La novia de mi colega

Infidelidad. Supongo que habrá quien diga que soy un cabrón y quizá sea verdad, pero qué queréis que os diga, la La novia de mi amigo es irresistible y si una tía así te busca, te acaba encontrando. Al final me la folle y mira, si no hubiera sido yo, sería otro el que lo habría hecho, la tía es una zorra. Read more

Me gusta / No me gusta

Ana la compañera de mi hija

Me llamo Joel, tengo 45 años y tengo una hija llamada Julia. Mi niña va al Instituto y raro es el dí­a que no trae a una amiga a casa a jugar al ordenador o hacer deberes. Nunca habí­a prestado atención a sus amigas, pero una de las veces trajo a casa a una chica llamada Ana que me hizo fijarme en ella de lo buena que estaba. La chavala, de su edad, era preciosa de cara, con un pelo moreno largo que llamaba la atención y un cuerpo diez. Recuerdo que la primera vez que la vi me puse a cien.

La chica vestí­a un top marrón que marcaba sus pechos y una falda vaquera que ajustada le hací­a resaltar su culo. La estuve mirando de reojo toda la tarde, imaginándome que se ocultarí­a bajo sus ropas, mientras ellas estudiaban con el ordenador, y yo estaba en el salón con mi esposa viendo la tele.

Por la noche mi hija me pidió que si se podía quedar Ana a dormir y yo le dije que no había problema pero mi esposa me infirió diciendo que al día siguiente había instituto. Tras una larga negociación  Juia la convenció. luego mi esposa dijo que ella tenía guardia y que me quedaría solo con ellas, yo le repetí que no había problema. Mi hija me dió un abrazo y se marchó al despacho a decírselo a Ana.

Mi esposa al poco tiempo se marchó al hospital quedandome solo con las dos chicas. Me quedé dormido y al despertarme me encontré a las dos chicas bailando en el despacho. me levanté y me acerqué al despacho. Cuando vi a mi hija, y sobretodo a Ana, saltando haciendo que chocaran sus pechos y su ropa volará mostrando su ombligo y parte de sus piernas me quedé en estado de shock. Ella cuando notaron mi presencia pararon pero al momento mi hija me invitó a bailar con ella. Entré en el despacho y comencé a bailar con ella agarrandola de la mano, luego agarré Ana de la mano y también bailé con ella.

Cuando acabó la canción les dije que porque no nos íbamos al salón allí la acústica era mejor, la sala era más grande y además no molestamos al vecino con el cual limitamos por la pared con su dormitorio, ambas asistieron con la cabeza, antes de abandonar el despacho mi hija me pidió que le hiciera los gráficos del trabajo que estaban haciendo para el instituto. Los tres nos fuimos al salón y seguí bailando con las dos chicas, bueno si lo que yo hacía se podía llamar bailar. Julia se marchó del salón y me quedé bailando con Ana, la chica se movía como una diosa sensual insinuando  verticalmente lo que yo le quería hacer horizontalmente,

    ¿Sabe bailar salsa?.- me preguntó

    No.- respondí.

Ella me tomó de la mano y la puso en su cintura luego la otra manos la puse elevada posando su suave mano sobre la mía, adelantó su pierna metiendola entre la mía, y acercó su cuerpo al mío. me llegó su fragancia, olía a juventud, a deseo, a pecado… era un olor dulce, divina juventud.

Tras un  rato bailando con Ana apareció Julia con tres botellines de cruzcampo.

    ¿Puedo?, me preguntó mirándome fijamente, en cualquier otro momento le hubiera dicho que no pero es que toda mi cordura al igual que mi sangre estaba en medio de mis pantalones y asentí con la cabeza.

Una se la dió a Ana, otra a mí y otra se la empezó a beber ella.

Tras un rato bailando y cerca de tres botellines bebidos me senté en el sillón mientras que ambas amigas seguían bailando balanceando sus cuerpos jóvenes. Ana tomaba a mi hija de la cintura y mi hija la tomaba a ella juntando frente con frente y metiendo la pierna de una en medio de las piernas de la otra. Quizás algo normal entre amigas pero yo sentado viendo ese espectáculo me estaba poniendo cachondo por lo que me levanté del sillón y me fui al despacho sentándome en la silla que estaba delante del ordenador donde la mesa taparía mi erección y podría bajarla, la dos amigas se quedaron en el salón bailando mientras que yo realizaba los gráficos del trabajo.

