Ana la compañera de mi hija

Me llamo Joel, tengo 45 años y tengo una hija llamada Julia. Mi niña va al Instituto y raro es el dí­a que no trae a una amiga a casa a jugar al ordenador o hacer deberes. Nunca habí­a prestado atención a sus amigas, pero una de las veces trajo a casa a una chica llamada Ana que me hizo fijarme en ella de lo buena que estaba. La chavala, de su edad, era preciosa de cara, con un pelo moreno largo que llamaba la atención y un cuerpo diez. Recuerdo que la primera vez que la vi me puse a cien.

La chica vestí­a un top marrón que marcaba sus pechos y una falda vaquera que ajustada le hací­a resaltar su culo. La estuve mirando de reojo toda la tarde, imaginándome que se ocultarí­a bajo sus ropas, mientras ellas estudiaban con el ordenador, y yo estaba en el salón con mi esposa viendo la tele.

Por la noche mi hija me pidió que si se podía quedar Ana a dormir y yo le dije que no había problema pero mi esposa me infirió diciendo que al día siguiente había instituto. Tras una larga negociación  Juia la convenció. luego mi esposa dijo que ella tenía guardia y que me quedaría solo con ellas, yo le repetí que no había problema. Mi hija me dió un abrazo y se marchó al despacho a decírselo a Ana.

Mi esposa al poco tiempo se marchó al hospital quedandome solo con las dos chicas. Me quedé dormido y al despertarme me encontré a las dos chicas bailando en el despacho. me levanté y me acerqué al despacho. Cuando vi a mi hija, y sobretodo a Ana, saltando haciendo que chocaran sus pechos y su ropa volará mostrando su ombligo y parte de sus piernas me quedé en estado de shock. Ella cuando notaron mi presencia pararon pero al momento mi hija me invitó a bailar con ella. Entré en el despacho y comencé a bailar con ella agarrandola de la mano, luego agarré Ana de la mano y también bailé con ella.

Cuando acabó la canción les dije que porque no nos íbamos al salón allí la acústica era mejor, la sala era más grande y además no molestamos al vecino con el cual limitamos por la pared con su dormitorio, ambas asistieron con la cabeza, antes de abandonar el despacho mi hija me pidió que le hiciera los gráficos del trabajo que estaban haciendo para el instituto. Los tres nos fuimos al salón y seguí bailando con las dos chicas, bueno si lo que yo hacía se podía llamar bailar. Julia se marchó del salón y me quedé bailando con Ana, la chica se movía como una diosa sensual insinuando  verticalmente lo que yo le quería hacer horizontalmente,

    ¿Sabe bailar salsa?.- me preguntó

    No.- respondí.

Ella me tomó de la mano y la puso en su cintura luego la otra manos la puse elevada posando su suave mano sobre la mía, adelantó su pierna metiendola entre la mía, y acercó su cuerpo al mío. me llegó su fragancia, olía a juventud, a deseo, a pecado… era un olor dulce, divina juventud.

Tras un  rato bailando con Ana apareció Julia con tres botellines de cruzcampo.

    ¿Puedo?, me preguntó mirándome fijamente, en cualquier otro momento le hubiera dicho que no pero es que toda mi cordura al igual que mi sangre estaba en medio de mis pantalones y asentí con la cabeza.

Una se la dió a Ana, otra a mí y otra se la empezó a beber ella.

Tras un rato bailando y cerca de tres botellines bebidos me senté en el sillón mientras que ambas amigas seguían bailando balanceando sus cuerpos jóvenes. Ana tomaba a mi hija de la cintura y mi hija la tomaba a ella juntando frente con frente y metiendo la pierna de una en medio de las piernas de la otra. Quizás algo normal entre amigas pero yo sentado viendo ese espectáculo me estaba poniendo cachondo por lo que me levanté del sillón y me fui al despacho sentándome en la silla que estaba delante del ordenador donde la mesa taparía mi erección y podría bajarla, la dos amigas se quedaron en el salón bailando mientras que yo realizaba los gráficos del trabajo.

Al rato llamaron a la puerta del despacho, cuando se abrió apareció la cara angelical de Ana.

