Sexo en la Patagonia

Éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69.

De acuerdo a lo que habíamos convenido lograste viajar a la Patagonia sola; cosa que costó bastante trabajo porque tu esposo no quería, pero con el argumento de que debías asistir a esta reunión de trabajo  de la empresa en la que trabajabas pudiste partir para el sur.

Llegaste en una empresa de colectivos a las 21,00 horas,  yo te estaba esperando en la terminal de ómnibus.

Me reconociste en el mismo momento que pisaste suelo patagónico porque habíamos buscado una forma de reconocimiento muy clara… yo también te ubiqué en el mismo momento que apareciste en la puerta para descender, era evidente que eras esa súper hembra que mostraba su figura súper ajustada en esa mini negra que apenas te tapaba uno centímetros más allá de la tanga y esa blusa que ajustaba tus senos que parecían querer escaparse del encierro que les habías impuesto.

Estábamos en mi pequeña  ciudad; en consecuencia nos saludamos muy cordialmente con un apretón de manos y un beso en la mejilla.Te invité a subir a mi coche y de inmediato partimos.

-¿A dónde vamos? – me preguntaste. ¿Cómo hiciste con tu esposa? ¿No sospecha nada?-No te preocupes –  te respondí – En este momento estoy partiendo para un ciudad que está a setecientos km de acá para participar de un congreso.

-¡Noooooo! – Dijiste – ¿todavía tengo que seguir viajando? ¡Estoy cansada!-Es que no vamos a seguir viajando amor – te respondí,  mientras apoyaba mi mano en tus piernas (lucías esa hermosa mini que realzaba tu figura) – nuestro destino está a sólo unos treinta  km de aquí.  El motivo de mi desaparición de casa por dos largos días es un congreso que se realiza allí y al que asisto con un compañero de trabajo. Está todo armado así y no creo surjan inconvenientes. -Ahora te invito a partir para una cabaña que he reservado en el Parque Nacional… ¿Aceptas la invitación mi amor? – te digo mientras corro suavemente mi mano por tu pierna.

-¡Claro que acepto! – me respondes – para eso hice este tremendo viaje mi amor. Creí que era verdad lo del viaje de setecientos km. ¡Que susto!

Fue tan entretenida nuestra charla mientras viajábamos que nos pareció un instante y ya nos estábamos instalando en la cabaña en medio del bosque. Eran las 22,00 hs y aún la noche estaba lejos de llegar, por lo que admiraste un momento el hermoso paisaje que nos rodeaba. Estaba todo previsto. En la heladera encontrarías todo lo necesario para vivir dos días en medio de este hermoso paisaje. Te ayudé a bajar tus efectos personales, te hice conocer cada rincón de “nuestra cabaña”… al frente teníamos un hermoso lago… hacia el fondo el bosque invitaba a las más locas aventuras…

-Tené cuidado con el lobo feroz – te comenté.-¡Ojalá me atrapara ya el lobo feroz! – me respondiste. -Estoy yo para defenderte mi amor – te dije – ¡No le permitiría que te tocara!

Reímos y nos dirigimos a la sala.

-Tomamos una copa – te invité.-Si mi amor – me respondiste.

Nos sentamos en un mullido sillón cada uno con su copa en la mano e hicimos un brindis por el encuentro.

Brindis completo; junto al chin-chin de las copas nuestros labios se unieron en un larguísimo beso… Nuestras manos comenzaron a recorrer los cuerpos… Recorrimos lentamente cada rinconcito, cada curva, como queriendo no dejar detalle sin descubrir en cada milímetro. Tu ajustada blusa desapareció rápidamente  y quedaste solo con el corpiño que parecía querer apresar esos hermosos y  turgentes montes que parecían tus  senos que pujaban por escaparse. ¡Qué hermoso par de tetas! Mientras vos no perdías el tiempo y me quitabas la camisa con una habilidad que demostraba que no era la primera vez que realizabas esta tarea.

Sin desprenderlo, te levanté el topcito y me “prendí” a esos pezones que ya estaban duros como acero y parados cuan largos eran y te los chupé largamente… por momentos te chupaba los pezones… luego recorría con mis labios todas tus tetas, sintiendo como te estremecías y gemías denunciando tu calentura cada vez mayor.

-Amor, démonos una ducha… ¿sí?- te invité.

Así los hicimos por turno.

-¡Prepárate para todo! – te comenté cuando estabas en la ducha.-Siiiiii – me respondiste.-Allí encontrarás todo lo necesario.-Ya lo vi – me respondió – veo que no olvidaste ningún detalle.-Por supuesto – le dije – quiero que esta noche no tengamos ningún imprevisto. Encontrarás allí todo lo necesario para prepararte para una noche de sexo total, mi amor. Hacelo sin apuros que yo esperoooo.

