Patricia y su Ñieto, algo Inesperado

Bueno, lo que les contare fue la confesión de mi amiga patricia, ella tiene 61 años cumplidos, una mujer trabajadora y dedicada a su familia, con malas relaciones incluyendo a su ex marido, tiene dos hijas la mayor, Andrea y la segunda Manuela. Pero lo que contare se centra en el Hijo de Andrea, Andres que actualmente tiene 19 años. Todo empezó una mañana cuando Andrea tenia que ir a su trabajo le pidió a su madre que bañara a su hijo por que ella no tenia tiempo. Bueno Patricia se tenia que bañar también y llevo a su nieto a la ducha para bañarlo, hasta que sonó el teléfono, y ella se puso de lado en la tina para hablar, en ese momento andres le dijo.

Abueli, le paso el jabón por la espalda,

ella le contesta, si andy hazlo

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Con Vanessa delante de su abuela ciega

Por esa época estaba saliendo con una chica que se llamaba Vanessa , ella era puro fuego morena con los ojos verdes el pelo largo lacio y unas gafas que la hacían parecer intelectual.

La época de la que habló era en el instituto ella pertenecía a un instituto y yo a otro, eran mucha ocasiones en la s que iba desde mi instituto al suyo para verle  y acompañarle a casa de su abuela a la cual tenía que cuidar mientras que su madre se iba a trabajar, lo tenían arreglada así.

Cierto día. como de costumbre la recogí en su instituto y nos fuimos a casa de su abuela, al llegar abrió la puerta la madre y me saludó, Vanessa  y yo llevabamos mucho tiempo saliendo y ya nos nos conociendo las madre y yo.

–    Hola, pasa.- Me dijo la madre.

–    Gracias Doña Dolores.- Le respondí.

–    Te he dicho que me llames Loli, que cabeza la tuya.

–    Vale, Loli.

–    ¿ Te quedas a comer no?.- Me dijo ella.

–    Si, venga.- Dijo Vanessa  entusiasmada.

–    Ok.

–    MaMá este es el novio de Vanessa.- le dijo la madre a la abuela de Vanessa.

–    Está un poco ciega, tiene cataratas.

 

Comimos los cuatro en la mesa, madre, hija, abuela y yo. Tras la comida me estuve fijando como la madre de Vanessa  le daba de comer a la abuela, la verdad es que a la abuela no la conocía yo era una señora de 92 años totalmente arrugada en un silla de rueda que trasladaban de la silla de la cocina al sillón balancín y a la cama.

Terminamos de comer y mientras que la madre recogía la cocina Vanessa  colocó a la abuela en el butacón frente a la tele y yo me senté en el sofá frente a la tele con la telenovela puesta para amenizar la sobremesa.

La madre de Vanessa  se marchó y nos quedamos los tres en la casa. al rato de estar viendo la telenovela, Vanessa comenzó a besarme en el cuello, yo no hacía más que mirar a la abuela que tenía la mirada perdida, no sé si en la tele o nosotros. Vanessa  elevó la apuesta y comenzó a tocarme la polla por encima del pantalón, Yo le quité la mano señalándole a la abuela.

–    Está sorda y nos se entera de nada.- me dijo y siguió besando mi cuello y tocando mi polla por encima de la tela de mi vaquero.

Yo seguía mirando a la abuela la cual no hacía ningún gesto, únicamente parpadea de vez en cuando, Vanessa  tomó mi mano abriendo su camisa la puso en uno de su pechos, yo tomé el pecho con mi mano y comencé a acariciarlo, mientras que ella había abierto la cremallera de mi pantalón y tenía entre sus dedos la cabeza de mi polla.

–    Niña, me traes agua.- Dijo la abuela.

Vanessa  sacó su mano de mi pantalón y yo saqué la mano de su escote y se levantó a por el agua, le dió de beber a la abuela y luego se sentó a mi lado, para al momento volver a meter sus dedos en mi bragueta y comenzar a tocar la cabeza de mi polla, y con la otra mano puso mi mano en su pecho, y digo su pecho porque en el transcurso de ir a la cocina se había quitado su sujetador y ahora sus pechos estaban resguardado dentro de su camisa.

Estuvimos un  rato tocándonos, yo rodeé el cuerpo de Vanessa con una mano y comencé a subirle la falda y a tocarle el culo y con la otra le acariciaba los pechos , ella había conseguido abrir mi bragueta y prácticamente toda mi polla estaba fuera de mi pantalón y la movía de arriba a abajo sin hacer ruido, la abuela cerró los ojos y se durmió. Mi mano que estaba en su trasero comenzó a bajarle las bragas y a descubrir el culo, ella se levantó y se despojó de ellas para luego sentarse sobre sus rodillas, como estaba antes a mi lado. mi mano que estaba en su trasero pasó a acariciar su coño y la otra mano seguía con sus pechos. Mis dedos entraban en su coño y la hacías excitarse lo que hacía que se humedeciera y empezara a gemir con suspiros. Yo miraba a la abuela que tenía los ojos cerrados aún. Vanessa me hizo que me levantara para bajar mi pantalón un poco lo justo para que a mis huevos les diera la luz del sol,  luego sacó mi mano de su coño y mi mano de sus pechos y se agachó comenzando una mamada de los más morbosa con su abuela allí dormida. Vanessa era una experta mamadora, no era la primera vez que me hacía una felación, pero si era la primera vez que me la hacía con público, ese morbo me encantaba pero a la vez intentaba contenerme para no hacer ruido aunque la manera en la que me la estaba haciendo merecía gritar de placer.

Tras un largo rato comiéndome la polla se levantó ante mi mirada y mirando a la abuela que estaba aún dormida se subió encima mío y comenzó a meterse mi polla en su coño.

Ella cabalgaba lentamente sobre mi polla mientras que yo la tomaba del culo para seguirle el ritmo y con mi boca buscaba sus pezones para chuparlos cual bebé.

Mi polla siguió entrando en el coño de Vanessa y ella seguía cabalgando mientras que le comía sus pechos y le apretaba su culo con mis manos, y la abuela seguía dormida. Poco tardé en correrme dentro de su coño, a sabiendas que Vanessa tomaba la píldora. Ella se levantó y cogiendo sus bragas se fue al baño a limpiarse y cuando regresó hice lo mismo en el baño, luego nos acurrucamos en el sofá a ver la novela mientras, la abuela, seguía durmiendo.

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Iniciándome con mamá y la abuela

El coño de la abuela sabía a gloria, y era obvio, que por el estado de humedad en que se hallaba, se había estado masturbando mientras nos observaba a escondidas, mientras mamá y yo nos entregábamos a realizar nuestras fantasías sexuales, así, entre las dos hembras desbocadas, cabalgando como posesas, mi madre, sobre mi polla y la abuela sobre mi cara.

Sí, es estupendo mantener relaciones sexuales con miembros de mi familia, aunque yo, por desgracia, no lo hago con la asiduidad de antes, pues ahora no vivimos en la misma ciudad, pero en verano, nos encontramos en Tarragona, en un conocido camping nudista donde, eso si, con toda discreción damos rienda suelta a nuestras actividades sexuales, este año con el aliciente de la participación de mi cuñado, pues mi hermana Eva se casó el año pasado, y la incorporación de la nueva estrella de la familia (Salió a mi madre) Ana, mi hermanita.

Nuestras aventuras comenzaron de pequeños, crecí junto a 4 hermanos (tres chicas y un chico) y prácticamente sin padre (parecía el hombre invisible) mi madre y abuela, esta fue una mujer muy liberal y defensora de las libertades sexuales, eso lo heredó mi madre, ella inició a mí madre en las prácticas sáficas desde muy joven, luego entre ambas, por ser yo el mayor, decidieron hacerse cargo de mi educación sexual, prodigándome todo tipo de atenciones y mimos. Me inició mi madre, pues siendo aun adolescente ya me permitía dormir en su lecho, fue así como inicié mi andadura en el mundo del sexo.

Todo empezó en una playa nudista, junto a mi madre y mi abuela, mis hermanas, Rosa y Berta, eran aún pequeñas para tomar parte en nuestras relaciones, yo era el hombre de la casa. Bueno, mi madre siempre me ponía crema solar, yo me hallaba en pleno desarrollo, y sentir endurecer mi miembro ante la desnudez de otra persona, empezaba a dejar de ser algo nuevo para mí, y claro, a mi madre (y la suya) no les pasaba desapercibido mi grado de excitación (y el aumento del tamaño de mi pene), así que aprovechando el momento de ponerme crema por la espalda, empezó a acariciarme, primero las nalgas, luego entre los muslos, mi pene se puso duro como el acero, no lo podéis imaginar, yo estaba rojo de vergüenza y excitación, menos mal que estaba boca debajo de espaldas a ellas, luego, mi madre deslizó sus manos untadas en crema solar entre mis nalgas y su dedo se recreó en el contorno de mi esfínter, yo me excitaba más por momentos, mi pene pugnaba por traspasar la toalla y clavarse en la arena, yo no sabía dónde dirigir la mirada, y para colmo escuchaba como ella y mi abuela murmuraban algo entre risas y en voz baja; sin previo aviso, mi madre, tomándome por la cadera me volteó y me dijo:

Ahora le toca al pecho, no te vayas a “quemar”, dijo con voz socarrona, desde luego, mi culito y mis nalgas se habían llevado una buena ración de caricias, pero nada comparado con lo que se avecinaba; nada más darme la vuelta mi miembro se disparó hacia el cielo como empujado por un resorte, mi abuela rompió a reír, y mi madre ante mi azorada mirada y el rostro encendido, me besó en la boca con suavidad y me calmó con sus palabras ” tranquilízate cariño, ya verás la diferencia a tus “pajas” a escondidas”, acto seguido, mi abuela se situó a mi costado y empezó a acariciarme con sus manos untando mi pecho con crema solar, sin ningún disimulo acariciaba mis pezones ¡Me gustaba! Mí madre, ya podéis imaginar, sorprendió a la abuela tomando mi mano y llevándola hasta su sexo, estaba muy mojada.

La abuela, tomando mis dedos entre los suyos, me incitó a jugar con su sexo y a acariciar su clítoris, mi madre no se quedaba atrás, sin cortarse un pelo, con una mano se masturbaba disimuladamente, afortunadamente no había gente en las proximidades, y con su mano libre untaba mi verga de aceite solar, le bastaron unos segundos para que yo, sin poderme contener, me derramara entre sus dedos llenándoles con mi leche, ellas se pusieron a reír, “mira, más crema, dijo la abuela”, al unísono estallaron en carcajadas, yo estaba que no me lo creía, mi madre se relamía los dedos llenos de leche y los llevaba a la boca de la abuela, esta sin más, le espetó: “Prefiero beber de la botella”, y ante mi incrédula mirada y el asentimiento y sorpresa de mamá, se inclinó sobre mi regazo y tomando mi polla entre sus dedos, la llevó a su boca, lamiendo y tragando hasta la última gota del semen derramado.

Aquella fue mi primera y real experiencia sexual, luego, más reposado, ellas me tranquilizaron y me hicieron ver que… ¡La familia que folla unida…! Por la noche, ya en casa y acostadas mis hermanas, mi madre me dijo que fuera a verla a su habitación, que quería hablarme de algo muy importante, y ya creo que lo hizo, esa noche, como en la playa pero sin crema, empezó a colmar mi cuerpo de besos y caricias, al tiempo que me hablaba sobre lo aburrido que era pasar las noches sin un hombre en su cama (mi padre nos abandonó antes de nacer mi hermana Ana) que no le apetecía meter a un desconocido en casa, y que bueno, en parte sus necesidades sexuales eran satisfechas por la abuela, que por cierto, por aquel entonces era una señora de muy buen ver a pesar de tener 58 años, y que había llegado el momento de ocuparse de mi educación sexual, y como no, ¿quién mejor que ellas dos para ocuparse de un inocente e inexperto joven de 18 años?

A mí me excitaba sobremanera contemplar el cuerpo desnudo y bronceado de mi madre, con unas redondeces muy apetecibles, no era la primera vez que sentía un cierto hormigueo en la entrepierna al verla desnuda, tenía unos pechos duros y firmes, un culito respingón y prieto, y como no, un coñito sensacional, cálido y angosto, coronado por un clítoris bastante desarrollado como una polla en miniatura, que no me cansaría de chupar jamás, y unos labios diminutos y rosados, como si fuera una jovencita (eso lo supe más tarde al ver el de Rosa, mi hermana.