    Julia se ha dormido en el sofá. abriendo la puerta un poco más pude ver a mi hija tirada en el sofá totalmente dormida. Me levanté y la cogí en brazos y la llevé a su cama dejándola dormida vestida con su ropa y apestando a cerveza, menos mal que su madre no se iba a enterar ya que hasta el mediodía no llegaría. Cuando salí de la habitación volviendo al despacho me encontré a Ana sentada en la silla mirando el ordenador. Me acerqué y vi que estaba mirando las gráficas que les había hecho.

    Están muy bien.- dijo ella levantándose de la silla del ordenador.

    Gracias.- dije yo sentándome en la silla.

    ¿ Me puedes enseñar a hacerla?.-

    Claro.- le respondí.

Los sillones que estaban en el despacho eran muy pesados para moverlos y no había sillas cerca así que Anna se quedó de pie.

Empecé a explicarle cómo se hacían, y la pobre chica se agachaba o se apoyaba en la mesa de forma incómoda así que me levanté para que ella se sentara pero ella no quería permitir que me levantara así que llegamos a un término medio. Ella se sentó sobre mi pierna derecha.

Sentada en mi pierna ella pasó su brazo por detrás mio y yo la cogí de la cintura. Le estuve explicando y ella  miraba a la pantalla y de vez en cuando me miraba a los ojos, yo miraba la pantalla, la miraba a la cara, sus ojos, sus labios carnoso y más de una vez y de dos miraba la raja que hacía su camiseta enseñando sus pechos o la longitud de su falda.

Una vez explicada la teoría le dije que ella hiciera una, quise levantarme pero ella giró un poco el cuerpo posando su culo cerca de polla y comenzó teclear en el ordenador. yo estaba detrás con las manos apoyadas en la mesa cuando ella se estiró para coger el ratón, su pecho cayó sobre mi mano, fue un segundo pero suficiente para que mi polla que estaba ya empalmada se terminará de empalmar y que en mi cabeza empezara a sonar una palabra. FOLLATELA!  

No sé si fue sin querer o queriendo pero la verdad es que no me importaba. Mi mujer no veía hasta mañana, mi hija estaba tan borracha que no se iba a despertar y tenía a una joven sobre mi pierna que estaba de muy buen ver así que comencé a intimar con ella.

–Eres una chica muy bella, lo sabes?- le dije, ella me vió y me dijo

-y usted don Joel es un hombre muy guapo y lindo!- me dijo.

    Seguro que tienes novio, verdad?- le dije

    Pues la verdad es que no.

    Eso no puede ser – la tomé de la cintura más fuerte apretándola contra mi cuerpo y mi otra mano empezó a acariciar su cara empezando por apartarle su pelo de su cara.- sobretodo con esos ojos, esa nariz y esos labios tan lindos.

Ella me miraba directamente pidiéndome con su  mirada que la besara, entonces tomándole de la barbilla con mi mano la acerqué hacia mi y tomándola por la cintura la bese, en los labios, por unos segundos, ella aceptó mi beso, y volví a besarla. Nuestras lenguas entraron en acción, fue un beso muy caliente.

La tomé de la cintura más fuertes y mis manos pusieron su piernas encima de las mías y empecé a acariciarlas subiendo su falda vaquera y descubriendo descaradamente sus nalgas, eran bien duras y bien formadas. Ella seguía respondiendo mis besos y no puso objeción alguna por tocarle sus trasero.

Metí mi mano dentro de su falda y arrastré su tanga por su piernas hasta llegar a sus pies, el cual cayó al suelo,  comencé a cariciar su culo, un culo precioso. luego besé sus pechos sobre la prenda y cuando creí­ oportuno le subi su top marrón dejándome ver su sostén, solté su sostén. Le quité los corchetes y aparecieron sus pechos. Sus pechos parecieron no notar que el sostén no estaba, pues seguían allí, redondos firmes y grandes eran blanquecinos con una aureola rosada. Dejé de besar su boca para meter mi cabeza en sus pechos. Chupé con ansia sus pechos hasta derretirme de placer mientras acariciaba su cuerpo tierno. Notaba como sus manos intentaban desnudarme así que empecé a desabrochar los botones de mi camisa. Sus suaves manos acariciaban mi pecho, jugaba con los pelo de mi pecho, yo mientras degustaba de sus pechos. Ana empezó a buscar mi polla y bajó la mano por mi barriga encontrados mi pantalón yo abrí el pantalón y ella con el paso de su mano en mi entrepierna abrió la cremallera, tomando con su mano mi polla  yo comencé a agarrarle los pechos y a chuparle los pezones hasta tener toda una teta suya en mi boca. Con la otra mano no dejaba de tocarle la otra. Mientras, ella se había apoderado de mi polla y se dedicaba a hacerme una paja con sus delicadas manos. Yo tenía la polla muy dura y los huevos muy cargados así que paré y le hice levantarse, fui a quitarme el pantalón pero ella me paró. Ella me terminó de bajar los pantalones y comenzó a chuparla. La chupa muy bien la hija de puta, lamia la cabeza de mi pene, luego se la metía entera, luego la sacaba y me lamia el glande e incluso pasaba su lengua lamiendo desde la base hasta el glande, la chica sabía hacer buenas mamadas de seguro que no era la primera que hacía.