Fueron largos veinte a treinta minutos… apareciste hecha una diosa… nos abrazamos en la misma puerta del baño y comenzó una acelerada sesión de caricias y besos, en un instante la poca ropa que nos cubría había desaparecido. Como el sillón lo permitía nos acostamos en el, pero cada uno en posición invertida a la del otro y comenzamos una mutua tarea de recorrer toda la parte del cuerpo ya desnuda besando y chupando cada milímetro…

Me prendí de tu clítoris mientras vos te metías mis huevos juntos a la boca… ¡Que hermosa sensación! No sé cuantos minutos transcurrieron; lo que si era verdad que ya nuestra mutua calentura alcanzaba ribetes nunca imaginados… éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69…

Mi lengua me parecía corta adentro de tu concha mientras empujaba mi pija adentro de tu boca hasta tocarte la garganta produciéndote al principio un par de arcadas, luego te habituaste por lo que insistí en empujar la pija y sentí que la cabeza pasaba más allá de tu garganta. ¿Cuánto tiempo estuvimos en esta tarea? Creo que mucho más de media hora. La noche ya había llegado por lo que, antes de continuar cerramos las cortinas que estaban abiertas para evitar la mirada de algún ocasional caminante.

Te tomé en brazos y nos dirigimos al dormitorio donde nos esperaba una enorme cama en la que te deposité de espaldas en el borde… Tendida así, abrí tus piernas… Me metí entre ellas y afirmé la cabeza de mi pija en tu concha… Jugué allí recorriendo desde el clítoris hasta el culo que eran un mar… habías perdido tanto líquido que caían gotas sobre la sábana, y con este juego pareció acelerarse esa hermosa catarata mojándome la pija que también goteaba sin parar.

Estabas tan lubricada que bastó solo una pequeña intención para sentir como entraban mis 21 centímetros adentro tuyo y mis huevos se afirmaban en tu culo. Cogimos largamente en esta posición… Luego puse tus pies sobre mis hombros y me pareció que la pija llegaba hasta tu diafragma… me sentía tan adentro tuyo que te comenté:

-Amor, me quedaría toda la noche adentro tuyo.-Y yo te tendría toda la noche adentro de mí, mi macho querido – me contestaste.-¡Sos una yegua caliente! – te grité.-¡Y vos un macho pijudo! Me respondiste – ¡Cógemeeeee, cógeemeeee! Gritabas.

-¡Siiiiiiiiii mi yegua puta reputa, te gritaba! – mientras seguíamos en un violento entre y saca que sacudía toda la cama que crujía como si se fuera a romper.-Espera – me dijiste y sacando velozmente la pija de adentro tuyo te diste vuelta y te pusiste en cuatro-¡ahora soy tu perrita! – Me dijiste – ¡clávame asíiiiii!-¡Y yo soy tu perro caliente que te va a coger hasta abotonarse!

Sin dudarlo te ensarté de un solo envión haciéndote quejar del golpe que di contra tu culo. En esta posición seguimos la tarea, mientras comencé a frotarte el culo con un dedo que primero lubricaba en tu argolla que parecía un mar. Sentí que tu culo comenzaba a responder abriéndose por lo que aproveché para agregar un dedo más y luego otro que entraron totalmente.

-¡Amooorrr! – Gritaste – ¡Dámela por el culoooooo! ¡Quiero que me culees! – ¡Siiii mi vida! – te respondí mientras sacaba la pija de tu argolla y sin esperar un instante y de un sólo envión te la ensarté toda hasta sentir mis huevos afirmados en tu concha. –  ¡Ahhhhhh! –Gritabas – ¡Que hermoso naboooo! ¡Me llega hasta el estómago mi amor!- ¡Si amor, te la metí toda! – te contesté.

Y entonces comenzamos una serruchada que hacía crujir la cama que yo creo se escuchaba a un kilómetro. Tus gritos se mezclaban con los míos y llenaban el silencio de la noche mezclándose con el murmullo del agua del lago y el sonido de la suave brisa en los árboles. En ese entre y saca algunas veces te sacaba totalmente la pija del culo y te la ensartaba en la concha, volviendo luego al culo… esto te enloquecía porque aullabas como una verdadera perra.

Te pedí que te dieras vuelta y poniendo tus dos piernas en mis hombros tuve a mi disposición tus dos agujeros que comencé a atacar sin piedad ensartándote la pija hasta los huevos en cada uno de ellos… vos ya habías tenido como cinco o seis orgasmos cuando sentí que acababa… Te lo dije y aceleramos  nuestros movimientos hasta que, cuando sentí que acababa te saqué la pija del culo y acabé llenándote de leche las tetas y la cara.

Quedamos un largo rato tendidos en la cama, era ya la una de la mañana. Te invité a ducharnos juntos. Lo hicimos y luego cenamos y charlamos un largo rato. En seguida nos acostamos y, como si recién nos hubiéramos encontrados, nos echamos un tranquilo polvo y nos dormimos abrazados.

Cuando nos despertamos era día total, un sol hermoso nos ofrecía un paisaje verdaderamente sensacional… Miramos la hora… eran las dos de la tarde…

Continuará…

Autor: Mario

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