Aquella noche entre caricia y besos, mi polla se puso de nuevo como el acero, ella me enseñó cómo darle placer con mi lengua y mis dedos, me enseñó a buscar mi “caramelo” entre los pliegues de su sexo, al tiempo en que lamía mi empinada polla y acariciaba mis huevos y mis nalgas mientras introducía su dedo lubricado por los jugos de su sexo en mi agujero (jo, como me gustaba aquello) yo buceaba con el rostro inmerso en su sexo, lamía su clítoris como un poseso, sentí a mi madre explotar en un orgasmo, apretando más su coño contra mis labios, aprisionando mi cabeza entre sus muslos empapados, mi lengua no cesaba de jugar en su agujero rosado, y como no, me volví a derramar, esta vez en su boca, ella tragó toda mi leche sin dejar que una sola gota escapara de entre sus labios, luego con suavidad, pasó su lengua entre mis nalgas recreándose en mi esfínter, jugando en él con mis dedos e introduciéndolos dentro, y claro, yo no yo iba a ser menos, y de la misma forma le correspondí, eso la ponía como una moto.

Apenas unos minutos después, mi polla estaba de nuevo en pie de guerra, esta vez, tumbándome de espaldas, se sentó a horcajadas sobre mi sexo, haciéndolo desaparecer en su gruta de placer, yo aún no acababa de creerlo: ¡Me estaba follando a mamá! Acariciando mi pecho con la palma de sus manos, con sus labios, mordisqueando mis pezones, no cesaba de cabalgar sobre mi miembro erecto, su respiración se agitaba, estaba en el umbral de un nuevo orgasmo, de repente, una voz sonó a sus espaldas ¡Vaya, vaya con mamá! Nos sorprendió la abuela, ¡Oh, mamaíta, ven…! Dijo mamá en medio de un dulce orgasmo, la abuela, sin mediar palabra, se acomodó en el lecho con las piernas abiertas sobre mi cara, descendió hasta frotar su vulva contra mis labios, hasta darme a probar el néctar de su sexo.

¡El coño de la abuela sabía delicioso, sabía a gloria!, y era obvio, que por el estado de humedad en que se hallaba, se había estado masturbando mientras nos observaba a escondidas, mientras mamá y yo nos entregábamos a realizar nuestras fantasías sexuales, así, entre las dos hembras desbocadas, cabalgando como posesas, mi madre, sobre mi polla y, la abuela, sobre mi cara, al tiempo en que ellas se prodigaban en besos y caricias y lamían sus pechos endurecidos por la excitación, yo sin poderme contener, derramé toda mi carga dentro del coño de mamá, ella no cesaba de encadenar un orgasmo tras otro, y la abuela, sin el menor recato, tuvo un salvaje orgasmo sobre mi rostro enrojecido, exhaustos los tres, nos quedamos dormidos sobre el lecho, yo en medio, arropado por el cálido abrazo que ellas se dedicaron.

Yo quedé exhausto, inmerso en un sueño placentero, solo unos jadeos interrumpieron mi sueño, entreabrí los ojos, y pude contemplar como madre e hija se dejaban llevar por el deseo, ambas inmersas en una vorágine de pasión y sexo, enlazadas en un 69, dando rienda suelta a su imaginación, entregadas a las caricias sáficas; la espléndida visión de las nalgas torneadas de la abuela, la cabeza de mamá encajada entre sus muslos, hundiendo su lengua en el coño de la abuela, me provocó una potente erección.

No lo pensé dos veces, situándome tras ella, tomándola por la cadera, enterré mi miembro en su sexo de un golpe seco y certero, mi madre excitada por la situación no cesaba de lamer como una desesperada, su lengua pasaba de mis bolas al clítoris de la abuela, por un momento, esta, se detuvo y emitió un hondo suspiro, se había corrido por la excitación provocada ante el inesperado ataque de su nieto, acto seguido, llevó su mano hasta mi miembro, lo sacó de su encharcada raja y con suavidad lo llevó hasta la boca de su agujero negro.

¡Empuja! Me dijo entre jadeos, y no iba a ser un muchacho el que cuestionara sus gustos o dejara de complacer su deseo, así que la abuela, ensartada por sus dos agujeros entre la lengua de su hija que proporcionaba placer a su encendido sexo, y el endurecido miembro de su nieto que llenaba su agujero trasero, empezó a encadenar un sin fin de orgasmos hasta quedar rendida y exhausta sobre el lecho; ni decir que me corrí de nuevo, esta vez entre las prietas nalgas de la abuela, luego me dediqué, con ternura y dando muestras de agradecimiento, a recoger con mi lengua los flujos pasionales de entre sus muslos y su sexo, ante la mirada complaciente de mamá, que inmediatamente reclamó para sí, las mismas atenciones que su adorable hijito había dedicado a la abuela minutos antes.

Así, mi estimados amigos, me inicié en estas prácticas sexuales, o mejor dicho, me iniciaron, luego, como supondrás, a medida que fueron creciendo los demás miembros de la familia, se sumaron a nuestras orgías, mi hermano y hermanas, la menor, Ana, cumple años hoy, sus 18, esta noche le daremos una calurosa fiesta de cumpleaños, pero esta es una historia de la que hablaremos más adelante.

Autor: JosJos

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Mi abuela Rosa María

Al cabo de un rato de tener a mi abuela subiendo y bajando sobre mí, sentí que me iba a correr y así lo dije. Mi abuela se salió de mí. Pensé que no quería recibir mi semen dentro, pero no esperaba que me dijera, ponte de pie, Laura, ven conmigo, las dos se pusieron de rodillas delante de mí. Mi abuela empezó a menearme la polla que de pronto estalló lanzando chorros de leche caliente.

Mi abuela Rosa María es alucinante. Es lo que se dice una abuela marchosa, de las que no paran quieta y sigue el lema de “A vivir, que son dos días”. Viste ropa buena, va a la peluquería con frecuencia, y los fines de semana, sale con las amigas a lugares “de marcha” para gente de su edad. En Madrid, hay algunas discotecas para gente mayor, y mi abuela es conocida en todas.

En casa, alguna vez me ha pillado alguna revista “porno” al limpiar mi habitación y la ha ojeado conmigo, señalando a alguna de las tías buenas que salen y diciéndome -Mira, este cuerpo, tenía yo- o comentarios como.  -Quien pillara a un tío con un “tronco” como el de esta foto”-.

Yo me parto de risa al oírla. A veces, si me paseo en slip por casa y nos cruzamos, me ha echado mano al paquete, diciéndome, ¡buena dinamita hay aquí!

Ahora que os he puesto en antecedentes de cómo es, os contaré lo que me ocurrió hace un par de fines de semana.

Mis padres se suelen ir a una casita de campo que tenemos en la sierra de Madrid y ni mi abuela ni yo vamos. Preferimos salir con nuestros respectivos amigos. A veces, me llevo alguna chica a casa. Mi abuela no suele llegar demasiado tarde y cuando duerme, no se entera de nada. Su habitación está alejada de la mía y muchas veces me encierro con la chica con la que esté saliendo en ese momento, echamos un polvo y mi abuela, ni se entera.

Llevo un par de meses saliendo con un bomboncito de niña. Tiene 20 años y tiene un cuerpo lleno de apretadas curvas. El fin de semana de que os hablo, me la subí a mi casa. Ya en el ascensor la había ido metiendo mano por debajo de la falda. Cuando entramos en casa, yo ya tenía sus bragas en la mano.

Tenía tal calentón, que di por hecho que a esa hora mi abuela estaría ya en el tercer sueño y ni me paré a comprobarlo. Así, me llevé a Laura a mi habitación, y en menos de un minuto estábamos los dos desnudos en mi cama, metiéndonos mano y dándonos la paliza. Después de un rato de besos, caricias, intercambios de fluidos, lametones, etc. Laura, me había sentado en el borde de la cama y arrodillándose delante de mí, había comenzado a lamerme la punta de la polla. Yo estaba concentrado en el placer que me provocaba, gimiendo levemente y girando la cabeza a un lado y a otro.

Al volverla hacia la puerta, me encontré esta semiabierta. La cara sonriente de mi abuela aparecía por la abertura. La abrió del todo, soltando una sonrisilla -¡ay, picarones, como os lo pasáis de bieeen!- Laura dio un brinco e hizo un gesto de taparse. Yo estaba paralizado, con los ojos muy abiertos, viendo como mi abuela se acercaba a nosotros.

Estaba vestida, con lo que deduje que ese día había retrasado su regreso a casa. Se acercó a Laura y le dijo -Preciosa, a los hombres les encanta que le chupen la polla, pero hay que hacerlo con arte. Observa-. Cuando me quise dar cuenta, mi abuela había ocupado el lugar de Laura y agarrando la base de mi polla con una mano, se introdujo el resto en la boca. Laura y yo nos miramos.

Estábamos mudos. Laura sentada en una silla junto a mi cama y yo, recibiendo una mamada de mi abuela. Mis ojos abiertos, se empezaron a entrecerrar al notar las caricias que recibía en mi glande de la lengua de mi abuela. -¡Síííí…!- me escuché decir. Al cabo de unos segundos de indescriptible placer, mi abuela, sonriente y con cara de vicio, se volvió nuevamente a Laura para decirle -otra cosa que les encanta es esto.

Se desabrochó la blusa y ante mis ojos aparecieron sus grandes pechos. Se desembarazó del sujetador y sus tetas se mostraron en todo su esplendor, con unas oscuras y grandes aureolas y largos y puntiagudos pezones. Nada que ver con las dos “manzanas” firmes y macizas de Laura, pero tanto o más excitantes.

Se cogió un pecho con cada mano y los colocó envolviendo mi polla. -Esto es una cubana, chata, y les encanta- Dijo mi abuela dirigiéndose a Laura a la vez que empezaba a pajearme con sus tetas. El placer era inmenso.

La punta de mi polla rezumaba líquido preseminal que resbalaba hasta las tetas de mi abuela, que movía arriba y abajo, arriba y abajo. -Pero, como no- dijo mi abuela levantándose, -lo que más les gusta de todo…- añadió, levantándose el vestido y bajándose los pantys y las bragas -¡es follar!-. Me empujó dejándome tendido en la cama, se puso sobre mí y se metió mi polla en su coño, comenzando a cabalgar, siempre sonriendo me susurró.

-Así mi niño, fóllate a tu querida abuela…

Volví la cabeza hacia donde estaba Laura. La encontré con los ojos medio cerrados, acariciándose un pecho, mientras que dos dedos se perdían dentro de su coño, masturbándose con fruición.

Al cabo de un rato de tener a mi abuela subiendo y bajando sobre mí, con sus potentes pechos agitándose arriba y abajo, sentí que me iba a correr y así lo dije. Mi abuela se salió de mí. Pensé que no quería recibir mi semen dentro, pero no esperaba que me dijera:-¡Ponte de pie!-

Así lo hice. -Laura, ven conmigo- Le dijo a mi novia. Las dos se pusieron de rodillas delante de mí. Mi abuela empezó a menearme la polla que de pronto estalló lanzando chorros de leche caliente.

Mi abuela me movió la polla de forma que el semen cayó sobre su cara y la de Laura. Al terminar, vi como mi abuela se relamía mi semen. Se puso de pie y dirigiéndose a Laura le dijo -Bonita, ya sabes qué puedes hacer para tener a mi nieto contento- La dio un beso, me dio otro a mí y se retiró riendo, a su habitación. Laura y yo, alucinados, acabamos riéndonos también.

No he vuelto a follar con Laura delante de mi abuela, pero cuando me quedo solo con ella, a veces “me la ligo” y acabo consiguiendo que me la chupe, me haga una paja o incluso sea yo el que le haga lo propio. Los coños de veinte años están riquísimos, y los de sesenta, también.

Autor: Quique

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Me iniciaron mi abuela y mi madre

Se sentó a horcajadas sobre mi sexo, haciéndolo desaparecer en su gruta de placer, yo aún no acababa de creerlo: Me estaba follando a mamá. Acariciando mi pecho con sus labios, mordisqueando mis pezones, no cesaba de cabalgar sobre mi miembro erecto, su respiración se agitaba, estaba en el umbral de un nuevo orgasmo, un salvaje orgasmo.