Al rato llamaron a la puerta del despacho, cuando se abrió apareció la cara angelical de Ana.

    Julia se ha dormido en el sofá. abriendo la puerta un poco más pude ver a mi hija tirada en el sofá totalmente dormida. Me levanté y la cogí en brazos y la llevé a su cama dejándola dormida vestida con su ropa y apestando a cerveza, menos mal que su madre no se iba a enterar ya que hasta el mediodía no llegaría. Cuando salí de la habitación volviendo al despacho me encontré a Ana sentada en la silla mirando el ordenador. Me acerqué y vi que estaba mirando las gráficas que les había hecho.

    Están muy bien.- dijo ella levantándose de la silla del ordenador.

    Gracias.- dije yo sentándome en la silla.

    ¿ Me puedes enseñar a hacerla?.-

    Claro.- le respondí.

Los sillones que estaban en el despacho eran muy pesados para moverlos y no había sillas cerca así que Anna se quedó de pie.

Empecé a explicarle cómo se hacían, y la pobre chica se agachaba o se apoyaba en la mesa de forma incómoda así que me levanté para que ella se sentara pero ella no quería permitir que me levantara así que llegamos a un término medio. Ella se sentó sobre mi pierna derecha.

Sentada en mi pierna ella pasó su brazo por detrás mio y yo la cogí de la cintura. Le estuve explicando y ella  miraba a la pantalla y de vez en cuando me miraba a los ojos, yo miraba la pantalla, la miraba a la cara, sus ojos, sus labios carnoso y más de una vez y de dos miraba la raja que hacía su camiseta enseñando sus pechos o la longitud de su falda.

Una vez explicada la teoría le dije que ella hiciera una, quise levantarme pero ella giró un poco el cuerpo posando su culo cerca de polla y comenzó teclear en el ordenador. yo estaba detrás con las manos apoyadas en la mesa cuando ella se estiró para coger el ratón, su pecho cayó sobre mi mano, fue un segundo pero suficiente para que mi polla que estaba ya empalmada se terminará de empalmar y que en mi cabeza empezara a sonar una palabra. FOLLATELA!  

No sé si fue sin querer o queriendo pero la verdad es que no me importaba. Mi mujer no veía hasta mañana, mi hija estaba tan borracha que no se iba a despertar y tenía a una joven sobre mi pierna que estaba de muy buen ver así que comencé a intimar con ella.

–Eres una chica muy bella, lo sabes?- le dije, ella me vió y me dijo

-y usted don Joel es un hombre muy guapo y lindo!- me dijo.

    Seguro que tienes novio, verdad?- le dije

    Pues la verdad es que no.

    Eso no puede ser – la tomé de la cintura más fuerte apretándola contra mi cuerpo y mi otra mano empezó a acariciar su cara empezando por apartarle su pelo de su cara.- sobretodo con esos ojos, esa nariz y esos labios tan lindos.

Ella me miraba directamente pidiéndome con su  mirada que la besara, entonces tomándole de la barbilla con mi mano la acerqué hacia mi y tomándola por la cintura la bese, en los labios, por unos segundos, ella aceptó mi beso, y volví a besarla. Nuestras lenguas entraron en acción, fue un beso muy caliente.

La tomé de la cintura más fuertes y mis manos pusieron su piernas encima de las mías y empecé a acariciarlas subiendo su falda vaquera y descubriendo descaradamente sus nalgas, eran bien duras y bien formadas. Ella seguía respondiendo mis besos y no puso objeción alguna por tocarle sus trasero.