No pude más y la tumbé sobre la mesa del despacho.Le quite su falda vaquera y nos besamos muchas veces de manera muy apasionada y muy lentamente empecé a acariciar de pie a cabeza, le bese su cuello muy suavemente, fui bajando lentamente a sus senos, y aún más abajo hasta sus entrepiernas, jamás había tenido tan cerca un coñito tan lindo, tan suave, tan limpio y tan excitante, no soporte mas y clave mi lengua hasta lo más profundo que pude de su virginal coño y empecé a sentir como fluían por mis mejillas todos esos jugos vaginales que brotaban desde lo más profundo de su abertura, escuchaba como música aquellos hermosos gemidos, un gemido que le producía mi incansable lengua al rozar sus rosados labios vaginales y su pequeño clítoris…
Era el momento ideal de la embestida, me preparé mi herramienta para su  estrecho coñito muy lentamente me incorporé, ella yacía de espaldas sobre sobre la mesa, le hice levantarse y tumbarse sobre la alfombra del despacho con la piernas totalmente abiertas, ofreciéndome a plenitud lo más puro de su ser … su virginidad, con mi verga lista comencé a acariciar su entrepiernas y cada vez que la pasaba por su rajita sin pelos, notaba como se estremecía todo su cuerpo, indicándose el momento justo para la penetración, poco a poco fui colocando mi palo entre sus piernas sin dejar de besar su boca y mirarle a la cara, esa cara de placer que me ponía la muy puta, sentí como poco a poco, milímetro a milímetro avanzaba mi verga por su canal extremadamente lubricado, por todos sus jugos naturales, la sensación era indescriptible, el placer inexplicable, con su coñito bañado en su propio jugo, la suavidad de sus paredes, la estrechez de su interior, y el dulce sonido que producían para mis oídos sus gemidos, así fui avanzando hasta lograr que toda mi polla estuviera dentro, cada uno de mis 20 centímetros de palo. Así fue pasando el tiempo ya no había marcha atrás, hace rato que mi verga se paseaba, entrando y saliendo sin mayor problema de su coño… Sus gemidos dejaron de ser leves para convertirse en gritos de placer con cada uno de los orgasmos que iba alcanzando… hasta que llegó mi momento máximo, quise explotar dentro de ella, pero no estábamos usando ningún tipo de protección, así que saque mi palo y lo apunte a su cara, ella instintivamente y sin dudarlo se metió casi en su totalidad mi enorme polla en la boca y con un ritmo desbocado empezó a chupármela y casi inmediatamente empezaron a salir chorros de semen de mi verga, hasta llenar toda su boca al punto que corría por sus mejillas y goteaba en su pecho…. La verdad fue una experiencia increíble, hay que sentirla para poder conocerla porque no existen palabras para describirla… Ana hizo más visitas a mi casa pero ninguna tan apoteósica como esa.

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Aventura en el metro

Ya tenía tiempo que no escribía nada. Pido una disculpa, pero aquí les traigo otro relato que ya tenía tiempo nadando en mi mente, y espero pronto traerles la continuación de Maestro y Alumno ;)

Advertencia: No estoy a favor del bareback (penetraciones anales sin condón) bajo ningún concepto, ya que conllevan un riesgo de infección constante. Este relato es solo una fantasía, el único terreno en el que no importa como se practique el sexo, es cien por ciento seguro.

