Un alto en el caliente camino

El culo de la Minerva era famoso en el colegio, era lejos el mejor culo y el motivo de las innumerables pajas que los alumnos se corrían en los baños del establecimiento evocando los movimientos y las formas de este trasero simplemente de colección. Yo mismo, ya salido  dos años del colegio, y antes de entrar en tratos con mi hermana, me había corrido varias pajas  evocando el inalcanzable y perfecto culo de esta  señora, eminente profesora de filosofía, de ardientes y no dominados 40 años.

Lo  primero que he de decir es que los múltiples lectores que me han favorecido con su atención, habrán de comprender que me resultó nada fácil asumir la magnitud de los hechos acontecidos, si bien he de reconocer  que desvirgar finalmente a mi ardiente hermana ha sido el placer supremo que he vivido.

Sin embargo, como el ser humano es ingrato por naturaleza, pues ella la preciosa morena, después de haber gritado de placer en su cama asumiendo su primer y descabellado orgasmo penetrante, se ha tornado ahora más bien distante y algo indiferente conmigo. No ha vuelto a solicitar para nada mis servicios, como si ella, desde su punto de vista de profesora, hubiese llegado a la conclusión que esa es una tarea ya cumplida.

Yo, nada le he dicho, porque siendo ella mi hermana mayor, yo la respeto por sobre todas las cosas. Solamente en algunas conversaciones de sobremesa  le he dado a entender que  he vuelto a pajearme con persistencia, porque el recuerdo de lo vivido con ella, de sus tetas monumentales, de su culo espectacular y de nuestros incestuosas sesiones de sexo, me someten a recuerdos torturantes, en medio de los cuales,  derramo cantidades de semen perdido, que cada vez se hace más fluido y transparente, tan transparente como se está tornando mi piel acusando de nuevo, mi evidente deterioro físico.

Fue por eso que me sorprendió que ella, hace casi dos semanas me haya dicho, sujetando una sonrisa, que deseaba hablar conmigo y que yo fuera  a su cuarto esa tarde para poder hablar con tranquilidad. Esta sola invitación desencadenó en mí toda una revolución hormonal. Dediqué lo que quedaba del día  hasta la hora de la cita a alimentarme debidamente para poder soportar las fuerzas eróticamente destructoras de esa hembra formidable, en plenitud de sus atributos, que seguramente me sometería a todas las adorables torturas, allí sobre la  superficie de su escritorio, donde me imaginaba extendería sus muslos divinos, separados para que mi lengua primero y mi pija después volvieran  a encontrar los tesoros que ella me había hecho descubrir.

Así fue como a las 20 horas de ese día, en medio del silencio de la casa, entré en su cuarto con mi pija transformada en un verdadero fierro candente, Por cierto que ese día, aunque me costó mucho, no me había corrido paja alguna. Mi hermana me pareció más deseable que nunca, vestía una falda amplia pero más bien corta dejándome un tercio de muslos para mi sufrimiento, pero lo más inquietante eran sus tetas, prácticamente libres, en una blusa que apenas cubría uno de los pezones, el otro me apuntaba diabólicamente.

–  Siéntate, hermanito-  me dijo.

¿Habría ella inventado algo nuevo, ¿ Porque sentados no habíamos hecho nada. De pie y acostados si, pero sentados no.

– Quería hablar contigo –  me dijo, –  porque comprenderás que después de lo que hemos vivido tenemos confianza suficiente-  y entonces mirándome a los ojos y con una seriedad que me pareció  muy propia de  ella  me  dijo. – La Minerva quiere que tú la desvirgues.

La verdad es que casi me desmayo…

La Minerva es una profesora amiga de mi hermana que va a menudo a la casa y que es un monumento de mujer. No es muy agraciada de rostro, pero uyyy  tiene en culo… que durante años  me ha tenido trastornado,  les aseguro que uno lo mira y dan deseos de arrodillarse. Casi no salí de mi asombro  para poder decirle a mi hermana.