Metí mi mano dentro de su falda y arrastré su tanga por su piernas hasta llegar a sus pies, el cual cayó al suelo,  comencé a cariciar su culo, un culo precioso. luego besé sus pechos sobre la prenda y cuando creí­ oportuno le subi su top marrón dejándome ver su sostén, solté su sostén. Le quité los corchetes y aparecieron sus pechos. Sus pechos parecieron no notar que el sostén no estaba, pues seguían allí, redondos firmes y grandes eran blanquecinos con una aureola rosada. Dejé de besar su boca para meter mi cabeza en sus pechos. Chupé con ansia sus pechos hasta derretirme de placer mientras acariciaba su cuerpo tierno. Notaba como sus manos intentaban desnudarme así que empecé a desabrochar los botones de mi camisa. Sus suaves manos acariciaban mi pecho, jugaba con los pelo de mi pecho, yo mientras degustaba de sus pechos. Ana empezó a buscar mi polla y bajó la mano por mi barriga encontrados mi pantalón yo abrí el pantalón y ella con el paso de su mano en mi entrepierna abrió la cremallera, tomando con su mano mi polla  yo comencé a agarrarle los pechos y a chuparle los pezones hasta tener toda una teta suya en mi boca. Con la otra mano no dejaba de tocarle la otra. Mientras, ella se había apoderado de mi polla y se dedicaba a hacerme una paja con sus delicadas manos. Yo tenía la polla muy dura y los huevos muy cargados así que paré y le hice levantarse, fui a quitarme el pantalón pero ella me paró. Ella me terminó de bajar los pantalones y comenzó a chuparla. La chupa muy bien la hija de puta, lamia la cabeza de mi pene, luego se la metía entera, luego la sacaba y me lamia el glande e incluso pasaba su lengua lamiendo desde la base hasta el glande, la chica sabía hacer buenas mamadas de seguro que no era la primera que hacía.

No pude más y la tumbé sobre la mesa del despacho.Le quite su falda vaquera y nos besamos muchas veces de manera muy apasionada y muy lentamente empecé a acariciar de pie a cabeza, le bese su cuello muy suavemente, fui bajando lentamente a sus senos, y aún más abajo hasta sus entrepiernas, jamás había tenido tan cerca un coñito tan lindo, tan suave, tan limpio y tan excitante, no soporte mas y clave mi lengua hasta lo más profundo que pude de su virginal coño y empecé a sentir como fluían por mis mejillas todos esos jugos vaginales que brotaban desde lo más profundo de su abertura, escuchaba como música aquellos hermosos gemidos, un gemido que le producía mi incansable lengua al rozar sus rosados labios vaginales y su pequeño clítoris…
Era el momento ideal de la embestida, me preparé mi herramienta para su  estrecho coñito muy lentamente me incorporé, ella yacía de espaldas sobre sobre la mesa, le hice levantarse y tumbarse sobre la alfombra del despacho con la piernas totalmente abiertas, ofreciéndome a plenitud lo más puro de su ser … su virginidad, con mi verga lista comencé a acariciar su entrepiernas y cada vez que la pasaba por su rajita sin pelos, notaba como se estremecía todo su cuerpo, indicándose el momento justo para la penetración, poco a poco fui colocando mi palo entre sus piernas sin dejar de besar su boca y mirarle a la cara, esa cara de placer que me ponía la muy puta, sentí como poco a poco, milímetro a milímetro avanzaba mi verga por su canal extremadamente lubricado, por todos sus jugos naturales, la sensación era indescriptible, el placer inexplicable, con su coñito bañado en su propio jugo, la suavidad de sus paredes, la estrechez de su interior, y el dulce sonido que producían para mis oídos sus gemidos, así fui avanzando hasta lograr que toda mi polla estuviera dentro, cada uno de mis 20 centímetros de palo. Así fue pasando el tiempo ya no había marcha atrás, hace rato que mi verga se paseaba, entrando y saliendo sin mayor problema de su coño… Sus gemidos dejaron de ser leves para convertirse en gritos de placer con cada uno de los orgasmos que iba alcanzando… hasta que llegó mi momento máximo, quise explotar dentro de ella, pero no estábamos usando ningún tipo de protección, así que saque mi palo y lo apunte a su cara, ella instintivamente y sin dudarlo se metió casi en su totalidad mi enorme polla en la boca y con un ritmo desbocado empezó a chupármela y casi inmediatamente empezaron a salir chorros de semen de mi verga, hasta llenar toda su boca al punto que corría por sus mejillas y goteaba en su pecho…. La verdad fue una experiencia increíble, hay que sentirla para poder conocerla porque no existen palabras para describirla… Ana hizo más visitas a mi casa pero ninguna tan apoteósica como esa.

Me gusta / No me gusta

Trío a los 18

A los 19 años yo salía con una chica llamada Lidia, de 18 y muy caliente y pervertida. En los dos años que llevábamos juntos habíamos hecho más cosas en el ámbito sexual que muchas otras parejas más mayores.

Tras mucho hablar del tema y ruegos por parte de ella, decidimos dar un paso más y hacer un trío.

Decidimos poner un anuncio en un famoso portal Web de contactos que decía:

“Pareja jovencita , guapa e inexperta busca chico en Barcelona para el primer fin de semana de Agosto, cachas de gimnasio para trío. Enviar fotos de cuerpo entero.”