Odiaba tomar el metro a las siete de la mañana. Siempre iba lleno, atestado de gente que iba al trabajo, a la escuela o a alguna cita.
Aquel día no era la excepción. Aunque había tomado el metro desde la terminal, el vagón se lleno inmediatamente abrió las puertas. Quizás no había sido la idea más inteligente quedarme a un lado de las escaleras mientras esperaba el convoy, ya que ahí era donde más se acumulaba la gente. Pero me convenía para transbordar en la estación que tenía planeada.

Llegué al rincón del vagón para poder recargarme contra la pared, mientras frente a mí se paraba un hombre de unos treinta y pico años, con una barba de candado muy sexy, vestido de pants, una gran chamarra y gorra. Sus facciones eran bastante atractivas, aunque solo las vi durante un momento debido a que me dio la espalda para poder acomodarse en el espacio que teníamos disponible y poder agarrarse de los tubos.

El tren comenzó a avanzar y yo pensé en todas las cosas que tenía que hacer en el día. La perspectiva era un tanto desalentadora. Aquel viaje de hora y media me iba a quitar mucho tiempo, especialmente si consideraba que era el mismo tiempo que me iba a hacer de regreso.

Llegamos a la siguiente estación, y ante la entrada de gente comenzamos a apretujarnos. El tipo que iba de pie frente a mí quedó totalmente pegado a mí, por lo que su trasero comenzó a presionar mi pene. Aquel contacto me pareció tremendamente erótico, y antes de que abandonáramos la estación ya había comenzado a parárseme.

Solté un suspiro, deseando interiormente que el hombre no notara mi erección. Aunque yo era gay, opinaba que esas cosas eran tremendamente incómodas. Digo, ya me había tocado a mí excitar sin querer a un par de hombres con mi trasero, y por eso prefería buscar una posición donde evitara el roce de esas partes.

El tipo parado frente a mí volteó a verme de reojo. Sentí que los colores se me subían a la cara al pensar que quizás me dedicaría una mirada de repugnancia, pero en lugar de eso me sonrió. Era una sonrisa apenas perceptible, pero estuve seguro que era para mí cuando sentí como su trasero presionaba con más fuerza mis partes íntimas.

Ya entrados en calor decidí aprovechar la situación, y discretamente comencé a ejercer presión sobre su culo, el cual era firme y pequeño, pero bien formado. El hombre me contestó con un arrimón más fuerte, con lo que sentí una hermosa sensación.

Llegamos a la siguiente estación, donde afortunadamente no subió nadie por aquella puerta y si bajaron dos personas. Hubo un momento de respiro antes de que las puertas volvieran a cerrarse, momento que el hombre que estaba frente a mí aprovechó para bajar su mano hábilmente y colocarla de tal manera que mi bragueta le quedara al alcance.

El tren volvió a arrancar y el hombre comenzó a frotar mi verga con su mano. Yo me dejaba hacer con mucho gusto, y no tenía ningún complejo con eso. Supongo que mi cara reflejó perfectamente el placer que estaba experimentando, porque cuando el metro entró al túnel vi que unas cuantas caras se volteaban con interés hacía mí, y el tipo que venía al lado de mí de plano volteó a ver hacia abajo, mirando con atención la mano que acariciaba mi bulto.

Enrojecí un poco con la situación, e iba a hacer que el señor que venía frente a mí dejara de masturbarme, pero mostrando una maestría espectacular en un rápido movimiento bajó mi bragueta, metió la mano, removió mi ropa interior y antes de que pudiera percatarme de otra cosa ya había sacado a mi amiguito al aire libre.

El tren empezó a desacelerar, obviamente se acercaba a la próxima estación. Me empecé a sentir extremadamente nervioso, pero el tipo de al lado y el que se encontraban enfrente de él se movieron ligeramente, al igual que la bolsa y la mochila que traía cada uno, bloqueando la vista de mi pene desde el otro lado. Cuando el tren llegó a la estación, recordé que la mayoría de las estaciones de aquella línea tenían la puerta del lado derecho. Bien, la puerta cerca de mí ya no se abriría (lo cual significaba que mi descenso se complicaría con tanta gente), pero eso también significaba que si los dos hombres que iban a nuestro lado seguían parados ahí nadie más podría ver lo que sucedía. Bueno, a excepción de un chico por allá que también iba estirando su cabeza con disimulo.