Sí, es estupendo mantener relaciones sexuales con miembros de mi familia, aunque yo, por desgracia, no lo hago con la asiduidad de antes, pues ahora no vivimos en la misma ciudad, pero en verano, nos encontramos en Tarragona, en un conocido camping nudista donde, eso si, con toda discreción damos rienda suelta a nuestras actividades sexuales, este año con el aliciente de la participación de mi cuñado, pues mi hermana Eva se casó el año pasado, y la incorporación de la nueva estrella de la familia, Ana, mi hermanita.

Nuestras aventuras comenzaron de pequeños, crecí junto a 4 hermanos (tres chicas y un chico) y prácticamente sin padre (parecía el hombre invisible) mi madre y abuela, esta fue una mujer muy liberal y defensora de las libertades sexuales, eso lo heredó mi madre, ella inició a mí madre en las prácticas sáficas desde muy joven, luego entre ambas, por ser yo el mayor, decidieron hacerse cargo de mi educación sexual, prodigándome todo tipo de atenciones y mimos. Me inició mi madre, pues siendo aun adolescente ya me permitía dormir en su lecho, fue así como inicié mi andadura en el mundo del sexo.

Todo empezó en una playa nudista, junto a mi madre y mi abuela, mis hermanas, Rosa y Berta, eran aún pequeñas para tomar parte en nuestras relaciones, yo era el hombre de la casa con mis 18 años. Bueno, mi madre siempre me ponía crema solar, yo me hallaba en pleno desarrollo, y sentir endurecer mi miembro ante la desnudez de otra persona, empezaba a dejar de ser algo nuevo para mí, y claro, a mi madre (y la suya) no les pasaba desapercibido mi grado de excitación (y el aumento del tamaño de mi pene), así que aprovechando el momento de ponerme crema por la espalda, empezó a acariciarme, primero las nalgas, luego entre los muslos, mi pene se puso duro como el acero, no lo podéis imaginar, yo estaba rojo de vergüenza y excitación, menos mal que estaba boca debajo de espaldas a ellas, luego, mi madre deslizó sus manos untadas en crema solar entre mis nalgas y su dedo se recreó en el contorno de mi esfínter.

Yo me excitaba más por momentos, mi pene pugnaba por traspasar la toalla y clavarse en la arena, yo no sabía donde dirigir la mirada, y para colmo escuchaba como ella y mi abuela murmuraban algo entre risas y en voz baja; sin previó aviso, mi madre, tomándome por la cadera me volteó y me dijo:

– Ahora le toca al pecho, no te vayas a “quemar”, dijo con voz socarrona.

Desde luego, mi culito y mis nalgas se habían llevado una buena ración de caricias, pero nada comparado con lo que se avecinaba; nada más darme la vuelta mi miembro se disparó hacia el cielo como empujado por un resorte, mi abuela rompió a reír, y mi madre ante mi azorada mirada, y yo, sin poderme contener, me derramara entre sus dedos llenándoles con mi leche, ellas se pusieron a reír, “mira, más crema, dijo la abuela”, al unísono estallaron en carcajadas, yo estaba que no me lo creía, mi madre se relamía los dedos llenos de leche y los llevaba a la boca de la abuela, esta sin más, le espetó: “Prefiero beber de la botella”, y ante mi incrédula mirada y el asentimiento y sorpresa de mamá, se inclinó sobre mi regazo y tomando mi polla ente sus dedos, la llevó a su boca, lamiendo y tragando hasta la última gota del semen derramado.

Aquella fue mi primera y real experiencia sexual, luego, más reposado, ellas me tranquilizaron y me hicieron ver que todo estaba bien. ¡La familia que folla unida…! Por la noche, ya en casa y acostadas mis hermanas, mi madre me dijo que fuera a verla a su habitación, que quería hablarme de algo muy importante, y ya creo que lo hizo, esa noche, como en la playa pero sin crema, empezó a colmar mi cuerpo de besos y caricias, al tiempo que me hablaba sobre lo aburrido que era pasar las noches sin un hombre en su cama (mi padre nos abandonó antes de nacer mi hermana Ana) que no le apetecía meter a un desconocido en casa, y que bueno, en parte sus necesidades sexuales eran satisfechas por la abuela, que por cierto, por aquel entonces era una señora de muy buen ver a pesar de tener 58 años, y que había llegado el momento de ocuparse de mi educación sexual, y como no, ¿quien mejor que ellas dos para ocuparse de un inocente e inexperto joven de 18 años?

A mí me excitaba sobremanera contemplar el cuerpo desnudo y bronceado de mi madre, con unas redondeces muy apetecibles, no era la primera vez que sentía un cierto hormigueo en la entrepierna al verla desnuda, tenía unos pechos duros y firmes, un culito respingón y prieto, y como no, un coñito sensacional, cálido y angosto, coronado por un clítoris bastante desarrollado como una polla en miniatura, que no me cansaría de chupar jamás, y unos labios diminutos y rosados, como si fuera una jovencita (eso lo supe más tarde al ver el de Rosa, mi hermana.

Aquella noche entre caricia y besos, mi polla se puso de nuevo como el acero, ella me enseñó como darle placer con mi lengua y mis dedos, me enseñó a buscar mi “caramelo” entre los pliegues de su sexo, al tiempo en que lamía mi empinada polla y acariciaba mis huevos y mis nalgas mientras introducía su dedo lubricado por los jugos de su sexo en mi agujero (jo, como me gustaba aquello) yo buceaba con el rostro inmerso en su sexo, lamía su clítoris como un poseso…

Sentí a mi madre explotar en un orgasmo, apretando más su coño contra mis labios, aprisionando mi cabeza entre sus muslos empapados, mi lengua no cesaba de jugar en su agujero rosado, y como no, me volví a derramar, esta vez en su boca, ella tragó toda mi leche sin dejar que una sola gota escapara de entre sus labios, luego con suavidad, pasó su lengua entre mis nalgas recreándose en mi esfínter, jugando en él con mis dedos e introduciéndolos dentro, y claro, yo no yo iba a ser menos, y de la misma forma le correspondí, eso la ponía como una moto. Apenas unos minutos después, mi polla estaba de nuevo en pie de guerra, está vez, tumbándome de espaldas, se sentó a horcajadas sobre mi sexo, haciéndolo desaparecer en su gruta de placer, yo aún no acababa de creerlo: ¡Me estaba follando a mamá!

Acariciando mi pecho con la palma de sus manos, con sus labios, mordisqueando mis pezones, no cesaba de cabalgar sobre mi miembro erecto, su respiración se agitaba, estaba en el umbral de un nuevo orgasmo, de repente, una voz sonó a sus espaldas ¡Vaya, vaya con mamá! Nos sorprendió el menor recato, tuvo un salvaje orgasmo sobre mi rostro enrojecido, exhaustos los tres, nos quedamos dormidos sobre el lecho, yo en medio, arropado por el cálido abrazo que ellas se dedicaron.

Yo quedé exhausto, inmerso en un sueño placentero, sólo unos jadeos interrumpieron mi sueño, entreabrí los ojos, y pude contemplar como madre e hija se dejaban llevar por el deseo, ambas inmersas en una vorágine de pasión y sexo, enlazadas en un 69, dando rienda suelta a su imaginación, entregadas a las caricias sáficas; la espléndida visión de las nalgas torneadas de la abuela, la cabeza de mamá encajada entre sus muslos, hundiendo su lengua en el coño de la abuela, me provocó una potente erección…

No lo pensé dos veces, situándome tras ella, tomándola por la cadera, enterré mi miembro en su sexo de un golpe seco y certero, mi madre excitada por la situación no cesaba de lamer como una desesperada, su lengua pasaba de mis bolas al clítoris de la abuela, por un momento, esta, se detuvo y emitió un hondo suspiro, se había corrido por la excitación provocada ante el inesperado ataque de su nieto.

Acto seguido, llevó su mano hasta mi miembro, lo sacó de su encharcada raja y con suavidad lo llevó hasta la boca de su agujero negro ¡Empuja! Me dijo entre jadeos, y no iba a ser un muchacho el que cuestionara sus gustos o dejara de complacer su deseo…

Así que la abuela, ensartada por sus dos agujeros entre la lengua de su hija que proporcionaba placer a su encendido sexo, y el endurecido miembro de su nieto que llenaba su agujero trasero, empezó a encadenar un sin fin de orgasmos hasta quedar rendida y exhausta sobre el lecho…

Ni decir que me corrí de nuevo, esta vez entre las prietas nalgas de la abuela, luego me dediqué, con ternura y dando muestras de agradecimiento, a recoger con mi lengua los flujos pasionales de entre sus muslos y su sexo, ante la mirada complaciente de mamá, que inmediatamente reclamó para si, las mismas atenciones que su adorable hijito había dedicado a la abuela minutos antes.

Así, mi estimados amigos, me inicié en estas prácticas sexuales, o mejor dicho, me iniciaron, luego, como supondrás, a medida que fueron creciendo los demás miembros de la familia, se sumaron a nuestras orgías, mi hermano y hermanas.

La menor, Ana, cumple años hoy, esta noche le daremos una calurosa fiesta de cumpleaños, pero esta es una historia de la que hablaremos más adelante.
Autor: JosJos

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La abuelita de Darío

Mojé mi verga en los líquidos de su concha, se la froté por el culo y de una se la ensarté hasta los huevos, ella solo gimió, se notaba que era muy experta en esos menesteres y vaya uno a saber cuantas pijas se comió ese culo, con mi verga dentro del culito de la abuela empecé a serruchar ese hermoso ojete, y se la metí bien profundo mientras ella gemía de placer.

Esta historia que les voy a relatar a continuación es totalmente verídica y me tuvo a mí como uno de sus protagonistas. Era allá por el verano de 1987, cuando una tarde muy calurosa fui a buscar a mi amigo Darío a la casa de sus abuelos (donde él vivía) para ir a jugar a la pelota a la plaza. Cuando llegué su abuela, Lidia, me dijo que Darío regresaría aproximadamente en una hora, pero que había expresado que lo esperara ahí para luego irnos juntos.-

Lidia, enseguida me invitó con una chocolatada fresca, la cual al momento de traermela  y querer apoyarla en la mesa, me derrama un poco de la leche sobre mis pierna, yo vestía short. Atiné a limpiarme pero recibí una orden de Noooo, deja yo te ensucié, yo te limpio, acompañado ello a una mano arrugada que con un trapo apretujado empezó a limpiar mis piernas, acercándose cada vez más a mi entrepierna, lo cual me llevó a una terrible y vergonzosa erección. Lejos de ruborizarse o enojarse, no hizo más que decir.

A ver tontito ¿porque te ponés tan colorado?, apoyando su mano abierta sobre mi pedazo, tomando el mismo y sacándolo por la parte de arriba del short, deslizando este hacia abajo, dejando ver mi verga en todo su esplendor. Dos segundos más bastaron para que se inclinara aun más e introdujera mi pija en su boca y me pegara una mamada que me dejó estúpido.

Yo no podía creer lo que me estaba pasando, quería gozar de esa situación pero no dejaba de pensar en Darío y en Juan su abuelo, que como buen jubilado entraba y salía de la casa constantemente por no tener ocupación alguna.

Lidia siguió en lo suyo por un buen rato más, pero lo suficiente para que aún no acabara, se incorporó me miró con ternura y me dijo venga con la abuelita que ya va a ver lo que es bueno.-

Me llevó a su habitación se quitó su batón y pude observar ese cuerpo fino, caderas grandes y dos terribles tetas, que me enloquecieron, se quitó la ropa interior, me tiró en la cama y se subió y me montó como una perra…

Su conchita estaba como muy seca pero con gran habilidad se introdujo centímetro a centímetro toda la verga en su cavidad,

la cual por el contrario estaba hirviendo, y como deseosa de tragarse la hermosa verga que se metía en sus entrañas.