Para que el anuncio fuera más efectivo Lidia se dejó hacer varias fotos: dos en ropa interior y una con las tetas al aire. Le tapamos la cara y las añadimos al anuncio.

El anuncio lo pusimos un viernes, y hasta el lunes no vimos las respuestas. Teníamos el correo algo saturado con notificaciones. La mayoría era de chicos que no se ajustaba al perfil por una razón u otra. Lidia dio con 5 candidatos que al final redujo a dos. Chateamos por el Messenger con ambos y uno iba muy a saco y no nos inspiró confianza. El otro, de nombre Salva, fue el elegido.

El chico tenía 32 años (14 más que mi novia), no era muy alto, guapo de cara según Lidia y tenía un cuerpo esculpido en el gimnasio. En las fotos que nos envió salía en calzoncillos, así que no pudimos valorar nada más físicamente.  Trabajaba como funcionario y vivía solo en un piso cerca de la plaza Cataluña.

Chateando parecía muy majo, seguro de sí mismo y simpático. Le hablamos sobre nuestra inexperiencia y fantasías y el fin de semana que íbamos a estar de viaje en Barcelona.  Nos dijo que no había problema y hasta se ofreció a hablar con nosotros por teléfono por si no nos fiábamos. Primero habló conmigo, y la verdad es que cualquiera diría que lo que quería era hacer un trío. Después habló con Lidia, y esta no paraba de reír.

***

Llegó el día del viaje y ambos estábamos muy nerviosos. Salva nos invitó el sábado a cenar a su casa. En el hostal, Lidia se visitó con un vestidito atado al cuello, con colores naranja y marrón. Muy escotado. Me quedé mirando su cara de niña traviesa, su larga melena rizada, sus grandes labios, su esbelta figura y pechos talla 90 y no pude evitar decirle lo buena que estaba.

Llegamos a la casa de Salva y éste nos abrió la puerta. Nos recibió con un abrazo para cada uno y en seguida hizo que cogiéramos confianza y sintiéramos como si ya le conociéramos de antes.

Tras hablar un poco nos pusimos a cenar en una mesa redonda que tenía los exquisitos manjares que él mismo había cocinado. El ágape estuvo regado por sangría que no paraba de vaciarse de los vasos.

Entre el calor y el alcohol, no tardamos en sudar los tres. Salva se quitó su camiseta dejando al descubierto sus grandes músculos y tableta de abdominales. Lidia se le quedó mirando comiéndoselo con la mirada.

–          Contadme chicos ¿a quién se le ocurrió lo del anuncio? – dijo Salva.

–          Lo escribimos entre los dos.- Contesté yo.

–          Me lo imagino, pero ¿quién quería hacer lo del anuncio?

–          Yo –  dijo Lidia sonriendo coquetamente y mirando a Salva de arriba abajo. Él le respondió con otra sonrisa.

–          ¿Y tú no estás celoso? – me preguntó con cara de pena.

–          No, no…

–          ¿Cómo te sientes imaginándote a Lidia con otro tío?

–          Pues… La verdad es que me pongo cachondo imaginándomelo.

–          ¿Y a ti Lidia?

–          Bueno, je je je. No te enfades cariño, pero me pone imaginarme totalmente ocupada por dos hombres haciéndome disfrutar.

Mientras que decía estas palabras, Lidia se inclinó hacia delante juntando lo suficiente los brazos como para lucir y remarcar un gran escote. Sus tetas blancas y claras destacaban redondas encajadas en su vestido.

–          Y tú Luis ¿dónde te sueles correr?  – dijo Salva sin quitar la vista del escote de Lidia.

–          Ufff, jeje. Pues aparte de dentro de ella aprovechando que toma la píldora, pues por todos lados… en su cara, en sus tetas, en su espalda, en… cualquier parte.

Lidia y Salva sonreían.  Al inclinarme para coger la jarra de sangría pude ver que aquel hombre tenía su mano puesta sobre la pierna de mi chica. Empecé a ponerme muy nervioso. El corazón me latía como si se me fuera a salir.

–          Tienes motivos para estar contento. Tu novia Lidia es preciosa.

–          Gracias – dijo Lidia al tiempo que detenía unos segundos su dedo en sus labios.

–          Oye Lidia, ahora que estamos en confianza… ¿cómo la chupas?