La idea de ser visto por tres cabrones me excitó de más y mi pene comenzó a lubricar. El hombre que venía enfrente de mí comenzó a frotar mi glande en círculos con su dedo pulgar, aprovechando el líquido preseminal que tenía para provocar una sensación extraordinaria.
No pude evitar el gesto de placer que puse. Vi como un tipo que iba en la otra puerta me miraba con repugnancia, pero la verdad me valió. Seguramente él sabría que estaba pasando ahí, pero pues si no le parecía que simplemente volteara a ver hacia otro lado.

Uno de los tipos de al lado, el cual tampoco estaba de mal ver, aunque quizás demasiado moreno para mi gusto, comenzó a frotar el trasero del tipo que venía enfrente de mí. En un principio me molestó aquella actitud, ya que quería al señor de la chamarra solo para mí, pero pronto descubriría que la intención de los tipos que tenía al lado no era quitarme a mi hombre, si no proporcionármelo de una manera más íntima.

La mano del moreno se perdió discretamente debajo de la chamarra de mi amante ocasional, el cual seguía jugando con mi polla, para después con un leve movimiento hacia abajo volver a aparecer con el resorte del pants entre sus dedos. Yo me quedé más que sorprendido, y más cuando el señor de enfrente volvió a repegar su culo hacia atrás, el cual ahora estaba al aire libre al igual que mi verga. Era un culo blanco y que se veía suavecito, como si su propietario lo cuidara del sol y de la resequedad.

Yo no sabía que hacer, pero todo pensamiento desapareció cuando con ayuda de su mano mi amante introdujo la cabeza de mi pene en su agujero. No era apretadito, era obvio que lo había usado muchas veces en su vida y ya lo tenía entrenado para acoplarse a una gran variedad de vergas; pero el calor que transmitía era sencillamente delicioso.

El tren paró en la siguiente estación mientras mis diecisiete centímetros de herramienta se perdían totalmente dentro del cuerpo de mi amante. Quizás no había apretado nada mientras entraba, pero en cuanto el convoy jaló nuevamente el señor de la barba de candado me demostró que sabía usar su esfínter con maestría, aprentándolo y soltándolo para producirme un placer supremo mientras ambos balanceábamos nuestras caderas al ritmo del vagón.

Los tipos de al lado no quitaban el ojo, y aunque aquello nos ponía en peligro por primera vez en la vida me di cuenta que lo único que me importaba era gozar al hombre que se encontraba frente a mí. Agarré su cintura con las dos manos, sin importarme que el tipo que iba frente a él recargado en la puerta se pudiera dar cuenta. Recargué mi cadera totalmente contra la pared posterior del vagón, mientras obligaba al hombre que se encontraba enfrente de mí a mover su cadera a una velocidad que según yo no llamara la atención y que pareciera producida por el movimiento del tren.

Aquel mete y saca me estaba volviendo literalmente loco. Y era aún más morboso porque los tipos que nos venían viendo se habían comenzado a tocar los paquetes sobre sus respectivos pantaloncillos como si se estuvieran masturbando ante el espectáculo de mi pene perdiéndose en el hermoso culo de mi acompañante.

El hombre de la barba de candado comenzó a apretar su recto combinando aquello con el movimiento de mete-saca que llevábamos, transportándome al séptimo cielo. No pude evitarlo, solté un gemido bastante audible mientras me venía dentro de su culito y lo jalaba con fuerza hacia mí para clavarlo totalmente. El tipo debió de haber sentido mi venida, pues su cara volteó ligeramente con una enorme sonrisa y su culo me apretó con más fuerza, como si quisiera asegurarse de que me exprimía por completo.

Exhalé sintiéndome completamente relajado y satisfecho, pero aquello solo fue durante un momento antes de ver algunas miradas de asco, repugnancia y hasta odio. Obviamente mi gemido había llamado la atención de varias personas en el vagón, y debió de haber resultado obvio qué había sucedido con lo juntos que estábamos el señor de la barbita y yo, incluso cuando los demás tipos nos cubrían.