–  Pero hermanita, no puede ser, la Minerva es casada y tiene una hija de 20 años.

Mi hermana  sonrió levemente y me respondió.

-Si lo se, idiota, pero ella quiere que la desvirgues por el culo.

Tenía razón mi hermana al haberme pedido que  me sentara, de otra manera me habría derrumbado ante la perspectiva.

El culo de la Minerva era famoso en el colegio, era lejos el mejor culo  sin discusión alguna y el motivo seguro de las innumerables pajas que los alumnos se corrían en los baños del establecimiento evocando los movimientos y las formas de este trasero simplemente de colección. Yo mismo, ya salido  dos años del colegio, y antes de entrar en tratos con mi hermana, me había corrido varias pajas  evocando el inalcanzable y perfecto culo de esta  señora, eminente profesora de filosofía, de ardientes y no dominados 40 años.

Mi hermana notó el impacto de lo que me había dicho y sin duda que lo disfrutaba pues se movía coquetamente mientras con calma me decía que lo que pasaba era que La Minerva hacía meses que tenía la idea de tirar por el culo, porque ella decía que estaba de moda, pero que la pija de su marido era corta y muy gruesa y que ella jamás lo intentaría con él porque estaba segura de que la destruiría, de modo que ni siquiera se lo había insinuado, más cuando mi hermana le contó como ella lo hacía conmigo y lo placentero que le había resultado, La Minerva había entrado en una espiral satánica de calentura y soñaba de día y de noche con que yo la desvirgara por ese lado.

Yo, de solo pensarlo había desarrollado una erección brutal tanto que  debí liberar mi pija endurecida y era evidente que mi hermana disfrutaba de mi calentura puesto que se había arrodillado al lado de la silla y me la succionaba como loca mientras se apretaba ella misma las tetas reiterándome  que tenía que hacerlo y yo latía en su boca y en el  momento de correrme ella me decía  con voz ligosa y húmeda…

–  La Minerva es una gran amiga…  de verdad.

Como Uds. comprenderán yo no podía negarme a esta petición de mi hermana sobre todo que ella me hizo hincapié que eran muy amigas y la Minerva le pedía esto como un favor. Yo me atreví a sugerirle que sería conveniente que antes del hecho  mismo podríamos tener un encuentro así como para conocernos un poco para que el desvirgue no apareciera como algo demasiado profesional y  quirúrgico.

Yo nunca había hablado a solas con la Minerva. Mi hermana me encontró razón y dijo que el  viernes por la noche, que quedaríamos solos en casa, ella la invitaría a tomar un trago para acercarnos un poco y así como derretir el hielo.

La Guerra de las Galaxias y el Señor de los Anillos  juntos no son nada comparados con las películas que yo me pasé esos dos días de  espera. Para más mi hermana casi no me hablaba como si ella, que era justamente la causante de esto no tuviese nada que ver con ello. Traté en lo posible de calmarme, sin lograrlo, busqué por todas partes una fotografía de la Minerva pero no encontré, de modo que me corrí tremendas pajas con los culos más parecidos que encontré en las revistas y así logré llegar calmado a  la tarde del viernes. Sin embargo nada sería comparable con la realidad.

Estábamos con mi hermana en el living terminando de preparar los tragos cuando llegó la Minerva. No se que vestía arriba solamente se que  para abajo tenía unos pantalones color crema.

Puedo asegurar que  cuando ese culo entro en  la habitación ceñido por ese pantalón,  el aire se cargó de electricidad.  Ella me saludó con un beso y luego se inclinó para besar  a mi hermana que estaba sentada frente a mí.

Entonces la forma de su culo quedó a un metro de mi cara. Ni un solo pliegue en esa superficie estirada al máximo, ni una seña por pequeña que indicara que  bajo el pantalón había siquiera una capa de aire.  Apenas una  huella  casi luminosa de la separación de las nalgas y entonces yo no entendí porque el marido de la Minerva no se había muerto durmiendo cada día al lado de ese culo.