Yo gozaba con esa concha peludita, parecía que quería estrangular mi verga y chuparse todos mis jugos…

Comenzó a moverse pegándome tremendos conchazos sobre mi cuerpo, que me hacían sentir lo hermoso que la estábamos pasando, en medio de sus aullidos de placer.-

Un par de minutitos después se levantó, se dio vuelta en cuatro, me miró a los ojos con cara de lujuria y me dijo, haceme el culito, que vas a ver lo que es bueno.-

Nuevamente no podía creer lo que estaba viviendo, mojé bien mi verga en los líquidos de su concha, se la froté por el culo y de una se la ensarté hasta los huevos…

Ella solo gimió, se notaba que era muy experta en esos menesteres, y vaya uno a saber cuantas pijas se comió ese culo caliente…

Ya con mi verga dentro del culito de la abuela empecé a serruchar ese hermoso ojete, viendo semejante monumento de mujer a mi merced…

Me agarré de sus pechos y se la metía bien profundo mientras ella gemía de placer.

Seguí hasta que no pude más y me corrí en su interior, sentí como si fueran dos litros de leche que no paraban de salir…

La dejé un ratito más ahí adentro, hasta que empezó a bajar mi erección y al sacarla contemplé ese culito hermoso que iba adoptando nuevamente su forma natural, mientras un finito hilo de leche corría hacia fuera.-

La abuela se paró, y era hermoso ver como corrían por sus piernas toda mi leche que le brotaba del culo, se giró y solo me dijo:

– Esto hay que repetirlo…

Ese fue el relato de la hermosa tarde en la casa de los Abuelos de Darío…

En la próxima entrega les cuento lo que pasó la siguiente vez  que fui y estaba el abuelo.-

Espero comentarios.

Autor: Leo

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Cuatrimonio

Minerva se puso sobre mí y se fue sentándose poco a poco. Cuando notó resistencia se detuvo unos instantes y, de un empujón, se dejó caer hasta el fondo. Una lágrima rezumó por su mejilla todavía maquillada, y me la bebí con un beso. Pedí a los chicos que vinieran, observando que estaban muy calientes, y que me penetrasen los dos a la vez. Víctor se puso por debajo de mí y se encajó en mi culito, mientras su abuelo, de rodillas, hacía entrar su polla en mi coño y observaba el pene y el coño de sus nietos que quedaban a pocos centímetros.

Me criaron en un entorno muy femenino. Tengo tres hermanas y siete primas, y por casa andaban a menudo dos tías, las dos abuelas y tres bisabuelas. Los pocos hombres de la familia se pasaban el día trabajando y no eran especialmente cariñosos. Mi padre me pegaba a menudo y me exigía que me comportara como un hombre. No es extraño, pues, que yo no tuviera ningún modelo masculino y que en cambio me integrase perfectamente en los juegos de las niñas y en las tareas domésticas.

Como quería ser igual que las demás, y además notaba mucho placer cuando me aplastaba o me rozaba el pene, desde bien pequeño imaginé que el máximo placer sería que te lo cortaran. Incluso inventé una palabra, chichar, que significaba exactamente eso. Sólo de pronunciarla me recorría el cuerpo un escalofrío de placer.  Una de las pocas veces que mi padre nos dedicó un poco de su tiempo, nos llevó a jugar a tenis. Cuando salía de la ducha pude verle aquel precioso pollón, colgando entre dos cojones gordísimos y coronado por una graciosa mata de pelo rojo. La visión me impresionó tanto que no la pude olvidar en toda mi vida.

Ya de adolescente, la recordaba cuando íbamos a la piscina y nos cambiábamos por turnos en el mismo vestuario. Dejaba que mi padre se cambiara primero para poder oler y lamer sus calzoncillos todavía calientes. Su olor me embriagaba y me provocaba una erección brutal, que debía resolver frotándome el penes hasta llegar al placer… entonces me comía mi propio semen, imaginando que era el de papá.

Papá me reñía a menudo, porque consideraba que hacía voz y posturas de mariquita. A los quince años, viendo que yo todavía era muy andrógino y que no me salía vello, mis padres me llevaron al pediatra, que me recetó larguísimas tandas de hormonas masculinas. Enseguida empecé a crecer, me salió vello en el pubis, las piernas, el pecho y las axilas. Mi pene aumentó hasta los dieciocho centímetros, y adquirí un aspecto atractivo para muchas mujeres, y para algunos hombres… De joven tuve muchas parejas, casi todas chicas. Me sentía mejor en compañía de las mujeres, que me encontraban sensible y cariñoso. Me gusta mucho más su cuerpo que el de los machos. No obstante, alguna vez hubo pequeños revolcones con amigos, nada que fuera más allá del sexo oral.

Cuando ya había tenido docenas de parejas femeninas, pedí a un amigo gay que me estrenase el culito. Fue fantástico. Toni fue dulce y cuidadoso, me calentó con caricias y lamidas por todas partes, me puso boca arriba y, después de llenarme el culo de crema y de ponerse un condón, me levantó las piernas hasta sus hombros y me penetró lentamente. No me provocó ningún dolor. Desde el primer momento noté un placer muy intenso y me corrí sin tocarme antes de que él llegara. Le supo mal, porque pensaba que ya no querría seguir, pero lo abracé por la espalda con mis piernas y lo satisfice hasta el final.

Pese al buen resultado de esta experiencia, me terminé casando con una mujer muy guapa, pero de una belleza más bien masculina. Era alta como yo, pesaba más o menos lo mismo, y como yo tenía un enorme deseo sexual.  En casa, asumí las tareas habitualmente consideradas como femeninas y siempre le decía, en broma, que el marido era ella. La vida conyugal fue satisfactoria hasta que nacieron los niños. Ella no quería, pero a mí me gustaban muchísimo los críos y no perdía la ocasión de hacérselo saber, hasta que aceptó tenerlos con la condición de que yo me hiciera cargo como si fuera la madre. Crié a mis hijos con mucho amor y resultaron un chico y una chica inteligentes, sensibles y bien educados.

Después del segundo parto, mi mujer perdió totalmente el deseo sexual. Las pocas veces que aceptaba hacer el amor, cuando la veía tan desmotivada, perdía yo también las ganas de llegar al orgasmo.  La cosa iba mal hasta que descubrió que le gustaba penetrarme el culito con el dedo mientras fornicábamos. Lo probó una vez, y cuando vio que yo lo disfrutaba y que me corría con mucho placer y antes, empezó a practicarlo sistemáticamente.  El día de mi 46 aniversario, cuando los chicos ya dormían, me hizo un regalo extra. Cuando lo abrí me impresionó. Era un consolador muy naturalista, que imitaba perfectamente un pene bastante mayor que el mío, y que se podía sujetar a unas braguitas que tenían otro menor hacia adentro. Debí poner cara de sorpresa y de deseo, porque enseguida se lo puso y lo estrenó, haciéndome sentir mujer por primera vez.

Desde entonces nuestra relación fue fundamentalmente lésbica. Nos frotábamos mutuamente la entrepierna con las piernas mientras nos devorábamos las bocas y los pechos, hasta que ella se corría. Luego yo la comía hasta hacerla gritar una vez más, hasta que se revolvía de gusto de tal forma que me habría arrancado la cabeza para hacerme parar. Me encantaba esa sensación, y el sabor de su coño sabroso.  Normalmente me hacía acabar con la mano y me la daba para que la lamiese hasta que la dejaba bien limpia. Otras veces recogía mi leche con su boca para dármela calentita y mezclada con su dulcísima saliva. Y muy de vez en cuando le apetecía que le clavara la puntita y dejara mi carga en su flor, que yo limpiaba enseguida hasta hacerla correr de nuevo.

Un día, mi mujer me dijo que había descubierto que estaba enamorada de otra persona y que me dejaba. Que yo me quedaría la casa y los niños y ella me pasaría una pequeña pensión para mantenerlos. Cuando le propuse que se dejara compartir, me dijo que era imposible, que ella ahora quería a una mujer y que estaba harta de penes que rezuman leche. Que quería ser el macho de esa mujer y que quería serlo todas las horas del día y de la noche. Resultó que la mujer en cuestión era mi madre. Lo supe cuando papá me llamó para pedirme si podía venir a vivir a nuestra casa, ya que mi madre había empezado los trámites de divorcio y le había dicho que quería ser la esposa de mi ex. Para una persona tan conservadora como mi padre, un hombre ya jubilado, aquel disgusto fue mortal. Estaba apático, apenas charlaba ni comía, no sonreía y sus ojos siempre se veían húmedos.

En cuanto a mí, la marcha de mi mujer me motivó para feminizarme. Me afeité la barba por primera vez desde los veinte años, y me depilé con crema el cuerpo y las piernas, dejando sólo una motita en el pubis en forma de corazón. Ella había dejado toda su ropa femenina y sólo se había llevado sus pantalones vaqueros, y las camisetas y jersey más masculinos. Tenía en mi habitación todo el vestuario, el maquillaje y toda la utilería que pudiera desear, y muchos ratos de soledad… Cuando todos dormían, me ponía la lencería más sexy del cajón, a veces bodis y otras combinaciones con tanguitas preciosas, que le había regalado yo a mi mujer años atrás. Una vez bien vestida, me ponía música suave y romántica y me penetraba con mi consolador mientras me masturbaba hasta el orgasmo.

Fui a un sex-shop y me compré un nuevo modelo que incluía el torso del macho, que se mueve muy bien adelante y atrás e incluso se corre dentro cuando tocas un botón. Ponía leche calentita, a veces mezclada con mi propio semen, y gozaba de la eyaculación dentro de mí.  Un día, estaba yo a cuatro patas follando con este aparato, vestido con un body de malla amarillo que había sido de ella, unas medias con ligas que transformaban el tacto de mis muslos y una peluca rubia rizada, cuando, de repente, se abrió la puerta y apareció mi padre, que quedó mudo allí mismo, con la boca desencajada, sin saber qué hacer ni qué decir.

Me pilló tan caliente, que ni siquiera me detuve ni un momento a pensar. Hice salir el aparato de mi interior, fui hacia él, lo abracé por detrás del cuello y le empecé a besar con mi boca pintada. Primero no hacía nada, estaba conmocionado. Poco a poco fue poniendo sus manos encima de mi culo mientras me atraía hacia él y yo notaba su carne caliente como se empezaba a despertar. Después empezó a meter la lengua en mi boca. Pasé las dos manos entre su piel y la goma del pijama, y me dediqué a sopesar con placer sus cojones y a hacerle caricias a su divina polla. Poco a poco fui bajando mis besos por su pecho y su vientre, recorriendo la línea de vello, mientras le bajaba los pantalones.

Su polla se mostraba ahora en todo su esplendor. Era mucho más grande que la mía y tan bonita como la recordaba desde aquella ducha hacía treinta años. Empecé a darle besos en la punta y a quitar la gotita de líquido que aparecía. Su perfume era delicioso y me transportaba en el tiempo y en el espacio. Después de limpiarle con la lengua desde la punta hasta la base, y de lavarle con saliva su enorme escroto, abrí la boca y me la introduje tan adentro como pude, hasta que la punta quedó encajada dentro del cuello. Me tomó por las orejas e iba marcando el ritmo y la profundidad de la penetración, como si me follara por la boca. Ser sometido así me ponía a mil, y mis bajos latían desde el ano hasta el glande.

Levanté los ojos y vi los suyos inundados de lágrimas, pero su expresión era de placer. Aceleró sus movimientos y me alejó de repente, mientras el pene empezaba a escupir su miel. Abrí la boca y me volví a amorrar, hasta que dejó en ella toda la carga, que tragué enseguida. Abrazándole, le di un beso en la boca en el que seguro que notó el sabor de su propia leche, y poniendo una cara tan dulce como podía, le pedí que me jodiera:

-¡Fóllame, papá!
Él me iba diciendo-Perdóname, perdóname…- mientras me arrastraba hacia la cama.

Su pene volvía a estar duro como una roca y yo notaba como chocaba con el mío y con mi barriguita. Le pedí a papá que se tumbara panza arriba, para no cansarse. Todavía tenía el culo empapado del lubricante que me había puesto para masturbarme, de modo que me senté directamente encima de su gran pollón, que entró de golpe hasta los huevos, y me puse a cabalgarlo, arrodillado con una pierna a cada lado de su vientre. Papá aguantó mucho tiempo, quizás porque se acababa de correr. Cuando volvió a hacerlo me empezó a repetir -Hija, hija, eres mi puta- y yo le decía -Sí, papá, soy y seré tu putita y nunca dejaré que se te acumule la leche en los cojones. ¡Quiero que me folles hasta reventarme!  Cuando empezó a gritar-hiiiiiiijaaaaaa-, sólo de oírlo, de notar que me aceptaba como hija y como amante, de percibir como su leche penetraba en mis tripas, experimenté un orgasmo brutal que venía de lo más profundo de mi mismo.