Las puertas del tren se abrieron justo en ese momento, y sin apenas pensarlo me subí apresuradamente el cierre escondiendo mi herramienta y salí atropellando a un par de personas del vagón.
Una vez en el andén, mientras la alarma que anunciaba que el tren estaba a punto de marcharse sonaba, volteé mi mirada. Seguía habiendo rostros de desprecio, pero me resaltó el hermoso rostro con barba de candado y gorra, que de repente parecía decepcionado. ¿Acaso esperaba algo más de mí?

El tren cerró las puertas, pero nuestras miradas no se separaron en ningún momento. Nos seguimos viendo mientras el tren avanzaba y el tipo moreno se acomdaba en lo que había sido mi lugar, aparentemente emocionado. Seguramente había llegado a la conclusión que había llegado su turno de gozar.

Pero aquello no me importaba, lo único que me interesaba eran los ojos inquisidores del hombre al que me había cogido, el cual parecía interrogarme por qué me había marchado de esa manera abrupta y no lo había esperado.

El tren se marchó, y se llevó a aquel hombre con el que había disfrutado tanto sin posibilidad de volverlo a ver. He regresado varias veces a la misma línea del metro a la misma hora sin ningún motivo real, y aunque me he encontrado weyes con los que he fajado rico o me han deslechado con sus manos, ninguno a sabido darme el placer que me proporcionó aquel hombre con ayuda de su culo.

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Uno es el Padre Segunda Parte

Uno es el Padre Segunda Parte escrita por mi esposa Alba.

Transcribo el relato de mi esposa Alba

“Después de que Luis publicó el relato Uno es el Padre,, en el que yo era la protagonista de esa fantasía hecha realidad, en la que no uno sino cinco hombres y por cuatro días me cogieron a pelo, sin condón con el resultado de haberme dejado preñada
(embarazada), Luis recibió muchos mails felicitándolo por el relato, por lo cachondo, le preguntaban si era cierto, si Alba realmente existía y ella que opinaba, que había sentido, le había gustado, cuantas veces lo había hecho, él había estado presente?

Algunos de los que le escribieron a Luis, querían conocer las experiencias y sentimientos directamente de la protagonista de esa historia real, o sea yo, Alba.
Supe que Luis le dió mi correo electrónico a algunos de ellos, creo que fue a máximo tres que le inspiraron confianza.

Recibí correos de ellos, y así inicié una relación por internet, una nueva experiencia para mi.
Todas las relaciones con otros hombres, resultado de nuestras fantasías anteriores, habían sido organizadas por mi esposo, con mi consentimiento, ahora tenía yo algo nuevo, mío solamente, una comunicación directa con tres hombres, previa a cualquier fantasía, ellos conforme fue pasando el tiempo resultaron ser unas lindas personas interesadas en mi y yo en ellos.

Pero no quiero desviarme de lo que quiero contarles, que es lo que vivo pienso y siento hasta hoy, ya con seis meses de embarazo, después de hacer realidad esa fantasía en la Riviera Maya.

Antes quiero aclarar que cuando acepté que otro que no fuera mi esposo me cogiera y se viniera dentro de mi sin condón, sabía que el riesgo de embarazarme existía pero, también pensé que sería una lotería, que las posibilidades de quedar embarazada eran pocas. En lo que no caí en cuenta es que coincidirían tres cosas: 1) que el cabrón de mi marido planeara el viaje exactamente 4 o 5 días antes de mi fecha de ovulación, precisamente durante mis días más fértiles, 2) la otra coincidencia fue que cuando Luis lo planeó y yo lo acepté, iba a ser una sola vez y yo deduje, con un hombre, resultaron ser cinco y varios días de manera intensa y finalmente 3) sin yo anticiparlo, me gustó, me gustó tanto que dejé que aflorara en mi la puta, la golfa que yo no pensé existiera dentro de mi. Mi estado anímico sin duda, debió haber ayudado a que en las tantas veces que me vine, que hicieron que me corriera, y que mis flujos vaginales se mezclaran con los espermatozoides en las leches que esos franceses derramaron una y otra vez dentro de mí; no había vez que no terminara la noche y que de la unión de mis piernas escurriera el exceso de leche, los mecos que no permanecieron dentro de mi vagina.

Porqué escribo este relato? Lo escribo porque quiero compartir mis sentimientos y pensamientos, porque quiero que conozcan “la otra parte de la historia” y porque muchos se lo han pedido a mi esposo y a mi directamente.