–          Je, je, je. Me da un poco de vergüenza describírtelo… Dame la mano…

Lidia separó  el dedo índice de Salva y se lo acercó a la boca sin dejar de mirarle a los ojos. Sacó su lengua y recorrió círculos con su punta sobre la yema del dedo. Se introdujo el dedo lentamente en la boca hasta llegar a los nudillos. Después lo sacó, y lo recorrió de arriba abajo con la lengua para terminar metiéndoselo en la boca y darle un par de mamadas más. Todos nos quedamos callados. Se respiraba tensión sexual en el ambiente.

–          Eso ha estado muy bien…  Ha sido la mejor respuesta de la noche, ja, ja, ja- dijo Salva

Esta vez pude percatarme cómo Salva acercaba la mano que tenía en el muslo de mi novia más hacia su sexo, levantándole la parte de abajo del vestido y dejando a la vista su tanga.

–          ¿Y tú Luis? ¿Eres celoso? ¿Crees que aguantarías que otro hombre se tirara a tu chica?

–          Sí… creo que aguantaría.

–          ¿Ya te lo has imaginado?

–          Vaya.

–          ¿Y cómo te has sentido?

–          Pues… cachondo – todos reímos.

–          Entonces… – Salva se levantó de su silla y se colocó tras la de Sara.- ¿Qué sientes si hago esto?

Salva colocó sus manos abiertas en la cintura de Lidia y fue subiendo hasta llegar a los costados de sus pechos. Una vez allí, juntó sus manos hacia el centro haciendo que aquellas dos hermosas tetas conjurasen un gran escote pálido.  Salva siguió tocando las tetas de Lidia por encima de la ropa ante el silencio de ella.

–          ¿Te gusta Luis?

–          Sí, ufff. Me pone.

–          Vaya tetas que tienes – le dijo a Lidia – ¿Te gustaría que me follara a tu novia? – me dijo mirándome con los ojos muy abiertos.

–          ¡Sí! – respondió por sorpresa Lidia.

–          ¡Aha! Así que Luis, tienes una novia un poco guarrilla ¿eh?

–          Está hecha toda una zorrita.

Lidia pasó sus manos por el pecho y abdominales de Salva mientras se mordía el labio. Salva se volvió a sentar y Lidia colocó la mano sobre su paquete.

–          Cariño, creo que nuestro nuevo amigo esconde una buena polla.

–          ¿Te gustaría verla eh?

Lidia se levantó y se sentó de frente sobre Salva. Le agarró la nuca y empezó a besarle de forma apasionada.

–          ¿Estás caliente eh? – dijo Salva en un respiro.

Lidia le respondió chupándole los pezones al tiempo que le masajeaba el paquete. Le agarró la nuca y tras besarle un rato más, colocó la cabeza del chico entre sus pechos. Éste empezó a chuparlos y le sacó las tetas por fuera del sujetador y del vestido, desvelando sus grandes pezones rosados.

–          Tengo ganas de comerte la polla – le susurró Lidia en el oído.

–          ¡Pues tendrás que esperar!

Desde mi posición podía ver cómo aquel bruto sobaba el culo de mi novia, durito y erguido entre su tanga. Salva empujó platos y otros objetos que estaban sobre la mesa y con algo de rudeza cogió a Lidia en volandas y la sentó sobre la mesa.

–          Atento Luis, vas a aprender a comerle el coño a tu chica.

De un tirón le quitó el tanga y lo lanzó al suelo. Le subió la parte de debajo del vestido dejando a la vista su coñito depilado y le dijo:

–          Niña, antes de que me comas la polla, te voy a comer yo ese coñito tan bonito que tienes.

Salva hundió su cabeza entre las piernas de la chica y esta emitió un grito.

–          ¡Madre mía! ¡tienes el coño empapado! Debes de estar muy cachonda. Seguro que estabas deseando que hiciera esto. ¿A qué sí guarrilla? Seguro que saber que tu novio te está viendo con otro también te pone bien cachondilla. ¿Qué tienes que decir?

Lidia se inclinó hacia delante y agarró a Salva por el pelo:

–          ¡Que te calles y me comas el coño de una vez!

Tras decir esto, forzó la cabeza del chico tirándole de los pelos hasta ubicarlo entre sus piernas.

Viendo como gemía mi chica y se retorcía de placer, me bajé los pantalones y empecé a masturbarme.

Me acerqué a Lidia a ver si me la chupaba, pero estaba tan extasiada  que pasó de mí.