A partir de entonces, mi padre fue mi hombre. Esperaba a que los chavales se durmieran para venir a verme a mi cama, donde yo ya estaba preparada, siempre con las mejores piezas de lencería, bien maquillada y bien perfumada, con el culito bien limpio y relleno de crema lubricante. Me follaba prácticamente cada noche, y muy a menudo dos veces seguidas. Dejó de llamarme por mi nombre y me empezó a llamar Laura, un nombre que a mí me gustaba. Era muy cariñoso y casi cada día me regalaba ropa, joyas, cremas y perfumes, todo carísimo. Me halagaba.  Antes de que saliera el sol, volvía a su habitación para que los chicos no se dieran cuenta de nada.  Para hacerle un regalo, fui a ver un ex compañero de escuela que era el médico del puticlub de la ciudad. Sabía que allí había travestís e imaginaba que me podría ayudar en mis proyectos.

-August, te he venido a visitar porque he decidido que quiero ser mujer, y me quiero hacer crecer los pechos. -¿Estás seguro de eso? -Me contestó con cara de extrañado, pero con un brillo malicioso en sus ojos.  A ver, desnúdate.

Me quedé en braguitas delante de él, que miraba mi cuerpo depilado con los ojos abiertos como naranjas. Me examinó con más atención de lo habitual. Sus manos, más que palpar, acariciaban. Cuando me puso el dedo en el culo, mi pene saltó como un resorte. Me pidió gentilmente si le dejaba follarme, y le contesté que le dejaría cuando me hubiera hecho femenina. Que de momento se tendría que conformar con una mamada. Su pene era más pequeño que el de papá, pero tenía también un sabor buenísimo y un perfume muy particular. Cada hombre tiene su perfume de cojones, y no sabría decir cuál es más delicioso. Lo mamé hasta que se corrió, mientras me daba las gracias por tragar su néctar, y salí de allí con recetas de la Seguridad Social suficientes para convertirme en una auténtica mujer.

Los efectos no se empezaron a notar hasta al cabo de unos meses. Primero me di cuenta que mis vaqueros no me entraban, que los tenía que comprar de mujer porque mi culo y mis caderas estaban cogiendo forma de guitarra. A los pocos días, sentía como los pezones se me habían hecho grandes y sensibles a las mordeduras y lamidas de papá. Después el pelo de mi cabeza volvió a salir abundante como a los veinte años, y me pude dejar melena natural. Poco a poco los pechos se me iban hinchando y los tenía que fajar y disimular cuando salía a la calle para ir a trabajar o a comprar. Empecé a pensar en mí en femenino.

También cambió mi olor corporal. Me gustaba oler mis axilas bastante rato antes de ponerme el desodorante. Creo que empecé a producir feromonas, porque papá también me olisqueaba y me follaba más que nunca, y a veces los tíos se quedaban parados junto a mí, aspirando profundamente por la nariz, con cara de idiotas.  El pene, que ahora ya consideraba mi clítoris, se redujo un poco de tamaño, pero no perdió nada de sensibilidad, y sigue funcionando. Al cabo de un año de la primera visita, August me hizo un reconocimiento que fue del todo satisfactorio, sobre todo cuando empezó a amasar mis pechos y acercó su pene a mi vaginita trasera. Tumbada en la camilla ginecológica, con las piernas colgadas arriba, recibí con placer el semen del doctor que había hecho de mí una mujer, mientras el roce de su barriga en mi gran clítoris me llevaba hasta el orgasmo.

Papá estaba contentísimo con los cambios, y también un poco preocupado, porque pensaba que tarde o temprano debería hacerlo público, y temía el rechazo de mis hijos y de la sociedad. De hecho, hacía días que observaba como mi hijo Víctor, que tenía 18 años, me miraba con una expresión muy extraña. Un día se le estropeó el ordenador por culpa de un virus, y lo arreglé. Se me ocurrió mirar el historial de su navegador y vi que era un aficionado fiel a relatos eróticos cuyos protagonistas eran travestís o hijos que se lo hacían con sus madres o sus padres. Miré a que horas se conectaba, y un día que estábamos solos me vestí de mujer y decidí sorprenderle con las manos en la masa. Efectivamente, cuando entré sigilosamente en su habitación, se estaba masturbando ante la pantalla del ordenador, mientras veía un video de un chico joven que follaba con una travesti madurita.

Cuando vi que ya estaba a punto, revelé mi presencia con un carraspeo, y aprovechando el efecto sorpresa me abalancé hacia su precioso pene, que por su aspecto recordaba mucho el de su abuelo. Llegué justo a tiempo de recoger y de tragar su lechecita caliente. Entonces estuvimos hablando. Hacía tiempo que nos espiaba cuando su abuelo me hacía el amor, y al parecer eso lo ponía muy caliente. Me dijo que se había enamorado locamente de mí, y me pidió que dejara al abuelo y que fuera su novia. Le dije que no pensaba para nada dejar a mi padre, pero que me gustaría mucho que ambos aceptaran compartirme, y que estaba segura que los podría satisfacer ambos. Me explicó que no tenía novia ni amigos con derecho de roce, porque desde la primera vez que me vio transformada sólo podía pensar en mí y en mi culito. Le dije que no sufriera, que siempre que estuviéramos solos en casa y tuviera necesidad de follar podría hacerlo.

Me debió de escuchar atentamente, porque desde ese momento la cosa fue un no parar. A la que se cerraba la puerta de casa detrás de su abuelo o de su hermana, quien fuera el último de salir, ya lo tenía detrás tocándome el culo y los pechos y mordiéndome la nuca, mientras llevaba mi mano a su entrepierna. A veces, cuando yo estaba limpiando o cocinando, venía por sorpresa, me la clavaba y me follaba en plan bestia, sin lubricante. Le gustaba mucho llenarme el culo de leche, pero también me la dejaba beber de su excelsa fuente, cuando le pedía permiso.

Mi chico era un volcán en erupción continua y yo estaba muy orgullosa de recibir su lava y de tener satisfechos a dos machos tan calientes, productores de tanta leche y de tanta calidad. Un día llegó papá cuando el chico me acababa de follar, quiso hacer uso de mi culo, y se dio cuenta de que aún estaba lleno de semen fresco. Me preguntó quién se estaba follando a su hijita puta y cuando le dije que era Víctor se puso muy contento. Me preguntó si me gustaba y si le amaba más que a él. Cuando le dije que los quería a ambos igual, me dijo que no tenía ningún inconveniente en compartirme, y que le gustaría que les recibiera a los dos a la vez.

Desde aquel día, dormía preparada para recibirlos. Me ponía bien guapa en medio de la cama, con las piernas abiertas y enfundadas en las medias, y el culo siempre bien húmedo para facilitar el trabajo de mis machos. A veces uno esperaba hasta que terminaba el otro y venía para sustituirle. Siempre les encantaba encontrarme sucia de semen, con el culo bien abierto y el sabor del otro en la boca, que me dejaban bien limpia con su lengua. Otras veces venían los dos juntos, y mientras uno me enculaba con amor, el otro dejaba que le sirviera con la boquita, hasta que les apetecía cambiar. A menudo nos corríamos los tres a la vez, tan compenetrados como estábamos, y yo recibía la leche de mis dos machos antes de limpiar con la lengua la mancha de mi propio semen en la sábana.

Llegó un momento en que la situación no se podía ocultar más y decidí hablar con mi hija, la niña de mis ojos. Era lo suficientemente madura para entender y aceptar rápidamente la situación. No se lo esperaba, pero me dijo que me quería muchísimo y que me apoyaba en cualquier decisión que tomara sobre mi vida. También me dijo que eso la ponía un poco triste, porque siempre había soñado que su padre sería el hombre que la desvirgaría y le haría hijos.

Le dije que contara igualmente conmigo para ello, cuando a ella le pareciera que había llegado el momento. Que me sentía una mujer bastante lesbiana y no le haría asco a un bomboncito como ella. Nos hicimos muy amigas y nos contábamos nuestras fantasías con los chicos, íbamos juntas de compras o incluso a bailar, y todo el mundo preguntaba si éramos hermanas…  A partir de entonces, dormía cada día con mis dos hombres, yo en medio, y así los podía satisfacer y atender rápidamente cuando se despertaban con ganas de follar, que podía ser dos o tres veces cada uno, cada noche.

Me gustaba muchísimo acicalarme para ellos antes de ir a la cama. Repasar la depilación, inyectar mis hormonas, maquillarme y untarme la vagina de detrás para que mis hombres la encontraran jugosa. Alguna vez, cuando me tenían destrozada de tanto penetrarme, jugaban a divertirse entre ellos, pero siempre preferían mis atenciones e indefectiblemente se acababan corriendo en mi boquita. Cuando nos dormíamos, siempre lo hacía con el pene de cada uno en una mano, el de papá a la derecha y el de Víctor a la izquierda. Así notaba como se les inflaba cuando tenían sueños eróticos, que a menudo acababan en una buena revolcada.

Querían follarme los dos a la vez, pero mi vagina de atrás no tenía capacidad para tanta carne, así que al final me propusieron operarme y hacer de mí una mujer completa. La verdad es que me hacía mucha ilusión tener una buena vagina y no me importaba desembarazarme del colgajo, pero Minerva no estuvo en absoluto de acuerdo:

-¡No vale! Vosotros estáis disfrutando plenamente de él desde hace mucho tiempo, y yo todavía no lo he capado. Si me lo capáis, ¿quién me desvirgará a mí? ¿Quién me hará hijitos que me follen cuando sea vieja? -¡Puedes follar tanto como quieras conmigo o con tu hermano! – Contestó mi padre.
-Perdona, abuelo, pero a mí me gustan los chicos bien andróginos, y vosotros no entráis en esta categoría. Además, el que me da morbo de verdad es papá. Sólo de pensar que él me follará algún día hace que el coño se me llene de flujos.

No hubo manera que atendiera argumentos, así que fui a ver a un cirujano plástico, un amigo de August que se llamaba Dr… Salfi, con un encargo muy especial:

-Doctor, quiero ver si es posible que usted me haga una vagina completamente femenina y dejarme el pene en su sitio y plenamente funcional. -Mire, señorita, teóricamente es posible, pero hay pocas experiencias de este tipo de operación y no le puedo garantizar al 100% que usted pueda seguir utilizando el pene. Tendremos que invertir el proceso que se hace habitualmente a los niños que nacen hermafroditas. De todas maneras, piense que a muchas chicas, cuando disponen de una vagina para recibir los hombres, les gusta tanto ser folladas por ella que ni se les ocurre hacer uso de otras partes de su cuerpo… -Da igual, doctor, si se puede intentar, ¡intentémoslo! ¡Me gustaría tanto tener una vagina de verdad! -Pues mañana mismo comenzaremos las pruebas del preoperatorio.

En aquel momento estaba midiendo no sé qué en mis bajos con una cinta métrica. Aprovecharemos los 9 cm que separan su ano del nacimiento de la polla para hacer un coño, reutilizando la piel del escroto. Los testículos los ocultaremos dentro de la carne, para que pueda seguir siendo fértil. Y ahora, señorita, si no le importa agradecería que me practicara una felación. Mi amigo Augusto me ha contado que es usted una gran maestra en este arte.

-Faltaría más, doctor, quítese los pantalones, siéntese y relájese.

Me arrodillé frente a la butaca del médico y, con la boca, saqué su pene de los calzoncillos. No era muy grande, pero sí bastante grueso, y olía a desinfectante de hospital, lo que me pareció especialmente morboso. El doctor no paraba de gemir de placer mientras abría mucho los ojos, para ver mejor cómo me la ponía toda dentro y movía mi lengua como una batidora para que pudiera llegar pronto al placer. Salí de la consulta con su leche en la boca y una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando les expliqué la solución que habíamos encontrado, se pusieron los tres muy contentos. A la hora de cenar, mi padre, en nombre de los otros dos, sacó una cajita del bolsillo, se arrodilló delante de mí y me pidió:

-Laura, lo hemos estado hablando y hemos decidido que nos queremos casar los tres contigo. ¿Aceptarías?