Desde que regresamos del viaje ni Luis ni yo volvimos a tocar el tema de mi posible embarazo, aunque yo presentía que en su mente como en la mía la duda siempre estaba presente.

Cuando llegó la fecha de mi periodo y éste no se presentó, yo siempre he sido muy exacta, desde ese momento estuve más nerviosa, inquieta y curiosamente, el solo pensar en el hecho de que pudiera haber quedado preñada (embarazada) hacía que del vientre a mi vagina corriera lo que podría describir como una corriente eléctrica que hacía que yo descargara flujos vaginales que solo sentía cuando estaba muy caliente justamente antes de ser cogida, penetrada.

En todo momento me venían y hasta la fecha, con ya seis meses de embarazo, me vienen a la mente las caras, las palabras, los fuertes cuerpos desnudos y las vergas de gran tamaño de la mayoría de los cinco franceses. Recuerdo mis gemidos, cierro los ojos y revivo los momentos en que me embestían, una y otra vez, recuerdo con detalles como me penetraban una y otra vez, como me sentaron uno primero y después los demás en sus piernas, yo con las mías abiertas y sentada en ellos con su verga dentro de mi vagina me obligaron a bombearlos una y otra vez, arriba y abajo, sus vergas entraban y salían de mi vagina, recuerdo como me decían más, más así puta, sube, baja, házlo más rápido perra así, así, que te sienta y yo mientras oía esas palabras me excitaba más y más deseaba satisfacerlo hasta que terminaba una y otra vez..

Yo era virgen de mi ano, cuando sin pedírmelo me voltearon y me pusieron de perrito, con mis nalguitas al aire paradas y mi culo y vagina totalmente expuestos, como invitando a ser penetrada, uno de ellos empezó a dedear mi culo, cuando sentía yo como después de darme a chupar su dedo lo ponía primero afuera y luego lo metía en mi culo, supe lo que seguía, no lo detuve por curiosidad primero y después por deseos de seguir sintiendo uno, dos y luego hasta tres dedos por primera vez dentro de mi cerrado ano la verdad es que estaba yo tan caliente que quería, deseaba que después de los dedos viniera su verga, grande y gruesa, pensaba como iría a caber en un hoyito tan pequeño y frágil ese tronco grueso y oscuro.

La primera vez me dolió, sentía como esa verga gruesa se abría camino en lo estrecho de mi culo, me pedía que me relajara así no me dolería y facilitaría su entrada, obedecí pero no obstante hacer lo que me decía, sentía como desgarraba las orillas de mi ano hasta que habiéndose dilatado de un golpe sentí como entraba hasta el fondo, sentía como sus testículos chocaban con la entrada de mi culo, eso quería decir que la tenía toda, toditita dentro de mi. Y así empezó rítmicamente a metería y sacarla, cada vez más rápido hasta hacerme terminar y luego sin yo esperaron, la sacó de dentro de mí y sentí como después de un grito de satisfacción explotaba y de repente sentí como salpicaba chorros de leche en mis nalguitas, mi culo y parte de mi espalda. Había perdido la virginidad de mi culo, había sido con un extraño y ME HABÍA GUSTADO MUCHO, quería hacerlo otra vez.

Perdí la cuenta de cuantas veces noches me la metieron por el culo. Una sensación muy especial sentí esa noche en la que Luis presenciaba como era yo la perra, la puta de esos hombres y confieso que me calentaba pensar, como de sucedió, que me tomaran por el culo observando Luis, sentía un especial morbo y satisfacción en que mi esposo viera como algo que nunca había hecho él, yo permitía que me lo hiciera no uno sino varios extraños. Vi como se masturbaba mientras uno de ellos me la metía por el culo y se venía en mi.

Conforme pasaban los días y mi periodo se retrasaba más, crecía en mi una sensación de satisfacción por lograr lo que nos habíamos Luis y yo propuesto, a la vez tenía dudas de cómo reaccionaría mi esposo, si bien era cierto que la idea original de la fantasía había sido suya, como dicen “del dicho al hecho hay un buen trecho”. Yo deseaba con todo mi corazón que reaccionara favorablemente.

El día que se confirmó mi embarazo, sentí lo que podría describir como un orgasmo sin ser penetrada, literalmente me vine, me corrí al observar que distintas bandas de color aparecían en las regiones de control y prueba, lo que indicaba que está embarazada.