No tenía muy clara consciencia de lo que pasaba alrededor, solamente miraba ese culo con mi verga aprisionada en mi mano  dentro de mi pantalón y la sentía latir desesperada.

Mi hermana me miraba y se daba cuenta de lo que me pasaba, pero yo estaba perdiendo el sentido con la vista fija en el culo de la Minerva y fue en ese momento que me puse de pie sin poder contenerme, me acerqué a la Minerva, que aun estaba de pie frente a mi hermana, y sacando  mi pija  que reventaba,  la pasé por  el culo de la Minerva descargándole  la más descomunal chorreada de semen que hubiese producido en mi calenturienta vida y para sorpresa mía la hembra no se movió ni un milímetro.

Mi hermana si saltó de su asiento tratando de limpiar el pantalón de la mujer arrastrando el semen con su mano y mirando a la Minerva como pidiéndole disculpas, pero la mujer recorriendo con ambas manos sus nalgas empapadas  de mí semen solo atinó a decir.

–  ¡Que grandioso, amiga!… ¡Es fantástico!

La verdad es que  a mí me había invadido ahora una calentura superlativa. Mientras las dos mujeres se miraban  con evidentes signos de calentura en sus rostros, dándose cuenta que no existía otra alternativa para la Minerva que sacarse los pantalones.  En ese momento se inició una ceremonia que habría de llevarme al borde de la muerte. La Minerva comenzó a desnudarse.

Yo estaba allí de pie en el centro de la habitación con la pija en mi mano como quien blande el cuchillo asesino frente a su víctima inocente. Pero esta víctima de inocente no tenía nada,  sino que era una hembra en plena posesión de sus poderes calenturientos, dispuesta satisfacer un deseo que latía desde meses profundamente en el interior de su culo y que ahora se despojaba de sus pantalones mojados dejando a vista y paciencia  nuestra el culo más incendiario que pudiéramos imaginar  y hablo en plural porque yo me daba perfecta cuenta del impacto que el culo de la Minerva ocasionaba también en mi hermana.

Cuando quedó desnuda, La Minerva tomó ambas manos  de mi hermana y como sosteniéndose en ellas se inclinó para ofrecerme su culo perfecto. Había llegado el momento de consumar el acto para el que estábamos reunidos. A nadie se le ocurrió besar ese culo, o examinarlo suavemente con un dedo, o recorrerlo con la lengua, o acariciarlo con el cabello,  ni ninguna de esas cosas que salen en los relatos. Es que ese culo de la Minerva no es un culo de literatura sino un culo de verdad, concreto y real que no necesita ninguno de esos homenajes inventados.

Así ella simplemente tomó mi pija y la apretó como dándole su aprobación, como cerciorándose que no era la monstruosa deformación del idiota de su marido, sino la pija maravillosa que mi hermana le había descrito y entonces ella misma se puso la cabeza de mi pija  en la entrada de su agujero central y comenzó a moverse para penetrarse como la Diosa que es.

Mi hermana me miraba orgullosa de mí en el momento en que yo entraba y entraba en la Minerva que consciente de su categoría de Diosa no emitía ni un solo quejido ni un grito, como lo había hecho la alharaca de mi hermana, cuando se la metí por vez primera.

La Minerva disfrutaba de toda mi longitud sacándosela y metiéndosela según su propio ritmo mientras yo la tenía agarrada por el costado de las nalgas sintiéndome dueño de ese culo que  deseaban  todos los profesores del colegio, la totalidad de los alumnos en edad de pajearse, todos los vecinos del barrio que noche a noche se tiraban a sus mujeres pensando en el culo de la Minerva  y también mi maravillosa hermana en cuyo hermoso rostro yo veía pintado ahora un deseo diferente a todos los que ella ya tenía.

Autor: Abel

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