Sonreí, halagada y sorprendida, mientras desenvolvía la cajita. Dentro había un anillo de prometida precioso, de oro blanco con tres grandes piedras preciosas, un diamante en medio y un rubí y una esmeralda a ambos lados. Por dentro estaban los cuatro nombres grabados. Contesté:

-¡Oooooh! El anillo es precioso. Os quiero muchísimo y nada me haría más feliz que considerarme vuestra mujer, pero me parece que habrá muchas barreras legales. Que yo sepa, el matrimonio de más de dos personas no está legalizado, y tampoco entre miembros de una misma familia. -Mira, Laura-contestó Víctor-Ya sabemos que no tendrá validez legal, pero lo importante es que valga en nuestros corazones. ¿No estás de acuerdo? -¡Sí, claro! -Pues hemos hablado con un sacerdote rastafari que aceptará casarnos por su rito, que será muy divertido. -Pues acepto, faltaría más. Ya puede programar la ceremonia para cuando esté recuperada de la operación.- dije con una gran sonrisa.

La noche antes de la operación, mis dos hombres quisieron satisfacerse a fondo, sabiendo que después pasarían semanas en las que sólo les podría dar sexo oral o manual. Mi culito estuvo ocupado toda la noche, y entre polvo y polvo, yo misma recogía la leche que me rezumaba entre las piernas para comérmela con deleite. Me extasiaba notar aquellos goterones espesos que se deslizaban muslo abajo, y me moría de placer pensar que pronto también me saldrían de un coño de verdad.

Antes de dormirme y empezar a operar, me mostraron una docena de fotos de vulva para que eligiese qué aspecto quería para la mía. Con la ayuda de mis machos y de Minerva, elegimos una grande, de labios carnosos y gruesos y agujero bien abierto, para que los hombres pudieran entrar fácilmente. Los labios mayores protegerían también el nacimiento de mi gran clítoris, de modo que cuando estuviera desinflado quedaría un poco disimulado. Pedí que me dejaran los labios mayores con dos perforaciones a cada lado, para poder ponerme joyas o anillas. También habían preparado dos prótesis de silicona para mis pechos, que habíamos pactado aumentar la talla 105 C para que quedaran despampanantes. La operación salió perfectamente. Cuando me desperté ya estaba en la habitación del hospital, rodeada de papá, Víctor y Minerva, que estaban todo el día pendientes de mí y me daban todos los caprichos. Tenía la habitación llena de cajas de bombones y de flores que perfumaban el ambiente.

Cuando me dieron el alta, me quitaron el vendaje y me enseñaron mi nuevo sexo con un espejo. Aún se veía hinchado y congestionado, pero era precioso. Me dijeron que había que esperar cuarenta días para usarlo y me explicaron cómo debía hacer los cuidados y como me lo tenía que ir dilatando:

-Ahora, tu coño tan solo mide 10 cm de fondo. –Me trataba de tú- Parece poco, pero es suficiente para satisfacer a la mayoría de los hombres, que les gusta tocar fondo porque así se sienten más machos y mejor dotados. Si lo vas dilatando, podrás profundizarlo hasta que te quepan enteros casi todos los penes. Me dio una caja con veinte cilindros de punta redondeada, cada uno un poco más largo y más grueso que el anterior- Durante estos días deberías de irte poniendo un dilatador de estos dentro, bien untado de crema desinfectante. Empieza por el número 1 y cada dos días aumentas una talla, hasta llegar a la número 20. Cuando te entre el número 20, ya estarás lista para follar por los descosidos. Por cierto, espero que me invites a la boda, y también me gustaría probar mi obra de arte cuando vengas a buscar el alta… -Si no le importa, doctor, habrá que esperar que vuelva de viaje de novios. Quiero reservar los primeros usos de mi coño a mis maridos. Después estaré encantada de recibir su polla y su lechecita dulce. Mmmmmm

La boda quedó fijada para el mismo día en que estaba prevista el alta. Hicimos una lista de invitados no demasiado larga, eligiendo sólo gente de mente abierta y capaces de entender que nuestro amor estaba por encima de las barreras y convenciones sociales. Cada día me ocupé de hacer un par o tres de mamadas a mis hombres para que se desfogasen y pudieran esperar hasta el día de la boda.  Aunque tenía prohibido orgasmar para que no se abrieran las heridas, me alucinaba pasar los dedos por el lugar donde antes estaban los testículos, ahora una vulva ansiosa, y noté placer todas las veces que me introduje los dilatadores, sin ninguna excepción.

Minerva y yo fuimos de cabeza con los preparativos. Nos compramos dos vestidos iguales, de gasa blanca, como si fuéramos pastelitos de nata, y también dos juegos idénticos de lencería y medias. Papá alquiló una finca en la montaña, rodeada de muchas hectáreas de bosque, para hacer la ceremonia. Fuimos a hablar con el sacerdote rasta, que nos permitió introducir variaciones picantes en el ritual. Nos trasladamos a la casa un par de días antes, para dirigir a los operarios, que montaron en un prado, con grandes toldos, un salón presidido por un escenario donde había un gran cama de dos metros de lado, rodeada de cientos de velas y ramos de flores. Estábamos ambas muy nerviosas, y no quisimos hacer despedida de solteras, aunque dimos permiso a los chicos para que se divirtieran como quisieran.

Les regresó un taxi de madrugada, completamente borrachos y apestando a puta barata, y les tuvimos que preguntar si habían tomado precauciones, no fuera que nos pegaran alguna enfermedad. Nos juraron que sí lo habían hecho. Les desnudamos y bañamos y les dejamos cada uno en su cama, mientras nosotras dos dormíamos juntas, con las manos de cada una en los pechos de la otra. Mis tetas ya estaban curadas del todo y habían quedado magníficas. Por la mañana, a primera, hora vino el doctor Salfi para examinarme y darme el alta. Puso en mi coño una especie de periscopio, lo observó con detenimiento, y me dijo:

-Eres mi obra maestra. Si me dijeran que el coño es natural y la polla añadida, me lo creería. Acuérdate que me prometiste un polvo para cuando vuelva de viaje… -Claro, doctor, no sufra-contesté-¿Quiere una mamadita ahora, para ir relajado a la ceremonia? -Hazlo, hazlo, pero no te entretengas. -No se preocupe, doctor, sólo necesito un poco de lechecita para desayunar…

Cuando terminó salió al jardín, y Minerva y yo nos bañamos, nos depilamos la una a la otra bien a fondo, nos perfumamos y nos vestimos. Estábamos contentísimas. Al salir de la alcoba nos esperaba una buena sorpresa. Mi madre y mi ex estaban allí, vestidas de punto en blanco. Mi madre llevaba una especie de sari hindú de color amarillo estampado en rojo oscuro, que la hacía profundamente femenina, mientras que mi ex venía con chaqué y corbata de lazo, y parecía un hombre guapísimo. Nos dijeron que papá y Víctor les habían pedido ser madrinas de la boda y que habían aceptado siempre y cuando a nosotros nos pareciese bien. Con una sonrisa contesté que no había nada que nos hiciera más ilusión.

Entre las dos leyeron un poema que habían escrito para la ocasión y que ensalzaba el amor en la familia y sin limitaciones de número, y nos dieron sendos ramos de novia. Nos acompañaron de la mano hasta la carpa del prado y allí pasamos entre los invitados hasta en el altar, mientras los tambores resonaban en las montañas. En el escenario nos esperaban nuestros prometidos, bien vestidos y con corbata de seda, tres sacerdotes y dos sacerdotisas rastafari, que vestían ropa de colores vivos.

El gran sacerdote, un hombre viejo de piel muy negra, dio la bienvenida a los asistentes, y dirigió los cantos del público mientras los cuatro ayudantes daban la vuelta a la carpa bendiciéndola. Cuando volvieron, cada uno llevaba en las manos una almohada con una corona. Las sacerdotisas llevaban coronas masculinas muy sobrias, mientras que los sacerdotes llevaban dos preciosas diademas recubiertas de perlas y piedras preciosas. El sacerdote nos coronó solemnemente los cuatro, nos bendijo, encendió un gran porro que hizo pasar a todos los asistentes y dijo:

-Aquí tenéis los reyes Alfa y las reinas Omega. ¡Que su energía sexual ayude a restablecer el equilibrio del mundo!

Todo el público se puso de pie y aplaudió, mientras nosotros cuatro nos dirigíamos a la gran cama del centro del escenario. Mientras Víctor me desvestía, mi padre desnudó a Minerva. Pronto nos quedamos sólo con la ropa interior, las medias y las ligas. Me tumbé panza arriba y, mientras Minerva, a mi lado, me daba besos en la boca y nos magreábamos los pechos, papá se tumbó encima de mí, apartó las braguitas, y acarició un rato con la mano, por primera vez, mi nuevo coño. Después de meter un poco el dedo para comprobar que estaba bien húmedo, sacó la polla por la bragueta y jugó con la punta contra la base de mi clítoris, hasta que la hizo entrar toda de golpe. Menos mal que había hecho todos los ejercicios de dilatación, o me habría roto.

La sensación de tener por primera vez un hombre en mi coño fue brutal, e inmediatamente empecé a tener espasmos de placer, espasmos que se repitieron imparables hasta que papá dejó su carga caliente, mientras gritaba:

-¡Te amo, hija! ¡Prometo que te follaré cada día de mi vida!

Enseguida se retiró para que pudiera entrar en Víctor, que hasta entonces jugaba a poner su pene entre mi cabeza y la de su hermana, para participar de nuestros besos.

Víctor aguantó algo más que su abuelo, pero en la cara se le veía su gran placer y el amor loco que sentía por mí. Una vez se hubo corrido, Minerva y yo empezamos un sesenta y nueve en el que mi niña me dejó bien limpia y completamente empalmada.

Había llegado la hora de desvirgarla.  Yo estaba panza arriba y Minerva se puso sobre mí y se fue sentándose poco a poco. Cuando notó resistencia se detuvo unos instantes y, de un empujón, se dejó caer hasta el fondo. Una lágrima rezumó por su mejilla todavía maquillada, y me la bebí con un beso.
Pedí a los chicos que vinieran, observando que estaban muy calientes, y que me penetrasen los dos a la vez.

Víctor se puso por debajo de mí y se encajó en mi culito, mientras su abuelo, de rodillas, hacía entrar su polla en mi coño y observaba el pene y el coño de sus nietos que quedaban a pocos centímetros. Minerva gritaba:

-¡Os quiiiieeero! ¡Papaaa preñaaaaaaameeee por favoooor!  Y yo gritaba:

-¡Os quieroooooooo! ¡Quiero estar siempre follaaaaaando con vosoooootroooos!

Nuestros maridos simplemente gemían de gusto con los ojos en blanco.

El orgasmo fue simultáneo y brutal, y representó el pistoletazo de salida para una orgía generalizada, en la que se pusieron a participar todos los invitados.

Continuará…

AUTOR: Gitone2

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Tres generaciones de putas

La abuela de Romy se puso en bolas y acto seguido hizo lo mismo conmigo. No podía creer que la abuela de mi novia me quisiera tener adentro igual que la hija y la nieta, Ester sin decir nada me empezó a chupar la verga, era puta igual que todas en la familia. Cosa que a la abuela de Romy me la cogí por todos lados, le hice el orto, la penetré innumerables veces por la concha.

Hola, soy Ariel, tengo 20 años y les voy a contar una historia que me resultó de mucha enseñanza y excitación.

Yo salía hace dos años con una chica llamada Romina, en ese tiempo, para describirla podría decirles, que era de estatura media flaca, con pechos firmes, grandes, cola chiquita pero tersa, una sonrisa espectacular con cara angelical, pero ustedes sabrán que no todo lo que brilla es oro, pues Romy era una bestia en la cama…

Era lo más perra que se puede a su edad, a los 19 años había tenido muchos novios con los que salía poco tiempo, ya que ella me contaba que esto era porque se aburría de cogérselos entonces los dejaba.

Su primera vez, fue con un amigo de su madre que le llevaba 23 años, Romy llevaba pasión y calentura por dentro, y yo creo que eso es una herencia, ya que la madre y la abuela son iguales, sin más la mamá de romy quedó embarazada de ella a los 18 y la abuela de romy quedó embarazada de la que hoy es su mamá a los 18, el papá de Romy se fugó apenas se enteró que iba a tener un hijo y el abuelo de romy falleció muy joven, esto es decir que las dos son solteras ya que nunca volvieron a formar pareja.