–          Ha llegado la hora de las pollas

Dicho esto, Salva se puso de pies, cogió a Lidia por las piernas y se la metió de una sentada. Ella gimió de placer.

–          Síiiii, fóllame – le suplicó.

Empezó a follársela lentamente, aumentando el ritmo poco a poco, acercando su cuerpo con la ayuda de sus poderosos brazos.  Lidia pasaba de mí, pero yo no podía parar de cascármela viendo aquello: mi chica gimiendo mientras se la follaba un conan, y sus tetas saltando al ritmo de sus gemidos.

De repente Lidia se zafó de su presa y se puso de pies antes la sorpresa de todos.

–          Te he dicho que  tengo ganas de comerte la polla, y eso voy a hacer.

De un empujón sin mucho éxito indicó a Salva que se sentara en la silla. No había terminado de poner sus nalgas sobre el asiento cuando Lidia se lanzó hacia su polla, chupándola como una auténtica profesionalidad. Con una mano le masturbaba mientras que se metía en la boca aquel trabuco a toda velocidad. Mientras, Salva le tocaba las tetas y se las tocaba como si quisiera sacarles brillo.

–          Para, para, para que me corro.

La chica lo hizo en el momento justo para evitarlo. Aprovechando que el chico estaba sentado, Lidia se sentó sobre él dándole la espalda y metiéndose del tirón aquella pollaza en su coñito.

Empezó a cabalgarle apoyándose en la mesa. Parecía una amazona cabalgando sobre su corcel en plena batalla.

Salva se levantó sin desengancharse de Lidia y la apoyó sobre la mesa. Empezó a follársela a lo perrito con el cuerpo de ella apoyado sobre la destartalada zona en que minutos antes habíamos comido.  Me acerque a la cara de Lidia y me sonrió.

–          Venga cariño, chúpamela un poco.

–          Amhhh, amhhh, no pue.. puedo, amhhh.

Se giró unos segundos hacia mí y me dio unos pocos chupetones en el capullo mientras me masturbaba.

–          Vamos al sofá

Salva se sentó en el sofá y colocó rápidamente a Lidia sobre él. Le hincó la polla con total precisión y Lidia le cabalgó de frente con una mano pasada por su cuello. Sus tetas redonditas saltaban a la altura de la barbilla del chico, que ayudaba a trajinar a mi novia agarrándole las nalgas, subiéndola y bajándola.  Salva le agarró las dos tetas, las juntó y empezó a chuparlas con un ruido de absorción mientras movía la cabeza de un lado a otro como si estuviera negando algo.

–          ¿Querías follarme? ¡ahora verás!

Besó a Lidia con lujuria y la colocó a cuatro patas con la cabeza inclinada en el sofá.  Se la folló con fuerza y en un momento dado apoyó su pie sobre la cabeza de la joven Lidia. Nunca había visto a nadie follar así. Lidia debía de tener el coño escocido.

Cambiaron a la postura del misionero. Lidia se veía diminuta bajo aquel enorme cuerpo cultivado por horas y horas de gimnasio. Todo su cuerpo se estremecía.

–          Me corro, me  corro!!

Con fuertes gemidos animales Salva se corrió dentro Lidia. Cuando la sacó, un hilillo de semen resbaló desde dentro de su coño.  Salva se tumbó encima de ella y se quedaron así unos minutos. Finalmente, y sin decir nada, se levantó y se fue al baño.

–          Bueno, ya va siendo hora de que me toque a mí ¿no?

–          Ufff, cariño, estoy destrozada. No puedo más – Lidia hizo pucheritos.

–          Pues entonces vámonos, que llevo un calentón que no puedo más.

Nos vestimos y nos fuimos sin despedirnos.

En el taxi de vuelta al hotel, el móvil de Lidia sonó.

–          Es Salva…

–          ¿Qué dice?

–          Te leo: “no os habeis despedido!ha stado gnial preciosa.repetimos mañana?dile a tu chico k disfrutara mas,lo prometo.muacs”

–          Joder… Por lo menos admite que no me he comido un rosco.

–          ¿Qué hacemos?

–          Pues cuando lleguemos al hotel tendrás que ayudarme a descargar.

–          Eso está hecho. ¿Y mañana?

–          ¿A ti qué te apetece?

Lidia contestó sólo con una sonrisa lasciva.

CONTINUARÁ…

Me gusta / No me gusta