia fecal y no quería. Sin embargo, me repitió “ábrela o ya verás” y la abrí.

– “límpiala con tu lengua… en definitiva, el que la ensució sos vos y vos tenés que limpiarla”, me dijo… mientras yo pasaba la lengua a la fusta.

Sin decirme nada, se dio media vuelta y se fue. Yo, sin saber qué hacer, preferí no moverme de la posición en la que estaba, a pesar que las rodillas me dolían bastante. Cuando regresó, yo estaba mirando el piso. me acarició el pelo y me dijo “bien, veo que aprendes rápido. Ahora de pié”.

Me paré y mis rodillas sintieron el al

ivio de no soportar más mi cuerpo. Entonces, mi ama me dijo “ponte esto, que será tu ropa de todos los días, cada vez que vengas, deberás cambiarte”… a la vez que tiraba en frente mío: una tanga, unas medias de nylon, una remerita ajustada, una minifalda y unos zapatos con tacones.

Tomé la ropa interior y sentí que tenían un fuerte olor… “si, dijo mi ama, están usadas y así las llevarás porque es lo que mereces”…. Con mucha dificultad, me puse la tanga en la que quedó aprisionado mi pene, las medias de nylon, la minifalda y la remerita que dejaba al descubierto la mitad de mi torso…

-“falta algo”, dijo mi ama y me tiró un corpiño que debía ponerme “para parecer toda una putita”. Las copas, las rellenó con algodón.

Después que me vestí, mi ama estuvo contemplándome hasta que me dijo “a partir de ahora… te llamarás Marita”, con lo cual mi humillación fue todavía mayor. No sé cuánto tiempo había pasado desde que había ingresado a esa casa, pero ya mi vida había cambiado por completo.

– “Camina delante mío” me ordenó “y mueve bien el culo… como la puta que sos”…

Comencé a caminar hacia el living, tratando de complacer a mi ama, moviendo el culo pero torpemente porque tenía muchos problemas para caminar por los zapatos. A cada paso, me golpeaba con la fusta en mis nalgas. Al llegar al living, pasamos a otra habitación donde había un gran espejo. Me paró frente a él y me dijo “mírate, no estas preciosa?… me miré al espejo y no me podía reconocer… mi cuerpo con los senos falsos y la ropa, estaba travestido. Quería sacarme todo eso, pero a la vez, me excitaba sentirme abusado.

– “vení” escuché que me mi ama me llamaba desde el baño… debajo del espejo, tenía cremas, polvos para la cara y los ojos, y pinturas de labios. “Ahora vas a pintarte, para estar completa”, me decía mientras me sobaba el culo…

– “no sé pintarme mi ama, nunca lo he hecho”, sólo atiné a decir.

– “aprenderás, empieza”… me dijo sin más.

Con mi ama detrás, tomé el polvo y me puse en las mejillas….después, me pasé el lápiz delineador por los ojos y, por último, el lápiz labial de un color rojo intenso.

– “no lo has hecho mal, Marita”, me susurró al oído mi ama… “pero todavía tienes que aprender más”… mientras me metía un dedo en mi agujero y que, al igual que la fusta, también tuve que limpiar… Ese fue mi primer contacto con mi ama, con su dedo mayor que había estado dentro de mí y que, a diferencia de la resistencia que me dio la fusta, limpié con todas las ganas..

Después, en medio de la excitación, sentí que comenzó a meterme nuevamente algo dentro de mi ano… eran unas bolitas chinas que me puso “para que te vayas acostumbrando”, me dijo. “Tenés prohibido sacártelas sin mi permiso y, si tenés que cagar, primero debés preguntarme si te dejo”.

Con la molestia de las bolitas moviéndose en mi interior, me llevó a otra habitación, a la que sería “mi” habitación de allí en más. La puerta estaba cerrada y mi ama la abrió con una llave que tenía colgada de la cintura, asegurada con un candado. Cuando ingresamos, mi cabeza comenzó a imaginar todo lo que podría sufrir y gozar en ese lugar. Amuradas a las paredes y el techo, había varios argollas y una polea que colgaba en el centro de la habitación. También, una camilla y un taburete que, más tarde, sabría su nombre “caballo”. En una de las paredes, había una gran X de madera, con esposas en cada uno de sus extremos. También, había dispuestos sobre los costados, una gran variedad de fustas, cadenas, pesas, consoladores y otras cosas que no conocía pero que, con el tiempo, aprendería a sufrir. Sobre una de las esquinas, la más alejada de la puerta, había un agujero.

– Esta va a ser tu habitación, dijo mi ama sin mirarme. Como ves, hay muchas cosas que seguramente no sabrás para que sirven pero te aseguro que ya te irás enterando… aquí, todo debe estar en orden, tal y como está ahora. Y será tu responsabilidad que así sea porque, de lo contrario, vas a pagar por ello.

Las palabras de mi ama me retumbaban en la cabeza. Con todas las cosas que tenía a mi vista, debía estar atento para que nada faltara en su

lugar… sabía que era la única vez que me daba la orden y que si no la cumplía para adelante, lo sufriría.

Ella continuó hablando y me dijo – ves aquel agujero en la esquina? – si mi ama, respondí.

-Ahí harás tus necesidades. El piso de ese sector puede levantarse y, debajo del agujero, hay un recipiente que tendrás que limpiar regularmente. Te advierto que no quiero ver nunca ni gotas de orina ni caca sobre el piso.

-Ahora ven acá… de rodillas, tienes que pagar por los 10 segundos tarde que llegaste”…. me dijo mientras me llevaba al centro del salón… para mi primera sesión…

continuará…

espero que les haya gustado el relato… todo es producto de mi imaginación, que recién empieza a volar.. qué les pareció? Escriban…

Autor: marsumiso

marsumiso ( arroba ) yahoo.com.ar

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Kara Marqueze
Kara Marqueze
Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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