Todo comenzó a dos meses de haber conocido a Romy, cuando esta creyó necesario que conociera a su madre y a su abuela, ya que ellas vivían las tres solas en la misma casa, acepté gustoso y hasta su casa nos dirigimos, al entrar estaba todo muy silencioso y me pareció extraño, Romy me dijo que fuéramos hasta la terraza que deberían estar allí tomando sol, flor de sorpresa me lleve cuando entre a la terraza y vi a dos hembras tomando sol, con unos bikinis muy diminutos, la mamá de Romy, llamada Victoria, una mujer de 38 años con un cuerpazo impresionante, culo firme y una tetas que realzaban su corpiño, más  grande fue aun la sorpresa cuando me presentó a su abuela Ester, una mujer con un cuerpo que la verdad nada tenía que envidiarle a Romy.

Sin dudas, quien más me gustó fue Victoria, la mamá de Romy, su cuerpo voluptuoso nada que ver con el de Romy, aparte su mirada de fuego me hacía poner caliente, la verdad había quedado sumamente excitado con aquella mujer, después de las presentaciones, estas dos mujeres nos invitaron a mí y a Romy a tomar sol a lo que acepté, pero Romy interrumpiéndome, dijo, No, nosotros vamos a la pieza a escuchar música, ok dijo la madre asintiendo con la cabeza.

Fuimos hasta su cuarto y después de entrar, detrás de mí, cerró la puerta y me dijo, nene sé que estás al palo por lo que viste, así que te vas a tener que desquitar conmigo, seguido esto se quitó la musculosa, y el short, no traía nada debajo, se puso de espaldas a mi y me dijo, vení guachito (pícaro) apóyame, acto seguido fui hasta donde estaba ella, la tomé de atrás y me refregaba contra su culo, a la vez que le metía mano por la concha, tetas, entre los muslos y en general todo su hermoso cuerpo. Me gustaba ver como se mordía los labios, cerraba los ojos y gemía.

De repente se dio vuelta y se arrodilló ante mí, tomándome la verga desde el tronco succionándomela con la mano derecha y comiéndosela con su boca a la vez que me chupaba la cabeza, me la comía y comía, me la chupaba como una verdadera experimentada…

Le avisé que estaba pronto a acabar y me soltó, nos acostamos en la cama y poniéndose encima mío acomodó mi verga en la entrada de su vagina, empezando a cabalgarme, gemía y gemía Ahhhhhhh, uyyyyyyyyyy, papito haceme mierda, rompeme toda, me decía mientras la daba vuelta y ahora arriba de ella podía ver su cara de gozo mientras venía su primer orgasmo.

Debe haber gritado fuerte porque su madre se acercó a ver si le pasaba algo, a lo que Romy contestó que estábamos bien, que ya salíamos, nos vestimos y salimos transpirados después de una cogida infernal.

La mamá de Romy era muy abierta para tratar cualquier tema, y más de sexualidad, a Romy a los 18 años la llevó al ginecólogo para que le receten pastillas y así no quedar embarazada. Pues la madre no quería que le pase lo mismo que a ella, de quedar embarazada de joven.

Al otro día fui a visitar a Romy sin avisarle, después que salí temprano de la universidad, cuando llegué a su casa, ella no se encontraba y quien me abrió la puerta fue Victoria, su madre, quien me invitó a pasar comentándome, que Romy había salido con su abuela a comprarse ropa y que iba a tardar un tiempo largo, que si quería me podía quedar a esperarla.

Victoria vestía una camiseta de fútbol que le llegaba hasta las rodillas, supuse que no llevaba sujetador ya que sus pechos de gran tamaño se veían sueltos dentro de esa camiseta. Ella estaba tirada en un sofá tomando un whisky, recién se había terminado de bañar, y llevaba una cola de caballo en el pelo, que dejaba ver el rostro bello que tenía, un rostro bronceado de ojos verdes amarronados con labios carnosos y nariz respingona.

Yo sentado en el sofá enfrente de ella podía apreciar sus firmes piernas y su estómago plano, era una mujer que me preguntaba que por que si estaba tan buena, estaba sola, sin nadie con quien coger, o tal vez tenía un amante y yo no lo sabía.

Me invitó un whisky, el cual acepté gustosamente, estuvimos hablando de Romy por aproximadamente una hora, en que a la vez nos bebimos casi una botella de whisky, yo ya estaba medio tocadito por el alcohol y ella creo que igual.

De repente me preguntó:

Victoria: ¿Cómo es Romy en la cama? Yo: La verdad que es muy buena, parece una puta, debe haber tenido una buena escuela. Victoria: Si, sabes que si, ¿querés que te muestre cual fue su escuela?

No me dejó contestar y me cerró la boca con un beso, que se fue transformando en un beso de pura lengua ya que estas luchaban entre sí, la mamá de mi novia me tenía al palo, y no lo podía creer, se sacó la camiseta no tenía nada debajo, se recostó en el sillón y me dijo “vení bebe, te voy a enseñar como hacer gozar a una mujer, y quiero que después se lo practiques a Romy…

La madre de Romy resultó ser más puta que su hija, me enseñó como chupar una concha, y creo que aprendí, porque se restregaba en el sofá, mientras me decía, “dale bebe no pares que vas aprendiendo”, acabó en un orgasmo espectacular, el cual me agradeció con la mejor chupada de pija que me dieron en la vida hasta hoy…

Cuando terminamos, me dijo, que me tenía que ir, y que no le diga a Romy, que lo que había pasado entre nosotros era para beneficio de Romy, asentí con la cabeza y me despedí de esa yegua con un beso de lengua.

Esa misma noche tenía unas ganas de coger increíbles, pero no pude ver a Romy.

La mañana siguiente como a las 10, estaba durmiendo y el timbre empezó a sonar, no lo aguanté más y casi desnudo fui a ver quien era…

Grande fue mi sorpresa cuando encontré a Ester, vestida con una falda diminuta, una camisa que le resaltaban las tetas y masticando un chicle, lo primero que me dijo entrando a mi casa fue “todavía no hemos acabado contigo así que llévame hasta tu habitación que falta la última lección, dicho y hecho fuimos hasta mi habitación donde la abuela de Romy se puso en bolas y acto seguido hizo lo mismo conmigo.

No podía creer que la abuela de mi novia me quisiera tener adentro igual que la hija y la nieta, Ester sin decir nada me empezó a chupar la verga, era puta igual que todas en la familia.

Cosa que a la abuela de Romy me la garché (follé-cogí) por todos lados, le hice el orto, la penetré innumerables veces por la concha, se la chupé igual, cuando se despidió para irse me dijo que esa situación no volvería a repetirse ya que era un favor que le hacía a Romy para que sea feliz, que yo no le debería decir nada a Romina de lo sucedido y que aplique lo que había aprendido con ella.

Así fue, como con Romy salimos por un año más, cogimos en todos los lugares que se puedan imaginar, nos enfiestamos con amigas de ella, participamos de intercambios de parejas, se disfrazó de enfermera, policía, creo que lo único que faltó fue que me presente a sus primas así me las garchaba (cogía-follaba) también…

La verdad nunca he vuelto a encontrar a alguien como Romy y como su familia, he terminado con ella porque se ha tenido que mudar, pero guardo esperanzas de poder volver a gozar con ella alguna vez más.

Espero que les haya gustado.

Autor: Noqtambulo

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Reunión familiar

Fernanda no era ninguna novata y chupaba la pija como una diosa, le pasaba la lengua por su capullo, le volvía a tomar los huevos con las manos, podía ver como ambos gozaban, era raro ver a mi propio hijo cogiendo y más a su tía, Fer, terminó de sacarle la ropa que le quedaba y ahí estaba Gustavo con una pija de colección, enorme, parada, mientras la tía se la chupaba, hasta yo me estaba excitando.

“¿Hola cuñadita, como andas, a vos también te tocó venir a la fiesta de la abuela?”Así comenzó un domingo cualquiera donde todos los pronósticos indicaban que iba a ser de lo más aburrido del mundo. Habíamos venido con mi mujer y los chicos a la fiesta de cumpleaños de la “abuela” lo que implicaba ver a toda la familia de ella, que en su mayoría era insoportable.

La mañana transcurrió de lo más “normal”, tomando una cerveza por aquí, un vino por allí, picando algo, alguna charla intrascendente con los tíos, tías, primos, y todo el espectro familiar. Hasta que llegó mi “cuñadita”, Fernanda, que en realidad tenía la misma edad que yo 41, muy bien llevados, un par de tetas hermosas, imagino yo que cerca de los 110, muy buen físico pese a los dos chicos y un montón de pecas por todos lados, las uñas largas y bien cuidadas y hoy con una tanguita cola less, muy sugestiva.

Hacía rato que me tenía muy caliente y el cerdo de mi cuñado se había sacado la lotería con ella, era una calienta pija tremenda. Nunca supe de ninguna infidelidad de ella pero no me extrañaría que le pusiera los cuernos.

Anduvimos por ahí charlando, la perdí un par de veces, me la volví a encontrar, pero trataba de no perderle pisada. Había venido más perra que nunca, con unas calzas que le marcaban bien el orto y una remera con escote y una florcita que pedían a gritos que se la sacaran… y le chuparan esas tetas.

A media tarde ya había tomado un montón y me comenzaba a sentir mareado…. Me recluí un poco de todo el lío que había en el Jardín y me fui para la casa. Cuando entré la vi a mi cuñada tirada en uno de los sofás con una botella en la mano…

-¿Que haces Fer sola? -Si y el boludo de mi marido que no me quiere tocar hace un montón estoy que no me banco más…no sé que hacer…

No me esperaba que me contestara así, realmente me descoloró… Se ve que no era el único que había estado tomando.

-Epa, toda una confesión la tuya, no me la esperaba. -Perdóname, no suelo tomar pero la situación me pone así. – Me dijo entre sollozos… -Todo bien, contame – Le dije mientras me sentaba a su lado.

Se despachó como la mejor con un montón de kilombos que tenía en la casa, con la suegra, con el marido que no la deseaba, que la hacía sentir fea y gorda, que siempre la vapuleaba y no le daba bolilla. Mientras hablábamos se iba acomodando el escote, se sentaba en una posición en otra, sacando culo. Yo estaba medio tomado pero me parecía que me estaba tirando onda. Cada tanto me mostraba una pierna, un poco más del escote, luego un poco menos, se acercaba a mí, me ponía la cara cerca, después se alejaba. Tenía puesto un corpiño bordeaux con encajes que resaltaba más su piel blanca y sus pecas.

-Para Fer – Le dije – vos no te podes dar tanta manija… -¿Sabes lo que es para una mujer no sentirse deseada? -Pero Fer, vos estas bárbara, ojalá mi señora tuviera tu físico. -¿Te parece? -Déjate de joder, estás espectacular, tu marido es el tarado que no sabe lo que se pierde. -¿Si?… No me lo decís para ponerme bien nada más ¿?

No aguanté más verla así con ese escote y la verdad no me importó y me tiré de cabeza. Le partí la boca de un beso mientras le pasaba la mano por la cintura. Pensé que se iba a resistir o me iba a echar pero no… me devolvió el beso, me metió la lengua y obviamente se lo correspondí. Comencé a acariciarle la espalda, sentía su corpiño, bajé la mano por su espalda hasta su cintura, se la metí por el pantalón y le apreté fuerte el cachete del culo. Se ve que le gustó por que me mordió el labio mientras gemía de placer.

Con la otra mano comencé a acariciarle por sobre la blusa las tetas hermosas que tenía, que placer, poder sentirlas, mucho más grandes que las de mi señora, hermosas, redonditas. Le besé el cuello, le mordisquee la oreja, le desabroché varios botones de la blusa, le metí la mano para sentir sus hermosas tetas. Se las apreté fuerte, muy fuerte.

-Ayyyy me vas a lastimar – Me dijo -Recién empecé…

Ella tampoco perdió tiempo, bajó el cierre de mi jean y ya estaba masajeando mi pija que ya se estaba poniendo alegre, por arriba del calzoncillo. Rápidamente la dejé con toda la blusa desabrochada y pude desabrocharle el corpiño. Que hermosas tetas, todas pecosas, tostaditas, se le notaba la marca de la malla, los pezones rosados con unas aureolas grandes, eran sublimes. Me tiré de cabeza en ellas y comencé a chupárselas, mientras Fernanda gemía de placer, se las agarré fuerte con la mano, me llevé el pezón a la boca, se lo chupé, le pasé la lengua, se los mordí suavemente.