Afortunadamente Luis reaccionó como yo lo esperaba, hay que reconocer que se sacó de onda pero inmediatamente me abrazó, me besó y me acarició el vientre muchas veces. Como si el bebe fuera de él.

Esa noche cogimos como enajenados, repetimos algunas poses de las que yo hiciera cuando cogí con los franceses. Luis no sabe francés pero las pocas palabras que oyó que me decían, me las repitió esa noche, hacía con el tono de voz que palabreas en español simularan ser francés. Me repetía una una y mil veces: ahora si eres una puta, la mejor puta, la más cachonda, ahora si nos la volamos me decía y me la metía sin parar. Yo no recuerdo cuantas veces me habré venido pero lo que si sé es que el pobre de Luis casi se vino tan pronto como me hubo penetrado, yo le repetía una y otra vez, estoy embarazada, preñada, voy a tener un hijo y NO es tuyo, lo que es más, ni siquiera sabemos cual de los cinco es el papá. Luis al oír esto explotó y me echó lo que yo podría describir como una cascada de mecos, dejó salir toda su leche; nada más porque yo ya estaba embarazada porque si no, estoy segura que con tanto semen hubiera vuelto a quedar preñada.
Después de ese día nada ha sido como antes, ver como ha ido creciendo mi vientre con el hijo dentro de mi de un hombre que nunca sabré quien es y que nunca volveré a ver, me recuerda lis momentos eróticos que viví y que volvería a vivir si no lo hubiera hecho.

Con el tiempo mis pechos han aumentado de talla, las aureolas de mis pezones han crecido y se han oscurecido. Este cambio me tiene muy, muy cachonda y quiero confesarles que no hay día que no tenga ganas de que me coja Luis, y también voy a confesarles que lo hace muy seguido, demasiado.

Como ya les dije al principio, después de publicarse el relato, más bien la historia de nuestras experiencias, de Luis y mías, Luis recibió muchos correos felicitando por el relato y algunos de ellos decían querer conocerme y preguntarme como me sentía ahora embarazada, como había cambiado físicamente en fin, varias cosas de mi. Luis me dijo que as algunos de ellos, los que le habían latido como serios, les dio mi correo electrónico y les dijo que me preguntaran directamente. Solo se los dio a unos cuantos, tres a lo máximo.

He recibido correos de estas tres personas, debo confesar que nunca antes había iniciado o propiciado una relación por internet con un hombre. Lo que es más, todas mis relaciones con otros hombres que no sea Luis, han sido el resultado de las fantasías de mi marido hechas realidad con mi consentimiento; pero ahora platicar de manera virtual por el Messenger o el correo con otro hombre se me hace diferente, mi marido no participa, me siento yo misma, me siento haciendo algo que yo decidí y yo quiero, no porque me hayan convencido a hacerlo.

Estas conversaciones y correos han dado origen a un nuevo deseo muy personal, de llevara cabo una nueva fantasía: tener relaciones con uno de ellos, dejar que ahora, así embarazada, uno de ellos me coja; SI, quisiera entregarme a uno de ellos embarazada para que disfrutara de mi cuerpo en momentos únicos, quisiera que me cachondearan mucho, que me acariciaran y besaran mi pancita, en fin que hicieran de mi otra vez la puta que descubrí traer dentro de mi.

Lamentablemente en fechas recientes he tenido unos problemas familiares de importancia relacionados con mis papás, he llorado mucho y sufrido    estas ultimas semanas pero ya me di cuenta que la vida sigue su camino y pienso continuar con mi vida. En estos días de soledad es que decidí escribir mis experiencias y dárselas a Luis para que las publicara.

Ya hablé con Luis y le comenté de mi fantasía, que quería que me cogieran mientras estuviera embarazada, que se vengan, que se corran dentro de mi y volver a vivir los días con los franceses pero con alguien diferente y así como estoy, con el vientre crecido, con los pechos más grandes, con mis pezones oscuros casi chocolate.

Sigo planeando lograr hacer realidad esta fantasía. Confío
hacerlo pronto.
Hasta aquí la transcripción del relato de Alba mi esposa.

Y cuando lo haga se los avisaré.
Continuará.

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