-Si apretame, mordeme – me decía -¿Como te gusta guachita, no? -Si, me encanta, tócame toda que me gusta.

Le agarré las tetas con las dos manos, mientras la besaba, le metí la lengua buscando la suya. Se entregaba toda, yo ya tenia la pija a mil, me encantaba como me la pajeaba.

-Uyyy, como se está poniendo nuestro amigo – Me dijo -Chúpalo todo y vas a ver que lindo – Le contesté mientras le bajaba la cabeza.

Ni lerda ni perezosa, se tiró sobre mi pija y comenzó a chuparla. Primero se la metió toda y fue sacándola de a poco, luego le pasó la lengua por el capullo, levantaba la vista y me miraba gozar, era toda una yegua… Bien podría participar de una película porno… El tarado del marido no sabía lo que se perdía.

Ella seguía chupando como una diosa, se la metía toda, jugaba con mis huevos, le pasaba la lengua todo a lo largo, volvía a la cabeza, la apretaba suavemente, era una maestra. Estaba gozando a mil con ella cuando vi que por la ventana su hija nos estaba mirando. Era una pendeja de unos 18 años, uno menos que Gustavo mi hijo, bien desarrollada, que había heredado las tetas de la madre y un culito espectacular. Al principio parecía sorprendida, la miraba a la madre, me miró a mí, le tiré un beso… pero bajó la vista y siguió caminando.

-Estaba tu nena mirándonos – Le dije a Fernanda. -¿En serio? – Y se sobresaltó, miró para todos lados a ver si la veía pero ya se había ido. – ¿Y que cara puso? -Se veía extrañada… -No se de que – Me dijo – Si un par de veces la agarré con el novio en la pieza, y bien que se la chupa. -¿Así que los andas espiando guachita?- le contesté mientras le daba un beso – ¡Mira que sos perra! -Vamos a la otra habitación así no nos ven…

Como pudimos fuimos hasta la otra habitación… debería ser muy cómico vernos con la ropa a medio subir con la pija parada y caminando como pingüinos… No le di tiempo a mucho, ni bien pasamos la puerta tiré lo que me quedaba de ropa al piso y a ella arriba. Tenía toda la concha depiladita, roja de lo que la había manoseado y muy mojada. Su aroma era espectacular y decidí devolverle la gentileza.
Me tiré de cabeza entre sus piernas, para chuparle esa concha deliciosa, jugué con su entre pierna, le fui dando besitos haciéndola desear, le pasé el dedo por la concha, le acaricié el clítoris mientras ella gemía de placer. Le di un par de besos en la concha, le pasé la lengua muy suave apenas, y ella seguía gimiendo. Le pasé la lengua por los labios sentí su aroma y lo mojada que estaba, y sin previo aviso le abrí los labios con los dedos y le metí la lengua en la concha, todo lo profundo que pude.

-Aaaaahhhhhyyyyyy como me gusta guacho, chupa que me encanta, si, seguí así…

No me iba a hacer rogar y seguí chupándosela, jugaba con su clítoris, le ponía un dedo, después dos, estaba re-caliente y a ella le encantaba, gemía, se retorcía, se movía. Le apretaba el culo, luego las tetas, volvía a su culo…

-Ponémela, no aguanto más, ponémelaaaaaa, dale, no seas maloooooooo…

Se la seguí chupando un poco más para hacerla desear… y después se la puse entera hasta el fondo y comencé a cogerla con fuerza. Que buena que estaba la guacha, que bien que se veían sus tetas bamboleándose ante cada embestida mía, como sabia mover las caderas. Ella misma se agarraba las tetas, se las apretaba, se las trataba de chupar. Era un poema verla coger, que perra que era, como traspiraba, el tarado del marido no sabía lo que se perdía. Se la dejaba quieta y era ella la que empezaba a mover las caderas, subía y bajaba, me cogía ella, espectacular…

-Date vuelta, te la quiero poner por atrás -Por el culo no que no estoy acostumbrada… -No te preocupes, ven…

No le iba a hacer el culo ahora, pero la próxima no se iba a salvar. La acomodé, la tomé de la cintura y le puse la pija en la entrada de la concha…

-Ponémela, dale, por favor…

Imposible decirle que no… La agarré de la cintura y se la puse lo más fuerte que pude…. Con lo mojada que estaba entró toda hasta el fondo. Que espectáculo tomarla de la cintura, ver toda su espalda, ese culazo que tiene todo abierto y sentir sus gemidos cada vez más fuertes, era un placer.
Estiré la mano para tomarle las tetas… las veía bambolearse ahí colgando que era algo hermoso… La seguí cogiendo, era difícil no acabarle ahí nomás. Se movía cada vez más, no solo adelante para atrás sino de costado, como moviendo mi pija en su concha, toda una maestra, la escuchaba gemir cada vez más, se movía cada vez más rápido, estaba por acabar…

-Si guacho, cogeme, cogemeeeeeee, dame fuerte, Aaay como te siento, que linda pija que tenés… -Tomá “cuñadita”, ¿como te gusta mi pija no? -Si, cogeme, que buena que está, me encanta tu pija…. sssssiiiiiiiiiii…

Ahí le apuré el ritmo, la tomé más fuerte de la cintura, ya le estaba clavando los dedos, y la moví cada vez más fuerte, más y más hasta que acabamos los dos a los gritos… Aflojé un poco pero no se la saqué, me encantaba la sensación de tenerla dentro de ella…

-¿Te gustó putita? -Me encantó, como te siento, ¡como me gusta tu pija! – me decía mientras se movía lentamente.

Se la saqué y nos recostamos los dos en el piso, ella traspirada, con las tetas rojas del manoseo, la concha toda abierta y chorreando y yo con la pija terminando de bajarse, chorreando semen pero feliz, nuestra ropa desparramada por el piso. Estábamos así descansando cuando sentimos que la puerta se abría… Esta vez no era su hija si no mi hijo… Completamos el espectro familiar para terminar de meter la pata y obtener el divorcio rápidamente… era lo único que faltaba, uno no podía echarse un polvo con una perra como mi cuñada sin que se enterara toda la familia.

-Pa, Tía… – Dijo Gustavo con sorpresa – Había ruidos y entré.

Fernanda trató de taparse como pudo, sin mucha eficacia ya que no tenia manera de tapar esas tetas divinas y esa concha con solo dos manos… era imposible… tendría que haber sido un pulpo…yo ni siquiera amagué a cubrirme. Mi hijo, Gustavo, jugaba en el equipo de rugby y últimamente había comenzado a pajearse furiosamente. Se encerraba en su cuarto con la PC obviamente en sitios porno y salía corriendo al baño a los 10 minutos…

-Vení Gustavo – Le dije -Pero papá, mamá se va a poner loca con todo esto… -Vení Gus, no hagamos locuras – Volví a decirle en tono paternal mientras lo abrazaba – Vení, sentate aquí al lado mío.
Fernanda me miraba sin entender…

-Gus, vos te la pasas pajeándote en casa, ¿o no? -Y si – me contestó con algo de culpa, pero sin sacar la vista de Fernanda -¿Estuviste con alguna mina? – Le pregunté descaradamente -¿Yo? -Si vos… -Y, con alguna amiguita de estudios de vez en cuando… -¿Y viste este pedazo de mujer que es tu tía?

No me contestó, pero no despegó ni un segundo la mirada de las tetas de Fernanda que a esta altura ya veía por donde venia la mano y se había dejado de tapar.

-¿Mirá las tetas que tiene, no están espectaculares? -Y si… -Mirá esos pezones rosados, hermosos, mirá todas las pecas que tiene – Le iba diciendo a medida que lo acercaba a Fernanda. – Decime si no dan ganas de besárselas…

Lo empujé un poco más y Fernanda hizo el resto…se veía en sus ojos la lujuria de tener carne joven entre sus manos… y Gustavo estaba perdido mirando esas tetas… Gustavo se tiró torpemente sobre las tetas de Fernanda, se las chupó con ganas y en algún lado demasiado fuerte por que Fernanda gritó de dolor.

-Para Gus, la vas a matar, más suave, chúpalas, no las muerdas -Déjalo, que disfute, vení bebe…

Le dijo Fernanda mientras le daba un beso de lengua. Gustavo le respondió al instante, medio torpe, medio desesperado, le manoteaba las tetas, le agarraba el pelo… Fernanda ni lerda ni perezosa, le bajó los pantalones donde gus ya la tenía más que parada y comenzó a pajearlo.

-Veni bebe, esto te va a gustar – Le dijo Fer y bajó a chuparle la pija.

Gustavo estaba en el cielo, Fernanda no era ninguna novata y chupaba la pija como una diosa, podía dar fe de ello…. Bajó, y subió por su pija, tomó los huevos y jugó con ellos en su boca, le pasaba la lengua por su capullo, le volvía a tomar los huevos con las manos, podía ver como ambos gozaban, era raro ver a mi propio hijo cogiendo y más a su tía, era muy bizarro y excitante… Fer, rápidamente terminó de sacarle la ropa que le quedaba y ahí estaba Gustavo con una pija de colección, enorme, parada, mientras la tía se la chupaba, hasta yo me estaba excitando.

-Que dura la tenés nene, que pedazo de pija – decía Fernanda – ¡Como me gusta esa pija que tenés! Me la vas a poner despacio para no lastimarme, es fabulosa…

Gustavo no se hizo desear, rápidamente la tiró al piso, Fernanda, no hizo más que abrir las piernas que ya se la había puesto hasta el fondo sin contemplaciones.

-Aaaaahhhhhh, que lindo, como me gusta sentir tu pija, vení ponémela toda.

Ni hacía falta que se lo dijera, Gustavo estaba posesionado, se la ponía, se la sacaba, bombeaba cada vez más fuerte, le chupaba las tetas, se las apretaba, volvía a sus labios, la besaba, estaba totalmente sacado, era un placer verlo coger así, tanto que me calenté yo también y ya la tenia parada de nuevo…

-Aaaaay Gus, como me gusta como me cogés, dame más, dameeeeeeeee -Vení Fer, date vuelta…
Gustavo no entendía que pasaba pero dejó hacer… Fernanda se puso en cuatro patas y le pidió a Gustavo.

-Dale, ponémela así que me gusta. No sabes lo perra que me siento.

Lo ayudó un poco pero otra vez estaba la pija de Gustavo en la concha de su tía. La agarró de la cintura y comenzó a darle. Yo me puse delante y le di mi pija a Fernanda para que la chupara… No se hizo rogar y la chupó toda otra vez, ¡que diosa que era como chupaba! De a ratos la soltaba y dejaba de chupar por que se ve que Gustavo la estaba matando y gemía y gritaba de placer. Se veían sus tetas bamboleándose de un lado a otro ante cada arremetida de mi “nene”.

-Agárrale las tetas Gus, que le encanta – Le dije -Que hijo de puta que sos, no solo me cogés vos si no tu hijo, no tenés perdón- Decía Fernanda -¿Querés que paremos? -No, cogeme, cogeme más que me encantaaaaaaa, daleeeeee, daleeeeee, maaaasssssssssss…

Gustavo apuró el ritmo, estaba por acabar, cada vez más fuerte, más rápido, la estaba matando, con tremenda verga, ya casi no me la chupaba, solo me pajeaba, no podía ni hablar de lo fuerte que la estaba cogiendo…

-Como me gusta, me vas a hacer terminar, daleeeeee, cogeemeeeeeee…

Terminó muy fuerte y a los gritos, hoy íbamos a tener que dar muchas explicaciones me parece, Gustavo no pudo más y le acabó con todo… Quedaron los dos allí tendidos, uno arriba del otro, cansados, Fernanda toda colorada, traspirada, con la mirada como perdida…una cara de puta terrible.

-Vení papito, no te vas a quedar así – Me dijo, Gustavo se corrió y ella volvió a tomar mi pija en su boca.

Por la excitación no tardé mucho en terminar y llenarle la boca de leche.

Era toda una perra, la concha y los labios chorreados de semen, la concha y el culo todo rojo, las tetas marcadas de tanto chupárselas y apretárselas, era todo un poema de una mujer bien cogida.
Espero que les haya gustado.

Aguardo sus comentarios.

Autor: Christian

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